jueves, noviembre 23, 2006

Susanita Pons aún no se rinde

Dos actores venezolanos libran una singular lucha desde los escenarios para reivindicar a sus realistas personajes y además abogar por el respeto de la sociedad a los derechos humanos. Mimí Lazo es Valeria y defiende a las mujeres cuarentonas que luchan por conseguir un amor serio y caminar acompañadas hacia sus horizontes existenciales. Mientras que Franklin Virgüez hace a Susanita Pons, estridente travesti que actúa su historia en los botiquines caraqueños, y también los mexicanos , y además de confesar su pulcro amor hacia el bolerista ecuatoriano Julio Jaramillo, pide conmiseración para su tipo de vida.
Valeria y Susanita Pons son los protagonistas de los monólogos o unipersonales El aplauso va por dentro y Mister Juramento / Homenaje a Julio Jaramillo, sendas y auténticas creaciones teatrales venezolanas que ya han trascendido las fronteras
ACTOR Y PERIODISTA
Virgüez (Barquisimeto, 1953) se instaló en Caracas, al principio en el 23 de Enero, cuando cumplió 14 años. Fue office boy y fotógrafo en la Cadena Capriles hasta que decidió saltar a los escenarios, paras lo cual se preparó en la Escuela de Arte Escénico Juana Sujo, donde debutó en la comedia La decente, de Miguel Mihura, dirigido por Marcos Reyes, y hacia 1978 se le vio en la telenovela Rafaela, de Delia Fiallo, que transmitió Venevisión. Desde entonces nunca más abandonó los escenarios, los platós ni los sets televisivos.
Pero Virgüez no es sólo actor. Se graduó como comunicador social en la Universidad Central de Venezuela, hacia 1990, con la tesis En la televisión a colores el negro no se ve: Discriminación y autodiscriminación artística del negro en la televisión venezolana. Un tema que él ha vivido o sentido en su piel morena.
Trató que José Ignacio Cabrujas le escribiera un unipersonal a partir de una serie de sucesos que conocía, pero fue, finalmente, Néstor Caballero quien lo hizo. Emergió así Mister Juramento / Homenaje a Julio Jaramillo.
Virgüez no escribió ese monologo porque le dio miedo y no tenía la experiencia literaria. Se lo contó todo a Caballero, en especial su experiencia con el actor Manuel Poblete. Pero el espectáculo no es la historia de ese comediante, pero si le impactó o inspiró “la soledad en que vivía, porque era homosexual y tenía sus normas de vida, sus sufrimientos y otras confidencias que él me hizo. Él me decía que era muy duro ser marico y no tener plata, porque sin dinero nadie le daba un beso, nadie se lo hacía de gratis”.
Él insiste que Mister Juramento es una amarga historia de la soledad de un homosexual, pero es también la soledad de cualquier otro ser humano que no tenga afectos sinceros y que además tenga que pagar por esos afectos. “La estoy montando desde 1996 y ha sido un éxito donde la he exhibido. Cuando la mostré en Miami, me escribieron notas hermosas en la prensa. Aquí también ha sido así. El público se ha manifestado también”.
Reitera que “Mister Juramento es también una advertencia sobre lo que es llegar a viejo sin tener una vida organizada, cuando se vive en una sociedad sin una verdadera seguridad social. Pero mi obra también es una advertencia o denuncia sobre el rechazo social, sobre la violencia que hay contra la pobreza, contra la marginalidad, y sobre el rechazo a los homosexuales, rechazo contra el cual yo he combatido. Soy amigo de muchos de ellos. En este mundo del arte no puedes ignorarlos, porque están ahí y en todas partes”.
PEDRO O SUSANITA
Virgüez explica que “Mister Juramento puede aceptarse como un homenaje a Julio Jaramillo, pero es una comedia, donde se enfoca a la soledad, como tema central, a partir de la historia de Pedro Maldonado, nombre del único personaje de la obra, quien nació en el Guarataro, Parroquia San Juan, y desde muy pequeño manifestó tendencias a la homosexualidad. Siempre quiso ser artista, y aunque cantaba muy mal, llegó a transformarse en Susanita Pons, apodo que adoptó por su admiración a dos grandes divas de los años 50”.

Mister Juramento 2006

Hay espectáculos que, como el buen vino, se añejan, se hacen más convincentes y repotencian la transgresión o la denuncia de su anécdota, además de exhibir a sus actores más en la piel de sus personajes. Eso lo decimos por Franklin Virgüez, en ruta hacia los primeros diez años con su unipersonal Mister Juramento / Un homenaje a Julio Jaramillo, de Néstor Caballero. Este comediante y su ente escénico son otros, y de eso damos fe, desde que los mostró, con cierta timidez a mediados de la última década.
Lo afirmamos porque hemos vuelto a ponderar a ese Mister Juramento, descarado y descarnado lamento del travesti Susanita Pons empeñado en homenajear a su mentor, amigo y salvador: el ecuatoriano Julio Jaramillo (1935.1978), a quien sus fanáticos rebautizaron “Mister Juramento” por su interpretación de “Nuestro Juramento”, letra de Mario de Jesús , canción que dice cosas como estas: “Si tu mueres primero, yo te prometo, escribiré la historia de nuestro amor con toda el alma llena de sentimiento, la escribiré con tinta sangre del corazón”.
El personaje propuesto por Caballero y creado o agigantado por Virgüez es el travesti Susanita Pons, en perenne ruta hacia la transexualidad, cosa que nunca consigue por su pobreza, además de otras desgracias personales. Viene a ser uno de esos fantásticos seres de la larga e irredenta nocturnidad latinoamericana, de esos que consumieron sus vidas en bares, discotecas, burdeles o “estudios”, o en calles o avenidas de las urbes. Seres mitológicos que no fueron redimidos por ninguna sociedad y que nunca lo serán hasta que no los miren más como objetos de supuestas perversiones, sino que los acepten como seres humanos transgresores que exigen su derecho a vivir o malvivir como les plazca o deseen.
Son esos miles de “Susanita Pons” que pululan en las noches, unos seres rebosantes de teatralidad, porque a su vez se cargan con las modas y las costumbres de otros, como ellos, que viven en Europa y Estados Unidos, los espectaculares drag-queens. Jean Genet predijo que un día cualquiera, ellos, junto a prostitutas y obreros irredentos, serán la vanguardia de una gran revolución social.
El personaje creado por Virgüez oscila entre los grotesco, lo patético y lo cómico. Exige gran trabajo físico y logra asumir a un ser que con su travestismo está cuestionando al sistema cultural que no admite divergencias en conductas sexuales ni sociales, porque las castiga con el ostracismo o con la mofa permanente a quien se asume o se atreve.
A medida que Virgüez vaya envejeciendo, su personaje será más estremecedor, mientras que otros, como el, iniciarán su proceloso camino por las calles de unos países que no aceptan retos ni divergencias de ninguna índole. Correcta nos lució la puesta en escena adelantada ahora por Daniel Uribe.

miércoles, noviembre 15, 2006

Crimen en el Vaticano

La cúpula dirigente de la Iglesia Católica Apostólica Romana tiene una larga “historia negra”, una saga de humanos excesos cometidos por sus pastores, obispos y Papas, pero también hay una nítida crónica sobre aquellos religiosos que han muerto en olor de santidad y quienes incluso hasta hacen milagros. Pero el dramaturgo Antonio Álamo tuvo la idea y la materializó de un Sumo Pontífice moderno y dispuesto a cambiar a la milenaria iglesia de Jesús de Nazaret, con lo cual desata una crisis de graves proporciones en el Vaticano, porque los otros jerarcas que acompañan al Obispo de Roma se oponen a esas novedades y creen que hay que frenarlo o darle un no definitivo, o incluso eliminarlo. Pero antes se buscan a un monje exorcista para que visite al Vicario de Cristo en la Tierra y lo convenza de que el Maligno o el Diablo lo puede tentar y hacerle cometer una serie de enormes faltas que podrían derrumbar a la Iglesia del apóstol Pedro.
Bajo esa idea nació la novela Nata soy (2001) y esta se transformó en obra de teatro hacia el año 2005, cuando la estrenaron en Madrid bajo el titulazo de Yo, Satán, especie de thriller teológico o comedia vaticana.Leímos, con especial interés la novela de 308 páginas en tamaño pocketbook, y quedamos fascinados por el especial manejo del idioma castellano por parte de Álamo, quién, antes de cumplir los 50 años, ya es un escritor reconocido y premiado, por su estilo y la facilidad de su pluma no exenta de originalidad.
Confesamos que nos gustó más la pieza teatral Yo, Satán, que ahora hace temporada en Caracas, gracias a la alianza entre el Teatro del Contrajuego y el Centro de Creación Artístico TET, bajo la dirección de Juan José Martín y con un elenco de lujo, encabezado por Omar Gonzalo. En menos de dos horas, gracias a los códigos de la comedia, se materializó y repotenció todo lo que le escribió Álamo, pero, además, el final es apocalíptico, por así decirlo, ya que el angelical fraile exorcista, Gaspar Olivares (felizmente encarnado por el joven intérprete Markel Méndez), asumido como monseñor en ruta hacia el cardenalato y convertido en el secretario privado del Papa, hace una labor definitiva: envenena al Pontífice progresistas y moderno, pero que ante los otros cardenales está posesionado por el propio Satanás. ¡Muerto el perro se acabó la rabia!
En síntesis: Álamo ha recogido todas las malas historias que pululan sobre el Vaticano y lo ha convertido en teatro delicioso, en una comedia que le advierte al espectador que los religiosos todos, con mínimos excepciones, son corruptibles y que algunos han convertido el ministerio sagrado en un en un pingüe negocio. ¡Excelente comedia y valiente actitud la de este intelectual hispano!
La dirección es solvente, con buen ritmo y una profesional plantilla de actores, donde Omar Gonzalo hace un pontífice demasiado humano, a quien no identificamos aquí, pero que los espectadores lo verán ahí: luchando para que la Iglesia no sucumba y esté hasta el final de los tiempos. ¡Bravo!

