sábado, abril 06, 2013

40 y más años de festivales en Caracas


Entre aquel negro 11 de septiembre cuando sacrificaron al primer presidente socialista de América, Salvador Allende, y el luctuoso 5 de marzo que despidió al  comandante presidente Hugo Chávez, han transcurrido 40 años, los cuales han servido además para  escenificar 18 Festivales Internacionales de Teatro en Caracas y para que el balance de tales  décadas no quede tan pobre, pues también se hicieron no menos de otros ocho grandiosos eventos escénicos  nacionales.
Fue el artista argentino Carlos Giménez (1946-1993) el creador del primer Festival Internacional de Teatro de Caracas (FITC), en septiembre de 1973, y el promotor de  los ocho Festivales siguientes, los cuales se convirtieron en los más importantes del mundo, gerenciados todos por el Ateneo de Caracas, con María Teresa Castillo al frente, y  contando con el apoyo financiero y logístico del Estado por intermedio de sus diversos gobiernos. Tras la  muerte del creativo y polémico director, cabeza del grupo Rajatabla, la directora ateneísta Carmen Ramia asumió el mando y organizó nueve Festivales más, incluso el 18 FITC, que culminó el pasado 31 de marzo.
Los FITC han tenido detractores y elogios del público, exorbitados algunos, porque nadie podía quedarse en silencio ante las performances de agrupaciones de fama internacional como  el Piccolo Teatro de Milano, el   team dream de Peter Brokk, el Teatro Kabuki de Japón, la Schaubühne de Peter Stein, el Berliner Ensemble y muchos otros procedentes de todos los continentes. Además, siempre hubo una importante presencia de elencos latinoamericanos y venezolanos. Durante cada uno de los FITC  la ciudad convulsionaba y las colas para comprar entradas o ingresar gratuitamente (siempre hubo puerta franca para los estudiantes y para los artistas). Se creó así, poco a poco, un público festivalero que pudo ver los más grandes e importantes montajes de la cartelera internacional. ¡Inversión en la cultura de la ciudadanía como reflujo de la riqueza petrolera!
Algunos pesimistas, especialmente del sector artístico, juran que los FITC no ayudaron en nada al crecimiento del teatro local, y esos son precisamente los que ahora viven comprando derechos o plagiando obras  foráneas para escenificarlas, tras haberlas visto en sus viajes a Nueva York, París o Madrid; pero dejemos en paz a esas “vírgenes necias” y sigamos nuestra crónica.
Otros, más optimistas y más sensatos, ponderaron el crecimiento de la audiencia, además de la participación  en talleres y conferencias que han acompañado siempre al evento escénico. Es un público que después, tímidamente, salió a ver los montajes de los artistas locales. ¡En los fenómenos culturales todo suma, nada se pierde, y los FITC han sido eso, aunque en los últimos años, han variado!
Caracas como escenario
La Alcaldía de Caracas, el Gobierno del Distrito Capital y el Ministerio del Poder Popular para la Cultura materializaron, por intermedio de la gerencia de Fundarte (Freddy Ñañez), entre noviembre y diciembre de 2011 el Primer Festival de Teatro de Caracas (FTC), tras   la recuperación de los espacios públicos y de las salas emblemáticas de la ciudad. Un evento-con el lema Caracas es puro teatro- que contó  con 80 agrupaciones (44 de Caracas y 36 del interior del país), para más de 160 funciones. Eran no menos  de 600 actores en los escenarios de 13 salas, ocho espacios públicos recuperados (bulevares, plazas y parques) y 30 comunidades de las parroquias del Municipio Libertador. El FTC 2011 (cobraron 5 bolívares por boleto) arrojó estas cifras: 70 mil espectadores en salas, 18 mil en la calle y 10 mil en las comunidades, 1200 en Unearte y 100 mil en Ciudad Teatro. A las agrupaciones les cancelaron sus honorarios y algunas fueron invitadas a exhibirse en una mini muestra posterior,  con motivo del Celac. Para el 2013, se organizó el Segundo Festival de Teatro de Caracas (II FTC 2013), entre el 22 de febrero y el 10 de marzo. Se esperaban 223 representaciones teatrales en sala y  seis en la Fábrica Nacional de Cemento, 101 exhibiciones en espacios públicos y las parroquias del Municipio Bolivariano Libertador, para un total de 330 funciones. No obstante, el evento- su lema era Ver para creer-fue suspendido el 5 de marzo por la muerte del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Pero durante la Semana Santa, los teatros volvieron a llenarse  de espectadores acuciosos ante una selección de 12 espectáculos, donde destacaron ¡Ay Carmela!, y el estreno del monólogo A mi gordo no me lo quita nadie, de Luis Fernández, actuado por Mimi Lazo. Los boletos costaban 10 bolívares. Así pues, se cerró, hasta el año venidero, este experimento de un festival  exclusivo para Caracas con puro teatro nacional, aunque ya se estudia para los años venideros “un complemento” con piezas internacionales.  ¿Alianzas estratégicas con Bogotá?
Muestras nacionales
Pero no solamente los  FITC han ocupado los escenarios caraqueños, así lo recuerda el folleto “Teatro Venezolano/Comentarios& Memorias”, editado por la Compañía Nacional de Teatro (2011). Del 25 de septiembre al 15 de noviembre de 1959, en el Teatro Nacional, se realizó el Primer Festival Nacional de Teatro, donde participaron 14 obras venezolanas. El evento fue auspiciado y organizado por la Asociación  Pro Venezuela y el Ateneo de Caracas, representados por Pedro Berroeta y Horacio Peterson. Ese Festival demostró que si había un cambio cualitativo en el teatro. Los montajes exhibían avances técnicos y aciertos en la dirección, y algunas de las obras revelaban madurez estructural y logros temáticos. El escritor Juan Liscano dijo que ese Festival era el acontecimiento cultural más importante ocurrido en Venezuela durante ese año. Sin embargo, el crítico Guillermo Feo Calcaño escribió en el programa de mano un extenso ensayo donde reconocía que el teatro había dado un salto cualitativo, que superaba al teatro criollo costumbrista, pero que aún le faltaba mucho por aprender. Apuntó que “lo que en nuestro teatro nos sobra en voluntad, nos falta en cultura general, en técnica, en sentido práctico teatral, nos falta planificación y en una metodología adecuada para las enseñanza de las artes escénicas”. Desde entonces, a pesar de las  críticas, los posteriores  Festivales fueron siempre éxito de público y de opinión, que realzaron el papel de la dramaturgia venezolana, creó un ambiente favorable para la agremiación y por ende hubo músculos y cerebros para otras muestras: en 1961, en el Teatro La Comedia se realizó el II  Festival de Teatro Venezolano, el cual presentó diez montajes. En 1967, la Comisión del Cuatricentenario de Caracas organizó el III Festival con la presencia de 15 obras. El IV Festival lo realizó la Asociación Venezolana de Profesionales de Teatro (Aveprote) en 1978, con 13 obras; y el  V lo llevó a cabo la misma Aveprote en 1980, con 10 obras. El VI, y último hasta ahora, lo materializó en 1983, la Comisión para la Celebración del Bicentenario del Nacimiento de Simón  Bolívar, con 20 textos venezolanos.
Caracas o Venezuela entera son terreno fértil para el teatro y demás manifestaciones de las artes escénicas, gracias a sus artistas y a su público que lo consume y lo disfruta siempre que lo convocan.

