Armando Carías, periodista y teatrero hasta la muerte, nació en Caracas el 13 de junio de 1952, pero desde los años 70 descubrió el teatro para la infancia. Es el artífice de una histórica compilación de textos para la niñez venezolana
-¿Por qué y para qué se dedicó a recolectar las obras de teatro infantil escritas para los niños venezolanos, lo cual culminó en la publicación monumental de 40 obras?
-Asumí esa tarea, en la que participaron muchas personas, ante la permanente demanda de piezas de teatro infantil o para niños por parte de maestros y agrupaciones teatrales, además de investigadores; todos ellos acudieron a mí, en la UCV, para escenificarlas o estudiarlas. Nosotros, en El Chichón, tenemos un modesto centro de documentación que tiene muchísimos, pero muchísimos libretos de teatro infantil, acopiados a lo largo de nuestros largos 27 años de trabajo, además de textos que hemos traído del exterior. Tenemos, por lo menos, unas dos mil obras de teatro infantil. Nosotros damos ese apoyo a los interesados. Fue por esa situación que optamos por hacer esta compilación, que es la que ahora el Fondo Intergubernamental para la Descentralización (Fides) ha publicado bajo un largo y significativo título:40 autores en busca de un niño /Antología de la dramaturgia infantil venezolana 1941-2002.
-¿Hay poca producción de obras infantiles?
-No, todo lo contrario. Casi todos los 40 autores que hemos compilado tienen más de cinco textos, pero están inéditos. Hay autores como Carmelo Castro que tiene unas 30 piezas o Luiz Carlos Neves cuya producción se pierde de vista. Lo que hay son pocas publicaciones, o poca gente interesada en hacerlo.
-¿Qué lo llevó a solicitar ante el Fides la publicación de esta antología, si precisamente ese organismo atiende a otros menesteres de la vida nacional y no precisamente lo cultural o la edición de textos?
-Recurrí al Fides, en la persona de su actual presidente Richard Canan, después de un proceso que comenzó hace diez años. Primero eran diez obras, pero a medida que investigábamos y pedíamos ayuda llegamos a 40. Fue ahí cuando toqué la puerta de Monte Ávila Editores, cuando Alexis Márquez Rodríguez era el presidente; no me hicieron caso y después de dos años de espera busqué ayuda en el Conac, donde me dieron un apoyo simbólico, y tras de eso me encaminé al Fides, después de toparme con el sociólogo Canan en las instalaciones de Radio Nacional de Venezuela. Él me escuchó y me dijo que habían publicado una antología de Cesar Rengifo. Lo que vino concluyó en el acto oficial de la presentación de la antología el pasado lunes 21 de noviembre, en las oficinas del Fides.
-¿Cuántos libros han sido editados?
-La antología consta de cuatro libros, los cuales suman unas 1.432 páginas. Se hicieron dos mil paquetes de cuatro libros cada uno, o sea unos ocho mil volúmenes en total. El Fides me entrega 1.500 paquetes y ellos se quedan con 500. Eso habrá que distribuirlo entre la gente de teatro, en las bibliotecas, en las escuelas, etcétera.
-¿Qué ha pasado con El Chichón?
-Que en mayo del 2006 cumpliremos 28 años de labores. Es el grupo que yo comando. El Chichón tiene cinco elencos estables: el elenco principal; los talleristas, que son jóvenes estudiantes; el elenco juvenil; el Chichoncito y “El silencio habla”, con personal especializado en el manejo del lenguaje de señas para los sordos o el público no oyente. Son unas 80 o 100 personas en total.
-¿Cuántas obras montaron hasta ahora?
-Nosotros montamos un promedio de tres espectáculos anuales.
-¿Serán unos 90 espectáculos hasta ahora?
-Yo creo que más, porque hay espectáculos de gran formato que hacen temporadas, pero también hay otros montajes pequeños o trabajos escolares que no se publicitan. La semana pasada llevamos al Ateneo de El Hatillo un montaje para niños sordos sobre cinco episodios de El Quijote y eso no tuvo prensa. Así hay muchas obras nuestras que no entran en esas campañas de difusión máxima por prensa, radio y televisión.
-Hace algunos años, El Chichón fue acosado por un director de Cultura de la UCV, quien ordenó la destrucción de sus escenografías que estaban guardadas en lo sótanos de la Aula Magna. ¿Qué pasó con ese acto barbárico?
-Después de la tragedia en el río Orinoco, hace unos 25 años, el hecho más doloroso en mi vida artística, donde pereció un integrante de mi grupo, porque estábamos en una gira con el grupo Madera. Mi esposa y yo sobrevivimos milagrosamente. Y Jesús Sevillano, como director de Cultura de la UCV, ordenó botar todas las escenografías que El Chichón había guardado para sus temporadas posteriores. Se perdieron verdaderas obras de arte. Eso fue hace unos siete u ocho años. Fue un funcionario irresponsable que atentó y dañó el patrimonio de la institución. Pero nosotros seguimos trabajando y haciendo patria, a pesar de eso, aunque no olvidamos los daños que nos causaron.
-¿Cuál es el actual estatus de El Chichón en la UCV?
-El Chichón es el grupo oficial de teatro infantil de la Universidad Central de Venezuela. Ese grupo lo fundé yo cuando ya había fallecido Eduardo Mancera. Elio Gómez Grillo, que era director de Cultura de la UCV, me mandó a llamar y me propuso que creara una agrupación universitaria. La propuesta me gustó y acepté, de eso hace 27 años. Comencé ganando 4.500 bolívares y ahí sigo. Gracias a Grillo cambió mi vida para siempre en todos los órdenes, desde el profesional hasta el personal, pues ahí conocí a mi actual esposa, Morelba Domínguez, la madre de mis tres hijos: Ailim, Ezequiel y Amelie, de 21, 11 y 8 años respectivamente. Todos pasaron por El Chichón en diversos papeles. Pero mi cuarto hijo es este libro de cuatro volúmenes. ¡Todo esto me hace muy feliz!
-¿El teatro para adultos nunca le interesó?
-Hice una obra, Carnaval, con el director cubano Miguel Ponce, cuando yo estudiaba teatro en una escuela que después cerraron. Ahí estábamos, para ese entonces: Alejandro Mutis, Alexis de la Sierra y yo. Eso fue hacia 1973. Esa experiencia me sirvió para lo que haría después en la UCV, donde me gradué como periodista, y con El Chichón. Por supuesto que estudié dirección teatral en la UCV, en un instituto que fundó Herman Lejter, y hasta fundé un grupo de teatro para niños, Los Carricitos, hasta que me topé con Grillo y ya sabemos lo que ocurrió.
-¿Cuál es el estado actual del teatro infantil en Venezuela?
-Tengo una visión muy crítica. Soy fundador del Teatro Infantil Nacional y tengo por supuesto una visión hacia su estado institucional y hacia su labor creativa.
-¿El Estado no presta la atención debida al teatro infantil?
-Hasta ahora, el Estado no le ha prestado la debida atención a un asunto tan serio como es el teatro infantil. Tal vez esté mal utilizando la palabra Estado, pero en este caso es el Conac concretamente. Y no es solamente en esta gestión, sino también en las anteriores. El Conac ha asumido que el TIN es el brazo ejecutor de la política oficial hacia el teatro infantil y no ha desarrollado una verdadera iniciativa inteligente en ese sector para su desarrollo. El TIN se ha convertido en la excusa para dejar en manos de terceros lo que el Estado está obligado a ejecutar, o sea el Conac delega lo que debe hacer.
Y Carías puntualiza que “una prueba de lo que digo es el abandono en que tienen a las publicaciones de las obras, tarea que en este caso hizo, patrióticamente, el Fides, después de que un artista que está participando activamente en el proceso político actual, como soy yo, ha tenido que hacer lobby infructuosamente en dos dependencias del Gobierno, como son el Conac, precisamente, y antes en Monte Avila.Y situaciones similares a mi caso hay en abundancia. En síntesis: el teatro infantil ha sido dejado de lado, pero este sobrevive por la valentía de sus miembros”.
Reitera que la solución para los problemas del teatro infantil no está en los subsidios. “No hay políticas claras ni coherentes, no hay políticas para coordinar estas actividades con los centros de formación teatral, ni tampoco con las escuelas bolivarianas. No hay una política hacia el teatro infantil y lo puedo argumentar. El Estado no tiene una política hacia el teatro infantil y esa es una demanda o una exigencia, o una deuda que el Estado tiene como parte de la deuda social. El Estado tiene una deuda social con la cultura y en particular con la infancia. A veces pienso que los gestores o gerentes de la cultura se han olvidado de los niños, se olvidaron además de cuando ellos eran infantes. No puede ser que seamos los teatreros que hacemos teatro para niños los que nos acordemos de ellos. En síntesis : la gerencia cultural venezolana no tiene al niño dentro de sus prioridades. No hay que olvidar que la cultura para la infancia es un segmento específico que requiere de evaluaciones, investigaciones y de toma de decisiones muy específicas”.
viernes, noviembre 25, 2005
jueves, noviembre 24, 2005
Héctor Lavoe
Honrar honra y mucho más cuando se trata de héroes civiles como los artistas, intelectuales y científicos, que se quedan para siempre en la memoria de los pueblos, esos que estimulan a escritores y dramaturgos para que les escriban obras y los evoquen en sus momentos más cruciales. Es el caso de “El cantante de los cantantes”: Héctor Lavoe (Ponce, Puerto Rico, 30 de septiembre de 1946 -Nueva York, 29 de junio de 1993). Él encarnó la salsa de los años 70 como un fiel reflejo de la misma, con sus virtudes y vicios, fortunas y tristezas, amores y desamores. En el otoño de 1983 estrenó la canción que fue considerada un hit: “Juanito Alimaña”, escrita por Tite Curet Alonso, la cual fue recibida como una clara continuación de esa salsa dedicada al género de los antihéroes, de la misma estirpe del “Pedro Navaja”, de Rubén Blades. El 25 de junio de 1988, tras un fallido concierto, se lanzó desde una ventana del octavo piso, del Hotel Regency, en San Juan. Y su vida ya no fue la misma. Cinco años después moría en Nueva York- había sido bautizado como Héctor Pérez- a consecuencia del sida, al parecer contraído por su manifiesta adición a los sicotrópicos, contra lo cual también luchó infructuosamente. ¡Vivió y murió en su ley!
En octubre de 2001, en el Teatro Rodante Puertorriqueño de Nueva York, pudimos disfrutar del espectáculo ¿Quién mató a Héctor Lavoe?, drama con música y bailes salsosos, escrito y dirigido por el boricua Pablo Cabrera, cuyo protagonista era el excelente cantante salsero Domingo Quiñones, donde participaban tres profesionales venezolanos: los actores Marcelo y Yuri Rodríguez, y la conocida productora y buena amiga Elaisa Irizarry. La acción escénica se desarrollaba en dos actos o 16 escenas y tenía una duración de 90 minutos;transcurría durante un concierto del cantante en el club nocturno El Corso, templo de la música latina en Nueva York, a mediados de 1979. Mientras el vocalista Lavoe interpretaba sus más exitosas canciones, pasaban por su mente y se plasmaban en el escenario escenas del pasado, el presente y el futuro. Ese montaje duró varios meses en cartelera, gracias a la audiencia latina, y después hizo temporada en Puerto Rico.
Ahora, en Caracas, el venezolano Edgar Borges retomó la historia popular de Lavoe y elaboró un monólogo donde plantea los tormentos del famoso “cantante de los cantantes”. Se trata de Lavoe contra Lavoe , donde el actor y cantante venezolano Carlos Añez (42 años) interpreta al famoso salsero, bajo la dirección artística de Neiron Medina y con la producción compartida de José Hernández y Nathalie Riera. La obra se ubica en un apartamento imaginario que ocupa Lavoe. En el interior de la vivienda habitan dos personalidades: una angustia y un sueño, y un tormento y una esperanza, todo en un mismo cantante, quien desnuda todas esas sensaciones ante un espejo que servirá para enfrentarlo a sus vivencias y sobre todo a su público.El monólogo se transforma en un desesperado recital del personaje que interpreta temas como “El periódico de ayer”, “Mi gente”, “Todo tiene su final”, “Vamos a reír un poco”, “El Todopoderoso”, “El Cantante” y otras más. El epílogo es abrupto: el vocalista es amenazado por su empresario, quien no quiere que él cante ante el pueblo gratuitamente sino que lo haga en grandes escenarios,como el Madison Square Garden. El artista entra en crisis y cae.
Es sobria y respetuosa esa aproximación que hizo Borges sobre el artista. En su Lavoe contra Lavoe respeta la historia verdadera del personaje, lo muestra en su dimensión humana sometido a la explotación del show bussiness y derruido por sus problemas personales insoslayables, como el alcoholismo y las drogas, al mismo tiempo que permite una impactante performance del actor Carlos Añez, a quien nunca habíamos visto en un rol de tales proporciones y menos como un cantante aplomado.
Es notable en Lavoe contra Lavoe como éste atrapa a la audiencia y hace incluso que los espectadores coreen las canciones y hasta amaguen unos cuantos pasitos salsosos. Es,pues, teatro popular y del bueno.Hay que reseñar además que en la función del sábado 19 de noviembre, en la Sala Juana Sujo de la Casa del Artista, estaba presente el célebre Domingo Quiñones, quien al final manifestó su interés por el monólogo y una especial satisfacción por haber visto al actor y cantante Añez en una sentida exhibición.
En octubre de 2001, en el Teatro Rodante Puertorriqueño de Nueva York, pudimos disfrutar del espectáculo ¿Quién mató a Héctor Lavoe?, drama con música y bailes salsosos, escrito y dirigido por el boricua Pablo Cabrera, cuyo protagonista era el excelente cantante salsero Domingo Quiñones, donde participaban tres profesionales venezolanos: los actores Marcelo y Yuri Rodríguez, y la conocida productora y buena amiga Elaisa Irizarry. La acción escénica se desarrollaba en dos actos o 16 escenas y tenía una duración de 90 minutos;transcurría durante un concierto del cantante en el club nocturno El Corso, templo de la música latina en Nueva York, a mediados de 1979. Mientras el vocalista Lavoe interpretaba sus más exitosas canciones, pasaban por su mente y se plasmaban en el escenario escenas del pasado, el presente y el futuro. Ese montaje duró varios meses en cartelera, gracias a la audiencia latina, y después hizo temporada en Puerto Rico.
Ahora, en Caracas, el venezolano Edgar Borges retomó la historia popular de Lavoe y elaboró un monólogo donde plantea los tormentos del famoso “cantante de los cantantes”. Se trata de Lavoe contra Lavoe , donde el actor y cantante venezolano Carlos Añez (42 años) interpreta al famoso salsero, bajo la dirección artística de Neiron Medina y con la producción compartida de José Hernández y Nathalie Riera. La obra se ubica en un apartamento imaginario que ocupa Lavoe. En el interior de la vivienda habitan dos personalidades: una angustia y un sueño, y un tormento y una esperanza, todo en un mismo cantante, quien desnuda todas esas sensaciones ante un espejo que servirá para enfrentarlo a sus vivencias y sobre todo a su público.El monólogo se transforma en un desesperado recital del personaje que interpreta temas como “El periódico de ayer”, “Mi gente”, “Todo tiene su final”, “Vamos a reír un poco”, “El Todopoderoso”, “El Cantante” y otras más. El epílogo es abrupto: el vocalista es amenazado por su empresario, quien no quiere que él cante ante el pueblo gratuitamente sino que lo haga en grandes escenarios,como el Madison Square Garden. El artista entra en crisis y cae.
Es sobria y respetuosa esa aproximación que hizo Borges sobre el artista. En su Lavoe contra Lavoe respeta la historia verdadera del personaje, lo muestra en su dimensión humana sometido a la explotación del show bussiness y derruido por sus problemas personales insoslayables, como el alcoholismo y las drogas, al mismo tiempo que permite una impactante performance del actor Carlos Añez, a quien nunca habíamos visto en un rol de tales proporciones y menos como un cantante aplomado.
Es notable en Lavoe contra Lavoe como éste atrapa a la audiencia y hace incluso que los espectadores coreen las canciones y hasta amaguen unos cuantos pasitos salsosos. Es,pues, teatro popular y del bueno.Hay que reseñar además que en la función del sábado 19 de noviembre, en la Sala Juana Sujo de la Casa del Artista, estaba presente el célebre Domingo Quiñones, quien al final manifestó su interés por el monólogo y una especial satisfacción por haber visto al actor y cantante Añez en una sentida exhibición.
martes, noviembre 22, 2005
Los 100 mil espectador de Héctor Manrique
En la cultura lo único que da poder y prestigio es el trabajo y la depurada calidad de esos productos artísticos. Intelectuales, escritores y artistas de “a dedo” desaparecen pronto y lo menos malo que les pasa es que después nadie se acuerda de ellos. Mueren y punto. Pero aquellos que sí laboran y son auténticos creadores terminan por ser eternos, por trascender. Decimos esto porque a la saga de los más prestigiosos teatreros venezolano se ha agregado, gracias a la potencia y calidad de su tesón, durante los últimos 20 años, el actor, director, maestro y gerente Héctor (Rodríguez) Manrique, a quien, cariñosamente sus amigos lo llaman “El zar del teatro”, por la amplitud de sus proyectos y el poder adquirido gracias a la calidad y la gerencia de los mismos.
Héctor Manrique (Madrid, 12 de enero de 1963) mantuvo a lo largo de este año que culmina ocho proyectos o espectáculos teatrales en escena, dentro y fuera de Venezuela, generando así trabajo y cultura para sus artistas y sus espectadores. Por eso es que lo hemos entrevistado:
-¿Qué pasó con sus montajes o proyectos teatrales?
-Este 2005 ha sido un año intenso y muy dinámico. Arrancó en enero con la reposición de No seré feliz, pero tengo marido, a cargo de la señora actriz que es Mimí Lazo, un monólogo o adaptación que le dirigí a partir del libro de la periodista Viviana Gómez Thorpe. y los ensayos de El día que me quieras, del inolvidable José Ignacio Cabrujas, bajo la dirección de Juan Carlos Gené. En febrero hicimos una pequeña temporada con La cena de los idiotas, de Francis Veber, en el Ateneo de Caracas. El 3 de marzo estrenamos El día que me quieras, con un éxito de cinco meses a sala repleta. En abril, Monólogos de la vagina, de Eve Ensler, viajó a Panamá donde realizamos un total de seis funciones. En junio estrenamos Confesiones de mujeres de treinta, de Domingos de Oliveira, temporada que se extiende hasta finales de noviembre en el Celarg, realizando, además, giras por varias ciudades del interior. Hicimos cuatro funciones de Monólogos de la vagina en el Aula Magna y una temporada de Cartas de amor de Albert R. Gurney, en el Ateneo de Caracas en agosto. A principios de septiembre estrené Copenhague de Michel Frayn en el Ateneo de Caracas, y durante octubre presentamos Los hombros de América, de Fausto Verdial, en el Festival Internacional de Miami.
“Cómo verás, en total son ocho espectáculos en los que he participado como actor o director o empresario. Son más de 200 funciones y uno 100.000 espectadores. También he dado clases en la academia de actuación de Venevisión durante todo este año, más un taller en el Grupo Actoral 80 de seis meses. ¡En realidad yo lo que necesito son unas vacaciones! con mis dos hijas y mi esposa”.
-¿Cómo funcionan las exhibiciones en el exterior y en la provincia?
-Fundamentalmente funcionan por la compra del espectáculo, exceptuando el caso Miami, donde asistimos por la invitación a participar en el Festival. Es verdaderamente emocionante ver cómo en el interior del país la gente agradece que los espectáculos que se hacen en Caracas sean llevados allí. La ausencia de una política sensata por parte del gobierno para la difusión teatral, así como la carencia de un circuito, hace que estas apariciones sean vistas como algo extraordinario.
-¿Qué ocurrió con su trabajo actoral, su labor gerencial y la docencia?
-Trabajé en El día que me quieras haciendo ese emblemático personaje de nuestra dramaturgia que es Pío Miranda, lo que fue una experiencia enormemente satisfactoria y emotiva. Además, repuse dos trabajos que me divierten mucho al hacerlos como actor, que son Cartas de amor y La cena de los idiotas, y trabajé en la película de Beto Arvelo: Cyrano Fernández. Es decir, en lo actoral ha sido también un año muy intenso y placentero.
“A nivel gerencial, desde el GA80 llevamos adelante un proyecto desde años esperado, como fue el regreso de nuestro maestro y fundador Juan Carlos Gené para realizar la puesta en escena de El día que me quieras”.
-¿Qué planes hay para el 2006? ¿Se dice que montara en Miami?
- En este momento estamos evaluando qué haríamos para el 2006. Tengo varias obras en el deseo, pero creo que será para finales de este mes de noviembre cuando sepa qué voy hacer. Primero defino qué hacer con el Actoral 80 y en función de eso armo el resto de los proyectos. Hay prioridades.
-¿Qué proyecta para Caracas?
-Yo trabajo fundamentalmente para Caracas. Vivo en Caracas, padezco Caracas y amo Caracas. Una ciudad sucia, llena de indigentes, odiada por sus gobernantes. Donde su alcalde y el alcalde mayor compiten en procura de ver quién la jode más.
-¿No hay forma de competirle al Teatro Trasnocho en lo que a público se refiere? ¿No hay empresarios capaces de “echarle pichón” a un conjunto teatral comercial a lo grande?
-Ojalá aparecieran más empresarios dispuestos a invertir en la infraestructura teatral. En ese sentido el Teatro Trasnocho es de las mejores noticias que ha tenido nuestro medio cultural en los últimos años. La labor del Celarg ha sido ejemplar también, más allá de que los teatreros quejumbrosos lamentan que una pieza convoque al espectador y pueda pasar cuatro o seis meses en cartelera, ya que ellos desean sus tres semanas históricas para todos. Al parecer le tienen miedo al trabajo y al éxito además.
-¿Por qué a usted y su gente que tanto trabajan y que tantas oportunidades le dan a la gente, no los toman en cuenta para los premios que aún quedan vivos en esta ciudad?
