lunes, marzo 27, 2017

El teatro renace siempre de sus cenizas

Isabelle  Hupperrt
Dramatizar, representar y llevar un mensaje lleno de sentimientos y cargas emocionales son el día a día de un actor teatral en todos los paises del mundo. Porque el teatro es un espacio perfecto para soñar, viajar, experimentar nuevas emociones, y para lo que fue creado, dar críticas de situaciones que atañen a la sociedad.
 Y es por eso que hoy lunes 27 de marzo, Venezuela y el mundo se unen para celebrar el Día Internacional del Teatro. Y aquí en Caracas se celebrará, a las 5 pm, del próximo miercoles 29, en el Teatro Nacional, como un homenaje al ausente teatrero  Fernando Acosta, artista clave para el desarrollo cultural del Zulia, y además la actriz Dilia Waikarán leerá al mensaje del Instituto Internacional del Teatro (ITI)
Este celebración tiene sus orígenes desde el año 1961 y fue creada por el Instituto Internacional del Teatro (ITI) de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), con sede en París. La iniciativa nació con el objetivo de difundir las actividades teatrales en el mundo y llevar este hermoso arte a todas las comunidades.
 Durante este día las ciudades del mundo abren las puertas de sus salas teatrales para recibir niños, jóvenes y adultos. Muchos teatros suelen abrir sus puertas durante la noche para atender a todos los espectadores y potenciar este maravilloso arte.  
Y aquí en Caracas se realizará una presentación del espectáculo El pez que fuma, célebre  obra de Román Chalbaud, en versión escénica de Ibrahim Guerra y producida por la Compañía Nacional de Teatro, institución, que dirige Alfredo Caldera, y está adscrita el Ministerio del Poder Popular para la Cultura.
 Desde el 27 de marzo de 1962 el ITI invita a una personalidad de relevancia mundial anualmente para que comparta sus reflexiones sobre el teatro y la cultura de paz en el mundo. Este mensaje es traducido a más de 20 idiomas, difundido en casi todos los países y leído en la antesala de las obras teatrales que se presenten ese día en cada una de las salas de teatro del mundo.
MENSAJE DESDE PARÌS
 Y para este año, en Paris, donde está la sede del ITI, será  la actriz Isabelle  Hupperrt, quien leerá el mensaje del 2017, que aquí los venezolanos lo escucharemos en la voz de la actriz Dilia Waikarán, ya que Isabell escribió:
 "Así que, aquí estamos una vez más. Reunidos de nuevo en la primavera, 55 años desde nuestra reunión inaugural, para celebrar el Día Mundial del Teatro. Sólo un día, 24 horas, se dedica a celebrar el teatro en todo el mundo. Y aquí estamos en París, la ciudad principal del mundo para atraer a grupos teatrales internacionales, para venerar el arte del teatro.
París es una ciudad mundial, apta para contener en un día de celebración, las tradiciones del teatro mundial; desde aquí en la capital de Francia, podemos transportarnos a Japón experimentando el teatro Noh y Bunraku, trazar una línea desde aquí a pensamientos y expresiones tan diversas como la Ópera de Pekín y Kathakali; el escenario nos permite permanecer entre Grecia y Escandinavia mientras nos envolvemos en Esquilo e Ibsen, Sófocles y Strindberg; nos permite volar entre Gran Bretaña e Italia mientras reverberamos entre Sarah Kane y Prinadello. En el curso de estas veinticuatro horas podemos ir de Francia a Rusia, de Racine y Moliere a Chejov; incluso podemos cruzar el Atlántico como un rayo de inspiración para servir en un Campus en California, atrayendo a un joven estudiante allí a reinventarse y hacerse un nombre en el teatro.
De hecho, el teatro tiene una vida tan próspera que desafía el espacio y el tiempo; sus piezas más contemporáneas se nutren de los logros de los siglos pasados e incluso los repertorios más clásicos se vuelven modernos y vitales cada vez que se representan de nuevo. El teatro renace siempre de sus cenizas, mudando sólo sus convenciones anteriores en sus nuevas formas: así es como se mantiene vivo.
El Día Mundial del Teatro obviamente no es un día cotidiano para ser integrado con el discurrir de los demás días. Nos da acceso a un inmenso espacio-tiempo continuo a través de la pura majestuosidad del canon global. Para tener la capacidad de conceptualizar esto, permítanme citar a un dramaturgo francés, tan brillante como discreto, Jean Tardieu: al pensar en el espacio, Tardieu dice que es sensato preguntar "¿cuál es el camino más largo de uno a otro?"...Sugiere medir el tiempo "en décimas de segundo, el tiempo que se tarda en pronunciar la palabra 'eternidad' "... Para el espacio-tiempo, sin embargo, dice: "antes de que te duermas, fija tu mente en dos puntos del espacio y calcula el tiempo que toma, en un sueño, ir de uno a otro”. Es la frase en un sueño la que siempre se ha quedado conmigo. Parece como si Tardieu y Bob Wilson se hubieran conocido. También podemos resumir la singularidad temporal del Día Mundial del Teatro citando las palabras de Samuel Beckett, que hace que el personaje de Winnie diga, en su estilo expeditivo: "Oh, qué hermoso día habrá sido". Al pensar en este mensaje, que me siento honrada de haber sido invitada a escribir, recordé todos los sueños de todas estas escenas. Como tal, es justo decir que no vine sola a esta sala de la UNESCO; cada personaje que he interpretado está aquí conmigo, papeles que parecen desvanecerse cuando cae la cortina, pero que han tallado una vida subterránea dentro de mí, esperando para socorrer o destruir los papeles que siguen; Phaedra, Araminte, Orlando, Hedda Gabbler, Medea, Merteuil, Blanche DuBois ... También, complementándome mientras estoy hoy ante ustedes, están todos los personajes que amé y aplaudí como un espectadora. De esta forma, por lo tanto, pertenezco al mundo. Soy griega, africana, siria, veneciana, rusa, brasileña, persa, romana, japonesa, una newyorquina, una marsellesa, una filipina, una argentina, una noruega, una coreana, una alemana, una austriaca, una inglesa – una verdadera ciudadana del mundo, por virtud del ensamblaje personal que existe dentro de mí. Ya que es aquí, en el escenario y en el teatro, donde encontramos la verdadera globalización.
Laurence Olivier anunció en el Día Mundial del Teatro en 1964 que, después de más de un siglo de lucha, se acababa de crear un Teatro Nacional en el Reino Unido, al que inmediatamente quiso transformar en un teatro internacional, al menos en términos de su repertorio. Sabía muy bien que Shakespeare pertenecía al mundo.
Al investigar la escritura de este mensaje, me alegró saber que el mensaje inaugural del Día Mundial del Teatro de 1962 fue confiado a Jean Cocteau, un candidato apropiado debido a su autoría del libro 'Around the World Again in 80 Days' (Alrededor del mundo otra vez en 80 días). Esto me hizo darme cuenta de que he ido alrededor del mundo de una “el teatro renace siempre de sus cenizas. Es de esa manera que permanece vivo. Tiene una vida floreciente, siempre floreciente, que desafía el espacio y el tiempo. Un Día Mundial del Teatro no es una jornada de carácter trivial: nos hace revivir un inmenso espacio-tiempo”, leyó la actriz. Y continuó: “El teatro es muy fuerte. Resiste, sobrevive a todo, a la guerra, a la censura (...). Es el diálogo, la ausencia de odio, la amistad entre los pueblos. Nos protege. Nos cobija. Creo que nos ama, tanto como nosotros lo amamos”.
NUESTRO TEATRO
Hay que  recordar que  actividades teatrales se realizaban en el territorio venezolano mucho antes de la llegada de los españoles, nuestros indígenas realizaban manifestaciones como pantomimas y representaciones simbólicas de manifestaciones culturales, pero no fue hasta el 28 de junio del año 1600 cuando se registró la primera solicitud para escenificar una comedia teatral ante el Cabildo de Caracas, dirigida por Melchor Machado y estrenada el 21 de agosto de 1595.