El diablo tienta al Papa

Antonio Álamo por tercera vez hizo una visita fugaz a Caracas y es por eso que ahora, desde Sevilla, prepara otro retorno con el pretexto de dictar un taller para jóvenes dramaturgos o un simple encuentro con escritores. Así descubrirá que tiene esta urbe que lo ha casi hechizado. En esta ocasión vino para presenciar el estreno de su pieza Yo, Satán, la cual hace temporada en la Sala Luis Peraza, en el sótano de la Iglesia de San Pedro, en Los Chaguaramos.
-¿Es la primera vez que le montan una obra en Caracas?
- No, es la segunda. Antes me escenificaron Pasos, precisamente el mismo director de Yo, Satán, Juan José Martín. También Orlando Arocha hizo una lectura dramatizada de mi Deseos no deseados, pero como montaje teatral es el segundo.
-¿Como anda el teatro en España?
- Bien, yo lo veo bien. Además tengo una visión privilegiada como observador: soy el director del Teatro Lope de Vega, de Sevilla. Ahí se monta un teatro muy ecléctico y su columna vertebral es el teatro de texto, tanto clásico como contemporáneo, aunque los clásicos se escenifican con una mirada hacia la contemporaneidad. En España hacemos teatro de todo tipo: bien de arte o comercial, pero siempre está apoyado financieramente por los gobiernos, por supuesto no con el ciento por ciento: esa ayuda cubre una parte de la producción y el resto lo hacen las compañías, que, por lo general, son sólidas; además hay autores que escriben con mucha frecuencia y tiene éxito de taquilla. En el teatro que yo dirijo pasan un promedio de cien mil espectadores al año, y hacemos unas taquillas que superan al millón de euros, al año; eso quiere decir que mi sala se mantiene gracias a la taquilla.
-¿Por qué está en el teatro?
- Desde adolescente, y nací en Córdoba hacia 1964, quería ser escritor y de hecho lo primero que escribí fueron cuentos, por lo que mi primer libro fue de esos relatos cortos. Cuando fui a la Universidad de Sevilla, para estudiar Derecho, me metí en un grupo de teatro y empecé, como tantos otros, a dirigir, a actuar y escribir textos para el grupo. Pero no estudié nunca teatro; mi escuela ha sido la práctica escénica, aunque hice un curso de dramaturgia en el Royal Court Theatre de Londres y después he tenido unos cuantos talleres con dramaturgos calificados, pero lo que verdaderamente me ha servido es que mis obras se montan y yo he podido además participar en los ensayos, en donde se aprende mucho más. Yo, Satán se estrenó en Madrid en el otoño de 2005 y he tenido la fortuna que también la llevará a México y Argentina. Ahora Caracas la disfruta
-¿Cómo surge Yo, Satán?
- Mi obra surge de un momento cuando yo estaba viviendo en La India, en Benarés, y me acerqué por pura curiosidad a una congregación de budistas y en aquello ocasión el Dalai Lama ponía en duda uno de los dogmas del budismo. Eso me impacto muchísimo y me impactó más la naturalidad con que las dudas del maestro espiritual del Tibet eran tomadas con naturalidad por sus fieles. A mí se me ocurrió pensar que sucedería si eso ocurriese en el contexto religioso católico, si el Papa dudara y quisiera imponer unos cambios en la Iglesia. Se me dio por crear así un Sumo Pontífice que dudaba de unos cuantos dogmas católicos y trata de cambiar la organización y de limpiar esa corruptela que existe en el Vaticano, utilizado para ello su facilidad de comunicación con el Espíritu Santo. Total que me fui a Roma y estuve ahí cuatro meses tratado de conocer a varios personajes del círculo papal. Primero tuvo una forma novelada y se publicó en el 2001 con el titulo Nata soy, que es un palíndromo que al leerlo al revés dice Yo, Satán, que es el mundo del diablo. Me salió un texto irónico sobre la mayor transnacional que existe en el mundo: la Iglesia Católica Apostólica Romana.
- ¿Qué reacciones hubo en España?
- Ante la novela hubo algunas reacciones y hasta unos “silencios” en los periódicos, a lo que yo no estaba acostumbrado y contra la obra de teatro pues se hizo verdad aquello de que la palabra en voz alta es menos inocente o más dura, y si hubo algunas concentraciones frente al teatro Bellas Artes de Madrid, que queda en la Gran Vía, pero no fue nada grave. Mis padres que son católicos fueron a verla y se divirtieron.
- ¿No lo han amenazado con excomulgarlo?
- No, pero si lo anuncian y lo hacen yo no me opongo, quiero decir que se los agradezco. A mí me parece una paradoja que esta obra se haya estrenado aquí en Caracas en una sala que está en el sótano de una iglesia, Pero está claro y lo he dicho antes: ahí no se habla de Dios en ningún momento. Es una obra sobre los hombres que dicen que hablan con Dios o que negocian con las creencias que tienen otros hombres sobre Dios, pero creo que Dios es lo que menos se pronuncia. Y lo mismo se puede decir de Cristo. Y esto es importante que el espectador lo entienda y por eso se ríe bastante y con su risa demuestra que si lo afecta, que sí comparte lo que ahí se dice.
-¿Cómo definiría al teatro?
- Como escritor para mi el teatro es la posibilidad de compartir mi trabajo con otros creadores. Cuando uno esta escribiendo una novela se le pasan dos o tres años encerrado y en medio de una gran soledad hasta que se culmina la pieza. Pero con el teatro llega un momento en que uno sale del escritorio y se enfrenta a las salas de ensayo, las cuales son unas autenticas salas de fiestas, donde se puede compartir con mucha gente y escuchar opiniones, lo cual para un escritor es un auténtico lujo

jueves, noviembre 09, 2006

Potestad regresó a escenarios venezolanos

De las dictaduras no queda nada bueno, salvo unas cuantas obras públicas, erigidas además como obvios monumentos a la corrupción, y miles de desaparecidos. Pero cruelmente, diríamos nosotros, incitan a que las artes se desarrollen para que no desaparezca la memoria y después con la historiografía se exhiba el ejemplo de lo que no se deberá hacerse nunca jamás.
Recordamos esto porque como consecuencia del último régimen tiránico argentino (1976-1983) quedó una sólida dramaturgia que sí explica los errores de los “milicos” que pretendían gobernar para siempre. Una de esas piezas es Potestad (1987) del gran dramaturgo Eduardo “Tato” Pavlovsky, la cual se ha estado exhibiendo aquí en Venezuela, desde 2004, durante varias temporadas, gracias al grupo Teatro del Secadero, de la ciudad Mar del Plata.
No es un panfleto contra las dictaduras o todas aquellas democracias fuertes que violan los derechos humanos y desaparecen a sus rivales. No. Es más que eso. Es un inteligente alegato, utilizando la metáfora del suceso argentino, para proponerle a los espectadores una profunda reflexión sobre los males que sufren nuestras sociedades, como lo son la hipocresía, la falta de solidaridad y el egoísmo de todos los seres humanos. Se trata de un impactante espectáculo que, en sólo 55 minutos, da una clase magistral sobre el tema de la represión, la tortura y la desaparición de personas en Argentina, desde la óptica de un ex represor.
Es la saga de Eduardo, médico militar, que se llevó la bebita de una pareja de “terroristas” masacrados y la crió, con su esposa, haciéndola pasar como si fuese hija propia. Pero un día, los verdaderos familiares vinieron por ella y en el “hogar feliz” se instauró la culpa y la desazón del amor filial perdido, y vino la ruina de una patria potestad ilegítima que lleva lentamente a la locura o la muerte adelantada a ese matrimonio que no pudo engendrar a sus hijos. Es una advertencia de que eso no debe repetirse por ninguna razón, que a los niños se respeta y que la semilla no se toca, porque no tienen culpa de los aciertos o los desatinos de los padres.
Ahí se muestra al ser humano desnudo, tratando de pasarla bien en su duro camino hacia la muerte. No es un espectáculo que abra debates ideológicos como tal ni tampoco pretende ser una pieza que, pese a la temática que aborda. No hace análisis de la patología social ni acusa a ciertos sectores políticos argentinos bien identificados y con mucho poder.
Potestad exhibe al represor sufriendo tanto o igual como lo que sufrieron sus rivales ideológicos. Y podríamos escribir muchas cosas más pensando en el espectador venezolano joven, ese que debe estar al tanto, porque la “bestia humana” anda suelta y cualquier día puede dar sus zarpazos.
Potestad, con la excelente y militante perfomance de Mario González, dirigido por Mónica Marchini, se despide mañana, a las siete de la noche, desde la Casa del Artista. Pero irá al Festival Internacional de Teatro de Occidente, en Guanare, para dar una lección sobre ese horror que no debe materializarse nunca más en este continente.

El teatro terapéutico de Luis Fernández

Mimí Lazo lleva diez años recorriendo a Venezuela yotros países con su unipersonal El aplauso va por dentro, escrito por Mónica Montañés, dirigido a las cuarentonas que están tratando de darle un cambio a sus vidas, tras un divorcio y unas cuantas relaciones fracasadas. Su esposo Luis Fernández está por el mismo camino: mostrar un "teatro terapéutico" destinado a mujeres y hombres de menor o mayor edad, para que se rían de si mismos y puedan, si quieren, reflexionar y hasta cambiar un tanto las rutas de sus existencias.
NO ERES TÚ ! SOY YO !
Luis (con 37 años de edad, 20 de ellos dedicados a las lides actorales) hasta el pasado fin de semana había realizado 121 funciones de su No eres tú ! Soy yo!, lo cual le contabiliza unas 33 mil personas, en el penthouse de la Torre Corp Banca. Según sus cálculos más conservadores podría llegar hasta el primer trimestre del año 2007. El actor advierte que realiza su trabajo escénico a partir de cinco puntos o cinco ciclos, de diez o quince minutos, cada uno.
"Son ejes temáticos que están íntimamente interconectados. Lo bueno de esta estructura es que puedo hacer el espectáculo de 15 minutos o de hora y media, dependiendo de los diferentes temas que quiera o del evento mismo. Trato de hacerlo siempre igual, pero la idea es hacerlo lo más flexible posible, que no sea teatro, sino un stand up comedy. No tengo mas pretensión que entretener y divertir con un contenido reflexivo, porque la gente se puede quedar en la superficie del chiste o ahondar y ver que eso de lo se están riendo es un reflejo de lo que ellos son y cómo a a través de la risa, que es una de las formas de mostrar la vida real, la cual de por sí es demasiado dura, se puede reflexionar y hasta modificar algunas cosas para no seguir cometiendo los mismos errores".
Puntualiza que en la temática de su show alude siempre al hecho, desesperado, que las mujeres pretenden o anhelan que las quieran o amen, "pero su desesperación parte del hecho de que como ellas no se quieren a sí mismas, pues es imposible que los demás las quieran. Si uno no se quiere es imposible querer a los demás y que los demás te quieran. Nos queremos muy poco los venezolanos y por eso tenemos relaciones disfuncionales.Nos relacionamos a partir de máscaras que hacemos de nosotros mismos, pero nunca de lo que somos realmente. Nos encanta decir y creer que tenemos el país de las mujeres más bellas del mundo, cosa que es totalmente falsa porque se trata de una etiqueta para estresarle la vida a las mismas mujeres y para obligarlas a entrar en esa loca carrera contra sí mismas de ser bellas, cosa que no es cierta. Tienen como meta ser bellas porque creen que con eso se puede obtener la vida perfecta o el amor de tu vida o el hombre ideal o eso que algunos llaman `la felicidad’. La belleza es muy perecedera y si eso se utiliza para la felicidad o la búsqueda de la felicidad, se está partiendo de una situación que pronto pasará y comenzarán entonces los más crueles padecimientos, porque eso además va unido con la juventud -que no es unvalor, sino una circunstancia por la cual transitan casi todos los seres humanos- y los sufrimientos serán mayores".
-¿Usted no toca o alude al tema de la juventud como tal?
–No, por ahora no. Hay demasiada angustia ante el envejecimiento, pero eso es un tema para espectáculos futuros. Especialmente por la desesperada búsqueda de la juventud externa, una búsqueda destinada a fracasar, pero lo mejor es la búsqueda de la juventud interna que es otra cosa. Es la persecución de un sueño, el cual le permitirá al ser humano verse como verdaderamente es.
TÉCNICAS Y MÉTODOS
No eres tú! Soy yo!
dura unos 65 o 70 minutos sin intervalos. Su origen está en el programa radiofónico Sexo sentido que Luis Fernández hace desde hace varios años. De esas entrevistas a mujeres y hombres con problemas, sentimentales y eróticos salió la idea del montaje, cuyo guión básico lo hizo a partir de sus libros Sexo Sentido, donde ha compilado tales entrevistas. "Es un teatro que se hace sobre la marcha, como lo hacen los humoristas, que siempre son unos maravillosos actores", reitera Luis Fernández. "Lo mío es una especie de recorrido sobre las diversas maneras de vincularnos afectivamente, cómo llegamos a las relaciones y de ahí al matrimonio, que se supone que es para toda la vida, pero con unas infidelidades de por medio y al final un divorcio, un despecho y una vuelta a empezar. En ese ciclo hay una serie de cosas que suceden y no es bueno ni malo que uno pase por todas las etapas. Esa es la vida. Y lo importante es que cada vez que se pase por ese ciclo, pues que se vayan cometiendo errores diferentes a los cometidos anteriormente".
-¿Por qué insiste en que es teatro terapéutico?
–Es terapéutico, porque todo lo que es reflexivo ayuda a proseguir en el camino de la vida. Resulta terapéutico por consecuencia, pero ese no es el objetivo, ya que mi objetivo inicial es decirle al público: esta es la vida y vamos a reírnos de ella y de nosotros mismos, y de ahí en adelante lo que tu hagas con esto es problema tuyo.
"El público siempre sorprende por sus reacciones. A veces hago preguntas que son respondidas con entusiasmo, pero en ocasiones el público, especialmente las mujeres, se quedan calladas.La gente que no tenga sentido del humor se puede ofender, o porque se ven reflejadas ahí, y por eso no les gusta".

