sábado, mayo 06, 2017

Sin vestuario no hay espectáculo

Belkys, vestuarista de Vimazoluleka
Larga y compleja ha sido la historia de la producción, su complejo rodaje y la accidentada posproducción de Vimazoluleka, la ópera prima cinematográfica de Levy Rossell Daal, cuyo estreno se planifica para dentro de un mes en varias salas venezolanas. Y, por si fuera poco, él reconocido artista inicia otro proyecto fílmico donde también participará su hermana Belkys Rossell Daal, la diseñadora.
Y a la espera de este lanzamiento, como es natural, está Belkys, quien además es psicopedagoga y cuentacuentos; ella se inició́ en el área del diseño creando los atuendos vesturales para diferentes obras teatrales y producciones audiovisuales de su hermano; ella, además, ha sido directora de recreación educativa y eduquemos jugando, programas sociales de varias alcaldías de la Gran Caracas pero su inquietud por el diseño y el trabajo artesanal con títeres la llevaron a nuevas horizontes en la estética y el arte.
En el año 1994, su creatividad traspasó las fronteras y sus creaciones, especialmente en el complejo mundo del diseño de vestuarios, llegando a Estados Unidos, República Dominicana, México, Bolivia y España con sus creaciones,
¿Cómo han sido sus procesos de creación?
El mar Caribe, escenario lleno de luz, color y magia, ha sido mi constante inspiración. La riqueza de colores y la innovación de los diseños siempre están presentes cuando realizo los bocetos. Creo que el vestir siempre debe ser sobrio y elegante aunque imaginativo como somos los venezolanos. El artista debe ser versátil, estructurado y hasta puede ser romántico”
Insiste en que las propuestas que se presenten “deben contener el estilo de vida que uno haya logrado a través de los años vividos. Amo y respeto las artes escénicas, amo la música, y todo el movimiento ecológico que se ve en el mundo”.
Puntualiza que ha sido fundadora y directora creativa de empresas de diseño y confección. “El vestir es inherente a la cultura y se deriva de ella. Es un error creer que el vestuario o la moda de los mismos es un asunto frívolo. Es todo lo contrario: el vestuario es básico en la condición humana social”.
“En el pasado como asistente de vestuario, estuve en la gira a México de Arte de Venezuela, la agrupación de mi hermano Levy. para el Festival Cervantino de la Ciudad de Guanajuato y luego en la presentación que se hizo en el Auditorio Nacional de Ciudad de México frente a 13 mil espectadores y me quedó el gustico, todo aquello en los años 70 y 80 del siglo pasado. Años después hice el vestuario de esta misma obra teatral, Vimazoluleka, para Cine Super 8. Realicé el vestuario para producciones musicales de FUNDAC en el Estado Carabobo bajo los auspicios de la Fundación Neuman, ya desaparecida.  También hice el vestuario para la obra teatral Fedora en homenaje a esa importante figura nacional del canto lírico, producida por Horacio Peterson. Lo último en donde he participado fue en la asesoría de vestuario y maquillaje de la superproducción musical Vimazoluleka para cine de mi hermano con la dirección musical de Alexis, mi otro hermano artista”.
¿Sin vestuario no hay espectáculo?
Sí y no, porque los actores pueden salir desnudos a la escena teatral, también bien en el cine o en la televisión, pero todo eso tiene una audiencia reducida por aquello de los códigos de conductas sociales. Lo menos conflictivo es un vestuario y eso hay que diseñarlo y materializarlo. Aquí en Venezuela se ha mostrado teatro sin ropajes, como lo hizo el gran Esteban Trapiello hace años en el Ateneo de Caracas. Fue un escándalo, pero tuvo taquilla, pero nadie más lo siguió haciendo. Últimamente estoy creando accesorios, hechos a mano- piezas únicas- como una consecuencia de mis aportes anteriores al mundo del espectáculo.
7 millones
Desde 1966 está Vimazoluleka en los escenarios venezolanos y ahora se alista para la pantalla cinematográfica. No hay que olvidar que es la primera obra teatral que montó Levy Rossell en el Ateneo de Caracas. También tuvo otro escenario internacional como el “Off- Broadway de Nueva York”, donde hizo taquilla durante cinco meses. Pero más allá, del impacto causado en el pasado sobre las tablas, hoy la   pantalla a nivel nacional se viste de fiesta por el traslado de esta importante obra al mundo del cine, un musical, donde hay más de 700 personas, entre productores, personal ejecutivo, músicos y una importante presencia de reconocidos artistas de renombre, sumados a una nueva generación de talentos, oriundos de diversas regiones del país. Fue realizada con un presupuesto de siete millones de bolívares, cuyos accionistas son los mismos actores y actrices que hoy forman parte de dicha historia. Esta estrategia comercial ha sido tal vez, uno de los puntos resaltantes de este proyecto, el cual ha dejado como ejemplo, una nueva y creativa forma de mercadear y hacer cine en nuestro país.


