sábado, febrero 22, 2014

Venezuela inagotable para sus artistas

Edgar Borges (Cortesía Laura Muñoz)
Nueva York desde el siglo XIX es la Meca  de un grueso sector de la intelectualidad y el arte latinoamericanos o el máximo lugar de exhibición para sus variopintas expresiones culturales ¿Por qué? Hay muchas respuestas, pero hay una sola realidad: todos miran a esa Ciudad Mall o ese conglomerado de algo más que rascacielos. Todos esperan lo que ahí suceda .Y es por eso que durante el jueves 6 de marzo, a las 7PM, en la sede del Instituto Cervantes, se realizará un conversatorio sobre música y literatura, protagonizado por el panameño Rubén Blades y el venezolano Edgar Borges.
-¿Cuál es su balance a siete años de su autoexilio en Europa?
- Es un balance donde sale ganando el aprendizaje humano. Este tiempo me ha permitido indagar en mí y en los otros. La distancia tiene sus ventajas. En el lado humano he aprendido que la única salida posible tanto de un individuo como de una sociedad es la ruta espiritual. Eso ya lo pensaba antes, pero ahora lo he vivido. Y es ahí cuando el arte se convierte en un medio público necesario para vincular a las personas con la salida espiritual, con la esencia, con lo que realmente somos. Estamos en un momento histórico donde de nuevo los creadores debemos, con nuestras obras y acciones, mostrar posibilidades cuando la realidad social se presenta cerrada. Hoy la política y casi todas las vías públicas se han deteriorado junto a esta maltrecha realidad, es un tiempo estelar para que el arte se sacuda del simplismo dominante y abra puertas. Debemos renunciar a la estupidez como barbarie social y recuperar nuestra ubicación ante el espacio y el tiempo. El intelecto no está divorciado de lo espiritual pero si de lo estúpido. Por ahí va el balance de mi aprendizaje.
-¿Valió la pena tanto sacrificio?
-Valió la pena este aprendizaje. En términos personales se pierde pero también se gana. No es posible dar un paso sin perder algo del punto que dejas atrás; algo de ese todo que habitaba en el anterior paso. Para ello nos queda la memoria, para hacer balance, reconocer, desechar y caminar.
-¿Qué tiene Europa que no tenga Venezuela para el creador?
- Cada espacio, como cada ser humano, es diferente. Venezuela es mi punto de partida, es mi espacio inagotable. En Europa, y sobre todo con la actual crisis que se ha inventado el poder global para conquistar una forma de dominio superior, he aprendido a darle valor a los recursos propios y ajenos. En Venezuela debemos aprender a administrar con humildad los enormes recursos que nos da la naturaleza. Desde el punto de vista literario lo que más destaco de Europa es la gran cantidad de editoriales pequeñas y medianas que trabajan por la literatura. Y ahí está una historia literaria que siempre pone en alerta a nuestra memoria.
-¿Habría conseguido algo similar si se queda aquí?
 -No, imposible. En Venezuela, por ahora, no hay espacio para la ficción. Ni antes ni ahora se ha educado para la lectura de la ficción. Sin embargo, eso es un proceso lento y necesario para todo país. Sólo a través de la imaginación podemos liberarnos de los problemas que nos hacen peso. Pero esto no sólo ocurre en Venezuela, es justo decir que son pocos los gobiernos o los ministerios de cultura en el mundo que trabajan en beneficio de la imaginación de sus nacionales. La imaginación del electorado no es buena aliada de los políticos tradicionales.
-¿Por qué los artistas e intelectuales venezolanos de todas las épocas han emigrado y son más los que fracasan que los que triunfan?
-Tenemos el caso de dos de los más grandes pensadores del siglo XIX: Simón Rodríguez y Andrés Bello. A ambos se les negó ofrecer su avanzado proyecto educativo dentro de nuestro país. Pero lo mismo ha ocurrido con muchos otros creadores. En Venezuela tenemos una gran deuda con nuestros artistas. Creo que, desde tiempos remotos, se sembró la idea de que el arte es un asunto de vagos a lo que sólo se puede acceder cuando el tiempo sobra. “No tengo tiempo para leer”, se acostumbra a decir, como si la lectura fuera un asunto sin importancia. El único plan educativo o cultural que necesita un país es el incentivo de la imaginación y de la sensibilidad. Lo contrario sería publicar por publicar, ocupar cargos por ocupar. Esta vieja y compleja realidad es lo que ocasiona que nuestro arte, sobre todo la creación literaria, sea poco conocida afuera. Quizá por eso le cueste tanto a nuestros creadores abrirse un espacio en el extranjero. No obstante, hoy somos varios los creadores venezolanos, de diversas disciplinas, que estamos trabajando sin pausa en distintos países. En la literatura, en el teatro, en el cine y en otras artes hay unos cuantos. Ya teníamos importantes representantes en las artes plásticas, pero ahora hay un conjunto más variado.
¿Está contemplado el regreso?
-Seguro, el regreso a casa es una ruta pendiente. Regresaremos y fabularemos con la idea de que la abstracción de convierta en una vía hacia otras realidades.
Balance de un escritor
Cuenta Edgar Borges (Caracas, 1966) que su libro de crónicas Vínculos. Apuntes  sobre Rubén Blades y  la novela La contemplación es lo más reciente, pero antes tiene: Mi novela  El hombre no mediático que leía a Peter Handke (Ediciones En Huida) fue publicada en 2012 con buen éxito, de hecho saldrá en mayo de 2015 en italiano por la misma editorial que ha contratado mi obra completa: Lavieri Edizioni. Antes, en 2008, mi novela ¿Quién mató a mi madre? (Ediciones Irreverentes) obtuvo el II lugar en el Premio Internacional de Novela Ciudad Ducal de Loeches de Madrid. En 2011 la editorial MilRazones publica mi libro Crónicas de bar, que es una recopilación de mis crónicas publicadas por el diario asturiano El Comercio. Ahora, en 2014, además de Lavieri Edizioni, con quien firmé la edición al italiano de todas mis novelas; acabo de firmar contrato con Ediciones Carena, de Barcelona, quienes se encargarán de publicar mis novelas anteriores que vayan perdiendo derechos de otras editoriales y las nuevas. Ediciones Carena lanzará en septiembre de 2014 mi nueva novela La ciclista de las soluciones imaginarias   Ediciones Carena llega a varios países de América Latina. Bien, este es un resumen de lo más importante que me han publicado en Europa. Por cierto, con  El hombre no mediático que leía a Peter Handke (diario novelado) obtuve la Beca de Residencia La Rectoría de Barcelona, eso fue en 2011 y la novela salió editada en 2012.Se trabaja”.