Luego de esta representación en el siglo XVIII se realizaron actos teatrales en La Guaira y Maracaibo donde se presentaban montajes con influencia Española, Inglesa y Americana. El 13 de junio de 1978 se decretó cada 28 de junio la celebración oficial en Venezuela del Día Nacional del Teatro

sábado, marzo 25, 2017

Zamora cabalga de nuevo

Aníbal muy comprometido con el desarrollo del teatro venezolano.
En el Bicentenario del general Ezequiel Zamora no podia faltar  un espectáculo teatral de jerarquía y es por eso el dramaturgo Aníbal Grunn y el director Carlos Arroyo, la llave mágica del occidente venezolano, alistan el estreno de Zamora pasó por aquí, el cual será exhibido desde el 30 de marzo en el teatro Orlando Aráujo de Barinas y después ira a Cojedes, Falcón, Los Teques y llegará hasta Caracas, como una producción de la Compañía Nacional de Teatro, que comanda Alfredo Caldera.
Grunn recuerda que Zamora, como tantos personajes de la historia latinoamericana, es tratado bien o mal, dependiendo del gobierno de turno. “Y como tantos héroes que lucharon por una Independencia, una Libertad y unas reivindicaciones sociales, humanas y políticas, muere violentamente y desaparece para la Historia, dejando una huella imborrable, en la gente del pueblo. De ese pueblo que defendió. Su vida, desde hace mucho tiempo me resultó muy atractiva. Tuvo demasiados detractores e incluso en nuestro mundo contemporáneo se lo intentó borrar o disminuir en su lucha. Pero, como dice Fernando de Rojas en su inmortal obra La Celestina: Cada uno habla de la feria, según le va en ella. Es importante contar la historia de este hombre, un hombre que en solo 11 meses se transforma en un verdadero héroe nacional. Porque, si bien el Valiente Ciudadano había comenzado desde muy joven, una lucha por las reivindicaciones sociales en Cúa, su tierra natal, es recién, en febrero de 1859, cuando regresa del exilio en Curazao, que se pone al frente de la Guerra Federal. Y 11 meses después, el 10 enero de 1860, muere traicionado por una bala que, aunque la historia lo niegue, tiene nombre y apellido, y viene signada por las ansias del poder. Zamora es traicionado y enterrado en el mismo sitio donde muere. Muchos años después, sus restos son trasladados al Panteón nacional, pero dice la leyenda que esos no son los verdaderos. Que su cuerpo reposa en el estado Miranda. Para poder escribir esta cantata, Zamora pasó por aquí, (un guiño al libro de José León Tapia: Por aquí pasó Zamora). Tuve que leer más de una docena de libros, investigar, asesorarme y tratar de ser lo más objetivo posible. No es fácil lograr esto, ya que uno también es humano, tiene sus ideas y sus propios pensamientos. Pero entendiendo que el público es quien debe escuchar y juzgar los hechos, intenté contar parte de la vida de ese extraordinario hombre, haciendo énfasis fundamental en el momento de su muerte, la cual es contada en varios momentos y desde que se fragua la traición. Me tocó además, cosa que poco he hecho, escribir la letra de varias canciones, eso me llena de satisfacción, porque me confirma que cuando uno quiere, puede.
¿También lo actúa, y quienes lo hacen o interpretan?
Esta es una producción de la Compañía Nacional de Teatro, con parte de su elenco estable, ese de donde salió el actual elenco de El pez que fuma, La dirección es de Carlos Arroyo, quien me indujo realmente a escribir el texto. En esta oportunidad, no actúo, solo escribo y podré disfrutarlo el día de su estreno
¿Cuántas obras escritas y cuál ha sido la más satisfactoria?
Recuerdo con mucha precisión que siendo muy joven, no tendría más de 15 años, cuando llegó a mis manos una novela romántica, sobre la tiranía de Rosas y la historia argentina y me apasionó de tal manera, que yo, que aún estaba empezando en el teatro, me propuse versionarla y lo logré. Desde ese momento hasta hoy no he dejado de hacerlo. Del mismo modo que escribo textos originales o hago adaptaciones de otras obras teatrales a nuestra geografía, a nuestro entorno o a nuestra época. Son muchas las obras adaptadas, versionadas y originales que tengo. Algunas montadas ya, otras en proceso, en fin, la dramaturgia me gusta y es uno de mis fuertes. Quizá la más rica experiencia la tuve con Mi planta de naranja lima, sobre la novela de José Mauro de Vasconcelos, que estrenáramos en el año de 1997, con la Compañía Regional de Teatro de Portuguesa. Y que por cierto en julio de este año se estará montando en Buenos Aires, bajo la dirección de Jesús Gómez.  Versionar Mi planta… fue una solicitud que me hizo Carlos Giménez.Para Rajatabla también escribí mucho: El coronel no tiene quien le escriba, Peer Gynt y Fuenteovejuna, entre otras. Una de mis grandes experiencias fue escribir La tregua, de Mario Benedetti. Una novela que es un diario, la transformé en una obra con más de nueve personajes. Y ahora, Carlos Arroyo está dirigiendo una versión de mi versión, también hecha por mí, solo para dos personajes. Es decir ya me versiono a mí mismo. Tengo textos para adultos, comedias, infantiles, en fin, todo lo que pase por el teclado de mi computadora es bienvenido. Yo estoy escribiendo todo el tiempo, no paro, soy una maquinita y eso a mis 69 años -tenía un poco más de 30 cuando me vine desde Argentina- me mantiene con mucha energía y vitalidad.


