jueves, febrero 02, 2006

Auschwitz

No se pueden aceptar discriminaciones por razas, religiones o credos o ideologías políticas, sexos o conductas sexuales, condiciones sociales o todas aquellas que, en general, tengan como único objetivo anular o menoscabar los derechos y libertades de toda persona, así reza el artículo 21 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Lamentablemente eso no se cumple a cabalidad y hay constantes violaciones de esa norma, por lo que es un deber ciudadano denunciarlas porque sí hoy se persigue a un mujer por negra o afroamericana, nadie se extrañe de que mañana sea una vasca, o que se le caiga a piedras a un musulmán o un budista por el colorido de sus atuendos, o posiblemente se dispare contra el testigo de uno de esos vejámenes. Nadie, pues, está blindado o protegido ante las eventuales violaciones de sus derechos humanos, aunque esté plasmado en la Carta Magna, y para ello hay que estar alerta y gritarlo cuando se conozca para que nunca más vuelva a ocurrir... y si eso no sirve habrá que organizarse para la defensa misma de la vida.! ¿Algún día se podrá superar la segunda Edad Media en que vive esta civilización!?
Recordamos esto porque hemos visto el espectáculo Número 174517 Auschwitz, el pasado domingo en la Sinagoga de San Bernardino. Es un estrujante monólogo, creado y actuado por el primer actor Omar Gonzalo, a partir del libro Si esto es un hombre de Primo Levi, el cual, como su título lo expresa, alude a uno de los tantos horrores que desataron los nacionalsocialistas durante la pasada Segunda Guerra Mundial, pero en especial contra el pueblo judío por un odio irracional de sus líderes con Adolfo Hitler a la cabeza.
Esta puntual producción de Benjamín Cohen y la dirección de Cultura de la Unión Israelita de Caracas, Número 174517 Auschwitz, es una audaz creación de Omar Gonzalo como versionista del libro de Primo Levi, uno de los pocos judíos sobrevivientes de esos sórdidos campos de concentración que crearon los nazis para hacer posible “la solución final”, que no era otra cosa que el exterminio de todas las razas que no fuesen arias, de un inenarrable holocausto donde los hijos de David llevaron la peor parte. Pero por más juicios que se le hicieron a los carniceros alemanes, se perdieron algo así como seis millones de personas cuyo único delito era haber nacido en un hogar hebreo.Ver ese híbrido de conmovedora lectura dramatizada y alucinante actuación desgarrada que utiliza Omar Gonzalo para llegar al público y hacerle sentir el horror que vivió Primo Levi y otros miles de judíos en Auschwitz, es tener que aceptar que sí hubo seres humanos que superaron a las bestias con su barbarie, una gente que se olvidó no sólo de Dios sino también de la posibilidad de que el resto de la humanidad les pasara factura y los llevara al cadalso como en efecto ocurrió.
La pieza que ha logrado Omar Gonzalo captura los relatos esenciales del libro Si esto es un hombre, en especial los relativos a la no-vida en las ergástulas donde recluyeron a los esclavos judíos y hace énfasis en el carácter indomable de su protagonista, Primo Levi, para sobrevivir en aquel infierno y convertirse así, por paradojas del destino, en el más famoso superviviente de Auschwitz, porque no sólo pudo contarlo sino que luchó para hacerlo conocer y gritar una y otra vez: Nunca más.
Hay momentos de tal crudeza en Número 174517 Auschwitz que el más avezado espectador puede tener convulsiones en su estómago, porque lo que está escuchando o mostrando no es ficción, sino una serie de hechos reales que eran ignorados en América, o que aún son desconocidos o incluso pretenden negarlos ahora . No se trata de un teatro más. Es una crónica desde un infierno inventado por seres convertidos en bestias, desgraciados seres que después pagaron con sus vidas tales maldades, pero cuya semilla esta ahí, dispersa y esperando volver a germinar, porque los odios y los resentimientos aún anidan en la mayoría de las sociedades y pueden emerger en cualquier momento, bien por la manipulación de gobernantes inescrupulosos o por falsos intelectuales. De ahí la importancia de predicar el respeto a los derechos humanos e internalizarlos, porque si hoy no defiendes a tu vecino, mañana tendrás que hacerte matar por tu familia si desaparecen las barreras a las discriminaciones.