jueves, febrero 20, 2014

El nuevo teatro colombiano

Enrique Buenaventura, patriarca del teatro colombiano
Durante muchos años la dramaturgia colombiana se desarrolló en dos sentidos opuestos, que corresponden a dos tradiciones culturales de nuestro país, escribe  Enrique Buenaventura en el Número 59 de la revista cubana Conjunto.
Por un lado, y hundiendo sus raíces en la Conquista, la Colonia y la trata de esclavos, hay una tradición de teatro marginal, campesino, que en Antioquia da origen al sainete o mojiganga y en las dos costas a representaciones carnavalescas o de otro tipo. Por otro lado, en las aldeas, que lentamente --y en los últimos treinta años con un ritmo cada vez más vertiginoso y caótico-- se van convirtiendo en ciudades, va surgiendo una tradición sin mucha continuidad que no es más que una imitación de lo que se hacía primero en España, después en Francia y más tarde en los Estados Unidos.
Mientras los campesinos mestizos o mulatos, en su mundo cada vez más aislado, ignorado y deformado, siguen trasmitiendo formas de representación de padres a hijos durante siglos --muchas de estas formas están desapareciendo-- en Bogotá, en Medellín, en Popayán y en Cartagena se hacen representaciones; familiares o públicas que imitan el sainete urbano español o la comedia madrileña o la zarzuela y más tarde la comedia francesa o italiana.
A las ciudades, especialmente a Bogotá, llegaban las compañías españolas con los melodramas del romanticismo o los dramones del naturalismo, y los autores criollos hacían versiones nacionales de esas obras con la esperanza de que esas compañías los estrenaran. Cuando lo lograban sentían que habían sido colmadas sus aspiraciones. Los aficionados criollos a la condición de actor aspiraban, por su parte, a convertirse en "partiquinos" de esas compañías, ya que las mismas solo podían traer figuras principales, a la "actriz de carácter", al "actor de carácter", a "la dama joven" y al "galán joven".
LUIS ENRIQUE OSORIO
Hubo en el siglo pasado y en la primera mitad de este, muchos intentos de formar compañías estables, a la manera de las que nos visitaban, y los proyectos de crear una compañía oficial tampoco faltaron. Nunca lograron estos intentos convertirse en realidad. Entre los años cuarenta y cincuenta el intento más duradero y exitoso fue el de Luis Enrique Osorio, valioso en muchos aspectos, especialmente porque se trataba de un hombre de teatro, director, actor, cantante, coreógrafo y empresario, amén de crítico teatral y columnista de El Tiempo.
Dentro de la tradición citadina se concebía la dramaturgia como el texto literario y el texto literario como la base del espectáculo teatral. Yo mismo me formé en esta tradición. Las primeras compañías con las cuales anduve, que eran medio teatro, medio circo, giraban alrededor del texto literario. A decir verdad, utilizaban dos textos verbales: el que decía el apuntador y las "morcillas", o sea, el que intercalaban los actores a fin de lograr una relación directa con los espectadores por encima o por debajo del texto propiamente dicho, el texto del apuntador. Los apuntadores desarrollaban una extraordinaria habilidad para callarse a tiempo, permitiendo la "morcilla".
TRADICION ARGENTINA
Después, cuando trabajé en Buenos Aires en el Teatro Independiente, me encontré con una tradición sólida en la cual se habían formado "grupos", la mayor parte a manera de cooperativas, es decir, que no dependían de una empresa y en la cual se formaban autores, directores y escenógrafos. Para mí esto era una revelación y una revolución. Se discutía, se estudiaba a Stanislavski, se hablaba de Brecht, se montaba a los clásicos de manera audaz y se llevaba a escena nuevos textos de autores extranjeros y nacionales, aquellos que no interesaban a las compañías tradicionales comerciales ni al teatro oficial. Estas audacias, que a mí me parecían –repito-- radicales, atrajeron un nuevo público.
Entre tanto, en Colombia "la violencia" había cambiado profundamente el país, había acelerado la emigración del campo a las ciudades y había convertido a miles de campesinos en proletarios y en guerrilleros. Con el país más o menos aldeano, se había esfumado ese teatro que mezclaba la estructura de la comedia y el sainete españoles con la temática de nuestros viejos partidos y sus querellas tan ingenua e ingeniosamente escenificada en El doctor manzanillo y en Ay sos, camisón rosado, o en las charadas, imitaciones y astracanadas de Campitos.
BRECHT MAL DIGERIDO
Los que empezamos en la última década del cincuenta en Bogotá y en Cali, especialmente, veníamos de diferentes lugares a renovar el Teatro.
¿Cuál podía ser, en esa época y con la formación que teníamos, esta renovación? Consistía, en primer lugar, en abrirnos a lo "universal", en romper con la aldea. Montamos textos clásicos, modernos y contemporáneos y nos volvimos hacia lo nacional con otra óptica, con un deseo de ir a las raíces, al auténtico folclore, a las genuinas expresiones populares. Así nace A la diestra de Dios Padre, que intenta ingenua y todavía torpemente --en su primera versión-- recoger el lenguaje popular recreado por Carrasquilla y fundirlo en la forma de la mojiganga con un brechtianismo mal dirigido.
En Bogotá la audacia y la fiebre renovadora llevan hasta el teatro del absurdo y hasta las epatantes agresiones de Arrabal. En Medellín no faltan tampoco los intentos --un poco más esporádicos-- de "ponerse al día".
Cae la dictadura de Rojas Pinilla y los viejos partidos tradicionales tratan de palear su profunda e interminable crisis con el "Frente Nacional".
Aparentemente mantienen el status y dominan la situación, pero no solamente no sofocan sino acrecientan también la inconformidad. Son años de transformación cualitativa de la guerrilla, de auge del movimiento obrero y radicación del movimiento estudiantil. A este nuevo contexto responde el teatro con gran empuje y vitalidad.
Esto no es extraño. Entre todas las expresiones artísticas, el teatro es lo que más depende de una relación viva y directa con el público. En los momentos cruciales, en los momentos en que la sociedad es sacudida por movimientos y corrientes de profunda transformación, el teatro es, quizás, la expresión artística que más se compromete o, dicho de otra manera, la expresión artística que se ve más cuestionada, más obligada a responder.