jueves, marzo 23, 2017

Mrozek y Ott o el relevo teatral que no cesa

Un texto de Mrozek teatralizado.
Slawomir Mrozek y Gustavo Ott prestaron sus textos teatrales para que sendas agrupaciones caraqueñas de jóvenes actores se presentaran en la sala Rajatabla y en el Teatro San Martín, buscando así las catarsis individuales y colectivas de artistas y espectadores, gracias a sus temas argumentales profundamente críticos. Un par de contundentes farsas en códigos del mejor teatro del absurdo, ambas destinadas a cuestionar las sociedades burguesas donde fueron escritas y ahora exhibidas. Teatro para pensar y divertir, como siempre.
SOCIEDAD ANTROPOFAGA
En este contexto  de “fabrica teatral”  es que vimos las  piezas En alta mar   de Mrozek (Borzecin, Polonia 29 de junio de 1930/ Niza, Francia, 15 de agosto de 2013 ) y Pavlov: dos segundos antes del crimen de Ott (Caracas, 1963), obras que ya habíamos ponderado , con otros elencos y directores,  años atrás, las cuales ahora lucen novedosas por sus cuidados trabajos escénicos y de producción. El teatro venezolano es, parafraseando al poeta colombiano Porfirio Barba-Jacob, un rio que no cesa y siempre luce undívago y cambiante.
 En alta mar es una divertida farsa centrada en una mujer y dos hombres adultos que tratan de sobrevivir sobre una balsa que flota en un océano y mientras esperan la muerte, de la cual tienen conciencia, tratan de saciar su natural hambre, para lo cual negocian entre ellos comerse a uno de ellos, con la esperanza de que alguien llegue a rescatarlos de ese inminente naufragio,   y para ello organizan todo un proceso electoral. En síntesis es una farsa sobre las costumbres de una comunidad burguesa clasista y su epilogo tiene una solución teatral, por supuesto, con la irrupción de un cuarto personaje, que es nada menos que un cartero. Es una pieza sustentada en la sátira, en lo insólito y en lo paradójico, que produce risa y conmiseración cuando se descubren las críticas que plantea el autor, un hombre que fue perseguid o por los nazis y los comunistas, porque era precisamente un amante de la libertad.
 Esta depurada producción, centrada en lo indispensable para el show teatral, fue adelantada por la agrupación Teatro del Gato Negro, una institución con 23 años de labores, la cual ha llevado a escenas numerosas piezas teatrales, teniendo una gran receptividad por parte del público y críticos. Está bajo   la dirección del reconocido dramaturgo, pedagogo y director Paul Williams (Rubén Pinto). Y los fantásticos personajes, para así calificarlos, son interpretados por Adalhiza Herrera, Jefferson Vargas, Felix Ríos y Ricardo del Castillo, quienes demuestran sus talentos equilibrados.
 Creemos que esta agrupación debe luchar para hacer más presentaciones porque su producto es de calidad y además una sensata crítica al abuso de poder, la alienación y la caprichosa organización de jerarquías, así como a la manipulación, la corrupción y los consabidos criminales intereses políticos, todo eso en un impactante ritmo para transmitir su punzante humor en situaciones absurdas, irónicas y preñadas de didáctico sarcasmo. Buen elenco y una severa dirección.
CONDICIONADOS
 El Teatro San Martín de Caracas y Textoteatro han producido una de las primeras piezas de Gustavo Ott y también una de sus obras más importantes: Pavlov: dos segundos antes del crimen. Fue escrita hacia 1986 y estrenada en la temporada 1991. Ahí se plasma como se gesta y se consuma el asesinato de la locutora radial Amada de la Noche, una especie de bruja y psicóloga que responde las más complejas preguntas intimas de sus nocturnos clientes telefónicos. Es una inteligente pieza para darle forma y justificar la denuncia de la nefasta influencia de los medios de comunicación, a partir de una aplicación de los experimentos del científico ruso, Iván Pavlov, sobre los reflejos condicionados pero sobre los seres humanos.
Contada comenzando por el final, y con un despliegue de humor a veces hilarante, la obra lleva al espectador desde la risa a la reflexión sobre temas insospechados que tocan a la familia, la religión, el control maternal, el matrimonio, el sexo, y en definitiva, esa incontenible vocación de la gente en meterse en la vida de los demás.
Se trata de una de las piezas icónicas del autor caraqueño que sirvió además para la internacionalización del mismo TSMC, con giras que llevó a los de San Martín a eventos internacionales en Rumania, Hungría, Dinamarca, Rep. Checa, España, Inglaterra, Mónaco, Marruecos, EE.UU., Chile, Rep. Dominicana, y Canadá entre otros. Además, Pavlov… fue producida durante la década de los 90 por importantes teatros foráneos como GALA en Washington DC, Divadlo Bez de Praga, Rosenteatret de Copenhague y El Vitral de Buenos Aires.
Esta vez, Pavlov, dos segundos antes del crimen regresa a la escena caraqueña bajo la dirección de María Brito y con un elenco integrado por Jennifer Morales, Adriana Bustamante, Leonardo Gibbs, Wilken Smith y Elmer Pinto, diestros actores, con la asistencia de dirección de Luis García e iluminación de René Dal Farra.
No hay nada nuevo que decir de este pieza, donde Ott teatraliza una crónica periodística sobre un asesinato y por eso, presenta primero el crimen y después avanza hacia todos los pormenores de cómo y porque se gesta el rocambolesco suceso.
Ott arrincona la tradicional ecuación dramática aristotélica (introducción, exposición, clímax y desenlace) y la realiza escénicamente a la inversa. Esto puede gustar o no, o confundir al espectador. Es una técnica que este dramaturgo usa muy a menudo y creemos sería más útil en el cine.
EL RELEVO QUE SE GESTA
Más allá de los contenidos de los espectaculos, hay que resaltar en ambos montajes la valiosa presencia de jóvenes profesionales de la actuación, pertenecientes precisamente a esa llamada “generación de relevo”, tan necesaria e indispensable para que las artes teatrales no fenezcan o se estanquen, toda una verdadera oleada de actrices y actores dispuestos a no solo ocupar, por intermedio de sus trabajos y talentos, el lugar que les corresponde sino también a impulsar y cambiar o contemporizar, como se espera, al teatro nacional.
Después habrá que escribir una crónica exhaustiva sobre ese impresionante y plausible relevo teatral que se ha estado gestando lentamente durante los últimos 10 años y de antemano advertimos que todos se han estado preparando con talleres, cursos exprés y hasta estudios académicos formales en Unearte y la UCV, al mismo tiempo que han incursionado en los festivales de teatro, bien sea breve o tradicional, o en montajes “ambulatorios”.
Hay que resaltar que durante el último semestre del 2016 la treintañera Compañía Nacional Teatro, en etapa de relanzamiento, hizo un amplio casting para seleccionar un grupo de comediantes destinados a sus espectáculos. De esa selección se contrataron a no más  de 50 intérpretes,  quienes tendrán talleres y montajes a lo largo de este  2017 y el 2018, labores que ya comenzaron con el espectáculo  El pez que fuma, versión escénica de Ibrahim Guerra sobre el texto original de Román Chalbaud, el cual además hace temporada hasta mediados del venidero mes de abril.
Además es imposible negar la presencia del dúo dinámico que hacen Orlando Arocha y Diana Volpe para crear sendos espacios teatrales, en el backstage de la Concha Acústica de Belo, para montar importante textos estadounidenses y mostrar ahí sendos festivales de teatro, además de espectaculos tutorados de nuevos directores.
A esta lista hay que agregar lo que se hace por el teatro en la UCV y muy especialmente en la UCAB, durante los últimos 40 años por Marcos Reyes Andrade y Virginia Aponte.
Y por supuesto la tarea del Teatro Trasnocho Cultural es innegable: tres festivales seguidos para propulsar a los nuevos directores.
Hay, pues, un importante relevo teatral y estamos reseñando solamente a la Gran Caracas y se nos quedan por fuera las provincias tan cercanas y tan lejanas al mismo tiempo, pero donde hay gente buena que sueña y trabaja como la que mora en Guanare