lunes, enero 30, 2006

Condecorado

¿Cuántas condecoraciones se imponen a diario en el mundo para premiar o reconocer el trabajo de servidores públicos, guerreros, intelectuales y artistas, o a los más modestos maestros o bedeles de las grandes urbes? Esa es una pregunta capaz de reventar a los concursantes de esos sórdidos concursos de “sabiduría” que organizan las aburridoras televisoras. Por supuesto que ese dato todavía no está en ninguno de los buscadores del ciberespacio, pero cuando se conozca tendremos que enmendar el encabezamiento de esta crítica que con sumo placer hacemos sobre la pieza teatral latinoamericana Condecorado, del artista argentino Alberto Ravara, la cual se estrenó en el marco del VI Foro Social Mundial y fue exhibida, por ahora, en una única función en la Casa del Artista.
Condecorado no es grata para nadie. Alude precisamente al latinoamericano Cosme Marichalar Aldave, quien ha sido sacado del asilo o nosocomio de ancianos, donde está recluido, para recibir una medalla por los servicios prestados a la paz en una nación centroamericana. No habla ni muestra revoluciones, fusilamientos o torturas. No recuerda a desaparecidos ni nada de esa aterradora parafernalia informativa de los últimos 50 años en este balcanizado continente. Eso, sí le recuerda al público los pro y los contras de la prolongada finitud de la vida, el ocaso de los humanos o sea esa triste o nostálgica edad dorada de quienes llegan a la senectud, cuando los días y las noches los sorprendan hiriendo los cansados ojos con luces o colores que les anuncian que aún viven y que la imaginación los seguirá torturando hasta que llegue la inminente partida.
No es Ravara (Trenque Lauquen, 1952) un émulo de Ionesco o Beckett, pero por “ahí van los tiros”. Su pieza, del más puro existencialismo ateo, sumerge al espectador especializado en uno de esos tantos textos del teatro del absurdo, donde un viejo desafía siempre a la naturaleza y trata de enseñar una moraleja a los que continúan vivos. En algunos momentos, el protagonista nos recuerda al shakespeareano viejo Próspero en la inmensidad de la mar embravecida y acompañado de sus mágicos personajes. Es, pues, un texto con hondos contenidos filosóficos y múltiples interrogantes, como lo hizo Carlos Gorostiza en Aeroplano.
El drama patético de Cosme Marichalar Aldave lamentándose de lo que fue su vida y de cómo la sociedad le pagó o lo premió, es una invitación a reflexionar sobre el sinsentido de la vida humana dentro de una sociedad que norma todos los actos de sus ciudadanos desde que nacen hasta que llegan a la edad del retiro, cuando se convierten en un estorbo porque ya no son útiles o no producen ninguna riqueza para ese inmenso ídolo de oro que es el mercado o el Estado. ¿Cambiará eso en una sociedad menos deshumanizada? ¿La humanidad será otra al alcanzar la utopía del comunismo que advertían los griegos? ¡Quizás no estemos vivos para vivirlo o conocerlo cuando sea posible!
Es, pues, Condecorado un grito de protesta contra la deshumanización presente en todos los sistemas sociales, los cuales han pretendido resolver el problema del pan diario, pero olvidándose de que no sólo de pan vive el hombre. Ésa fue la lectura que hicimos del texto original y la cual reafirmamos con la maltrecha puesta en escena adelantada por el mismo autor
Condecorado, actuada por Alexander D´Leon, Simón Salcedo, Enrique Reyes y María Antonieta Coronado, tiene una puesta en escena extraña. No se fue por los concretos caminos del minimalismo escénico, ése que podría haber reducido el montaje a dos actores naufragados en la soledad del escenario y acompañados por sus textos y mínimas tareas físicas de hombres mayores. El autor-director creó todo un vendaval de imágenes y situaciones oníricas para el protagonista y su leal compañero “viejo Arturo”, las cuales conspiraron contra la misma claridad del discurso, al robarle escena al protagonista y su lacerante verbo. No es que la puesta sea mala o equivocada. No, pero sí debe ser controlada mucho más, o depurada lo suficiente, para que no compita con el show existencial de Cosme Marichalar Aldave, el cual debe llegar nítido y con su “verista” actuación al espectador. Las palabras deben sobreponerse a las imágenes en este caso y no ser aplastadas.