Nosotros pudimos pensar y efectivamente pensábamos que la apertura hacia lo universal nacía de una necesidad nuestra, de un impulso puramente artístico, de un deseo y una necesidad de renovación estéticos. Lo que no podíamos saber y ahora sí podemos considerar es que ese impulso era más vasto, más profundo y más complejo. Era todo el país el que se movía en este sentido. Los viejos partidos, que sentían que el país se les iba de las manos, apretaron la tuerca. Dentro de la represión cayó el teatro y fuimos expulsados del campo oficial en el cual aparecíamos, ya, como conspiradores.
GRUPOS INDEPENDIENTES
Estos acontecimientos nos señalan nuestro verdadero error, nuestro verdadero trabajo.
Así surgen los grupos independientes, dueños de precarios medios de producción y en los cuales la responsabilidad del espectáculo no es ya del director sino de todos los integrantes del grupo. Semejante situación no es sostenible si no se lucha por un nuevo público, un público que entienda esa situación, que la comparta.
He aquí cómo se van dando condiciones objetivas y subjetivas para que se produzca un movimiento teatral. Como todo el mundo sabe, un movimiento no es la suma de compañías o grupos de teatro reunidos en un momento y en un lugar. Para que haya un movimiento se necesita que existan algunas constantes, algunos elementos comunes que le den organicidad, tales como el hecho de compartir una cierta noción de la función del teatro dentro del contexto cultural en un momento dado, un determinado manejo de los elementos fundamentales del lenguaje teatral: el espacio, el tiempo, el uso de los objetos, las soluciones escenográficas, los personajes, las situaciones, el trabajo con máscara, maquillaje u otra forma de caracterización y utilización de la música, etcétera.
Ello no quiere decir, por supuesto, que todos los grupos que constituyen un movimiento han conseguido una especie de milagroso acuerdo sobre esos y otros aspectos del lenguaje. La formación de un movimiento, como he tratado de demostrarlo en el somero recorrido histórico que he intentado, no es, fundamentalmente, un acto voluntario. La mayor parte de esos acuerdos es impuesta por las condiciones objetivas. Dueños de mínimos recursos, tuvimos que hacer de la pobreza una virtud y hasta una categoría estética. Necesitados de un público tuvimos que inventar las formas de consultar sus gustos, sus ideas, sus aspiraciones.
Si echamos una ojeada a movimientos teatrales del pasado, al isabelino, al teatro barroco del siglo XVII en España o al movimiento de teatro político en la República de Weimar, veríamos que se dan las características señaladas. La manera, en que una nueva relación con un nuevo público produce una revolución en las formas y los contenidos del teatro, es fácil de comprobar en esos casos ejemplares, incluso con documentos históricos como El arte nuevo de hacer comedia, de Lope de Vega. Ahora bien, acuerdos tácitos, cumplimientos más o menos inconscientes de ciertas constantes, no significan unanimidad, ni siquiera buenas relaciones de los grupos. Con todos estos acuerdos básicos, los isabelinos se atacaban entre ellos y competían sin misericordia y de todos es conocida la violencia, la crueldad y a veces la sevicia con que se trataban entre sí los teatreros del barroco español o las disputas sin cuartel entre los grupos en la Alemania de los años 20.
POLITICA Y CULTURA
Nosotros no somos, precisamente, un caso aparte. El Nuevo Teatro desde sus albores, abre una controversia sin concesiones en cuanto a las relaciones de teatro y política y en cuanto a problemas formales, una polémica que poco a poco se va convirtiendo en una teorización de la práctica, que cada vez va ganando más niveles en profundidad y amplitud.
La teorización es otra de las características de un movimiento. En Francia, Molière teoriza a través de su impromptu en su polémica contra los cómicos de la compañía italiana, y con la herencia estética de Corneille y Racine; Shakespeare introduce sus opiniones estéticas en varias obras; la polémica de los años 20 en Alemania engendra la teoría teatral más sólida de nuestro tiempo, los Escritos de Bertolt Brecht. Un movimiento necesita la reflexión rigurosa sobre su práctica, so pena de estancarse y morirse.
Es así como esta reflexión nos lleva, en el Nuevo Teatro, a cuestionar nuestra propia formación, nuestra forma de producción de los espectáculos, nuestra relación con el público, nuestra función en el contexto cultural en el cual trabajamos y nuestra posición frente a la política cultural oficial.
Sería largo y dispendioso dedicarme en estas notas a reseñar el cuestionamiento que nuestra práctica teórica ha realizado en todos y cada uno de los aspectos. Como hemos escogido uno, a ése vamos a dedicarnos, es decir, nos vamos a limitar al tema de la dramaturgia y sus relaciones con el Nuevo Teatro.
En las historias del teatro, en general, la dramaturgia aparece como una colección de textos escritos en distintas épocas para ser representados, los cuales supuestamente constituyen un género que se suele denominar género dramático o literatura dramática.
A partir más o menos del siglo XVII se fue estableciendo poco a poco en la tradición europea la idea de que, en teatro, lo fundamental, lo esencial, es el texto literario dramático y de que el "resto" -el proceso de montaje- no es más que la "interpretación" del subtexto.
Esto, para nosotros, cuando empezamos el teatro y aún después de trajinar bastante con él, era un axioma. Fue difícil desprendernos de esta arraigada convicción y aún hay muchos autores, directores y actores del Nuevo Teatro que siguen convencidos de su vigencia. Para nosotros ese problema ya no es tal, ya no es cuestión de polémica, es una cuestión teórica que necesita desarrollarse apoyándose en la lingüística y en la semiótica contemporánea, por un lado, y, por otro, en un mayor número de trabajos prácticos.
La cuestión se plantea así: el teatro no es un género literario. Muchos textos escritos para el teatro en distintas épocas y lugares hacen parte de la literatura tan legítimamente como los textos que, convencionalmente, pertenecen al género lírico, épico o novelístico. El teatro es una relación viva y efímera entre los actores y los espectadores en un lugar y en un momento dado. Como dice Rossi Landi  fuera de ese momento no hay teatro. Ni el edificio teatral, ni los actores, ni el texto literario son teatro fuera de ese momento, fuera de ese acto de representación. No se trata, por supuesto, de un acto de representación cualquiera. La relación que establece el teatro entre los actores y espectadores es distinta de las que establecen otros tipos de representaciones, como los rituales religiosos, los partidos de fútbol o los mítines políticos. En el teatro se representa una imagen de la sociedad, a través de la historia ensayada por actores, con el objetivo primordial de divertir a los espectadores, induciendo a enfrentar su vida cotidiana en todos los aspectos significantes que reúne la ficción que transcurre en el escenario.