-Ja,ja,ja. Qué mayor premio que el poder realizarme y realizar mi trabajo. Todo premio encierra relatividades. Lo he pensado cuando yo he sido el ganador. Tal vez sea esa la razón que me ha llevado a eliminar el Premio Celcit. En lo personal no creo que sea yo el candidato a llevarme los premios. No soy simpático, no voy a estrenos y he mandado a más de uno al carajo. Estoy pendiente de lo que yo hago y nada más. No voy a fiestas. No le rindo pleitesía a nadie y no espero que me la rindan a mí. Desprecio a los jalabolas. Es decir, no soy candidato a premios. Soy muy aburrido. Y los que me han dado no los he ido a recibir, exceptuando uno, creo. Recuerda que la clave del fracaso consiste en intentar caer bien y complacer a los demás.
-¿Y la Compañía Nacional de Teatro, a la cual usted dirigió, dónde está?
-Ni idea. Es el secreto mejor guardado por su director Eduardo Gil. Lo único que lamento es que lo que mejor funcionaba en la Compañía Nacional, como era el Programa de Formación Teatral, haya sido eliminado. Con el agravante, según me cuentan, que a los profesores no quieren darles la liquidación que les correspondería. ¡Qué decepción con Eduardo Gil! Me siento responsable, ya que yo fui quien lo propuso para director del Iudet. Y para la Compañía Nacional, nadie me preguntó (no tenían por qué hacerlo), pero yo salí de pendejo y apoyé su nombre cuando me lo comentaron. Es más, un día me lo encontré y le dije: “Tienes que agarrar esa vaina, Néstor Caballero está acabando con ella”, y mira por dónde vamos. Mientras a los grupos se les recorta el presupuesto, a la Compañía se le aumenta y no se sabe nada de ella. Ni qué se está haciendo ni dónde se invierte el dinero. También me han dicho que proyectos ya comprometidos se echan para atrás. Al Grupo Actoral 80 intentaron hacérselo, pero no pudieron.
Héctor Manrique (Madrid, 12 de enero de 1963) mantuvo a lo largo de este año que culmina ocho proyectos o espectáculos teatrales en escena, dentro y fuera de Venezuela, generando así trabajo y cultura para sus artistas y sus espectadores. Por eso es que lo hemos entrevistado:
-¿Qué pasó con sus montajes o proyectos teatrales?
-Este 2005 ha sido un año intenso y muy dinámico. Arrancó en enero con la reposición de No seré feliz, pero tengo marido, a cargo de la señora actriz que es Mimí Lazo, un monólogo o adaptación que le dirigí a partir del libro de la periodista Viviana Gómez Thorpe. y los ensayos de El día que me quieras, del inolvidable José Ignacio Cabrujas, bajo la dirección de Juan Carlos Gené. En febrero hicimos una pequeña temporada con La cena de los idiotas, de Francis Veber, en el Ateneo de Caracas. El 3 de marzo estrenamos El día que me quieras, con un éxito de cinco meses a sala repleta. En abril, Monólogos de la vagina, de Eve Ensler, viajó a Panamá donde realizamos un total de seis funciones. En junio estrenamos Confesiones de mujeres de treinta, de Domingos de Oliveira, temporada que se extiende hasta finales de noviembre en el Celarg, realizando, además, giras por varias ciudades del interior. Hicimos cuatro funciones de Monólogos de la vagina en el Aula Magna y una temporada de Cartas de amor de Albert R. Gurney, en el Ateneo de Caracas en agosto. A principios de septiembre estrené Copenhague de Michel Frayn en el Ateneo de Caracas, y durante octubre presentamos Los hombros de América, de Fausto Verdial, en el Festival Internacional de Miami.
“Cómo verás, en total son ocho espectáculos en los que he participado como actor o director o empresario. Son más de 200 funciones y uno 100.000 espectadores. También he dado clases en la academia de actuación de Venevisión durante todo este año, más un taller en el Grupo Actoral 80 de seis meses. ¡En realidad yo lo que necesito son unas vacaciones! con mis dos hijas y mi esposa”.
-¿Cómo funcionan las exhibiciones en el exterior y en la provincia?
-Fundamentalmente funcionan por la compra del espectáculo, exceptuando el caso Miami, donde asistimos por la invitación a participar en el Festival. Es verdaderamente emocionante ver cómo en el interior del país la gente agradece que los espectáculos que se hacen en Caracas sean llevados allí. La ausencia de una política sensata por parte del gobierno para la difusión teatral, así como la carencia de un circuito, hace que estas apariciones sean vistas como algo extraordinario.
-¿Qué ocurrió con su trabajo actoral, su labor gerencial y la docencia?
-Trabajé en El día que me quieras haciendo ese emblemático personaje de nuestra dramaturgia que es Pío Miranda, lo que fue una experiencia enormemente satisfactoria y emotiva. Además, repuse dos trabajos que me divierten mucho al hacerlos como actor, que son Cartas de amor y La cena de los idiotas, y trabajé en la película de Beto Arvelo: Cyrano Fernández. Es decir, en lo actoral ha sido también un año muy intenso y placentero.
“A nivel gerencial, desde el GA80 llevamos adelante un proyecto desde años esperado, como fue el regreso de nuestro maestro y fundador Juan Carlos Gené para realizar la puesta en escena de El día que me quieras”.
-¿Qué planes hay para el 2006? ¿Se dice que montara en Miami?
- En este momento estamos evaluando qué haríamos para el 2006. Tengo varias obras en el deseo, pero creo que será para finales de este mes de noviembre cuando sepa qué voy hacer. Primero defino qué hacer con el Actoral 80 y en función de eso armo el resto de los proyectos. Hay prioridades.
-¿Qué proyecta para Caracas?
-Yo trabajo fundamentalmente para Caracas. Vivo en Caracas, padezco Caracas y amo Caracas. Una ciudad sucia, llena de indigentes, odiada por sus gobernantes. Donde su alcalde y el alcalde mayor compiten en procura de ver quién la jode más.
-¿No hay forma de competirle al Teatro Trasnocho en lo que a público se refiere? ¿No hay empresarios capaces de “echarle pichón” a un conjunto teatral comercial a lo grande?
-Ojalá aparecieran más empresarios dispuestos a invertir en la infraestructura teatral. En ese sentido el Teatro Trasnocho es de las mejores noticias que ha tenido nuestro medio cultural en los últimos años. La labor del Celarg ha sido ejemplar también, más allá de que los teatreros quejumbrosos lamentan que una pieza convoque al espectador y pueda pasar cuatro o seis meses en cartelera, ya que ellos desean sus tres semanas históricas para todos. Al parecer le tienen miedo al trabajo y al éxito además.
-¿Por qué a usted y su gente que tanto trabajan y que tantas oportunidades le dan a la gente, no los toman en cuenta para los premios que aún quedan vivos en esta ciudad?
-Ja,ja,ja. Qué mayor premio que el poder realizarme y realizar mi trabajo. Todo premio encierra relatividades. Lo he pensado cuando yo he sido el ganador. Tal vez sea esa la razón que me ha llevado a eliminar el Premio Celcit. En lo personal no creo que sea yo el candidato a llevarme los premios. No soy simpático, no voy a estrenos y he mandado a más de uno al carajo. Estoy pendiente de lo que yo hago y nada más. No voy a fiestas. No le rindo pleitesía a nadie y no espero que me la rindan a mí. Desprecio a los jalabolas. Es decir, no soy candidato a premios. Soy muy aburrido. Y los que me han dado no los he ido a recibir, exceptuando uno, creo. Recuerda que la clave del fracaso consiste en intentar caer bien y complacer a los demás.
-¿Y la Compañía Nacional de Teatro, a la cual usted dirigió, dónde está?
-Ni idea. Es el secreto mejor guardado por su director Eduardo Gil. Lo único que lamento es que lo que mejor funcionaba en la Compañía Nacional, como era el Programa de Formación Teatral, haya sido eliminado. Con el agravante, según me cuentan, que a los profesores no quieren darles la liquidación que les correspondería. ¡Qué decepción con Eduardo Gil! Me siento responsable, ya que yo fui quien lo propuso para director del Iudet. Y para la Compañía Nacional, nadie me preguntó (no tenían por qué hacerlo), pero yo salí de pendejo y apoyé su nombre cuando me lo comentaron. Es más, un día me lo encontré y le dije: “Tienes que agarrar esa vaina, Néstor Caballero está acabando con ella”, y mira por dónde vamos. Mientras a los grupos se les recorta el presupuesto, a la Compañía se le aumenta y no se sabe nada de ella. Ni qué se está haciendo ni dónde se invierte el dinero. También me han dicho que proyectos ya comprometidos se echan para atrás. Al Grupo Actoral 80 intentaron hacérselo, pero no pudieron.
jueves, noviembre 17, 2005
Vive Medea
Desde 1970, cuando la conocimos protagonizando El sí de las niñas, de Leandro Fernández de Moratín, puesta en escena por Antonio Briceño, hemos disfrutado de su sostenido y exquisito performance actoral. En esa lujosa producción de El Nuevo Grupo nos atrapó por su fina y precisa forma de decir, además de su esbelta figura y su rostro, el cual no envejece, aunque ahora ella está festejando sus 40 años de labores en las artes escénicas.
Nos referimos con inmenso placer a Francis Rueda, quien para no dejar pasar por debajo de la mesa a sus cuatro décadas teatrales ha encarnado a la heroína de Medea, peculiar espectáculo híbrido con los textos de Eurípides y de Jean Anouilh que le hizo y dirigió Gilberto Pinto, esposo y amigo de toda una vida, para una producción del grupo Teatro del Duende, con la sólida participación de la actriz Nirma Prieto y los apoyos de Leonardo Ayala, Vito Lonardo y Alberto Alifa.
No hay que olvidar que la Medea original, la que utilizó Eurípides para su pieza, es la princesa de la Cólquida que se enamora de Jasón y lo ayuda a conquistar el vellocino de oro, aunque para ello traiciona a su padre y mata a su hermano. Medea, que después es abandonada por su enamorado porque éste decide desposarse con una princesa de Corintio, termina por matar a los hijos concebidos con Jasón en venganza por el abandono. La Medea del mito se hace inmortal tras casarse con Aquiles. El dramaturgo griego se vendió a los corintios y les escribió una obra donde Medea es una bruja desalmada y no la mujer que no había cometido mayor pecado que profesar un profundo amor a su marido, quien la deja sin mayores justificaciones.
El francés Jean Anouilh (1910-1987) hizo una versión -estrenada hacia 1943- donde Medea es una mujer, una existencialista que ya no ama a Jasón y que lo odia profundamente, pero no puede estar sin él y le pide que la mate, ya que para vivir requiere de amor y felicidad. Una mujer de nuestros tiempos.
Gilberto Pinto (Premio Nacional de Teatro 2000) escribe en el programa de mano de su montaje que su autoría escénica de Medea es para mostrar la tragedia de una clase dominante, responsable de la instauración de un orden social ilegal e inmoral, pues sus Medea y Jasón son víctimas de sus excesos y, al mismo tiempo, responsables de ellos. Pese a su poder son seres poseídos por el sentimiento angustioso de su propia destrucción, porque y esto ya es el plano del arte: “Hay que combatir la idea de que popular es sólo lo vulgar y lo carente de valor; decir que el pueblo no necesita del arte superior es coincidir con la ideología burguesa que ha hecho de este su particular privilegio”. Sin lugar a dudas que la propuesta que hace este versionista es muy política al proponer a los personajes como los títeres de un sistema económico.
Esta Medea del siglo XXI, que hace temporada en la Sala Horacio Peterson del Ateneo de Caracas, ha servido para recordarnos que en el fondo del corazón de todas las mujeres hay una Medea agazapada, capaz de matar cuando la engañan, cuando pisotean su honor o su dignidad, cuando la traicionan y la cambian por otra cama. Sí, eso le dice este híbrido de los textos de Eurípides y Anouilh en lo más profundo de sus parlamentos. Es el llanto de la hembra que no acepta mentiras ni engaños, que incluso está dispuesta a que su amado pueda ser feliz con otra u otras, pero sin trampas ni manipulaciones ni utilizaciones del poder. Así son las mujeres en su psicología, aunque ellas vivan en una democracia neocapitalista o un autócrata régimen comunista o una de las tantas baratas imitaciones políticas que aún sobreviven en el mundo. Y ese amor posesivo de la mujer será mayor cuando los sentimientos y los razonamientos sean más primitivos, cuando haya menos cultura y el pan no sea diario.
Más allá de las lecturas ideológicas que se desprendan de esta Medea hay que subrayar el drama del amor femenino y sus nefastas consecuencias cuando hay trampas o engaños de por medio. Y esto es muy claro gracias a la actuación que consiguió Francis Rueda, a la fuerza que logra su personaje a pesar que en la función del pasado sábado 12 de noviembre además estuvo pendiente del desempeño actoral de su Jasón e, incluso, le dio la mano para que no cayera, porque el actor Alberto Alifa vivía un mal momento esa noche.
Nos referimos con inmenso placer a Francis Rueda, quien para no dejar pasar por debajo de la mesa a sus cuatro décadas teatrales ha encarnado a la heroína de Medea, peculiar espectáculo híbrido con los textos de Eurípides y de Jean Anouilh que le hizo y dirigió Gilberto Pinto, esposo y amigo de toda una vida, para una producción del grupo Teatro del Duende, con la sólida participación de la actriz Nirma Prieto y los apoyos de Leonardo Ayala, Vito Lonardo y Alberto Alifa.
No hay que olvidar que la Medea original, la que utilizó Eurípides para su pieza, es la princesa de la Cólquida que se enamora de Jasón y lo ayuda a conquistar el vellocino de oro, aunque para ello traiciona a su padre y mata a su hermano. Medea, que después es abandonada por su enamorado porque éste decide desposarse con una princesa de Corintio, termina por matar a los hijos concebidos con Jasón en venganza por el abandono. La Medea del mito se hace inmortal tras casarse con Aquiles. El dramaturgo griego se vendió a los corintios y les escribió una obra donde Medea es una bruja desalmada y no la mujer que no había cometido mayor pecado que profesar un profundo amor a su marido, quien la deja sin mayores justificaciones.
El francés Jean Anouilh (1910-1987) hizo una versión -estrenada hacia 1943- donde Medea es una mujer, una existencialista que ya no ama a Jasón y que lo odia profundamente, pero no puede estar sin él y le pide que la mate, ya que para vivir requiere de amor y felicidad. Una mujer de nuestros tiempos.
Gilberto Pinto (Premio Nacional de Teatro 2000) escribe en el programa de mano de su montaje que su autoría escénica de Medea es para mostrar la tragedia de una clase dominante, responsable de la instauración de un orden social ilegal e inmoral, pues sus Medea y Jasón son víctimas de sus excesos y, al mismo tiempo, responsables de ellos. Pese a su poder son seres poseídos por el sentimiento angustioso de su propia destrucción, porque y esto ya es el plano del arte: “Hay que combatir la idea de que popular es sólo lo vulgar y lo carente de valor; decir que el pueblo no necesita del arte superior es coincidir con la ideología burguesa que ha hecho de este su particular privilegio”. Sin lugar a dudas que la propuesta que hace este versionista es muy política al proponer a los personajes como los títeres de un sistema económico.
Esta Medea del siglo XXI, que hace temporada en la Sala Horacio Peterson del Ateneo de Caracas, ha servido para recordarnos que en el fondo del corazón de todas las mujeres hay una Medea agazapada, capaz de matar cuando la engañan, cuando pisotean su honor o su dignidad, cuando la traicionan y la cambian por otra cama. Sí, eso le dice este híbrido de los textos de Eurípides y Anouilh en lo más profundo de sus parlamentos. Es el llanto de la hembra que no acepta mentiras ni engaños, que incluso está dispuesta a que su amado pueda ser feliz con otra u otras, pero sin trampas ni manipulaciones ni utilizaciones del poder. Así son las mujeres en su psicología, aunque ellas vivan en una democracia neocapitalista o un autócrata régimen comunista o una de las tantas baratas imitaciones políticas que aún sobreviven en el mundo. Y ese amor posesivo de la mujer será mayor cuando los sentimientos y los razonamientos sean más primitivos, cuando haya menos cultura y el pan no sea diario.
Más allá de las lecturas ideológicas que se desprendan de esta Medea hay que subrayar el drama del amor femenino y sus nefastas consecuencias cuando hay trampas o engaños de por medio. Y esto es muy claro gracias a la actuación que consiguió Francis Rueda, a la fuerza que logra su personaje a pesar que en la función del pasado sábado 12 de noviembre además estuvo pendiente del desempeño actoral de su Jasón e, incluso, le dio la mano para que no cayera, porque el actor Alberto Alifa vivía un mal momento esa noche.
jueves, noviembre 10, 2005
Dos Simones
La realidad o la historia, o la verdad, es superior o más descarnada que la ficción o la imaginación; pero ésta, la ficción, o la loca de la casa, siempre será mejor o más placentera que la saga. Usamos este concepto, inspirados en la lectura de un artículo periodístico de Mario Vargas Llosa, tras haber visto, con placer, el espectáculo teatral Simón, el cual ahora hace temporada en el Teatro Trasnocho, bajo la dirección de César Bolívar y con las precisas caracterizaciones de César Román Bolívar Romero y Rafael Romero.
Ahí se escenifica lo que pudo haber sido el encuentro entre un joven y rico mantuano y su revolucionario y docto maestro de la infancia, y las consecuencias de las decisiones existenciales que ambos tomaron para la historia de las americanas colonias españolas, las cuales lucharon, y siguen luchando, para ser independientes y soberanas.
Este Simón, que ha subido a escena para homenajear a su autor, Isaac Chocrón (Maracay, 25 de septiembre de 1930), porque así lo decidieron los miembros de su agradecida “familia adquirida”, no es más que el encuentro de Simón Bolívar (22 años) y Simón Rodríguez (33 años) en la Europa de 1805 y su epílogo con un legendario juramento en el romano Monte Sacro, aquel 5 de agosto. De esa saga, negada por unos, ratificada por otros, el dramaturgo venezolano hizo un enternecedor cuento teatral, que es el que estamos disfrutando desde los años 80.
Chocrón, que está muy lejos de ser un oportunista dramaturgo ni pretender tampoco colocarse ahora una boína roja, cuenta que escribió Simón, hacia 1982, después de haber recibido “un doble regalo de mi amigo José Ignacio Cabrujas (1937-1995): el libro El libertador, de Augusto Mijares, ‘para que ial fin!, te enteres de quién fue y qué hizo’, y un disco con la Eroica de Beethoven, ‘para que te acompañe en tu lectura. La buena música abre el entendimiento'. El resultado, que llenó de asombro a Cabrujas, fue que escribí Simón. En febrero del 83 la estrenamos en El Nuevo Grupo bajo su dirección, y con Flavio Caballero y Fausto Verdial en los roles, logrando un éxito rotundo. Los 22 años de vida de esta pieza han sido muy felices, con montajes sucediéndose en muchas partes, algunos tan memorables como el de Lima, que duró más de un año en cartelera, y el de Río de Janeiro, donde su público desconocía prácticamente a los personajes históricos, pero interpretaba la pieza como la relación ideal entre un maestro y su alumno”.
Vimos ese primer montaje logrado por Cabrujas-Caballero-Verdial y no se nos ha borrado por la monumental simpleza de la anécdota y las actuaciones. Después hubo otra puesta en escena, más lujosa, a cargo de Javier Vidal y con Héctor Moreno Guzmán y Juan Carlos Gardié Martínez, en el Teatro Nacional (2000). Y ahora hemos visto complacidos el sobrio espectáculo logrado por César Bolívar, reconocido director de cine y televisión, que escogió esta pieza para homenajear al autor en ocasión de sus 75 años, con el respaldo de la gerencia artística del Teatro Trasnocho.
En este nuevo montaje caraqueño, logrado en difíciles circunstancias, hay que destacar que debuta César Román, o al menos es la primera vez que lo vemos sobre un escenario, el unigénito de Pilar Romero, la mujer que más poder tuvo en el teatro criollo, la histórica primera actriz de Rajatabla; a este talentoso joven (24 años), procreado con César Bolívar, ya conocido por sus diversos roles en la televisión, le tocó asumir al jovenzuelo Simón cuando ha quedado viudo y no sabe qué hacer con su vida, hasta que se consigue con el otro Simón, encarnado por Rafael Romero. Complejos los personajes, pero no imposibles de materializar. Es muy digno el trabajo de ambos, aunque siempre esos roles son inabarcables por su grandeza histórica, ya que se compiten con el mito.El montaje, que no supera los 90 minutos, tiene buen ritmo y logra una atmósfera intimista y enternecedora, porque están ahí dos seres atrapados por la telaraña de la historia, tratando de cambiar sus vidas o descubrir nuevos mundos, sin saber que al día siguiente todo cambiaría y tendrían que sacrificar mundanas comodidades para convertirse en héroes o maestros de unas naciones perennemente irredentas. Una producción discreta, pero bien conducida por César Bolívar, quien a buen momento ha reaparecido.
Ahí se escenifica lo que pudo haber sido el encuentro entre un joven y rico mantuano y su revolucionario y docto maestro de la infancia, y las consecuencias de las decisiones existenciales que ambos tomaron para la historia de las americanas colonias españolas, las cuales lucharon, y siguen luchando, para ser independientes y soberanas.
Este Simón, que ha subido a escena para homenajear a su autor, Isaac Chocrón (Maracay, 25 de septiembre de 1930), porque así lo decidieron los miembros de su agradecida “familia adquirida”, no es más que el encuentro de Simón Bolívar (22 años) y Simón Rodríguez (33 años) en la Europa de 1805 y su epílogo con un legendario juramento en el romano Monte Sacro, aquel 5 de agosto. De esa saga, negada por unos, ratificada por otros, el dramaturgo venezolano hizo un enternecedor cuento teatral, que es el que estamos disfrutando desde los años 80.