Torturados y torturadores


Recuerda Wikipedia, la fantástica enciclopedia del siglo XXI, como la tortura es el acto de causar daño físico o psicológico ya sea  por medio de máquinas, artefactos o sin ellos, sin el consentimiento y en contra de la voluntad de la víctima, generándose la figura legal de apremio ilegítimo; o bien con el consentimiento de la víctima (sadomasoquismo), vinculado principalmente al dolor físico y/o quebrantamiento moral que puede o no desembocar en la muerte.
Aclarado el tema del espectáculo Pedro y el capitán, informamos que por ahora termina la segunda temporada de tan estrujante montaje, una depurada versión  escénica que Consuelo Trum logra a partir del texto original del poeta uruguayo Mario Benedetti (1920-2009). Una producción del grupo teatral Repico la cual se presenta en la sala experimental de Celarg, con la participación destacada de los actores  Adolfo Nittoli y Vicente Peña.
Consuelo es, junto a Melissa Wolf, una de las pocas féminas que producen exitosos espectáculos en Venezuela. Durante las tres últimas temporadas caraqueñas ha mostrado, de manera más que convincente, eventos escénicos como  Monstruos en el closet, ogros bajo la cama, fantástico homenaje de Gustavo Ott para los Torres Gemelas, derribadas el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York; después estrenó Pedro y el capitán, y ahora exhibe Stop Kiss, crudo texto de Diana Son para denunciar la homofobia en la sociedad estadounidense contra dos féminas que intentan amarse. Una trilogía que revela su credo ideológico y permite palpar su estética y su buen gusto para la materialización de sus disímiles trabajos. ¡Bravo!
Con la emblemática obra de Benedetti se ejemplifica la relación entre un torturado y su torturador, entre un militar que debe obtener, a cualquier costo, información y datos sobre los compañeros del guerrillero,  terrorista o delincuente político llamado Pedro, quien, sumamente debilitado por las largas sesiones de tortura física, se niega a delatar y perece finalmente. No es precisamente “una perita en dulce” lo que muestra al público, sino que explica muy didácticamente algo que, cual espada de Damocles, pende sobre la cabeza de todos los habitantes de este planeta,  cuando se atreven a discrepar de las ordenes o programas de los gobiernos de turno.
Es teatro político y bastante comprometido. Su autor se inspiró en múltiples sagas sobre los excesos de las dictaduras chilenas, argentinas, paraguayas y por supuesto la uruguaya, las cuales imperaron a lo largo de los últimos 30 años del siglo XX, una siniestra pesadilla que ojalá nunca más se repita en esos países ni en ningún otro de esta Patria Grande, que es la América entera, aunque esta balcanizada,  toda.
Para la carrera profesional de Consuelo, Pedro y el capitán, uno de los cuatro textos teatrales de Benedetti, escrito en 1979 desde el exilio, tiene un gran avance ideológico y estético, ya que ahí, con las descarnados diálogos entre el militar y el guerrillero, entre el torturador y torturado,  se abordan las sórdidas variaciones del poder y además, quizá lo más importante, el manejo del  espacio asfixiante y la tensión dramática del claro-oscuro interior de los personajes, especie de sima o hueco psicológico donde se sumergen no solo los actores sino el público que presencie el espectáculo.
 La pieza va más allá de una denuncia concreta contra la represión física y psicológica en una nación, porque sus personajes son hombres de carne y hueso con sus vulnerabilidades, lamentablemente enfrentados por la política deshumanizada y fascista la cual es una especie de nube negra que amenaza descargar su lluvia de fuego y sangre.
Y esos personajes, materializados por una pareja de comprometidos histriones criollos, dan todo lo que tienen de si para mostrarlos de maneras más que  satisfactorias. Hacen que el público odie al torturador y se apiade del torturado, pero al final, cuando la catarsis se apodera del espectador, se da cuenta que eso le puede pasar cualquier día de estos porque nadie está libre de ser víctima de los excesos de un Estado o un gobierno aunque sea un país democrático., especialmente con las torturas psicológicas, que son las que nunca han cesado y tienen unas constantes peligrosas variantes subliminales las cuales descaradamente se transmiten por la televisión y el cine.
Consuelo Trum interviene la tradicional caja de Sabatini y crea otro espacio, con una cámara blanca, donde se escenifica la tortura psicológica o el ablandamiento verbal, para así llamarlo, utilizando como elemento visual una proyección con una especie de cámara filmadora que repite en la pantalla lo que sucede en la escena, para dar una doble lectura, impactante además.
No hay, pues, desperdicio alguno en esté montaje tan puntual y preciso.


martes, abril 02, 2013

Montevideo contempla a "Dos de amor"