martes, noviembre 07, 2006

No hay una formula para el éxito en el cine

En la Asociación Nacional de Autores Cinematográficos (Anac) hay un "ruido" o un "disgusto" o una "crisis" en las relaciones con el Estado venezolano.Y es Iván Zambrano, presidente de dicha organización gremial, quien lo explica de esta manera:
–Realmente se trata de una situación diferente, es una crisis nueva en donde el asunto no es la negativa del gobierno a asignarle recursos al cine nacional.Más bien se trata de concepciones diferentes en cuanto a la gestión del sector cinematográfico. Por una parte, ciertamente, hay más recursos invertidos y contamos ahora con el aporte que los sectores privados hacen a Fonprocine. Para algunos funcionarios públicos el centralizar decisiones y desconcentrar los recursos es la mejor vía para impulsar el cine, mientras que para los gremios profundizar la participación y la cogestión, estableciendo normas claras y equitativas que permitan la transparencia en la asignación de los recursos, es mejor que la discrecionalidad del funcionario.
Agrega que le parece bien bueno que ahora tengan la oportunidad algunos cineastas de hacer cine como lo hacían las grandes casas de Hollywood, con un gran productor, (en nuestro caso el Estado) y una gran estudio (La Villa del Cine). "Eso con seguridad será un cine diferente al que hasta ahora se ha hecho en el país: un cine de autor-productor, un cine de calle, un cine sin recursos. Para lo que están proponiendo con laVilla del Cine, tendríamos que conocer mejor acerca de los derechos y las formas de asociación para producir en ese sistema, porque lo que sabemos hasta ahora es que todavía no se ha terminado de dotar y están trabajando en diversos proyectos del gobierno".
NO HAY CENSURA
-¿Hay más dinero pero se complica el procedimiento para la distribución del dinero? ¿El Estado censura los guiones o pone obstáculos al creador?
–No ha habido hasta ahora censura de algún guión, proyecto o película. Lo que hay es un proyecto de Reglamento de la Ley de Cine, elaborado por un funcionario contratado por el anterior presidente del Cnac, en el cual se modifica la composición de las comisiones de estudio de proyecto. Hasta ahora las comisiones estaban integradas por una mayoría del sector cinematográfico privado y en esta propuesta se invierte la correlación con cuatro funcionarios y tres representantes de la comunidad cinematográfica organizada. Eso nos preocupa y por eso pedimos que no se apruebe así. Pero hay que ser muy claros en esto, en la convocatoria de este año, la comisión que está estudiando los proyectos sigue siendo bajo el esquema de siempre, con una mayoría de los sectores que representan los gremios e integrada por conocedores de la materia (guionistas, directores, productores, críticos, etcétera).
-¿Si la botija del Estado se pone alta o difícil, queda como alternativa el sector privado?
–Hemos estado procurando la reglamentación de dos artículos que favorecen la inversión del sector privado en el cine venezolano y la creación de una serie de incentivos para hacer atractiva esa participación, como exoneraciones de impuestos, etcétera.Lo que sucede es que otras prioridades han ocupado el tiempo de la dirección del Cnac y no hemos podido adelantar los pasos para que entren en vigencia esas regulaciones. Asimismo, al detenerse las mesas de trabajo para la discusión del reglamento, no se ha podido aprobar éste, para darle el piso legal necesario. El sector privado de todos modos está participando al aportar a Fonprocine, más ahora que en el primer trimestre del 2007 la televisión deberá cancelar su cuota-parte.
-¿Hasta dónde es negocio hacer cine en Venezuela si se tiene en cuenta el número de salas, el número de espectadores, la piratería y el poco o nada apoyo de las televisoras? ¿En pocas palabras, cómo hacer para que aumente la audiencia al cine nacional, si se tiene en cuenta que el cine foráneo barre a las producciones endógenas?
–Lo principal, y aunque suene contradictorio, es tener más películas. Todas las cinematografías exitosas tienen una variedad de productos y así el público tiene de donde escoger. Pero si tú no puedes ver películas por años o apenas se producen tres o cuatro, la gente no adquiere el hábito, ni se acostumbra, y siendo el gran porcentaje de cine en las pantallas ajeno al país, el espectador se acostumbra a una mirada alejada de su realidad, de su imaginario y de sus propias fantasías. Para que tengamos más público debemos garantizar la continuidad de la producción.Eso se logrará cuando tengamos seguridad en cuanto a los fondos dedicados a la producción y se diversifiquen las posibilidades para producir.
-¿Para el actual Estado o Gobierno el cine es una arma de culturización estratégica y por eso quiere un cine menos violento o un cine historicista al estilo de la primera época del cine cubano?
–Para cualquier gobierno suena muy atractivo eso del poder de los medios. Y hemos tenido muchos momentos en que funcionarios públicos han querido un cine lleno de pajaritos y cascadas, sin la presencia del venezolano con todos sus conflictos.Pero la realidad es más fuerte que la ficción y no hay manera de sacarla de las pantallas. Por más que traten de desviarnos el foco, de voltear la cámara a otro lado, siempre se te van a colear las imágenes de esas calles llenas de insatisfacciones, de penurias. Entre las sabanas surgirá un diálogo para decirte que algo anda mal en la sociedad, en el país o entre la gente. Así hagas películas en cualquier iglesia, o aísles los actores en un estudio, hay un país al cual pertenece ese director, ese guionista, esos creadores que quieren expresarlo. Y ojalá tengamos la oportunidad de ver películas venezolanas como las de la primera época del cine cubano, sobre todo como La muerte de un burócrata o Memorias del subdesarrollo.
-¿El objetivo de hacer cine en Venezuela es crematístico?
–Si por crematístico hablas de lo que llamamos meramente comercial, bueno, eso es lo que mueve a algunos que se meten en el cine como negocio y han hecho eso que los brasileños llaman "pornochanchadas". Pero aun esas que intentan ser negocio se enfrentan a una ruleta, porque nadie tiene asegurado el éxito en el cine. Lo que queremos es que se garantice la posibilidad de producción y el creador, el autor, tenga la posibilidad de seguir haciendo cine y no que al terminar su película y pasarla por los diversos circuitos de difusión, se encuentre arruinado y comenzando de cero. Las cinematografías de nuestros países sólo se garantizan con un apoyo firme y continuado del Estado y lo reitero aquí.
-¿Cuál es el cine que deben hacer ustedes o el cine que quieren ver los venezolanos, o cuál es el cine criollo que puede competir con lo foráneo?
–Ya lo dije: mientras más variedad y más libremente se produzca más posibilidades tendrá el público de escoger lo que quiera.