Chocrón, que está muy lejos de ser un oportunista dramaturgo ni pretender tampoco colocarse ahora una boína roja, cuenta que escribió Simón, hacia 1982, después de haber recibido “un doble regalo de mi amigo José Ignacio Cabrujas (1937-1995): el libro El libertador, de Augusto Mijares, ‘para que ial fin!, te enteres de quién fue y qué hizo’, y un disco con la Eroica de Beethoven, ‘para que te acompañe en tu lectura. La buena música abre el entendimiento'. El resultado, que llenó de asombro a Cabrujas, fue que escribí Simón. En febrero del 83 la estrenamos en El Nuevo Grupo bajo su dirección, y con Flavio Caballero y Fausto Verdial en los roles, logrando un éxito rotundo. Los 22 años de vida de esta pieza han sido muy felices, con montajes sucediéndose en muchas partes, algunos tan memorables como el de Lima, que duró más de un año en cartelera, y el de Río de Janeiro, donde su público desconocía prácticamente a los personajes históricos, pero interpretaba la pieza como la relación ideal entre un maestro y su alumno”.
Vimos ese primer montaje logrado por Cabrujas-Caballero-Verdial y no se nos ha borrado por la monumental simpleza de la anécdota y las actuaciones. Después hubo otra puesta en escena, más lujosa, a cargo de Javier Vidal y con Héctor Moreno Guzmán y Juan Carlos Gardié Martínez, en el Teatro Nacional (2000). Y ahora hemos visto complacidos el sobrio espectáculo logrado por César Bolívar, reconocido director de cine y televisión, que escogió esta pieza para homenajear al autor en ocasión de sus 75 años, con el respaldo de la gerencia artística del Teatro Trasnocho.
En este nuevo montaje caraqueño, logrado en difíciles circunstancias, hay que destacar que debuta César Román, o al menos es la primera vez que lo vemos sobre un escenario, el unigénito de Pilar Romero, la mujer que más poder tuvo en el teatro criollo, la histórica primera actriz de Rajatabla; a este talentoso joven (24 años), procreado con César Bolívar, ya conocido por sus diversos roles en la televisión, le tocó asumir al jovenzuelo Simón cuando ha quedado viudo y no sabe qué hacer con su vida, hasta que se consigue con el otro Simón, encarnado por Rafael Romero. Complejos los personajes, pero no imposibles de materializar. Es muy digno el trabajo de ambos, aunque siempre esos roles son inabarcables por su grandeza histórica, ya que se compiten con el mito.El montaje, que no supera los 90 minutos, tiene buen ritmo y logra una atmósfera intimista y enternecedora, porque están ahí dos seres atrapados por la telaraña de la historia, tratando de cambiar sus vidas o descubrir nuevos mundos, sin saber que al día siguiente todo cambiaría y tendrían que sacrificar mundanas comodidades para convertirse en héroes o maestros de unas naciones perennemente irredentas. Una producción discreta, pero bien conducida por César Bolívar, quien a buen momento ha reaparecido.
viernes, noviembre 04, 2005
Siete domingos con Cabrujas
El Teatro Trasnocho se ha ido transformando, desde hace cuatro años, en el faro de la escena caraqueña. Su director artístico, Moisés Guevara, propuso, y desde entonces así se hace, la sucesiva exhibición de diversos espectáculos, producidos por agrupaciones particulares, de viernes a domingos, en dobles tandas nocturnas, donde participan conocidas figuras de la televisión, alternando con veteranos comediantes, para interpretar textos ligeros desprovistos de vulgaridades. ¡La formula triunfó!
El éxito en el Teatro Trasnocho, que ahí se mide por los cómputos que arroja la taquilla, tiene cifras cercanas a los 20 mil espectadores y los 400 millones de bolívares, cuando el montaje supera los cuatro meses de temporada y mantiene un promedio alto de audiencia. No todos, por supuesto, alcanzan esas cifras, pero sí hay un flujo permanente de piezas, comediantes y el importante público.
Comercial del siglo XXI
El teatro comercial, cuya historia caraqueña viene desde los intentos de Juana Sujo pasando por los experimentos de Conchita Obach, Enzo Morera, Guillermo González, Jorge Bulgaris, Horacio Peterson e incluye hasta el mismo Carlos Giménez, en los últimos 50 años, ahora está relanzado por el Trasnocho y ya ha sido copiado o imitado por otras instituciones, públicas o privadas. Por eso ahora cunden en Caracas los montajes con las mismas características: textos livianos y protagonizados por rostros de la pantalla chica.
Casi todos quieren montar un monólogo o una pieza con máximo de cuatro intérpretes, y sus temáticas giran, en su mayoría, en torno a la situación de las mujeres en un contexto machista y represor. Hay competencia sin recato alguno y hasta ya se habla de aperturas de otras salas durante el año próximo.
Pero lo que definitivamente ha capturado las miradas de los teatreros y el público es la programación dominical “Haciendo publico lo privado”, otro proyecto del mismo Moisés Guevara, el cual consiste en leer, después de las once de la mañana, una selección de piezas teatrales ante un público que paga su boleto (Bs. 10 mil) y acude interesado en ver y escuchar a sus actores y actrices favoritos, casi siempre provenientes de la televisión, o jóvenes profesionales que recién comienzan.
El dominical experimento “Haciendo público lo privado” comenzó hace un año y hasta ahora han sido leídas 38 piezas ante un conjunto de 3.160 espectadores, quienes disfrutaron de textos de Jean Genet, Tennessee Williams, Arthur Miller, Federico García Lorca, Oscar Wilde, Eurípides, Isaac Chocrón, Eduard Albee, Sófocles, José Ignacio Cabrujas y otros, además de una serie de autores jóvenes criollos y de España.
Moisés Guevara comenta que los resultados con el público “han sido extraordinarios”, porque él jamás pensó “que podríamos llegar a convocar 250 personas para una lectura, como ocurrió con Las criadas de Jean Genet. Hemos tenido una asistencia regular de 100 a 200 espectadores, y en algunas ocasiones hasta únicamente 40; pero que 40 personas compren entradas para una lectura dramatizada durante un domingo cualquiera a las 11:00 am es un logro, por no decir que es una gran ganancia para el teatro, para el teatro como profesión”.
Con respecto a los actores y actrices que han estado involucrados en “Haciendo público lo privado”, el director Moisés Guevara comentó que pasan de 120 entre comediantes y directores.
-¿Planes inmediatos con “Haciendo público lo privado”?
-Vamos a culminar este año con un ciclo de siete textos de Cabrujas, el cual proseguiremos en el 2006. Además, la próxima semana sube a escena Rosa de dos aromas, un texto de Emilio Carballido que aquí leímos y que ahora lo encarnarán Nelly Garzón y Nattalie Cortez, dirigidas por Iraida Tapias.
-¿Elencos para lecturas venideras y directores que participarían?
-Entre actores y directores hemos logrado convocar a un inmenso número de colegas y mantenemos siempre la premisa de incorporar más jóvenes. Para mí es fundamental apoyar la incorporación de los nuevos profesionales al mercado de trabajo y es por eso que casi todos mis alumnos han participado como actores. Estoy convencido de que este proyecto “Haciendo público lo privado” los modificó, así como nos modificó a todos, incluso a los que tienen años en este oficio.
Comenta Moisés Guevara que “para nuestros colegas actores que trabajan en la televisión y tienen una dinámica muy fuerte por las grabaciones, este proyecto les permite no alejarse durante mucho tiempo del teatro. Prácticamente todos participan e incluso entendemos nuestros compromisos y nos ajustamos. En algunos casos iniciamos ensayos a las diez de la noche y muchas veces no podemos estar todos en los ensayos, así que termina convirtiéndose en un reto para el director, ya que hay que ajustar por partes y todo esto en cuatro sesiones de trabajo previas a la lectura del domingo. Porque esto no es agarrar un texto y salir a leerlo. No, se ensaya y ensaya, hasta que se consiguen las atmósferas. No es fácil esto”.
-¿Satisfecho con lo obtenido, ahora que también otros teatreros los están imitando?
-Qué bueno que nos imiten, pero ojalá que lo hagan con rigor. Por supuesto que estoy feliz con lo logrado, porque este proyecto nació en el Teatro Trasnocho, pero es un proyecto independiente, es el proyecto más independiente en el que he trabajado durante 20 años de profesión y precisamente este año cumplí dos décadas en el teatro y me di cuenta de eso hace algunos días.
Un amplio legado
“El ciclo dedicado a José Ignacio Cabrujas como un honesto homenaje y recordatorio de su obra, nos tiene en una encrucijada”, apunta Guevara. “Tengo meses dedicado a la investigación de sus textos y ya tengo una relación digitalizada y corregida de más de 24 obras de teatro, a veces me salta la fantasía de leerlas todas. Para iniciar vamos a leer, en siete domingos, sus primeras piezas: domingo 13 de noviembre:La soberbia milagrosa del general Pío Fernández y Tradicional Hospitalidad (Antonio Costante); domingo 20: Fiésole (Xiomara Moreno); domingo 27: El extraño viaje de Simón el malo (Miriam Dembo); domingo 4 de diciembre: Juan Francisco de León (Iraida Tapias); domingo 11:La vida y la muerte del Rey Ricardo III (Javier Vidal). Y para enero leeremos sus versiones de Macbeth , Sueño de una noche de verano y su Profundo. Y se nos queda en el tintero más de la mitad de su obra y algunas maravillas que encontré. Mi planteamiento es que puedan trabajar en este ciclo todos los actores que participaron hasta ahora, los elencos no están decididos y los definimos de una semana para la otra porque depende mucho de los compromisos que tengan. Trabajaremos casi todos los directores del proyecto pero quiero invitar a los que fueron amigos de José Ignacio. Lo que nos queda por delante es conseguir una editorial interesada en publicar las obras completas, el trabajo más difícil que fue conseguirlas y digitalizarlas ya está hecho”.
El éxito en el Teatro Trasnocho, que ahí se mide por los cómputos que arroja la taquilla, tiene cifras cercanas a los 20 mil espectadores y los 400 millones de bolívares, cuando el montaje supera los cuatro meses de temporada y mantiene un promedio alto de audiencia. No todos, por supuesto, alcanzan esas cifras, pero sí hay un flujo permanente de piezas, comediantes y el importante público.
Comercial del siglo XXI
El teatro comercial, cuya historia caraqueña viene desde los intentos de Juana Sujo pasando por los experimentos de Conchita Obach, Enzo Morera, Guillermo González, Jorge Bulgaris, Horacio Peterson e incluye hasta el mismo Carlos Giménez, en los últimos 50 años, ahora está relanzado por el Trasnocho y ya ha sido copiado o imitado por otras instituciones, públicas o privadas. Por eso ahora cunden en Caracas los montajes con las mismas características: textos livianos y protagonizados por rostros de la pantalla chica.
Casi todos quieren montar un monólogo o una pieza con máximo de cuatro intérpretes, y sus temáticas giran, en su mayoría, en torno a la situación de las mujeres en un contexto machista y represor. Hay competencia sin recato alguno y hasta ya se habla de aperturas de otras salas durante el año próximo.
Pero lo que definitivamente ha capturado las miradas de los teatreros y el público es la programación dominical “Haciendo publico lo privado”, otro proyecto del mismo Moisés Guevara, el cual consiste en leer, después de las once de la mañana, una selección de piezas teatrales ante un público que paga su boleto (Bs. 10 mil) y acude interesado en ver y escuchar a sus actores y actrices favoritos, casi siempre provenientes de la televisión, o jóvenes profesionales que recién comienzan.
El dominical experimento “Haciendo público lo privado” comenzó hace un año y hasta ahora han sido leídas 38 piezas ante un conjunto de 3.160 espectadores, quienes disfrutaron de textos de Jean Genet, Tennessee Williams, Arthur Miller, Federico García Lorca, Oscar Wilde, Eurípides, Isaac Chocrón, Eduard Albee, Sófocles, José Ignacio Cabrujas y otros, además de una serie de autores jóvenes criollos y de España.
Moisés Guevara comenta que los resultados con el público “han sido extraordinarios”, porque él jamás pensó “que podríamos llegar a convocar 250 personas para una lectura, como ocurrió con Las criadas de Jean Genet. Hemos tenido una asistencia regular de 100 a 200 espectadores, y en algunas ocasiones hasta únicamente 40; pero que 40 personas compren entradas para una lectura dramatizada durante un domingo cualquiera a las 11:00 am es un logro, por no decir que es una gran ganancia para el teatro, para el teatro como profesión”.
Con respecto a los actores y actrices que han estado involucrados en “Haciendo público lo privado”, el director Moisés Guevara comentó que pasan de 120 entre comediantes y directores.
-¿Planes inmediatos con “Haciendo público lo privado”?
-Vamos a culminar este año con un ciclo de siete textos de Cabrujas, el cual proseguiremos en el 2006. Además, la próxima semana sube a escena Rosa de dos aromas, un texto de Emilio Carballido que aquí leímos y que ahora lo encarnarán Nelly Garzón y Nattalie Cortez, dirigidas por Iraida Tapias.
-¿Elencos para lecturas venideras y directores que participarían?
-Entre actores y directores hemos logrado convocar a un inmenso número de colegas y mantenemos siempre la premisa de incorporar más jóvenes. Para mí es fundamental apoyar la incorporación de los nuevos profesionales al mercado de trabajo y es por eso que casi todos mis alumnos han participado como actores. Estoy convencido de que este proyecto “Haciendo público lo privado” los modificó, así como nos modificó a todos, incluso a los que tienen años en este oficio.
Comenta Moisés Guevara que “para nuestros colegas actores que trabajan en la televisión y tienen una dinámica muy fuerte por las grabaciones, este proyecto les permite no alejarse durante mucho tiempo del teatro. Prácticamente todos participan e incluso entendemos nuestros compromisos y nos ajustamos. En algunos casos iniciamos ensayos a las diez de la noche y muchas veces no podemos estar todos en los ensayos, así que termina convirtiéndose en un reto para el director, ya que hay que ajustar por partes y todo esto en cuatro sesiones de trabajo previas a la lectura del domingo. Porque esto no es agarrar un texto y salir a leerlo. No, se ensaya y ensaya, hasta que se consiguen las atmósferas. No es fácil esto”.
-¿Satisfecho con lo obtenido, ahora que también otros teatreros los están imitando?
-Qué bueno que nos imiten, pero ojalá que lo hagan con rigor. Por supuesto que estoy feliz con lo logrado, porque este proyecto nació en el Teatro Trasnocho, pero es un proyecto independiente, es el proyecto más independiente en el que he trabajado durante 20 años de profesión y precisamente este año cumplí dos décadas en el teatro y me di cuenta de eso hace algunos días.
Un amplio legado
“El ciclo dedicado a José Ignacio Cabrujas como un honesto homenaje y recordatorio de su obra, nos tiene en una encrucijada”, apunta Guevara. “Tengo meses dedicado a la investigación de sus textos y ya tengo una relación digitalizada y corregida de más de 24 obras de teatro, a veces me salta la fantasía de leerlas todas. Para iniciar vamos a leer, en siete domingos, sus primeras piezas: domingo 13 de noviembre:La soberbia milagrosa del general Pío Fernández y Tradicional Hospitalidad (Antonio Costante); domingo 20: Fiésole (Xiomara Moreno); domingo 27: El extraño viaje de Simón el malo (Miriam Dembo); domingo 4 de diciembre: Juan Francisco de León (Iraida Tapias); domingo 11:La vida y la muerte del Rey Ricardo III (Javier Vidal). Y para enero leeremos sus versiones de Macbeth , Sueño de una noche de verano y su Profundo. Y se nos queda en el tintero más de la mitad de su obra y algunas maravillas que encontré. Mi planteamiento es que puedan trabajar en este ciclo todos los actores que participaron hasta ahora, los elencos no están decididos y los definimos de una semana para la otra porque depende mucho de los compromisos que tengan. Trabajaremos casi todos los directores del proyecto pero quiero invitar a los que fueron amigos de José Ignacio. Lo que nos queda por delante es conseguir una editorial interesada en publicar las obras completas, el trabajo más difícil que fue conseguirlas y digitalizarlas ya está hecho”.
jueves, noviembre 03, 2005
Otro Reveròn
Cuarenta millones de bolívares para reponer ese espectáculo que estrenaron en la temporada de 1990, más el equivalente a dos mil dólares por los derechos de autor, unos 4 millones 300 mil bolívares cancelados a la viuda (Isabel Palacios), son los gastos iniciales del remontaje de Autorretrato de artista con barba y pumpá, con lo cual el grupo Theja rindió homenaje al dramaturgo José Ignacio Cabrujas (Caracas, 17 de julio de 1937- Porlamar, 21 de octubre de 1995).
¡Qué por qué hemos iniciado nuestra crítica con esos incómodos datos financieros, con una referencia a esos 44.300.000 bolívares, gastados para subir el telón de la Sala Alberto de Paz y Mateos? Porque sin esa inversión, el Theja no hubiese podido cumplir su compromiso con el público y además tampoco habría participado en el décimo aniversario cabrujiano, y habría pasado por debajo de la mesa, aunque ya el Grupo Actoral 80 había hecho lo suyo con el nuevo montaje de El día que me quieras, excelente trabajo además del director argentino Juan Carlos Gené y memorable actuación de Héctor Manrique como el desubicado Pío Miranda. Sin bolívares no hay teatro posible, ya que el financiamiento de un espectáculo teatral es de por si toda una pieza tragicómica que muy pocos conocen. No habría tanto desatino si el Estado honrase a tiempo sus compromisos con las agrupaciones subsidiadas, pero ¿quién le pone el cascabel al gato? ¿Así se justifica el teatro comercial, financiado por artistas y empresarios?También, y esta es la verdad, la referencia al papel moneda es porque tanto Armando Reverón (Caracas,1889-1954), personaje de carne y hueso que inspiró a Cabrujas para convertirse en el protagonista de Autorretrato de artista con barba y pumpá, como el mismo autor teatral vivieron y perecieron bajo la incesante férula de la consecución del sustento para la sobrevivencia, el dinero para el diario yantar. Ambos fueron hombres de talento, pero el colectivo en el cual vivieron los explotó hasta la saciedad, los esquilmó hasta llevarlos a la muerte. Uno fallece, enloquecido en un sanatorio y dejando atrás decenas de obras suyas que enriquecieron a sus mecenas, y el otro fenece, infartado y ahogado en la piscina de un conjunto residencial, donde estaba recluido para escribir una telenovela con la cual pretendía financiarse él y los suyos. ¡Coincidencias no teatrales!
Crueles coincidencias entre Reverón y Cabrujas, pero más terrible porque el escritor se reflejó o se proyectó en ese fantástico pintor de la luz, como antes lo había hecho en sus piezas - Juan Francisco de León, Acto Cultural y El día que me quieras-, ya que él de alguna manera es el gran protagonista de todas ellas, porque él era ese venezolano en pos de la historia y en desafío perenne a sus contradicciones existenciales, lamentando haber nacido unos metros más allá de un lugar donde las cosas le habrían sido diferentes. Reiterando aquello de que los seres humanos no escogemos nacer ni seleccionamos a nuestros progenitores ni el espacio territorial donde iniciamos nuestros caminos; nos toca aceptar tales herencias y hacer un viaje, a veces ventajoso o tortuoso.
En verdad que pocas obras venezolanas nos habían trastornado tanto al verlas escenificadas, como sí nos ocurrió con ese fantástico montaje que José Simón Escalona ha obtenido con el texto cabrujiano. Un reto actoral para Javier Vidal, muy joven y muy grácil, al encarnar a un Armando Reverón poético, un personaje modélico, enloquecido por una sociedad que le exigía más y más obras para el mercado, y recibiendo un premio para seguirlo estimulando o para reconfortarlo mientras se moría.
No guardamos en nuestra memoria nada del montaje de 1990. Algo nos pasó con aquel y no nos dejó huella alguna, pero el de ahora sí. Es una terrible obra, la mejor o la más filosófica; un estrujante y contemporáneo autorretrato de Cabrujas, un amargo espejo para los artistas e intelectuales; un montaje que es una cátedra sobre cómo contar el pasado y llevarlo al presente para mostrar al personaje en todas sus contradicciones. Claro está que han pasado 15 años, que ya la sociedad criolla no es ni será la misma y que los espectadores somos otros. Pero esa desopilante obra sigue ahí, mostrando como un ser humano es vapuleado por un sociedad que no cuida a sus artistas, que los exprime e incluso que los mata, porque son peligrosos
¡Qué por qué hemos iniciado nuestra crítica con esos incómodos datos financieros, con una referencia a esos 44.300.000 bolívares, gastados para subir el telón de la Sala Alberto de Paz y Mateos? Porque sin esa inversión, el Theja no hubiese podido cumplir su compromiso con el público y además tampoco habría participado en el décimo aniversario cabrujiano, y habría pasado por debajo de la mesa, aunque ya el Grupo Actoral 80 había hecho lo suyo con el nuevo montaje de El día que me quieras, excelente trabajo además del director argentino Juan Carlos Gené y memorable actuación de Héctor Manrique como el desubicado Pío Miranda. Sin bolívares no hay teatro posible, ya que el financiamiento de un espectáculo teatral es de por si toda una pieza tragicómica que muy pocos conocen. No habría tanto desatino si el Estado honrase a tiempo sus compromisos con las agrupaciones subsidiadas, pero ¿quién le pone el cascabel al gato? ¿Así se justifica el teatro comercial, financiado por artistas y empresarios?También, y esta es la verdad, la referencia al papel moneda es porque tanto Armando Reverón (Caracas,1889-1954), personaje de carne y hueso que inspiró a Cabrujas para convertirse en el protagonista de Autorretrato de artista con barba y pumpá, como el mismo autor teatral vivieron y perecieron bajo la incesante férula de la consecución del sustento para la sobrevivencia, el dinero para el diario yantar. Ambos fueron hombres de talento, pero el colectivo en el cual vivieron los explotó hasta la saciedad, los esquilmó hasta llevarlos a la muerte. Uno fallece, enloquecido en un sanatorio y dejando atrás decenas de obras suyas que enriquecieron a sus mecenas, y el otro fenece, infartado y ahogado en la piscina de un conjunto residencial, donde estaba recluido para escribir una telenovela con la cual pretendía financiarse él y los suyos. ¡Coincidencias no teatrales!
