jueves, junio 29, 2006

Infielmente tuyo o 20 años no son nada

El matrimonio, desde tiempos inmemoriales, tiene severas reglas que exigen la fidelidad física y sentimental para sus miembros, y advierte que las violaciones o irrespetos a las mismas pueden ser fatales. La dama, por lo general, suele ser decapitada y execrada su familia, si el caballero la descubre enamorada de otro hombre o en un acto lascivo; pero no sucede lo mismo si es el señor el que se busca otra mujer y no precisamente para contar estrellas o recolectar flores en un jardín japonés. Durante los dos últimos siglos, las costumbres han cambiado rotundamente y ya esos problemas íntimos, que han sido abordados por psiquiatras y penalistas, no se resuelven de manera tan sangrienta, pero hay todavía algunos remanentes del legendario “código de honor español” que avalan o justifican “lavar tales ofensas con sangre”.
El gran Federico Garcìa Lorca dejò paginas teatrales nunca superadas sobre ese drama de la infidelidad.La literatura universal se ha nutrido de múltiples y fantásticas sagas sobre las aventuras extraconyugales, vulgarmente conocidas como “cuernos”, de uno o de los dos miembros de una relación matrimonial y ha entregado centenares de novelas, guiones para el cine, la televisiòn y especialmente para el teatro, ya que esos temas siempre deleitan a las audiencias, muy en especial cuando son comedias con finales felices y hasta moralizantes. El periodismo también ha hecho lo suyo y es un fértil filón para lo que se conoce en España como “prensa del corazón".
En los tiempos contemporáneos, el comediógrafo más solicitado, porque escribe el mejor teatro de los “cuernos”, ha sido Neil Simon (Nueva York, 4 de julio de 1927), quien precisamente hacia 1969 vio estrenar su pieza The Last of the Red Hot, la cual en América Latina y en España se le conoce como El último de los amantes ardiente. Se trata de un autor de reconocido éxito mundial tanto por sus obras de teatro -más de 30- como por sus guiones y producciones cinematográficas, por lo cual ha recibido los premios y las nominaciones más importantes de Estados Unidos, gracias a “su peculiar forma de profundizar en el espíritu de los verdaderos sentimientos humanos”. The Goodbye Girl, The Dinner Party , Descalzos en el parque, El prisionero de la Segunda Avenida y Perdidos en Yonkers, son algunos de sus textos más aplaudidos.
A 20 años de haber estrenado en la Sala Anna Julia Rojas del Ateneo de Caracas una versión de El último de los amantes ardientes, bajo la direcciòn de Ricardo Lombardi, vuelven los mismos actores, Mimì Lazo y Jean Carlos Simancas, a la escena, ahora coordinados por Gerardo Blanco, para exhibirse en el Celarg, pero bajo el titulo de Infielmente tuyo.
Infielmente tuyo, o El último de los amantes ardientes es la historia del dueño de un restaurante que, después de 25 fieles años de matrimonio, ha decidido irse de aventuras sexuales con otras damas diferentes a su cónyuge. Lo intenta tres veces, con mujeres diferentes, en el apartamento de su mamá, pero al final se da por vencido, porque no puede llevar a la cama ni consumar el acto sexual con ninguna de las damiselas: una descarada y sensualísima; una hippie desfasada y fanática de los patines y una mujer tímida y sombría. Y, él, para revindicar sus abortadas infidelidades, llama a su esposa y la invita a la casa de su mamá… ¡no se sabe para que!
El ùltimo de los amantes ardientes fue la catapulta que lanzó a Mimì Lazo al protagonismo del mejor teatro comercial; después vino el monólogo El aplauso va por dentro, de la venezolana Mónica Montañés, en 1996, el cual aún lo sigue mostrando y más recientemente el unipersonal No seré feliz, pero tengo marido, de la periodista argentina Viviana Gómez Thorpe. Ahora con Infielmente tuyo, correctamente remontado por Gerardo Blanco, ella demuestra que está en la anhelada madurez o en el mejor momento de su carrera actoral. Nunca antes había exhibido tanta versatilidad, tanto dominio de sus personajes y tanto juego escénico. A su lado también se luce Jean Carlos Simancas, especie de “Dorian Grey del teatro venezolano”, que siempre está en los roles exactos y precisos que le corresponden.
Mimì Lazo, que ahora avanza hacia la consecución de una sala propia, la cual que será para todo el teatro venezolano, reiteró a este crítico que los derechos de esta pieza de Neil Simon los tiene ella y los pagò directamente al autor.

martes, junio 27, 2006

Dollwrist conocida en Maracay y Caracas

No es fácil producir espectáculos teatrales en una ciudad del interior de Venezuela y después exhibirlos en Caracas, la capital. Las múltiples razones que impiden que exista un coherente circuito nacional para la circulación de dichos trabajos artísticos por toda la geografía física del país, podrán ser superadas cuando existan reglamentaciones o regulaciones o leyes que sí apuntalen la exhibición o difusión de todos los hechos artísticos. Mientras esas pautas no sean propuestas, aprobadas y aplicadas, el teatro, la danza, la música, el circo, etcétera, estarán restringidos y no podrán ser conocidos de todos los venezolanos y solamente llegaran a sus primeros o naturales circuitos de exhibición. Está, pues, el Estado en deuda con la comunidad artística y con el público, porque de nada sirve que se gasten o inviertan cifras millardarias de bolívares en el sector cultural sino no existen los mecanismos para que funcione una especie de auténtico “tren de la cultura” o “caravana de las artes” unido además a un eficaz sistema de promoción presente en todos los medios de comunicación. Estamos seguros que se trata de una tarea hercúlea que llevará varios años para ponerla en marcha, pero cuando se realice -y damos fe de los planes y los esfuerzos que actualmente se realizan- terminará de cambiar para siempre el mapa cultural venezolano y dejará de ser un amargo archipiélago.
Pero mientras llegan esas leyes y reglamentaciones que pondrán orden en la plataforma artística del país entero, hay que reseñar la proeza realizada, por así llamarla, para que el espectáculo Dollwrist, del escritor y critico teatral Juan Martins (46 años) haya llegado desde Maracay a la sala de la Fundacion Rajatabla, donde permaneció durante varios fines de semana con su humanista prédica, encarnada por los comediantes Mirla Campos y Luís Enrique Torres, dirigidos por José Sánchez.¡No pregunten lo invertido, sino lo ganado como logro artístico y por su aporte a la audiencia caraqueña que la disfrutó y de eso damos fe!
Juan Martins, que sí es un destacado teatrero de su natal Maracay, gracias a su honesto y persistente trabajo intelectual, por el cual ha sido merecedor de premios por sus piezas teatrales, tales como Dollwrist y Caperucita ríe a medianoche, entre otras, advierte en el programa de mano de su espectáculo, que se trata de una pieza en la cual se podrá captar o detectar cierta estilística, o “algunas costuras” para decirlo en el lenguaje de nuestro argot crítico, que puede evocar el espectador de textos como El animador, La farra y Encuentro en el parque peligroso, del laureado dramaturgo Rodolfo Santana ( Caracas,1944) .Y nosotros añadiríamos que también hay un tanto de la escuela del cèlebre maestro italiano Luigi Pirandello y particularmente su histórico texto Seis personajes en busca de autor. Él, Martins, como autor no esconde tales influencias, por el contrario, las muestra abiertamente en una pieza que bien se aproxima a un teatro del absurdo y de lo extraño como postura estética que se impone desde sus personajes, una pareja que puede llegar a desagradar, pero que se comprende porque han existido o existen seres así, creados por una serie de conductas anómalas no solo en la sociedad venezolana sino en el mundo entero. Siempre la ficción estará en deuda con la realidad. Y de eso no queda duda alguna.
La argumentación de Dollwrist se reduce a presentar a un hombre y una mujer confinados en lo que puede ser el vestuario de un teatro o una empresa de televisión. Están ahí para hacer un teatro dentro del teatro: Aura (Mirla Campos), una actriz que ha venido a menos o está en marcha hacia el proceloso camino de los envejecientes, que cual araña tejedora espera a su victima, Exequiel (Luis Enrique Torres), joven con ambiciones de escritor que trabaja en esa televisora de “office boy”. Lo que pasa después es predecible y está vendido de entrada. Es el archiconocido juego del dominador y el dominado. Es la pugna de los instintos animales manipulada por otros falsos valores de la sociedad burguesa. Ella desea sexualmente al joven y por eso hacen todo un juego de seducción, utilizando un tercer personaje que es un maniquí o muñeco o dollwrist, hasta que todo culmina de forma abrupta. Exequiel es asesinado por Aura .Y es ahí cuando una voz en of advierte que todo ha sido logrado muy bien, de forma satisfactoria y que por ello será grabado, pues se trata de una actuación para unas càmaras, màs nada. Una tragedia humana convertida una vez más en espectáculo para una audiencia mediática.
¿Qué paso? ¿Qué fue eso? Se preguntará el espectador sorprendido por haber presenciado una aparatosa seducción, toda una artificiosa compra y venta de sexo y placeres, la cual concluye en un vulgar asesinato. Y es seguro que buscará hechos reales cercanos, que tratará de interpretar y comparar la metáfora teatral con algunos sucesos reales como esos que a menudo reseña la prensa, donde el rol del dollwrist lo hace una droga, como la burundanga, o donde el superobjetivo o la jusficaciòn para todo ese teatro en la vida real es simplemente un bajo de billetes.
Él autor, como crítico que es, explica que su Dollwrist no es màs que una metáfora sobre la violencia que se vive la sociedad de consumo, representada en el fenómeno de la televisión como una de sus máximas de expresión, y que además todo esto responde de alguna manera a un teatro político, cuyos personajes están derrotados por no haber evolucionado como individuos íntegros y de perfil humano. “El público se encontrará con un desenlace el cual se le aparentará cotidiano y comprometedor”, puntualiza.
Para nosotros, el espectáculo resultó placentero y un tanto erotizante. En otro país, los actores se habrían desnudado y aceptado unos cuantos rituales sexuales, pero aquí en Caracas algunas pautas sociales y legales han creado obstáculos para ver y disfrutar de algo que es muy corriente y hasta frecuente en otros escenarios donde el teatro no es sólo representación. Lo mostrado es más que satisfactorio y ha permitido ponderar las innegables condiciones de los histriones ahí involucrados. Y, por supuesto, hay un autor muy feliz por haber podido mostrar su obra a más espectadores que sacarán sus rotundas conclusiones.¡Se hace camino al andar, canta el poeta!