miércoles, noviembre 01, 2006

Voltea pa' que te enamores de Mónica Montañés

Mónica Montañés perdió nuevamente el sueño porque su primer guión que Carlos Azpurúa hizo cine inicia desde hoy su cita con el público venezolano. El importante ciclo de exhibiciones de Mi vida por Sharon comienza sus presentaciones ante ese crítico de las mil cabezas que decidirá el éxito de ese nuevo esfuerzo que hace la modesta, pero talentosa, industria del cine venezolano.
-¿Por fin, llegó al cine?
-Así es. Luego de más de diez años metida de cabeza en el teatro y la televisión, y de mis dos romances con la literatura, se filma un guión escrito por mí. Y es cómico, porque cuando estudiaba Comunicación Social, escogí la mención Audiovisual precisamente porque creía que mi pasión era el cine. De hecho, los cursos que hice fueron para guión cinematográfico, porque yo estudié con David Suárez (quien aparte de gran guionista era un extraordinario y generoso profesor), y con Jean Claude Carriere, en talleres de la Anac. Pero la vida le tiene a uno el camino como trazadito, y suele ser el camino correcto. Porque estoy muy orgullosa del guión de Mi vida por Sharon, y es sin duda el resultado de todo lo que aprendí echando cuentos que iban a ser vistos sobre las tablas o en la pantalla de los televisores.
-¿Qué hizo?
- David Suárez me decía que yo tenía madera, pero que los guionistas tenían que patear mucha calle con su guioncito debajo del brazo hasta conseguir un director que se los quisiera filmar, que jamás un director le tocaba la puerta a uno. Y Azpúrua tocó a mi puerta a pedirme que le escribiera esta historia, que es en rigor de su vida real. Lo que yo escribí es una versión de algo que a él le pasó. Claro, él me lo contó como algo trágico, profundo, incluso político, y yo no paraba de reírme, porque veía en su cuento una gran comedia. Y eso fue lo que le escribí una comedia detrás de la cual se dibuja una tragedia personal y nacional, profunda pero divertida, política pero absurda, muy parecida a lo que somos los venezolanos, que tendemos a reírnos de las tragedias que nos ocurren cotidianamente, como única manera de sobrevivir.
-¿Cómo se escribe para cine?
-Pues con muchas ganas de hacerlo. El trabajo del guionista es muy particular, extraordinariamente solitario e increíblemente desligado del resultado final que es la película. Al menos aquí en Venezuela, que una escribe en un momento, pero la película se filma años más tarde y se exhibe otros años más tarde aún. Además, es duro porque tienes que saber o aprender, que eres sólo una herramienta del director. Una herramienta imprescindible porque sin guión no hay manera de arrancar el proyecto ni de conseguir el financiamiento, pero luego la película es del director, solamente de él, y el guión es sólo eso, una base, nada más. Muy distinto del teatro o la televisión donde el texto es lo primordial y el escritor es el Autor con A mayúscula. Ahora, Mi vida por Sharon, fue para mí una experiencia maravillosa, de crecimiento, donde pude inventar unos personajes creíbles y queribles y escribirles un cuento que a mí me encanta, por lo que cuenta y por cómo está contado. Pero repito, lo que van a ver es de Azpúrua, su película, así es el cine.
-¿Cuáles son las premisas del guión?
- Mi vida por Sharon es una sabrosa comedia del absurdo, basada en la más estricta realidad venezolana. El protagonista Carlitos López, (Carlos Mata) es un héroe insólito, héroe porque es capaz de arriesgar su vida por lo que más quiere, insólito porque lo que más quiere en el mundo es su camioneta. Sharon no es una mujer sino una camioneta. Carlitos era el doctor López hace unos años, reconocido ingeniero, esposo de Pastora (Mimí Lazo) con quien tiene dos hijos. Pero lo va perdiendo todo, el trabajo, el estatus, la esposa, la familia y queda sólo con la camioneta, como único símbolo de lo que un día fue. Por eso cuando lo atracan es capaz de arriesgar su vida y el amor que le queda de sus seres querido, con tal de recuperar a Sharon… Carlitos es parecidísimo a una cantidad de hombres venezolanos y lo que aquí le pasa nos puede pasar a todos. Creo que la gente va a gozar un mundo por verse reflejada en ese espejo.
-¿Cómo se trabaja con un director como Carlos Azpúrua?
-A puños, jijiji… Con él uno nunca sabe si quererlo o matarlo. Es imposible trabajar con él sin quererlo mucho, y sin querer asesinarlo. En mi caso particular resulta que mí mamá lo quiere como a un hijo y por lo tanto vendría siendo como mi hermano mayor, uno de esos hermanos que te dicen gorda y tu le dices enano pero que se quieren mucho. Él confió en mí a pesar de que nunca había trabajado la comedia y yo no sé escribir sino comedias. Y yo me siento profundamente honrada de que un director al cual admiro como él, me haya pedido un guión. En definitiva fue maravilloso y terrible.
¿Qué pasó con el guión de El aplauso va por dentro,su exitoso monólogo que lleva diez años en escena?
-Pues lo que te digo. Que este año nuevamente Román Chalbaud lo introdujo en el CNAC a ver si esta vez el jurado lo aprueba. De ser así se filmaría en el 2007. Yo tengo esperanzas de que así sea, basadas en el éxito de la pieza original, en el talento extraordinario de Chalbaud y de la Lazo, quien por supuesto sería Valeria, y en el amor y la fidelidad del público por este texto que, diez años más tarde Mimí sigue representando a sala llena. Es realmente insólito que haya costado tanto que el CNAC nos apruebe esta película pero El aplauso va por dentro es así, Mimí y yo tuvimos que pasar por el rechazo de cuatro directores hasta que apareció Gerardo Blanco que lo montó y pasó lo que pasó y sigue pasando. A lo mejor con la película es igual, la rechazaron cuatro jurados del CNAC en años anteriores y a lo mejor este es el que le da el sí y pasa… por fin. Ojalá.
-¿Quiénes son sus cineastas favoritos en Venezuela y por qué los admira?
-Por razones obvias mi respuesta lógica sería Chalbaud y Azpúrua, pero la respuesta real es que yo admiro a todos los cineastas venezolanos por la tenacidad que tienen de ver sus sueños hechos realidad. Eso no es de ahora sino de siempre, desde el año 90 cuando cubría la fuente de cine nacional para el extinto El Diario de Caracas, los entrevisté a todos y aprendí a quererlos y admirarlos a todos, sentimiento que en mí sigue igual.
-¿Quienes son sus cineastas mundiales y por qué?
-Pues, mis cineastas favoritos del mundo son Frank Capra y Billy Wilder, cada vez que puedo vuelvo a ver Sucedió una noche de Capra, y El apartamento, La picazón del séptimo año y Some like it hut de Billy Wilder, para gozar un mundo ante tamaño talento y para seguir intentando aprender algo de esos maestros de la comedia, de la creación de personajes únicos e inmortales, y sobre todo de la ternura. Me sigo admirando, conmoviendo y riendo con sus obras de arte.
-¿La telenovela, por dónde va?
-Pues va de maravilla. Aquí me tienes, fajada las 24 horas del día escribiendo Voltea pa que te enamores, feliz porque volteó y se enamoró un gentío. Es un trabajo delicioso porque me encanta lo que estoy contando, me fascina la dirección de Claudio Callao, la producción de Manuel Federico Grijalba y el elenco extraordinario con el que cuento.
-¿Dónde está su nueva pieza teatral?
-Pues en mí cabeza, esperando un huequito de tiempo para salirse. Pero estoy muy contenta porque el 15 de noviembre empieza en el Celarg mi taller “¿Cómo echar un cuento que va a ser visto?”, ya en su quinta edición. Como tú bien sabes es un taller eminentemente práctico, pues la idea es que los talleristas salgan con una obra debajo del brazo que compiten entre sí por un premio fabuloso que es el montaje. Este año les voy a proponer, en vez de una obra larga cada uno, obras cortas de 10 o 15 minutos cada una, para que con las mejores de ellos y una mía hacer un montaje conjunto, todas con el tema de la pareja en común. Lo hicimos hace tres años y el resultado fue excelente.



martes, octubre 31, 2006

Una sagrada familia a la venezolana

Hay una aguda crisis económica en la sociedad venezolana, la cual afecta a todos los estamentos de su pirámide social. Vive un desgraciado malestar que desencadenó una espectacular oleada de violencia (asesinatos, asaltos, secuestros, invasiones, robos, etcétera) y un nunca antes visto desenfreno moral que se manifiesta en la pérdida de los valores morales y en la corrupción, no sólo en el sector político. Recordamos esto, que se palpa día a día, tal como se lee en los periódicos o se observa en la televisión, porque la joven autora Mailing Peña Mejìas ha podido llevar a la escena una buena parte de esa descomposición social por intermedio de su comedia farsesca Sagrada familia, según la discreta puesta en escena que realizó Luis Alberto Rosas, producida para el grupo Delfos por Denis Ayala, con el apoyo actoral de Meche Barrios, Francis Romero y Daniel Jiménez, además de la participación de Jorge Gómez Plazola.
Esta Sagrada familia ( su titulo conlleva una crítica socarrona) permite conocer y ponderar la saga de un trío familiar -José (Daniel Jiménez), María (Francis Romero) y la hija (Meche Barrios)- desesperado para no perder su status de clase media del cual ha disfrutado; pero este peculiar terceto en vez de buscar un trabajo o una actividad “legal” que le permita un ingreso financiero para cubrir sus gastos, opta por el camino de la delincuencia, el cual oscila entre la discreta mendicidad, los inverosímiles secuestros de un muerto y de una enferma anciana para robar sus supuestas fortunas, y llega incluso hasta coquetear con la prostitución y el proxenetismo de las dos féminas, además de los juegos ilícitos y el narcotráfico. En fin, la pieza cuenta y recuenta todas esas cotidianas peripecias de los vivos que tratan de sobrevivir a costillas de los demás. Y hasta concreta situaciones del más puro teatro del absurdo.
Sagrada familia sorprende por la agudeza de la crítica social que propone su discurso, bien hilvanado y con un toque de humor que revela el talento, hasta ahora desconocido de Peña Mejías, una teatrera intelectual que deberá seguir escribiendo. Este tipo de obra llega en el momento oportuno y hace una labor didáctica para los difíciles tiempos que se viven en el país, especialmente su clase media, donde se cuidan más las apariencias. La pieza es episódica y se centra en un sector muy especial, ya que en general ese estrato sufre, por lo que sus integrantes luchan para vivir primero y nos descender después, aunque a veces tienen que adoptar conductas maquiavélicas: primero el estómago y después.
El trabajo de Rosas es preciso para obtener el ritmo del espectáculo, así como la caracterización y desarrollo de los personajes, aunque debió ser más severo para que los tres personajes descollaran por igual. Las condiciones histriónicas, altamente farsescas, de Meche hacen placentera la performance escénica global, pero anulan a los personajes de Jiménez y Romero, quienes no pudieron superar sus desniveles.
¡Otra vez más, el teatro es un espejo fiel y doloroso de la sociedad que lo produce!

jueves, octubre 26, 2006

Eric Wildpret entre Elías y Vincent

A sus 38 años, el actor venezolano Eric Wilpret ya no sueña despierto ni tampoco se deja deslumbrar por las ofertas que le llegan de Hollywood. Cuando dejen de ser “simples ofrecimientos”, podrá estudiarlos y tomar así una decisión. Por ahora, lo que más quiere, después de culminar este filme de Elia Schneider, Des-autorizado, donde realiza nada menos que dos roles protagónicos, es volver a las tablas teatrales
-¿Por qué tanta pasión el por el teatro?
-Porque ahí me formé y lo hice teniendo como tutor al inolvidable director Carlos Giménez, el capo de Rajatabla. Bajo su vigilancia comencé en el Taller Nacional de Teatro. Fue una escuela excelente, la cual yo pude comprobar cuando hice unos talleres en el exterior, en México y en el Reino Unido. Yo, además, hice una carrera destacada en su agrupación y tuve roles importantes en varios de sus montajes, como El coronel no tiene quien le escriba, La tempestad, Despertar en primavera y Perr Gynt, entre otros. Creo que en el teatro es donde más feliz me he sentido. Y por supuesto que el cine es otra cosa. Y para el trabajo ahora.
Elías y Vincent es uno
Mientras esperaba que lo llamaran para el set de Des-autorizado, en la antigua y abandonada capilla de El Calvario, Eric recordó que está en el cine desde los años 90, cuando precisamente participó en el fime Un sueño en el abismo, del criollo Oscar Lucien, basado en la pieza teatral Con los fusibles volados de Rodolfo Santana. “Es que no puedo negarlo, pero el teatro me persigue y por eso, cuando culminen mis llamados para este filme de Elia, que seguiré estudiando el libreto que me ofreció Javier Moreno. Se trata de El mayor desconfiado, de Tirso de Molina. Hermosa pieza que haré, posiblemente, en enero de 2007.Tambien hay otras dos ofertas teatrales, pero, como las del cine, nada en concreto, hasta ahora”.
Recordó que después de trabajar con Lucien aceptó apuntalar sendas producciones internacionales, rodadas aquí en Caracas: El último corte y Maya. “Posteriormente hice Amor en concreto, de Franco de Peña; Manuela Sáenz, de Diego Risquez , y, la mas reciente es Elipsis de Eduardo Arias”,
-¿Por qué tanto éxito y tan seguido en el cine venezolano?
- No sé, quizás haya gustado lo que yo hago. Admito que también he tenido mucha suerte o que tal vez hayan ocurrido muchas cosas para mis trabajos en la pantalla hayan coincido uno tras otro. Pero la realidad no es así porque hay películas que yo hice hace tres o cuatro años y es ahora que se exhiben en Venezuela, como es el caso de Amor en concreto, de Franco de Peña, y ahora se exhibe casi que simultáneamente con Elipsis que es muy reciente.
-¿Cómo logra diferenciar sus trabajos actorales en el cine y el teatro, respectivamente?
- Son trabajos totalmente diferentes y lo digo yo por lo que mi formación es eminentemente teatral. Yo digo siempre que le soy infiel al teatro cuando hago cine, al cual pues considero como amante. Hago una película y regreso a una pieza teatral, porque eso es que lo me llena como ser humano y como intelectual. Y me gusta el teatro, entre muchas cosas, porque cuando uno actúa lo hace en tiempo presente, porque todo lo que se hace en el escenario está sucediendo en ese momento, tanto para el intérprete como para el espectador o el público. Pero en el cine no es así, porque se trata de una ficción de pasado que se hace presente.
-¿Qué pasa con sus dos personajes en Des-autorizado? ¿Como los va a construir para diferenciarlos, si se tiene en cuenta que hasta antagónicos son, según lo ha comentado la directora Schneider?
- Elías es un escritor o intelectual atormentado que vive una etapa crítica o un momento muy particular de su vida, porque ha perdido la fe y siente que no tiene ningún sentido el arte; él es de los que piensa que para que sirve escribir sino hay interlocutores que escuchen sus predicas. Él , precisamente, está escribiendo una obra y se siente forzado y no le fluye como debía ser. Toda esa rabia él la materializa en un personaje, Vincent, al que más fácil escribe o desarrolla pero al mismo tiempo es al que más rechazo le tiene. Y como Elías está viviendo una situación de rechazo y de mucha rabia, precisamente Vincent es el personaje que mejor le sale, que mejor plasma en el papel.
-¿Y cómo es Vincent?
-Es un ser sumamente estratégico, que piensa todo lo que dice y hace antes de tomar una decisión. Es sumamente cerebral y nada romántico, mientras que Elías es sumamente impulsivo y se deja llevar por las pasiones y las circunstancias en que se encuentra Vincent está mucho más armado y estructurado a nivel de personalidad y es mucho más de lo que esconde. Elías es un tipo desaliñado, con barba y pelo largo, y no le interesa el que dirán. Vincent es un ser de aristas agudas y se escode de los demás.
-¿Cuántos llamados tendrá para este largometraje?
- No sé, pero lo que si sé es que aparezco de principio a fin. Primero encarno a Elías con barba y pelo largo con el look que tengo ahora y despues me harán unos cortes y otros detalles de maquillaje.
-¿Cómo lo ha dirigido, hasta ahora, Elia Schneider, que tiene fama de ser muy exigente con sus actores?
-Afortunadamente ella trabaja en el cine como lo hace en el teatro. La mayoría de los directores de cine trabajan sin mayores complicaciones con los ensayos de los actores y de las situaciones, y con ellos la preparación del personaje es asunto de uno y los encuentros con el director son de intercambio. Con Elia es muy diferente, porque trabaja el guión cinematográfico como si fuese una pieza teatral , se trabaja escena por escena, se hacen ensayos. Se trabaja como si fuese un espectáculo teatral y eso para mí es estupendo porque vengo del teatro. Lo disfruto mucho.
-¿Cómo resumiría a Des-autorizado despues de todo lo que ha dicho y todo lo que ha ensayado?
-Paras hablar del filme donde estoy trabajando, debo recordar que Elia Schneider, directora de películas como Punto y Raya y Huelepega, busca retratar la importancia del arte por medio de su Des-autorizado. Ahí cuenta con un equipo de primera, como José Ramón Novoa, su esposo, en la producción general de José Ramón Novoa. Tiene un guión muy cuidado por Fernando Butazzoni y Rosa Clemente, y en la asistencia de dirección esta Joel Novoa Schneider. El público podrá juzgarla a mediados de octubre del próximo año.
El film muestra tres realidades que coexisten entre sí y se solapan unas con otras. Tenemos, en primer lugar, la historia de la misma Elia Schneider, escritora que constantemente reflexiona sobre el rumbo de su película. A su vez, existe Elías, personaje de Elia y escritor de la obra Amantes sin destino. Los personajes de Elías, amantes apasionados buscan salir de su obra para confrontarlo por no estar de acuerdo con el cambio de destino que les propone su director. Es una comedia