martes, marzo 21, 2017

Eugenio Barba:cometí el pecado de no haber muerto

Está en Buenos Aires y allá lo entrevistó  Paula Sabatés para el diario Pagina 12 de hoy martes.Nosotros lo editamos aquí para nuestros lectores venezolanos y de otros países.

Hay algo curioso y que hasta peca de inocente en el discurso de Eugenio Barba, considerado el último reformador del teatro del siglo XX, que durante esta semana se encuentra en Buenos Aires. Se trata de su concepto de “pueblo secreto”, término con el cual designa a aquella porción del público de cada país que, ante una nueva visita suya y de su compañía, el Odin Teatret, se reúne para verlo. “Hay personas, algunas vinculadas al teatro y otras que no, que tal vez ni vieron al Odin pero que tienen un vínculo especial y significativo con nuestro teatro”, se extraña el dramaturgo y director italiano, como si no fuera consciente del lugar que ocupa en la discusión sobre lo teatral, y en la historia misma del teatro.
Discípulo del polaco Jerzy Grotowski, Barba forma parte del “dream team” de maestros que marcaron con sello propio el teatro “moderno”. Como Konstantín Stanislavski, Vsévolod Meyerhold, Antonin Artaud, Grotowski y no muchos más, el teatrista instauró una nueva forma de articular la práctica teatral con el pensamiento sobre ese arte dando lugar, en su caso, al estudio de la Antropología Teatral, disciplina extendida en todo el mundo. Desde el Odin, teatro y grupo que fundó cuando emigró primero a Noruega y luego a Dinamarca, donde se estableció, hace más de cincuenta años que trabaja en esa dirección, siempre reuniendo a actores de distintas nacionalidades (actualmente en la compañía hay de cuatro continentes) para buscar juntos aquellos principios que son comunes a todos, aquellos elementos de “pre–expresividad”. 
En medio de una gira por América latina que comenzó en Uruguay, el creador presentará en la Argentina Las grandes ciudades bajo la luna, un espectáculo que forma parte del repertorio del Odin desde hace diez años pero que, según cuenta Barba a PáginaI12, “se volvió lamentablemente vigente”. Basada en “el espíritu de Bertolt Brecht”, la pieza “cuenta las consecuencias que sobre los inocentes tienen los conflictos”. Se presentará en el Centro Cultural Recoleta, el Teatro 25 de mayo, el Banfield Teatro Ensamble y en la Sala 420 de La Plata y será protagonizada por varios de los célebres intérpretes de la compañía.
–Usted es considerado de manera unánime como uno de los grandes maestros del teatro del siglo XX. ¿Cómo toma eso, el ser un referente de una época que ya pasó, siendo que sigue trabajando también en este siglo?
–Yo cometí un gran pecado que es el de no haber muerto hace un tiempo. Creo que hay que morir relativamente joven. La perspectiva de llegar a vivir como mi mamá, que murió a los 96, hace que me esperen quince años más de teatro, es decir que trabajaría hasta 2032, año al que voy a llegar como esas tortugas gigantes y viejas que están en Galápagos (risas). De todos modos es verdad, yo pertenezco al siglo XX. Todo lo que pase ahora lo vivo y reacciono frente a eso, pero es totalmente diferente. A mí lo que me ha influido son los acontecimientos históricos del siglo pasado, y profundamente la Segunda Guerra Mundial. Yo viví los bombardeos, perdí a mi padre, estuve rodeado de mujeres vestidas de negro que andaban de luto porque perdían a sus hombres. Todo eso, y los conflictos posteriores, la Guerra Fría, han marcado al teatro, y no sólo al mío. Ahora es distinto. Nadie sabe bien contra quién luchar. Podés hacerlo contra la corrupción de un ministro o contra una presidenta que se comporta de manera deshonesta, pero no tiene ya la idealidad de un ideal. En el siglo XX uno creía, como fascista, como nazi, o como comunista, que se podía cambiar el mundo.
–Sin embargo varios académicos señalan que, específicamente en el campo teatral, el siglo XX pareciera no haber terminado.