jueves, mayo 04, 2017

Camilo Torres y Ezequiel Zamora en escena caraqueña

Desde Bogotá trajeron al cura Camilo Torres.
El colombiano, sacerdote y guerrillero, Camilo Torres y el venezolano, comerciante y general, Ezequiel Zamora coincidieron, en sendos escenarios, del VI Festival de Teatro de Caracas 2017, para recontar sagas y sacrificios, una vez más, por la liberación de sus irredentos pueblos y ser así, de nuevo, ejemplos de lucha para los que aún estamos vivos y soñando.
Lamentablemente, los cuerpos de estos paradigmáticos luchadores no pueden ser ahora honrados por sus compatriotas ya que sus rivales o enemigos los desaparecieron o crearon la sospecha para que no fuesen venerados jamás e impedir que se transformasen en símbolos de un culto civil. ¡Nunca sospecharon que el teatro los podía revivir y suscitar las polémicas!
Camilo y Zamora pasó por aquí fueron, pues,  los ejemplares y decantados espectaculos exhibidos, respectivamente, en los caraqueños teatros Nacional y Alameda gracias a los trabajos artísticos de los grupos La Candelaria (Bogotá) y Compañía Nacional de Teatro (Caracas), dirigidos por Patricia Ariza y Carlos Arroyo, con la participación de no menos de 20 actores, actrices y técnicos. Hicieron cuatro funciones para unos miles de venezolanos que enriquecieron sus sentimientos y sus memorias por lo que ahí se les mostro o materializó.
CURA GUERILLERO
Célebre profesor universitario, sacerdote, político, rebelde y, por último, insurgente o guerrillero era Camilo Torres. Abordando la figura de ese hombre representativo de la intelectualidad colombiana, La Candelaria hizo una pulcra creación colectiva para celebrar el medio siglo de su agrupación y conmemorar los 50 de la muerte física  y la desaparición  de su cuerpo, al cual reviven gracias al trabajo de 13 artistas quienes lo plasman escénicamente por intermedio de impactantes secuencias de imágenes teatrales preñadas de  misticismo, rebeldía, amor y sacrificio, para contar así como era, y sigue siendo, el conflicto social de los colombianos; ese  que llevó al sacerdote  a un apostolado y su sacrificio final  al rebelarse contra el Estado y vincularse a la insurgencia guerrillera y morir  así, durante su primero y último combate, aquel 15 de febrero de 1966, cuando había cumplido 37 años.
Gracias, pues, a los comediantes Fernando Mendoza, Hernando Forero, César Badillo, Rafael Giraldo, Nohora González, Alexandra Escobar, Carmiña Martínez, Adelaida Otálora, Edith Laverde, Erika Guzmán, César Amezquita, Diego Vargas y Camilo Amórtegui, además de Patricia Ariza, se mostró en Caracas al histórico y valioso personaje por intermedio de un fantástico desfile de imágenes teatrales donde predominaron la música, el baile y la actuación esperpéntica.
Todo dentro de una densa atmósfera de ritual religioso católico, cual si fuese la representación de un auto sacramental sobre la Vida, Pasión y Muerte de Jesús de Nazaret. Impactó su ritmo escénico y el desenfado actoral, matizado de ese peculiar y respetuoso humor colombiano, todo dentro de un buen gusto, nada fuera de lugar. Ese ejemplar trabajo teatral, que puede calificarse como una puesta en escena del mejor barroco latinoamericano, pletórico de imágenes poéticas, que logra mostrar las facetas más trascendentales de tan mágico personaje y deja palpar sus pensamientos.
Patricia Ariza insiste en que este Camilo revive a un personaje muy representativo de la historia de Colombia, importantísimo, como Bolívar. No es un banquillo para juzgarlo y condenarlo, porque “ese no es el trabajo del arte”. Encarna los años 60 que es la época de la utopía y también de la aparición de las insurgencias de América Latina. Y es importante entender eso porque permite comprender lo que está sucediendo ahora gracias a las ciencias, a las reflexiones de los historiadores y los avances del arte, como ha dicho Ariza, dentro del proceso de pacificación iniciado por las FARC y el actual gobierno colombiano.
GENERAL DEL PUEBLO SOBERANO
El espectáculo Zamora pasó por aquí, nacido de la exhaustiva investigación de Aníbal Grunn y la creativa puesta en escena lograda gracias al creativo Carlos Arroyo, se centra en la muerte o el desenlace vital del militar y revolucionario, que nace en Cúa y hace mutis en San Carlos, tras la victoriosa y trascendental batalla de Santa Inés.
Así, también, como a Camilo Torres, a Ezequiel Zamora le correspondió abandonar este dimensión terrestre a los 43 años como consecuencia de una bala traicionera y ahora resucita o sube a la escena para conmemorar el bicentenario de su natalicio, gracias al sobrio y estremecedor espectáculo donde el personaje protagonista monologa y recibe el apoyo de dos mujeres, tremendas actrices que encarnan su madre y su esposa y otras damas necesarias para el relato escénico.
Naty La Cruz, Livia Méndez, Kala Fuenmayor y Keudy López, en los arreglos musicales, integraron el elenco de Zamora pasó por aquí, un texto que obligó a que Grunn leyera, investigara, se asesorara y tratara de ser lo más objetivo posible. No fue fácil lograr ese texto, pero el público escuchó y juzgó el relato teatral sobre la vida de tan extraordinario hombre, haciendo énfasis en el momento de su muerte, contada en varios momentos y desde que se fragua la traición.
Grunn recuerda que Zamora, como otros personajes de la historia latinoamericana, es tratado bien o mal, dependiendo del gobierno de turno. Y como tantos héroes que lucharon por una Independencia, una Libertad y unas reivindicaciones sociales, humanas y políticas, perece violentamente y desaparece para la historia, dejando una huella imborrable en el pueblo a quien defendió y que vio como se transformó en un verdadero héroe nacional.
Porque, si bien aquel Valiente Ciudadano había comenzado desde muy joven, una lucha por las reivindicaciones sociales en Cúa, su tierra natal, es recién en febrero de 1859, cuando regresa del exilio en Curazao, que se pone al frente de la Guerra Federal. Y 11 meses después, el 10 enero de 1860, muere traicionado por una bala que, aunque la historia lo niegue, tiene nombre y apellido, y viene signada por las ansias del poder.  
El director Arroyo maneja finamente a sus actores y los desgarra hasta conmover con ese ritual mortuorio, donde resalta  Nitay como el inmolado Zamora,  mientras las voces de las mujeres que lo amaron y lo siguieron hacen un alucinante contrapunto durante sus últimos momentos, concisos y aplastantes segundos finales del héroe venezolano, cuya labor por la liberación popular no ha sido suficientemente destacada porque sus enemigos se apoderaron de su victoria y lo trataron de minimizar; pero es gracias a Zamora que los venezolanos terminaron de despertar y todavía están luchando por su libertad y sus sueños, como lo reitera este espectáculo teatral, digno de ser exhibido en más auditorios.
Fue Zamora traicionado y enterrado en el mismo sitio donde muere. Muchos años después, sus restos son trasladados al Panteón Nacional, pero dice la leyenda que esos no son los verdaderos y que su cuerpo reposa en el estado Miranda. ¿Será verdad? ¡Queda la duda!
En el bicentenario del general Ezequiel Zamora no podía faltar un espectáculo teatral de jerarquía y es por eso estrenaron a Zamora pasó por aquí, como una producción de la Compañía Nacional de Teatro, que comanda Alfredo Caldera