miércoles, octubre 25, 2006

Vimazoluleka 40 años despuès

Alguien dijo que cuando nos ponemos nostálgicos es porque hay una incoherencia entre lo que se vive con lo que se soñó o aquello que se propuso como futuro. Lo único cierto es que en menos de 30 días, aquellos espectadores que andan por la quinta década deben haberse bañado en muchos “caldos sentimentales y nostálgicos”, porque por la escena caraqueña han visto desfilar sendas obras que tienen un valor histórico y cultural: Tu país está feliz, del poeta brasileño Antonio Miranda, para festejar los 35 años de actividades del grupo Rajatabla, y Vimazoluleka, de Levy Rossell, como epílogo de su ejemplar ciclo de 17 lecturas dramatizadas, que este autor (nació hace 61 años en Coro) optó para atraer espectadores a la subterránea sala, en Parque Central, que ahora lleva su nombre.
Vimazoluleka es la primera obra que Levy mostró a sus compatriotas, la cual había escrito cuando apenas tenía 16 años. La ensayó durante dos meses y medio en un túnel que había al lado de la Galería de Arte Nacional, donde ahora funciona el Teatro Aveprote, que él ayudó a crear años más tarde. Pero fue en el Ateneo de Caracas, a partir del 18 de agosto de 1966, cuando hizo su primera temporada de 39 funciones. Después pasó al auditorio de la Facultad de Ingeniería y de ahí al Aula Magna, generando una reacción de público nunca antes vista. Se gana una beca, que él no pidió, para ir a estudiar a Nueva York y año y medio más tarde la monta en inglés en off Broadway y duró cinco meses en cartelera. Cuando retorna a Caracas la remonta durante los años 70, con actores como Luis Pardi, Julio Mota, Boris Chacón, Perla Vonasek, Elías Centeno, Igor Colina, Guillermo Dávila, Guillermo Carrasco, María Elena Dávila y Carlos Mata, quien entra ya al final, cuando se ensayaba para montar Godspell. Luego se remontó, años después, en el Complejo Cultural José María Vargas, en La Guaira, durante el último año del segundo gobierno del presidente Rafael Caldera y que ahora ha revivido con el ciclo de lecturas dramatizadas. Son 40 años de existencia y vigencia escénica nada desechables.
Le puso el título a su obra a partir de las primeras palabras de los nombres de sus más íntimos compañeros de estudios: Vicente Amengual, María Angelina Rodríguez, Zobeida Ramos, Luis Kolster, Levy Rossell y Carlos Hernández. Él se inventó ese fonema para darle así un título a una obra donde él honraría esa amistad y esa camaradería. Nació, pues, Vimazoluleka, una obra teatral de una época convulsa, tanto en Venezuela como en el mundo. “Son viñetas sobre mi país donde la nada y el por qué de esta nada es la unidad. No es una obra de teatro cualquiera, es antropología de la urbe caraqueña”, como él mismo lo reitera. Es una pieza en dos actos o 16 escenas, nueve canciones y tres situaciones de puesta en escena.
Se puede afirmar que es la respuesta venezolana al cambio teatral que se estaba dando en el mundo durante los años 60 y 70. Es una pieza que cambió la historia del teatro contemporáneo a lo cual se agregó Tu país está feliz. Un empresario haría un negocio redondo si la produce ahora. Un empresario teatral podría ganarse unos cuantos millones de bolívares si decide aupar un montaje con unas cuantas figuras del teatro y de la canción popular.

Las lecturas dramatizadas para salvar al teatro criollo

"Estoy feliz como pocas veces lo he sido. Concluí el reto que me impuse: las lecturas dramatizadas de mis 17 piezas teatrales. Lo que nunca me esperé fue la respuesta masiva de público y, además, el haber podido conocer a una nueva generación de actores de diferentes edades”. Así comenta Levy Rossell la culminación del ciclo de teatro leído en la sala epónima, ubicada en el sótano 1 de Parque Central.
Levy explica que sintió la necesidad de retribuir el gesto de que bautizaran esa sala con su nombre, y propuso una actividad que sirviera para iniciar esta nueva etapa de ese excelente espacio cultural y que además vinculara a la gente que lo ha acompañado durante los últimos 40 años de vida artística que tiene y para eso se inventó el “Ciclo de Lecturas dramatizadas” con 17 de sus obras.
Se leyeron 17 títulos durante 17 sábados, a las siete de la noche. Cada lectura se ensayó durante cinco días y en los casos de las piezas musicales se utilizaron pistas de la época. Comenzó el 3 de julio y terminó el 21 de octubre a los ocho y media de la noche. Participaron casi 400 actores entre los que audicionaron, y el elenco que se escogió finalmente. En Narváez, que era el único estreno, había 89 actores. Vimazoluleka, la última lectura, reunió 70, donde estaba la veterana comedianta y amiga Antonieta Colón.
La asistencia del público fue “excelente”, revela Levy. “Creo que el aforo de la sala se vendió casi en su totalidad, y estamos hablando de 250 butacas, a un precio de 3.500 bolívares y se puso ese precio porque creemos que una lectura dramatizada no puede tarifarse como si fuese una puesta en escena total. Es una cuestión de consideración con el público. La respuesta fue exitosa. Diría que las piezas con más público fueron: Como agua que corre, La Atlántida y Pinocho que alcanzó 400 espectadores”.
Necesidad del training
Explica que la abundancia de las lecturas dramatizadas en la actual cartelera caraqueña se debe, según su criterio, a que “el contacto con el público es una necesidad para el actor y el director y el creador de las obras. Esa necesidad del contacto con la audiencia, la cual no se puede realizar porque no hay salas suficientes, ni dinero para los montajes, nos obliga, como los atletas, a mantenernos en training y las lecturas son unas puertas que se abrieron para quienes no podemos montar obras ante una comunidad que nos espera y nosotros que lo estamos necesitando. Sin embargo, hay un ingrediente adicional. Yo sí creo que la gente sí se empezó a interesar por el texto teatral. Si bien es cierto que la proposición de la lectura dramatizada exige una especial calidad en su realización, creo que la lectura dramatizada más que una moda es un perfil del teatro venezolano, especialmente para aquellos a quienes les gusta oír la obra, escuchar y aprehender el contenido sin marearse por el espectáculo. Y por supuesto que las lecturas dramatizadas han sido una novedad para mí. Mi mayor sorpresa fue el inmenso volumen de actores que apareció atraído por la oferta del programa a realizar. Eso también revela la cantidad de personas que están desocupadas y que existe un amplio volumen de venezolanos interesados en informarse y capacitarse”.
Otros trabajos
Por ahora, Levy no seguirá haciendo lecturas dramatizadas. Proseguirá con sus talleres de nivelación actoral, cuya primera promoción de 120 alumnos ya culminó. Lo otro que está haciendo es dar clases de lectura de calidad, “porque creo que el mayor problema sociocultural que tenemos es que los venezolanos no sabemos leer”.
-¿Qué significa eso de que los venezolanos no sabemos leer?
-Es algo muy simple: no respetamos las reglas de la gramática, no respetamos los signos de puntuación y por ende no respetamos la prosodia. Y para demostrarlo basta ver la televisión con sus animadores que no saben hablar y peor es la forma como leen la publicidad. Pareciera que los venezolanos todos hablaremos al compás del regatón o como si estuviéramos leyendo mal un telepronter. Los presidentes de la República dicen petrolio y no petróleo, dicen tiatro y no teatro... y así es mejor no seguir señalando malhabladurías como esas. Y de hecho tengo a ciento y pico de alumnos en mi curso de lectura de calidad, entre quienes hay 25 profesionales.
-¿Cómo se enseña a leer?
-Nosotros no enseñamos a leer como tal, sino que nos enfrentamos al hecho de la lectura. Los participantes pasan al frente de la clase y comienzan a leer. Todo el mundo señala los errores y no los aciertos, porque lo lógico es que los haya, si es que aprendió a leer en la escuela primaria y ahora lo que está es descubriendo las fallas. Es un proceso lento donde las personas entran para tomar conciencia de que la mayoría de los venezolanos no sabemos leer.
-¿Si no se sabe leer, no se sabe hablar?
-Es lógico. La buena lectura es aquella donde, cuando tú lees, lo haces como si hablaras en una conversación normal, fluida y respetando todas las normas. Pero si hablamos peor de lo que leemos, ¿cómo podemos leer bien? De esos problemas culturales provienen otros tan graves que prefiero no recordarlos aquí.

viernes, octubre 20, 2006

Elia Schneider rueda "Des-autorizados"