viernes, enero 27, 2006

Muñequita linda

Luis Brito García (Caracas, 1940) no ha pretendido ser una versión venezolana del renacentista Giovanni Pico della Mirandola (1463-1494), pero sí es un escritor comprometido, dentro de la más pura concepción sartreana, con su tiempo y su país tercermundista.
Eso lo hemos deducido tras ver la versión que hizo y representó el director Hernán Marcano de su pieza teatral Muñequita linda, un girón de la historia venezolana que el autor ha utilizado para proponer además una lectura sobre cómo son los avatares políticos en Venezuela y la imposibilidad de sus ciudadanos o habitantes para escaparse de los tejemanejes trágicos de la política como tal.
Pero antes de analizar la pieza, sus contenidos y su importancia, es vital destacar que se trata de un espectáculo producido y exhibido, con mucha dignidad, por la agrupación Teatro del Magisterio (fundado hace 10 años), lo cual replantea la importancia que tienen los elencos universitarios en la difusión de las artes escénicas del país, una historia que tiene páginas gloriosas, especialmente durante los años 50,60 y 70, del siglo pasado con el Teatro Universitario de la UCV, sin contar lo que después significaron las actividades histriónicas en la Ucab, desde los tiempos de Marcos Reyes Andrade, las cuales no han desfallecido además. Hay toda una historiografía irredenta de los teatros universitarios que tendrá que ser rescatada por los que pretendan escribir sobre la saga del teatro venezolano, ya que de los claustros salieron autores, actores y directores de valía.
Con respecto al Teatro del Magisterio, perteneciente al Instituto de Mejoramiento Profesional del Magisterio, de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador, bajo la conducción de Hernán Marcano, se abocó a la exhibición de Muñequita linda, precisamente en unos tiempos cuando la población pensante del país mira con preocupación o interés cómo la comunidad en general se crispa ante una serie de decisiones gubernamentales que afectan a todo el colectivo y lo único que puede hacer es rumiar su soledad y tornarse melancólica.
Brito García, que además de escribir bien, tiene una clara ideología y línea de acción política vinculada con el poder actual, aclara en el programa de mano de su obra teatral, que “la única crónica de los cuarenta que perdura hoy es la de los que nunca tuvieron ni siquiera el poder. La del lacerante amor de Aquiles Nazca hacia las maestras y las vendedoras de dulces; la rocambolesca invención de los reporteros que convirtieron en leyendas una iluminada que Dios envió a Sarría a anunciar el fin del mundo, un nudista que escalaba los tejados para sobar a las señoritas dormidas, y una muchacha que mató a su novio en defensa de su honor. Los cuarenta son el último y tierno salido de la aldea, que se despide para no volverse memoria, es más intensa mientras más se vuelve hacia lo sosegado, hacia lo mínimo”.
Y eso es Muñequita linda: una ventana hacia la vida caraqueña del pasado reciente, de los años 40 y 50, una reflexión sobre la situación de las mujeres en una sociedad que no acepta la igualdad de los sexos y que aún en los primeros años del siglo XXI se resiste a ese cambio, que es suficiente no sóo para el desarrollo económico sino espiritual del colectivo.
Muñequita linda es una historia de amor con final trágico, donde una mujer se enamora y liquida al objeto de su pasión porque le incumple lo prometido. Todo esto en medio de los ajetreos de sórdidos empresarios y políticos dedicados a sacar a Medina Angarita, a Gallegos y después a Pérez Jiménez, porque la renta petrolera era el verdadero gran tesoro de la cueva de Ali Babá. La metáfora es obvia, siempre y cuando el espectador avance críticamente en esa especie de “telenovela teatral”.
El montaje atrapa por el conjunto interpretativo porque se trata de comediantes no profesionales, aunque muchos de ellos tienen talento para cultivar. Es el caso de Yamil López, Teresa Rada, Ingrid Guevara, Luis Chacón y José Ignacio Pulido.
El trabajo de la versión y la puesta en escena es una tarea depurada de Hernán Marcano, todo un veterano de las lides escénicas, que en esta ocasión luce creativo y con muy buen concepto del ritmo escénico, para obtener un espectáculo sorpresivo y con una evidente carga de advertencia política para esta época