–Sí que se ha terminado. El siglo XX fue el Siglo de Oro para el teatro, y eso que empezó difícil. Durante los primeros años aparece el cine y el teatro descubre que hay un competidor enorme. El cine no sólo conquista espectadores sino que impone otro tipo de actuación, una que tiene que ver con el comportamiento natural de la vida, algo que hasta ese momento no existía porque el teatro era bastante codificado. De repente, toda esa cultura del actor que formalizaba su manera de actuar, todo el tema de los papeles fijos, todo eso desaparece, y los actores empiezan a adaptarse a la exigencia del comportamiento del cine. Así empezó el siglo y lógicamente todos pensaron que era algo malo, que el teatro iba a desaparecer. Pero no. Al contrario. El teatro descubre que puede ser un actor de política, una herramienta de conciencia, de espíritu. Y se transforma en un factor, justamente, de transformación, porque transforma a la persona que lo hace como a la que lo ve. Eso es lo que se termina en el siglo XX, por eso se tiene la sensación de que nada está pasando en esta nueva época, de que no hay maestros.
–¿Usted cree eso, que nada está pasando?
–Creo que pasa lo que pasó históricamente. Hay una época de grandes mutaciones y una época que le sigue en la que los artistas son sólo testigos de lo que han vivido y no aportan, sino que transportan todo eso a una nueva generación. Lo único que creo que verdaderamente ha cambiado es la profunda capacidad de transformación que tiene la tecnología, que también modifica al teatro porque se ha vuelto una parte de nuestro cuerpo. Yo eso lo veo, pero como si estuviera dentro de un televisor, de forma mediada. Es una realidad a la que no puedo terminar de entrar.
–Habla del poder de transformación que tuvo el teatro al menos hasta el siglo pasado, pero sin embargo ha dicho, en otra entrevista a este diario, que el teatro no es necesario para la sociedad sino sólo para quienes lo hacen.
–Y lo sigo pensando. Todavía no puedo explicar cómo es que una generación tras otra se acerca al teatro. Pienso que es porque es una manera de socializar todo un caos interno que uno tiene, y también porque es una especie de conocimiento social. No lo digo yo, de todos modos. Los primeros que dijeron que el teatro no era más necesario, tal como pretendían los maestros de principios de siglo, fueron Peter Brook y Jerzy Grotowski, que lo dicen casi al mismo tiempo y sin conocerse, uno en Londres y el otro en Polonia, bajo el orden comunista.  
–Usted fue discípulo de Grotowski, quien postuló la necesidad de un “teatro pobre” que eliminara lo superfluo y se centrara en el actor y su cuerpo, en lo esencial. ¿Piensa que el teatro pobre tiene la misma potencia en países que son de por sí pobres, sin tanta espectacularidad? 
–Voy a decir esto habiendo visto nacer el teatro pobre de la mano de la persona que inventó ese término: para hacer teatro pobre debés ser rico (risas). Grotowski hacia teatro pobre, sí, pero buscaba un espacio vacío y dentro de él mandaba a construir un escenario particular que permitiera ciertas cosas que él buscaba, y que costaban un montón de dinero. Su teatro pobre sólo fue posible dentro de un país socialista que financiaba a la cultura. 
–Bueno, usted alzó el concepto de “Tercer teatro”, que es aquel que no es ni el teatro oficial ni el que lo rodea, que busca imitarlo, y ahora está presentando este trabajo en al menos dos espacios que dependen del Estado. 
–Sí, y es una victoria, porque estamos ocupando esos espacios con nuestro teatro. La semana pasada estuvimos en Uruguay e hicimos espectáculos en pequeños teatritos sucios, que no limpiaban, todo muy tercer teatro. Después nos invitó el Solís y fue un placer. Cuando llegamos pensamos “ahora sí” (risas). 
–¿Tampoco encuentra contradictorio montar el espectáculo en un teatro “alla italiana”, siendo que siempre pugnó por la proximidad con el público?
–¿Porque está alejado el escenario? No. Vayan a ver la obra y después díganme si se puede hacer o no. Como director debés decir que todo es posible. Lo único que hay que ser es eficaz, ganar la batalla, atraer la atención de los espectadores y que al final tengan la sensación de que un extraño animal invisible entró a su cuerpo y se está cazando con otros animales. Esa es la batalla del director.