Crueles coincidencias entre Reverón y Cabrujas, pero más terrible porque el escritor se reflejó o se proyectó en ese fantástico pintor de la luz, como antes lo había hecho en sus piezas - Juan Francisco de León, Acto Cultural y El día que me quieras-, ya que él de alguna manera es el gran protagonista de todas ellas, porque él era ese venezolano en pos de la historia y en desafío perenne a sus contradicciones existenciales, lamentando haber nacido unos metros más allá de un lugar donde las cosas le habrían sido diferentes. Reiterando aquello de que los seres humanos no escogemos nacer ni seleccionamos a nuestros progenitores ni el espacio territorial donde iniciamos nuestros caminos; nos toca aceptar tales herencias y hacer un viaje, a veces ventajoso o tortuoso.
En verdad que pocas obras venezolanas nos habían trastornado tanto al verlas escenificadas, como sí nos ocurrió con ese fantástico montaje que José Simón Escalona ha obtenido con el texto cabrujiano. Un reto actoral para Javier Vidal, muy joven y muy grácil, al encarnar a un Armando Reverón poético, un personaje modélico, enloquecido por una sociedad que le exigía más y más obras para el mercado, y recibiendo un premio para seguirlo estimulando o para reconfortarlo mientras se moría.
No guardamos en nuestra memoria nada del montaje de 1990. Algo nos pasó con aquel y no nos dejó huella alguna, pero el de ahora sí. Es una terrible obra, la mejor o la más filosófica; un estrujante y contemporáneo autorretrato de Cabrujas, un amargo espejo para los artistas e intelectuales; un montaje que es una cátedra sobre cómo contar el pasado y llevarlo al presente para mostrar al personaje en todas sus contradicciones. Claro está que han pasado 15 años, que ya la sociedad criolla no es ni será la misma y que los espectadores somos otros. Pero esa desopilante obra sigue ahí, mostrando como un ser humano es vapuleado por un sociedad que no cuida a sus artistas, que los exprime e incluso que los mata, porque son peligrosos
jueves, octubre 27, 2005
Raro beisbol
El teatro venezolano, siempre en pos de temas originales y de captar más espectadores por intermedio de sus dramaturgos, le puso el ojo al beisbol, no sólo por el eventual público que puede atrapar con sus obras centradas en las vicisitudes de ese juego de multitudes o por las complejidades de sus jugadores, sino porque nada humano se le puede escapar al ojo de una de las más antiguas manifestaciones artísticas del país,algo así como 400 años; aunque el beisbol llegó a Venezuela a finales del siglo XIX, cuando unos niños bien, jugaron unos “innings” aquí en la capital, y se ha quedado para toda su saga ya centenaria.
En Caracas, el beisbol como temática teatral ha sido abordado, hasta ahora, por Gustavo Ott, Francisco Viloria, Néstor Caballero, Ibsen Martínez, Milton Quero y Paúl Salazar.
Ott, que además de ser periodista, profesión que no ejerce, sintió una “atracción fatal” por el beisbol, ha escrito 80 dientes, 4 metros y 200 kilos, con la cual ganó el Premio Tirso de Molina; además tiene a Fotomatón, y Linda gatita. Hace años, por allá por la década de los 80, Viloria escribió Los Samanes Beisbol Club, dramática historia de un grupo de peloteros instalados en una barriada de San Bernardino, que después se transforma en el equipo Magallanes; esa pieza nunca se montó y ahora tampoco se consigue ni al autor ni el libreto. Quero, premiado novelista, tiene una pieza extraña: La vida es un strike out, donde una pareja de ancianos evoca los juegos que vieron y a los que no acudieron. Caballero, en 1996, redactó y estreno el unipersonal Mister Juramento/Homenaje a Julio Jaramillo, donde un travesti, encarnado por Franklin Virgüez, manifiesta su pasión por una serie de peloteros, a quienes incluso se ha llevado a la cama. Este texto ahora hace temporada en Caracas. Otro que lanzó su bola dramatúrgica fue Martínez; se trata de La hora Texaco, estrenada en los años 80 en El Nuevo Grupo.
Magallanes versus Caracas
Paul Salazar (Caracas, 3 de abril de 1967) estrenó su pieza Rivales eternos -la cual tiene un subtítulo que revela una gran parte o la razón de ser de la pieza misma: La historia de un magallanero que fue caraquista por un día- en el Ateneo de Caracas durante la temporada 2002. Ahí participaron, bajo la dirección del mismo Salazar, los actores José Romero, José Zambrano, Aura D´Arthenay, Carlos Díaz y Rodolfo Drago. Ahora hace temporada en la Sala Doris Wells, de la Casa del Artista, con Germán Mendieta, Gerardo Luongo, Raúl Blanco, Marlezx Martínez, además de D´ Arthenay y Drago.
Salazar, con Rivales eternos, se atrevió a escribir una pieza cuya temática y argumentación descansa totalmente en el juego del beisbol, gran pasión nacional exacerbada en los últimos años por la comercialización de los grupos y su singular negocio, fomentado además por los medios de comunicación, sin contar el vaso comunicante con el multimillonario imperio lúdico que se escenifica en Estados Unidos y otras naciones. La novedosa obra transcurre en el apartamento de un caraquista, tras haber sido abandonado por su esposa y su pequeño hijo, precisamente el 31 de enero de 1994, cuando los equipos de los Leones del Caracas y los Navegantes del Magallanes se juegan el título de la temporada. Esto exige del público un mínimo de conocimientos de las reglas del beisbol y además otro tanto de la historia de dicho deporte en Venezuela, porque sus personajes principales tienen sus acciones dramáticas y sus diálogos construidos en torno a los movimientos, el lenguaje técnico y el desarrollo del juego, así como las vicisitudes de los equipos criollos y sus jugadores a lo largo de 100 años. ¡Hechos reales para una ficción teatral!
Pero Rivales eternos es algo más que un episodio sobre unos amantes del beisbol en el país. Alude al malsano gusto por las apuestas con dinero contante y sonante de por medio y denuncia los mafiosos chantajes de que pueden ser víctimas los apostadores, con secuestros de familiares incluidos, para obligarlos a cancelar esas temibles deudas. ¡Hay casos reales!
Rivales eternos es una exaltación al beisbol y a la amistad fundamentalmente, pero también da una seria advertencia sobre los peligros de las apuestas. Es un texto audaz, ambicioso y bien elaborado, que revela un notable progreso de este dramaturgo, que está en la cacería de la obra perfecta que lo consagrará.
El espectáculo resulta placentero,a pesar de la hiperactividad de los actores ahí involucrados, ya que sus personajes están al borde del paroxismo no sólo por el juego que ven por televisión, sino por otros problemas personales. Seguro que impactará a los espectadores que además sean fanáticos del beisbol.
En Caracas, el beisbol como temática teatral ha sido abordado, hasta ahora, por Gustavo Ott, Francisco Viloria, Néstor Caballero, Ibsen Martínez, Milton Quero y Paúl Salazar.
Ott, que además de ser periodista, profesión que no ejerce, sintió una “atracción fatal” por el beisbol, ha escrito 80 dientes, 4 metros y 200 kilos, con la cual ganó el Premio Tirso de Molina; además tiene a Fotomatón, y Linda gatita. Hace años, por allá por la década de los 80, Viloria escribió Los Samanes Beisbol Club, dramática historia de un grupo de peloteros instalados en una barriada de San Bernardino, que después se transforma en el equipo Magallanes; esa pieza nunca se montó y ahora tampoco se consigue ni al autor ni el libreto. Quero, premiado novelista, tiene una pieza extraña: La vida es un strike out, donde una pareja de ancianos evoca los juegos que vieron y a los que no acudieron. Caballero, en 1996, redactó y estreno el unipersonal Mister Juramento/Homenaje a Julio Jaramillo, donde un travesti, encarnado por Franklin Virgüez, manifiesta su pasión por una serie de peloteros, a quienes incluso se ha llevado a la cama. Este texto ahora hace temporada en Caracas. Otro que lanzó su bola dramatúrgica fue Martínez; se trata de La hora Texaco, estrenada en los años 80 en El Nuevo Grupo.
Magallanes versus Caracas
Paul Salazar (Caracas, 3 de abril de 1967) estrenó su pieza Rivales eternos -la cual tiene un subtítulo que revela una gran parte o la razón de ser de la pieza misma: La historia de un magallanero que fue caraquista por un día- en el Ateneo de Caracas durante la temporada 2002. Ahí participaron, bajo la dirección del mismo Salazar, los actores José Romero, José Zambrano, Aura D´Arthenay, Carlos Díaz y Rodolfo Drago. Ahora hace temporada en la Sala Doris Wells, de la Casa del Artista, con Germán Mendieta, Gerardo Luongo, Raúl Blanco, Marlezx Martínez, además de D´ Arthenay y Drago.
Salazar, con Rivales eternos, se atrevió a escribir una pieza cuya temática y argumentación descansa totalmente en el juego del beisbol, gran pasión nacional exacerbada en los últimos años por la comercialización de los grupos y su singular negocio, fomentado además por los medios de comunicación, sin contar el vaso comunicante con el multimillonario imperio lúdico que se escenifica en Estados Unidos y otras naciones. La novedosa obra transcurre en el apartamento de un caraquista, tras haber sido abandonado por su esposa y su pequeño hijo, precisamente el 31 de enero de 1994, cuando los equipos de los Leones del Caracas y los Navegantes del Magallanes se juegan el título de la temporada. Esto exige del público un mínimo de conocimientos de las reglas del beisbol y además otro tanto de la historia de dicho deporte en Venezuela, porque sus personajes principales tienen sus acciones dramáticas y sus diálogos construidos en torno a los movimientos, el lenguaje técnico y el desarrollo del juego, así como las vicisitudes de los equipos criollos y sus jugadores a lo largo de 100 años. ¡Hechos reales para una ficción teatral!
Pero Rivales eternos es algo más que un episodio sobre unos amantes del beisbol en el país. Alude al malsano gusto por las apuestas con dinero contante y sonante de por medio y denuncia los mafiosos chantajes de que pueden ser víctimas los apostadores, con secuestros de familiares incluidos, para obligarlos a cancelar esas temibles deudas. ¡Hay casos reales!
Rivales eternos es una exaltación al beisbol y a la amistad fundamentalmente, pero también da una seria advertencia sobre los peligros de las apuestas. Es un texto audaz, ambicioso y bien elaborado, que revela un notable progreso de este dramaturgo, que está en la cacería de la obra perfecta que lo consagrará.
El espectáculo resulta placentero,a pesar de la hiperactividad de los actores ahí involucrados, ya que sus personajes están al borde del paroxismo no sólo por el juego que ven por televisión, sino por otros problemas personales. Seguro que impactará a los espectadores que además sean fanáticos del beisbol.
jueves, octubre 20, 2005
Susanita Pons
El monólogo, la más primitiva o la más antigua forma o expresión del arte teatral, está generando estragos estéticos y de audiencia en Caracas y otras ciudades.Ya no son las actrices las únicas que monologan y arremeten con sus patéticos personajes, siempre femeninos, contra las bárbaras costumbres de la civilización occidental contemporánea, que ha intentado convertirlas en simples objetos del deseo y en máquinas para la prolongación de la especie, como lo ha exhibido Mimí Lazo desde hace 10 años con El aplauso va por dentro y ahora, además, lleva 24 meses más con No seré feliz, pero tengo marido, imponiendo históricos récords de taquillas y audiencias. Ese éxito ha generado insólitas manifestaciones de “verdes envidias” entre los teatreros, quienes al parecer ignoran que de cada diez espectadores, siete son mujeres; estadística que les invito a comprobar y así sacar conclusiones prácticas.
También hay actores que encarnan a personajes masculinos en situaciones críticas, tal es el caso de Omar Gonzalo y su contemporánea creación de El loco, y Aníbal Grunn con A tu memoria , amarga y poética reflexión sobre la vida de los segundones de las compañías teatrales, la cual a su vez le permite evocar al desaparecido director Carlos Giménez. Pero el caso menos corriente es la reaparición de Franklin Virgüez encarnando al travesti “Susanita Pons”, del estridente espectáculo Mister Juramento/Un homenaje a Julio Jaramillo, el cual hace temporada en la Casa de Rómulo Gallegos.
Franklin Virgüez (Barquisimeto,1953) es un verdadero animal de teatro, tiene condiciones físicas y culturales cultivadas y además maneja registros recios para encarnar característicos fuertes y violentos. No hay dos actores de su prototipo ni de su edad como él en estos momentos. Por la conducta racista en algunos canales de televisión, él, como también sucede con otros comediantes (y no abordamos el caso de las actrices de “color”, para no extendernos) no blancos ni catires, no es protagonista de las telenovelas; siempre le adjudican papeles segundones y de poca valía. Pero eso no ha impedido que él crezca como intérprete e incursione con éxito en unas cuantas piezas teatrales, especialmente con Mister Juramento, texto que escribió y dirigió Néstor Caballero hace más o menos diez años.
Mister Juramento es la melodramática historia de un travesti, “Susanita Pons”, de los años 50, que hacía la calle en los tiempos del perezjimenato y además conoció al bolerista Julio Jaramillo, mítico personaje que se convirtió en su protector. La historia real de tan sensible personaje la conocía Virgüez y la contó primero a José Ignacio Cabrujas para que la hiciera teatro, aunque Caballero fue el que pudo lograrlo.Sin lugar a dudas que “Susanita Pons” es otro de esos fantásticos seres de la larga e iredenta noche latinoamericana, quienes han vivido en bares, discotecas y burdeles, o en las avenidas de las principales ciudades. Seres míticos que no han sido redimidos por ninguna sociedad y se han convertido en símbolos de una supuesta perversión, que no es tal. Virgüez ha querido humanizar a “Susanita Pons” y utilizarla como metáfora para abrir un debate intelectual sobre tales mariposas noctámbulas. ¡Tarea hercúlea, pero no imposible!
En cuanto a este tercer montaje, -antes los resolvieron Caballero y Roberto Stopello-, ahora encomendado a Daniel Uribe, tenemos unas cuantas reservas. Se le ha quitado al actor toda posibilidad de interactuar con el público, de armar una fiesta con la audiencia y hacer improvisaciones, de romper el hielo que siempre existe en este tipo de espectáculos, y eso no ayuda en nada al actor, porque lo hace monocorde e incluso hay momentos en que hasta desfallece. Nunca puede haber atmósferas dramáticas en escena, siempre tiene que cundir la alegría, aunque sea amarga, porque no es una tragedia.
En síntesis, este texto no ha tenido suerte con sus montajes. Hasta ahora se ha quedado en el mero aporte del autor. Hace falta un director audaz y creativo. Tiene Franklin Virgüez el reto de proseguir, pero con mayor teatralidad, porque “Susanita Pons” se lo merece.
También hay actores que encarnan a personajes masculinos en situaciones críticas, tal es el caso de Omar Gonzalo y su contemporánea creación de El loco, y Aníbal Grunn con A tu memoria , amarga y poética reflexión sobre la vida de los segundones de las compañías teatrales, la cual a su vez le permite evocar al desaparecido director Carlos Giménez. Pero el caso menos corriente es la reaparición de Franklin Virgüez encarnando al travesti “Susanita Pons”, del estridente espectáculo Mister Juramento/Un homenaje a Julio Jaramillo, el cual hace temporada en la Casa de Rómulo Gallegos.
Franklin Virgüez (Barquisimeto,1953) es un verdadero animal de teatro, tiene condiciones físicas y culturales cultivadas y además maneja registros recios para encarnar característicos fuertes y violentos. No hay dos actores de su prototipo ni de su edad como él en estos momentos. Por la conducta racista en algunos canales de televisión, él, como también sucede con otros comediantes (y no abordamos el caso de las actrices de “color”, para no extendernos) no blancos ni catires, no es protagonista de las telenovelas; siempre le adjudican papeles segundones y de poca valía. Pero eso no ha impedido que él crezca como intérprete e incursione con éxito en unas cuantas piezas teatrales, especialmente con Mister Juramento, texto que escribió y dirigió Néstor Caballero hace más o menos diez años.
Mister Juramento es la melodramática historia de un travesti, “Susanita Pons”, de los años 50, que hacía la calle en los tiempos del perezjimenato y además conoció al bolerista Julio Jaramillo, mítico personaje que se convirtió en su protector. La historia real de tan sensible personaje la conocía Virgüez y la contó primero a José Ignacio Cabrujas para que la hiciera teatro, aunque Caballero fue el que pudo lograrlo.Sin lugar a dudas que “Susanita Pons” es otro de esos fantásticos seres de la larga e iredenta noche latinoamericana, quienes han vivido en bares, discotecas y burdeles, o en las avenidas de las principales ciudades. Seres míticos que no han sido redimidos por ninguna sociedad y se han convertido en símbolos de una supuesta perversión, que no es tal. Virgüez ha querido humanizar a “Susanita Pons” y utilizarla como metáfora para abrir un debate intelectual sobre tales mariposas noctámbulas. ¡Tarea hercúlea, pero no imposible!
En cuanto a este tercer montaje, -antes los resolvieron Caballero y Roberto Stopello-, ahora encomendado a Daniel Uribe, tenemos unas cuantas reservas. Se le ha quitado al actor toda posibilidad de interactuar con el público, de armar una fiesta con la audiencia y hacer improvisaciones, de romper el hielo que siempre existe en este tipo de espectáculos, y eso no ayuda en nada al actor, porque lo hace monocorde e incluso hay momentos en que hasta desfallece. Nunca puede haber atmósferas dramáticas en escena, siempre tiene que cundir la alegría, aunque sea amarga, porque no es una tragedia.
En síntesis, este texto no ha tenido suerte con sus montajes. Hasta ahora se ha quedado en el mero aporte del autor. Hace falta un director audaz y creativo. Tiene Franklin Virgüez el reto de proseguir, pero con mayor teatralidad, porque “Susanita Pons” se lo merece.
lunes, octubre 17, 2005
Cabrujas vive en la escena
Nada mejor para perpetuar el recuerdo de un ausente que evocarlo con gozo entre sus amigos o, en este caso, leer e incluso representar sus obras, más cuando se trata de un dramaturgo de la talla de José Ignacio Cabrujas (Caracas, 17 de julio de 1937 / Porlamar, 21 de octubre de 1995), por quien sus familias, la sanguínea y la elegida, en este décimo año han organizado los montajes de sus piezas El día que me quieras y Autorretrato de artista con barba y pumpá, además de la lecturas dramatizadas de otros de sus textos, en un desafiante ciclo que ha organizado el teatrero Moisés Guevara.
Cabrujas es el talento más versátil de todo el teatro venezolano del siglo XX. Él brilla como dramaturgo, director, actor, guionista de televisión y articulista de la prensa, porque, al igual que los grandes teatreros de la historia, encauza su descomunal talento, su curiosidad intelectual y su pasión para el trabajo en la dirección que se proponía.Así lo retrata, con plena certeza, el también celebre autor teatral Isaac Chocrón (75 años), compañero de controversias y desengaños en la fundación y el desarrollo del Nuevo Grupo, la mejor empresa cultural privada jamás realizada en Venezuela.
Chocrón puntualiza que Cabrujas insiste siempre en un tema central a lo largo de las 14 obras que se le conocen. Utiliza la historia para que los espectadores de su teatro puedan entender mejor el presente y disfrutar así de la catarsis y sacar sus conclusiones.No son viajes nostálgicos sino de juegos teatrales con paralelismos curiosos, irónicos o contundentes entre lo que pasó y lo que nos está pasando. Cabrujas utiliza vidas de nuestros antepasados o de mundos pretéritos -algunos aún en existenciapara que nos reflejen como espejos mágicos, coincidencias con nuestra vida contemporánea.Es por eso que el teatro de Cabrujas cosechó aplausos y premios cuando él vivía y los seguirá cosechando, porque muy pocos autores lograron llegar hasta las entretelas del alma del público criollo como él lo hizo, y nadie, desde su ausencia, ha podido al menos imitarlo.
Un día para querer
Para que la primera década sin la presencia de Cabrujas permitiese, al menos, una reflexión nacional sobre su legado y sus prédicas, el Grupo Actoral 80 escogió escenificar una de sus obras más urticantes, la que más polémicas causó, al tiempo que es la más internacional de todas: El día que me quieras. Esa pieza, estrenada el 26 de enero de 1979 en la sala Alberto de Paz y Mateos, donde hizo 68 funciones y aplaudida por 11.896 espectadores, se mostró de nuevo en el Ateneo de Caracas entre marzo y mayo del 2005, bajo la dirección de Juan Carlos Gené, uno de los teatreros más importantes de América Latina.
Gené reconoció a El Mundo que El día que me quieras es una obra memorable.“Es una pieza que me confronta muy íntimamente, porque por un lado es de un venezolanismo exacerbado, pero al mismo tiempo está centrada en la figura de Carlos Gardel, personaje tan entrañablemente rioplatense; todo eso me provoca una mezcolanza emocional muy grande, en la cual uno tiene que tratar de salvar el aspecto técnico de la dificultad estilística de ese texto”.
Admitió Gené que en El día que me quieras, como en todo el teatro que hizo Cabrujas, se intenta definir lo indefinible.“Ese texto me crea una emoción muy fuerte por las circunstancias actuales que se viven en Venezuela. Creo que es el de más alto desarrollo, como también lo son para mí Acto cultural y Profundo. Todo está en la osadía como Cabrujas encaraba la expresión del discurso verbal”.
Hay que recordar que Cabrujas utiliza el hecho histórico de la visita de Gardel a Caracas en abril de 1935, quien después se instaló en Colombia, para otro de sus memorables triunfos. Iba a proseguir su periplo y se insertó para siempre en la eternidad ese 24 de junio al estrellarse su avión en Medellín. Pero Carlos Gardel (1890-1935), gracias a la magia escénica y en este caso invocado por Cabrujas, revive en El día que me quieras. Cuando se estrenó generó una controversia intelectual, algo poco frecuente, porque ahí se profetizaba, por intermedio del atormentado Pío Miranda, que el comunismo rampante de la URSS y de la Europa Central, defendida por el “telón de acero” “era una engañifa descomunal” y que se “balcanizaría” en los años siguientes.Al mismo tiempo, se plasmaba una historia de amor entre adultos, en medio de situaciones difíciles, porque Pío Miranda había proyectado un viaje a la lejana Rusia como “luna de miel” e inicio de su vida marital bajo el régimen de José Stalin. Toda una suma de utopías sociales y existenciales reunidas en un texto teatral como nunca antes se había logrado en Venezuela.