martes, mayo 02, 2017

Chamaco refleja lo que debemos extirpar

Mario Crespo vino de Cuba para trabajar.
El artista cubano Mario Crespo ha debutado en el teatro venezolano con la dirección del espectáculo Chamaco, el cual hace temporada en el Teatro Trasnocho, un texto de Abel González Melo, donde actúan: Gonzalo Velutini, Antonio Delli, Caridad Canelón, Julián Izquierdo, Gerardo Soto, Greisy Mena, Raúl Gutiérrez y Cristopher Hernández.
Nació en San Antonio de los Baños, sede de una de las escuelas de cine más importantes del mundo, la EICTV. Sus padres, un empleado de tienda de ropa y su madre, empleada de una fábrica de camisas, "más veces en casa que con empleo, y toda una familia grande, casi 15 tíos y como 30 primos.  Infancia feliz yendo al cine casi a diario y viendo teatro cuando su tío Nené lo llevaba en autobús a ver teatro para niños en La Habana". También vio mucha de la buena televisión que se hacía en Cuba en los 50 y 60.
“En 1992, cuando una nueva crisis (una más) nos dejó sin trabajo, sin transporte sin nada en Cuba, yo estaba encerrado en mi casa con todos los proyectos frustrados, y unos amigos venezolanos me propusieron venir a Venezuela. No vine con la idea de permanecer pero el pintor Juan Loyola, ya desaparecido, me presentó a varias personas, me llevó a Video Móvil y ahí comenzó mi vida profesional en Venezuela.  El cariño de los venezolanos, las oportunidades que se me abrieron y el amor de una mujer, me hicieron quedarme y aquí estoy y estaré”.
-¿Dónde estudia y se forma?
Estudié en una escuela pública con unos maestros que tengo en mi memoria como lo mejor de mi infancia. También hice parte de la secundaria básica en la Domingo Lence otra gran escuela donde aprendí gracias a Catalina Chávez mi maestra de literatura, a leer a Lorca, José María Heredia y Plácido y por supuesto a José Martí. Allí empecé a hacer teatro y me estrené con El Retablillo de don Cristóbal de García Lorca. Tuve suerte. Me gané el derecho a hacer bachillerato en una escuela vocacional donde conocí a los que aún son de mis mejores amigos y donde también pude hacer teatro, poesía, ir al Teatro Nacional de Guiñol con los hermanos Camejo y también ver los estrenos de teatro y ballet. Después, al abandonar, por suerte, la idea de estudiar Medicina, ingresé en la Escuela de Letras y Arte de la Universidad de La Habana.  Me gradué de Licenciatura en Historia del Arte a la vez que trabajé cuatro años como guionista y asistente de dirección en Televisión Universitaria. Unos años maravillosos donde confirmé mi vocación por la actuación y la dirección escénica.
¿Qué le apasiona más: el cine, el teatro o la televisión y donde se ha destacado más, profesionalmente?
Al terminar mi carrera en la Universidad, el coto cerrado que era el ICAIC (Instituto Cubano del Arte en Industria Cinematográficos), decidió abrirse a gente nueva y me llamaron junto a otros amigos. Allí tuve la suerte de conocer el cine, aprender todo lo que sé de Enrique Pineda Barnet, Manuel Octavio Gómez, el chileno Patricio Guzmán, Humberto Solás y otros. Gran escuela el ICAIC. En el ICAIC fui guionista y asistente de dirección dirigí cortos de ficción y documentales y más adelante director asistente.
“Pero para hablar de pasión, mi real pasión es la dirección escénica sea en el medio que sea. No hay medio mejor ni peor, sino realizadores buenos y serios y realizadores deficientes o mercenarios.  Aquí en Venezuela he tenido la suerte de hacer buena televisión en cuanto llegué. Pude hacer largometrajes para la televisión con guiones de Perla Farías, Anny Van Der Dys, César Sierra y Henry Ramos. He podido dirigir aquí a Amanda Gutiérrez, Daniel Farías, Mariano Álvarez, Haydee Balza, Susana Duijm, Marcos Moreno, Carlos Cruz, Iván Tamayo y muchos otros valiosos actores.  También desde que llegué a Venezuela pude trabajar en cine documental y de ficción.  Mi primer trabajo aquí fue con Televisión de Actualidad que dirigía Duccio de Ambrosio y pude ser asistente de Luisa de la Ville (Tenana) en Crónicas del Asombro, escrito por José Ignacio Cabrujas, cuya dirección general estaba a cargo de Román Chalbaud, con Carlos Mata como conductor. También pude ser director asistente de Mauricio Walerstein en el último filme que dirigió en Venezuela, Juegos Bajo la Luna.  No puedo quejarme. Los venezolanos me han abierto todas las puertas, hoy son mis hermanos”.
“En fin, me gusta dirigir y llevar la vida a los escenarios. He trabajado más en cine, pero hago teatro desde que cumplí 15 años y creo que seguiré haciéndolo con este nuevo impulso que me da Chamaco”.
¿Cómo encuentra esas disciplinas artísticas en Venezuela?
El cine en Venezuela crece, se hace variado y le auguro un gran futuro. Tenemos una gran aceptación y reconocimiento en las pantallas del mundo y en festivales. La democratización de la tecnología ha permitido que cada vez más personas puedan expresarse por este medio. También la ley de cine que nos dimos lo cineastas y la creación de Fonprocine, que gerencia un pote con el que se puedan financiar películas de todo tipo a través de CNAC ha democratizado la participación de cineastas en todo el país. Vale aclarar que el fondo que administra Fonprocine sale de los impuestos que pagan las empresas audiovisuales y conexas de Venezuela. El teatro tiene otro panorama. El Estado venezolano no lo subsidia ni en la producción ni en las taquillas y esto es grave. Los actores deben hacer más de una obra, televisión, cine para medio redondearse la cesta básica. Sin embargo, hay esfuerzos privados muy importantes como La Caja de Fósforos, Teatro Trasnocho y otros que mantienen las escenas abiertas para que el teatro no muera en Venezuela, aún con lo difícil que resulta hacer teatro, hay mucho talento joven pujante, dramaturgos, actores, directores y tengo fe en que seguirán haciendo teatro a como dé lugar.  No se puede hablar de crisis, mientras se advierta talento que viene detrás de las viejas generaciones. Estoy seguro de que cuando cambien las cosas, el teatro en Venezuela volverá a tener el brillo de otros momentos, pues el talento está ahí.
¿No ha pensado en emigrar de nuevo?
No. Venezuela ahora es mi país, los venezolanos son mis compatriotas. En Venezuela he hecho todo lo que no pude hacer en Cuba y los venezolanos me han dado ánimos y se han unido a mis empeños con modestia y entusiasmo. No creo que exista gente más abierta en ningún otro lugar del mundo y a esto debo corresponder entregando mi trabajo y mis ideas.
¿Cómo se ubicas en el mundo: feliz o luchando por serlo?
Soy muy feliz, por lo que decía antes. He encontrado un país maravilloso, de gente amable y abierta, de gente alegre, he encontrado una familia. Siempre se desea más, claro pero no creo que pueda conseguir más en otro sitio y creo que es aquí donde podré aspirar a más. No obstante, no tengo fronteras, puedo trabajar y hacer país en cualquier sitio.
¿Por qué montó Chamaco y hasta donde piensa llevarla?
Chamaco es un gran texto del cubano Abel González Melo, que ha dado la vuelta literalmente al mundo en escenas, publicaciones y traducciones. Pero además hoy Chamaco es un retrato muy fiel de la Venezuela actual. Refleja todo lo que deseamos extirpar de nuestra sociedad. Chamaco no juzga, no denuncia, sólo expresa un estado de cosas en escena, como todo arte, no resuelve los problemas pero sí nos da la voz de alarma, nos pone un espejo delante del rostro y por eso quería traerla a la escena venezolana. Quisiera poder girar con ella, pero ya hablamos antes del estado del teatro venezolano, la poca capacidad de riesgo que hay en las regiones para recibir una obra como ésta, con ocho actores y una escenografía.  No obstante, aquí estamos y si hay una invitación en las regiones del interior, estamos muy dispuestos.
¿Qué otra obra tiene entre ceja y ceja?
Quiero hacer teatro de cámara, dos o tres actores, no más. Con la menor cantidad de recursos posibles. Un teatro donde el texto y los actores sean lo verdaderamente importante y que se pueda girar, se pueda poner en cualquier sitio sin demasiados requerimientos técnicos y logísticos. Dirigir actores para el teatro es algo que todo el que desee hacer cine o televisión, debe intentar. Es una experiencia necesaria. Tal vez haga teatro en mi casa, pero no dejaré de hacerlo. Lo necesito. En cuanto al cine, busco productores para un proyecto de llevar al cine un cuento de Abilio Estévez llamado El horizonte para el cual ya cuento con los derechos.