Para anotar en la agenda
  • Las funciones de Las grandes ciudades bajo la luna se realizarán mañana y el jueves a las 20, el sábado a las 18 y el domingo a las 11 en el Centro Cultural 25 de Mayo (Av. Triunvirato 4444). El viernes a las 20 se presentará en el Banfield Teatro Ensamble (Larrea 350, Lomas de Zamora).
  • Los workshops tendrán lugar el 23, 24 y 25 de marzo en el Centro Cultural Recoleta (Junín 1930).
  • La demostración “Blanca como el jazmín” se verá hoy a las 20 en el Centro Cultural Recoleta.


domingo, marzo 19, 2017

Camilo Torres predica su revolución en Caracas

Camilo Torres baila un tango con la muerte mientras su madre, encerrada en un plano lejano, casi onírico, le reprocha por su decisión de irse al monte. Es una lucha metafórica, un contrapunteo que refleja esa ambivalencia en la que vivió este personaje histórico, este sacerdote que se puso el uniforme de guerrillero, pensando en construir el país que soñaba. Es también una de las imágenes de Camilo, la nueva obra del Teatro La Candelaria, de Bogotá, Colombia, la cual fue estrenada en la temporada 2016 y que será exhibida en Caracas durante el venidero Festival de Teatro, que organiza Fundarte, bajo la coordinación de Freddy Ñáñez.
El  bogotano diario El tiempo publicó que bajo la dirección de Patricia Ariza, el grupo del maestro Santiago García creó un montaje difícil de clasificar, que se aproxima a los terrenos del performance y del teatro experimental, que coquetea con los movimientos de la danza contemporánea y además hace un énfasis especial en la construcción musical.
No es una reconstrucción biográfica de la vida de Torres Restrepo, que murió el 15 de febrero de 1966 en su primer combate en el monte, luego de integrarse a las filas de ELN. “Nos parece que es un lenguaje muy contemporáneo –asegura Ariza–. Nosotros no estamos para contar una historia de comienzo a fin, eso lo pueden hacer mejor la literatura u otros géneros, entonces es más como mostrar las facetas, lo que suscitan los momentos de ese personaje, sus pensamientos, etcétera”. Pareciera que el personaje se desdoblara en diferentes dimensiones, ya que los 13 protagonistas encarnan diferentes versiones del sacerdote y pese a su tono abstracto, la historia tiene lugar para frases llenas de poesía (“Si es que no hay nada que lo salve de la muerte, al menos que el amor lo salve de la vida”).“Es una mirada del grupo, de las diferentes voces, también a partir de las mujeres, que es una propuesta de Patricia que me parece muy interesante, que todos seamos Camilo, que nosotras las mujeres podamos también representarlo y buscarle ese lado femenino, todos esos temores que él pudo haber tenido en sus momentos más difíciles y decisorios”, cuenta Nohra González, una de las protagonistas.
Más allá de las figuras metafóricas que surgen en la historia, como la muerte con máscara de calavera que ronda constantemente a Camilo, la puesta en escena hace énfasis en los principales conflictos de Torres, como la relación con su madre y su desacuerdo con la forma en la que la Iglesia trataba los problemas sociales del país, algo que finalmente lo llevó a formar el Frente Unido del Pueblo y a entrar al ELN. “Él era un cristiano y nunca dejó de serlo, y de todas maneras el hecho de violentar una creencia debe ser algo muy doloroso. Creo que él vivió eso, es parte de los Camilos que él mismo era”, reflexiona César ‘Coco’ Badillo, uno de los actores.
Al igual que en otros montajes clásicos de La Candelaria, como Guadalupe años sin cuenta, la música tiene un papel privilegiado. Nicolás Uribe y Luis Hernando ‘Poli’ Forero, quien también participó en la creación de la banda sonora de Guadalupe..., compusieron la música de Camilo. Es una partitura que está dividida en temas llenos de ritmos folclóricos colombianos, como los cantos de vaquería y las guabinas –compuestos por Forero–; además de varios tangos y la música que acompaña las coreografías –creados por Uribe–. “Una obra sobre Camilo Torres y sobre la Iglesia necesariamente es muy musical por todo lo que es la historia de la música alrededor de la cristiandad. Fue un proceso que iba muy de la mano de la creación de las imágenes”, dice Forero.
La influencia en el grupo
Patricia Ariza cuenta que conoció a Camilo en una fiesta en la Universidad Nacional, en la que casi se agarra a golpes con alguien que se burló de él porque era un cura. Francisco Martínez, uno de los fundadores de La Candelaria, recuerda que se lo presentaron en la época en la que organizó una marcha pacífica con sus estudiantes.La influencia de Torres en los integrantes del grupo fue uno de los motores que los llevó a crear esta pieza, además de haber sido un personaje representativo de la historia colombiana. “En primer lugar, fue un científico social, fundador de la sociología en Colombia, un hombre de una gran sensibilidad, pero que no pudo ejercer su apostolado como quería porque se le fueron cerrando todos los caminos. Nos parece que a través de este hombre, de este personaje tan lleno de contradicciones, se puede hablar de la paz en Colombia”, comenta Ariza.
Esta es la primera producción que todos los integrantes del grupo enfrentan sin la presencia de Santiago García, que se fue alejando de la dirección por su avanzada edad (89 años). Antes, La Candelaria estrenó las obras Si el río hablara, Soma Mnemosine y Cuerpos gloriosos, en las que los actores se dividieron en tres grupos.Pero los artistas enfatizan en que todas las enseñanzas del prestigioso director están reflejadas en Camilo. “El maestro sí participa porque de alguna manera mucho de lo que nosotros hacemos tiene que ver con todo su trabajo, con sus aportes a la creación colectiva. Santiago está aquí, siempre”, dice Ariza mientras se señala el corazón. “Es nuestro maestro”.
Nueva sangre
Además de los actores históricos del grupo, como Francisco Martínez, Fernando Mendoza, Luis Hernando Forero, Nohra González, Alexandra Escobar, Adelaida Otálora, Carmiña Martínez y César Badillo, en ‘Camilo’ debutan cuatro jóvenes intérpretes: Diego Vargas, Camilo Amórtegui, Edith Laverde y Erika Guzmán. “Están probándose, empezando el proceso de estar dentro del grupo. Es muy importante que haya la posibilidad de mantener la tradición y también de renovar”, dice Badillo.