jueves, enero 19, 2006

Los reales para el teatro

Los teatreros venezolanos, con pocas excepciones, no leen cotidianamente los periódicos nacionales ni tampoco revisan la Gaceta Oficial. Se enteran de los cambios por chismes o por patéticas llamadas telefónicas. Pocos saben a tiempo de aquellas decisiones claves para su devenir artístico, lo cual es nefasto porque ellos no pueden estar al margen de las informaciones que les atañen, las cuales prácticamente son todas. Es por eso que siempre andan retardados en sus decisiones o sin ponerse al día en las alteraciones o en las revoluciones que afectan seriamente sus relaciones con el Estado o con el gobierno de turno. Viven con la cabeza en otros mundos y no donde tienen los pies. ¡Eso no sucede ni en el más obtuso teatro del absurdo, pero si en la realidad criolla!
Afirmamos esto porque desde el pasado 3 de enero hemos repetido verbalmente o enviado por vía email lo publicado en este periódico de esa fecha. Nos referimos a una entrevista con el principal operador cultural, o sea el Ministerio de la Cultura, en la persona de Francisco de Asís Sesto Novás. Él, muy comedidamente, le recordó a teatreros y artistas en general que ya está consolidado el ministerio a su cargo, el cual además está compuesto de “ocho plataformas”, que a su vez engloban las 32 instituciones culturales de la Nación. Están ahí todos los que tienen que ver con el aparato cultural oficial.
“Farruco” Sesto enfatizó que ya está creado y en funciones el Instituto de Artes Escénicas y Musicales (Iaem), a cargo de Silvia Díaz Alvarado, responsable de políticas y demás planteamientos en las áreas de teatro, danza y música, el cual manejará un presupuesto no menor de 59 millardos de bolívares.
Reiteró el ministro de Cultura que hay notables cambios en la metodología para la distribución de los financiamientos o subsidios culturales para el 2006, pues fue eliminada la rendición de cuentas, la cual era una verdadera pesadilla y además no impedía las trampas. Ahora se suscribirá un contrato o convenio entre el Estado y el grupo artístico para la prestación de un servicio o la elaboración de un producto. Ya no se rendirá cómo se usó el dinero recibido, sino que se presentará el trabajo acordado y con la calidad adecuada. “Ya no será una simple rendición de cuentas, sino la comprobada y calificada exhibición de un producto”.
“Farruco” Sesto advirtió que el Estado y los artistas tendrán que ponerse de acuerdo sobre los proyectos que serán financiados, porque “lo que busca el Ministerio de la Cultura es que sean trabajos útiles para la vida pública y la comunidad. No tiene nada que ver con controles ideológicos o políticos, nada de eso; pero esos trabajos artísticos sí deben responder u obedecer a las necesidades de la comunidad”.
Este cambio en la metodología para los subsidios, impondrá una serie de reuniones entre el Estado y los artistas porque se trata de la entrega de un contrato de servicio, que en este caso la mercancía es teatral. De las habilidades y las respectivas inteligencias de las partes se espera que el público o la comunidad salga favorecido. Las agrupaciones que acepten esos contratos y sus respectivas condiciones, podrán presentar sus montajes y cobrar los respectivos boletos o hacerlo gratuitamente.
Este cambio que ahora orquesta el Ministerio de la Cultura es un avance en esas relaciones del Estado con los artistas, las cuales han terminado por ser vitales. Ojalá que la sensatez, de parte y parte, impere y no haya excesos.
No hay que olvidar que desde 1936, el Estado venezolano puso sus bolívares al servicio del teatro. A lo largo del siglo XX y en lo que va de esta convulsa centuria ha cumplido con sus aportes, subsidios o financiamientos para las disciplinas escénicas y artísticas en general. Y la mayoría de los artistas se han beneficiado o despilfarrado lo recibido, mientras que el público, que no tiene un organismo para ejercer una contraloría social de lo que esos creadores hacen y difunden, consume o rechaza lo llevado a la escena con los dineros públicos, o se escapa hacia el otro teatro, mal llamado comercial, pero que resulta más divertido o más contemporáneo, como lo ha demostrado el Ateneo de Caracas en los últimos años al albergar espectáculos de matices comerciales compitiendo con el Teatro Trasnocho y con el histórico Teatro Chacaíto. ¡Cosas veredes Sancho!