sábado, abril 29, 2017

Cuando La Habana es Caracas

Cuando supe del estreno de la obra cubana Chamaco (2005) del dramaturgo Abel González Melo (La Habana, 1980), recordé todo lo leído sobre “tan maravilloso texto”, como nos lo reveló, años ha, el artista Alberto Sarraín.  Salí a devorar y disfrutar, precisamente ese Viernes Santo de 2017, aquel espectáculo ambientado y realizado en una teatral Caracas, entre el lunes 23 y el jueves 26 de diciembre de un año de esta década, protagonizado por el joven Kárel Darín que debe venderse a otros hombres para sobrevivir, pero quien no olvida que deberá superar tan desagradables circunstancias y trabajar de otra manera para casarse o amar sin obstáculos a Silvia Dépaz.
Esperaba ver no solo una montaje sobre unos líos de gays, bisexuales y travestidos (toda la quincalla LGTBI), con un policía corrupto y un transexual que vende flores y otras cosas más, una hermosa vieja que filosofa, un muchacho que no sabe como combinar trabajo, estudio y sus impulsos hormonales, un tío borracho y abiertamente homosexual y un papá acosado por sus instintos. Confié en que la temática de las conductas sexuales fuese solo un pretexto para proponer una reflexión sobre la descomposición moral y ética de la tradicional familia burguesa, agravada por la crisis económica que agobia a los sectores menos favorecidos de esa urbe que escénicamente era Caracas con una teatralización de la conocida guerra económica. Una inteligente descarga sobre la desvalorización de una sociedad, donde el poder, la autoridad y las relaciones familiares son los estratos gravemente afectados por un asesinato. Confié en que no me dormiría ni estaría tranquilo de principio a fin.
Y eso fue lo que pasó. Chamaco es una bofetada más a una comunidad que está de espaldas a los problemas más urgentes de sus habitantes, donde escasea la seguridad y es patética la carencia de comida para cuerpos y almas (o sea el amor y la amistad). Es otro alerta para estas naciones americanas donde las conductas sexuales están normadas por anacrónicos conceptos religiosos, donde se quiere imponer una segunda Edad Media.
Ese texto es tan compacto, como los 64 escaques –negros y blancos -de un tablero de ajedrez, donde todo fue calculado y llevado a una síntesis. Nada sobra, todo es preciso. Hay, pues, depurada calidad idiomática y los mecanismos tradicionales del teatro están logrados en su plenitud. Tienen razón los otros espectadores y los críticos al exaltarla y consagrarla como un clásico del buen teatro cubano, o sea americano
La puesta en escena austera y sin pretensiones de espectacularidad, ceñida a las acotaciones del autor. Se   inicia en plena celebración de una Nochebuena, momento en el cual dos muchachos se juegan el destino sobre un tablero de ajedrez, materializando la prostitución homosexual, con navajas y  huellas de sangre  hasta desencadenar la rocambolesca trama, cuyo final dejará sin aliento al público, después de 90 minutos de intenso trabajo escénico.
 Y todo ese espacio escénico, con una escenografía minimalista y limitado por un foro con la silueta del Guaraira Repano o monte Ávila y su Cruz de Navidad, para recordarle al público que eso pasa o puede pasar o está ocurriendo en esa Caracas navideña. Casi se podría decir que es un panfleto visual, pero ante la calidad de su texto y los desempeños actorales se le “perdonan” esos excesos al director Mario Crespo, un artista que hasta ahora era más conocido en el cine y la televisión locales. Un respetuoso puestista y preciso conductor. 