viernes, junio 23, 2006

La soledad de unos avioncitos de papel

Desde los inicios del siglo XIX se hace teatro en español desde diversos escenarios de Nueva York. Durante la segunda cincuentena del XX, el movimiento teatral hispano o latino alcanzò su mayor desarrollo, gracias a la aparición de instituciones como el Iati, con el venezolano Abdón Villamizar a la cabeza, y muy particularmente por el empuje y los retos que se impuso Repertorio Español, gracias al hábil liderazgo de Gilberto Zaldìvar, René Buch y Roberto Federico. Pero también en la centuria pasada, hacia 1975, fue fundada y puesta en marcha desde entonces, gracias a Mario Peña y Margarita Toirac, la compañía Latin American Theater Ensemble (Late).
La misión de Late, que desde entonces ha cumplido a cabalidad, pese a los obstáculos externos, no ha sido otra que promover el teatro latinoamericano por intermedio de sus producciones; entrenar e instruir a miembros de la comunidad hispana que no tenían acceso o no podían afrontar otras fuentes de entretenimiento profesional, y además desarrollar talentos y conocimientos en las artes teatrales, incluyendo dramaturgia y otras especialidades de las artes escénicas.
Admitimos que es ahora, durante estos lentos y definitorios avances de siglo XXI, que hemos podido degustar y aplaudir una producción de Late (o La Tea, como lo denomina la comunidad hispana), gracias a la gentil invitación de la venezolana Aminta de Lara, quien funge como directora artística. Vimos, el pasado 16 de junio, pues,- en su sede, en el 107 Suffolk Street, suite 200, entre Delancy y Rivington- el espectáculo Aviones de papel, creado por Berioska Ipinza, a partir de la pieza homónima de la actriz y dramaturga colombiana Diana Chery.
Diana Chery empezó a estudiar teatro profesionalmente a los 18 años- ya hace 11- hasta que se graduó como maestra en artes escénicas, con énfasis en actuación, en la Academia Superior de Artes de Bogota. Se instaló en Nueva York, desde el verano del 2001, para aprender el inglés. Pero el amor la atrapó y desde el 2002 comenzó a trabajar en una producción teatral donde conoció actores que la contactaron con la buena gente de grupo Iati (ahora bajo la conducción de Vivian de Angelo), quienes han sido sus “angelitos de la guarda teatral” en la fantástica Nueva York. Hacia la temporada del 2005, el Iati le produjo su ópera prima, Partidas, en el 2005. Por intermedio del venezolano Pablo García conoció a Aminta de Lara -encuentro tan fructuoso como milagroso- y con ella han formando un equipo de trabajo que “esperamos nos siga dando inyecciones de vida y trabajo como hasta ahora”, puntualiza esta mujer de aguda inteligencia y de trato abierto y transparente como sólo lo hacen las colombianas de Cali.
Ahora Diana Chary acaba de estrenar Aviones de papel, escrita, durante el 2005, en un taller de dramaturgia en el Iati. Advierte que la idea de sus personajes nació en Colombia hace aproximadamente seis años. “Yo escribo sobre imágenes, sensaciones o temas que me interesan y luego desarrollo la historia con esquemas más intuitivos que académicos. Me interesa la cotidianidad del ser humano; la sutileza y la importancia de lo que no es trascendental en los diarios o en la televisión, pero que sí es vital para un individuo, y por lo tanto, para la sociedad. Cuando llegué a Nueva York, empecé a retratar todas las soledades en los cafés, en las calles, en los bares, en los trenes, porque en mi país nunca vi. tantas soledades reunidas o juntas. Lo más contradictorio, es que los espacios son reducidos o apretados, pero cada persona carga consigo un mundo lleno de nostalgias, de penas y además unas barreras impenetrables. Cuando vi. esto decidí que quería rescatar aquella vieja idea de dos personas que se conocen a través de una ventana o división de sus apartamentos pero no pueden concretar una relación -de ningún tipo- aun estando tan ‘cerca’. Así nació mi segunda pieza, donde ahora actúo al lado del chileno Pietro González”.
Este montaje de Aviones de papel permite ponderar no sólo el drama de las soledades en las grandes ciudades, sino además asomarnos a los horrores de la violencia domestica sobre las féminas. Ahí esta Beatriz (Diana Chery), que ha huido del lecho del hombre con el cual estuvo unida o casada, tratando de rehacer su existencia en medio de la soledad de un apartamento mínimo que está separado del vecino por un delgada pared—la metáfora es una fila de aviones de papel en el piso- donde a su vez se ha instalado un hombre, Diego (Pietro González) empeñado en reencontrarse con su pasado y consigo mismo. Surge una amistad básica y hasta hay síntomas de que esos dos seres humanos pueden ir un poco más allá, pero esas dos soledades urbanas que se habían reunido volverán a separarse y seguirán en las búsquedas de sus destinos.
Es, de verdad, una pieza grata, a pesar de la amargura de su mensaje. Es un teatro que estuvo muy de moda en los años 50 y 60, cuando el existencialismo francés era la filosofía que consumían las clases medias de la sociedad capitalista de occidente. Pero la soledad no se fue y se quedó en las almas de todos los que descubrimos que nace con nosotros y que nos acompañará hasta la tumba, por que es como nuestra sombra. No es una pieza vieja o añeja, nada de eso. Es una obra sobre una condición eterna de todos los seres humanos: la soledad, esa que nadie, hasta ahora, ha explicado o curado, porque la misma se hace más patética a medida que se avanza en esa inevitable marcha de los "envejecientes". No sabemos que pasará con el teatro de Diana Chery, pero de lo que si estamos seguros es que ella crecerá como ser humano y es posible que produzca más y mejores piezas. Tiene un mundo por terminar de hacer y tiene materia en bruto para hacerlo, además de su propia filosofía: hay que aprender a vivir en soledad dentro de una sociedad que no da soluciones jamàs; hay que aprender a vivir desde adentro, a vivir consigo mismo, con sus pensamientos y sin los ruidos de los demás solitarios.
El espectáculo resulta placentero porque se juega entre el hiperrealismo y las situaciones mágicas, y es ahí donde Diana Chery demuestra además sus impactantes condiciones histriónicas. Es casi como un sueño lo que pasa en la escena, pero muestra sin dobleces como dos seres humanos pretenden resolver sus dolencias nacidas de la soledad. Es perfectible en las interrelaciones de los personajes y puede suscitar interesantes discusiones si se le exhibe ante una comunidad dispuesta a intervenir y propalar sus opiniones. Ese sería un gran regalo para los neoyorquinos que le tienen miedo a la soledad.Creo que descubrirìan el montòn de avioncitos de papel que los separa de los demas.

miércoles, junio 21, 2006

Los niños de mamà en Nueva York

No es fácil hacer teatro en lengua hispana desde los escenarios de Nueva York. Pero a partir de 1968, la buena gente de Repertorio Español, con Gilberto Zaldìvar, René Buch y Robert Federico a la cabeza, contando con el entusiasta apoyo de estadounidenses, latinoamericanos y además unos cuantos venezolanos, no han claudicado en su empeño de promover y difundir al mejor teatro en la lengua de Cervantes y darle cabida y oportunidades a las nuevas generaciones, particularmente a los hijos de las familias de emigrantes radicados en “La Gran Manzana”. Devuelven así con creces lo que la culta y altruista sociedad estadounidense les ha entregado.
Actualmente, en su pequeño espacio teatral de la calle 23 con Tercera Avenida, están exhibiendo el espectàculo Momma`s Boyz (Los nenes de mamá), escrito y dirigidopor Cándido Tirado, una desgarradora pieza sobre un trío de muchachos, menores de 18 años, quienes se debaten entre terminar de crecer y formarse adecuadamente para ser útiles a sus modestas familias de inmigrantes, o dedicarse desde ya al negocio del narcotráfico en las barriadas populares neoyorquinas donde viven o se mueren día a día por el vicio o por la violencia entre las pandillas juveniles.
Momma`s Boyz (Los nenes de mamá) tiene la peculiaridad o la característica de que a un espectador medianamente informado le hará evocar a las mejores piezas de los venezolanos Román Chalbaud (Caín adolescente y Los ángeles terribles) o algunos textos de Gustavo Ott (Nunca dije que era una niña mala), una gran parte de la vasta obra de Rodolfo Santana sobre la marginalidad urbana criolla, sin olvidar, por supuesto, a La ópera de tres centavos del germano Bertold Brecht. En síntesis, los caminos del teatro se cruzan, se enredan y terminan siendo uno sólo: poner en escena el drama de un pueblo y arrojar desde ahí múltiples preguntas a la audiencia para ver como se mejoren las cosas y se sigue luchando por la felicidad, que es el único y definitivo camino de los seres humanos con un mínimo de consciencia. Y lo que ha logrado Cándido Tirado no sólo es valido sino que revela creatividad y estilo para teatralizar esa situación que es tomada de la realidad, realidad que a su vez él ha manipulado y convertida en una pieza dramáticamente aleccionadora y no desprovista de humor.
En resumen, Momma`s Boyz (Los nenes de mamá) plasma las tragicómicas peripecias de tres adolescentes inmersos en la venta de psicotrópicos a sus compañeros de generación, pero por la magia del teatro, como lo entiende su autor Candido Tirado, Dios les da una oportunidad y los devuelve al pasado para que se pueden dar cuenta de los errores cometidas y cambien para el camino del bien,hagan boorròn y cuenta nueva. Es una solución teatral metafísica a un problema real y concreto que desafía a la humanidad entera en este momento -como es la todopoderosa transnacional del narcotráfico capaz incluso de quitar y poner gobiernos en los países productores de sus narcóticos- pero que entre el publico neoyorquino, donde pululan los hijos de hispanos o latinos, tiene sus efectos aleccionadores: la única solución es parar, porque Dios anda muy ocupado para atender a los hamletianos e inexpertos vendedores de cocaína o marihuana.
Si la pieza tiene una solución mágica o metafísica, la obra llega ademàs al público gracias a tres jóvenes comediantes: Flaco Navaja (poeta nacido en el Bronx), Jesús Martínez (actor de Brooklyn) y Janio Marrero, proveniente de Puerto Rico. El director Cándido Tirado los utiliza con precisión para un montaje sin mayores alardes escénicos, casi elemental, diríamos nosotros, ya que ellos tienen pasta o materia buena para convertirse en grandes comediantes; sin lugar a dudas, son ya jòvenes profesionales y lo demuestran con este espectáculo, donde el humor ácido es el hilo conductor.
Esta Momma`s Boyz (Los nenes de mamá) es la pieza ganadora del IV Concurso Nacional de Obras Teatrales Metlife Nuestras Voces, un evento que desde 1999 ha permitido conocer a no menos de 500 obras especialmente escritas para esta competencia. Para la temporada del 2007, el venezolano Marcelo Rodríguez podrá exhibir su texto Bestalia, ya que ganò el V Concurso, correspondiente al 2005.
Nueva York no es una quimera para los latinos y sus descendientes, como tampoco para los venezolanos, y eso se puede comprobar en Repertorio Español, donde además Fernando Then hace lo suyo, pues es asistente del director y gerente de producciòn.Èl saltò del Teatro San Martìn de Caracas a ese fortìn donde todos luchan por una alternativa cultural para los hispanos.