jueves, enero 12, 2006

Erótico

La temporada teatral 2006 avanza tímidamente. Hasta hoy, sólo una pieza destaca en la cartelera. Se trata de la revista musical erótica ¡Oh,Caracas!/El otro lado de tu cama la cual se exhibe en la sala Anna Julia Rojas, del Ateneo, donde se estrenó el pasado 15 de diciembre, y la cual, por los vientos que soplan, o por la demanda del público, permanecerá hasta finales del próximo marzo.
¡Oh, Caracas! es un audaz experimento del productor Esteban Trapiello y del director artístico Rodolfo Drago, con los respaldos técnicos del coreógrafo Henry Landa y el músico Jorge Spiteri. Se hizo para darle a los venezolanos un espectáculo que rememora al exógeno montaje ¡Oh, Calcuta! creado a partir de una idea del crítico Ken Tynan, el cual además de causar furor en el Reino Unido y Estados Unidos a lo largo de los años 70 y 80, el cual se escenificó aquí en una ajustada versión, donde participaron, entre otros, Agustín Torrealba y Haydé Balza.
Pero este producto cultural del siglo XXI es otra cosa. Se trata de una plausible aventura artística, cuya concepción teórica es de Trapiello, la cual se inició con siete escritores, 12 cantantes y una cantante, cuya duración escénica se acercaba a las tres horas. Pero al cabo de un mes, ¡oh, maravilla de las tijeras!, el espectáculo quedó reducido a 90 minutos, con menos autores y actores. Despiadada poda que ni el mismo Carlos Giménez en sus mejores tiempos habría realizado por los riesgos que se corren en depuraciones de esa índole.
Se podría decir, una vez más, que la confrontación del montaje original con el público que lo vio hasta el 30 de diciembre, además de la autocrítica del productor y el director, ayudó a depurar la puesta en escena, al tiempo que se eliminaron dos cuadros y despidieron a tres actores. El nuevo -y esperamos que sea el definitivo- ¡Oh,Caracas! tiene los cuadros de Javier Vidal (”Desnudos en el hall”, el mejor de todos, y es el que le da la clave reflexiva sobre la razón o la sinrazón del desnudo artístico), Johnny Gavlosky, José Gabriel Núñez y Atamaica Nazoa (toda una diestra erotómana), además de los agudos entremeses de Armando José Sequera, y una serie de correctas coreografías con actores bailarines y dos intervenciones del talentoso cantante joven Keiser.
No es fácil hacer una revista musical erótica en Venezuela. No abundan los autores capaces o interesados en producir textos auténticamente eróticos, ni tampoco cunden los actores y actrices dispuestos a desnudarse en un escenario por detalles que no son morales sino simplemente estéticos, los cuales van desde las dimensiones anatómicas hasta la estética del desnudo como tal; esto, por supuesto, es más complejo entre los varones, pero no sucede lo mismo con las mujeres, quienes gracias a las cirugías y los implantes apropiados pueden cambiar notablemente sus medidas, entre otras cosas.
Después de haber visto dos funciones de la primera versión y una de la segunda, hay que reconocer que la gran revelación ha sido la aplomada y creativa dirección artística lograda por Rodolfo Drago, veterano actor y director de comedias que se estaba reservando para este montaje erótico, pues tuvo que crearle didascalias a los textos, capacitar el elenco a lo largo de cuatro meses y, por si fuera poco, darle el ritmo ágil y sin alteraciones que exige un revista musical, la cual está orientada, fundamentalmente, a impactar los sentidos del público con el lenguaje erótico, las situaciones comprometidas y los desnudos frontales y traseros del elenco.
Este ¡Oh,Caracas! ha servido también para ponderar el mercado de actores y actrices dispuesto a desnudarse... siempre y cuando haya una oferta salarial atractiva, lo cual es un bálsamo para las críticas moralistas y un pago para unas cuantas correcciones estéticas. Lo que resulta aleccionador de este experimento artístico es que pone en tela de juicio la capacidad de los escritores criollos para crear textos verdaderamente eróticos, ya que la mayoría no superan los niveles de los programas cómicos de televisión. Creíamos que la dramaturgia criolla era más solvente en sus temas y en sus técnicas, pero no es así. Al parecer, los niveles de exigencia no eran precisamente los de escribir para espectáculos donde el erotismo fuese el lenguaje básico. ¡Los tiempos cambian!