jueves, abril 27, 2017

50 años de "Los peces del acuario"

Núñez esta de fiesta y tiene mucha razón.
Hace 50 años, José Gabriel Núñez  (Cumaná, 29 de octubre de 1937) estrenó su primera obra teatral Los peces del acuario ."Fue en Puerto la Cruz, aquel 27 de Abril de 1967. Al día siguiente nos presentamos en Cumanà. Nos había invitado la Dirección  de Cultura de la Universidad de Oriente. Nos recibió un público entusiasta que se adelantó a la buena acogida que tuvo la obra en Caracas el mes siguiente en la desaparecida sala Leoncio Martínez de la plaza Tiuna". Ahí actuaron: Carmen Messuti, Napoleón Bravo, Martha y Jesús Mijarez, Beatriz  y Santiago Definis. El dispositivo escenográfico lo diseñó Sixto Masseux.
Los peces del acuario marcó el rumbo definitivo que le dio a su vida. "Decidí levantar el telón y comenzar a caminar por distintos senderos de los que había transitado hasta ese momento. Me hechizaron las candilejas, me deslumbraron las luces que  brillaban como trozos de cristal o de diamantes y decidí quedarme escribiendo. Más tarde entraría a las aulas de clase para hablar de teatro y de sus rigores con los estudiantes que buscaban formarse en las academias existentes".
Así han pasado 50 años. "Y cincuenta años son muchos años. Toda mi vida. Decidí asumir la humanística condición y el reto que todo dramaturgo debe enfrentar, la de ser un lúcido testigo de su época, de su entorno, pero no solo limitándose al testimonio, sino enjuiciando,, abriendo heridas, señalando contradicciones y los conflictos del hombre con sus circunstancias sociales sin anclarse en una señal referencial".
"Cincuenta años de fructíferas hermandades con los grandes maestros, con las mejores actrices y actores de nuestro teatro. Directores, escenógrafos, vestuaristas, técnicos. Con la influencia de sus   ideas, de su disciplina, de su trabajo. Cincuenta  años de afectos, de cercanías irremplazables y de honestidad intelectual  que me mostraban el camino que tenía que seguir y que he procurado continuar transitando en esas direcciones".
"La aceptación y los aplausos que mi trabajo ha recibido, se debe a la solidaridad y a la complicidad que me han dado, no solo como artistas, sino como seres humanos maravillosos. Por esa unión, he sido objeto de reconocimientos, homenajes, he recibido premios importantes, entre ellos el Premio Nacional de Teatro, sin haberlos buscado ni negociado".
"Hubiese querido celebrar esta fecha, estas  Bodas de Oro  con todos ellos, pero algunos se han ido y las circunstancias del país no son propicias para pensar en celebraciones estruendosas. Un país lamentablemente dividido y un teatro que comienzo a visualizar fracturado, segmentado en parcelas que lejos de unificarnos nos separan.  Y señalo esto, porque en este transitar también he conocido algunas miserias humanas, mezquindades, insidias, envidias, traiciones, luchas de poder que no se corresponden con la función del artista, arrebatos cuya existencia ni siquiera imaginaba y que se agotaron en sí mismos sin que me obstaculizaran para seguir adelante".
"Celebro estos días con la presencia de esos seres  que le dieron y le siguen dando afectos sin sombras a mi vida profesional como el más preciado regalo. Uno de ellos, el más reciente de estos obsequios, fue ver en escena el último de mis trabajos escritos,  Casa de sangre y cenizas, impecablemente llevada al escenario, con una maravillosa y acertada dirección y un emotivo equipo actoral que de manera contundente transmitieron al espectador de forma notoria, todo cuanto quise expresar en ella y provocó su categórica respuesta".
"Cincuenta años escribiendo teatro. Coincidencialmente, llego a cincuenta obras escritas. Hago memoria de estos años serenamente, con la presencia de todos cuantos se han ocupado de mis textos y me han aportado enseñanzas y experiencias pero sobre todo ética y honestidad intelectual. Igualmente  aplaudo  al espectador que ha atendido a mis Inquietudes, mi supuesto humor y a mis voces de alerta. Comparto con todos ustedes y por ustedes me decidí a escribir estas líneas como excusa,  en solitario, para decirles una sola palabra:Gracias porque he tenido la suerte, mucha suerte, de haberlos encontrado en mi vida".
"Quedan pendientes dos proyectos por escribir. Dos obras que hablen sobre el país, que le hablen al país que hoy tenemos. Y desde las aulas, mi permanente preocupación porque nuestra dramaturgia sea conocida, estudiada en escuelas y universidades, y no relegada al olvido y a veces descalificada, vilipendiada despectivamente por algunos de nuestros creadores, cuando es y ha sido una de las más sólidas de latinoamèrica y de las que con mayor valentía ha perfilado la problemática social de nuestros pueblos.Sigue latente en mí la responsabilidad que emana  del vínculo  entre el dramaturgo y la palabra. De mantenerla viva, vigente, reveladora, para que pueda iluminar los senderos que conducen hacia la libertad y al logro de los más altos ideales para el espíritu".