La guerra en el Central Park de Nueva York

Estados Unidos de América está en guerra. Actualmente batalla en Irak, Afganistán y además libra un incesante combate sin respetar fronteras contra el terrorismo mundial. Y es por ese motivo tan contundente -que además es cuantificable en las vidas humanas que se pierden y en los gastos económicos que todo ello provoca o genera- que la intelectualidad y los artistas estadounidenses agrupados bajo “el paraguas” de la institución The Public Theater han organizado un programa con sendos espectáculos sobre la guerra en general, para así proponerle una seria reflexión al público que acuda al monumental Teatro Delacorte, en Central Park de Nueva York. Ellos, como teatreros, presentarán dos modelos o ejemplos de lo que verdaderamente hay detrás de los conflictos bélicos y los miserables despojos que quedan, según los textos de William Shakespeare y Bertolt Brecht que seleccionaron: Macbeth y Madre Coraje y sus hijos.
Esta guerra teatral en el Central Park -con capacidad para 1.800 espectadores- comienza, oficialmente el miércoles 28 de junio a las 8:30 pm, con la pieza Macbeth, de Shakespeare (1574-1616), protagonizada por los destacados actores Liev Schreiber y Jennifer Ehle, puesta en escena por el venezolano Moisés Kaufman (39 años), el mismo que se colocó entre los mejores directores del teatro norteamericano por sus montajes de I Am My Own Wife, The Laramie Project y The Three Trials of Oscar Wilde, trilogía ejemplar de montajes contestatarios y reivindicativos de la libertad que tiene cada hombre para escoger su ruta o camino.
El oportuno y político Macbeth (podrá ser apreciado durante 60 representaciones totalmente gratuitas para la audiencia que acuda al Central Park) que Kaufman ha versionado y puesto en escena-vimos una función especial el pasado 15 de junio- va mas allá de lo que escribió Shakespeare entre 1605 y 1606, sobre un mundo oscuro y fantasmagórico de discordia y de confusión moral donde entre alucinaciones, conjuros, crímenes y predicciones se presencia la degradación irreversible del guerrero Macbeth, un militar que impulsado por la ambición que su esposa, Lady Macbeth, no duda en asesinar a su rey y desatar una sangrienta persecución contra su descendencia, hasta que finalmente perece en medio de una batalla, tal como se lo habían profetizado tres brujas.
La versión esta “manipulada” de tal manera que el público presencia como son las intrigas por el poder de los que planifican, ordenan y van a la guerra en nombres de ideologías, pero que son disfraces para sus pingues negocios. Está ambientada en el Reino Unido de los años 14 del siglo XX, cuando se desencadenó la guerra que iba a terminar con todas las otras guerras, la Primera Guerra Mundial. El espectáculo, con una duración cercana a las tres horas, es un depurado y hasta contrastante despliegue actoral en medio de una serie de acciones escénicas bien diseñadas, tales como las batallas finales, el conjuro mágico y trágico de las brujas, los asesinatos que urde y ejecuta la camarilla que acompaña a Macbeth en su loca aventura guerrerista .Todo demuestra la gran calidad profesional de los que ahí participan en esa singular "guerra" artística contra la guerra. No hay tiempo para aburrirse o escaparse de ese hermoso espacio teatral en medio del bosque, aunque recomendarìamos eliminar el intermedio, porque así el publico tendrá más tiempo para ir a las terapéuticas cafeterías y bares a dialogar sobre lo visto y exaltar las buenas actuaciones en general, pero en especial las de Liev Schreiber y Jennifer Ehle, quienes encarnan a la monstruosa pareja de los Macbeth, modelos de quienes persiguen el poder y el boato del mismo, sin darse cuenta que todo tendrá un final y que pagaran con sus vidas y con su condena eterna si es que existe un Dios castigador.
Al ver este montaje del venezolano Kaufman, añoramos los años 80 y los 90 del siglo pasado, cuando aquí en Caracas los teatreros, con Carlos Giménez, Horacio Peterson, Antonio Constante, Enrique Porte y el mismo José Ignacio Cabrujas a la cabeza, se las ingeniaban para hacer puestas en escena espectaculares y con contenidos que incitaban a la audiencia a reflexionar sobre los temas más urgentes de la sociedad criolla. Ahora eso ha desaparecido y no es por culpa del Estado o del gobierno de turno, sino porque hay una grave crisis de talento en el nuevo componente artístico nacional, más interesado en el éxito financiero rápido o en tomar el asombroso camino del exilio.
Moisés Kaufman fue uno de los venezolanos que conoció y se nutrió de esas décadas doradas del mejor teatro venezolano y ahora lo demuestra con su formación en Estados Unidos.
Medio siglo en la escena
The Public Theater de Nueva York fue fundado hace 50 años por Josep Papp, todo un insigne trabajador de las artes escénicas, un hombre que luchó para darle a los habitantes de “La gran manzana” el mejor teatro posible, un hombre que vino a Caracas cuando conoció a Carlos Gimènez y además lo invito a dirigir La tempestad de Shakespeare, la cual presentó con su agrupación Rajatabla en el Central Park, durante aquel verano inolvidable de 1991.
La fiesta por los 50 años de sobrevivencia de la institución continuara en el próximo septiembre con Madre Coraje, cuya protagonista será nada más y nada menos que Meryl Streep

jueves, junio 15, 2006

El Che Guevara revive en Nueva York

El revolucionario argentino Ernesto “Che” Guevara ha resucitado.Esta vez será en un escenario de Nueva York y gracias a la obra School of de The Americas, de José Rivera, puesta en escena por Mark Wing-Davey y con la participación de la actriz venezolana Patricia Velásquez, quien así debuta en el teatro estadounidense, junto a comediantes, de otras nacionalidades, como John Ortiz, Félix Solís, Karina Arroyave, Raúl Castillo y Nathan LeBron.
Este espectáculo School of de The Americas es una producción del Labyrinth Theater Company, cuyo líder artístico es el celebre actor Philip Seymor Hoffmann, el cual comienza su temporada de funciones este 20 de junio y se prolongará hasta el 23 de Julio, en el complejo cultural The Public Theater, en el sector intelectual y artístico de Nueva York.
Patricia Velásquez comentó que siempre quiso hacer teatro, pero lo que le ofrecían eran trabajos actorales en el cine y la televisión, además del modelaje, actividades todas en las cuales se ha destacado. “Un buen día me dieron el guión de School of The Americas y tras leerlo acudí a una audición donde estaban no menos de 300 personas. Cuatro o tres meses después me llamaron para decirme que había sido elegida para un rol protagónico, o sea para asumir el personaje de Julia Cortez, la última mujer que conoció y habló con el Che Guevara”.
-¿De qué trata esta pieza con la cual usted ahora debuta en teatro?
-La obra, que es en inglés, cuenta como fueron los dos últimos días del Che en la población de La Higuera, en Bolivia, antes de que lo mataran el 8 de octubre de 1967. El Che fue recluido en una escuelita y ahí es conocido y abordado por Julia Cortez, una mujer de 19 años.
-¿Fue Julia Cortez una especie de novia o amante del Che?
-No, nada de eso. Nosotros, desde aquí en Nueva York, entramos en contacto con Julia y en una videoconferencia ella nos contó todo. Era simplemente una mujer impactada por el revolucionario, con quien dialoga, escucha sus arengas revolucionarias, y ella le da de comer unos cuantos platos de sopa que ella preparó. Julia era la maestra de la escuela que estaba cerrada y convertida en cárcel por las tropas bolivianas.Ella fue la única y ultima persona de la vida civil que estuvo en contacto con el guerrillero, antes de que lo mataran. No fueron pareja ni cosa parecida, pero ella si se enamoró de el. Ella nos dijo que su primer hijo, porque se casó mas tarde, se parece al mítico guerrillero que ella conoció en esa circunstancia tan extraña y tan determinante.Julia tuvo que esconderse, durante muchos años, porque no la dejaban vivir tranquila, la buscaban para entrevistarla y para que contara una y otra vez su historia con el inolvidable argentino.
-¿Está consciente de la ideología de la pieza con la cual ahora debuta ante la audiencia estadounidense?
-No entiendo la pregunta.
- Usted esta haciendo una pieza de ideología izquierdista ¿Se da cuenta?
-No, no es una pieza izquierdista. Es la historia teatral de una persona, como el Che Guevara, con una mujer que lo ayuda y además lo alimenta, y donde el prisionero reitera, una vez más, sus ideales revolucionarios.El fue un verdadero revolucionario y no se corrompió como otros. Pero no es una pieza izquierdista para nosotros. Cuando leí el libreto nunca me imaginé la importancia de la obra con la cual me estaba vinculando. Y ahora estoy satisfecha de haber aceptado dicho rol y la importancia del personaje histórico en el cual me he inspirado.
-¿Irá este montaje al circuito Broadway?
-Eso no lo sé, tampoco lo creo. Estaremos hasta finales de julio, por ahora. En cuanto a mi, como persona y como profesional, pues me siento muy bien y con muchas ganas de seguir haciendo más teatro.Hay por ahí unos ofrecimientos, pero de eso no puedo hablar todavía.
-¿Dispuesta trabajar en el teatro venezolano?
-Si, siempre y cuando el proyecto me guste.
La realidad siempre es mejor
José Rivera, el autor de School of The Americas, nació en Puerto Rico hace 50 años. Se crió en Nueva York y fue uno de los cuatro latinos nominados al Oscar de la academia por la adaptación cinematográfica de The motorcycle diaries (Diarios de la motocicleta), que es una saga sobre el Che Guevara recorriendo al continente americano antes de vincularse con las guerrillas de Fidel Castro en Cuba.El periodista venezolano José Bayona, afincado en Nueva York, cuenta que una de las inspiraciones literarias de Rivera es Gabriel García Márquez, quien le regaló a Robert Redford una copia de los diarios del Che para que algún día hiciera una película sobre ellos.
“Con Gabo, nos conocimos en 1989 en Cuba, y fue muy sencillo y amigable. Le gustaba hacer bromas pesadas. Un día medijo: ‘no existe una sola metáfora en mis libros, todo viene de la realidad, y tú debes escribir de la realidad. No importa cuan loca sea, cuan fantasiosa, pero es la realidad’ .“Esa fue la mejor enseñanza que he tenido como escritor”, le reveló Rivera a Bayona.
Para Rivera, escribir cine es un reto diferente que escribir teatro, ya que como guionista ha tenido que adaptarse a contar historias a través de imágenes, y tuvo que prepararse mucho más para adaptar el guión, mientras que como dramaturgo le es mucho más fácil contarlas a través del lenguaje. Su producción teatral cuenta con obras como Cloud Tectonics, The House of Roman Iglesia, Maricela de la Cruz Lights the World, Marisol, entre otras, todas escritas en inglés. Ahora continúa su historia teatral con una pieza sobre el guerrillero en las vísperas de su muerte.

lunes, junio 05, 2006

Entre Guayaquil y Lima


Mientras el domingo 4 de junio de 2006, unos 14 millones de peruanos votaban para decidir lo que podrá ser el futuro de su país al elegir a un nuevo Presidente de la Republica, Alan García, aquí en Caracas un grupo de venezolanos, no más de 20, estaban absortos, entre las siete y las ocho de la noche, presenciando el conmovedor espectáculo Guayaquil, el encuentro, una versión teatral del autor Pacho O’Donnell sobre la reunión histórica entre los generales Simón Bolívar y José de San Martín, aquel 24 de julio de 1822 en Guayaquil.¡Unos jugaban a escribir la saga de un pueblo latinoamericanos, mientras que otros revisaban y analizaban los casi olvidados hechos históricos que ahora podrían explicar muchos sucesos sociopolíticos actuales!
Pacho O`Donnell materializa, con los personajes históricos de su pieza, cómo el esfuerzo de los latinoamericanos por consolidar definitivamente su independencia política estaba a punto de consolidarse y convertirse en realidad, ya que Bolívar y San Martín habían logrado derrotar a las tropas españolas, pero quedaba un solo bastión en el moribundo Virreinato del Perú. Es en ese momento, cuando el venezolano y el argentino se reúnen en Guayaquil, aquel 24 de julio de 1822, para sumar fuerzas y lograr la derrota final del enemigo y, además fijar las bases de lo que podría ser la patria grande, la unión de las flamantes naciones hispanoamericanas, porque sólo así, en estrecha comunión de ideales y de proyectos, tendrían la fortaleza suficiente para oponerse a la voracidad de las potencias de entonces ( Francia, Alemania y Gran Bretaña),sin descontar al incipiente Estados Unidos.
¿Qué por qué habìa tan pocos criollos presenciando ese inusitado encuentro histórico teatralizado? Es posible que haya fallado el poder de convocatoria de la Casa de Rómulo Gallegos para haber plenado la sala de 400 butacas durante los tres días en que se exhibieron los cómicos argentinos Lito Cruz y Rubén Stella, una pareja de veteranos artistas de la escena que sí lograron plasmar en la escena a los dos hombres más importantes de la historia latinoamericana a lo largo del siglo XX. Dos hombres creadores de nacionalidades. Dos hombres con puntos de vista antagónicos sobre lo que deberían ser los gobiernos de las naciones que estaban fundando. Uno republicano absolutista y otro monárquico parlamentario. Uno demasiado cruel, porque aplicaba aquello de que al mejor enemigo había que fusilarlo, mientras que el otro pedía y aplicaba el perdón a los rivales. Dos hombres que antes de 1850 iban a estar execrados y sepultados por sus enemigos que no tuvieron ninguna piedad para con ellos. ¡Enemigos que aún los persiguen o que los utilizan para profanar sus memorias!
Ni Bolívar ni San Martín lograron ese acuerdo que hubiese sido definitivo para la fundación de la “patria grande”. Lo que vino, desde entonces, se gestó en aquellos años: las anarquías en cada una de las republiquetas incipientes y las conspiraciones palaciegas de los jefes independentistas, además de la acción feroz de los agentes de las potencias extranjeras, se encargaron de sepultar esos proyectos de grandeza. Y desde entonces esta América balcanizada, dividida y cada vez más en tensión interna porque sus habitantes se cansaron del hambre y la ignominia a que han estado sometidos, han despertado y están en pie de lucha, utilizando todas las armas disponibles a su alcance e incluso usando los votos que todavía pueden hacer algo.
Este montaje de la pieza Guayaquil, el encuentro, puesta en escena desde el 24 de mayo de 2005, en la patria argentina, por el maestro Lito Cruz, pretende mostrarle al público latinoamericano cómo desde hace doscientos años se ha estado luchado por la unión de las naciones al sur del río Bravo, una unión que Bolívar y San Martín la soñaron pero que no fueron capaces en sus respectivos momentos históricos y la dejaron para después, sin saber que esa oportunidad nunca más la tendrían y que nadie jamás nadie la podría ni siquiera intentar, dejando a varias generaciones de latinoamericanos huérfanos de libertad, justicia, democracia y derechos humanos, entre otras cosas .
El espectáculo, como tal, es placentero. Dos señores actores que logran corporizan los conceptos que dieron grandeza a Bolívar y San Martín. Dos personajes de talla universal llenos de vacilaciones y hasta ruindades humanas. Ellos dejaron para la posteridad la unión de sus pueblos.
Pocas veces hemos visto un teatro político tan didáctico como este, donde todo es fácil de digerir, fácil de ubicar en el contexto o que vivimos ahora los latinoamericanos. Porque para eso sirve el buen teatro: enseñar a pensar y sacar conclusiones prácticas de los modelos escénicos.
Ojala que durante los próximos meses, pueden volver estos argentinos con su espectáculo integracionista. Aquí en Venezuela es tiempo de reflexionar, de buscar los caminos, de abrir sendas o trochas, pero sin olvidar que el compromiso es continental, que nada se logrará con ridiculeces patrioteras