Pero su gran valor está más allá de las circunstancias políticas, sus predicciones y las disquisiciones ideológicas que provocó. Es una hermosa saga de amor con final difícil o confuso, que muestra el sufrimiento de las mujeres sometidas a los designios de los machos de “fin de semana” y del eterno deambular ideológico de los que se asumen como intelectuales. Una feroz diatriba contra todos los intentos por embozalar las ideas libertarias y el amor sin tapujos e intereses, en la que Gardel, el único grande de América Latina, es un delicioso pretexto.Es otro melodrama universal, no es un sainete venezolano, aunque sus personajes y su entorno sí lo sean. Su temática y argumentación llegan fácilmente al público por la humana simpleza de su ejemplar historia y la solidez de sus razonamientos, los cuales desbordan geografías y otras barreras.Fue un espectáculo teatral de depurada calidad escénica donde la gratísima sorpresa la deparó Héctor Manrique como Pío Miranda, el revolucionario comunista de la Caracas de los años 30. Es posible que durante el año próximo vuelva a esa escena esta producción del GA 80. ¡El país lo necesita!
El pintor Reverón
Hace 15 años, bajo la égida de José Simón Escalona y en la Sala Alberto de Paz y Mateos se escenificó Autorretrato de artista con barba y pumpá, una especial creación de Cabrujas sobre “El pintor de Macuto”, el artista Armando Reverón (Caracas, 10 de mayo de 1889 / 18 de septiembre de 1954). Se trata de un texto de alta poesía dramatúrgica sobre ese artista alucinado, quien se refugió en un universo mágico que, en torno a objetos y muñecas creados por él, dio origen a la última y delirante etapa expresionista de su obra, caracterizada por el empleo de materiales tales como tizas, creyones y por una fantasía teatral que se tornaba más y más incontrolable pero, a través de un dibujo que aspiraba a la corrección académica.Fernando Gómez, Manola García Maldonado, Juan Carlos Gardié,Germán Mendieta y Luis Fernández, entre otros comediantes, acompañaron a Escalona en esa empresa con su agrupación Theja.Venezuela era otra.
hora, a 15 años de ese estreno y a una década del mutis de Cabrujas, vuelve Escalona a escenificar Autorretrato de artista con barba y pumpá, como parte de los homenajes de la familia de los teatreros venezolanos hacia el maestro ausente, la familia elegida, como enseña Chocrón. En esta ocasión, Javier Vidal, Gerardo Soto, Nacho Huett, Emerson Rondón y Nacarid Escalona asumieron el reto de un espectáculo mucho más decantado que el anterior y hacer posible una lectura escénica más austera, aunque se conserva la escenografía creada por Susana Amundaraín y la música de William Blanco, otros artistas que han crecido y se ubican en lugares importantes.Este reestreno de Autorretrato de artista con barba y pumpáha sido fijado para el próximo 28 de octubre en la Sala Alberto de Paz y Mateos, a las 8:00 pm.¡Será un grato reencuentro!
Seis domingos
Moisés Guevara, quien junto a Iraida Tapias y otros teatreros fundaron en plena década de los 90 la empresa Teatro Profesional de Venezuela, donde José Ignacio Cabrujas era su director, también quiso rendirle homenaje al desaparecido dramaturgo. Y para ello nada mejor que dedicarle en el Teatro Trasnocho, donde Moisés se desempeña como director artístico, seis domingos del próximo mes de noviembre, siempre a las 11:00 am, para hacer las lecturas dramatizadas de siete textos del legado de Cabrujas. Eso permitirá que desde el 6 de noviembre el público disfrute de textos como Fiésole, Juan Francisco de León, El extraño viaje de Simón el malo, Tradicional hospitalidad, La soberbia milagrosa del general Pío Fernández, Profundo, y La vida y la muerte del rey Ricardo III, versión del original de William Shakespeare.Ahora Iraida Tapias, Miriam Dembo, Javier Vidal, Xiomara Moreno y Lupe Gehrenbeck, además de Moisés Guevara, son los directores de esas lecturas.Los elencos comenzarán a ensayar desde este lunes. Será un espectáculo especial, por los actores ahí involucrados.
Cabrujas es el talento más versátil de todo el teatro venezolano del siglo XX. Él brilla como dramaturgo, director, actor, guionista de televisión y articulista de la prensa, porque, al igual que los grandes teatreros de la historia, encauza su descomunal talento, su curiosidad intelectual y su pasión para el trabajo en la dirección que se proponía.Así lo retrata, con plena certeza, el también celebre autor teatral Isaac Chocrón (75 años), compañero de controversias y desengaños en la fundación y el desarrollo del Nuevo Grupo, la mejor empresa cultural privada jamás realizada en Venezuela.
Chocrón puntualiza que Cabrujas insiste siempre en un tema central a lo largo de las 14 obras que se le conocen. Utiliza la historia para que los espectadores de su teatro puedan entender mejor el presente y disfrutar así de la catarsis y sacar sus conclusiones.No son viajes nostálgicos sino de juegos teatrales con paralelismos curiosos, irónicos o contundentes entre lo que pasó y lo que nos está pasando. Cabrujas utiliza vidas de nuestros antepasados o de mundos pretéritos -algunos aún en existenciapara que nos reflejen como espejos mágicos, coincidencias con nuestra vida contemporánea.Es por eso que el teatro de Cabrujas cosechó aplausos y premios cuando él vivía y los seguirá cosechando, porque muy pocos autores lograron llegar hasta las entretelas del alma del público criollo como él lo hizo, y nadie, desde su ausencia, ha podido al menos imitarlo.
Un día para querer
Para que la primera década sin la presencia de Cabrujas permitiese, al menos, una reflexión nacional sobre su legado y sus prédicas, el Grupo Actoral 80 escogió escenificar una de sus obras más urticantes, la que más polémicas causó, al tiempo que es la más internacional de todas: El día que me quieras. Esa pieza, estrenada el 26 de enero de 1979 en la sala Alberto de Paz y Mateos, donde hizo 68 funciones y aplaudida por 11.896 espectadores, se mostró de nuevo en el Ateneo de Caracas entre marzo y mayo del 2005, bajo la dirección de Juan Carlos Gené, uno de los teatreros más importantes de América Latina.
Gené reconoció a El Mundo que El día que me quieras es una obra memorable.“Es una pieza que me confronta muy íntimamente, porque por un lado es de un venezolanismo exacerbado, pero al mismo tiempo está centrada en la figura de Carlos Gardel, personaje tan entrañablemente rioplatense; todo eso me provoca una mezcolanza emocional muy grande, en la cual uno tiene que tratar de salvar el aspecto técnico de la dificultad estilística de ese texto”.
Admitió Gené que en El día que me quieras, como en todo el teatro que hizo Cabrujas, se intenta definir lo indefinible.“Ese texto me crea una emoción muy fuerte por las circunstancias actuales que se viven en Venezuela. Creo que es el de más alto desarrollo, como también lo son para mí Acto cultural y Profundo. Todo está en la osadía como Cabrujas encaraba la expresión del discurso verbal”.
Hay que recordar que Cabrujas utiliza el hecho histórico de la visita de Gardel a Caracas en abril de 1935, quien después se instaló en Colombia, para otro de sus memorables triunfos. Iba a proseguir su periplo y se insertó para siempre en la eternidad ese 24 de junio al estrellarse su avión en Medellín. Pero Carlos Gardel (1890-1935), gracias a la magia escénica y en este caso invocado por Cabrujas, revive en El día que me quieras. Cuando se estrenó generó una controversia intelectual, algo poco frecuente, porque ahí se profetizaba, por intermedio del atormentado Pío Miranda, que el comunismo rampante de la URSS y de la Europa Central, defendida por el “telón de acero” “era una engañifa descomunal” y que se “balcanizaría” en los años siguientes.Al mismo tiempo, se plasmaba una historia de amor entre adultos, en medio de situaciones difíciles, porque Pío Miranda había proyectado un viaje a la lejana Rusia como “luna de miel” e inicio de su vida marital bajo el régimen de José Stalin. Toda una suma de utopías sociales y existenciales reunidas en un texto teatral como nunca antes se había logrado en Venezuela.
Pero su gran valor está más allá de las circunstancias políticas, sus predicciones y las disquisiciones ideológicas que provocó. Es una hermosa saga de amor con final difícil o confuso, que muestra el sufrimiento de las mujeres sometidas a los designios de los machos de “fin de semana” y del eterno deambular ideológico de los que se asumen como intelectuales. Una feroz diatriba contra todos los intentos por embozalar las ideas libertarias y el amor sin tapujos e intereses, en la que Gardel, el único grande de América Latina, es un delicioso pretexto.Es otro melodrama universal, no es un sainete venezolano, aunque sus personajes y su entorno sí lo sean. Su temática y argumentación llegan fácilmente al público por la humana simpleza de su ejemplar historia y la solidez de sus razonamientos, los cuales desbordan geografías y otras barreras.Fue un espectáculo teatral de depurada calidad escénica donde la gratísima sorpresa la deparó Héctor Manrique como Pío Miranda, el revolucionario comunista de la Caracas de los años 30. Es posible que durante el año próximo vuelva a esa escena esta producción del GA 80. ¡El país lo necesita!
El pintor Reverón
Hace 15 años, bajo la égida de José Simón Escalona y en la Sala Alberto de Paz y Mateos se escenificó Autorretrato de artista con barba y pumpá, una especial creación de Cabrujas sobre “El pintor de Macuto”, el artista Armando Reverón (Caracas, 10 de mayo de 1889 / 18 de septiembre de 1954). Se trata de un texto de alta poesía dramatúrgica sobre ese artista alucinado, quien se refugió en un universo mágico que, en torno a objetos y muñecas creados por él, dio origen a la última y delirante etapa expresionista de su obra, caracterizada por el empleo de materiales tales como tizas, creyones y por una fantasía teatral que se tornaba más y más incontrolable pero, a través de un dibujo que aspiraba a la corrección académica.Fernando Gómez, Manola García Maldonado, Juan Carlos Gardié,Germán Mendieta y Luis Fernández, entre otros comediantes, acompañaron a Escalona en esa empresa con su agrupación Theja.Venezuela era otra.
hora, a 15 años de ese estreno y a una década del mutis de Cabrujas, vuelve Escalona a escenificar Autorretrato de artista con barba y pumpá, como parte de los homenajes de la familia de los teatreros venezolanos hacia el maestro ausente, la familia elegida, como enseña Chocrón. En esta ocasión, Javier Vidal, Gerardo Soto, Nacho Huett, Emerson Rondón y Nacarid Escalona asumieron el reto de un espectáculo mucho más decantado que el anterior y hacer posible una lectura escénica más austera, aunque se conserva la escenografía creada por Susana Amundaraín y la música de William Blanco, otros artistas que han crecido y se ubican en lugares importantes.Este reestreno de Autorretrato de artista con barba y pumpáha sido fijado para el próximo 28 de octubre en la Sala Alberto de Paz y Mateos, a las 8:00 pm.¡Será un grato reencuentro!
Seis domingos
Moisés Guevara, quien junto a Iraida Tapias y otros teatreros fundaron en plena década de los 90 la empresa Teatro Profesional de Venezuela, donde José Ignacio Cabrujas era su director, también quiso rendirle homenaje al desaparecido dramaturgo. Y para ello nada mejor que dedicarle en el Teatro Trasnocho, donde Moisés se desempeña como director artístico, seis domingos del próximo mes de noviembre, siempre a las 11:00 am, para hacer las lecturas dramatizadas de siete textos del legado de Cabrujas. Eso permitirá que desde el 6 de noviembre el público disfrute de textos como Fiésole, Juan Francisco de León, El extraño viaje de Simón el malo, Tradicional hospitalidad, La soberbia milagrosa del general Pío Fernández, Profundo, y La vida y la muerte del rey Ricardo III, versión del original de William Shakespeare.Ahora Iraida Tapias, Miriam Dembo, Javier Vidal, Xiomara Moreno y Lupe Gehrenbeck, además de Moisés Guevara, son los directores de esas lecturas.Los elencos comenzarán a ensayar desde este lunes. Será un espectáculo especial, por los actores ahí involucrados.
jueves, octubre 13, 2005
A tu memoria
Para que nadie olvide la historia del teatro venezolano y a los artistas que lo han hecho posible a lo largo de los cuatro siglos que le achacan, hay que de vez en cuando hacer espectáculos sobre sus vidas y sus tormentos. De lo contrario, a nivel mediático, se estará siempre comenzando, creyendo que el teatro llegó ayer por avión y que la “estrellita” que ahora dice cuatro zoquetadas en el escenario es lo máximo jamás visto antes. Preservar la memoria de los ausentes es vital para cualquier proceso cultural o político.Ignorar el pasado de una disciplina artística es cortarle sus alas y reducirla a una simple actividad dominical.
Por supuesto que es mucho más fácil ignorar que estudiar y tener así en cuenta a los valores que nos precedieron. Venezuela tiene que crecer y para ello la memoria es la vitamina obligatoria.Es por eso que el popular teatrero Aníbal Grunn (Aníbal Enrique García Belardinelli, Bahía Blanca, Argentina,1947), está ahora en la Sala de Conciertos del Ateneo de Caracas con su unipersonal A tu memoria, espectáculo con múltiples lecturas, donde se puede deducir que es un homenaje al ausente Carlos Giménez, o que simplemente exhibe un melodrama de frustraciones y mezquindades muy típico del mundo teatral.
Nosotros vimos a Aníbal Grunn por vez primera durante la temporada de 1976, haciendo a un personaje de El círculo de tiza caucasiano, de Bertold Brecht, bajo la férula de Ugo Ulive, en la sala Alberto de Paz y Mateos. Desde entonces no ha parado y es ahora que, para festejar sus cuatro décadas en los escenarios, ha escrito y actuado A tu memoria, donde, según él, hace un especial homenaje al teatro y en especial a esos seres mínimos o grises que han sido los segundones, pudiendo haber sido los protagonistas, porque precisamente sin ellos no hubiese subido el telón y el drama o la comedia no se hubiese desarrollado.¿Alguien se imagina al Quijote sin su Sancho Panza?
En A tu memoria, Aníbal Grunn muestra a un mínimo hombrecito que, en esa larga duermevela que sigue a los funerales de los amigos, evoca al ausente: un director o un gran actor a cuyo lado soñó, disfrutó y hasta amó como nunca.Interpreta a seis personajes claves en igual número de espectáculos que realizó el ahora ausente pero siempre presente teatrero.Para los que hemos visto cómo los teatreros han producido sus artes escénicas, durante los últimos 36 años, no nos es difícil identificar ahí a los patrones de la vida real que Aníbal Grunn ha utilizado para componer su angustioso y existencial espectáculo. Pero no. Aníbal Grunn los ficcionó a todos ellos y lo que el público identificará es a un Bolívar en su soledad final, mientras añora a Manuela; o al coronel desesperado porque no llega la carta que le anunciará su pensión y se salvará así de vender a su gallo... y otros tantos personajes que matizan a esas patéticas angustias de los artistas latinoamericanos, como a ese mítico Próspero que reitera aquello de que los seres humanos estamos tejidos de la misma tela que los sueños y que nuestra corta vida se cierra con un sueño.
Los que vivimos más de cerca el ciclo vital de Carlos Giménez (1946-1993) nos deleitamos al volver a ver a los personajes claves de su bitácora artística con el grupo Rajatabla, al cual fundó y comandó durante 22 años. Pero hay algo más que eso. Y de ahí la grandeza del trabajo de autoría y de la entrañable y desgarradora actuación lograda por Aníbal Grunn. Lo anecdótico fenece ante el peso de la historia angustiada de ese solitario hombrecito, que ahora ya no será nada ni nadie al perder al ser para el que trabajó -odió y además amódurante largas décadas.A tu memoria podrá ser interpretado como una evocación a Carlos Giménez -dos largos lustros pasó Aníbal Grunn en Rajatabla-, pero también es la saga de un peón del teatro que exorciza a sus fantasmas, apoyado, con sobriedad, por un prudente director y hábil gerente como es Carlos Arroyo, líder de la Compañía Regional de Teatro de Portuguesa, productora de este espectáculo.
Para nosotros, A tu memoria es el primer intento que se hace para poetizar, teatralmente, el paso de ese “huracán argentino” que fue Carlos Giménez, aunque otros podrán decir lo contrario. Lo único cierto es que serán estremecidos por lo que les llega desde la escena.
¡Qué importa... somos como los sueños!
Por supuesto que es mucho más fácil ignorar que estudiar y tener así en cuenta a los valores que nos precedieron. Venezuela tiene que crecer y para ello la memoria es la vitamina obligatoria.Es por eso que el popular teatrero Aníbal Grunn (Aníbal Enrique García Belardinelli, Bahía Blanca, Argentina,1947), está ahora en la Sala de Conciertos del Ateneo de Caracas con su unipersonal A tu memoria, espectáculo con múltiples lecturas, donde se puede deducir que es un homenaje al ausente Carlos Giménez, o que simplemente exhibe un melodrama de frustraciones y mezquindades muy típico del mundo teatral.
Nosotros vimos a Aníbal Grunn por vez primera durante la temporada de 1976, haciendo a un personaje de El círculo de tiza caucasiano, de Bertold Brecht, bajo la férula de Ugo Ulive, en la sala Alberto de Paz y Mateos. Desde entonces no ha parado y es ahora que, para festejar sus cuatro décadas en los escenarios, ha escrito y actuado A tu memoria, donde, según él, hace un especial homenaje al teatro y en especial a esos seres mínimos o grises que han sido los segundones, pudiendo haber sido los protagonistas, porque precisamente sin ellos no hubiese subido el telón y el drama o la comedia no se hubiese desarrollado.¿Alguien se imagina al Quijote sin su Sancho Panza?
En A tu memoria, Aníbal Grunn muestra a un mínimo hombrecito que, en esa larga duermevela que sigue a los funerales de los amigos, evoca al ausente: un director o un gran actor a cuyo lado soñó, disfrutó y hasta amó como nunca.Interpreta a seis personajes claves en igual número de espectáculos que realizó el ahora ausente pero siempre presente teatrero.Para los que hemos visto cómo los teatreros han producido sus artes escénicas, durante los últimos 36 años, no nos es difícil identificar ahí a los patrones de la vida real que Aníbal Grunn ha utilizado para componer su angustioso y existencial espectáculo. Pero no. Aníbal Grunn los ficcionó a todos ellos y lo que el público identificará es a un Bolívar en su soledad final, mientras añora a Manuela; o al coronel desesperado porque no llega la carta que le anunciará su pensión y se salvará así de vender a su gallo... y otros tantos personajes que matizan a esas patéticas angustias de los artistas latinoamericanos, como a ese mítico Próspero que reitera aquello de que los seres humanos estamos tejidos de la misma tela que los sueños y que nuestra corta vida se cierra con un sueño.
Los que vivimos más de cerca el ciclo vital de Carlos Giménez (1946-1993) nos deleitamos al volver a ver a los personajes claves de su bitácora artística con el grupo Rajatabla, al cual fundó y comandó durante 22 años. Pero hay algo más que eso. Y de ahí la grandeza del trabajo de autoría y de la entrañable y desgarradora actuación lograda por Aníbal Grunn. Lo anecdótico fenece ante el peso de la historia angustiada de ese solitario hombrecito, que ahora ya no será nada ni nadie al perder al ser para el que trabajó -odió y además amódurante largas décadas.A tu memoria podrá ser interpretado como una evocación a Carlos Giménez -dos largos lustros pasó Aníbal Grunn en Rajatabla-, pero también es la saga de un peón del teatro que exorciza a sus fantasmas, apoyado, con sobriedad, por un prudente director y hábil gerente como es Carlos Arroyo, líder de la Compañía Regional de Teatro de Portuguesa, productora de este espectáculo.
Para nosotros, A tu memoria es el primer intento que se hace para poetizar, teatralmente, el paso de ese “huracán argentino” que fue Carlos Giménez, aunque otros podrán decir lo contrario. Lo único cierto es que serán estremecidos por lo que les llega desde la escena.
¡Qué importa... somos como los sueños!
lunes, octubre 10, 2005
Vida útil
Este libro no se consigue fácilmente en las librerías venezolanas. Los interesados pueden contactar a la empresa Planeta Colombiana Editorial o la Fundación Teatro Nacional de Bogotá, quienes se los expenderán con sumo placer. Nos referimos a Fanny Mikey “Por el placer de vivir” /Confesiones de camerino con Humberto Dorado, estremecedor y ejemplar texto de 286 páginas y numerosas fotografías del álbum particular de una sólida actriz y exitosa empresaria, o de la colombiana-argentina más importante de todos los tiempos. Sí, porque ella con su muy noble profesión de comedianta, aunada a la histórica y emprendedora tarea de crear salas teatrales (lleva tres hasta ahora, en Bogotá), producir espectáculos (que se cuentan por docenas) y además realizar festivales internacionales (en marzo y abril del 2006 inaugura el décimo), entró por la puerta grande a la historia de la cultura del vecino país. Nadie antes hizo algo tan vital e histórico en el ex Virreinato de la Nueva Granada. ¡Suerte envidiada por muchas otras naciones!
No tenemos actualmente en Venezuela a una persona del mundo artístico con un récord tan positivo como el de Fanny Mikey (Buenos Aires, 1930). Sí, tuvimos una que iba por el mismo camino de grandeza y se nos murió cuando no había llegado a su cenit, quien de la nada inventó una agrupación, hizo inolvidables montajes e impuso sus festivales internacionales de teatro. Queda su recuerdo, más nada, porque todo aquí cambió y para mal. Era Carlos Giménez (Rosario, Argentina, 1945Caracas, 1993).