Todos conocemos que no siempre hubo un texto literario que debieran decir los actores en escena. Desde la pantomima romana hasta el "acto sin palabra" de Becket, ha existido un teatro mudo, un teatro de imágenes que, si bien utiliza un texto tácito, no importa, en él, la “literatura”. En la comedia del arte sobre la base de un código de personajes arquetípicos y de situaciones más o menos pautadas, los actores improvisaban el texto. Esta condición aleatoria del texto ha permitido en el teatro adelantar una lucha contra la censura que otras partes no podrían dar de la misma manera. En el Music Hall inglés de los siglos XVIII y XIX los actores, avisados por ciertas señales cambiaban el texto cuando llegaba la policía y en la España de Franco y en el Chile de hoy se entrega un texto a la censura y se dice o sugiere otro con ciertas claves secretas que el público entienda.
A decir verdad, el término "interpretar un texto" --con todos esos falsos problemas de fidelidad o infidelidad-- no da cuenta de las operaciones significantes que tienen lugar durante la práctica del montaje. Esta es una práctica significante que, en relación con el texto literario, con el espacio, los objetos, la música y otras materias significantes, crea el texto del espectáculo, el cual es el verdadero texto teatral siempre y cuando en él participe el público porque sin ésta participación el texto no existe. En el siglo XVII, en algunos teatros de París o de Londres, se cerraban las cortinas de los palcos al comenzar el espectáculo y las actrices que no actuaban proporcionaban otros entretenimientos a los espectadores. El teatro no era, en ese caso, más que una coartada. En cambio, casos como el conocido con el nombre de "la batalla de Hernani" son ejemplo de una apasionada participación de los espectadores. La batalla entre románticos y clasicistas hizo, en esa ocasión, imposible la representación de la obra de Víctor Hugo.
En el teatro naturalista esa participación fue a menudo muy significativa. En una escena de Antes del amanecer, de Hauptmann, un médico enfurecido arrojó unos fórceps al escenario mientras se suponía que se llevaba a cabo un parto doloroso, interminable entre bastidores. En Bogotá, durante la representación de un dramón español, un personaje masculino increpaba a un femenino llamándole mala madre, mala esposa y mala hija. Un cachaco guasón agregó desde el palco: "¡mala actriz!". De tal manera el texto literario es uno de los dos elementos del espectáculo al que no se le puede concebir fuera de unas convenciones teatrales dadas, fuera de una estructura convencional que comprende la relación con los espectadores, el espacio, el tiempo, el ritmo, el concepto de personaje, de argumento, de verosimilitud, de decorados, de objetos, etc. Es cierto que un texto literario, convencionalmente inscrito en cualquier género, nace también de convenciones establecidas con los lectores y de otros textos, literarios o no. Es lo que llama Julia Kristeva "geno-texto", la matriz compuesta por varios tipos de textos donde se engendra un nuevo texto. Pero la matriz del texto teatral está compuesta por textos específicamente teatrales, como el texto de una gesticulación establecida, de una proxemia dada, de una topología del espacio teatral, tradicional, etcétera.
Un texto literario escrito convencionalmente –repito-- en un género cualquiera, nace de una matriz de texto, bien para sumarse a la tradición y desarrollarla, bien para cuestionarla y transgredirla, engendrando una nueva tradición, unas nuevas convenciones. Un texto teatral, en cambio, reafirma o cuestiona y transgrede unas convenciones teatrales.
Una de las dificultades mayores en la traducción de un texto shakesperiano es la relación orgánica, es decir, de expresión y contenido, que ese texto tiene en el espacio teatral isabelino. Escenas enteras pierden muchísimo de sus imágenes y de su poesía en la traducción porque estaban escritas para ese espacio específico. Las escenas de exteriores, por ejemplo, debían realizarse en la boca del escenario, las de interiores en el segundo plano, abriendo las cortinas, y las de fantasmas y apariciones, en el plano elevado. Las palabras y las imágenes aludían a esa topología especial, pues habían sido engendradas por ellas y al traducirlas sin tener en cuenta ese hecho se perjudican o, sencillamente, se destruyen. En el caso de Valle Inclán ocurre lo contrario. Sus textos violentan, agreden y transgreden las convenciones especiales, la estructura de argumento y personajes, las costumbres de maquinarias y decorados del teatro de su tiempo.
TEXTOS MÁS ORGÁNICOS 
Para terminar quiero plantear, pues, que el Nuevo Teatro --al menos esa parte del Nuevo Teatro en la cual estamos inscritos nosotros-- tuvo que enfrentarse a un nuevo concepto de "dramaturgia", tuvo que llegar --difícil y lentamente-- a entender que la dramaturgia es el texto del espectáculo compuesto de muchos textos, entre ellos el de la relación con los espectadores. Eso incluye, también, aceptar un nuevo concepto de "texto", elaborado por la semiótica contemporánea, es decir, que un texto es, también, un comportamiento o un objeto en la medida en que tiene una estructura orgánica que le otorga una cierta autonomía. De ese modo, un cuadro es un texto para una semiótica de las imágenes icónicas.
En conclusión, la dramaturgia que ha creado el movimiento del Nuevo Teatro con la nueva relación con un nuevo público, con la nueva concepción del espacio escénico y de la escenografía, con sus investigaciones en la actuación, ligada a su concepción del personaje y de la acción teatral, todo lo que constituye la verdadera dramaturgia, está engendrando en esa matriz textos literarios cada vez más orgánicos y cada vez más teatrales en el sentido de estar imbricados, de estar orgánicamente interrelacionados con los textos escénicos. Sobre este proceso teórico-práctico hacen falta todavía teorizaciones más rigurosas, a fin de que se vuelva plenamente consciente, al menos como modo de producción significante.

