Pero el Rajatabla de “Paco” está pasando más trabajos que ratón en ferretería y tal como avanzan las cosas solo le queda combustible para festejar su 40 aniversario, el próximo 28 de febrero. Es posible que la agrupación, reducida al mínimo en su aparato administrativo y actoral, deje de funcionar o hiberne a la espera de otros tiempos. Muy pocas cosas de las que inventamos los seres humanos son imperecederas o capaces de desafiar al tiempo.
Balance innegable
Cansado físicamente y dolido por injusticias y olvidos, “Paco” no ha conseguido un estatuto que legalice la presencia de Rajatabla en el edificio que ocupa desde hace largos 35 años, aunque, gracias a la gestión de la rectora de Unearte, Emma Elinor Cesín, hay un acuerdo para estabilizar su permanencia. Pero al menos está satisfecho porque durante su gestión ha producido 56 espectáculos y entregado 12 promociones del Taller Nacional de Teatro, la escuelita que Giménez fundó y donde han formado unos 240 intérpretes, algunos de los cuales ya destacan.
También, “Paco” ha organizado otra muestra de teatro, para lo cual hizo un concurso de donde seleccionaron siete piezas, que serán montadas en lo que resta del año y culminará durante el primer trimestre del 2011.Honor a mis padres (Elio Palencia), Mi reino por un sueño (José Antonio Barrios), Yo soy John Lennon (Paúl Salazar), Agridulce (Glener Morales), El robo de la arrobita (Carmen García Vilar), El más mejor (Roberto Azuaje) y Nosotras ( Marisabel Dávila Lobo) son las obras que mostrará Rajatabla.
Nosotras
Esta muestra de teatro ya comenzó con la pieza Nosotras, dirigida por José Domínguez y donde ahí participan: Danique Weil, Lindsay Penagos, Mayela Hernández, María Hernández Julio, Caroline Cruz, Laura López, Karen Beatriz, Evelia Di Genaro y Saraí Pérez. La escenografía, vestuario e iluminación son de Adán Bueno.
Nosotras, nacida de la tesis de grado que Marisabel Dávila Lobos hizo sobre la vida y la poesía de Sylvia Plath, pretende mostrar el mundo femenino a través de la visión de la poetiza que se suicidó a los 30 años. Pero ello creó una de las paradojas más repetidas de la sociedad: con la muerte el mito cobra vida y su poesía emerge hasta situarla como una estación de culto y veneración por los que la sobreviven.
Es una pieza experimental que sacrifica la teatralidad en nombre de la poesía, lo cual afecta la “digestión” del espectáculo: una ambiciosa puesta en escena que no atrapa al público por excesos literarios y la carencia de estructura dramática, un ritual poético con una atmosfera onírica y soporífera. ¡Sube el telón, baja el telón!
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