jueves, junio 01, 2006

¡Crímenes!


Han fracasado todos los esfuerzos por crear un sólido movimiento teatral sin el apoyo del Estado venezolano. El mero financiamiento con los bolívares que deja el público en la taquilla no ha servido para mantener una serie de salas teatrales abiertas y las respectivas compañías de actores. El caso, verdaderamente histórico, del Teatro Chacaíto, con 36 años en su haber, por obra y gracia de la magia de Jorge Bulgaris; y el recién nacido Teatro Trasnocho -tiene sólo cuatro añitos- son los únicos espacios teatrales funcionando para eso que nadie osa nombrar por su nombre: teatro comercial. También hay que registrar el esfuerzo que adelanta el Teatro Escena 8; ese experimento privado que recién empieza y tiene por gerente-director al veterano comediante Aníbal Grunn. ¡Suerte!
Los demás son del Estado, algunos están cerrados por eternas reparaciones, otros han sido entregados a actividades más mundanas, cuando no han caído bajo raros comodatos con algún ente estatal.Hay desde luego un tema que nadie quiere tocar y es el referido al verdadero público que tiene el teatro, en Caracas, por supuesto. Todos los intentos por contabilizarlo no han tenido un rigor científico y lo único que se tiene es el número de entradas vendidas para aquellos espectáculos que alcanzan cuatro o seis meses en cartelera, teniendo en cuenta que sólo hay funciones de viernes a domingo. ¿20.000 personas para un montaje exitoso? Es poco y con una audiencia tan reducida nada puede hacerse, salvo esperar a que las nuevas generaciones de espectadores crezcan y descubran al teatro como algo diferente y mejor que la diversión hueca y manipulada de la televisión y el cine “made in Hollywood”.
En síntesis, producto de nuestra experiencia como cronistas, durante los últimos 37 años, algo raro pasa que Venezuela no es dueña de un movimiento teatral independiente. Lo que sí existe es un híbrido integrado por agrupaciones subsidiadas por el Ministerio de la Cultura y unos vente-tú que arriesgan sus ahorros para montar espectáculos destinados a captar audiencia, sin pasar por los rigores del “gran teatro”, o sea, textos ligeros que fueron probados allende de las fronteras y dejaron mucho dinero en la taquilla. Si llegase a cerrarse el “chorro” de los dineros del Fisco Nacional, gran parte de esos elencos subsidiados dejarían de exhibirse, creando serios problemas culturales a una sociedad que todavía no se ha dado cuenta de la importancia del teatro, además de las lógicas frustraciones de los actores y actrices que tendrían que asaltar a las televisoras para conseguir trabajo o hacer ese teatro comercial que tanto han vituperado.
Todo esto es bueno recordarlo porque el trabajo que se adelanta en el Trasnocho Cultural es importante para posteriores desarrollos teatrales, si es que surgen unos cuantos empresarios interesados en construir salas y ponerlas al servicio de las agrupaciones teatrales o de esas minicompañías de artistas que tienen textos vendedores.
Y al referirnos al Teatro Trasnocho hay que subrayar que esa sala hace parte de ese mall del espectáculo y el arte que es el Trasnocho Cultural. Inverosímil “burbuja de cristal” que funciona, porque existe una fundación privada, creada por las dueñas del Centro Comercial El Paseo de Las Mercedes. Un vivo ejemplo de filantropía privada aplicada por gente que sí ama la cultura y quiere ayudar a su desarrollo. Una especie de Ateneo privado que es único en todo el país petrolero.
Y es precisamente en el Teatro Trasnocho donde actualmente se exhibe un experimento destinado a captar espectadores para divertirlos y hacerles reflexionar un tanto sobre las relaciones matrimoniales de los sectores burgueses, un tema que ha sido tocado por muchos autores modernos, desde Ibsen hasta Albee y pare de contar.Ahora se hace esa singular terapia teatral con la pieza Pequeños crímenes conyugales, del francés Eric-Emmanuel Schmit (50 años), puesta en escena por Moisés Guevara y apuntalada por la primera actriz Carlota Rosa y el meritorio comediante Marcos Moreno. La anécdota es simple: un marido regresa a su casa, después de un extraño accidente que le hizo perder la memoria. Lo que pasa de ahí en adelante es un cuento muy largo, para nuestros gustos, donde “Carla” (Carlota) y “Alejandro Estrada” tienen unas largas tiradas de textos, algunos insustanciales y adormecedores. Creo que el espectáculo hay que quitarle, por lo menos, unos 20 minutos, pues así el evento sería más fresco y menos fatigoso.
Luce bien el trabajo general del director Guevara y el dispositivo escenográfico y la iluminación, creados por Fernando Calzadilla.

miércoles, mayo 31, 2006

Nueva York no es una quimera




No es Moisés Kaufman el único teatrero venezolano que vive y trabaja en Nueva York, donde es una figura destacadísima. Hay unos cuantos criollos más que luchan a diario para triunfar en sus respectivas especialidades.Tal es el caso de Aminta de Lara, Pablo García Gámez y Marcelo Rodriguez quienes, al cabo de varios años de resistencia o sobrevivencia, comienzan a destacarse o cotizarse en el exigente mercado de las artes escénicas.
Español e inglés
Tras estudiar y vivir en Nueva York a lo largo de diez años y unas cuantas incursiones en su natal Caracas, Aminta de Lara se reinstaló en Manhattan desde 2003. Admite que para cada etapa de su vida ha tenido una razón de ser. “En este instante estoy muy a gusto. Pero admito que es muy difícil aburrirse en nuestra patria herida, el tedio no tiene cabida en medio de tanta contradicción. Lo que prefiero en realidad es un lugar donde estar en paz, como Nueva York”. Hace teatro, bien como actriz o directora, en español y en inglés. Considera que mientras más personas vean el trabajo mayor será la capacidad de reflexión: “Al hacerlo exclusivamente en español se le está negando esa oportunidad a un número significativo de personas”.
Su mas reciente éxito artístico, como autora, actriz y directora le viene por La importancia de llamarse Blanca, comedia ambientada en medio del espanto de las transiciones entre los gobiernos de Lusinchi, Pérez II y Caldera II. “Me di cuenta que difícilmente encontraba a compatriota alguno sintiéndose responsable por las acciones de esos gobernantes por los que había votado, o por las consecuencias de esos resultados electorales, por no haber ido a votar. Creo que tenemos una especial contradicción en ese sentido. Nos parece que si no nos toca muy de cerca no nos está pasando y en consecuencia cuando, por destino, nos corresponde asumir posiciones de importancia carecemos de la valoración ética apropiada. Fue una producción de Latin American Theatre Ensemble, se estrenó en la sala Julia de Burgos, estuvimos cuatro semanas en cartelera y me acompañaron en esa hermosa oportunidad los venezolanos Fernando Then y Pedro de Llano, además de Diana Chery. Me encantaría mostrarla en Caracas”.
Informa que en estos momentos se ha mudado, provisionalmente, a Washington para actuar en Los pecados de Sor Juana Inés de La Cruz, de Karen Zacarías, una producción del Teatro Gala, puesta en escena por Abel López. En Nueva York su agrupación Sinteatro abrió ya su sede y ha recibido invitación de Ellen Stuart para estrenar Golondrina, su última obra, en La MaMa, “obviamente en inglés”.
Blanco Blanco
Pablo García Gaméz, con 41 años en su cédula de identidad, lleva 14 viviendo en Nueva York, y acepta que su vida artística ha ido madurando. “Con sus altos y bajos, he estado en un continuo proceso de aprendizaje, un aprendizaje formal e informal. Se aprende en una clase de HB Studio o de un salvadoreño en la calle que te cuenta que la música de los Guaraguao estaba prohibida por la derecha de su país cuando la guerra civil y te podían fusilar. Redescubres el bagaje que arrastras: ese bagaje, esa identidad o ese molde que te dio el país de origen y que es uno de los factores para sobrevivir o hundirse”.
Cuenta que su ubicación en el contexto artístico de Nueva York ha sido un proceso. “Ando con Iati, un grupo pequeño off-off Broadway, fundado en los años 80 por el venezolano Abdón Villamizar, pero él ya no está al frente de su dirección. Hemos trabajado para tener un espacio en la calle cuatro este de Manhattan, la cuadra donde está La MaMa y el New York Theater Workshop. Es una zona que puede convertirse en distrito teatral. Para ubicarme ha sido indispensable la terquedad: más de una vez las he pasado negras, pero había que respirar profundo y seguir adelante. He contado con amigos y conocidos que me han tirado la toalla: la primera vez que una de mis obras alcanzó un escenario aquí fue gracias al grupo Pregones. En los talleres de Ollantay he afinado herramientas dramatúrgicas y gracias a Pedro de Llano llegué a Iati como operador de sonido; después el grupo ha montado tres piezas de mi autoría. Creo que hay que ser terco, actualizarse y estar abierto a lo que pueda pasar. Colaboro con Teatro en Miami, una revista que circula por Internet haciendo comentarios sobre grupos hispanos de Nueva York. En dramaturgia, dirijo un programa de difusión de autores, coordino el laboratorio de Iati integrado por Diana Chery, Eva Cristina Vásquez, Berioska Ipinza, Alejandro Aragón y este servidor, lo que permite diversidad de criterios e intensas discusiones. Con el laboratorio hicimos un show case patrocinado por ART NY y conseguimos financiamiento para publicar esas obras; ahora, en julio o agosto, el autor boricua Roberto Ramos Perea vendrá a darnos un taller intensivo. Actualmente tengo en cartelera a Blanco Blanco, obra que tiene su historia: escrita en 1997 para un proyecto que iba a realizar Elio Palencia en Madrid, se quedó engavetada siete años hasta que la mandé al concurso Proyecto Asunción”.
Premio teatral
Marcelo Rodríguez (Caracas, 1964), uno de los hijos de Yolanda Laprea de Rodríguez, se graduó de periodista en audiovisuales en la Universidad Central de Venezuela, pero también estudió en la Escuela Nacional de Teatro y después en Nueva York se especializó en teatro musical en uno de los Actors Studios. “Me casé, tuve un hijo, me divorcié y ¡he vivido de hacer teatro! Lo digo con alegría porque vivir actuando en esta ciudad es un privilegio. Es un mercado con tanta competencia que siempre tienes que ayudarte con otra clase de empleo para sobrevivir. Bueno, tampoco es que yo sea la excepción, porque desde hace seis años he estado trabajando como animador en español para la WWE (World Wrestling Entertainment) y mi voz se escucha en 12 países de habla hispana todas las semanas”.
El pasado jueves 11 de mayo, Repertorio Español y la Fundación MetLife le entregaron el primer premio del Concurso Nacional de Obras Teatrales MetLife 2006, integrado por un premio de tres mil dólares, a su obra Bestalia. “Ahí exploro la vida de una mujer latinoamericana obligada por su padre a irse a Estados Unidos como castigo por un hijo ilegítimo, al que tuvo que abandonar. Me inspiré en la vida de una mujer a la que conocí cuando visité a Nueva York por primera vez. Ahora Repertorio Español estrenará el espectáculo en la temporada del 2007”.
El galardón -relata- lo ganó por haber sobresalido entre otras 77 piezas que llegaron al concurso desde todos los rincones de Estados Unidos. “Pero el verdadero premio -por lo menos es lo que más me interesa a mí- es recibir una producción con todos los hierros por parte de Repertorio Español, la compañía de teatro en nuestro idioma más importante de todo Estados Unidos. Además, la pieza se quedará dentro del repertorio estable y puede durar tanto como el público se interese por verla”.
Actualmente se encuentra en proceso de escribir dos nuevas piezas: “Una es sobre la vida de un hombre que ‘defiende su derecho a morir tanto como su deber de vivir’ -lo dice él, no yo- y una comedia musical que cuenta las intimidades de dos familias hispanas que llegan a Estados Unidos en busca del sueño americano -léase un (a) gringo (a) para su hija (o)- y terminan encontrando algo que pudieron haber hallado en sus propios paises...¡el amor verdadero y la felicidad!