En la lejana Montevideo, durante este fin de semana comienza la temporada de la obra venezolana Dos de amor, de José Gabriel Núñez, con los actores Hugo Giachino y Rosina Benenati,  puesta en escena por el teatrero  Rubén Rega, todo un personaje del mundo cultural caraqueño que decidió regresar a su patria, pero sin desvincularse totalmente de Caracas y su gente.
Es por eso que él, confiesa, que Venezuela ha sido  y es un pueblo que renace de sus cenizas, un pueblo gentil, amable, culto, sincero, amistoso antixenófobo. “De hecho se ha formado como casi todos los países, no solo de Latinoamérica sino del Mundo,  con el aporte de personas que emigran de sus propios países por varias causas. Jamás me sentí rechazado, sino todo lo contrario, en los casi 30 años que he vivido en esa dulce, plácida, tropical y bella Caracas, brillando al pie de su gran protector el Ávila, fui creciendo y terminando de  acrecentar la cultura adquirida en el país natal, incluida la dirección de teatro”.
     Puntualiza que para esa época de su desembarco en Venezuela, “era y es un país joven, yo también lo era y las oportunidades que ofrecía eran múltiples, para todas las personas, solo,  tenías que demostrar lo que habías aprendido y ofrecer tus conocimientos. Llegué por los años setenta, casi junto con otros como Carlos Giménez, Ugo Ulive, José Gómez Fra. Otros llegaron antes como posiblemente José Antonio Rial o tu  Edgard Moreno Uribe (1969).Había estudiado periodismo, idiomas, relaciones públicas y dirección de teatro con el maestro uruguayo Eduardo Malet. Para resumir, luego de estar algunos años en CANTV y paralelamente trabajando paralelamente en el Bloque de Armas, en varias revistas, periódicos etcétera. finalmente me vinculé con mi verdadera pasión: el teatro. Esta oportunidad me llegó, cuando tuve la gran oportunidad de trabajar junto a de uno de los iconos de la cultura Venezolana. María Teresa Otero, más tarde María Teresa Castillo, gran mujer, respetada y querida por todos, apreciada por su sinceridad, su pasión por la cultura, apreciada por su sinceridad, su simpatía, su despacho abierto a todo el mundo , su cariño a su familia , a la gente y su adorado país Venezuela
CASTA DIVA
  “Pero quien realmente me tendió una trampa para que yo dirigiera teatro fue Carlos Giménez, al pedirme que le diera un argumento para dirigir él,  a la actriz Alma Ingianni. Luego de pensarlo, le respondí que lo ideal sería un monólogo sobre una diva de teatro. Le gustó. Llamó de inmediato a Ethel Dahbar quien escribió Casta Diva.  El asombro vino cuando Alma, Ethel y Carlos, me pidieron que dirigiera yo esa obra.Ese fue mi comienzo…Y aquí sigo…pero  ahora en mi  Montevideo”.
EL DRAMATURGO NÚÑEZ
 Monto Dos de amor porque siempre admiré la dramaturgia de José Gabriel Núñez, sus mujeres: guerrilleras, cabareteras, prostitutas  esperpénticas, y la primera obra que vi en Caracas fue en el viejo y querido Teatro Ateneo, era ¿Tú quieres que me coma el tigre?, más tarde me maravilló con  Los peces del acuario, Noches de satén rígido o Madame Pompinette. Al conocerlo comprendí su amor por los boleros y las películas mexicanas, se había casi, criado con ellas.  Somos muy buenos amigos pero nunca pude dirigir una de sus obras en Caracas. Si dirigí varias de Néstor Caballero, y de Gustavo Ott”.   
Subraya que En Montevideo, su obra Fango negro lleva ya 21 años ininterrumpidos en la cartelera montevideana. “Yo tuve mi gran oportunidad de dirigir dos monólogos, Soliloquio en rojo alucinante y Soliloquio en negro tenaz con dos primerísimas actrices Isabel Pelusa Vera e Isabel Schipani, con ellas tuvimos varias temporadas en Montevideo, viajamos por todo Uruguay y tuvimos el gran placer de ser invitados al Festival Internacional de Teatro de Oriente, Barcelona, fuimos pautados en la programación y tuvimos que agregar otra función extra. Más tarde fuimos invitados al II Festival Internacional de Monólogos, y viajamos por pueblitos del noreste de Venezuela, fue otra experiencia alucinante”.
MATRIMONIOS EN PUGNA
“Cuando leí su obra Dos de amor que habla del matrimonio con gran sentido del humor, donde descubrí también distanciamientos brechtianos y la participación con el público, me enamoré del texto. El matrimonio es universal y según Tolstoi dijo “habla de tu pueblo y hablarán del mundo”
Rega explica que Hugo Giachino es un actor uruguayo, con varios premios en su haber y él le  me había solicitado algunas obras. “Siempre que me piden envío obras de autores venezolanos y  le remití tres pero le gustó Dos de amor. La encontró muy accesible para el público uruguayo, yo había traducido al uruguayo los términos venezolanos. Casi de inmediato consiguió sala, (cosa rara en éste país donde nos encontramos) y me presentó a una actriz joven, Rosina Benenati, fresca, sin vicios actorales y comenzamos los ensayos. En realidad esta pareja es un poco más joven que la planteada por José Gabriel. Tuvimos dos intensos meses de ensayos diarios.  Mi idea primaria fue realizarla en un ring de box, dado que Ángel y Angélica viven peleando, inventando amores o no? para acabar con la rutina. Lamentablemente la sala era pequeña para esa idea, pero no desistí del todo, pues hay un momento en la obra que se pelean como si estuvieran en un ring, lo que causa mucha hilaridad en nuestros ensayos. Tenemos un estupendo equipo técnico y artistas como el músico, director y productor Alfredo Leirós, quien nos hizo la música original,  al talentoso fotógrafo Alejandro Persichetti, entre otros.
 Asevera que la pieza de Núñez tiene un gancho y un ritmo especiales. Ahí se  cuenta algo universal, porque matrimonios que luchan por alejar la rutina , existen en todo el mundo.  Además,  la agilidad de los textos me hizo pensar encadenarlos como si fueran matches de box, primer round, etc. Esto le dan un toque especial, que pensamos va a llegar al público. Aunque las sociedades en varios países  o en casi todos, siempre encuentras un punto de unión. Y  precisamente “Dos de amor” aporta esa facilidad. De hecho yo solicité los derechos de autor y le llegaron dos pedidos más de Montevideo para dirigir esta obra. Debo agradecer al amigo, al poeta, al dramaturgo, José Gabriel el haberme otorgado ese derecho”.
Rubén Rega, sentimental como si fuese caribeño, escribe que vive pensando en Venezuela, “lagrimeando cuando escucho “Alma llanera” o una gaita o un joropo, sufriendo cuando sufren, y alegrándome cuando se contentan. Sueño con arepas pepia´, de queso e´ mano,  con hallacas, con bienmesabe, con casabe al horno, cachapas de queso, etc.  Amo realmente a Caracas, pues es más que una ciudad para mí, que me brindó muchas cosas espirituales, mucho amor, muchos amigos, tu, Julio Alcázar, Scala Gregorio, Omar Gonzalo,  y amigas como Mariacristina Lozada, Linsabel Noguera, Aura Rivas, y no puedo nombrarlas a todas y todos los que están y los que se fueron de gira, pero si los llevo en mi corazón y entiendo que debo ser breve.  ¿Cómo ser breve con un país donde viviste más de 30 años? ¿Cómo no querer volver, aunque sea de paseo?