Liebre y cola o el buen teatro colombiano en Caracas

Colombia presente con nueve obras en Festival caraqueño
Una de las gratas sorpresas del VI Festival de Teatro de Caracas 2017, organizado y producido por Fundarte, es un valioso paquete cultural de nueve espectáculos colombianos, de los cuales hemos visto dos hasta ahora y sobre ellos es que centramos esta primera reseña: Labio de Liebre y Donde se descompone las colas de los burros, resueltos por las agrupaciones Teatro Colón y Teatro Petra y Umbral Teatro, respectivamente,
PROLOGÓMENOS
Antes es conveniente informar que el teatro llegó a Colombia, durante la colonia española entre 1560 y 1820, pero solo se puede  hablar de teatro colombiano, exhibido  en Bogotá, en el edificio Coliseo hacia 1830, con temporadas de variopintos montajes y donde destacan, como curiosidad, que hombres interpretaban los papeles femeninos. Eso solo cambió hasta que en 1935 se creó la "Compañía mixta". Pero fue en el siglo XX cuando el teatro se extendió por todo el país llegando a Cali, Medellín, Cartagena y Popayán. En este momento surgieron otros actores, uno de ellos Luis Enrique Osorio, quien es considerado el fundador del teatro colombiano. Ya para después de 1950, surgieron compañías teatrales como el Teatro Escuela de Cali, el Teatro Popular de Bogotá, La Mamma de Bogotá, La Candelaria, entre otras. Fue justamente de estas agrupaciones de donde salieron grandes maestros del teatro como Enrique Buenaventura, Carlos José Reyes, Antonio Montaña y Santiago García. Ahora el teatro colombiano goza de identidad mundial y sus obras recorren el mundo entero.
LABIO DE LIEBRE
La pieza inaugural del VI Festival de Teatro de Caracas 2017 ha sido Labio de liebre, una impactante producción de los grupos colombianos Teatro Colón y Teatro Petra, escrita y dirigida por Fabio Rubiano, exhibida el viernes 21 y el sábado 22 en el teatro Municipal. Está fundamentada en las peripecias de Salvo Castello, un sangriento jefe paramilitar o líder de sicarios que pudo negociar sus condenas por los crímenes cometidos y pagar sus penas en el extranjero, pero hasta allá llegan fantasmas de sus víctimas a pedirle explicaciones y así atormentarlo hasta enloquecerlo.
Uno de esos fantasmas, demasiado vivos y expresivos, es un hombre con labio leporino, que popularmente se conoce como "labio de liebre" o "media jeta". Es una pieza, escrita, dirigida y protagonizada por Fabio Rubiano, el versátil director del Teatro Petra. El autor considera que su montaje propone una reflexión sobre el perdón y la venganza, propias de las tragedias: la que se espera que actúe a través de la conciencia del victimario; la misma que acosa al tío de Hamlet o al rey Macbeth con la presencia fantasmal de sus víctimas.
En Labio de liebre hay una familia, los Sosa, de cuatro campesinos a la que el protagonista ordenó masacrar, una familia que no está idealizada, pues la intención de Rubiano no es invitar al público a compadecerse de alguien, sino a que reflexione sobre aquello que se le muestra, algo que revuelve las entrañas del público colombiano o de todo aquel ser humano que rechaza la violencia sin son ni ton.
No está de más recordar que la violencia en Colombia impera desde mucho antes del 9 de abril de 1948, cuando mataron en la carrera séptima de Bogotá al líder popular Jorge Eliecer Gaitán. Esa violencia colombiana no es más que una sangrienta teatralización, sin maquillajes, de la milenaria lucha de clases de los poderosos contra los oprimidos, pero que en el vecino pais ha sido armada y criminal, sin mayores explicaciones culturales y aupada por los terratenientes, aunque los urbanos y cultos partidos políticos, de liberales y de conservadores, la maquillan para poder gobernar alternándose. El pueblo colombiano generó sus métodos de autodefensa, las guerrillas, y aunque ellas ahora negocien la paz, son muy pocos los que creen en tanta belleza o en ese teatro supuestamente culto cuyo guión es confuso. Otros colombianos cruzaron las fronteras pero miran siempre l retrovisor para ver cómo cambian o se agudizan las cosas de la patria que quedo atrás y que se lleva siempre en las suelas de los zapatos,
Analizar la realidad colombiana desde Venezuela no es fácil ni nada cómoda, especialmente cuando se salió de allá hace 48 años y se ha comido el pan o la arepa del inmigrante. Pero si conmueve ver en escena las peripecias de los que se quedaron e hicieron frente a su destino, a la espera de una redención que no llega ni llegará jamás si los pueblos no se alzan y toman el poder, por cualquier vía.
Este espectáculo, exhibido con algunos contratiempos por fallas en el sonido, atrapa al público por la magia de su presentación, por ese híbrido de teatro realista con teatro fantástico, y porque sus actores son algo más que profesionales, son colombianos paridos en esa tierra y que han vivido muchos de los hechos ahí mostrados.
Al final esta apuesta teatral, magnífica en su escenografía, su iluminación y en sus metáforas visuales (como la de los fantasmas que vomitan virutas de papel atragantados de injusticia) descubre cómo representar el dolor de Hécuba de una madre que sabe que van a matar a sus hijos, a la injusticia de saber que los hayan asesinado como a los animales, junto con sus animales. Y a aquello que no los deja descansar en paz: que el asesino los reconozca, los llame por sus nombres y recuerde la sevicia con la que terminó con sus vidas.
Para Rubiano, como lo ha declarado, es interesante ver cuál será la reacción del público y estar en Venezuela en este momento coyuntural y tan álgido que vive el país. “Creo que lo que hace la cultura es unir, no desunir, aparentemente hay una tensión ahora entre Colombia y Venezuela, pero uno se pregunta ‘¿qué me han hecho a mí los venezolanos?’ sobre todo en el ámbito cultural, y yo digo ‘nada’, ha habido las peleas de hermanos como se dan en cualquier familia”, dice Rubiano.
COLA DE LOS BURROS
 Una característica del teatro colombiano que verá el público venezolano es sus obras tocan siempre la temática de la violencia, como se materializa en Labios de liebre, y como se constata en Donde se descomponen la cola de los burros de Carolina Vivas y dirigida por Ignacio Rodríguez, donde se denuncia a las ejecuciones extrajudiciales, cometidas siempre con ciudadanos inocentes o simplemente sospechosos.
La saga teatral, en palabras de Vivas, se centra en Pedro Cangrejo, campesino desaparecido por el Ejército y cuyos secuaces tratan de hacerlo pasar por criminal y de la lucha de su madre para rescatar el cadáver y darle una cristiana sepultura, en medio del terrorífico clima social que crea el nocturno toque de queda. Es una denuncia concreta sobre los falsos positivos de la nación neogranadina, que han dejado más de 25.000 desaparecidos.
El hermoso y convincente espectáculo de Rodríguez, presentado en el teatro Bolívar, los días  sábado 22 y domingo 23 de abril, es de carácter  multidisciplinario, ya que combina la música en vivo, elementos multimedia como el mapping y un depurado teatro físico, hasta obtener  una hermosa y patética cantata, con imágenes poéticas y provocadoras sobre esta “tragedia contemporánea” a la colombiana, aunque eso de los “falsos positivos”, y hay que decirlo aquí, es una epidemia en todo el continente americano; donde aún hay autoridades interesadas únicamente en llenar estadísticas sin importarles si hay justicia de por medio o si son inocentes o culpables los ciudadanos que eliminan o desaparecen, porque lo que les interesa no es eso: sino la actividad depurativa realizada.
“Yo digo que no es la historia de unos padres a los que se les desaparece el hijo; digo que es la historia de un personaje que no está de acuerdo con el destino que se ha escrito para él”, ha dicho Vivas. “Nosotros creemos que la función del teatro es hacerse ese tipo de preguntas frente a una realidad tan cruda, pero al mismo tiempo poder buscar unos lenguajes y unas miradas que nos devuelvan puntos de vista distintos sobre el problema”, comenta Rodríguez.
Es una lástima que solo hayan tenido dos funciones porque la comunidad teatral venezolana debía de haberla disfrutado mucho más.Además, y me molesta reiterar esto,pero nada hay tan nacional, tan proveniente de las raíces de un pueblo,como su teatro.