Des-autorizados, el tercer largometraje de la directora venezolana Elia Schneider, comienza a rodarse este domingo en la Cota Mil, entre las 7:00 de la mañana y las 2:00 de la tarde, con una serie de secuencias sobre una marcha donde estarán unos 78 personajes de varias de las obras de teatro que ella ha montado, además del elenco de este nuevo filme, cuyo estreno será a finales del año próximo o a principios de 2008.
Los fondos para hacer este largometraje salen del Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (Cnac) e Ibermedia y su producción tiene un costo aproximado de 800.000 dólares, sin embargo estas dos entidades sólo ponen una parte del total de la producción. En este caso, para Des-autorizados existe una coproducción entre Colombia, Perú y Venezuela. La música de la película la compondrá el argentino Oswaldo Montes, mientras que el director de postproducción y editor es Fermín Branger. La edición y el copiado serán responsabilidad de Xenon Films y Futuro Films.
Orígenes
Elia Schneider estudió cine en la Escuela de Educación Continua de la Universidad de Nueva York, pero antes se graduó como directora de teatro en el mismo claustro. Su gran aprendizaje, el práctico, comenzó y ha proseguido al lado de su marido José Ramón Novoa como productora de los filmes que él ha dirigido: Agonía (1984), Sicario (1996), Oro Diablo (2001) y El Don (2005). Ella se dio a conocer como directora con los largometrajes Huelepega (2000) y Punto y raya (2004). Además del actual rodaje de Des-autorizados, tiene ojos y cerebro puestos en la preproducción de Un lugar lejano, cinta que Novoa dirigirá en 2007; en The Unfit, fantástica película sobre la creación de una raza superior en Los Ángeles, y en The Taxi Dancer, sobre la primera etapa de la vida de Rodolfo Valentino.
Cuenta que llegó al cine por el teatro, porque desde niña sus historias las contaba a través de imágenes.“Comencé a desarrollar mi lenguaje escénico utilizando mi grupo Teatro Dramma, porque mis montajes estaban basados en la acción y la música más que en el texto, porque mi búsqueda estética tenía que ver con las metáforas de la imagen en movimiento. Sentí necesidad de explorar el pasado y el futuro y ahí surgió el cine como posibilidad. Entendí que tenía que plasmar la escena en algo que tuviera esa condición y que después de varios años la podía ver cuantas veces fuera. El cine tiene esa característica, es como algo que perdura; sin embargo, mi gran pasión sigue siendo el teatro, no hay nada que lo iguale. A la vez que todo esto sucedía comencé a ayudar a Novoa, mi actual compañero y esposo durante 27 años, en la producción de los cortos El Gran Mundo y Pedro Navaja. Ésa fue la mejor escuela, ya que producir en Nueva York es un gran reto por lo competitivo del medio. Luego vinieron más cortos que produje y en 1980 fundamos Joel Films y dirigí mi primer corto en Venezuela, Tierras prestadas . Me gradué como psicóloga en la Ucab e hice mi tesis de grado sobre cómo la reforma agraria generó cambios en la conducta social del campesino. Como me interesó tanto el tema quise llevarlo a un corto documental y eso hice. El corto fue invitado a varios festivales como el de Leipzig y La Habana. También me hizo descubrir que me interesaba acercarme a estos temas sociales que luego desarrollé en otras películas. Se aprende en la marcha”.
Fundó Teatro Dramma para explorar temas distintos que le tocaban muy de cerca, como la soledad, la incomunicación, la desesperanza etcétera. “Creo que ambas cosas se unen y hoy en día cuando analizo el porqué de cada cosa me doy cuenta que mis padres fueron sobrevivientes del holocausto y eran seres excluidos, marcados por el dolor y la soledad. Sin embargo me inyectaron una gran fuerza al ver cómo se levantaron de todo eso como si nada hubiera pasado”.
La película
"Des-autorizados será una historia que sucede toda en la imaginación de una escritora. En este caso soy yo misma quien escribe la historia de Elías, otro escritor que tiene conflictos con su arte y que además escribe una obra de teatro que Oscar, su productor, termina vendiendo a un mercenario que hace cambiar el argumento y con eso el destino de sus personajes. Federico y Nina, que son amantes y personajes de esa obra, salen de la obra de Elías para confrontarlo y pedirle que los deje existir. Son tres historias solapadas en una y no hay nada que sea real. Al final no se sabe si Elías es real o es fantástico y si esto existió o es un producto de la imaginación, lo que sí sabemos es que la única verdad es la que imaginamos. Creo que el género de esta película es difícil definirlo pero se acerca a una comedia dramática-fantástica y de ideas y reflexiones sobre la vida”, puntualiza Elia Schneider.
Con relación al elenco, Elia reconoce que tiene a uno de los actores más destacados del teatro venezolano: Eric Wildpret, quien en este caso interpreta dos papeles: Elías y Vincent , el esposo de Nina. “Estoy maravillada con este actor, creo que tanto su actitud como su talento y su trayectoria lo ponen en un primer lugar en toda la región latinoamericana. También tengo a dos destacados actores: Juan Carlos Alarcón, con quien siempre había querido trabajar, y Dad Dager con quien he compartido otros proyectos de teatro. La protagonista de la película es Samantha Dagnino, tiene 18 años y es cantante de rock. Ella ha demostrado ser una de las alumnas más talentosas que ha pasado por mis talleres, y da la casualidad que el personaje que interpreta es muy abordable para ella, aunque ha hecho cine en otras oportunidades, éste será su primer gran reto ya que es el primer personaje que interpreta y que lleva casi toda la historia sobre sus hombros, estoy segura que lo hará maravillosamente. La coproducción con Colombia la cubro con Rafael Uribe (Punto y Raya, Cyrano, Elipsis). También hay 75 alumnos de mis talleres de actuación que participan como personajes de mis obras de teatro. Otra de las cosas que merece destacarse en esta nueva producción es que existe un grupo de tres chicas : Aisha Stambouli, Minerva Borjas y Mariana Socorro, Las Desestresadas, que cantan al estilo años 60, de forma irónica y divertida y entrelazan la historia, son como unas trovadoras que comentan y critican a Elías”.
Cineastas des-capitalizados
Para Elia Schneider la nueva reforma de la Ley de Cine decidirá gran parte del destino de éste. “Mientras no existan los incentivos como existen en varios países de ‘alta cinematografía’, como Argentina, Francia y España, donde se realizan cerca de 150 películas por año, no creo que podamos avanzar mucho. Es fundamental que el Presidente de la República tome cartas directas en el asunto y que se asesore con la gente que hace cine verdaderamente y que conoce muy de cerca los avatares y obstáculos que se deben superar. También es fundamental cambiar la forma de apoyar las películas venezolanas. En el caso de Punto y raya se facturaron 900 millones de bolívares en la taquilla; de ahí se sacaron 575 millones para los distribuidores y exhibidores, otros 90 millones fueron para el Impuesto al Cine y 179 millones se utilizaron para lanzar la película. Nosotros quedamos des-capitalizados con una deuda muy grande que aún estamos pagando y alrededor nuestro todo el mundo se enriqueció con nuestra película. De esta manera es muy difícil estimular el cine nacional. Creo que la nueva reforma de la ley debería apuntar a dar prioridad a estos problemas y apoyar los esfuerzos de los cineastas venezolanos. Sólo así podremos tener una cinematografía nacional sana y relevante”.
Finalmente, admite que en Punto y Raya trata el tema de la intolerancia. Huelepega es el problema de la exclusión y la pobreza, y Des-autorizados es una reflexión profunda sobre la vida y sus porqués, sobre el arte y la verdad de las cosas. “Creo que apunta a una búsqueda más personal sin dejar de lado mi interés por los problemas sociales que siguen manifestándose en mis próximos guiones”.

miércoles, octubre 18, 2006

Trastos viejos y su metáfora a la venezolana

El grupo teatral Rajatabla sobrevive a su director-fundador Carlos Giménez y resiste dando ejemplo desde la escena. En la Sala Anna Julia Rojas presentó el montaje "arqueológico" de Tu país está feliz, el mítico poemario de Antonio Miranda, con el cual comenzó su periplo artístico, aquel 27 de febrero de 1971.Y en su sede montó Trastos viejos, atormentada pieza de Javier Vidal (Barcelona, 13 de abril de 1952), puesta en escena, con mucha dignidad, por José Domínguez (Florencia, 1957) y apuntalada en las actuaciones correctas y estrujantes de Germán Mendieta (Coro,1960) y Francisco Alfaro (Madrid, 1950), además del discreto debut de Demis Gutiérrez (Coro, 1977).
A Trastos viejos le hemos seguido la huella desde el siglo pasado. Su autor Vidal quería que se la montaran y fuera disfrutada sanamente. Creemos que no sólo valió la pena que Rajatabla la produjera y la escenificara ahora, con aceptable producción artística (a cargo de Gerardo Luongo), sino que la pieza maduró convenientemente y se hizo más actual, más contemporánea o sea que se contextualizó, se materializó en medio de este clima de inseguridad que azota a Venezuela. ¡Nunca una pieza teatral fue tan precisa y tan oportuna como esta!
Pero para meterle los dientes del cerebro a Trastos viejos -escrita en 1998 y ambientada en la Caracas de 2000- hay que saber o conocer al menos lo que significaron los horrores de la Guerra Civil Española (1936-1939), con un millón de muertos, sin contar los que perecieron en los campos de concentración nazis, además de aquellos amargos años de la posguerra o de la victoria y el incipiente desarrollo que impuso la dictadura franquista hasta que "el Caudillo de España por la gracia de Dios" se fue de cacería en 1975, dejando, sin embargo, las cosas del Estado muy bien atadas, con rey y descendientes como para que no haya duda alguna. De toda ese valleinclanesco drama hispano se lograron salvar, entre otros, dos: Floreal y Eusebio, patéticos personajes que el catalán y caraqueño Vidal ha regalado al público venezolano como un pícaro espejo de hojalata para que se mire y se dé cuenta para donde van las cosas o cómo es que se vive ahora... sin que oficialmente se haya declarado una conflagración interna.¡Horror!
Sí, eso es lo que nosotros deducimos del fragor de Trastos viejos. Texto que rememora las peripecias existenciales de dos españoles que les correspondió ser carne de cañón en la guerra cainítica de republicanos y nacionalistas, quienes se salvaron de las garras de los nazis y al emigrar a Venezuela pudieron trabajar, formar sus familias y hasta envejecer en medio de una paupérrima soledad, mientras les llega la muerte violenta -la que reciben sin juicio alguno y es provocada por una descomposición social que nadie quiere asumir- y se convierten en fríos y rojos números de las estadísticas de una criminalidad que supera a los mismos partes de esas zonas del planeta donde hay guerras declaradas.
Trastos viejos -el montaje número 99 del colectivo en sus 35 años de quehacer teatral- creado a partir de sagas de hechos reales, como lo ha revelado Vidal, plasma el último día en las vidas de Floreal (Francisco Alfaro) y Eusebio (Germán Mendieta), viudos y acompañados con sus recuerdos, luchando con una nueva guerra, con otro campo de concentración que los obliga a seguir sobreviviendo. Pero un tercer personaje entra inesperadamente en escena: Wilmer (Demis Gutiérrez), hijo ilegítimo de Floreal con una cocinera negra, cuya adición a las drogas obliga a su progenitor a tomar una drástica decisión, tras lo cual irrumpe el violento final, no tan insospechado, sino más bien obvio, diríamos nosotros. Los tres viven en una barriada y una especie de escuadrón de la muerte o sicarios del mal les cobra la osadía de haber vivido tanto. Aquí el escritor optó por las muertes trágicas para hacer más dura y más realista su prédica, cual si fuese una reseña en la página roja de un diario capitalino, como Últimas Noticias.
Abundan los comentarios con respecto a Trastos viejos. Para nosotros es una sórdida viñeta sobre la sociedad venezolana, conformada íntimamente por criollos y los inmigrantes que siempre llevan consigo la nostalgia de sus paises. Nosotros vemos en esta pieza, gracias al trabajo de los actores y demás involucrados, un alerta sobre la microguerra civil que azota a Venezuela. ¡Otros se quedaran en el mero disfrute de la anécdota, porque el público es libre hasta de engañarse, como los avestruces!