martes, mayo 30, 2006

¡Gloriosa mía!

Gracias a su fiel secretario, Daniel Florencio O´Leary( Cork, Irlanda, 1801/Bogotá, 1854), se salvó buena parte de la historiografía real e íntima de Simón Bolívar(Caracas,1783/ Santa Marta, 1830). Si él no hubiese rescatado, casi rocambolescamente los baúles con gran parte del archivo del Libertador, sobre buena parte de la vida del ilustre caraqueño lo que se tendría serían versiones de las versiones de los hechos que protagonizó ,de cómo pensó y sacó adelante su magna gesta, de lo que opinó sobre sus lugartenientes o de qué manera montaba a las mujeres que se le ofrecían sin titubearlo.Pero la misma suerte no acompañó a la verdadera memoria historiográfica de Manuela Sáenz (Quito,1797/Paita,1856). Ella no tuvo una persona o una fiel esclava que preservara su correspondencia, especialmente la que se cruzó con su gran amante, y es por eso que ahora se dicen tan pocas cosas exactas o correctas de esa Libertadora del Libertador, de esa dama que sacrificó, incluso, hasta su honra social, para estar al lado de su héroe.
Sin embargo, gracias al Fondo de Garantías de Depósito y Protección Bancaria (Fogade), que las tiene en su poder, tras haber pertenecido a los dueños de una institución financiera venida a menos, es posible ahora leer una serie de auténticos documentos del Libertador, especialmente la copia una carta que le envió a su Manuela Sáenz, en 1822, cargada de códigos que ambos conocían. Ahí, tal como lo transcribimos, se lee:
"¡Señora! Yo tendré la mayor satisfacción de bailar con Vuestra Merced cuando Vuestra Merced disponga y Señale el día y la noche. El tiempo está bueno y la luna también, por lo mismo no habría inconvenientes por la Marea”.
"¡Gloriosa mía! doy a Vuestra Merced mil gracias por tantas bondades y mas aún por haber tomado mi nombre”.
“Póngame Vuestra Merced a los pies de las señoras y reciba el corazón de Bolívar”.
¿Cuántas cartas más como esta se salvaron de una pira de la lejana y triste Paita? ¿Cuántas misivas similares se las llevó el viento o terminaron sirviendo para otros nobles fines en aquellos territorios del que fuera el imperio incaico transformado en convulsa república latinoamericana?.
Nadie sabe nada. Nadie puede decir nada con exactitud sobre cómo fueron esos amores entre el luchador y su mujer. Solamente queda la imaginación, esa loca de la casa que en manos de los escritores o los periodistas teje fantasías, algunas cercanas a la realidad. Falta esperar que un Edgardo Mondolfi Gudat se deje atrapar por ese misterio y le dedique una novedosa investigación para que se sepa algo más de Manuela Sáenz, la que fue esposa del médico inglés James Thorne y a quien abandonó para irse tras un guerrero que necesitaba amor y algo más.
Si el dramaturgo Sergio Arrau (Chile,76 años) hubiese tenido acceso a esa gran correspondencia, extraviada que se cruzaron Manuela y Bolívar, es seguro que hubiese escrito una obra más densa, más nutrida, más novedosa y menos reiterativa que la que hizo y la cual, bajo el titulo de Manuela...la mujer, hace temporada en la sala de Conciertos del Ateneo de Caracas, dirigida aplomadamente por Mario Sudano y con la precisa actuación de Jenny Noguera.El mismo autor, que conoce las limitaciones de la historiografia sobre la amante de Bolívar, admite que si hay “un personaje de la historia latinoamericana atractivo por su accionar, hechos y pensamientos, por su fidelidad a un hombre e ideal libertarios -o, si se quiere, ideal libertario personificado en un hombre- ese es sin lugar a dudas el de Manuelita Sáenz. La obra Manuela...la mujer pone en escena de manera sucinta hechos esenciales de la vida de esa mujer que amó y acompañó al Libertador en gran parte de la heroica gesta. Por el hecho de ser un trabajo unipersonal, esta pieza teatral constituye un duro desafío para la intérprete puesto que requiere ductilidad, fuerza, ternura, convicción, gracia y encanto, cualidades necesarias para que ella viva el personaje y así pueda hacerlo vivir con ella al público”.
No es que sea mala la pieza de Arrau, veterano autor y director radicado en Perú que pasó hace unos años por Caracas y enseñó su arte, al tiempo que dejó una obra hermosa, El padre del teatro venezolano, además de otros textos. Su Manuela...la mujer es una versión más estrujante, más teatral, más trágica de esa mujer de carne y hueso que se jugó su vida con tal de estar al lado de su Simón, una mujer que tuvo muchos años de vida como para rumiar sus aciertos y sus errores, una mujer con la estatura de cualquier heroína griega abandonada por su familia o sus hombres.
Podríamos decir que la Manuela de Arrau adquiere ribetes asombrosos por la habilidad como ha sido escrita, aunque la misma historia no tiene nada nuevo, nada que revele más perfiles sobre la briosa quiteña. Es la escritura, son los diálogos y, por supuesto la respetuosa puesta en escena, los que hacen llevadero el rato en que se evocan aquellos años difíciles de una América Latina cuyos escasos habitantes no sospechaban nada de las dificultades para la vida y la libertad que tendrían sus descendientes en el siglo XX y en los albores del XXI.
Este espectáculo debería ser llevado a las escuelas bolivarianas y a los cuarteles. Es historia, bien actuada.

sábado, mayo 27, 2006

Urdaneta volvió a jugar a los dados

Néstor Caballero (Maracay, 1951) no se queja. Solamente informa, con cierta preocupación, que “primero estrenaron mi pieza teatral Dados Teherán antes que alguien lo hiciera aquí en Venezuela. Así son las cosas”. Pero no se amilana. Seguirá trabajando para que pronto se muestren sus textos en otros escenarios, “ojalá que sean criollos”, puntualiza.
-¿Qué ha pasado con su dramaturgia, en medio de la batahola de los cargos públicos que ha ocupado o desempeña: primero, la dirección general de la Compañía Nacional de Teatro y, ahora, la secretaría de Cultura del estado Anzoátegui?
--Uno siempre es dramaturgo. Es una condición que no se pierde. Nuestro mirar la historia, la forma de enfocarla, desenfocarla, deshistorizarla, verla desde distintas ópticas, es como parte de nuestra personalidad. Siempre nos ubicamos del lado más oscuro del hombre para poder llevarlo a la escena y que éste se vea y se reconozca, en lo que por lo general no logra distinguir. El dramaturgo desenmascara al hombre, para, emocionándolo, estremecerlo, hacerlo reflexionar, y quizá modificarlo. Pienso que el solo hecho de que, en la escena, un personaje le cause atracción o rechazo a una sola persona del público, ya es, en sí mismo, una de las funciones en el oficio del dramaturgo como artista. Si la obra te persigue, para dolerte, después de la función, nuestro oficio alcanza su objetivo. Al estar adentro, comprometido con este proceso, me permite ver y decir, en juego de palabras, que, muchas veces, todo lo que brilla no es rojo. Es decir, no todo aquel funcionario que viste una franela roja, es chavista, aunque, puedo afirmar que el pueblo, el más desposeído, el marginado, aunque no vista de rojo, sí lo es.
-¿Tiene tiempo para crear o escribir?
-Crear o escribir es algo orgánico, que, por supuesto, en mi caso, tiene una disciplina. Primero, aparece la situación, bien sea por una noticia de prensa, bien sea por algo que te cuentan, bien sea que te llegue, recónditamente, desde eso que llaman alma. Los llamados de la situación para una obra de arte, siempre son enigmas y se aparecen misteriosamente. De ahí en adelante hay todo un proceso de investigación, y hasta, si se me permite la palabra, de “digestión” de la obra. Es, haciendo un símil, “un embarazo”, donde se va gestando la obra, en mi caso, mentalmente. Nunca tomo apuntes. Va creciendo sola, en mi interior. Una vez sucede eso, una vez culminada la gestación, viene el parto, que disciplinadamente, para mí, tiene un horario que es desde las siete de la mañana hasta las doce a una del mediodía. En ese lapso, escribo una escena, o dos, o el principio, o la mitad, o el final de la pieza. Eso sí, con disciplina de monje trapense. Se culmina la obra. Se deja reposar, macerar, y al mes siguiente, entra a trabajar el oficiante, el dramaturgo y corta escenas, modela, ajusta.
Comenta que su cargo, como director de Cultura del Estado Anzoátegui, no le permite esa disciplina con rigor, “pero no me quejo. Tiempo tengo que sacar a juro, sin que mis responsabilidades a cargo de una dirección tan importante como es esta, la de Cultura, y que me duele al ser de ese medio en mi condición de artista, se vean afectadas. Tiempo le he robado al sueño, a mi descanso, a mi familia, y ya está terminada mi obra Te quiero de gratis, Lavoe, un musical que estreno en septiembre en el Celarg y que ya se comenzó a ensayar con Franklin Vírgüez, Ana María Simons, con música del pollo Brito, la dirección de Daniel Uribe, y la producción de Jorgita Rodríguez”.
-¿Qué ha ocurrido con la difusión de tus textos, dentro y fuera de Venezuela?
-Las obras son como los hijos, toman su propio camino y de repente recibes una llamada, un mail y te dicen por qué camino o andan. Las obras se independizan, Musas, por ejemplo, se estrenó en dos estados de México, y en uno de ellos, en la capital, ganó el premio al mejor texto. Aún no he podido ir a retirar el galardón. En Bolivia, en Perú, en Brasil y Argentina, también se estrenó Musas. Oasis Teatro, de Bolivia, la está presentando en Cuba. En Brasil, ya firmé la autorización para la traducción al portugués de Los hombres de Ganímedes que será publicada y montada por allá. En Estados Unidos, María Silvino Persino, está escribiendo una introducción sobre Dados que formará parte de una antología sobre biografías de hombres, en edición bilingüe del Trinity Collage. Sorpresa grata fue, como te dije en exclusiva, el estreno de Dados, en Teherán. No pude asistir por razones de trabajo.
-¿De sus obras en el exterior, le llegan algunos dólares?
-Jajajá. Veo que estás bien informado. Sí. Sí me llegan, sólo que en bolívares, no en dólares, pues la compañía por donde lo envían no me lo da en dólares, sino en bolívares, por lo del control de cambio.
-¿Tiene alguna cartilla o vademécum a mano cuando te dedicas a escribir teatro? ¿Cómo nace una obra de teatro en tus manos?
-Sobre el vademécum, creo que ya te respondí y cómo nacen las mismas, también, pero te confieso que mi mejor pieza aún no la he escrito. La mejor pieza, creo, es la que aún no se ha escrito. Sin falsa modestia digo, aún no he aprendido a escribir teatro, creo que nunca lo haré, creo que aún estoy aprendiendo. Pensándolo bien, pienso, que el día en que ya sepa escribir teatro, dejaré de hacerlo, pues ya no será un reto, ya no me ayudará a soportar el vacío permanente, que llevamos en nuestro corazón los dramaturgos desde que nacemos.
-¿Todo acto creativo del hombre es político y es normal que una pieza sea política, lo cual es diferente a ser un panfleto?
-El ser humano es político, desde que tiene conciencia de su cortedad sobre la tierra. Se constituye políticamente para sobrevivir. Ni la familia escapa de ello. La familia es, en sí misma, una relación política, un ente fundamentalmente político, en constante formación. La relación maternal, paternal, filial, sin menospreciar, claro está, la sentimental, es una relación política de acuerdos para la convivencia, y hasta para el manejo del poder. Toda obra de teatro es política. El hecho mismo que se mantenga al margen de lo político, es una toma de postura política del autor. Ahora bien, el teatro es un arte. El teatro muestra las relaciones de poder exponiendo los grandes conflictos del hombre, sobre sí mismo, sobre la sociedad, sobre el destino, sobre los dioses, sobre los derechos, sobre la justicia, o, el gran tema, sobre la muerte, para criticarlos, para enfrentarlos. El teatro de arte, por llamarlo de alguna manera, es una constante lucha y enfrentamiento contra cualquier poder. El teatro es un antipoder.
Metáfora para revolucionarios
El general en jefe Rafael Urdaneta nació en Maracaibo el 24 de octubre de 1788, y murió el 23 de agosto de 1845 en París. Néstor Caballero toma el último día de la vida de ese prócer de la Independencia para ponerlo en un hotel parisino, ya ciego y desilusionado, junto a su fiel compañero, el indio Clemente Gómez, a jugar, por última vez, una partida de dados, porque además era algo más que un apasionado de ese juego de azar. Por eso la pieza teatral, estrenada en la capital iraní, se llama Dados. Ahí, el personaje histórico utiliza los números de los dados para repasar mentalmente los episodios que marcaron su vida de lucha. Esos números ubican las fechas que definieron su existencia, como el día en que decidió enrolarse en los ejércitos revolucionarios, junto a su primo Francisco Javier, a pesar de la feroz oposición del tío Martín, quien sí apoyaba al decadente régimen monárquico español. A lo largo de la pieza, el autor da claves al espectador para que analice los riesgos y los contratiempos a los que se expone el combatiente revolucionario. La metáfora es obvia y predica que hay que luchar siempre por los ideales altruistas y los derechos humanos .Es teatro histórico contextualizado.