Murió la actriz Bertha Moncayo


¿Cuál es la edad del retiro para los comediantes? No existe, dicen unos. La muerte física o la extinción de la memoria, afirman otros. Algunos consideran que es una discusión bizantina o baladí, porque los directores o los productores artísticos de los espectáculos, bien sea teatrales, televisivos o fílmicos, son los que tienen la definitiva palabra, porque las otras las dirán los intérpretes interesados o entusiasmados con los roles ofrecidos. ¡La inacción sí es la muerte!
Nunca tuvo miedo a la muerte porque la combatía con su activismo teatral hasta cuando lo pudo hacer. Se encerró en su casa con su hijo Pedro, sus perros, sus libros y los recuerdos de su esposo de toda una vida, Luis Peraza o Pepe Pito. Continuó leyendo y preparando solitarios montajes que nunca quiso mostrar. Al final se rindió y hoy 2 de abril se despidió. Era Bertha Moncayo.
Nosotros creemos que actrices y actores de comprobada experiencia nunca deben salir de escena. Siempre hay personajes para ellos, ya que el teatro es el espejo de la vida y una vida sin comediantes de edad madura no se concibe, y si en aquella pieza que está de moda el dramaturgo se olvidó de los viejos, pues seguramente en otras respetables producciones necesitan de un veterano histrión entre cajas para auxiliar o guiar al imberbe que ahora protagoniza y proclama su amor por la hermosa damisela, o de una otoñal dama que apuntale o de matices a la mozuela que protagoniza ese trágico romance entre Capuletos y Montescos o entre chavistas y escuálidos ¡El amor carece de cédula y es verdaderamente ciego!
Lo afirmamos porque visitamos, durante el lejano octubre de 2007, en la sobria intimidad de su modesto apartamento, a la primera actriz Bertha Moncayo, acompañada de tres perros, un gato y Pedro, su hijo cuarentón; además de humedades y olores. Ella precisamente vivía en un escenario desde antes de nacer y de ahí no salió porque su historia vital la hizo y la escribió desde la escena, por lo cual mereció el Premio Nacional de Teatro en 1985, gracias a su dilatada trayectoria como actriz y su consecuente y pulcra permanencia en el campo pedagógico, y por haber contribuido de una manera decidida a la formación y desarrollo del teatro venezolano.
Bertha Suárez Moncayo (Riobamba, Ecuador, 17 de septiembre de 1924) y su madre María Luisa Moncayo viuda de Suárez, actriz y cultora de otros oficios teatrales, llegaron a mediados de 1936, procedentes de Quito.La niña-teatrera hizo aquí su bachillerato y además pasó a integrar la plantilla de la compañía de Antonio Saavedra como ayudante de escena y actriz infantil, lo cual le permitió entrenarse en la disciplina actoral con auténticos maestros. Pero en octubre de 1938 es cuando la joven integró los elencos de los primeros montajes de la naciente Compañía Venezolana de Drama, creada por escritores como Leopoldo Ayala Michelena, Luis Peraza (o Pepe Pito) y Leoncio Martínez a la cabeza, quienes pretendían desarrollar el teatro criollo, editar en lo posible esa novedosa dramaturgia y propiciar su respectiva puesta en escena.
A casi 7o años de ese arranque, Bertha Moncayo, un tanto olvidada por directores y productores de este siglo XXI, recuerda que Al dejar las muñecas, de Leopoldo Ayala Michelena, y El hombre que se fue, de Luis Peraza, fueron las piezas con las que inició una siempre creciente carrera de montajes exitosos -además de laborar en radio, televisión y cine- hasta la temporada de 1993, cuando, al lado del otro veterano Fernando Gómez, protagonizó la obra Vesícula de nácar, de Román Chalbaud, dirigida por José Simón Escalona, en el Teatro Alberto de Paz y Mateos. ¡Récord histórico!
De ese memorable montaje, Javier Moreno, autor de un pequeño libro biográfico sobre Bertha, apunta que “podemos dar fe de la conmoción que causó ver a esta dama de las tablas inmiscuirse en el proceso de creación con la misma preocupación de una principianta, con la devoción de todas sus creencias y saberes, poniendo en alerta su adiestrada intuición, dejándose guiar y manifestando su temor constante a no estar a tono No es por vano que el resultado fue el triunfo de su avasallante carácter sobre las tablas, en ambos casos, en caracterizaciones irreconocibles y de una vitalidad única a sus años”.
Bertha Moncayo, con quien departimos más de dos horas de nítida conversación, en medio de los incesantes ladridos de sus perros, no estaba retirada. Exhibía integra su memoria y un dinamismo que más de una jovenzuela quisiera tener, pues no camina sino que flota en el mínimo espacio de su escenario privado. Espera un proyecto que de verdad la satisfaga y la rete a colocarse de nuevo ante los espectadores de su segunda patria.
Pepe Pito
Sin “Pepe Pito” o Luis Peraza (1908-1973), célebre dramaturgo, actor y productor criollo, la saga de Bertha Moncayo estaría incompleta o no habría pasado de una página. Se conocieron en el teatro y esa relación se transformó en matrimonio hasta consolidar una fantástica complicidad creativa, pues era discípula y leal compañera. Según José Ratto-Ciarlo, él escribía inspirado por su esposa, quien fue una motivación constante y una inteligente interlocutora para sus intereses e inquietudes. Ella estimulaba lo mejor del temperamento de aquel hombre nacido para la docencia”.

sábado, marzo 30, 2013

Otro matrimonio desgraciado


Quienes aún no hayan visto a Melissa Wolf actuando, uno de los roles que bien hace esta bella artista, ganadora del XV Premio Marco Antonio Ettedgui, deben hacer sus agendas teatrales e incluir ahí al espectáculo El matrimonio de Bette y Boo, el cual es una controversial farsa sobre las vicisitudes existenciales de un matrimonio heterosexual, según la visión del dramaturgo Christopher Durang (New Jersey, USA,01.02.1949) y la correcta versión escénica del director  Héctor Manrique, quien también actúa, la cual hace temporada en el Centro Cultural BOD Corp Banca de La Castellana.
Estrenada en el New York Shakespeare Festival (05.16.1985), es una farsa sobre la tradicional institución matrimonial, la cual, en medio de risas y sorpresas que no lo son tanto, le plasman al espectador lo que puede ser la vida familiar en un entorno disfuncional, pero que a pesar de tantas vicisitudes, como el divorcio, permanece unida y solo concluye con la muerte de algunos de sus miembros:a ella el cáncer se la come y èl se  ahoga en el alcohol.
No hay que estar casado, ante la ley o los ritos eclesiásticos, para saber que las relaciones matrimoniales no son nada fácil ni descansan únicamente en las bondades sexuales o en los gustos o disgustos con las rutinas  en la cocina o frente a la televisión. Son más complejas y muy difícilmente logran aislarse del contexto donde more o se desenvuelva la pareja…y si son homosexuales sus miembros, porque de todo hay en la Viña del Señor, las complejidades serán superlativas, salvo que vivan o se desempeñen en sociedades más abiertas y respetuosas de los derechos civiles de sus integrantes.
El autor, aventajado alumno molieresco, maneja el  humor y la ironía para abordar las situaciones de Bette y Boo, en medio de una sociedad capitalista y exigente, ayudando así a digerir los profundos y desgarradores que pueden ser los errores cometidos en el transcurso de la vida matrimonial y familiar. Pero Durang no da recetas sino que muestra la fatalidad de una situación.
El mecanismo dramático, no tan novedoso de El matrimonio de Bette y Boo, está centrado en el alcoholismo de Boo Hudlocke (Jesús Cova) y la lenta desintegración de la paz familiar que eso origina, agravado además porque la pareja solo logra criar a un  hijo por  la muerte sucesiva durante el parto de los posteriores muchachitos. Aparece el divorcio y antes de la muerte de Bette (Melissa Wolf) hay  recuento de lo bueno y lo malo que vivieron, para que ambos reconozcan sus fallas o desaciertos existenciales.
No es fácil “la digestión” de este espectáculo pesar de las profesionales performances de  todo su elenco, por la crudeza de la  pieza, la cual muestra a unos seres humanos desvalidos y condenados a la desgracia porque el sistema social no da mayores alternativas, salvo que el alcoholismo sea controlado y  se aplique terapia psicológica para que la pareja recupere el tiempo perdido. Pieza cruel y brutal. Son millones los hogares destruidos por situaciones similares a las que plasma el autor Durang.
Esta pieza fue estrenada en Caracas durante la temporada de 1995 por el Grupo Actoral 80  con la dirección y la producción de Héctor Manrique y Carolina Rincón. Recibió los Premios Municipales  a la Mejor Producción y al Mejor Actor de Reparto, de la temporada 1995.1996, para Alejo Felipe por su personaje de Karl Hudloche (padre de Boo).
 En este nuevo montaje del Grupo Actoral 80, Bette Brennan es interpretada por Melissa Wolf, Margaret Brennan por Samantha Castillo, Paul Brennan por Juan Vicente Pérez, Emily Brennan por Martha Estrada (al igual que en el primer montaje), Joan Brennan por Iris Dubs (también del montaje original), Boo Hudlocke por Jesús Cova, Karl Hudlocke por Héctor Manrique, Switche Hudlocke por Omaira Abinadé (del montaje de 1995), el padre Donnally y el doctor por Jorge Canelón (también del primer elenco) y Matt por Wadih Hadaya. Es una muestra de la versatilidad actoral, de calidad,  presente en el GA80.
La música original es de Jackie Screiberg y el solo de cello de William Molina. La asistencia de dirección es de Ana Alicia Pérez, la escenografía y el vestuario de Marcelo Pont-Vegés, la iluminación de José Jiménez y la producción de Carolina Rincón.

