El malentendido camusino, clásico en su estructura, presenta a Jan que ha retornado, después de 20 años, al hotel que regentan su madre y su hermana Marta, pero no se presenta como quien es y adopta otra personalidad, sin sospechar que esa noche será envenenado y robado por esas dos mujeres, tal como lo habían hecho en anteriores ocasiones. El epílogo muestra a la esposa de Jan revelando a Marta que Jan es su hermano, pero ya es tarde, están condenados no tienen ayuda ni salvación, sólo deben esperar al desenlace final.
Esta obra, a mala hora, ha sido utilizada para un fin de curso del Centro de Formación e Investigación Actoral del Taller Experimental de Teatro (TET), la cohorte 2004-2006. Porque a la dirección, encomendada a Santiago Sánchez, le dio por hacer un salpicón con el texto camusino. Sí, lo picó entre los nueve actores, quienes intentan encarnar (mejor dicho: repiten sus minitextos), alternándose los cinco personajes de la pieza. Eso no permite evaluar ninguna de las caracterizaciones, porque todos se limitan a tirar sus líneas, volver a sus butacas y esperar que les toque el turno para volver a escena. Eso, que puede funcionar en el cine o con otro texto teatral es intragable con una pieza de carga filosófica como El malentendido. Ahí malentendieron la esencia del texto. ¡Oh libertad de creación cuántos crímenes se cometen en tu nombre!
Mónica Quintero, Mariela Reyes, Héctor Castro, Lya Bonilla, Ángel Ordaz, Louani Rivero, Jariana Armas, Romer Negrón y Desirée Lárez son los graduandos. A ellos les recomendamos que se pongan de acuerdo, ya que se saben el texto y pueden hacer la obra con tres elencos y exhibirla durante uno o tres fines de semana. Una formula para que sus familias y allegados los vean en todas las etapas de la pieza, la cual tiene además gran vigencia por la absurdidad de sus personajes y la desesperanza en que ellos transitan.
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