miércoles, mayo 24, 2006

Los 13 ponys de Gustavo Ott

Ni Gustavo Ott, su fundamental artífice, se lo creía o podría haberlo soñado. Pero resulta que es una verdad muy grande, la cual se puede medir ahora con los miles de espectadores y las decenas de espectáculos ahí exhibidos. Se trata nada más y nada menos de que el Teatro San Martín de Caracas (Tsmc) cumple 13 años de labores continuas en el suroeste caraqueño, dándole u ofertándole, por consiguiente, a los habitantes de esa popular zona una serie de espectáculos combatientes y desacralizadores de la realidad social criolla y convirtiéndose así en el mejor o el único polo del otro teatro de la urbe capitalina. Esa semilla sembrada tiene que dar sus frutos: crear unas generaciones de espectadores expertos y que nunca más podrán tragar entero lo que se les muestre desde cualquier escenario.
Ese teatro del Tsmc no mercadea con las conciencias de los espectadores ni les fabrica espejismos para ocultar o maquillar los procesos de cambios que en este país avanzan, precisamente desde la última década del siglo XX. Incluso ha mostrado espectáculos virulentos, algunos bordeando el panfleto, pero buscando así romper las burbujas en que algunos espectadores tratan de sobrevivir en medio de la vorágine cotidiana. Han sido montajes, por lo general, de una ideología antiburguesa y además descreída ante las sirenas y sirenos de supuestas revoluciones. Han sido piezas esclarecedoras sobre los mecanismos culturales de dominación y muy cercanas a una ideología anárquica, la cual no es mala, sino quizás la más sabia o la más prudente en medio de las turbulencias.
Hemos sido testigos de esos 13 años de lucha del Tsmc buscando ubicarse entre las mejores alternativa válidas para los caraqueños y es precisamente ahora que llega, cual bálsamo cicatrizante, la pieza Pony o Nunca te he negado una lágrima, del principal gestor del Tsmc: Gustavo Ott (Caracas,1963). Personaje único en el contexto teatral criollo entregado a la creación de una dramaturgia universal a partir de sucesos, conflictos y desamores de su amada Venezuela. ¿Lo conseguirá? No lo podemos afirmar ahora, pero sí advertimos que ha avanzado muchísimo en los últimos 13 años y sus piezas ya se representan en varios continentes, lo cual es un indicador de que para algo sirve lo que escribe. El tiempo, el más fiel amigo y también el peor enemigo del hombre, dirá lo qué pasó con este venezolano y sus metas. ¡Sus éxitos son de todos y sus fracasos también!
Por ahora hay que reseñar su Pony, una comedia tramposa, como lo son todas, donde las risas provocadas por los gestos o las situaciones de los personajes, o por lo que ellos dicen son verdaderas gotas de ácido sobre una cetrina piel, o son sal sobre las heridas que tienen las almas de los venezolanos o de todos aquellos pueblos que no han superado a la burguesía dominadora. ¡Ojo: no es una pieza guerrillera, ni cosa parecida, sino una verdadera patada contra las sacrosantas tradiciones de las familias que todos conocemos, las familias a las que pertenecemos sin haberlas escogido!
Pony son cuatro actos o cuatro etapas a las que Mónica Morales (Verónica Arrellano), una trabajadora de la clase media, es sometida por su familia, en medio del contexto audiovisual de unas elecciones presidenciales del país donde vive, comicios que para ella pueden ser su tabla de salvación si gana el candidato de sus preferencias. Padre, madre y hermano la engañan de la forma más abyecta, como es la manipulación de sus afectos o de su sensibilidad, para quitarle o robarle sus ahorros, que son precisamente en dólares. El final es críptico: ella, en medio de la soledad y el abandono de su familia, además de haber perdido su marido, le dice a su padre que la esperanza es como un caballito pony, el cual está hundido en una habitación llena de mierda o excrementos, pero que ahí está y que mientras exista la esperanza o ese pony ella podrá seguir viviendo.El director Luis Domingo González ha logrado una correcta primera lectura escénica de esa pieza, donde Ott no ha dejado ni una puntada suelta. Todo fluye correctamente para los dos intérpretes (Verónica Arellano y Salomón Adames), a un ritmo y con una fuerza que no deja tiempo ni para reír por la violencia de la comedia: padre, hermano y madre matan los sentimientos de una hija que es todo amor.
Hay por supuesto más lecturas sobre la metáfora de la obra y estamos seguros que el público del Tsmc las hará todas y aprenderá que no se puede perder la esperanza ni que tampoco hay que confiar de buenas a primeras en los demás, aunque sea mamaíta y papacito quienes los acosen.

martes, mayo 23, 2006

Pinocho 2006

El Teatro Universitario de la Universidad Central de Venezuela, con sus dignos 60 años de labores continuas, ha sido, hasta ahora, útil para el desarrollo de las artes escénicas criollas. Por ahí han pasado directores y dramaturgos que dejaron las marcas de sus estéticas que sí lograron romper los muros de “la casa que vence las sombras”. Desde Luis Peraza, Nicolás Curiel, Herman Lejter, Luis Márquez Páez o el saliente (¿?) Luigi Sciamanna en estos inciertos principios del siglo XXI, todos dejaron sus huellas y aportaron las ricas páginas de sus historias para la historiografía teatral. Desechar o tratar de ridiculizar los aportes del TU para el desarrollo de una estética teatral vernácula y además contribuir al acrecentamiento del público, sería un acto sólo posible por algún sector de “ignorantes con títulos académicos”, de esos que abundan ahora en algunas jefaturas universitarias, de esos que el germano comunista Bertold Brecht ridiculizó con sus piezas y hasta con sus textos.
Luigi Sciamanna escogió el metafórico texto Pinocho, las aventuras de un muñeco, de Carlos Collodi (1826-1890) y se atrevió a versionarlo y ponerlo en escena con un elenco de estudiantes ucevistas. Quería con este espectáculo iniciar así su retiro de la dirección del Teatro Universitario, pero antes iba a montar otro espectáculo con el apoyo de la nación francesa sobre la amplia temática de los derechos humanos. No sabemos qué pasará con ese atractivo proyecto, ahora que este artista ha renunciado para demostrar así su desacuerdo ante irracionales prácticas de insano autoritarismo, neofascistas actos increíbles en un claustro universitario. Ya veremos qué pasará con la institución cultural en los nuevos tiempos que se le vienen encima, precisamente ahora que han descubierto, un tanto tardíamente, que “el crimen no paga”, como tampoco la corrupción da beneficios.
Sciamanna tomó el texto de Collodi y lo cambió radicalmente, pero dejó la esencia de la anécdota: un artista hace un muñeco de madera para acompañarse, pero, mágicamente toma vida e inicia su periplo existencial cual si fuese el Peer Gynt de Henri Ibsen. La versión 2006 de ese clásico moderno de la literatura italiana no tiene nada que ver con lo que antes ha sido llevado al cine ni con lo que han utilizado para eventos destinados a la infancia. Es un versión política y muy apropiada para estos tiempos. ¿Será eso lo que molestó a los pequeños censores y violentadores de los derechos humanos?
Este Pinocho Sciamanna, que es como debería denominarse el espectáculo, nos satisfizo plenamente y especialmente por la versión. Ahí se muestra a un “niño de madera” sorteando todas las trampas posibles que le tiende una sociedad corrupta, esa que no respeta a la infancia y abusa de ella en todas las formas. Pero donde más se muestra la inteligencia y el compromiso político de Sciamanna es en su crítica demoledora contra el fascismo, el padre de todas las tiranías contemporáneas y su trágico rol como inspirador de guerras y persecuciones contra todas las minorías. Y no podía faltar las alusiones a las drogas ni el sexo, trampas que también asaltan al inteligente pero imprudente muñeco de madera (bien encarnado por Mauricio Gómez, estudiante de la Escuela de Artes de la UCV). El epílogo muestra al Pinocho convirtiéndose en ser humano y por lo tanto permite ver el streptease más oportuno del mundo, ya que los seres humanos nacen desnudos, a pesar de que algunos quisieran que vinieran con calzoncillos o pantaletas. ¿Este justificado desnudo final habrá asustado a unas personas en especial o los envió al médico plástico de inmediato?.
Nos gustó también, por supuesto, la puesta en escena lograda por Sciamanna. Insiste en hacer un teatro sin escenografitas y con el mínimo de utilería, crear atmósferas, componer situaciones, utilizar momentos lúdicos y hacer juegos escénicos, y, como es lógico, dirigir a sus actores en claves farsescas, aunque éstos sean modestos aficionados que lo que consiguen es ser ellos mismos. En esta ocasión contó con el apoyo del primer actor Gonzalo J. Camacho, quien encarnó al padre de Pinocho, el artista aquel que talla un muñeco y que ve asombrado cómo el muchachito se comporta como un ser humano, vive su proceso y se hace hombre, porque se trata de una hermosa metáfora sobre la vida de los seres humanos .Se marcha Luigi Sciamanna, tras renunciar, pero atrás deja la semilla de su Pinocho 2006 y denuncia la envidia que su trabajo despertó.