Esta publicación, que son las desesperadas confesiones de Fanny Mikey al actor, guionista y escritor Humberto Dorado, es un intento maravilloso por dejar unos apuntes para una historia de las artes escénicas colombianas desde la trinchera que esa valiente y aguerrida mujer ha ocupado desde finales de los años 50, bien sea en Cali o en Bogotá.Ella, una vez más, ha demostrado que la inteligencia no es sólo para peinársela sino también para aplicarla en beneficio de los demás y, a veces, para el disfrute de su poseedor y de sus íntimos.Es un libro que no ahorra detalles sobre la vida íntima, incluso creemos que se excede, de una mujer que ha luchado a toda costa contra la soledad y para buscar el amor de un hombre o de una familia o de un colectivo y quien no se ha detenido en pequeñeces ni en mezquindades.Su meta única ha sido hacer felices a los demás y a medida que eso se iba logrando, ella también ha sido feliz. Amó y ama. Amará para siempre. Pero es hembra, madre y abuela por encima de todo. ¡Y ahí está preparando su próximo festival!
Creemos que por femenina decencia, porque eso nunca lo ha perdido, no revela unas cuantas cosas más, las cuales se difundirán cuando ella quiera o lo permita. Pero lo logrado está ahí y el cómo lo hizo es modelo de gerencia en una sociedad difícil y con muchas parcelas, tal cual es la colombiana. Salvo el incidente de la bomba terrorista, puesta por la más siniestra derecha bogotana, en su teatro de la calle 71, los colombianos decentes, que son millones, la cortejan y la aman y estarían dispuestos a elegirla Presidenta de la República por sus dotes para administrar y además amar a su pueblo.
Nosotros pudimos conocerla durante los últimos tramos de los 50 y los primeros años de los 60 en Cali, cuando colaboraba con Enrique Buenaventura para fundar al Teatro Escuela de Cali, brillante agrupación del mejor teatro comprometido que ha tenido Colombia, junto al bogotano Teatro de la Candelaria. Después Fanny en pos de su techo existencial y de una tarea que trascendiera más allá del simple estreno teatral, se instaló en Bogotá y es en los años 70 cuando sueña y va materializando, poco a poco, su fundación Teatro Nacional, apoyada por unos pocos colombianos que sí aman como nadie a su terruño y por el trabajan y no se rinden jamás.
No pretendemos poner de modelo a Fanny Mikey.No. Invitamos a que sea leída su biografía para conocer a una “abeja reina” que ya es una leyenda y aprender ahí cómo se trabaja para la comunidad.
No tenemos actualmente en Venezuela a una persona del mundo artístico con un récord tan positivo como el de Fanny Mikey (Buenos Aires, 1930). Sí, tuvimos una que iba por el mismo camino de grandeza y se nos murió cuando no había llegado a su cenit, quien de la nada inventó una agrupación, hizo inolvidables montajes e impuso sus festivales internacionales de teatro. Queda su recuerdo, más nada, porque todo aquí cambió y para mal. Era Carlos Giménez (Rosario, Argentina, 1945Caracas, 1993).
Esta publicación, que son las desesperadas confesiones de Fanny Mikey al actor, guionista y escritor Humberto Dorado, es un intento maravilloso por dejar unos apuntes para una historia de las artes escénicas colombianas desde la trinchera que esa valiente y aguerrida mujer ha ocupado desde finales de los años 50, bien sea en Cali o en Bogotá.Ella, una vez más, ha demostrado que la inteligencia no es sólo para peinársela sino también para aplicarla en beneficio de los demás y, a veces, para el disfrute de su poseedor y de sus íntimos.Es un libro que no ahorra detalles sobre la vida íntima, incluso creemos que se excede, de una mujer que ha luchado a toda costa contra la soledad y para buscar el amor de un hombre o de una familia o de un colectivo y quien no se ha detenido en pequeñeces ni en mezquindades.Su meta única ha sido hacer felices a los demás y a medida que eso se iba logrando, ella también ha sido feliz. Amó y ama. Amará para siempre. Pero es hembra, madre y abuela por encima de todo. ¡Y ahí está preparando su próximo festival!
Creemos que por femenina decencia, porque eso nunca lo ha perdido, no revela unas cuantas cosas más, las cuales se difundirán cuando ella quiera o lo permita. Pero lo logrado está ahí y el cómo lo hizo es modelo de gerencia en una sociedad difícil y con muchas parcelas, tal cual es la colombiana. Salvo el incidente de la bomba terrorista, puesta por la más siniestra derecha bogotana, en su teatro de la calle 71, los colombianos decentes, que son millones, la cortejan y la aman y estarían dispuestos a elegirla Presidenta de la República por sus dotes para administrar y además amar a su pueblo.
Nosotros pudimos conocerla durante los últimos tramos de los 50 y los primeros años de los 60 en Cali, cuando colaboraba con Enrique Buenaventura para fundar al Teatro Escuela de Cali, brillante agrupación del mejor teatro comprometido que ha tenido Colombia, junto al bogotano Teatro de la Candelaria. Después Fanny en pos de su techo existencial y de una tarea que trascendiera más allá del simple estreno teatral, se instaló en Bogotá y es en los años 70 cuando sueña y va materializando, poco a poco, su fundación Teatro Nacional, apoyada por unos pocos colombianos que sí aman como nadie a su terruño y por el trabajan y no se rinden jamás.
No pretendemos poner de modelo a Fanny Mikey.No. Invitamos a que sea leída su biografía para conocer a una “abeja reina” que ya es una leyenda y aprender ahí cómo se trabaja para la comunidad.
jueves, octubre 06, 2005
Ahora es en Bogotá
Los espectáculos teatrales latinoamericanos, a diferencia del cine, no cruzan fácilmente las fronteras para exhibirse ante los auditorios del vecindario. Hay pocos empresarios que arriesgan sus dólares para contratar a tal o cual montaje, aunque tenga éxito en un país cercano. Hay serios “problemas” con los textos, los actores, las puestas en escena y eso que se llama ”gusto del espectador”, que es quien decide en última instancia. Sin embargo, en Santo Domingo, Miami y Ciudad de Panamá se han presentado recientemente unos cuantos montajes venezolanos, con rotundo triunfo de taquilla. Decimos esto porque en Caracas y en Bogotá sí hay obras que pueden ser contratadas, además ahora que la moneda está a la par y hay tanta necesidad de ganarse la vida con lo que se sabe hacer bien y puede interesar a muchos.
Y para abrir ese intercambio urgente de artes escénicas venezolanas y colombianas, el Teatro Nacional de Bogotá, que preside Fanny Mikey, se llevó, para tres semanas, a la desopilante comedia Jav y Jos, del criollo José Simón Escalona, actuada por Luis Fernández, Javier Valcárcel y Orestes Ortegano, y la estrenó el miércoles 28 de septiembre en la sala de la Calle 71.
Para nosotros fue importante presenciar el “segundo debut” de Jav y Jos ante un público con otros parámetros culturales, en un espacio escénico más cerrado y además contemplar a otro actor que hacía su aparición, en este caso: Orestes Ortegano.
Por supuesto que a los colombianos presentes no les disgustó el planteamiento existencialista, ni la estética vodevilesca del espectáculo venezolano. En Bogotá, donde hay en plena actividad nada menos que 105 bares, cybercafés, discotecas y saunas para gays y lesbianas, la anécdota de la pareja homosexual que vive una aguda crisis de coexistencia, y que además cuestiona amargamente las razones para su devenir, no alarmó a nadie, ni generó un éxodo de protesta. El texto fue escuchado con seriedad y aplaudido en sus momentos críticos, al tiempo que se comprendía o digería el melodrama de los dos decadenes artistas dragqueen que se niegan a aceptar el desgastador paso de los años y la irrupción de una nueva generación que los desplazará, no sólo de la escena, sino de todos los establecimientos o antros donde ejercieron su imperio como artistas, además. ¿Dónde está Peter Pan?
Pero Jav y Jos es algo más que el drama de una pareja de gays venida a menos, tanto en lo íntimo como en su exterior; es la decadencia física y mental de dos seres humanos, en medio de una sociedad inhóspita que los cuestiona y persigue, pero que además les exige impuestos y otras contribuciones. Son las imágenes patéticas de la soledad que antecede a la muerte, de ese sainete que vivimos todos los seres humanos, porque así lo imponen las normas de un colectivo neoliberal, donde sus ciudadanos son simples fichas en una inmensa fábrica de producción y consumo de cualquier cosa, donde no importa lo que pienses y hagas, sino que participes en una compra y venta a semiperpetuidad. No es gratuita,pues, la alienación en que sobrenadan los protagonistas de Jav y Jos. No es un simple artificio su sórdido show para revivir las memorias de tiempos idos. Pero en este montaje para los bogotanos, pudimos notar algo que antes no habíamos apreciado. El personaje mudo del marinerito, especie de “cachifo” de la pareja, ahora está resuelto por el bailarín Orestes Ortegano,quien hace un show dancístico para crear otra atmósfera, un oasis de juventud y vida que contrasta notablemente con la decadente y trágica de la pareja. Es como una cerilla encendida al fondo de un oscuro túnel. Es otra vida que comienza y promete ser al menos más ágil y más violenta.
No sabemos si el autor Escalona habrá visto este montaje, porque ahora tiene otra cosa extraña, una especie de coda o una oferta para un segundo acto donde, como es obvio, falta el texto. Ahí hay elementos para otro show.Vimos a Fernández y Valcárcel en una verdadera competencia para atrapar al complejo público bogotano y al final lograron lo que pretendían: aplausos lentos que fueron incrementándose hasta llegar al cálido y entusiasta reconocimiento por el trabajo actoral desplegado, además de unas cuantas risas picarescas. No hay lugar a dudas de que se trata de una pareja de comediantes que asombra por la entrega que manifiestan para sus difíciles roles.
Ahora Jav y Jos sigue en cartelera, pero con Mark Tacher en el rol de Javier Valcárcel. Lamentamos no estar ahí para ver su performance, que será diferente, por supuesto.
Y para abrir ese intercambio urgente de artes escénicas venezolanas y colombianas, el Teatro Nacional de Bogotá, que preside Fanny Mikey, se llevó, para tres semanas, a la desopilante comedia Jav y Jos, del criollo José Simón Escalona, actuada por Luis Fernández, Javier Valcárcel y Orestes Ortegano, y la estrenó el miércoles 28 de septiembre en la sala de la Calle 71.
Para nosotros fue importante presenciar el “segundo debut” de Jav y Jos ante un público con otros parámetros culturales, en un espacio escénico más cerrado y además contemplar a otro actor que hacía su aparición, en este caso: Orestes Ortegano.
Por supuesto que a los colombianos presentes no les disgustó el planteamiento existencialista, ni la estética vodevilesca del espectáculo venezolano. En Bogotá, donde hay en plena actividad nada menos que 105 bares, cybercafés, discotecas y saunas para gays y lesbianas, la anécdota de la pareja homosexual que vive una aguda crisis de coexistencia, y que además cuestiona amargamente las razones para su devenir, no alarmó a nadie, ni generó un éxodo de protesta. El texto fue escuchado con seriedad y aplaudido en sus momentos críticos, al tiempo que se comprendía o digería el melodrama de los dos decadenes artistas dragqueen que se niegan a aceptar el desgastador paso de los años y la irrupción de una nueva generación que los desplazará, no sólo de la escena, sino de todos los establecimientos o antros donde ejercieron su imperio como artistas, además. ¿Dónde está Peter Pan?
Pero Jav y Jos es algo más que el drama de una pareja de gays venida a menos, tanto en lo íntimo como en su exterior; es la decadencia física y mental de dos seres humanos, en medio de una sociedad inhóspita que los cuestiona y persigue, pero que además les exige impuestos y otras contribuciones. Son las imágenes patéticas de la soledad que antecede a la muerte, de ese sainete que vivimos todos los seres humanos, porque así lo imponen las normas de un colectivo neoliberal, donde sus ciudadanos son simples fichas en una inmensa fábrica de producción y consumo de cualquier cosa, donde no importa lo que pienses y hagas, sino que participes en una compra y venta a semiperpetuidad. No es gratuita,pues, la alienación en que sobrenadan los protagonistas de Jav y Jos. No es un simple artificio su sórdido show para revivir las memorias de tiempos idos. Pero en este montaje para los bogotanos, pudimos notar algo que antes no habíamos apreciado. El personaje mudo del marinerito, especie de “cachifo” de la pareja, ahora está resuelto por el bailarín Orestes Ortegano,quien hace un show dancístico para crear otra atmósfera, un oasis de juventud y vida que contrasta notablemente con la decadente y trágica de la pareja. Es como una cerilla encendida al fondo de un oscuro túnel. Es otra vida que comienza y promete ser al menos más ágil y más violenta.
No sabemos si el autor Escalona habrá visto este montaje, porque ahora tiene otra cosa extraña, una especie de coda o una oferta para un segundo acto donde, como es obvio, falta el texto. Ahí hay elementos para otro show.Vimos a Fernández y Valcárcel en una verdadera competencia para atrapar al complejo público bogotano y al final lograron lo que pretendían: aplausos lentos que fueron incrementándose hasta llegar al cálido y entusiasta reconocimiento por el trabajo actoral desplegado, además de unas cuantas risas picarescas. No hay lugar a dudas de que se trata de una pareja de comediantes que asombra por la entrega que manifiestan para sus difíciles roles.
Ahora Jav y Jos sigue en cartelera, pero con Mark Tacher en el rol de Javier Valcárcel. Lamentamos no estar ahí para ver su performance, que será diferente, por supuesto.
martes, octubre 04, 2005
Festival Internacional de Monólogos
El monólogo, la más antigua manifestación teatral de la cultura occidental, donde el espectáculo únicamente tiene a un intérprete, reinó durante una semana en Caracas y otras ciudades, como Maracaibo, Coro, Guanare, Mérida, Ciudad Bolívar, Porlamar, Cumaná, San Felipe y Barcelona. Gracias a calificados comediantes foráneos y venezolanos, fue posible la realización del Primer Festival Internacional del Monólogo, entre el 26 de septiembre y el 2 de octubre, evento realizado por Gerardo Piñero y Denis Ayala para el Ministerio de Cultura y el Conac.Hay que recordar a las actrices y los actores que lo hicieron posible, tales como Norma Aleandro (Argentina), Fanny Mikey (Colombia), Juan Sasiaín (Argentina), Arturo Rossel (Chile), José Antonio Alonso (Cuba), María Beatriz Vergara (Ecuador) y Lieve Delanoy (Bégica); así como los venezolanos David Villegas, Ezequiel Patiño, Omar Gonzalo, Michel Labarca, Ricardo Nortier, José Antonio Lugo, Alberto Rowinsky, Aníbal Grunn, Sol Sosa, Carlos Márquez y Mimí Lazo. La mayoría de ellos se exhibieron en varias ciudades, mientras que otros sólo pudieron verse en Caracas.
La importancia de este evento, más allá de lo artístico, ya que había actrices de prestigio internacional, como Norma Aleandro y Fanny Mikey, está en la respuesta multitudinaria de los amantes del teatro, no sólo en la capital sino también en la provincia, donde se peleaban por ingresar a las salas teatrales y llegaron incluso a exigir funciones posteriores.
¿Qué por qué el público acudió en masa a la convocatoria del festival de monologuistas?
Hay múltiples respuestas, pero la más creíble y fácil de comprobar, sin caer en diletantismos socioculturales, es que el público no tenía que pagar nada, salvo soportar las colas y correr el riesgo de no poder ver el espectáculo porque el aforo del local estaba full. Solamente en los ya tradicionales festivales internacionales de teatro de Caracas, se había visto algo igual: la audiencia asaltando las puertas de los teatros para exigir su derecho “a ver a los ingleses o los chinos”, y llegando incluso a confundirse con el otro público que sí había pagado, convirtiendo en un divertido sainete su ingreso a los montajes. Trompadas, además de insultos, y arremetidas de los cuerpos policiales han sido los aderezos de algunos de esos eventos.
¿Qué por qué era gratis?
Porque el productor general del evento, el Gobierno, por intermedio del Ministerio de Cultura, o sea su titular Francisco de Asís Sesto Novás, así lo decidió.
¿Está bien que el Gobierno regale los espectáculos?
Sí, si también lo hace con la comida, la atención médica y las medicinas, el teatro también debería ser obsequiado. Lo único malo, por así decirlo, es que crea un precedente: los amantes del espectáculo no van a querer pagar nada en los eventos venideros, como el XVI Festival Internacional de Teatro de Caracas, para el cual ya fue aprobado un millardo de bolívares.
¿Se convertirá en una norma que el teatro financiado por el gobierno tendrá puerta franca de ahora en adelante?, es la picante interrogante que ahora queda en el aire.
¿A qué costos se hizo este festival?
No sabemos exactamente lo que cobraron los artistas visitantes, ni los nacionales, aunque algunas fuentes extraoficiales, dignas de crédito, nos aseguraron que se les pagó entre 5 y 10 mil dólares a los foráneos y unos dos millones de bolívares a los criollos, además del transporte, hoteles y comidas. Los lectores pueden hacer sus cálculos, porque estas cifras son aproximadas. ¿Gasto o inversión?
Los mejores
Imposible disfrutar de todos los monologantes.Ya habíamos visto a Aníbal Grunn con A tu memoria, hermoso y además desgarrador trabajo que desde esta semana ahora se mostrará en el Ateneo de Caracas, así como también Omar Gonzalo con el histórico performance El diario de un loco; lo mismo que a David Villegas en Bandolero y Malasangre; Ricardo Nortier con su excelente Apuntes de cocina de Leonardo Da Vinci, lo mejor que ha hecho en Venezuela y, por supuesto a Mimí Lazo con El aplauso va por dentro, veterano montaje que se estrenó en la temporada de 1996 y que aún sigue en escena, con notables cambios. Los inéditos o nunca antes vistos fueron los espectáculos de Norma Aleandro y Fanny Mikey, Sobre el amor y otros cuentos sobre el amor y A Fanny lo que es de Fanny. Ellas son unas verdaderas leyendas en la escena, en la televisión y el cine de sus países, además de haber ganado varios premios internacionales
Monte de Venus
Las primeras actrices Norma Aleandro (69) y Fanny Mikey (76) nacieron y realizaron sus carreras artísticas, en buena parte, en Argentina. Son amigas y además están unidas por sus abiertas y valientes conductas políticas contra las tiranías de cualquier tinte político. La primera, quien conoció a Caracas porque su amigo Carlos Giménez, la trajo a presentar su unipersonal Sobre el amor y otros cuentos sobre el amor, en los años 70, retornó a Venezuela para mostrar otro monólogo, aunque tenía el mismo título. Su exhibición en la Sala Ríos Reyna fue apoteósica. Dio una clase de actuación como nadie lo había hecho antes en ese escenario: pasaba, con una velocidad increíble y una verdad actoral casi de mito, de una mocita de 15 años a una virgen anciana de 100, y lo que hacía era manejar su cuerpo y cubrirse o descubrirse la cabeza con una mantilla. Ella, que es, por supuesto, toda una tradición del mejor teatro argentino, usó textos clásicos y otros de reciente factura. Con Fanny Mikey, que además es la promotora teatral más importante de Colombia, el asunto fue diferente.Ella era su propia obra. Su monólogo A Fanny lo que es de Fanny, cuyo título lo dice todo, está centrado en su biografía, en su paso alucinante por el mundo del teatro y del espectáculo en Argentina y en Colombia, especialmente en Bogotá.Tiene un desparpajo y una gracia única para decir las cosas más difíciles, como que es una judía que adora a la Virgen María, o que pensó o que hizo cuando se tuvo que afeitar, por primera vez, su Monte de Venus, y otros detalles íntimos como ese. Su show, muy dentro de lo que se conoce como café-concert, tiene algunos contactos con el público para interactuar, y por eso fue que, en la Sala José Félix Ribas, actuó y contó una anécdota que le ocurrió en el violento Medellín, cuando Pablo Escobar Gaviria, que aún vivía y disfrutaba de uno de sus espectáculos, no quería soltarle una de sus retadoras piernas, pero aquí al materializar esa situación lo hizo, sin saberlo, con nada más y nada menos que “Farruco” Sesto, sonriente caballero que estaba en la primera fila de la sala. Cuando él se identificó, ella se perturbó un poco, pero el espectáculo prosiguió y así contó varias escenas de su vida,declamó a Pablo Neruda, bailó tango y salsa y al final dijo a la audiencia, ya atrapada en su seno, que los venezolanos no debían olvidar que Bogotá está a menos de dos horas de vuelo y que allá los esperaba con su X Festival de Teatro Iberoamericano, en marzo y abril del 2006.
La importancia de este evento, más allá de lo artístico, ya que había actrices de prestigio internacional, como Norma Aleandro y Fanny Mikey, está en la respuesta multitudinaria de los amantes del teatro, no sólo en la capital sino también en la provincia, donde se peleaban por ingresar a las salas teatrales y llegaron incluso a exigir funciones posteriores.
¿Qué por qué el público acudió en masa a la convocatoria del festival de monologuistas?
Hay múltiples respuestas, pero la más creíble y fácil de comprobar, sin caer en diletantismos socioculturales, es que el público no tenía que pagar nada, salvo soportar las colas y correr el riesgo de no poder ver el espectáculo porque el aforo del local estaba full. Solamente en los ya tradicionales festivales internacionales de teatro de Caracas, se había visto algo igual: la audiencia asaltando las puertas de los teatros para exigir su derecho “a ver a los ingleses o los chinos”, y llegando incluso a confundirse con el otro público que sí había pagado, convirtiendo en un divertido sainete su ingreso a los montajes. Trompadas, además de insultos, y arremetidas de los cuerpos policiales han sido los aderezos de algunos de esos eventos.
¿Qué por qué era gratis?
Porque el productor general del evento, el Gobierno, por intermedio del Ministerio de Cultura, o sea su titular Francisco de Asís Sesto Novás, así lo decidió.
¿Está bien que el Gobierno regale los espectáculos?
Sí, si también lo hace con la comida, la atención médica y las medicinas, el teatro también debería ser obsequiado. Lo único malo, por así decirlo, es que crea un precedente: los amantes del espectáculo no van a querer pagar nada en los eventos venideros, como el XVI Festival Internacional de Teatro de Caracas, para el cual ya fue aprobado un millardo de bolívares.