Zamora pasó por aquí

Aníbal Grunn otra vez combate por la cultura venezolana, desde Guanare.
Actor, director y dramaturgo son algunas de la facetas del artista Aníbal Grunn, quien ahora aparece como autor del libreto Zamora pasó por aquí, el cual será hecho espectáculo teatral por Carlos Arroyo y exhibido desde el 30 de marzo en Barinas y después ira a Cojedes, Falcón, Los Teques y llegará hasta Caracas, como una producción de la Compañía Nacional de Teatro, que comanda Alfredo Caldera.
Grunn, cuyo verdadero apellido es García, desde Guanare, explica que como hombre de teatro ha desarrollado en “estos más de 50 de vida artística varios roles: actor, director, profesor, escritor… en todos y en cada uno de ellos siempre me siento cómodo. No puedo escoger ninguno en especial. En cada uno aplico el mismo rigor, la misma disciplina, las mismas ganas y la misma fuerza. Creo que un verdadero artista no debe limitarse a desempeñar un solo papel en esta vida, uno debe exigirse más, proponerse más, realizar más y en diferentes acciones. El placer, la auténtica satisfacción, llega cuando puedes cumplir con tus metas. Cuando vences tus propios desafíos”.
 ¿Qué pasa con ese nuevo texto sobre Ezequiel Zamora? 
Zamora, como tantos personajes de la historia latinoamericana, es tratado bien o mal, dependiendo del gobierno de turno. Y como tantos héroes que lucharon por una Independencia, una Libertad y unas reivindicaciones sociales, humanas y políticas, muere violentamente y desaparece para la Historia, dejando una huella imborrable, en la gente del pueblo. De ese pueblo que defendió. Su vida, desde hace mucho tiempo me resultó muy atractiva. Tuvo demasiados detractores e incluso en nuestro mundo contemporáneo se lo intentó borrar o disminuir en su lucha. Pero, como dice Fernando de Rojas en su inmortal obra La Celestina: Cada uno habla de la feria, según le va en ella. Es importante contar la historia de este hombre, un hombre que en solo 11 meses se transforma en un verdadero héroe nacional. Porque, si bien el Valiente Ciudadano había comenzado desde muy joven, una lucha por las reivindicaciones sociales en Cúa, su tierra natal, es recién, en febrero de 1859, cuando regresa del exilio en Curazao, que se pone al frente de la Guerra Federal. Y 11 meses después, el 10 de enero de 1860, muere traicionado por una bala que, aunque la historia lo niegue, tiene nombre y apellido, y viene signada por las ansias del poder. Zamora es traicionado y enterrado en el mismo sitio donde muere. Muchos años después, sus restos son trasladados al Panteón Nacional, pero dice la leyenda que esos no son los verdaderos. Que su cuerpo reposa en el estado Miranda. Para poder escribir esta cantata, titulada: Zamora pasó por aquí, (un guiño sutil al libro de José León Tapia: Por aquí pasó Zamora). Tuve que leer más de una docena de libros, investigar, asesorarme y tratar de ser lo más objetivo posible. No es fácil lograr esto, ya que uno también es humano, tiene sus ideas y sus propios pensamientos. Pero entendiendo que el público es quien debe escuchar y juzgar los hechos, intenté contar parte de la vida de ese extraordinario hombre, haciendo énfasis fundamental en el momento de su muerte, la cual es contada en varios momentos y desde que se fragua la traición. Me tocó además, cosa que poco he hecho, escribir la letra de varias canciones, eso me llena de satisfacción, porque me confirma que cuando uno quiere, puede.
¿También lo actúa, y quienes lo hacen o interpretan?
Esta es una producción de la Compañía Nacional de Teatro, con parte de su elenco estable, ese de donde salió el actual elenco de El pez que fuma, La dirección es de Carlos Arroyo, quien me indujo realmente a escribir el texto. En esta oportunidad, no actúo, solo escribo y podré disfrutarlo el día de su estreno. Es muy interesante cuando oyes lo que has escrito y lo ves montado o dirigido por otra gente.
¿Cuántas obras has escrito o versionado en Venezuela y cuál ha sido la más satisfactoria?

Entre tantas cosas que he hecho en esta larga vida, y voy rumbo hacia los 70, eso espero, debo confesar que me produce mucho placer escribir. Pero mucho más cuando versiono y sobre todo, cuando cambio de género. Es decir, si tomo la narrativa y la llevo al lenguaje teatral, eso me encanta. Recuerdo con mucha precisión que eso fue lo primero que hice, siendo muy joven, no tendría más de 15 años, cuando llegó a mis manos una novela romántica, sobre la tiranía de Rosas y la historia argentina y me apasionó de tal manera, que yo, que aún estaba empezando en el teatro, me propuse versionarla y lo logré. El recuerdo es que era muy compleja, con más de 30 personajes, pero como ejercicio me sirvió muchísimo. Desde ese momento hasta hoy no he dejado de hacerlo. Del mismo modo que escribo textos originales o hago adaptaciones de otras obras teatrales a nuestra geografía, a nuestro entorno o a nuestra época. Son muchas las obras adaptadas, versionadas y originales que tengo. Algunas montadas ya, otras en proceso, en fin, la dramaturgia me gusta y es uno de mis fuertes. Quizá la más rica experiencia la tuve con Mi planta de naranja lima, sobre la novela de José Mauro de Vasconcelos, que estrenáramos en el año de 1997, con la Compañía Regional de Teatro de Portuguesa. Y que por cierto en julio de este año se estará montando en Buenos Aires, bajo la dirección de Jesús Gómez.  Versionar Mi planta… fue una solicitud que me hizo Carlos Giménez, quien no pudo verla por las razones que todos conocemos. Para Rajatabla también escribí mucho: El coronel no tiene quien le escriba, Peer Gynt y Fuenteovejuna, entre otras. Una de mis grandes experiencias fue escribir La tregua, de Mario Benedetti. Una novela que es un diario, la transformé en una obra con más de nueve personajes. Y ahora, Carlos Arroyo está dirigiendo una versión de mi versión, también hecha por mí, solo para dos personajes. Es decir ya me versiono a mí mismo. Tengo textos para adultos, comedias, infantiles, en fin, todo lo que pase por el teclado de mi computadora es bienvenido. Yo estoy escribiendo todo el tiempo, no paro, soy una maquinita y eso a mis 69 años -tenía un poco más de 30 cuando me vine desde Argentina- me mantiene con mucha energía y vitalidad.