lunes, abril 24, 2017

Camilo Torres en 13 cuerpos vivos

Su cadáver lo desaparecieron pero ahora revive en 13 actores colombianos
Camilo Torres Restrepo fue un célebre profesor universitario, sacerdote, político, rebelde y, por último, insurgente o guerrillero. Abordando la figura de un hombre representativo de la intelectualidad colombiana, la agrupación bogotana Teatro La Candelaria estrenó en 2015 la obra Camilo, de creación colectiva, bajo la dirección por Patricia Ariza, la cual ahora se exhibirá en el VI Festival de Teatro de Caracas, los días jueves 27 y viernes 28, en el teatro Nacional, a las 5:30 PM.
El Teatro La Candelaria montó esta pieza para conmemorar los 50 años de la muerte de Camilo Torres y de la celebración del medio siglo de vida de la agrupación. El cuerpo de Camilo está oculto, para sus seguidores “desaparecido”, y La Candelaria presta, como dice uno de los actores, su cuerpo para su búsqueda. y ahora el público venezolano la conocerá.
Cuando los artífices de la obra emprendieron este viaje, una de las razones que los impulsó fue la de tratar de entender a este complejo personaje que concentra en su vida un cúmulo de ricas contradicciones: el misticismo, la rebeldía, el amor y el sacrificio. Pensaron también que abordando estas contradicciones desde el teatro, podían ahondar en la comprensión tanto del hombre histórico como del conflicto social que vive Colombia. Camilo propone el amor eficaz hacia los otros  pero también vivió la dificultad de ejercer el “apostolado” o la militancia como un derecho legal y un acto de justicia. Por último, la obra plasma la decisión fatal de Camilo de rebelarse contra el establecimiento y vincularse a la insurgencia en la que muere en su primer y último combate. Ellos son Fernando Mendoza, Hernando Forero, César Badillo, Rafael Giraldo, Nohora González, Alexandra Escobar, Carmiña Martínez, Adelaida Otálora, Edith Laverde, Erika Guzmán, César Amezquita, Diego Vargas y Camilo Amórtegui.
CREACIÓN COLECTIVA
Curiosamente, el grupo teatral que creó el maestro Santiago García decidió plasmar sus visiones personales de Camilo, además de profundizar en elementos como la relación con su mamá y su dicotomía entre la Iglesia y la lucha armada. La pieza es el resultado de un proceso de creación colectiva en el que los artistas realizaron una exhaustiva investigación de la vida de Camilo Torres, consultando no solo material bibliográfico sino entrevistándose con personas que lo conocieron. Así nació una puesta en escena abstracta, llena de imágenes poéticas, música diseñada por Luis Hernando Forero y textos que reflejan la ideología del desaparecido personaje. “Nos parece que es un lenguaje muy contemporáneo –dijo Ariza al diario EL TIEMPO cuando se estrenó la obra–. Nosotros no estamos para contar una historia de comienzo a fin; eso lo puede hacer mejor la literatura u otros géneros. Entonces, es más como mostrar las facetas, lo que suscitan los momentos de ese personaje, sus pensamientos, etcétera”.
Patricia Ariza, directora del Teatro La Candelaria, conoció a Camilo Torres en una fiesta en Bogotá cuando ella tenía 16 años y usaba “collares ‘hippies’”. El ‘cura guerrillero’ vestía un pantalón negro y una camisa blanca. A su estatura imponente y sus ojos azulísimos, que llamaban la atención, se sumaba su discurso elocuente, encantador. “Tenía un carisma increíble”, dice Ariza y cuenta que la noche entera Torres había sido el centro de atención hablando de política, hasta que un borracho empezó a interrumpirlo con comentarios irónicos y agresivos. “Eso es pura paja…”, dice Ariza que el borracho repetía mientras seguía instigando a Torres. “Camilo se exasperó y retó al otro a pelear… la gente los separó… era un hombre de mucho carácter pero de una dulzura increíble”.
CANTERA DE CONTRADICCIONES
Camilo Torres aparecerá en el escenario del caraqueño teatro Nacional en el cuerpo de 13 actores o  trece personajes que serán al mismo tiempo el Camilo Torres que se ordenó sacerdote a los 25 años (en 1956), el que se hizo sociólogo en una universidad belga, el que ayudó a fundar la primera Facultad de Sociología en América Latina (la de la Universidad Nacional), el que volcó su trabajo a las clases obreras, a los estudiantes y a los más desfavorecidos. Los 13 serán Camilo el profesor, Camilo el activista, Camilo el opositor, Camilo el cura y Camilo el cura guerrillero que estuvo enlistado en las filas del ELN cuatro meses, –solo cuatro meses– antes de morir en su primer combate con el Ejército. Fue aquel 15 de febrero de 1966. Doce días después de cumplir 37 años.
“Es muy difícil definir a Camilo… Es un personaje con una cantera de contradicciones”, dice Ariza y ella misma deja entrever sus propias contradicciones frente al rumbo que Camilo Torres le dio a su vida. Dice, por ejemplo: “Yo pienso que si yo hubiera sido Camilo no me hubiera ido (para la guerrilla); él ya tenía una popularidad en los sectores urbanos enorme… pero no soy Camilo ni soy la persona llamada a hacerle un juicio”. Antes había hablado de la encrucijada en la que estaba el cura cuando decidió enfilarse en la guerrilla: la Iglesia y la universidad le habían dado la espalda, y su papel de líder del Frente Unido del Pueblo (movimiento que fundó en oposición al Frente Nacional) le había traído toda clase de amenazas. “No se trata de hacerle un juicio histórico a Camilo Torres”.
Ariza insiste en que esta obra revive a Torres “porque es un personaje muy representativo de la historia de Colombia, importantísimo, como Bolívar”. Repite que Camilo no será un banquillo para juzgarlo y condenarlo, porque “ese no es el trabajo del arte”. Y luego habla de los comentarios de los lectores que aparecieron en una revista   sobre el estreno de la obra. Dijeron que este sería el “homenaje” o la “apología” de un asesino; dijeron que “la herencia del cura Camilo Torres y toda la sangre derramada por estos bandidos” no merecía tener un espacio en el teatro.
“Esos comentarios a mí me parecen muy dolorosos, no me dan rabia sino que me producen mucha tristeza –dice–. El arte es un ejercicio de la libertad pero, además, es lamentable porque eso expresa la polarización en la que está este país. Yo creo que todos debemos trabajar por la paz y la justicia, que era la lucha de Camilo; yo creo que el legado de Camilo es su fe en la justicia y en la paz”.
Ya en el pasado, con la obra Guadalupe, años sin cuenta (dirigida por Santiago García), que narra el surgimiento de las guerrillas liberales en el país, habían sido duramente criticados. Pero el tiempo les dio la razón: luego de 14 años en escena, esta llegó a ser catalogada como la obra más vista en el siglo XX en Colombia, y una de las más importantes en la historia del teatro del país.Esa obra se mostró en el teatro Cristo Rey,en el 23 de Enero,hace algunos años.
NO SON APOLOGÍA A LA GUERRA
“No son obras que llamen a la guerra. Nosotros no hacemos eso… Tanto Guadalupe ...(Salcedo, comandante de las guerrillas del llano) como Camilo son personajes que encarnan una época. Torres encarna los años 60 que es la época de la utopía, también de la aparición de las insurgencias de América Latina. Y es importante entender eso. Comprender lo que está sucediendo a través de las ciencias, de los historiadores y del arte”, ha dicho Ariza.