Enrique Buenaventura (Tomado de la Revista Conjunto, No. 59, ene.- mar. 1984, pp. 32-37.)

sábado, febrero 15, 2014

Harto de la homofobia

La tragedia gay "Niños lindos" lo lanzó a la fama:Fernando Azpúrua
No ha cumplido 24 años y ya se perfila como un dramaturgo original y comprometido con lo que piensa y siente. Es Fernando Azpúrua, de quien actualmente se exhibe la tragedia gay Niños lindos.
Escribe para regalar
¿Había escrito otras obras antes?
-Desde el colegio ando escribiendo obras para mis compañeros. Me parece el regalo más preciado. Escribirle a alguien para regalarle en palabras una parte de ti. La princesa Peleona fue un proyecto que escribí para niños y que montaron por cuatro temporadas, se la dediqué a mi profesora de teatro del colegio Francia, Karen Ruiz. Y espero seguir regalando y dedicando obras mientras intento construir mi carrera. Porque deseo siempre conseguirme en otro y que otro se consiga en mi, a través del teatro.
-¿Cómo nace Niños lindos?
-De una idea que me rondaba en la cabeza y de unos amigos a quienes les quería escribir para poder hacer algo juntos. Un día hablé con el actor Newman Vera para un proyecto donde pudieramos actuar tres personas, y se me ocurrió esta historia. Me pareció factible que dos primos se enamoraran, y aún más nostálgico y bonito, que uno de ellos fuera a buscar al otro en su nueva vida citadina. Traté de no detenerme y desahogar muchos sentimientos por varias noches en el puff de mi cuarto, frente a mi laptop. Simplemente sucedió, y estoy seguro que salió con secretos que aún yo no he descubierto que han salido. Sin embargo, sé muy bien que cuando me dé cuenta, ya será demasiado tarde.
-¿Aborda sin miedo la temática gay en un pais donde la homofobia no es solo epidérmica?
-Sí, porque estoy harto.Y cuando uno está harto, uno habla, responde, lucha y se equivoca o logra. Yo necesito hablar de eso desde un plano personal, pero también defendiendo a los que no conozco pero sé que son como yo. Esos que deben amar en silencio, o simplemente tienen que ser quienes son, con niveles de volumen. “Delante de él, no seas así, busca bajarle dos…” he escuchado por ahí... Y no hay nada que me parezca más atroz que pedirle a alguien que no sea como es. Esta sociedad ya es muy complicada como para que se tenga que modificar quienes somos por lo que piensen los demás. Si a alguien le molesta ver a dos hombres o dos mujeres besandose en la calle, pues mejor que se vaya acostumbrando. Que en el cine, en el teatro y (Dios mediante) en la television, comiencen a verlo, puesto que mi generación y las que vienen, cada vez estamos exigiendo con más fuerza que se respeten nuestros derechos. Falta poco para el cambio y de eso no me cabe ninguna duda.
-¿Cómo fue el  montaje?
-Rossana Hernández es muy inteligente y  a quien además tuve el gusto de conocer gracias a la obra,  Piso 9 , en la cual participamos juntos varios años atrás. A ella y a Orlando les entregué mi texto con los ojos vendados y hoy veo en escena un resultado que me trae mucha felicidad. Confío en ella como confío en mis hermanas. La admiro en todo lo que hace y es modelo tanto profesional como de vida para mi. Ella me invitó a ver varios ensayos, y yo siempré quedé fascinado, como un niñito viendo la misma película mil veces, pero sorprendiendome con cada instante, como si nunca la hubiese visto. Además soy fanatico del trabajo de José Manuel, de Teo, de Hector y de Victor, así como también del de Slavco que hacía el personaje de David para el proceso del Piquete. Cada lunes, me entran ganas inmensas de saltarme el martes, miércoles y el jueves para volver a función y aplaudirlos por lo que hacen.
-¿Sófocles y usted abordan temáticas moralistas, él con Edipo y usted en Niños lindos?
-A veces, escribiendo, me pregunto si no estoy siendo excesivamente moralista. Y entonces me doy cuenta que en ese espacio no puedo negar quien soy. Estudio en una Universidad del Opus Dei en la que, a pesar de todo, he sido muy feliz. Entendiendo lo que tengo que entender sobre la educación que me dan, tomando lo que quiero y renunciando a lo que no. Además pudiendo escapar cada cierto tiempo a los derroches de los artistas de bellas artes, a las lecturas, a los teatreros, a los espacios de intercambio escénico. Si en mi obra se siente que soy moralista, entonces es porque algo muy profundo debe haber sembrado la Universidad, mi familia y mis amigos en mi, que así lo intente, no creo que pueda omitir de mi trabajo. Con respecto a Sófocles y su Edipo, a los grandes siempre hay que volver a leerlos, por lo tanto tengo mucha tarea que hacer.
Alumno agradecido
-Fueron varias personas los que me ayudaron a entender el viaje del héroe en una obra de teatro. A los 15 años decidí inscribirme, gracias a mi madre y al anuncio de una revista, en el Gimnasio de Actores, de Matilda Corral. Ahí pasé cinco años estudiando los dilemas de Tom de El zoológico de cristal, o de  Enrique V , entre mucho otros que se trabajaban constantemente en ese espacio. Luego conocí a Orlando Arocha, Ricardo Nortier, Diana Volpe y  César Sierra, quienes me recibieron con los brazos abiertos en las asistencias de dirección durante varios de sus montajes, desde dónde pude observar más de cerca el proceso de estudio de un actor a la hora de tomar entre sus manos un texto. Por último, Karin Valecillos tuvo la generosidad de leer  Niños lindos  y darme el apoyo que necesitaba para revisarla y compartirla con mis tutores teatrales, así como también Elio Palencia, mi maestro durante el proceso de escritura de una telenovela para jóvenes, solicitada  por la Villa del Cine. Oriento mi pasión por la escuela stanivlaskiana, que ha sido, desde el principio, la que mis profesores más queridos han desarrollado en sus salones de clase.
Dramaturgo hambreado
-Acabo de terminar la obra La sin nombre II porque la uno es  Niños lindos. Este texto surgió de unas conversaciones que tuve junto a unas amigas muy cercanas mientras participabamos en el montaje del musical  Pippin , Shakti Maal Martinez y Patricia Ramirez. Ahí plasmo el encuentro entre Lucía y Sandra, (la hermana de un hombre encarcelado y la victima que lo hizo encarcelar). Todo sucede en el salon de una universidad católica. Cualquier parecido con la realidad, esta vez sí es pura coincidencia. También estoy trabajando en el texto de otro proyecto para actores jovenes, que se llamará  Yo nunca, con el cual pretendo meterme más en el tema de las drogas, pero ese aún es un camino que con las palabras debo recorrer.
-¿Cómo es la cotidianidad del dramaturgo?

-Me da hambre muy seguido porque soy muy ansioso, y muchas veces no termino lo que comienzo. De resto, igual que todos los demás… Luchando por escuchar, porque me acostumbré a hablar demasiado.