jueves, marzo 16, 2017

El cuerpo dócil de la cultura con Chávez

Manuel Silva-Ferrer decidió adentrarse en los cambios ocurridos en la cultura venezolana  durante la era de Hugo Chávez, en su reciente publicación El cuerpo dócil de la cultura, que será presentado este sábado a las 7:00 pm, en la Feria Internacional del Libro del Caribe (Filcar) de Margarita, por la editorial de la UCAB
Su trabajo constituye la primera gran panorámica sobre la cultura en Venezuela a comienzos del siglo XXI, tras el ascenso al poder de Chávez y su denominada “revolución bolivariana". Aborda temas fundamentales como la problemática expansión del sistema educativo, la transformación de las instituciones de las artes y el campo intelectual, los radicales cambios en el espacio de la comunicación masiva, y el fenómeno de la emigración.
Para Fernando Rodríguez, profesor de la Universidad Central de Venezuela y autor del prólogo del libro, “se trata de una obra necesaria para toda bibliografía futura que trate de auscultar las neuronas de los venezolanos de esta era”.
El cuerpo dócil de la cultura es un agudo análisis que coloca en perspectiva global la evolución de la cultura venezolana en los últimos tres lustros, para observar cómo ésta ha sido modificada no sólo por los cambios inducidos por la expansión y sucesivo declive del estado petrolero, o los intensos conflictos políticos locales, sino también por las transformaciones que a la sociedad y la cultura ha impuesto la fase actual de la globalización tecnológica.
“He pretendido en primera instancia observar las transformaciones institucionales, aquello que ocurre en el marco de las estructuras de producción masiva y organizada de la cultura, pero siempre intentado desplazar el eje de observación hacia los sujetos, intermediarios de los procesos de la cultura y la comunicación”, explica Silva-Ferrer en la introducción del libro.
La ambición temática de la investigación abarca la polarización en todas las áreas de la cultura y sus principales instituciones, como reflejo de un intenso enfrentamiento de modelos ideológicos en el campo social. Describe también el desplazamiento de los medios privados más importantes y la inédita expansión del aparato comunicacional del Estado, bajo el control férreo del gobierno. Un periodo marcado por el asedio a la disidencia intelectual que decide quedarse en el país.
El análisis de Silva-Ferrer es muy penetrante porque logra enfatizar, no solo el contexto y los antecedentes de nuestra cultura, sino la novedad relativa de esos cambios.  “Hasta un determinado momento del chavismo mismo, los medios de comunicación radioeléctricos están en manos privadas en su casi totalidad, y vinculados indirecta y muy poco constructivamente al Estado. Ahora paulatinamente ese espacio va a ser ocupado casi hegemónicamente por el gobierno revolucionario, bien por censura, bien por adquisición de dudosa transparencia (lo que alcanza a la gran prensa), bien por la creación de un extenso y materialmente poderoso emporio estatal”, afirma Rodríguez en el prólogo.
El cuerpo dócil de la cultura establece una lectura a profundidad sobre la imposición de esta nueva dinámica política en el país. Una serie de transformaciones culturales que comenzaron con la llegada al poder de Chávez en 1999, que se desplegaron a lo largo de dos fases claramente diferenciadas: antes y después del golpe de abril de 2002.
“En una frase estupenda Manuel dice: En el fondo nada ha cambiado y, sin embargo, es todo tan distinto. Mejor no se puede resumir lo que he pretendido decir sobre este libro que puede tejer una síntesis muy verosímil de esos momentos de alza y descenso del maná petrolero y sus ilusiones culturales modernizadoras, que lo sitúa como una variante fuerte dentro del continuo de sus ancestros militares bananeros, del impedimento o caída de las posibilidades democráticas, y los indudables cambios que han transformado y devastado la vida espiritual nacional. Sus continuidades y sus nuevas fachadas”, sentencia Rodríguez al final del prólogo.
En la actualidad, Manuel Silva-Ferrer es investigador asociado al Lateinamerika-Institut de la Freie Universität Berlin, una de las once instituciones que conforman la German Excellence Initiative. Allí desarrolla un proyecto titulado “Los Paisajes del petróleo: globalización, cultura y sociedad en torno al enclave petrolero en América Latina y el Caribe”.
Es autor de los volúmenes El cuerpo dócil de la cultura: poder, cultura y comunicación en la Venezuela de Chávez. Iberoamericana/Vervuert (2014) y Elogio del Icono. (ed.) Cinemateca Nacional de Venezuela (2001). Silva-Ferrer ha participado en numerosos encuentros y conferencias internacionales, y sus textos han aparecido en varios medios y revistas académicas. Es blogger del Hispanic American Historical Review (Duke University Press).
El cuerpo dócil de la cultura: poder, cultura y comunicación en la Venezuela de Chávez llegará a las principales librerías del país en abril.