Gerardo y Secundino siguen juntos

Gerardo nunca olvida.
El escultor venezolano Gerardo Fernández inaugurará una exposición titulada Dos recorridos en el universo del arte venezolano, el sábado 29 de abril a las 11:00 a.m,  en su galería-taller  ubicada en el Hatillo,  donde exhibirá su  trabajo junto a una selección de obras del artista español-venezolano Secundino Rivera (1932-2013), con quien sostuvo una relación de amistad y simbiosis en la búsqueda  plástica de su propuesta creativa.
Conformada por un conjunto de piezas bidimensionales y tridimensionales  de diferentes formatos, esta muestra permanecerá  hasta el 27 de mayo, como un homenaje  a  esa amistad de más de treinta años que se prolongó hasta la muerte de Secundino, según afirma el propio Gerardo Fernández.
Con una fundición ejemplar y una amplia producción de piezas  en bronce y aluminio, Fernández ha desarrollado una obra de corte minimalista y lúdica, con escaladores y niños en distintos juegos, desafiando la gravedad para ascender”, tal y como lo señala la curadora Fina Weitz en el texto que acompaña la exposición.
“Picaportes, frutas, insectos, caballos, acróbatas y figuras humanas de distintas dimensiones y en distintas técnicas, representan  la búsqueda de una identidad propia, en el perfeccionamiento de la forma, el color y la técnica”.
Nacido en Caracas en 1966, Gerardo Fernández incursionó en el arte de la fundición en los años 80 y un tiempo después  instaló su taller  en La Unión. Tomó cursos de fundición en San Juan de Los Morros, Caracas y Madrid (España), además de estudiar escultura en el Grupo TAO y en la Escuela de Artes Visuales  Cristóbal Rojas. Su obra ha sido exhibida  en  el espacio museístico de la Galería de Arte Nacional, GAN, y en las principales galerías de Caracas, así como en la Galería Orinoco de Costa Rica.
Por su parte Secundino Rivera se destacó como un maestro del dibujo, la pintura y la escultura, centrando su obra  en torno a la tauromaquia, el Quijote, el erotismo femenino, la maternidad y los paisajes venezolanos, destacándose su aporte especial a la geografía de El Ávila.
Desarrolló una vasta obra a lo largo de cinco décadas y vivió su trabajo a través de la indagación permanente, del humor y la ironía -según palabras de Fina Weitz-dejando como herencia una estela de conocimientos a las nuevas generaciones, en el trazo, uso y manejo del color, el claroscuro, el volumen en el espacio y las texturas.
Secundino Rivera nació en España en 1932, a sus 23 años emigra a Venezuela,  e inicia su formación en las artes visuales en 1959. Mas tarde se traslada a París para asistir a las Escuelas de Beaux Arts y de La Ville. Asímismo realiza una importante actividad en el Museo del Louvre,  analizando y realizando copias de obras maestras del Renacimiento y del período Barroco. En 1972 regresa a Caracas, instala su taller y se vincula a la actividad plástica del país.
Entre 2003 y 2010 residió en el municipio español Olmeda de Las Fuentes,  en el cual una de sus  calles recibió en su honor el nombre “Pintor Secundino Rivera. Sus últimos años los pasó entre Venezuela y España, donde falleció en 2013.
El público podrá apreciar la obra de estos dos artistas, a través la exposición  Dos recorridos en el universo del arte venezolano , que se estará presentando del 29 de abril al 27 de mayo en la galería-.taller Gerardo Fernández, ubicada en la carretera La Unión, sector el manguito calle el otro lado, taller de esculturas Gerardo Fernández, Municipio El Hatillo, en horario  de lunes a jueves de 8:00 am a 5:00 pm, viernes y sábado de 9:00 am  a 3:00 pm . La entrada es libre.