jueves, mayo 18, 2006

Ladrones del teatro venezolano

Ya el dramaturgo Gustavo Ott (Caracas, 1963) dio la voz de alerta. En la república venezolana, la quinta, los artistas -las conciencias críticas o los que marcan los ciclos históricos de sus comunidades- continúan siendo los parias de la nación. Carecen de la básica seguridad social y de verdaderos estímulos para la creación. Son seres humanos desvalidos y por ende sus proyectos artísticos mueren antes de nacer. Ante un panorama tan tétrico son pocos los que persisten y llegan al lugar ansiado, mientras unos cuantos deben emigrar para salvarse, dejando atrás sus raíces. Pero eso no ha sido solamente en el siglo XXI. La historia de las artes venezolanas, especialmente las del siglo XX, tiene ejemplos, unos pocos brillantes y otros tan numerosos y oscuros que no se registran por piedad, pero que son el indicador del subdesarrollo de una nación que las ha tenido todas para destacarse, pero la inepta burocracia lo ha impedido. ¿Se podrá detener eso? ¿Alguien podrá cambiarlo y darles a los artistas criollos el verdadero lugar que se merecen? ¿Se podrá impedir que nos roben el talento artístico?
Subrayamos esta anómala situación del conglomerado artístico, que ya antes había sido denunciada por otras personalidades, porque hay un director de teatro, Dairo Piñeres (Caracas, 1975), que terminará por irse al exterior para avanzar en su desarrollo profesional y dejar de sufrir cada vez que insiste en escenificar sus espectáculos, donde además permite el desarrollo de nuevas generaciones actorales. Por supuesto que él no es el único con esos problemas y por eso hacemos esta denuncia, porque día a día se van agudizando las malas condiciones de trabajo aquí reveladas, y el país terminará por importar también directores, como se hizo en los años 50, 60 y 70 del siglo pasado. ¿La Misión Cultura debería además atender o cuidar a los hacedores del arte?
Quienes deseen ver el talento en desarrollo de Piñeres deben acercarse al Ateneo de Caracas donde, en su Sala Anna Julia Rojas exhibe su espectáculo Los ladrones somos gente honrada, de Enrique Jardiel Poncela, con la participación de jóvenes talentosos, como Willy Martín, Jossué Gil y Guillermo Canache, entre otros. Ahí, utilizando una estética en blanco y negro, se busca recrear las atmósferas de la vida y la muerte, las metáforas del día y la noche en las almas de quienes sí buscan las respuestas a sus incertidumbres, a sus pesimismos, a sus náuseas existenciales. ¡El eterno problema del hombre ante la incapacidad de decidir su destino!
Los ladrones somos gente honrada -hizo temporada durante el último trimestre de la temporada del 2004- es una comedia tramposa, como tramposa puede ser la vida si no se le descubren sus claves a tiempo. Presenta a 14 personajes encerrados en un palacete y jugando a un objetivo común: apoderarse o robarse un testamento y unos cuantos millones de dólares. Son 14 seres jugando a ser policías o delincuentes, y en ocasiones son simples seres humanos desesperados porque no se explican lo que ocurre, o no logran explicarse los orígenes de sus dolencias mayores. Una cosa es lo que revela el título de la pieza y otra lo que dicen y hacen sus personajes. No se trata de una comedia filosófica, pero sí muestra las facetas más oscuras de la conducta humana, cuando por alcanzar el dinero de manera fácil, se vende hasta la misma paz interna.
El espectáculo permite ponderar el talento de Piñeres en el manejo de una comedia de las equivocaciones o un vodevil donde lo que se dice puede lucir cursi o frívolo, pero donde la verdadera comicidad se logra por las caracterizaciones de los actores, quienes rememoran a esos grandes cómicos del cine, como “Los tres chiflados”, hasta las comiquitas de “La pantera rosa”. La risa fácil le llega al público por el gesto y la tensión de los actores. Es un trabajo poco común en estos oscuros días del teatro criollo, cuando todo se quiere resolver con monólogos o con duetos, cuando pocos arriesgan en sus creaciones porque están solos.
Es notable también el profesionalismo o la destreza del conjunto actoral ahí presente. Por razones médicas, uno de los protagonistas, Víctor Baldonedo, tuvo que ser sustituido de emergencia. Y en menos de 48 horas, el comediante Willy Martín lo relevó con mucha solvencia. Lo vimos el pasado viernes y quedamos impactados por su performance, su juego gestual y el acoplamiento con el resto del elenco. Ahí hay histrionismo que debe ser cultivado y eso se conoce ahora gracias a Piñeres.
¿Qué pasara si él u otros se marchan? ¡Hay que estar alerta ante los ladrones de talentos!

martes, mayo 16, 2006

El "Ponny" de Gustavo Ott corre en el San Martín

Hay fiesta en Caracas porque este viernes estrenan una pieza teatral de autor venezolano.Es día de festejo porque en Venezuela el artista nacional no es tomado en cuenta, como debería de ser, por el Estado y por los particulares que hacen o producen espectáculos. Y si se monta un escritor criollo de literatura dramática, es porque él mismo se las ha ingeniado para no pasar desapercibido. Es el caso de Nunca te he negado una lágrima o Pony, del caraqueño Gustavo Ott (1963), el cual se verá desde este viernes en el Teatro San Martín, en Artigas.
Nunca te he negado una lágrima o Pony es una comedia, la primera de Ott en 10 años, producida por el Teatro San Martín de Caracas y Textoteatro, dirigida por Luis Domingo González, con los trabajos actorales de Verónica Arellano y Salomón Adames. Es la tercera producción del año, luego de Nunca te bañes sola de Daniel McIvor y Devastados de Sarah Kane. “Estamos muy orgullosos de haber estrenado a Kane en Venezuela, nadie la había hecho antes, al igual que McIvor, el que presentamos con traducción nuestra. Por su parte, mi obra es un estreno mundial del Teatro San Martín”, apunta Ott.
Él desistió de dirigir su texto, porque antes había escenificado Nunca te bañes sola. “Luis Domingo pidió mi pieza porque encontró en ella un regreso hacia la comedia de tesis y muy especialmente hacia Brecht. Nuestra compañía en este momento tiene un grupo muy interesante de directores y actores-directores, lo que nos permite ser muy versátiles. De hecho, creemos más en el dramaturgo-director, o el actor-director, que en el artista especializado. Nos gusta el creador completo. Somos hijos de la gira y de la Sala y con ellas hemos aprendido a entender a ese creador de los 60 que lo hacía todo, porque todo lo amaba. Somos artistas, pero también porteros, conserjes, luminitos, secretarias, con un orgullo recio”.
Venezuela y todos los regímenes electorales están en el trasfondo de Nunca te he negado una lágrima o Pony. Ahí se habla del engaño pero también sobre la necesidad que tiene el engañado de ser sometido a la mentira. El engaño es ofrecido al engañado con su consentimiento. “La obra nos dice que el engaño comienza con la familia y que ese engaño lo utilizamos luego en nuestras relaciones con el poder y del poder con su pueblo. Quizás estamos ante el fin de la representación política y nos preparamos para la nueva batalla de los pueblos: la de la democracia directa, donde la gente sea consultada, donde el poder sea meramente administrativo de la voluntad del pueblo, en un nuevo sistema siglo XXI en el que se le consulte a la gente antes de tomar decisiones. La tecnología celular e Internet permiten hoy consultar directamente a los pueblos sobre las decisiones que tienen que ver con nuestras vidas”.
Ott puntualiza que esa “batalla no será fácil ni siquiera de comenzar, porque si las dictaduras tratan a los pueblos como enemigos, las democracias nos tratan como imbéciles. Aún así, el hecho real es incontestable: hoy, la posibilidad real de que el poder resida en el pueblo está finalmente allí, gracias a la tecnología. En el fondo, esta es la respuesta al dilema final del anarquismo, que siempre se pensó, no tendría una salida práctica. Hoy, está ahí: controlar el poder para que éste no abuse de nosotros”.
El autor no tiene miedo de que le descifren la metáfora presente en su obra y que le reclamen. “Para eso precisamente están hechas las metáforas. Su naturaleza es ser revelada. La rosa es un porqué”.Con 25 obras disponibles, en español y 35 en idiomas diferentes, en Internet (http://www.gustavoott.com.ar) , Ott no se detiene ni se va de vacaciones. Está laborando en dos proyectos simultáneos, ambos sobre el tema de la catástrofe y la poesía. “120 vidas x minuto es uno de ellos, una pieza también reveladora del alma nacional y Tigra tigra que ardes, sobre la necesidad de ser rescatado. Termino mi primera obra infantil Somos una familia rara con un gato invisible, que trata del tema de la tolerancia y ‘la nueva familia, nueva sexualidad’ además de proyectos por encargo, guiones y narrativa, fundamentalmente”.
El Teatro San Martín está en pleno proceso de reparación general gracias a Pdvsa, el Centro de Arte La Estancia y Fundapatrimonio encargado del rescate de la fachada. El Tsmc ha sido declarado Patrimonio Cultural de la Ciudad. Los arquitectos e ingenieros han rescatado los rasgos originales Art Deco] de un teatro construido en 1942, pero con la posibilidad técnica y adaptación a los criterios modernos. Y todo esto sin cerrar el espacio teatral. Las obras de fachada estarán listas en un par de meses, quizás menos, pero las áreas internas llevarán más tiempo. “Tendremos que cerrar, pero no todo: una sala primero y la otra después, lo que agudizará la crisis de espacios en la ciudad. Pero será luego en beneficio de todos. La temporada 2006 sigue su curso con el III Festival del Autor, el 4to. Festival de Danza y los estrenos de Tejas verdes de Fermín Cabal y Pudor de José Pliya. La Gira 2006 nos llevará por todo el mundo, mostrando al artista que hoy, desde cualquier esquina, conquista al mundo”.
Artistas sin seguridad social
Gustavo Ott advierte que el Iaem (Instituto de Artes Escénicas y Musicales) tendrá que enfrentar, casi ya, la falta de espacios y además de reforzar a los que ya existen con un programa de “Sala Concertada” a la manera de Buenos Aires, Bogotá o Madrid. “Caracas tiene sólo 12 salas y casi todas están en muy mal estado, tanto técnico como en sus infraestructuras. los próximos tres años podemos abrir 20 salas. El Iaem tiene el reto de crear nuevos espacios. No es tan difícil, la experiencia argentina en esto es muy importante, con 300 salas en Buenos Aires. Eso está dentro de lo posible, ni siquiera es tan caro, hay un sector teatral listo para este crecimiento, hay un público ávido, están los creadores esperando el llamado. Liderizar este sector debe ser lo más fácil del mundo, porque aquí no ha habido ni liderazgo ni camino trazado en casi 40 años. El otro reto es la seguridad social del artista. Ningún empleado público, ningún funcionario, ningún trabajador privado o público, de cualquier nivel, desde el office boy hasta el ministro, sin contar los periodistas en general o los culturales en particular, nadie en este país soportaría la situación de indefensión en la que malvive el artista venezolano. Sin seguro, ni pensión, ni acceso posible a ningún programa social, el creador venezolano es un avión en picada que espera, luego de desarrollar proyectos maravillosos, obras estupendas, instituciones originales, dando lo mejor de sí, un único destino posible: estrellarse. Y no sólo él, sino también su familia. Los niños se ven lindos con su violín en la orquesta, con su malla de ballet, con su maquillaje de teatro, pero ellos son los mismos que luego serán marginados como el último de la escala social. La principal arma de las sociedades capitalistas y liberales para someter a sus pueblos es destruirles la vocación. Destruimos la vocación para tener entonces un ejército de trabajadores al servicio del capital. Eso es lo que hacemos hoy: destruir la vocación. Ya nadie puede ser lo que quiere, sino lo que le marca el engranaje de la producción. El tercer reto del Iaem es el respaldo del creador y su obra. No importa cuánto dinero se invierta, lo que hace una gestión cultural importante es la que más creadores y obras desarrolla, no la que más espectadoras lleva al teatro.El espectador es consecuencia de la obra de arte. Concentrarse en el espectador es un criterio reaccionario, muy de derecha, es decir, el mismo del teatro comercial, ese por dinero, éste por votos. Una época son sus creadores y más que ellos, sus obras. En ese sentido, Venezuela debe competir con los programas culturales de apoyo a los creadores que ya existen en México, Chile, Argentina o Brasil. Ese es el tercer reto: el Iaem debe ponerse de nuestro lado".