Virgen roja en Teatro UCAB


Casi 40 años descubriendo al teatro y enseñándolo a nuevas generaciones de alumnos de la Universidad Católica Andrés Bello. Labor silenciosa y desafiante que ha dado resultados positivos: mejores ciudadanos y buenos artistas. Así podemos resumir la tarea del Teatro UCAB, pero su lideresa, Virginia Aponte, continua ayudando, trabajando y educando a los nuevos párvulos y al público estudiantil en general.
Recientemente presentó La virgen roja, estremecedora reflexión teatral  basada en la vida de Simone Weil (1909-1943), filósofa francesa, mística y activista política, actuada por Pablo Rincón, Irais Souto y Raquel Cartaya, y con el apoyo técnico de Sofía Barreto y Andreina Gómez-Orellana.
La virgen roja cierra el proyecto “Pensar con el corazón”, singular ciclo de reflexión que inició el Teatro UCAB y Virginia Aponte, en el año 2010, con Edith Stein: el regreso, continuado en 2012 con Sólo sé de mí y culminado ahora con el espectáculo sobre Simone. “A través de esta trilogía exploramos las vidas de Edith, Hannah Arendt y Weil. Grandes pensadoras de origen judío quienes dieron una visión única sobre el siglo XX, época marcada por odios y conflictos, pero también de luz. Tres mujeres, tres historias, tres ejemplos de valentía y compromiso ante la adversidad y la tragedia de dos guerras mundiales que marcan la historia sombría del siglo XX. Ellas permiten que a través de su palabra y vida podamos encontrar razones para seguir caminos difíciles en este recién comenzado Siglo XXI”, puntualiza la autora y directora Aponte.
-¿Hay posibilidad de reponer las tres piezas y suscitar un debate?
-Para eso fueron escritas.
-¿Por qué el teatro?
-Por la misma razón que Simone Weil, reflexionaba sobre el valor de la cultura: la formación de la atenciòn. La participación en los tesoros de la espiritualidad y la poesía acumulados por la humanidad a lo largo de los siglos. El conocimiento del hombre. El conocimiento concreto del bien y el mal. Y lo hicimos con estas tres mujeres porque tocaron mi corazón con su pensamiento, es una correspondencia en el amor. Las  tres vivieron entregando sus vidas a un siglo despojado del valor de la existencia, un siglo signado por la muerte. Edith transformándose en la religiosa carmelita Teresa Benedicta de la Cruz, quien muere en Auschwitz en 1942, ofreciendo su vida por el pueblo judío. Con El Regreso se pretende un encuentro con la trayectoria y pensamiento de un ser humano que fue capaz de ofrecer su vida por la reconciliación de todos, en este mundo nuestro tan olvidado de los otros. De Hannah se ha hablado mucho, ella ha sido una intelectual reconocida y admirada; quizás es ella quien más pudo hacer trascender su pensamiento. Su reflexión sobre “la banalidad del mal’’ ha dejado sembrado en muchos la incomodidad,  demasiado fácil ser cómplices del mal, pensando que hacemos el bien. Simone Weil años antes que Hannah ya había llegado a la conclusión que la mezcla del bien y del mal era causa de atrocidades insospechadas”.
Subraya que reunirlas era muy fácil porque en cada una su condición de judía y filósofa las convertía en hermanas de pensamiento y aunque “Hannah jamás pensó en el cristianismo como opción de vida, si vivió en la misericordia y el perdón, base de todo principio de la religión católica”.
-¿Qué busca con la metáfora escénica de estas tres mujeres?
-Mostrar que ante las mayores adversidades existe la luz. Vivieron situaciones extremas que tuvieron que enfrentar con inusual valentía y que a pesar de que pagaron un precio muy alto, al final sus reflexiones y acciones nos llegan a nosotros como caminos que se abren a la esperanza. Edith siendo una judía que se hace católica muere víctima del Holocausto. Para Hannah la historia es otra porque ella escapa a la ‘’solución final’’ y logra llegar a Estados Unidos; pero su vida evidencia su capacidad de amar por encima de las diferencias. Su amor por Martín Heidegger marcó su pensamiento y jamás lo negó. Una  gran pasión  destinada  a fracasar, pero que la  visión esperanzadora de una mujer logra transformar  en una historia de perdón y reconciliación, lo que para muchos debía ser una historia de reproche y venganza. Ese canto de libertad es la historia que une a las tres y que me lleva definitivamente a Simone Weil. Simone es posiblemente una Juana de Arco del siglo XX, su amor por Francia y por Dios la llevan a ‘’la hoguera’’.
-¿Qué pasa con el grupo y estos textos?
-Es difícil para uno con una vida de recorrido- 40 años en la docencia- llegar a la verdad que estas tres mujeres persiguen obsesivamente, es muy difícil que en edades más jóvenes  puedan llegar al fondo de lo que este pensar involucra. Mi experiencia me dice que quedan en ellos ideas que los van a “acompañar’’ sin que eso sea del todo consciente. Son preguntas que quedan para que la vida las vaya respondiendo. Ellos se llevan sus morrales para el camino, cualquier día podrán sacar de esos morrales sus respuestas a las preguntas que hoy no pueden darse.
Misticismo
-¿Qué por qué hay tanto misticismo en estas tres mujeres? Porque el absoluto vive en ellas. Es fácil describir la mística en Edith, ella es para la Iglesia Católica, la Santa Teresa Benedicta de la Cruz, y sus libros nos confirman su camino místico junto a Teresa de Jesús y Juan de la Cruz. En el caso de Hannah es quizás más complejo ubicar su pensamiento en el concepto convencional de la Mística pero es curioso como desde su tesis de grado, El concepto de amor en San Agustín, descubrimos a una mujer que se atreve, siendo judía, a penetrar el mundo de un Agustín de Hipona. El amor absoluto está presente en Hannah como objeto de una seria investigación a lo largo de toda su vida. Por último la más extrema de estas maravillosas mujeres, Simone Weil, quien no se sintió digna de ser bautizada, pero vivió como la más humilde esclava de Cristo. Dejo estas palabras de Simone como cierre de esta pregunta: “No hay que desear la desdicha; eso es contrario a la naturaleza; es una perversión; y, sobre todo, la desdicha es por esencia lo que se sufre a pesar de uno mismo, Si no se está hundido en ella, se puede tan sólo desear que, en el caso que sobrevenga, constituya una participación en la cruz de Cristo’’.
             