Vuelven los 400 sacos de arena

El soldado se lleva a la monja: el amor y el sexo desafían a la guerra.
En estos históricos momentos el venezolano Luigi Sciamanna escribe y monta obras teatrales originales, tal como lo hizo durante los últimos años: La novia del gigante (2012), El gigante de mármol (2013)  y ahora con 400 sacos de arena. Tres muestras de su sólida erudición y su peculiar estilo de teatralización que exige de los espectadores un tanto de paciencia ante la extensión de sus representaciones, pero todo eso es superable ante la novedad de lo que plasma y la calidad  de su factura.     
400 sacos de arena- hace temporada en Teatro de Chacao en abril -el viernes 4 y sábado 5, en doble función,a las 11 am y y las 5 pm - es un delicioso ritual religioso -la misa y otras ceremonias clericales son estremecedores eventos -no porque la salvación de  La ultima cena, de Leonardo Da Vinci sea el  plausible pretexto dramático, sino porque se desarrolla en una atmosfera conventual y se usan como textos principales a selectos fragmentos de la Biblia, especialmente la epístola de San Pablo a los corintios (“El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”), además de numerosos salmos y canticos .La carne  del espectáculo es la reconfortante palabra de Dios y sus profetas, mientras 12 monjas y un soldado colocan 400 sacos de arena para defender, del inminente bombardeo de los Aliados sobre Milán en aquel  15 agosto de 1943 agosto, la pared que soporta el fresco davinciano en el  convento de Santa María de las Gracias.
Históricamente, quienes protegieron La ultima cena fueron los religiosos de esa iglesia, pero Sciamanna les cambió el sexo y recreó toda una saga con las monjitas entregadas a sus oraciones y el natural flechazo entre el militar y una de la más ardientes  de las religiosas. Se suscita así  una historia de amor que evoca a la pieza La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca, pero ahí el nuevo Pepe el romano, el musculoso soldado  Martín Peyrou,  sí se  lleva a la amorosa  monjita (Mariaca Semprún le da sangre y carne a tan inesperada Adela), mientras la abadesa (una celestina Bernarda, encarnada  maravillosamente por Elba Escobar) organiza la huida de sus féminas para que no las maten las bombas que sí provocaron  finalmente la caída del régimen fascista de Mussolini. O sea que también es un brioso alegado contra la perversa política del totalitarismo, enemigo de la vida y el amor. 
En síntesis, la rocambolesca historia de amor se sobrepone al hecho histórico del salvataje de la pieza de arte y el público queda atrapado y exultante al ver como el amor y el sexo son aún las pulsiones más nobles  y más hermosas de los seres humanos, los que en otros escenarios se inventan la guerra para después proclamar la necesidad de la paz. Siempre la realidad será superior a la ficción, en este caso, y el público por eso aplaudió frenéticamente, además porque el amor prohibido siempre alimenta el deseo y la imaginación es un monstruo que no solo devora multitudes sino reinos completos.
La puesta en escena, con perfiles minimalistas y usando 13 sillas contemporáneas, se concentra en  esas monjitas, un tierno ariete contra  la barbarie. ¡Bravo por Luigi Sciamanna y por la monja Isabel Palacios dirigiendo a esas coreutas!
Como colofón del espectáculo, el cual duró 135 minutos, recuerdo como los colombianos poetas piedracielistas eran capaces de destruir un mundo con tal de construir un verso, aquí  nuestro Luigi Sciamanna, un tanto en la tónica de Maquiavelo, trueca monjes por monjas de clausura, salva a Jesús y sus  apóstoles, pero reivindica  al amor y el sexo por encima de otras invenciones humanas, como la religión y sus enternecedores  rituales.

viernes, febrero 14, 2014

Chocrón predica en Teatro Trasnocho

Renán, Vidal, Castillo y Cabrera en la reposicion de "Los navegaos"
A escasos ocho años de haberse estrenado, regresó  el montaje Los navegaos, basado en el texto homónimo de Isaac Chocrón Serfati  (1930-2011),  al teatro Trasnocho, con los actores Javier Vidal, Armando Cabrera, Eben Renán (o José Manuel Suárez) y Samantha Castillo, todos dentro del dispositivo escenográfico hiperrealista y con olor a cebolla y condimentos culinarios, creado por Edwin Erminy, con la cuidadosa producción de Yair Rosemberg.
El teatro para el maracayero Chocrón Serfati  comenzó cuando Romeo Costea (Rumania, 1922), durante la temporada caraqueña del 1959, le montó Mónica y el florentino. Antes, en el 1956, publicó Pasajes, su primera novela. Nunca se detuvo en su carrera de escritor de éxitos teatrales y novelísticos.Y ahora,  a escasos tres años de su mutis, se hace la primera reposición de Los navegaos, dirigida con mucho respeto y aplomo por Michel Hausmann (32 años), quien lo estrenó durante el 2006
 Para comprender o digerir bien este montaje de Los navegaos, el cual ahora plena la sala del Teatro Trasnocho, hay que recordar, como escribe el poeta Leonardo Padrón, que Chocrón Serfati es uno de los pocos venezolanos que pudo elegir lo que iba a hacer con su vida. Eligió el teatro, quizás, porque, como dijo Oscar Wilde, "es inmensamente más real que la vida". Eligió su propia manera de ejercer el amor. Eligió renunciar a una carrera académica para casarse con su propia imaginación. Eligió la escritura como oxígeno de sus pulmones, pero sobre todo eligió no traicionarse jamás. "Desde entonces, desde ese siempre, no dejó de provocarnos con sus más de 20 obras de teatro, sus siete novelas y sus libros de ensayos". Pero, además enseñó, que siempre tenemos dos familias: con la cual se nace, la sanguínea, y con la que elegimos, a partir de la amistad y de los afectos.
Los navegaos no es más que la saga de dos hombres mayores, Juan (Vidal) y Brauni (Cabrera), quienes llevan varias décadas juntos porque son amantes, y con edades por encima de los 60 años, o sea ya en el proceloso camino de "los envejecientes", cuya paz del retiro en su casa de la isla Margarita es alterada por la repentina visita de un familiar -Parol (Renán), mudo, pero no sordo, además- y por la materialización del fantasma de la muerte, la cual esperaban para más adelante, pero llegó y sin anunciarse. 
Hay además en el espectáculo un símbolo que advierte sobre el final de sus vidas, como es el corte de unas trinitarias que amenazan derrumbar los muros de ese refugio de la pareja de amantes, quienes eso fueron durante algo así como 40 años, ahora convertidos en amigos hasta el final, y está además la básica presencia de una cachifa o mujer de servicio, Luz (Castillo).
Esos cuatro personajes crean situaciones cómicas por lo que hacen, más no por lo que dicen, y le dan un ritmo entretenido al espectáculo, especialmente por los intentos del mudo de hacerse comprender por los otros y por los espectadores, como es lógico. No es frecuente en el teatro encontrarse con un personaje con esas limitaciones como las del mudo Parole. Romeo Costea, por cierto, subraya que el rumano Eugene Ionesco con Las sillas y el francés Anatole France en La esposa muda utilizaron entes teatrales con esa falencia.