martes, octubre 17, 2006

Entre secretos y brujas

En la literatura dramatúrgica venezolana el tema de la homosexualidad entre las mujeres es casi inexplorado o semivirgen. La última pieza teatral con personajes de esa conducta sexual que vimos y reseñamos fue en octubre de 2000. Era Secreto a voces de Maria Antonia (Toti) Vollmer, montada por Gerardo Blanco y con las actuaciones de Claudia Nieto, Aura D´Arthenay, Bélgica Delón, Johanna León y Odra Rumbos; hizo una breve temporada en la Sala Horacio Peterson. Recordamos esto porque durante los años restantes el lesbianismo o el tribadismo no había asomado sus poéticas y hasta exóticas narices en ningún otro escenario de Caracas, salvo la semana pasada cuando el director-productor Héctor Manrique se atrevió a escenificar, en la Sala 1 del Celarg, a la pieza internacionalmente conocida como Brujas, del español Santiago Moncada, pero versionada por el argentino Luis Agustoni.
¿Por qué los dramaturgos criollos –para no aludir a los foráneos- no han sido muy dados a escribir sobre la temática de las tribadas, pero si han acentuado con piezas sobre la homosexualidad masculina? Creemos que eso obedece a míticos tabúes culturales, pero si hay excepciones como los venezolanos Gilberto Pinto, Rodolfo Santana y Xiomara Moreno, quienes, entre los años 70, 80 y 90, pergeñaron sendos textos como La buhardilla, The place y Último piso en Babilonia; ahí denunciaron desde el proxenetismo a que están sometidas dos lesbianas, hasta un crimen pasional durante una boda de dos mujeres, incluyendo una oda existencial ante la soledad en que se debaten una bailarina y su "marido": otra fémina que trabaja de celadora. Con Secreto a voces se amplió esa singular bibliografía de literatura teatral y además se brindó a los escasos espectadores caraqueños la posibilidad de acercarse inteligentemente a esa ventana socioteatral e intentar ponderar situaciones humanas y además más frecuentes de lo que se imagina la audiencia.
Hay que recordar que Secreto a voces -permitió que su autora, la libretista Toti Vollmer (Caracas, 1967) ganara un concurso de dramaturgia del grupo Bagazos- es una saga breve, en clave de comedia, de una liberal artista plástica, Sofía, quien convoca a sus cuatro amigas de estudios, todas ya en los 30 años y quienes ahora solamente tienen de común sus inolvidables vivencias cuando eran adolescentes, para informarles y pedirles su opinión, pues a esa persona perfecta que ella siempre buscó y que por fin encontró y con quien vive además un tórrido romance es otra mujer. Tal confesión genera un lógico escándalo entre sus antiguas compañeras de estudios, algunas felices y otras desengañadas por las consecuencias de sus conductas heterosexuales. Estallan las recriminaciones de parte y parte, y cada una de ellas trata de reflexionar sobre la verdad de sus relaciones íntimas y sí han alcanzado la felicidad o están en vías de obtenerla. Pero todo se corta o se pospone ese encuentro catártico-donde es hermoso el despliegue de la auténtica amistad por encima de las diversidades de criterios- porque una criatura llega al mundo y su madre, una de las preocupadas damas que sufre por la confesión de la neolesbiana, tiene que ser llevada de urgencia a la maternidad.
Por supuesto que Secreto a voces deja en la audiencia una serie de preguntas o interrogantes muy serios que cada espectador(a) con su pareja o su grupo de amistades tendrá que responderse, ya que ahí no sólo se alude al tríbadismo sino que también se analizan las otras conductas sexuales posibles entre los seres humanos contemporáneos. La autora (casada y con tres hijos) desnuda los mecanismos socioculturales que imponen un comportamiento erótico y prohíben otros, sin advertir que ninguno es la clave o el pasaporte para la verdadera felicidad y que en ocasiones significa la ruina en todos los sentidos. Es, pues, una pieza de ideas, muy seriamente propuestas, aunque utilice el juego cómico, y dignas de ser analizadas, ya que esos temas tienen a mujeres y hombres con las cabezas y otras partes calientes desde hace más cuatro mil años.
En cuanto a la argentina-española Brujas hay un encuentro de cinco señoras, ya en los 40 o picando para los 50, que mantuvieron una exhaustiva amistad durante un internado regentado con monjas. La dueña de casa y anfitriona reúne a sus cuatro amigas para preguntarles, en medio de un retorcido y complejo proceso, porque una de ellas se está acostando con su esposo. Estalla la alarma y gracias a las champañas y la sugestiva terapia del juego de la verdad se destapa que una de ellas es lesbiana, que mantuvo relaciones con una monja y con una de las damas ahí presentes. Cunde la curiosidad y sin mucho esfuerzo todo se descubre: la señora no heterosexual es la que se acostó con el marido de la ex compañera de internado, ya que ella, la lesbiana, quería así llegar, por esa sórdida carambola erótica, a donde la otra, porque siempre estuvo enamorada de ella, pero nunca pudo jamás consumarlo.
De verdad que el argumento de Brujas es tan enredado o tan retorcido que hasta se llega a dudar de su verosimilitud o de la sanidad mental de todos los personajes, aunque es explicable porque el autor Moncada escribió esa obra en 1975 y debe haber visto o conocido situaciones reales propios de una sociedad atormentada como fue la española durante el régimen franquista, donde eso y mucho más era posible, pero se disfrazaba por el temor del escenario publico y algo más.
No hay, pues, plagio ni asomo de copia entre la pieza de la criolla Vollmer y la obra que ahora el director-productor Manrique ha escenificado, utilizando además a unos figurones de actrices, tales como Gledys Ibarra en el rol de la marimacha robamaridos y patética jugadora de un asombroso billar a tres bandas para hacerse a la idea de que “coronó” a la amiga; Beatriz Valdés, Lourdes Valera, Sonia Villamizar y Eulalia Siso, completan ese quinteto de fieras o de brujas del teatro, porque sí se saben todos los recursos y los aplican con sabiduría, además son mujeres que han vivido y saben unos cuantos secretos de esos que no enseñan en las escuelas. Ellas, para nosotros, son la salvación del espectáculo, porque por ellas se soporta todo ese enredo que se hace tedioso. ¡Ah... también son bailarinas adultas de esa coreografía que el director-productor les montó para que se movieran diestramente en el escenario con sus supertacones!
No se le puede negar el humor canallesco de Brujas, ese que convierte al ser más atormentado de la pieza, la lesbiana Dolores en la mala de la partida, en la robamaridos, en una asesina más de la amistad. Tiene hasta un cierto tufillo homofóbico, pero la grandeza del teatro que desarrolla Gledys Ibarra hace que su personaje salga al menos satisfecho de haber copulado aunque sea por transpuesto. Siempre hemos puesto el ojo en esta profesional por sus naturales condiciones histriónicas y así se lo dijimos a ella, hace dos años, durante en unas vacaciones en Miami. Del resto del elenco hay que resaltar, por supuesto el trabajo de Beatriz Valdés, la veterana de las veteranas, ya que ella de por si es un espectáculo con la puta, con principios profesionales, que encarna.
Creemos que Brujas será un exitoso teatro comercial por su temática, nada frecuente, y por el desempeño actoral, además de que es un montaje pensado en el público femenino, abundante altamente sensible y mucho más con lo que ahí se exhibe.

sábado, octubre 14, 2006

Miranda,el otro precursor

Antonio Lisboa Carvalho de Miranda, más conocido como Antonio Miranda, es un poeta brasileño que se convirtió en personaje clave para la historia del teatro venezolano. Como autor del poemario Tu país está feliz, el cual al ser teatralizado y exhibido en el Ateneo de Caracas, el 28 de febrero de 1971, lanzó a la fama al director argentino Carlos Giménez (23 de abril de 1946/ 28 de marzo de 1993) y su agrupación Rajatabla. Sin su participación la saga cultural habría sido otra, sin lugar a dudas.
Tu país está feliz
Miranda (5 de agosto de 1940), que regresó a Caracas recientemente para presenciar la reposición de Tu país está feliz, recordó que su primera visita a Venezuela fue en 1966. Huía de la dictadura militar, que se había instalado en su Brasil desde 1964. Llegó como un “auto exiliado” y gracias a una generosa beca, otorgada por la Universidad Central de Venezuela, se integro en las discusiones y acciones estudiantiles, culturales y políticas de la época. Llegó a ser elegido representante estudiantil para el consejo de la Facultad de Humanidades. Empezó a escribir poemas en español como forma de abreviar su relación con el público y publicó dos títulos de poemarios en ediciones alternativas, fuera de mercado. Convenció a su amigo Eduardo Gil para organizar el Primer Festival de Poesía y Canción de Protesta, en la Sala de Conciertos de la UCV, en 1969, donde participó, la que ese entonces era poco conocida, Soledad Bravo. Casi lo sacaron de la programación por culpa de mi acento extranjero, pero la lectura pública de sus poemas Rescate de Cristo y Tu país está feliz fueron consagratorias y mudaron el espectáculo a la Universidad de los Andes.
Esos “triunfos” lo animaron a montar el espectáculo Tu país está feliz. Gracias a su amigo, el estudiante Gustavo Gutiérrez, conoció a Xulio Formoso en 1970 y de inmediato empezaron la producción de las canciones. Los ensayos eran en la Biblioteca Pública Paul Harris, de California Sur. Y ahí apareció Carlos Giménez, porque Gustavo insistió en buscar a un director con recursos técnicos capaces de lograr la dramatización pretendida, ya que ningún otro de los directores que Miranda invitó aceptaron el desafío.
Cuenta Miranda que Carlos Giménez era como un rey Midas y al aceptar la dirección de Tu país está feliz le dio el toque mágico a través de la mis-en-scène que faltaba al espectáculo. “Teatro es una conjunción de creaciones, una creación colectiva e híbrida o de integración de las artes. En nuesto caso, de la poesía, la música y el teatro. Yo había conocido a Carlos en el Ateneo, por intermediación de Gustavo y todo se nos facilitó porque yo era miembro de la directiva ateneista como representante de la Biblioteca Nacional. Carlos tenía reservas al principio pero luego se entusiasmó y su participación fue decisiva en el proyecto. Tanto para nosotros como para él mismo quien, con base en el éxito del montaje, creó al grupo Rajatabla”.
Miranda participó en la fundación de Rajatabla pero su participación como autor era más limitada. “Carlos montó mi texto Jesucristo astronauta: auto sacramental sobre lo profano y lo divino, en 1972.Sentí que debería seguir otro camino y regresé a Brasil para hacer un postgrado. Antes estuve en Bogotá, donde organicé el grupo Renovación y presenté en el Teatro Popular de Bogotá (TPB), el espectaculo Calzoncillos con nubes o si prefieren SOS Colombia y causé alguna alarma en el sector gubernamental. Pasé por Lima, donde el grupo Cuatro Tablas, dirigido por Mario Delgado ( ahora tiene 59 años de edad), presentaba la versión peruana de Tu país está feliz. De Brasil seguí para Inglaterra para una maestría y después el doctorado”.
El bardo
Para Miranda la poesía ha sido su única compañera en la vida desde muy temprano, desde los 9 años de edad. Al final de los 50, en Río de Janeiro, se convirtió en un activista de la poesía visual, la cual practica todavía como se puede ver en su página web (www.antoniomiranda.com.br). Desde niño frecuentó el teatro y buscó caminos alternativos para su poesía, bien en exposiciones en galerías de arte, lecturas públicas, cine y, por supuesto, la escena teatral. Ahora trabaja con la Internet.
Laboró en sistemas de información con el gobierno brasileño hasta que entró a la Universidad de Brasilia, en 1978, y llegó al punto máximo como profesor Titular en Ciencia de la Información. Ha publicado más de 30 libros, dos docenas de ellos de poesía y novelas, siempre en portugués pero con ediciones traducidas al castellano, como los poemarios Perversos y San Fernando Beira Mar , este último publicado en Buenos Aires, en 2005.
En deuda
No está satisfecho por lo conseguido con el arte y con la vida hasta ahora. “Como digo en Tu país está feliz, persigo la imagen que hice de mí y siempre estoy en deuda conmigo.Escribo compulsivamente, todo el tiempo y no estoy satisfecho. Buena parte del dinero que gané con el montaje de Tu país está feliz lo reinvertí en el grupo y en la publicación de 11 ediciones de ese poemario. Solamente en Brasil he tenido un editor para dos ediciones por su cuenta y riezgo.Y ahora mismo acabo de donar mis derechos autorales para Rajatabla para que hagan una edición modesta, sería la décimosegunda edición. Aún espero que un editor venezolano se anime a publicar alguno de mis libros”.
Actualmente vive con un sueldo de la Universidad de Brasil, además tiene unos ingresos por consultorías y charlas internacionales. “Puedo jubilarme cuando quiera pero prefiero seguir trabajando, a pesar de que jubilado continuaría con los mismos benefícios, pero es que el ambiente académico, dictando cursos y orientando investigaciones, me ofrece una sobrevida intelectual, necesario para seguir activo y vivo”.
Versión 2006
Antonio Miranda dice que la reposición de Tu país está feliz, hecha por José Domínguez, en cierto sentido, ha sido una restauración. “Carlos Giménez había hecho muchas alteraciones, ampliado el número de actores, modificado escenas y metido utilerías según las versiones que presentava en diferentes lugares, con diferentes elencos. Hasta la versión de 1984, en cierto sentido “pop”, que pretendía “actualizar” los textos y las imágenes. Dominguez ha investigado y mantenido lo que era esencial, inclusive el poema “Autobiografía tardía" que yo escribí a pedido de Carlos dos meses después del estreno, y eliminó los poemas “religiosos” y la canción “Cronos" (que está en el disco). En cierto sentido, la versión de 2006 es limpia, objetiva, con un cuidado técnico más riguroso que en versiones anteriores y a mí me convenció plenamente. Los “muchachos” están sensacionales y seguramente van a mejorar con las presentaciones porque tienen las condiciones y la motivación, además de su preparación profesional en Rajatabla con talleres y cursos. Yo me identifiqué mucho con el grupo y con la voz de Jesus Vieira y la segunda guitarra de Jerry Maneiro que dieron más densidad y profundidad a las composiciones de Xulio Formoso. El montaje peruano de Tu país está feliz, por Mario Delgado, dio lugar al grupo Cuatro Tablas que, a ejemplo de Rajatabla, es ahora una institución teatral estable. Las versiones venezolana y peruana se han presentado, con mucho impacto, en diferentes países y, 35 años después, aún repercuten. Basta que el lector haga el ejercício de entrar en Google con el nombre del espectáculo para ver textos y fotos en páginas web y blogs en Brasil, Venezuela, España, Estados Unidos de América, Italia, y en toda parte.Muchos de los poemas han sido traducidos al italiano, inglés, polaco, alemán, y hasta al quechua.He vivido, he trabajado, tengo una obra”.