viernes, mayo 12, 2006

Manuela cuenta lo suyo

El teatro siempre estuvo y continuará en crisis hasta la desaparición definitiva de la raza humana. Eso comenzó hace más de cuatro mil años, pero siempre sus artistas han luchado armados con su inteligencia, lo único que tienen, para enfrentarse al poder, bien sea político o económico o cultural, y lograr así llevar a la escena sus reflexiones sobre la vida, pero siempre divirtiendo al público, nunca aburriendo ni jamás haciéndolo dormir.
Recordamos esto porque el teatro venezolano, con unos poquísimos y angustiosos 400 años, sigue maniobrando con los monólogos o los unipersonales para no abandonar a su paciente audiencia, y ahora, en estos tiempos bolivarianos que se viven, nada mejor que sacar de la tumba a la amada fiel del Libertador y ponerla en la escena de la Sala de Conciertos del Ateneo de Caracas, desde el próximo 19 de mayo. Se trata del espectáculo Manuela...la mujer, actuado por Jenny Noguera y bajo la dirección de Mario Sudano, uno de “los hijos del autor escénico Orlando Arocha”.
Según Sergio Arrau, destacado escritor chileno y “padre” del texto que ahora relanza a Jenny Noguera a la escena, comenta que en su pieza intenta ser fiel a la biografía de la extraordinaria mujer que fue Manuelita Sáenz. “Sigue el accionar de ella como compañera de Bolívar desde que lo conoce en Quito, los amores tormentosos que tuvieron en Lima, hasta su separación definitiva en Bogotá”.
Arrau -cuando vivió en Caracas los duros años del exilio, escribió el sainete El padre del teatro venezolano, que no es otro que Andrés Bello- comenta que Manuela Sáenz es un ser de múltiples facetas, de carácter luchador y aguerrido, sin dejar por eso de ser al mismo tiempo dulce y tiernamente femenina. “Ella no parece que hubiese vivido dos siglos atrás, pues su proceder ausente de los prejuicios de la época, su desprecio por el medio pacato y convencional en el que vivía, resultaba revolucionario en el siglo XIX, cuando aún se consideraba a la mujer como un ser inferior, totalmente subordinado al dominio masculino”.
Advierte que en su Manuela…la mujer no se inventan hechos. “Ellos sucedieron realmente. La acción se inicia en Paita, pequeño puerto del norte del Perú, comenzando por el final como quien dice, con una Manuela vieja y pobre que a medida que va rememorando su pasado rejuvenece, ‘viviendo’ nuevamente los acontecimientos -cosa que solo el teatro lo permite ver objetivamente- desarrollando el gran amor de ella por y con Simón Bolívar. Se suceden facetas graciosas, dramáticas y trágicas que implican las circunstancias vividas por una dama tan especial, que alejándose de la vida tranquila y cómoda que le correspondía por su medio social, quiso llevar otra llena de peripecias dulces y amargas al ligarse con el héroe, con el hombre genial, el apóstol empeñado en la misión de lograr la libertad de los pueblos latinoamericanos. Para semejante hombre tenía que corresponder una mujer muy especial. Y esta fue Manuela Sáenz que tuvo sus mismos ideales y objetivos”.
Puntualiza que esta obra teatral, actuada escénicamente por una sola actriz, que va cambiando a distintas edades, amen de ir viviendo a otros personajes de su tiempo, -reales o ficticios-, que acompañaron o se enfrentaron a la protagonista, da por resultado que Manuela …la mujer sea un fuerte reto para una cabal interpretación artística. Insisto en que si hay un personaje de la historia latinoamericana atractivo por su accionar, hechos y pensamientos, por su fidelidad a un hombre e ideal libertarios -o, si se quiere- ideal libertario personificado en un hombre, ese es sin lugar a dudas el de Manuelita Sáenz. Mi obra pone en escena de manera sucinta hechos esenciales de la vida de esta notable mujer que amó y acompañó al Libertador en gran parte de la heroica gesta. Por el hecho de ser un trabajo unipersonal, esta pieza teatral constituye un duro desafío para la intérprete, puesto que requiere ductilidad, fuerza, ternura, convicción, gracia y encanto, cualidades necesarias para que ella ‘viva el personaje’ y así pueda hacerlo vivir con ella al público”.
La actriz Jenny Noguera iba a dar una rueda ayer, pero la postergó para el próximo martes. Pretendía contar sus intimidades con el texto de Arrau y con el proceso de la puesta en escena que le ha creado el director. La que si habló, y hasta por los codos, fue la activa productora Gisella Pérez Guzmán, quien comentó que ya tiene una serie de contratos para llevar a Manuella...la mujer a varias ciudades del interior y por supuesto al exterior. Se trata de un monólogo que impacta mucho por la veracidad de su texto y con el trabajo de filigrana de Jenny, subrayó esta briosa trabajadora de la cultura que ahora se entrega a un unipersonal sobre una mujer que es toda un bastión de la historia americana: Manuela Sáenz.
Chancaquitas para Sudano
Mario Sudano comenta que “Sergio Arrau acota un corredor que da a la calle en el lugar de acción de su Manuela...la mujer. Según el texto además notamos la existencia de otros elementos, como mesa, mecedora, sillita y muñeca negra. Pero la imagen que he trabajado reúne estos elementos redimensionándolos e incluso agregando algunos y quitando otros. El relato de la simpática Manuelita canturrona, sesentona y con una capacidad mágica para rejuvenecer recordando, tratando de vender sus conservitas, siempre buscándole el lado infinitamente humano a cualquier imagen ilustre y desmitificando todo lo mítico. Ella construye una especie de ‘rincón sacro’, donde cualquiera podría pensar que ella está echando un descanso en una banca de algún templo religioso y allí apostó su muñeca junto a su cofre y a sus recuerdos y por supuesto a su cuento. Hay madera oscura, como la de las puertas de la casa del Libertador, que contrasta con la madera de cualquier teatro en donde la Libertadora vende sus ricas chancaquitas. Así he creado el espacio para el personaje con un tarantín de madera detrás de ella, con unas intervenciones en vitral o un material parecido en donde esta la imagen del mapa geográfico de la Gran Colombia, como una referencia siempre a Quito, Bogotá, Lima y Caracas, para recrear imágenes geográficas o como preparar un espacio para alguien que cree más en lo patriótico que en lo religioso. Hay un paraban que a la vez sirve para que la actriz pase por detrás y deje vestuario y recoja elementos nuevos para ejecutar sus cambios en el tiempo. Una banca larga como de iglesia en donde ella aposta su bandeja su cofre y sus utensilios, y una mecedora chiquitísima para Jonatás. La iluminación ayuda evidentemente a los efectos del vitral geográfico”.

jueves, mayo 11, 2006

Luis Freud


Ese actor admitió que después de largos 20 años de complejos trajines escénicos -teatro, cine y televisión- nadie sabe su nombre o nadie quiere aprenderlo. Muy en serio y muy en broma, lamentó tan anómala situación, porque si la gente no conoce su nombre nadie podrá decir lo bueno o lo malo que él es en su trabajo o en su conducta social. Muy en serio y muy broma, admitió que el único nominativo por el cual se le conoce públicamente es por ser “El marido de Mimí Lazo”. Eso tampoco lo molesta ni lo despeluca, porque es verdad y porque, precisamente, ella es su esposa legítima, con quien está criando a un niño, es nada más y nada menos que la productora de su nuevo espectáculo No eres tú ¡soy yo! Se trata de un delicioso, además de revelador stand up, nada corriente espectáculo, escrito a partir del libro Sexo sentido y con la colaboración de la dramaturga y libretista para la televisión Mónica Montañés, la autora del monólogo El aplauso va por dentro que lleva diez años en escena, gracias a la primera actriz Mimí Lazo, la mujer de Luis Fernández. O sea que es un conglomerado que trabaja, disfruta y gana dinero, como debe ser.
Hay que aclarar que Sexo sentido es el rótulo de un programa radial donde Luis Fernández, o “El marido de Mimí Lazo”, muy serio y muy en broma, entrevista a mujeres amigas o anónimas que admiten hablar de sus intimidades eróticas o sexuales, teniendo en cuenta las limitaciones legales que existen para ese tipo de revelaciones ante un medio de radiodifusión , además de otros “controles sociales” que obstaculizan la propalación de algunos ángulos de la vida sexual de los seres humanos, vida que además todos los oyentes conocen y disfrutan.
"El marido de Mimí Lazo” hizo una selección de las entrevistas radiales de Sexo sentido, no menos de 500, y ahora las ha compilado en un libro, impreso por la editorial Criteria, el cual le ha permitido inventarse un guión teatral que ha memorizado y actuado mejor que nunca para su No eres tú ¡soy yo! En resumen: puso en escena unas cuantas situaciones de relatos conocidos, los parodia, los glosa, los somete a la prueba de fuego de la risa del público y así consigue atraparlo magistralmente. La audiencia desinhibida ante el anonimato que da la oscuridad de la sala teatral, termina mofándose del otro, del que es narrado o representado. Hace catarsis sin tener consciencia de ella, porque en el fondo se trata de un conglomerado que tiene múltiples frustraciones sexuales o insatisfacciones eróticas, sin contar los problemas provenientes de las fisiologías anómalas o ya envejecidas. ¡Todo tiene su principio, apogeo y caída!
En fin, lo que el autor de Sexo sentido hace es una especie de gran psicoanálisis. Es un profesional que pregunta y repregunta, y además agrega sus cosas, mientras el paciente, el público, ríe o aplaude, porque la historia de sus vidas son explicadas o mostradas por el actor, que en este caso ya no es Luis Fernández sino Luis Freud. Un señor de 37 0 38 años que ha descubierto, sin proponérselo, el gran filón de los facilitadores de autoayudas sexuales, ese que añade la sal, la pimienta a una relación sentimental que se cae porque el caballero no arranca ni con tres “pastillas azules”, mientras que la jovenzuela, de 18 años, tiene que tomar prozac para suavizar sus apetitos.
Lo del adjetivo Freud para “El marido de Mimí” es casi un homenaje al gran Sigismundo Scholomo Freud (Freibwerg, 1856-Londres, 1939), quien en su tiempo ayudó a mujeres y hombres con problemas de histeria y neurosis, al tiempo que impulsó la terapia del habla, la charla o la conversación con ayuda al paciente. A ese genio judío la humanidad le debe un poco de calma esperanzadora ante el sexo y sus consecuencias lúdicas.Estamos seguros de que Luis Freud podrá ahora hacer también el mismo espectáculo pero no en clave heterosexual sino en clave gay, cambiándole sexo y comportamientos a los personajes de los cuentos que materializa. De esa manera la sociedad caraqueña quedará completa y podrá disfrutar de esos cuentos eróticos, que eso es lo que son, que a buena hora han subido a la escena para ayudar a drenar las sufrimientos de los pacientes habitantes de esta urbe, ahora amenazada no sólo por el fantasma de la burundanga sino por otras cosas que por ahí se gestan, tales como videograbadoras secretas que han captado a insospechadas parejas en actos que no salen precisamente en las páginas sociales. ¡Bienvenido sea ese facilitador Freud, criollo en este caso!