Con respecto a Los navegaos hay que advertir que  Chocrón Serfati  en esta obra de nuevo recurre a todas sus tradiciones estilísticas teatrales, desarrolladas a lo largo de su veintena de piezas, en cuanto a la temática, los conflictos, la pureza del lenguaje y, fundamentalmente, el mensaje que quiere hacerle llegar al público por intermedio de interrogantes que el mismo debe responderse.
El público, para el cual siempre se trabaja, ríe a mandíbula batiente de las tragedias de la pareja de gays "envejecientes" y el drama del mudo. ¿Por qué? ¿Será que piensa que eso nos le pasará o es que nunca vieron a un sordomudo con su peculiar ballet de manos y sonidos guturales haciéndose comprender de sus iguales y captando además las miradas de los curiosos?
¿Es frívola esta obra de Chocrón Serfati? No, su teatro  está envenenado, tiene contenidos duros o pesados para que el público los descubra, los saboree y termine aceptándola. Ya lo hizo con Okey, La revolución, Mesopotamia, Escrito y  sellado  y  Solimán, el magnífico, entre otras piezas. La vida dura con la familia sanguínea, la pasión y el amor con la familia elegida, la resistencia para seguir viviendo y la muerte como conclusión de todo lo hecho y de lo no realizado también, fueron siempre sus fantasmas. Y él los llevo, sin miedo alguno,  a la escena. Por ese terminó siendo el patriarca del teatro venezolano.

martes, febrero 11, 2014

"Azul y no tan rosa" regresa a los cines

Azul y no tan rosa, ópera prima cinematográfica de Miguel Ferrari, pasó de 500 mil espectadores a lo largo del 2012 y parte del 2013. Ahora podría alcanzar el millón de espectadores tras haber conquistado el Premio Goya y retornar a las salas de Caracas y del interior del pais. Eso hace soñar al director y a todo el magnífico equipo humano que trabajó en ese histórico largometraje venezolano.
Ferrari explica cómo nació este proyecto y cómo se materializó en lo financiero:
-Hace unos años, cuando se estaba aprobando en España la ley de matrimonios igualitarios, me sorprendió muchísimo los debates retrógrados que se abrieron en los sectores más conservadores de esa sociedad. Investigué sobre el tema en Latinoamérica y las historias de discriminación y crímenes por homofobia eran alarmantes. Quise escribir una historia que tratara sobre el derecho de cualquier persona a ser y pensar diferente.
Comenta, que lograr el financiamiento de una película no es tarea fácil. “Luego de tener un sólido guión, debes montar el proyecto y es allí donde debes pensar como director y productor para vender tu historia. Esta debe ser lo suficientemente atractiva y factible para generar interés en las personas que van a evaluarlo. Esta película cuenta con el financiamiento del Centro Nacional Autónomo de Cinematografía y el Programa Ibermedia. La producción es de Plenilunio Film & Arts y Factor Rh Producciones en asociación con La Villa del Cine y la productora española Malas Compañías. Venezuela y España unidas en este largometraje, mi ópera prima, además”.
- ¿El guión cómo se elaboró? ¿Hay sesgos reales o biográficos?
-El proceso de elaboración es complejo y, desde mi punto de vista, el más importante. Requiere un importante trabajo de investigación sobre la historia que quieres contar. Las vivencias y la capacidad de observación son herramientas fundamentales para cualquier artista en su creación. Cuando obtuve información suficiente, diagramé la historia y los personajes. Luego estructuré el guión en actos, cuidando sobre todo los puntos de giro porque eran claves para que el argumento avanzara. Luego desarrollé el guión.
Puntualiza que el tema central de Azul y no tan rosa gira en torno a la relación de un padre y un hijo que se reencuentran y se ven obligados a solucionar sus diferencias. “Mi película es una historia sobre el amor, la amistad, sobre la familia en su sentido más amplio. No quería hacer un dramón de película sino plantearla de manera fresca, cotidiana y que lograra identificación con cualquier tipo de espectador. Simplemente quería mostrar una historia atractiva, con personajes cercanos y que el espectador descubra a otros seres que no son tan diferentes a ellos. No es una historia biográfica, pero cada uno de los personajes tiene algo de mí. Es lógico... soy su creador. Tampoco está basada en algún hecho en especial, aunque hay situaciones que se plantean y que ocurren diariamente en todo el mundo y en especial en Latinoamérica.
-La película tiene como temática el amor prohibido y está enfrentada a una sociedad machista y homófoba. ¿Cómo logró resolver las escenas o las situaciones y el trabajo actoral?
-La observación y las vivencias son fundamentales en el desarrollo de cualquier acto creador. Para un actor esto es clave y un director que haya sido actor, posee herramientas adicionales muy útiles para contar historias. Además, mi formación en dirección cinematográfica en Madrid ha sido fundamental para enfrentar este trabajo. Tengo una gran influencia de mis maestros españoles y eso se siente en el lenguaje visual de la película.
En relación al trabajo que desarrolló con los actores, Ferrari enfatiza que “el ser actor me permitió profundizar la empatía con ellos y conocer así sus temores y sus mecanismos para activar cada emoción. Sabía exactamente qué hacer para lograr lo que necesitaba de ellos en cada secuencia. Es por eso que les traté y les dirigí como a mí me gustaría que lo hicieran los directores conmigo. Dándoles confianza y haciéndolos sentir cómodos. Sin juzgarlos, ni evaluarlos y mucho menos presionarlos... estimularlos reconociéndoles cada logro. Es por eso que establecimos una relación frontal, sincera y de respeto mutuo”.
- ¿Qué problemas se superaron para rodarla y estrenarla?
-Fue un trabajo complejo por las características de la historia. Se filmó en Venezuela (Caracas, Mérida y Aragua) y España (Madrid) y para ello se requirió un gran esfuerzo logístico. Se armaron equipos  por cada área para llevar a cabo la filmación de la película. Convoqué a Alexandra Henao para la fotografía y a Marcelo Pont-Vergés para el arte. Ambos son grandes profesionales que conectaron inmediatamente con la historia y que tenían algo fundamental para mí: sensibilidad y buen gusto. Además tuve un experimentado equipo de producción que encabezó Rodolfo Cova.
-¿No ha pensado que puede mostrarla en teatro?
-En realidad nunca me lo he planteado. Si bien es cierto que en la película se hacen ciertos guiños al teatro, esta es una historia que nació para ser contada en cine por su lenguaje y su narrativa. Está impregnada de imágenes que cuentan mucho y que sería imposible reproducirlas en el teatro. De cualquier manera no descartaría en un futuro desarrollar una versión para el teatro. Nunca se sabe.
-¿Y ahora?
-Ahora viene una etapa interesante. Su distribución internacional. También me voy a tomar un año de descanso para preparar mi próximo proyecto cinematográfico, del cual hablaré en el momento adecuado.
¿Sexo de las hormigas?
Que la homofobia mata se reitera, una vez más, de  manera estrujante, gracias a la ópera prima de Miguel Ferrari, protagonizada por Guillermo García (Diego, fotógrafo gay), Sócrates Serrano (Fabrizio, ginecólogo gay), Ignacio Montes  (Armando, hijo adolescente de Diego) e Hilda Abrahamz (Delirio, transexual femenino), entre otros comediantes como Carolina Torres, Elba Escobar, Juan Jesús Valverde, Beatriz Valdés, Aroldo Betancourt, Daniela Alvarado, Alexander Da Silva, Arlette Torres y Juan Carlos Lares; quienes ahí se la jugaron para crear un buen largo sobre “el sexo de las hormigas”, como alguien del ámbito cinematográfico calificó a la homosexualidad en la pantalla.
Ficha
Miguel Ferrari, 30 de agosto, Caracas, 1966. Actor, egresado del Instituto de Formación para el Arte Dramático IFAD (1.986).Licenciado Cum-Laude en Teatro, mención Actuación, Unearte (1.997). Diplomado en Dirección Cinematográfica. Séptima Ars, Escuela de Cine y TV de Madrid, España (2.000).