martes, marzo 26, 2013

Melissa Wolf gana Premio MAE de Rajatabla

La Fundación Rajatabla, en el marco del XVIII Festival Internacional de Teatro, hizo entrega del XV Premio Marco Antonio Ettedgui  a la joven Melissa Wolf, por su dedicación al quehacer integral del teatro venezolano. El acto tuvo lugar el lunes 25 de marzo, a las 8 de la noche en la Sala Rajatabla.
Melissa Wolf (33 años) se hizo acreedora al Premio MAE por su dedicación al quehacer integral teatral venezolano,  destacándose en todas las áreas que se desempeña, que van desde la labor pedagógica, siguiendo en su faceta de actriz, productora y de excelencia en la dirección con el Grupo Actoral 80. “Premiamos a una mujer orquesta que cada instrumento que ejecuta lo hace con maestría. Melissa, enaltece la labor teatral y muy especialmente al género femenino”, explica el jurado ad hoc de esta competencia de trabajo y talento.
 Asimismo el jurado decidió entregar como primera decisión otorgar un Marco Antonio Ettedgui de Honora a Delbis Cardona, por su larga experiencia en el quehacer teatral de Venezuela, destacándose tanto como actor, director y productor de diversos espectáculos a lo largo de su carrera, con su agrupación Escena de Caracas.
También se dieron cinco menciones especiales  a: Gabriel Agüero (Actor), Ángel Pájaro (Técnico y actor), Karín Valecillos (Dramaturga), Vladimir Vera (Dirección) y a Luis Alfredo Ramírez (Producción). El resto de los nominados de esta XV edición fueron: Ernesto Campos, Prakriti Maduro, Pastor Oviedo, Gerónimo Reyes, Alexander Rivera, y Jenifer Urriola. El jurado estuvo integrado por E.A. Moreno Uribe, Joaquín Lugo, Douglas Palumbo, Juan Antonio González y Rufino Dorta.
 Este Premio fue creado por Carlos Giménez  y La Fundación Rajatabla en el año 1989 escogiendo el nombre de Marco Antonio Ettedgui, un destacado artista y periodista que a finales de los años 70 y principios de los 80 llamara poderosamente la atención de la sociedad cultural venezolana. Sus trabajos individuales en el campo del performance, el fluxus y el arte conceptual, así como su actividad con el grupo Autoteatro, fueron reconocidos nacional e internacionalmente. Ettedgui falleció accidentalmente durante una representación, contando con apenas 21 años, precisamente en la Sala Rajatabla
 La entrega del Premio MAE se hizo antes de la representación de la pieza Muerte accidental de un subversivo latinoamericano, una adaptación de Rodolfo Santana sobre la pieza Darío Fo, estrenada originalmente en 1970, y cuyos sucesos  han encontrado inspiración en las circunstancias que rodearon el fallecimiento del ferroviario Giuseppe Pinelli en Milán un año antes del estreno de la pieza. En los tres años siguientes a su estreno, solo en Italia, la obra fue vista por más de un millón de espectadores. Enmarcada dentro del Festival Internacional de Caracas las representaciones continuarán este martes y el miércoles, a las 8 de la noche, en la Sala Rajatabla.
MUJER ORQUESTA
No es frecuente encontrar a una mujer al frente de una agrupación teatral o coordinando un ambicioso espectáculo. Las razones de esa sin-razón tienen que ver con la histórica presencia avasallante del varón en los roles determinantes del teatro mismo y por una cierta dictadura o tiranía, muy masculina además, que se ejerce en el ámbito de las relaciones artísticas-patronales indispensables para la creación de un montaje.
En Venezuela hay pocas damas que se atreven a dirigir una cohorte actoral, donde haya predominio de hombres, y una de esas excepciones es precisamente una fémina bella, con rubios cabellos largos e interesantes ideas estéticas, como lo demostrado Melissa Wolf, quien ha conquistado el Premio Marco Antonio Ettedgui 2013
por su dedicación integral en el quehacer teatral venezolano,  destacándose en todas las áreas que se desempeña, que van desde la labor pedagógica, siguiendo en su faceta de actriz, productora y de excelencia en la dirección.Actualmente es coprotagonista en la farsa El matrimonio de Bette y Boo, pieza de  Christophen Durang, la cual  hace temporada en el Centro Cultural BODCorbanca.
Melissa  ha revelado que su primer acercamiento al teatro fue en la Academia de formación de actores de Venevisión. “Tuve la fortuna de formar parte del primer grupo convocado para estudiar allí durante un año, de lunes a viernes toda la mañana. Comencé a recibir clases de actuación con el actor y director Héctor Manrique y además con el maestro Marcos Reyes, de voz y dicción con Felicia Canetti y de expresión corporal con Giovanni Reali. Como cierre de ese año se realizó un montaje donde yo asumí la asistencia de dirección y gracias a eso pude ser asistente del montaje El día que me quieras, de José Ignacio Cabrujas, en el 2005, dirigido por Juan Carlos Gené. A partir de allí todo ha sido una especie de escuela para mí porque aparte de lo que aprendí de Gené tuve la fortuna de seguir trabajando al lado del Grupo Actoral 80 en numerosos montajes que me dieron la posibilidad de empaparme poco a poco del trabajo de dirección de actores y puesta en escena. Trabajar con ellos ha sido la mejor de las escuelas".
-¿Por qué se ha dedicado a la dirección, especialmente?
-Porque me parece fascinante el arte de convertir en tridimensional algo que está escrito. Poder trabajar con la creatividad de los actores y guiarla por un sendero común en donde coincida su intuición y lo que está planteado en un texto teatral. Tener la oportunidad de jugar con la imaginación del espectador y confrontarlo, obligarlo a comprometerse con el espectáculo, a que juegue con los actores. Lograr que eso pase, que la gente se conecte con lo que el autor quiere decir a través de su obra, es un reto apasionante.
-¿Cuántos montajes hasta ahora?
-Varios. El primero fue Momentos, basado en un texto del español José Luis Alonso de Santos, en 2006, como trabajo final del segundo nivel de la Academia de Venevisión; el segundo El cruce sobre el Niágara de Alonso Alegría, en 2008; el tercero fue Edmond de David Mamet, en 2009; también dirigió Romance David Mamet en el Caracas Theater Club para el Festival Interclubes y más recientemente Excusas de Joel Joan y Jordi Sánchez en el Espacio Plural del teatro Trasnocho.