¿Se convertirá en una norma que el teatro financiado por el gobierno tendrá puerta franca de ahora en adelante?, es la picante interrogante que ahora queda en el aire.
¿A qué costos se hizo este festival?
No sabemos exactamente lo que cobraron los artistas visitantes, ni los nacionales, aunque algunas fuentes extraoficiales, dignas de crédito, nos aseguraron que se les pagó entre 5 y 10 mil dólares a los foráneos y unos dos millones de bolívares a los criollos, además del transporte, hoteles y comidas. Los lectores pueden hacer sus cálculos, porque estas cifras son aproximadas. ¿Gasto o inversión?
Los mejores
Imposible disfrutar de todos los monologantes.Ya habíamos visto a Aníbal Grunn con A tu memoria, hermoso y además desgarrador trabajo que desde esta semana ahora se mostrará en el Ateneo de Caracas, así como también Omar Gonzalo con el histórico performance El diario de un loco; lo mismo que a David Villegas en Bandolero y Malasangre; Ricardo Nortier con su excelente Apuntes de cocina de Leonardo Da Vinci, lo mejor que ha hecho en Venezuela y, por supuesto a Mimí Lazo con El aplauso va por dentro, veterano montaje que se estrenó en la temporada de 1996 y que aún sigue en escena, con notables cambios. Los inéditos o nunca antes vistos fueron los espectáculos de Norma Aleandro y Fanny Mikey, Sobre el amor y otros cuentos sobre el amor y A Fanny lo que es de Fanny. Ellas son unas verdaderas leyendas en la escena, en la televisión y el cine de sus países, además de haber ganado varios premios internacionales
Monte de Venus
Las primeras actrices Norma Aleandro (69) y Fanny Mikey (76) nacieron y realizaron sus carreras artísticas, en buena parte, en Argentina. Son amigas y además están unidas por sus abiertas y valientes conductas políticas contra las tiranías de cualquier tinte político. La primera, quien conoció a Caracas porque su amigo Carlos Giménez, la trajo a presentar su unipersonal Sobre el amor y otros cuentos sobre el amor, en los años 70, retornó a Venezuela para mostrar otro monólogo, aunque tenía el mismo título. Su exhibición en la Sala Ríos Reyna fue apoteósica. Dio una clase de actuación como nadie lo había hecho antes en ese escenario: pasaba, con una velocidad increíble y una verdad actoral casi de mito, de una mocita de 15 años a una virgen anciana de 100, y lo que hacía era manejar su cuerpo y cubrirse o descubrirse la cabeza con una mantilla. Ella, que es, por supuesto, toda una tradición del mejor teatro argentino, usó textos clásicos y otros de reciente factura. Con Fanny Mikey, que además es la promotora teatral más importante de Colombia, el asunto fue diferente.Ella era su propia obra. Su monólogo A Fanny lo que es de Fanny, cuyo título lo dice todo, está centrado en su biografía, en su paso alucinante por el mundo del teatro y del espectáculo en Argentina y en Colombia, especialmente en Bogotá.Tiene un desparpajo y una gracia única para decir las cosas más difíciles, como que es una judía que adora a la Virgen María, o que pensó o que hizo cuando se tuvo que afeitar, por primera vez, su Monte de Venus, y otros detalles íntimos como ese. Su show, muy dentro de lo que se conoce como café-concert, tiene algunos contactos con el público para interactuar, y por eso fue que, en la Sala José Félix Ribas, actuó y contó una anécdota que le ocurrió en el violento Medellín, cuando Pablo Escobar Gaviria, que aún vivía y disfrutaba de uno de sus espectáculos, no quería soltarle una de sus retadoras piernas, pero aquí al materializar esa situación lo hizo, sin saberlo, con nada más y nada menos que “Farruco” Sesto, sonriente caballero que estaba en la primera fila de la sala. Cuando él se identificó, ella se perturbó un poco, pero el espectáculo prosiguió y así contó varias escenas de su vida,declamó a Pablo Neruda, bailó tango y salsa y al final dijo a la audiencia, ya atrapada en su seno, que los venezolanos no debían olvidar que Bogotá está a menos de dos horas de vuelo y que allá los esperaba con su X Festival de Teatro Iberoamericano, en marzo y abril del 2006.
viernes, septiembre 30, 2005
Ahora Bogotá
Desde la temporada del 2004, la pieza Jav y Jos, de José Simón Escalona, en el audaz montaje que se inventó Daniel Uribe, ha seguido capturado espectadores venezolanos, alcanzando, al cabo de dos años, no menos de 50 mil espectadores en esta Tierra de Gracia. Ahora hace su primera incursión a un país vecino, precisamente a la sala Teatro Nacional, de Bogotá, donde desde este miércoles se está exhibiendo. Todavía la crítica colombiana no ha dado ni “sí” ni su “no”.
En ocasión de su reposición en el Ateneo de Caracas, pues se exhibió primero en el Celarg, donde estuvo desde febrero hasta noviembre de ese año, escribimos que al público criollo no lo asustan las locas ni las dragqueen en los teatros ni tampoco en las calles. Una parte de esa audiencia también disfruta o contempla el maratónico show que montan los travestis en las vías de Caracas o Maracaibo, sin contar los espectáculos en locales para todo tipo de espectadores. ¿Liberados o pura catarsis?
El siglo XXI puede ser como la centuria anterior: interminables desfiles de las facetas de la homosexualidad, masculina o femenina, nutrirán las carteleras teatrales ante las exigencias de la audiencia, con lo cual se materializa aquello de que “la mariquera es un buen negocio”, como lo dice el personaje Jos (Luis Fernández). Psicólogos, psiquiatras o sociólogos pueden arrojar unas cuantas luces sobre esas conductas voyeristas del público o ayudar a definir así los lineamientos de una estética del gusto homoerótico, la cual aparece o se desborda cuando la oportunidad es mostrada desde las tablas o en la penumbra de una avenida. Y una prueba de ello es el éxito de taquilla que hasta ahora ha obtenido esta pieza de José Simón Escalona, la cual, bajo la dirección de Daniel Uribe y con las actuaciones de Luis Fernández, Juan Carlos Alarcón y Miguel Gutiérrez, hizo temporada en la Sala Anna Julia Rojas.
Jav y Jos (1984), estrenada por Javier Vidal y el mismo Escalona dos años después, es otra joyita de la dramaturgia de temática homosexual o gay, la cual antes ha sido abordada de forma directa o tangencial por autores como Antonio Saavedra, Leopoldo Ayala Michelena, Rafael Guinand, Román Chalbaud, Isaac Chocrón, Johnny Gavkloski y hasta el bolivariano Rodolfo Santana. Para esta pieza, su autor retoma las enseñanzas de Chocrón y plasma la historia del dueto Jav y Jos, quienes han decidido terminar su relación de pareja o amistad íntima ante el hastío en que sobrenadan sus angustias existenciales y, fundamentalmente, porque han descubierto que la vejez, para no aludir a la muerte, es imparable y que lo mejor es romper para volver a empezar otra unión, creyendo que así el tiempo retrocede y continuarán viviendo en “el país de nunca jamás”, porque son, sin saberlo o comprenderlo, versiones carnales del fantástico Peter Pan.
Tennessee Williams enseña que lo importante de una pieza teatral no es la conducta sexual de los personajes, sino que en ella se digan cosas más universales y no tan particulares. Eso ocurre con Jav y Jos, que no es sólo una mascarada que se inventan unos homosexuales para exorcizar sus soledades o angustias existenciales. Es un recurso del autor para mostrar y proponer una reflexión sobre las peculiaridades de una vida en pareja cuando ésta no tiene hijos carnales o putativos, ni tareas que les consuman tiempo y reflexiones cotidianas. Es un show sobre la soledad en medio del boato de la farándula y la vida sin complicaciones, al tiempo que es un permanente viaje hacia el pasado perdido.
El espectáculo Jav y Jos del siglo XXI, tiene un exultante barroquismo, sin exagerar ni mostrar más allá de las nalgas de Valcárcel. El gran trabajo es de los actores, en especial de Fernández, no sólo por el riesgo físico -usan elevados tacones todo el tiempo- sino por la caracterización que dan a sus personajes, quienes oscilan entre el desenfrenado dragqueen hasta el respetable caballero fashion que no tiene ni entiende la razón misma de su existencia. Hay decenas de chistes para disfrutar, pero la atmósfera es trágica, aunque las luces de una discoteca inviten a olvidar.
¿Que pasará en Bogotá? No sabemos, pero es interesante esta confrontación, tanto por la pieza, como por los actores. Ya escribiremos sobre ello.
En ocasión de su reposición en el Ateneo de Caracas, pues se exhibió primero en el Celarg, donde estuvo desde febrero hasta noviembre de ese año, escribimos que al público criollo no lo asustan las locas ni las dragqueen en los teatros ni tampoco en las calles. Una parte de esa audiencia también disfruta o contempla el maratónico show que montan los travestis en las vías de Caracas o Maracaibo, sin contar los espectáculos en locales para todo tipo de espectadores. ¿Liberados o pura catarsis?
El siglo XXI puede ser como la centuria anterior: interminables desfiles de las facetas de la homosexualidad, masculina o femenina, nutrirán las carteleras teatrales ante las exigencias de la audiencia, con lo cual se materializa aquello de que “la mariquera es un buen negocio”, como lo dice el personaje Jos (Luis Fernández). Psicólogos, psiquiatras o sociólogos pueden arrojar unas cuantas luces sobre esas conductas voyeristas del público o ayudar a definir así los lineamientos de una estética del gusto homoerótico, la cual aparece o se desborda cuando la oportunidad es mostrada desde las tablas o en la penumbra de una avenida. Y una prueba de ello es el éxito de taquilla que hasta ahora ha obtenido esta pieza de José Simón Escalona, la cual, bajo la dirección de Daniel Uribe y con las actuaciones de Luis Fernández, Juan Carlos Alarcón y Miguel Gutiérrez, hizo temporada en la Sala Anna Julia Rojas.
Jav y Jos (1984), estrenada por Javier Vidal y el mismo Escalona dos años después, es otra joyita de la dramaturgia de temática homosexual o gay, la cual antes ha sido abordada de forma directa o tangencial por autores como Antonio Saavedra, Leopoldo Ayala Michelena, Rafael Guinand, Román Chalbaud, Isaac Chocrón, Johnny Gavkloski y hasta el bolivariano Rodolfo Santana. Para esta pieza, su autor retoma las enseñanzas de Chocrón y plasma la historia del dueto Jav y Jos, quienes han decidido terminar su relación de pareja o amistad íntima ante el hastío en que sobrenadan sus angustias existenciales y, fundamentalmente, porque han descubierto que la vejez, para no aludir a la muerte, es imparable y que lo mejor es romper para volver a empezar otra unión, creyendo que así el tiempo retrocede y continuarán viviendo en “el país de nunca jamás”, porque son, sin saberlo o comprenderlo, versiones carnales del fantástico Peter Pan.
Tennessee Williams enseña que lo importante de una pieza teatral no es la conducta sexual de los personajes, sino que en ella se digan cosas más universales y no tan particulares. Eso ocurre con Jav y Jos, que no es sólo una mascarada que se inventan unos homosexuales para exorcizar sus soledades o angustias existenciales. Es un recurso del autor para mostrar y proponer una reflexión sobre las peculiaridades de una vida en pareja cuando ésta no tiene hijos carnales o putativos, ni tareas que les consuman tiempo y reflexiones cotidianas. Es un show sobre la soledad en medio del boato de la farándula y la vida sin complicaciones, al tiempo que es un permanente viaje hacia el pasado perdido.
El espectáculo Jav y Jos del siglo XXI, tiene un exultante barroquismo, sin exagerar ni mostrar más allá de las nalgas de Valcárcel. El gran trabajo es de los actores, en especial de Fernández, no sólo por el riesgo físico -usan elevados tacones todo el tiempo- sino por la caracterización que dan a sus personajes, quienes oscilan entre el desenfrenado dragqueen hasta el respetable caballero fashion que no tiene ni entiende la razón misma de su existencia. Hay decenas de chistes para disfrutar, pero la atmósfera es trágica, aunque las luces de una discoteca inviten a olvidar.
¿Que pasará en Bogotá? No sabemos, pero es interesante esta confrontación, tanto por la pieza, como por los actores. Ya escribiremos sobre ello.
jueves, septiembre 22, 2005
Mala sangre
Ha comenzado la temporada teatral caraqueña 2005-2006 con un espectáculo que vino desde Guanare. Se trata de La sangre, de Sergei Belbel (España, 1963), con una deficiente puesta en escena por Armando Holzer, pero correctamente producido gracias al tesón de la Compañía Regional de Teatro de Portuguesa (Crtp) y la Compañía Nacional de Teatro (CNT), o al empeño de sus gerentes culturales Carlos Arroyo y Eduardo Gil para hacer posible ese montaje, el cual hizo una breve temporada en la Sala Alberto de Paz y Mateos.
La sangre no es cualquier texto teatral. Es la terrible historia del secuestro de la esposa de un líder político y de la macabra negociación que se establece entre sus captores y los familiares de la desdichada mujer, porque, para presionar el pago del rescate, le van cortando o amputado partes de su cuerpo: primero es un dedo; después una oreja, luego un pie y al final: la cabeza. ¡La realidad siempre será superior a la ficción teatral, que no se olvide jamás!
Belbel, ya conocido en Caracas por su comedia Hombres, no ha inventado nada.Ese método de secuestrar y despedazar al raptado es casi cotidiano entre las tácticas de los delincuentes corrientes y los terroristas. Lo que si creemos es que por primera vez se lleva al teatro. El fin último de esta pieza es advertir sobre los excesos de una sociedad donde la muerte o la amputación son ya banalidades para los medios de comunicación, una sociedad que está drogada por tanta violencia, una sociedad que vive una segunda Edad Media.
El espectáculo La sangre está preñado, sin lugar a dudas, de buenas intenciones y es además consecuencia de una esmerada entrega de los actores y los productores, pero en la función inaugural lo que se percibió fue un fastidio generalizado, de principio a fin, porque la dirección se equivocó no sólo en los conceptos de la iluminación, sino que además se le olvidó el ritmo de las escenas -no estamos pidiendo un videoclip- e hizo del montaje un dilatado ritual a media luz. Como consecuencia: mató la emoción de la pieza y los espectadores se aburrieron, algo grave en el teatro, por la lentitud del discurso escénico y por esa sórdida penumbra o equivocada iluminación. ¡No hay derecho a tantos excesos seudo artísticos!
Lo que si no tiene mácula es el trabajo actoral. Un verdadero elenco de profesionales que se los quisiera una agrupación caraqueña. Ellos son: Mayeli Delfín, Elvis Collado, Emilger Arroyo, Jenifer Goyo, Edilsa Montilla, Lihusmar Ostos y Jesús Plaza. Actores bien trabajados, no sólo para este espectáculo, sino porque desde 1991 acompañan a Carlos Arroyo y es mucho lo que han estudiado y experimentado. Es por ello que hemos escrito esta crítica, porque no tienen la culpa de los errores de otro. ¡Se hace camino!
Otro problema
Hubiésemos querido más calidad en el evento abridor de otro año teatral, más brillo en esa puesta en escena, porque se trata de un meritorio director criollo y una respetable institución de la siempre abandonada provincia, pero, al parecer, no se puede pedir tanto a un movimiento artístico que hace esfuerzos para no perecer en medio de la incertidumbre financiera, a consecuencia de las fallas administrativas de un Estado que atenta contra sí mismo.Sí, un Estado que aún mantiene rémoras de anteriores gobiernos. No puede ser que durante los nueve primeros meses de este difícil 2005 la mayoría de las agrupaciones teatrales, como la Crtp, no hayan recibido sus subsidios para la producción de los montajes, una anomalía que afecta todo, pues sin los recursos financieros no hay cómo trabajar, ni cómo atender a los artistas. Si no hay cómo pagar un servicio, no hay moral para exigir calidad y todo termina por hacerse a medias. Creemos que no hay mala fe ni mala conciencia entre los funcionarios del Conac, sino una obsoleta y maldita metodología del trabajo burocrático, el cual impide que los recursos fluyan a tiempo, cuando precisamente esos aportes están asignados o aprobados desde el primer trimestre de cada año. No puede un gobierno estar de espaldas a sus artistas. No puede ser que se piense en paradigmas de cambios, pero los músculos estén inertes o anquilosados. Ojalá que el Ministerio de Cultura pueda tomar cartas en este asunto. Habrá que esperar a que el Instituto de Artes Escénicas y Música (Iaem) entre definitivamente en funciones y así las agrupaciones reciban a tiempo los recursos que el Estado asigna para los creadores culturales, que no son sólo los del sector de espectáculos
La sangre no es cualquier texto teatral. Es la terrible historia del secuestro de la esposa de un líder político y de la macabra negociación que se establece entre sus captores y los familiares de la desdichada mujer, porque, para presionar el pago del rescate, le van cortando o amputado partes de su cuerpo: primero es un dedo; después una oreja, luego un pie y al final: la cabeza. ¡La realidad siempre será superior a la ficción teatral, que no se olvide jamás!
Belbel, ya conocido en Caracas por su comedia Hombres, no ha inventado nada.Ese método de secuestrar y despedazar al raptado es casi cotidiano entre las tácticas de los delincuentes corrientes y los terroristas. Lo que si creemos es que por primera vez se lleva al teatro. El fin último de esta pieza es advertir sobre los excesos de una sociedad donde la muerte o la amputación son ya banalidades para los medios de comunicación, una sociedad que está drogada por tanta violencia, una sociedad que vive una segunda Edad Media.
El espectáculo La sangre está preñado, sin lugar a dudas, de buenas intenciones y es además consecuencia de una esmerada entrega de los actores y los productores, pero en la función inaugural lo que se percibió fue un fastidio generalizado, de principio a fin, porque la dirección se equivocó no sólo en los conceptos de la iluminación, sino que además se le olvidó el ritmo de las escenas -no estamos pidiendo un videoclip- e hizo del montaje un dilatado ritual a media luz. Como consecuencia: mató la emoción de la pieza y los espectadores se aburrieron, algo grave en el teatro, por la lentitud del discurso escénico y por esa sórdida penumbra o equivocada iluminación. ¡No hay derecho a tantos excesos seudo artísticos!
Lo que si no tiene mácula es el trabajo actoral. Un verdadero elenco de profesionales que se los quisiera una agrupación caraqueña. Ellos son: Mayeli Delfín, Elvis Collado, Emilger Arroyo, Jenifer Goyo, Edilsa Montilla, Lihusmar Ostos y Jesús Plaza. Actores bien trabajados, no sólo para este espectáculo, sino porque desde 1991 acompañan a Carlos Arroyo y es mucho lo que han estudiado y experimentado. Es por ello que hemos escrito esta crítica, porque no tienen la culpa de los errores de otro. ¡Se hace camino!
Otro problema
Hubiésemos querido más calidad en el evento abridor de otro año teatral, más brillo en esa puesta en escena, porque se trata de un meritorio director criollo y una respetable institución de la siempre abandonada provincia, pero, al parecer, no se puede pedir tanto a un movimiento artístico que hace esfuerzos para no perecer en medio de la incertidumbre financiera, a consecuencia de las fallas administrativas de un Estado que atenta contra sí mismo.Sí, un Estado que aún mantiene rémoras de anteriores gobiernos. No puede ser que durante los nueve primeros meses de este difícil 2005 la mayoría de las agrupaciones teatrales, como la Crtp, no hayan recibido sus subsidios para la producción de los montajes, una anomalía que afecta todo, pues sin los recursos financieros no hay cómo trabajar, ni cómo atender a los artistas. Si no hay cómo pagar un servicio, no hay moral para exigir calidad y todo termina por hacerse a medias. Creemos que no hay mala fe ni mala conciencia entre los funcionarios del Conac, sino una obsoleta y maldita metodología del trabajo burocrático, el cual impide que los recursos fluyan a tiempo, cuando precisamente esos aportes están asignados o aprobados desde el primer trimestre de cada año. No puede un gobierno estar de espaldas a sus artistas. No puede ser que se piense en paradigmas de cambios, pero los músculos estén inertes o anquilosados. Ojalá que el Ministerio de Cultura pueda tomar cartas en este asunto. Habrá que esperar a que el Instituto de Artes Escénicas y Música (Iaem) entre definitivamente en funciones y así las agrupaciones reciban a tiempo los recursos que el Estado asigna para los creadores culturales, que no son sólo los del sector de espectáculos
viernes, septiembre 16, 2005
Dos cubanos
Gracias a la agrupación Teatrela (Teatro de Repertorio Latinoamericano) hemos conocido en la escena un par de piezas del mejor teatro cubano: Los mangos de Caín, de Abelardo Estorino, y Falsa alarma, de Virgilio Piñera. Obras que bajo el título genérico Trópico del crimen hicieron temporada en la Sala Luis Peraza, donde se lucieron los actores Diana Volpe, Ludwig Pineda, José Gregorio Martínez y Félix Colina, dirigidos con creatividad y precisión por Costa Palamides, director de esta agrupación caraqueña que ha organizado una verdadera “fiesta patronal” para celebrar que llevan 20 años haciendo buen teatro, superando a las rémoras y mezquindades propias del trópico caribeño.
Los caraqueños amantes del teatro deben a Teatrela el acercamiento a autores cubanos claves, como Estorino (1925) y especialmente de Piñera (1912-1979), de quien sólo se había exhibido, a nivel profesional y en producción nacional, a Dos viejos pánicos , en un montaje que hizo Luis Julio Bermúdez en el Teatro Chacaíto, en los años 70.
Pero, ¿Por qué el teatro de la patria de José Martí, se escenifica poco aquí en Venezuela? Se desconoce, como lo subraya el crítico Orlando Rodríguez, la importancia del humor y el absurdo en la dramaturgia insular, heredados del mejor teatro bufo hispano del siglo XIX, donde Virgilio Piñera incluso se convierte en un precursor de la absurdidad con su Electra Garrigó, estrenada en 1948, dos años antes que el rumano Eugene Ionesco exhibiera La cantante calva y se hiciera famoso y hasta lograra, décadas después, el Premio Nobel de Literatura.