domingo, febrero 09, 2014

El jonrón de Hueck: @papitalapeli

E lcineasta en los apuros del rodaje de su ópera prima
Ni el teatro ni el cine venezolanos utilizan frecuentemente el juego de la pelota o el béisbol como telón de fondo o argumento dramático, a pesar que genera una asombrosa pasión lúdica entre los fanáticos capaz de  paralizar al país y provocar situaciones buenas y malas también.
Pero como siempre hay una primera vez, a Luis  Carlos Hueck se le ocurrió hacer precisamente su primera  película,  Papita, maní, tostón , y estrenarla el pasado 20 de diciembre en 60 salas. Una comedia sobre el  amor, al estilo del shakespereano   Romeo y Julieta , entre una fanática de los Navegantes del Magallanes y un ferviente hincha de los Leones del Caracas, los conocidos eternos rivales de la Liga de Béisbol Profesional Venezolana.
El guión, que fue el proyecto ganador de la convocatoria de financiamiento del Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC) en 2011, plasma el encuentro entre Julissa (Juliette Pardau) y Andrés (Jean Pierre Agostini), quienes se enamoran y deciden poner en segundo plano la rivalidad deportiva para mantener su relación. Sin embargo, tendrán que engañar a familiares y amigos (fanáticos empedernidos) y lidiar con la incómoda situación para poder estar juntos.
IMPONE RECORD DE TAQUILLA
Y la respuesta de la audiencia no podía ser mejor. Hasta ahora lleva más de 800 mil espectadores, cifra que la ubica  entre  una de las diez películas más taquilleras en la historia del cine venezolano. El largometraje superó así a  De mujer a mujer (Mauricio Wallerstein), que sumó 753.333 espectadores en 1986, y a La generación Halley (Thaelman Urgelles), que vendió 758.196 entradas ese mismo año.
Luis Carlos explicó que su intención fue plasmar con humor la cotidianidad de la rivalidad deportiva que vive el país, bajo la adaptación de un clásico como  Romeo y Julieta , que aborda un mensaje de amor universal. La cinta inició su rodaje en julio de 2012 y se extendió durante 8 semanas en Caracas. Incluso, se hicieron tomas durante un juego entre los mencionados equipos, en el Estadio de la UCV.
El filme cuenta con la protagonización de Juliette Pardau y Jean Pierre Agostini, junto a las interpretaciones de primer actor Miguel Ángel Landa y los comediantes Emilio Lovera, José Roberto Díaz, Vicente Peña, Elías Muñoz, Juan Andrés Bergrave, Vantroy Sánchez, Ana Terrero y Orlando Ruggiero y Pedro Pérez (Budú).
Actualmente, el director se plantea la posibilidad de hacer una segunda parte del filme y se encuentra trabajando en un proyecto de comedia llamado “Al fondo a la derecha”, porque “hacer cine en Venezuela es una experiencia única. Trabajar aquí es verdaderamente hermoso porque estás en tu tierra”, puntualizó Hueck, quien señaló que los cineastas deben voltear su mirada a Latinoamérica donde, asevera, “aún hay muchas historias por contar”.
DEL BETAMAX A LA PANTALLA
-¿Dónde nace  y hace  sus estudios?
-Nazco en Caracas, 5 de mayo de 1977, estudie Administración de Empresas Banca y Finanzas en la Universidad Metropolitana, al mismo tiempo estudie guión de cine en la misma Universidad, luego de graduarme me fui a Los Ángeles a estudiar Dirección de Cine en UCLA, entre otros cursos.  
-¿Por qué el cine?
-El cine ha sido mi pasión desde niño, la primera película que me acuerdo haber visto en el cine fue  Yako  y me impresionó tanto que desde ese día me volví adicto a ver películas de todo tipo. Luego mi papá se compró una cámara gigante de betamax, que fue usada por mis hermanos y yo como un juguete durante todas las vacaciones. Hacíamos historias y cortos divertidos que luego le mostrábamos a nuestros amigos para que rieran, cuando llego el momento de decidir qué hacer con mi vida pensé que del cine no podría vivir y por eso elegí la banca y las finanzas, como para irme por lo seguro, mi hermano Alfredo si había decidido ser cineasta desde un principio y se las arregló para hacer un cortometraje que se llama  YBI 173  que quedo nominado en el Festival Latino Internacional de Los Ángeles a cual asistí, y allí rodeado de cineastas fue cuando decidí estudiar y hacer cine por el resto de mi vida o por lo menos intentarlo.
-¿De dónde partió para  Papita, maní, tostón”  y su rodaje?
-La idea nace desde que hace mucho tiempo asistí a un juego en el Estadio Universitario y veía a las cervezas volar por el aire empapando a todo el mundo, mezclado con el chalequeo constante que hay entre caraquistas y magallaneros y mis ganas de mostrarle al mundo un poco de nosotros.
-¿Cómo logra financiarlo?
-El financiamiento de la película fue a través del Centro Nacional de Cinematografía Nacional (CNAC), pero el financiamiento no es del 100 % y por esto se sumaron al proyecto empresas como Banesco, Digitel, Regional, Munchys, Directv, Zona Pilates, Ron Veroes, Flips, los Leones del Caracas y los Navegantes del Magallanes, los Tiburones de la Guaira, entre otros. 
SANO HUMOR
-¿Está consciente del mensaje humanista y pacifista que propone en su largo, además del sano humor que ahí expresa?
-La verdad es que hay muchísimos mensajes por allí escondidos, como por ejemplo el de las bonita amistad que uno cosecha en este país, lo importante de la familia, las consecuencias del fanatismo absurdo, el amor entre personas de diferentes bandos y si trate de resaltar ese humor sano que nos llevamos nato los venezolanos.
-¿Admite influencias de otros cineastas?
-Sí, admiro mucho a Robert Zemeckis quien hizo Volver al Futuro  y  Forrest Gump  y  El Náufrago  entre otras obras; los Hermanos Farrelly que hicieron  Something about Mary . También admiro mucho a Iñarritu y a Cuaron, creo que de todos ellos he tenido un poco de influencia  en mi carrera que apenas comienza.