miércoles, octubre 11, 2006

Pareja de ancianos príncipes azules

No todo lo que brilla es oro y en el caso del espectáculo teatral Príncipe azul, basado en la pieza del argentino Eugenio Griffero (Buenos Aires, 1936), hay que dejar claro que lo importante de ese excelente trabajo artístico, lo trascendente, más allá de los actores Roberto Moll y Marcos Moreno, aplomadamente dirigidos por Francisco Salazar, no es sólo ese epílogo dramático y desconcertante de la estrujante historia de amor homosexual que a ellos les ha correspondido representar, sino lo que esa situación final significa o pretende transmitir al espectador.
Porque este Príncipe azul es una pieza con una metáfora o con un mensaje capaz de ser descodificado y asimilado por el receptor, pero también es un fino show escénico que atrapa por la calidad profesional conque ha sido realizado bajo la égida de Francisco Salazar, un veterano director quien admite que su mayor preocupación fue “el subtexto... un ping pong en el que yo propongo y los actores indagan, tratando de que aparezca una fibra sensible; más que una demostración de actuación”.
Príncipe azul es un breve montaje que muestra el encuentro de dos personajes, Juan y Gustavo, encarnados, respectivamente, por Roberto Moll (56) y Marcos Moreno (46 ); una pareja de ancianos, con 66 años cada uno, que prometieron volverse a ver hace 50 años, después de haber mantenido unas relaciones amorosas tan intensas que tuvieron pánico de proseguirlas, teniendo en cuenta el contexto familiar y social de esa revuelta época de sus adolescencias. Medio siglo después, Juan es un mediocre actor de tercera, un sórdido personaje que ha vivido como quiso y como pudo, que no le queda vergüenza de los hecho ni de lo no hecho, mientras que Gustavo, recuperándose de un ACV que le dejó afectado el lado derecho de su cuerpo, es un respetable jurista con mucho poder, abuelo, pero amargado por todo lo que pudo hacer y no tuvo tiempo o no quiso hacerlo; un burgués, en todo el sentido del término, que se aburre por no tener nada que lo preocupe, salvo la salud, y cuando rememora aquellas cosas que no pudo adelantar y debió abortar, tal vez la ruptura de su romance con Juan.
El espectáculo, con una depurada y bien estudiada escenografía- un banco de parque en las inmediaciones de un playa- de Edwin Erminy y una iluminación precisa y al estilo de Carolina Puig, tiene como inicio sendos monólogos de presentación, el de Juan el histrión, y el de Gustavo el enfermo y amargado; después viene el encuentro que ellos pactaron medio siglo antes, pero ambos aparentan no reconocerse y ahí se palpa no sólo el desencanto de los ex amantes, sino el amargo aceptar de la vejez que los ha hecho desconocidos para los ojos del cuerpo y la dolorosa y patética aceptación de que ambos son perdedores, porque sus vidas se enrutaron y llegaron a metas no anheladas.
La entrega de los interpretes, el desenfado conque abordaron a sus complejos personajes y la forma de asimilar la historia de los mismos, hace que sus personajes fluyan con naturalidad y con mucho humor por parte del personaje de Moll, ese Juan que ha sido el menos perdedor en su periplo vital; mientras que el otro, el Gustavo de Moreno, transmite toda su frustración y un tanto de ira no sólo por lo que no hizo sino porque se atrevió a cumplir la cita, precisamente él, él más seguro y él supuestamente ganador en la vida.
Príncipe azul es una clara advertencia sobre cómo los roles sociales rígidos pueden llevar a la traición de los más auténticos y vivos sentimientos. Es una versión más de aquello que enseñó el poeta: el hombre mata lo que más ama.
Pero lo más interesante, o sea la lectura política, es que se trata de una pieza, estrenada en la capital argentina hacia 1982, que hace parte de toda una producción de textos y montajes con claves del grotesco y con elementos simbolistas con los cuales los intelectuales y artistas argentinos, hondamente comprometidos en la lucha contra la dictadura militar trataban de llegar a su público y obligarlo a pensar, a ver más allá de las imágenes y entender el trasfondo de sus diálogos. Ellos y ellas querían hacerle tomar conciencia a la sociedad entera de las desgracias en que habían caído y arruinado moral y económicamente a la nación por la presencia de “los gorilas” en el poder político y económico, además de las torpes actitudes guerreristas o belicistas que iban a culminar con la invasión a las islas Malvinas y la réplica mortífera del Reino Unido.
Y la verdad es que todo eso sirvió o al menos ayudó para lo que vino después: los generales pactaron su retiro, regresó la vida democrática y al parecer la sociedad civil ha logrado blindarse, hasta ahora, de la presencia castrense. Nadie puede negar que en esa nación sureña los intelectuales y artistas ganaron una... y bien grande con sus armas.¡Ojalá que cunda su ejemplo en este y otros continentes!
Príncipe azul es un espectáculo que enseña muchas cosas, especialmente que los seres humanos tienen un hoy y más nada, que el futuro o el mañana es una utopía y que hay que construirla y disfrutarla cotidianamente, sin dejar cosas para después.
Por supuesto que los espectadores pueden sacar sus conclusiones a partir de la cultura y la sensibilidad que disfruten, pero difícilmente no se conmoverán del dramatismo, un tanto novelesco, del argumento, porque que el hecho que dos seres humanos se conozcan, se entreguen y después tengan miedo de sortear los obstáculos es un asunto común y corriente, lo novedoso,en este caso, es la cita y lo que el tiempo pasó o hizo con los antiguos amantes, homosexuales en esta historia, porque también podrían ser una pareja heterosexual.
La lección de vida que propone el autor es tan obvia que nosotros opinamos que este Príncipe azul, pieza construida inteligentemente por un reputado médico psicoanalista, para mostrarle a sus compatriotas como el fascismo y el idealismo romántico anidan en cada hombre y como los fragores de las vida pueden hacer que lo malo se le encime a lo bueno, que lo que hoy repudiamos o amamos mañana se transforma en nuestra bendición o en nuestra desgracia. Lastimosamente, y de ahí está la debilidad de todos los seres humanos, lo vivido no tiene marcha atrás. Y lo que único que se puede hacer es pedir perdón y aceptar que nos equivocamos o que nos faltó prudencia para sopesar las situaciones en que nos correspondió actuar. Un arrepentimiento aligera la culpa.¡El teatro si tiene segundas partes, pero la vida jamás!
Nunca es tarde
Este Príncipe azul (1982), que hace sus últimas representaciones en la Sala de Conciertos del Ateneo de Caracas, pero después continuará en otro salón de la ciudad, es el texto que más ha popularizado a Eugenio Griffero, por la simpleza de su trama y la densidad de sus contenidos, además de ser una pieza emblemática del teatro argentino que desafió a la dictadura militar de los años 80.Este autor antes se hizo conocer como escritor de relatos breves, pero es hacia 1974 cuando se estrena su opera prima, el monólogo Sanduche, que le permitió convertirse en uno de los mas más importantes de la generación del 75. Para los analistas argentinos,quienes han podido ver toda su teatro, este dramaturgo está ubicado en un universo temático de horizontes contemporáneos que lo hermanan o lo ubican dentro del absurdo que cultivaron Beckett e Ionesco,por aquello de los temas de la incomunicación,el desencuentro, los miedos a la muerte, a la libertad y al libre albedrío. En el programa de mano de esta depurada producción caraqueña (un trabajo de Yoyiana Ahumada, Rolando Padilla,Tulio Cavalli e Italo Silva) se afirma que el teatro de Griffero va más allá del absurdo radical, y al indagar en las posibilidades del lenguaje, según las palabras del crítico argentino Guillermo Saavedra, “prefiere trabajar en los intersticios del lenguaje,producir efectos y arrimar alusiones sinuosas sobre el terreno de lo no dicho; aquello que se cala por impronunciable, o que no puede decirse porque carece de palabra”. Esta obra iba a ser montada por Carlos Giménez en los años 80, con Pepe Tejera y Aníbal Grunn en los roles de Juan y Gustavo, pero pasó el tiempo y ahora ha sido exhibida por otros. !Nunca es tarde!