¿Qué por qué se monta tan poco teatro cubano? Hay muchas respuestas, algunas crueles, pero la verdad es que el eurocentrismo impera aún en cada uno de los paises americanos y no se sabe cuándo será superado ese atavismo cultural, uno de los peores resabios del coloniaje a que ha estado sometido este balcanizado continente .Igual ocurre con el teatro venezolano, el cual incluso en varias temporadas es más representado afuera que aquí. ¿Tendrá que venir una disposición oficial para hacer obligatorias las escenificaciones de la dramaturgia criolla o imponer una especie de uno por uno como sucede en la música? No se sabe, pero son los mismos teatreros quienes deben proponerse a escenificar a los mejores autores y no esperar que se los impongan el gobierno o se los negocie “suavemente”.
Trópico del crimen
El director Costa Palamides tomó los textos de Estorino y Piñera y los unió para su espectáculo, separados por un breve intermedio para los cambios escenográficos, a partir de la crítica que ambos dramaturgos hacen a la justicia: uno, a la del Todopoderoso, y otro, a la humana o terrenal, esa que debe ser ciega y muda. De ahí el titulo Trópico del crimen, porque en ambas se mata el cuerpo o el alma de seres humanos.
En Los mangos de Caín (1965) se metaforizan los antecedentes de por qué Abel fue asesinado por su hermano , además de las extrañas relaciones entre Eva y sus hijos y la impertinente presencia de Dios en los momentos menos esperados. Hay un fino juego humorístico en torno al mito bíblico, pero sin caer en chabacanerías, y al mismo tiempo se alude al Todopoderoso que fue ser una alusión al poder de un gobernante supremo, de eso que han abundado y aún permanecen en América. En síntesis: es una deliciosa pieza cubana, donde las manzanas han sido sustituidas por mangos.Más obvio no puede ser lo que ahí se propone. De ahí su importancia para que nuestros dramaturgos jóvenes y los espectadores la disfruten.
Falsa alarma (1959) es una de la más corrosivas críticas que hayamos visto en el teatro sobre la justicia burguesa, esa que combina el placer sensual con los códigos, con la buena vida y las torturas psicológicas a los que han caido en desgracia y están sometidos a un absurdo proceso judicial. No es nada agradable ni placentera la pieza. Es árida, porque así lo escribió el autor, aunque gracias a la habilidad del director Costa se hace digerible, apoyado por ese buen cuarteto de comediantes: Diana, Ludwig, José Gregorio y Félix, quienes se lucen con las dos piezas.
¡Viva el buen teatro cubano representado!
Los caraqueños amantes del teatro deben a Teatrela el acercamiento a autores cubanos claves, como Estorino (1925) y especialmente de Piñera (1912-1979), de quien sólo se había exhibido, a nivel profesional y en producción nacional, a Dos viejos pánicos , en un montaje que hizo Luis Julio Bermúdez en el Teatro Chacaíto, en los años 70.
Pero, ¿Por qué el teatro de la patria de José Martí, se escenifica poco aquí en Venezuela? Se desconoce, como lo subraya el crítico Orlando Rodríguez, la importancia del humor y el absurdo en la dramaturgia insular, heredados del mejor teatro bufo hispano del siglo XIX, donde Virgilio Piñera incluso se convierte en un precursor de la absurdidad con su Electra Garrigó, estrenada en 1948, dos años antes que el rumano Eugene Ionesco exhibiera La cantante calva y se hiciera famoso y hasta lograra, décadas después, el Premio Nobel de Literatura.
¿Qué por qué se monta tan poco teatro cubano? Hay muchas respuestas, algunas crueles, pero la verdad es que el eurocentrismo impera aún en cada uno de los paises americanos y no se sabe cuándo será superado ese atavismo cultural, uno de los peores resabios del coloniaje a que ha estado sometido este balcanizado continente .Igual ocurre con el teatro venezolano, el cual incluso en varias temporadas es más representado afuera que aquí. ¿Tendrá que venir una disposición oficial para hacer obligatorias las escenificaciones de la dramaturgia criolla o imponer una especie de uno por uno como sucede en la música? No se sabe, pero son los mismos teatreros quienes deben proponerse a escenificar a los mejores autores y no esperar que se los impongan el gobierno o se los negocie “suavemente”.
Trópico del crimen
El director Costa Palamides tomó los textos de Estorino y Piñera y los unió para su espectáculo, separados por un breve intermedio para los cambios escenográficos, a partir de la crítica que ambos dramaturgos hacen a la justicia: uno, a la del Todopoderoso, y otro, a la humana o terrenal, esa que debe ser ciega y muda. De ahí el titulo Trópico del crimen, porque en ambas se mata el cuerpo o el alma de seres humanos.
En Los mangos de Caín (1965) se metaforizan los antecedentes de por qué Abel fue asesinado por su hermano , además de las extrañas relaciones entre Eva y sus hijos y la impertinente presencia de Dios en los momentos menos esperados. Hay un fino juego humorístico en torno al mito bíblico, pero sin caer en chabacanerías, y al mismo tiempo se alude al Todopoderoso que fue ser una alusión al poder de un gobernante supremo, de eso que han abundado y aún permanecen en América. En síntesis: es una deliciosa pieza cubana, donde las manzanas han sido sustituidas por mangos.Más obvio no puede ser lo que ahí se propone. De ahí su importancia para que nuestros dramaturgos jóvenes y los espectadores la disfruten.
Falsa alarma (1959) es una de la más corrosivas críticas que hayamos visto en el teatro sobre la justicia burguesa, esa que combina el placer sensual con los códigos, con la buena vida y las torturas psicológicas a los que han caido en desgracia y están sometidos a un absurdo proceso judicial. No es nada agradable ni placentera la pieza. Es árida, porque así lo escribió el autor, aunque gracias a la habilidad del director Costa se hace digerible, apoyado por ese buen cuarteto de comediantes: Diana, Ludwig, José Gregorio y Félix, quienes se lucen con las dos piezas.
¡Viva el buen teatro cubano representado!
jueves, septiembre 15, 2005
Copenhague en Caracas
La bomba atómica fue inventada en las universidades europeas y norteamericanas. Después comenzó una endemoniada carrera entre Estados Unidos, Alemania y Japón para ver quien la fabricaba y la utilizaba primero en objetivos militares, civiles e industriales en contra de sus rivales. Washington lo hizo y lanzó tres artefactos -destruyeron a Hiroshima y Nagazaki, y la refinería Tsuchizaku- para iniciar, desde aquel nefasto agosto de 1945, la era del terror nuclear
Al principio fue el predominio atómico unipolar de Estados Unidos y después se convirtió en tragicómica competencia con otras siete naciones para ver quién lograba reunir las armas más potentes y jugaba a sobrevivir después a una conflagración con tales engendros tecnológicos.
De esta manera, uno de los descubrimientos más trascendentales de la ciencia, como es el control de la desintegración del átomo, se transformó en una apocalíptica espada de Damocles que amenaza la vida humana y vegetal de todo el planeta. Ahora, lo único que se puede hacer para anular el poderío acumulado es concertar la paz, como lo recomendaba Albert Einstein, acuerdo pacifista que estará siempre sobre la cuerda floja y podrá romperse cuando algún gobernante megalómano decida zanjar sus diferencias ideológicas o desacuerdos comerciales con el vecindario y utilice una o varias de las letales bombas, a riesgo de recibir una contundente respuesta. ¡Será el final de todo!
Gracias a Copenhague, excelente pieza teatral del británico Michael Frayn, la cual hace temporada en la Sala de Conciertos del Ateneo bajo la correctísima dirección de Héctor Manrique y con las estupendas actuaciones de Juan Manuel Montesinos, Alejo Felipe y María Cristina Lozada, los venezolanos podrán conocer ciertos detalles íntimos de cómo se gestaron las primeras atómicas a partir de una historia real y las deducciones que el dramaturgo hizo, tras exhaustiva investigación, de las relaciones de amistad que mantuvieron, hasta la muerte, los científicos Niels Bohr (judío danés) y Werner Heisenberg (alemán) .
En Copenhague, texto que debería ser llevado al cine por toda la historia del contexto ahí acumulada, como es la Segunda Guerra Mundial y sus epílogos, se revela, una vez más, la maldad que los seres humanos llevamos por dentro, ese deseo de ser dioses o demonios, sin medir las consecuencias de tales locuras. Bohr y Heisenberg tenían en sus manos los mecanismos teóricos que permitían la creación de las primeras bombas, bien para Estados Unidos o Alemania. Los nazis perdieron esa competencia y quedó la duda de si fue por una deslealtad o una crisis ética de Heisenberg, o porque Bohr sí tuvo todo el apoyo final para armar la primera atómica en el laboratorio de Los Álamos. Que uno haya sido bueno o malo el otro, ya no importa.¡Lo único cierto es que todos los científicos le fallaron a la humanidad y crearon un Frankestein con el cual habrá que dormir hasta que llegue la hora del Juicio Final!
Es cruel lo que enseña la metáfora de Copenhague. Aquellos espectadores que ignoren lo que es el átomo y sus interioridades, así como el infierno que encierra, podrán disfrutar de la habilidosa puesta en escena y de las actuaciones, donde hay un desconocido Montesinos (Heisenberg) jugando a ser el bueno de esa tragicomedia, un Felipe (Bohr) empeñado en salvar a la ciencia por encima de las debilidades humanas y una Lozada (Margarita) como mediadora del choque de trenes de esos dos hombres que se jugaron el futuro de la humanidad. Este espectáculo, de puro texto, con tres de los mejores actores que tiene el teatro venezolano actual, es una lección de trabajo digno, constante y único, como lo está haciendo Héctor Manrique, quien a sus 43 años ha montado 20 obras y actuado en 30.
A 60 años de las primeras muertes colectivas con armas atómicas, la humanidad asiste aterrada a otro experimento científico que podrá ser igual de nefasto o peor que lo que hicieron los sabios atómicos. Y es la competencia que hay entre varios laboratorios para la utilización de embriones humanos o células madres, en supuestas curas milagrosas de enfermedades degenerativas u obtener seres perfectos, o clones que podrían ser dedicados a muchos fines, supuestamente altruistas. Pero es casi seguro que no será así y nadie debe extrañarse de que mañana aparezca alguna arma biológica para dominar a tal o cual sector del planeta. ¡Dios nos salve!
Al principio fue el predominio atómico unipolar de Estados Unidos y después se convirtió en tragicómica competencia con otras siete naciones para ver quién lograba reunir las armas más potentes y jugaba a sobrevivir después a una conflagración con tales engendros tecnológicos.
De esta manera, uno de los descubrimientos más trascendentales de la ciencia, como es el control de la desintegración del átomo, se transformó en una apocalíptica espada de Damocles que amenaza la vida humana y vegetal de todo el planeta. Ahora, lo único que se puede hacer para anular el poderío acumulado es concertar la paz, como lo recomendaba Albert Einstein, acuerdo pacifista que estará siempre sobre la cuerda floja y podrá romperse cuando algún gobernante megalómano decida zanjar sus diferencias ideológicas o desacuerdos comerciales con el vecindario y utilice una o varias de las letales bombas, a riesgo de recibir una contundente respuesta. ¡Será el final de todo!
Gracias a Copenhague, excelente pieza teatral del británico Michael Frayn, la cual hace temporada en la Sala de Conciertos del Ateneo bajo la correctísima dirección de Héctor Manrique y con las estupendas actuaciones de Juan Manuel Montesinos, Alejo Felipe y María Cristina Lozada, los venezolanos podrán conocer ciertos detalles íntimos de cómo se gestaron las primeras atómicas a partir de una historia real y las deducciones que el dramaturgo hizo, tras exhaustiva investigación, de las relaciones de amistad que mantuvieron, hasta la muerte, los científicos Niels Bohr (judío danés) y Werner Heisenberg (alemán) .
En Copenhague, texto que debería ser llevado al cine por toda la historia del contexto ahí acumulada, como es la Segunda Guerra Mundial y sus epílogos, se revela, una vez más, la maldad que los seres humanos llevamos por dentro, ese deseo de ser dioses o demonios, sin medir las consecuencias de tales locuras. Bohr y Heisenberg tenían en sus manos los mecanismos teóricos que permitían la creación de las primeras bombas, bien para Estados Unidos o Alemania. Los nazis perdieron esa competencia y quedó la duda de si fue por una deslealtad o una crisis ética de Heisenberg, o porque Bohr sí tuvo todo el apoyo final para armar la primera atómica en el laboratorio de Los Álamos. Que uno haya sido bueno o malo el otro, ya no importa.¡Lo único cierto es que todos los científicos le fallaron a la humanidad y crearon un Frankestein con el cual habrá que dormir hasta que llegue la hora del Juicio Final!
Es cruel lo que enseña la metáfora de Copenhague. Aquellos espectadores que ignoren lo que es el átomo y sus interioridades, así como el infierno que encierra, podrán disfrutar de la habilidosa puesta en escena y de las actuaciones, donde hay un desconocido Montesinos (Heisenberg) jugando a ser el bueno de esa tragicomedia, un Felipe (Bohr) empeñado en salvar a la ciencia por encima de las debilidades humanas y una Lozada (Margarita) como mediadora del choque de trenes de esos dos hombres que se jugaron el futuro de la humanidad. Este espectáculo, de puro texto, con tres de los mejores actores que tiene el teatro venezolano actual, es una lección de trabajo digno, constante y único, como lo está haciendo Héctor Manrique, quien a sus 43 años ha montado 20 obras y actuado en 30.
A 60 años de las primeras muertes colectivas con armas atómicas, la humanidad asiste aterrada a otro experimento científico que podrá ser igual de nefasto o peor que lo que hicieron los sabios atómicos. Y es la competencia que hay entre varios laboratorios para la utilización de embriones humanos o células madres, en supuestas curas milagrosas de enfermedades degenerativas u obtener seres perfectos, o clones que podrían ser dedicados a muchos fines, supuestamente altruistas. Pero es casi seguro que no será así y nadie debe extrañarse de que mañana aparezca alguna arma biológica para dominar a tal o cual sector del planeta. ¡Dios nos salve!
jueves, septiembre 08, 2005
Violentísimo
Jesús Mandingo (José Manuel Suárez) tenía 15 años. Ahora yace en la morgue y dentro de unas cuantas horas irá al último sector del cementerio. Su único deseo vital era poder volar un papagayo y conocer además la felicidad y el amor. Así lo aprendió de su adorada abuela (Myriam Pareja), quien le repetía: “El amor es lo único verdadero de esta vida. Si no lo sientes por nadie, si nadie lo siente por ti, estás muerto. Si no lo tienes dentro de tu corazón, no vale la pena ni respirar”. Ese parlamento, poético además, remite al espectador a ese popular verso de Walt Whitman, que repetía, cual letanía, Carlos Giménez: “Quien camina una legua sin amor/camina amortajado a su propia sepultura”.
Al adolescente Mandingo lo mataron unos desconocidos a tiros en las escaleras de su humilde e infrahumana barriada. Algunos suponen que fue gente de su mismo barrio, porque tenía conflictos o unas cuantas “culebras”; pero otros, más avezados, comentan que lo hizo un equipo de exterminadores o personas interesadas “en la profilaxia social, para así evitarse mayores problemas cuando esa niñez descarriada crezca”. ¿Fascismo?
¿Pero quién es ese Jesús Mandigo que todos sabemos que existe, pero que nadie hace algo para rescatarlo y salvarlo? Es el protagonista del espectáculo Violento, creado por Aníbal Grunn a partir del texto original de Ana Teresa Sosa (Caracas, 1956), una sobria y artística producción de Benjamín Cohen que se exhibe en la Sala Rajatabla y donde intervienen, entre otros, Flor Elena González, Saúl Marín, José Manuel Suárez, Aileen Celeste, Marco Alcalá, Guillermo García y Myriam Pareja, entre otros.
Violento presenta otra cruda y recurrente situación de miseria humana en una anónima urbanización popular de una desconocida urbe. Puede ser Sao Paulo, Medellín o Caracas, o alguna otra ciudad latinoamericana, donde niños y niñas se crían en las calles, conocen todos los vicios a tempranas edades, los hacen adictos a los narcóticos o a la pega de zapatos, los prostituyen o los usan para asaltos o asesinatos, tras adiestrarlos como eficaces sicarios. ¡Colombia no es la única!
Esa temática que Sosa ha llevado ahora al teatro no es nada nueva ni original, pero si resulta creativa la forma como escribió el texto y la poesía que emanan de sus personajes, como los resueltos por el niño Suárez y la veterana actriz Pareja. El teatro venezolano del siglo XX está rebosante con esos prototipos de la marginalidad urbana, según como fueron creados por autores de la talla de César Rengifo, Román Chalbaud y hasta el mismo Rodolfo Santana. Lo que ocurre es que en los albores del siglo XXI lo exhibido por Violento es mucho más estremecedor porque ahora pululan o abundan más esos niños delincuentes y porque la descomposición social está más agudizada que en las décadas anteriores. Y no hay que echarle la culpa a una de las tantas gerencias políticas del Estado, sino que hay que cambiar al mismo Estado y adelantar una reingeniería social donde el éxito no será fácil ni inmediato, ni está garantizado.
Debemos aclarar que Violento no transcurre únicamente en Caracas, sucede en cualquier ciudad latinoamericana donde los índices de pobreza solamente se conocen en los medios de comunicación y en los batiburrillos políticos donde se usan para alcanzar presupuestos que nunca llegan a su destino. Cosas como las que dicen Sosa y exhibe Grunn son reflejadas constantemente en periódicos y televisoras, a sabiendas de que la muerte y la violencia son temas banales, cotidianos, y compiten por la situación más escabrosa o la mayor cantidad de víctimas.
Es imposible ver a Violento o el filme Secuestro Express, y quedarse impávido. Ha tenido que ser el trío Sosa-Grunn-Cohen el que se haya atrevido a recordarle a los caraqueños lo que pasa en este continente, donde abundan los recursos naturales y los económicos pero faltan los gerentes políticos adecuados, para emprender las profundas reformas sociales que se requieren y que los sabios han recomendado.
El espectáculo, sin ser novedoso en sus planteamientos, es ágil y práctico, además utiliza de gran manera a la Sala Rajatabla, donde se han exhibido montajes trascendentes del teatro criollo durante varias temporadas. Hay un elenco bien adiestrado, que dice bien sus textos, como tiene que hacerse cuando se interpreta una pieza coral del talante de Violento. ¡Bravo!
Al adolescente Mandingo lo mataron unos desconocidos a tiros en las escaleras de su humilde e infrahumana barriada. Algunos suponen que fue gente de su mismo barrio, porque tenía conflictos o unas cuantas “culebras”; pero otros, más avezados, comentan que lo hizo un equipo de exterminadores o personas interesadas “en la profilaxia social, para así evitarse mayores problemas cuando esa niñez descarriada crezca”. ¿Fascismo?
¿Pero quién es ese Jesús Mandigo que todos sabemos que existe, pero que nadie hace algo para rescatarlo y salvarlo? Es el protagonista del espectáculo Violento, creado por Aníbal Grunn a partir del texto original de Ana Teresa Sosa (Caracas, 1956), una sobria y artística producción de Benjamín Cohen que se exhibe en la Sala Rajatabla y donde intervienen, entre otros, Flor Elena González, Saúl Marín, José Manuel Suárez, Aileen Celeste, Marco Alcalá, Guillermo García y Myriam Pareja, entre otros.
Violento presenta otra cruda y recurrente situación de miseria humana en una anónima urbanización popular de una desconocida urbe. Puede ser Sao Paulo, Medellín o Caracas, o alguna otra ciudad latinoamericana, donde niños y niñas se crían en las calles, conocen todos los vicios a tempranas edades, los hacen adictos a los narcóticos o a la pega de zapatos, los prostituyen o los usan para asaltos o asesinatos, tras adiestrarlos como eficaces sicarios. ¡Colombia no es la única!
Esa temática que Sosa ha llevado ahora al teatro no es nada nueva ni original, pero si resulta creativa la forma como escribió el texto y la poesía que emanan de sus personajes, como los resueltos por el niño Suárez y la veterana actriz Pareja. El teatro venezolano del siglo XX está rebosante con esos prototipos de la marginalidad urbana, según como fueron creados por autores de la talla de César Rengifo, Román Chalbaud y hasta el mismo Rodolfo Santana. Lo que ocurre es que en los albores del siglo XXI lo exhibido por Violento es mucho más estremecedor porque ahora pululan o abundan más esos niños delincuentes y porque la descomposición social está más agudizada que en las décadas anteriores. Y no hay que echarle la culpa a una de las tantas gerencias políticas del Estado, sino que hay que cambiar al mismo Estado y adelantar una reingeniería social donde el éxito no será fácil ni inmediato, ni está garantizado.
Debemos aclarar que Violento no transcurre únicamente en Caracas, sucede en cualquier ciudad latinoamericana donde los índices de pobreza solamente se conocen en los medios de comunicación y en los batiburrillos políticos donde se usan para alcanzar presupuestos que nunca llegan a su destino. Cosas como las que dicen Sosa y exhibe Grunn son reflejadas constantemente en periódicos y televisoras, a sabiendas de que la muerte y la violencia son temas banales, cotidianos, y compiten por la situación más escabrosa o la mayor cantidad de víctimas.
Es imposible ver a Violento o el filme Secuestro Express, y quedarse impávido. Ha tenido que ser el trío Sosa-Grunn-Cohen el que se haya atrevido a recordarle a los caraqueños lo que pasa en este continente, donde abundan los recursos naturales y los económicos pero faltan los gerentes políticos adecuados, para emprender las profundas reformas sociales que se requieren y que los sabios han recomendado.
El espectáculo, sin ser novedoso en sus planteamientos, es ágil y práctico, además utiliza de gran manera a la Sala Rajatabla, donde se han exhibido montajes trascendentes del teatro criollo durante varias temporadas. Hay un elenco bien adiestrado, que dice bien sus textos, como tiene que hacerse cuando se interpreta una pieza coral del talante de Violento. ¡Bravo!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)