sábado, marzo 23, 2013

20 años sin Carlos Giménez

Fue director y productor de teatro venezolano. Nació en Rosario, Argentina, el 13 de abril de 1946 y murió en Caracas, a consecuencia del SIDA, el 28 de marzo de 1993. Es posible que la mala memoria, una verdadera epidemia nacional, no lo identifique ahora por su nombre de batalla, Carlos Giménez, pero algunos recordaran que fue él, junto a María Teresa Castillo, quien puso en marcha -precisamente durante el negro septiembre de 1973 -una empresa fantástica de promoción cultural como ha sido el Festival Internacional de Teatro de Caracas (FITC), el cual ahora cumple 40 años de persistencia y lo han festejado con la edición XVII.
Giménez también fue el  fundador del grupo Rajatabla, el Taller Nacional de Teatro, el Centro de Directores para el Nuevo Teatro y el Teatro Nacional Juvenil de Venezuela. Instituciones vanguardistas y originales, fábricas de controversiales contenidos estéticos, de las cuales solo sobreviven, maltrechamente, dos.
A 20 años de su mutis y cuando el FITC llega a su edición 18, dedicada a la memoria de María Teresa Castillo, conducidos los últimos ocho por Carmen Ramia, reproducimos fragmentos de una serie de entrevistas compiladas en mi libro Carlos Giménez/Antes y Después (2003), realizadas a lo largo de dos décadas y de gran actualidad por la vigencia e importancia de las mismas.
-¿Qué atenta contra el teatro criollo?
-Atenta la falta de creatividad y la ausencia de rigor profesional. Creo que hay teatro comercial y teatro de arte. Se diferencian en que el primero es fundamentalmente un medio de vida y el otro es un modo de vida; uno tiene como objetivo el éxito económico, el otro busca el triunfo artístico. Ambos los une el deseo común de atraer a mayor cantidad posible de público. El comercial se sostiene por una minoría de la clase media que no es superior a las 50 mil personas…Es un teatro de consumo con el objeto de hacer pasar el rato, como dice García Lorca: para hacer esa cosa horrible que es matar  el tiempo. El comercial es fuente de trabajo, pero es necesario contribuir a su desarrollo cualitativo, mejorando su calidad artística y temática. El público del comercial solo parece estar interesado en los aspectos anecdóticos y  superficiales de la realidad que lo rodea. Lo importante entonces, es que  sobre la  base de estos elementos se intente elevar la calidad profesional del espectáculo comercial. Ojalá que tengan éxito y llenen sus salas, porque los espectadores son los más afectados cuando van a un montaje y ven poco público, ya que ellos necesitan de la masa para perder la identidad y gozar.
-¿Le interesa el éxito comercial?
-Me interesa que mis espectáculos sean vistos siempre por mayor cantidad de público, pero pienso que no hay que hacer un teatro para el público, hay que formar un público para el teatro. El teatro es una reserva moral, por eso tiene que cumplir una misión.
-¿Qué criticaría a los críticos?
-La crítica es la cátedra en donde debe discutirse el camino del teatro en su más alto nivel. Es la crónica que hará la historia de nuestro trabajo, por eso exijo rigor. Ellos determinan el nivel para la discusión y el estudio. En Venezuela hemos llegado a una situación delicada: la crítica no está definida como un cuerpo social que integra un movimiento creador.
-¿De la crisis del teatro que puede decirnos?
-Se habla de crisis en el teatro, pero el teatro ha sido siempre una crisis permanente, es una expresión verdaderamente creativa que no está sujeta a ninguna ley, es imprevisible. En Venezuela hay crisis de creatividad…hay un marcado descenso cualitativo, como una especie de modorra. Hay como una falta de audacia en los planteamientos teatrales.
-¿Qué saldrá de los festivales internacionales para el teatro venezolano?
-Una revolución química entre los creadores y el público. No habrá frutos inmediatos, pero, como decía García Lorca, el teatro es un barómetro. Yo creo que hace falta una violencia creadora. El teatro no debe ser pensado en función comercial porque es lo deficitario.
-¿Qué será del teatro venezolano sin Carlos Giménez?
-En ningún movimiento cultural nadie es imprescindible. Seguiría trabajando, tal vez en algunos aspectos un pelo más aburrido. Siempre en un polo cultural hay espacio para la polémica, la discusión. Pienso que nosotros conformamos un polo polémico por la permanente capacidad, un poco beligerante, que tenemos de promover eventos.
-¿Qué relación tiene para usted el teatro y el subdesarrollo?
-Federico García Lorca decía que le teatro es el barómetro que marca la grandeza o el descenso de un país. Todas las manifestaciones culturales son la expresión de esas contradicciones, la lucha entre una situación económica y social y políticas subdesarrolladas y una evolución creadora que a veces logra salirse de los parámetros del subdesarrollo, pero que finalmente está encerrada en el mismo. En última instancia, nosotros somos parte del subdesarrollo. 

High con 40 mil espectadores


Después de presentar 150 funciones, para más de 40 mil espectadores, el estrujante espectáculo teatral High cierra su temporada este 31 de marzo, un récord en lo que va del siglo XXI. En la sala Trasnocho estuvo siete meses y ahora se despide, después de 12 semanas, en CorpbancaBOD, revela Luis Fernández, actor, director y coproductor.
 Explica Luis, que, con su esposa Mimi Lazo, siempre ven obras en el exterior, para disfrutar grandes trabajos. Y también buscan inspiración y propuestas para digerir y traducir a nuestra realidad. “En el caso de High, de Matthew Lombardo, nos tocó una fibra profunda en mí. La manera como cuestiona la fe y los prejuicios, como desnuda a sus personajes desde sus fallas y adicciones y como termina desnudando a los espectadores, me resultó novedosa en su manera despiadada y sin tregua. No es algo que se ve todos los días en un escenario, y, para nosotros, que todos los días los pasamos en escena, eso es justamente lo que buscamos”.
-¿Cómo llega a sus manos? 
-Mimi conversaba en el intermedio del espectáculo, en Nueva York, con un muchacho que tenía a su lado en la sala, mientras yo recurría al vodka de rigor, imprescindible para acompañar esta pieza. Al final, el hombre nos vio aplaudiendo de pie, llorosos, y le comentó a Mimi que él era uno de los productores. Nos presentó al autor y al director y al día siguiente nos invitaron a cenar en un restaurant. Allí sellamos el trato y en menos de un año estrenamos nuestra versión en Caracas. Sin embargo, no creo en críticos ni Mimi cree en estadísticas, sino no estuviéramos donde estamos, de manera que dejamos que nuestro instinto prevaleciera sobre lo que parecía el sentido común, y en lugar de retractarnos y optar por otro texto, emprendimos la tarea con mayor ahínco.
Admite que pocas veces un texto los golpea con tanta franqueza. “Para todo teatrero, un golpe al corazón desde la escena es un milagro. En eso nos centramos sin escuchar a terceros. Evidentemente suponía un enorme riesgo, pero con tantos años ya corriendo riesgos, sabíamos que teníamos una plataforma que podía soportar cualquiera que fuera el resultado. Como artistas no sólo pensamos en el público, que sin duda es crucial, también queremos explorar y experimentar cosas nuevas. Eso es excitante y rejuvenecedor. No es mucho lo realmente nuevo que puede llegarte luego de décadas en el teatro, pero cuando llega, llega con todo y uno tiene que tener la visión, el tino y la valentía de encararlo con todo.
-¿Qué vio para explotar o utilizar en Caracas?
-High apela a la esencia básica de las fallas humanas. Identificarnos en las miserias es siempre catártico y muy poderoso. Cuando el trabajo se logra, llega además incuso a ser terapéutico para todos. Me aproximé a High desde la más absoluta vulnerabilidad. Montarla fue como contarle al mundo un secreto muy privado sobre una falla muy grande que he ocultado. Desde ese punto de confesión y búqueda de redención personal me impuse el trabajo y se lo impuse al resto del equipo. Conceptualmente, High ocurre en un sótano al que tenemos la oportunidad de espiar. Me propuse crear un momento privado de 30 segundos, con música de Caramelos de Cianuro, en el cual sus tres personajes se muestran sin filtro. Eso permite que el espectador en los primeros 30 segundos de la obra se haga un juicio inmediato de lo que son estos tres individuos. A la hora de transcurrida la obra, entienden que el juicio estaba errado. Ya al final, no les queda más que reconocer que el juicio lo hacían ellos mismos, y que estos personajes están más cerca de nosotros de lo que quisiéramos reconocer.
-¿Cómo fue el trabajo con los actores?
-Carlota Sosa y Christian McGaffney son extraordinarios. Se expusieron sin temores a recorrer el duro camino que propuse, confiaron en mí y se dejaron guiar de una manera que no cualquier actor se arriesga a enfrentar. High no sería nada sin sus trabajos superlativos.
-¿Qué pasó con el público?
-El público ha respondido de manera extraordinaria. No sólo ovasiona la obra de pie, sino que convierte, con sus comentarios en Twitter, a High en un trending topic, con frecuencia a la salida de la función. Ha sido una marea de más de 40 mil espectadores que nos han dado un regalo maravilloso. No sólo sus elogios, sino la certeza de que High era posible y más aún, necesaria. Creo que durante años muchos intelectuales han subestimado al público y se han sobreestimado ellos con espectáculos aburridos, pretensiosos y sin mayor sentido que la gratificación onanista de sus egos. El teatro es texto, actor y público. Con High partimos de una gran obra, tenemos actuaciones brillantes y esa masiva  y maravillosa audiencia nos completa el triángulo para ratificarnos que esto es justamente eso: ¡Teatro!
Nuevos valores
Luis admite que nunca se ha llevado bien con los conservadores. “Verlos ahora danzar alrededor del Papa, alegrándose porque es argentino, como si se tratara de la coronación de Susana Jiménez en Roma, me produce náusea, de modo que trato de no verlos mucho y de no opinar demasiado sobre sus ritos. Conservo la certeza de que eso que llaman Valores Tradicionales, (que por cierto no tengo idea de para qué pueden servir, porque evidentemente para hacernos felices no sirven), son los principales enemigos de la evolución. Creo que el hombre no tiende naturalmente al bien y debe inventarse reglas y valores, ciertamente, pero no podemos apegarnos a los valores de nuestros padres o a las reglas de 1953. Todos los que tengamos la pretensión de ser librepensadores tenemos la obligación de fabricarnos nuevos y verdaderos y efectivos y productivos y constructivos nuevos” valores para permitir la evolución de la moral y crear un escenario más fértil para que el desarrollo de las nuevas generaciones nos conduzcan a un mundo más feliz, realizado y pacífico, cosa en la que la Iglesia y todos los seguidores de la tradición han fracasado estrepitosamente”.
Ángel caído
 High revela una terapia de rezos y de encierros católicos a los cuales someten al prostituto gay y drogadicto Andy (Christian McGaffney), en una ONG a cargo del sacerdote Miguel (Luis Fernández) y la monja Helena (Carlota Sosa).El tratamiento para sacarlo de las drogas y su adicción al sexo mercantilizado fracasa y Andy, tras desnudar en varias ocasiones como consecuencia de sus crisis, se suicida con una sobredosis. El espectáculo tiene un ritmo trepidante, logrado por la música y los violentos ritmos  de las actuaciones de Christian y Carlota, el ángel caído que se resiste a que lo rescaten y la enfermera de su alma y su vituperado cuerpo, quien no está segura en su fe y ni sus métodos.

Semana Santa de puro teatro en todo Caracas

Caracas nunca tuvo, durante los últimos 40 años, una Semana Santa así con tanto teatro polisèmico.  En el municipio Libertador y en los otros municipios. En una parte el gobierno municipal y en los otros sectores la gestión civil o sea el Ateneo de Caracas (Carmen Ramia), pero, ojo, todos esos eventos tienen una fuerte presencia de los dineros del Estado venezolano.
En esta Semana Santa la Alcaldía 2013  de Caracas a través de la Fundación para la Cultura y Artes, presentará 11 piezas teatrales para toda la familia caraqueña, en los principales teatros de Caracas desde este jueves 28 al domingo 31 de marzo con el fin de darle continuidad al auge de las artes escénicas en la ciudad capital.
Partiendo de la gran aceptación obtenida durante el Festival de Teatro de Caracas 2013, los principales teatros de la ciudad mantienen sus puertas abiertas brindando a quienes se quedan en la ciudad y quienes la visitan en estos días sacros, espacios de sano entretenimiento.
Los protagonistas de la escena serán los Teatro Municipal, Nacional, Simón Rodríguez, Cristo Rey y Catia, los cuales son los escenarios destinados para estos 4 días de puro Teatro, donde los asistentes podrán adquirir sus entradas en las taquillas de cada de teatro según corresponda la obra.
La apertura a la programación pautada desde este jueves 28, corre por cuenta del grupo Actuandoando quienes llevaran una vez más a las tablas del Teatro Simón Rodríguez la pieza teatral Vuelo 728, con la cual el público podrá volar de principio a fin con la divertida historia de pilotos, aeromozas, pasajeros y transeúntes.
Seguidamente Señoras de Maracaibo, continuará con la comedia sobre las tablas con la puesta en escena de El velorio de Eudomario, donde cinco mujeres irán tejiendo entre risas y llantos su último adiós en el Teatro Municipal de Caracas,a las 4PM. Y la grata sorpresa la dará Mimi Lazo con su espectáculo  A mi gordo no me lo quita nadie en el Teatro Municipal de Caracas, a las 7PM.,del viernes 29.
El show de los Enanos miserables y deformes cautivará en el Nacional, con un lenguaje lleno de lapsos y aproximaciones dentro de la premisa del grotesco criollo como expresión estética, esta cita es la 6:00 pm.
Por su parte el Teatro Catia ubicado en el oeste de la ciudad recibirá a la agrupación Afrodiarte a las 5:00 pm, con su mosaico musical donde resalta el bolero como genero de despecho, donde el espectador no le será indiferente la teatralidad de la malquerencia.
Estas mismas piezas con sus mismos horarios serán presentadas el día viernes 29 de marzo, donde las entradas podrán ser adquiridas a un costo de 10 bs.
Para el fin de semana, sábado 30 y domingo 31 la programación teatral sufrirá un vuelco escénicos, piezas infantiles, para toda la familia tomaran la cartelera para presentar las piezas, Pan Pa Tim en el Teatro Municipal, Mátame de Risa en el Nacional y el Muñeco Monstruo en el teatro Catia a las 3:00 pm, mientras que el Último Dragón en el Teatro Simón Rodríguez será a las 4:00 pm.
Para los adultos también habrá funciones, es así como ¡Ay Carmela! del grupo Skena presentaran una comedia que romperá con los guiones en el teatro Municipal, mientras que en el Nacional Del Tingo al Tango celebrara la imaginación y el teatro con un dialogo humorístico.
Por su parte el teatro Cristo Rey ubicado en la histórica parroquia del 23 de Enero, presentara Fingiendo Demencia, una pieza fundamentada en fragmentos de los hechos ocurridos durante El Caracazo, la lucha del pueblo contra la opresión y el capitalismo, la vida del obrero y la mujer irán cautivando a los espectadores.
Para obtener información o datos días tras día, puedes seguir la cuenta oficial de la institución @ccspuroteatro.
Cartelera Teatral para Semana Santa:
Jueves 28 y viernes 28
4:00pm. Teatro Simón Rodríguez: “Vuelo728”
4:00 pm. Teatro Municipal: Señoras de Maracaibo II. “El velorio de Eudomario”
7:00 pm. Teatro Municipal: Mimi  Lazo con su “A mi no gordo no me lo quita nadie”.
5:00pm. Teatro Catia: “El Botiquín del Centro”
6:00pm. Teatro Nacional: “El Show de los Enanos”
Sábado 30 y Domingo 31
3:00pm. Teatro Municipal: “Pan Pa’ Tim”
3:00pm. Teatro Nacional: “Mátame de Risa”
3:00pm. Teatro Cristo Rey: “Fingiendo Demencia”
3:00pm. Teatro Catia: El Muñeco Monstruo
4:00pm. Teatro Simón Rodríguez: “El Ultimo Dragón”
6:00pm. Teatro Nacional: “Del Tingo al Tango”
6:00pm. Teatro Municipal: “Ay Carmela”