jueves, enero 05, 2006

Cabrujas vive

La primera década de la desaparición de José Ignacio Cabrujas (1937-1995) fue un buen pretexto para que respetables instituciones como Grupo Actoral 80 y Theja se lucieran con sendos espectáculos, los cuales al final de cuentas resultaron ser los mejores o los más importantes de la temporada 2005. El día que me quieras subió a escena bajo la dirección de Juan Gené e hizo una larga temporada en la Sala de Conciertos del Ateneo de Caracas, mientras que Autorretrato de artista con barba y pumpá era remontada por José Simón Escalona en el Teatro Alberto de Paz y Mateos.
El día que me quieras, con la nueva lectura escénica de Gené, continúa siendo una bella historia de amor con final difícil o abierto o confuso, la cual muestra el sufrimiento de unas mujeres sometidas a los designios de unos machos de fin de semana y del eterno deambular ideológico de los que se asumen como intelectuales izquierdistas en las repúblicas tropicales. Es una feroz diatriba contra todos los intentos por embozalar las ideas libertarias y es una exaltación más del amor sin tapujos e intereses, donde la presencia de Carlos Gardel es un delicioso pretexto. Se trata, pues, de una obra polisémica y cuyos significados sociopolíticos son de gran vigencia para estos tiempos bolivarianos.Pío Miranda (Héctor Manrique), Plácido Ancizar (Basilio Álvarez) y Carlos Gardel (Iván Tamayo), como también María Cristina Lozada, Gladys Prince y Marta Estrada, además de Juan Carlos Ogando, fueron los aplomados intérpretes que le dieron vida a esa prédica de Cabrujas que reivindica a las pacientes y sacrificadas mujeres venezolanas. Es el homenaje a la madre de Pío Miranda, quien se suicidó por un atraso en su pensión y con ello catapultó a su hijo hacia el comunismo.
Autorretrato de artista con barba y pumpá en la reposición que Escalona hizo para el 2005, porque él la estreno hacia 1990, rescató ahora sí la poesía del personaje Armando Reverón, el anciano y enloquecido pintor en el asilo psiquiátrico, y lo mostró en una fantástica etapa delirante de su insania mental, en una especie de recuento de lo que había sido su vida,con sus amores y desatinos, además de la lastimosa etapa final. Es una obra extraña porque propone al célebre artista como un ejemplo de todos los creadores que como él son explotados y manipulados por las sociedades en que viven. De cierta manera hay un paralelo existencial entre este personaje del mundo de la plástica y el autor, una creador del mundo de las comunicaciones, quien había sido explotado o esquilmado por las empresas hasta el momento de su muerte, trágicamente en Porlamar.
Pero si el contenido de Autorretrato de artista con barba y pumpá puede resultar confuso o simplemente anecdótico, queda para el espectador las delicias de un espectáculo múltiple,de un verdadero derroche de creatividad por parte del puestista Escalona, apuntalado en el trabajo de sus actores, especialmente en la perfomance poética de Javier Vidal, quien compuso al histórico anciano y ruinoso Armando Reverón como un ser juvenil y pletórico de vida, una contralectura a lo convencional o tradicional que se ha escrito del personaje.
En síntesis, Cabrujas fue el mejor autor del año 2005. Todavía su teatro está vivo y ojalá que así sea por muchos años, ya que su pensamiento es todavía guía de acción para estos tiempos difíciles.
También hay que recordar al montaje que dirigió Héctor Manrique en ocasión del 60 aniversario de los tres bombardeos atómicos estadounidenses en Japón. Con Copenhague de Michael Frayn, los caraqueños se pudieron enterar de las intimidades de dos grandes científicos que de alguna manera estaban en el proceso de creación de los artefactos nucleares.
El otro aspecto notable de la temporada 2005 es la insurgencia de Mimí Lazo y Esteban Trapiello en la producción de espectáculos teatrales, sin contar con el apoyo financiero del Estado. Ambos estuvieron en el Ateneo de Caracas y les correspondió abrir y cerrar la temporada con el unipersonal No seré feliz, pero tengo marido y la revista musical erótica ¡Oh,Caracas! El público se volcó a verlos.
Imposible cerrar esta crónica sin recordar al director Costa Palamides por la calidad de los espectáculos que le vimos a lo largo del 2005. ¡Viene despacio pero con fuerza!

martes, enero 03, 2006

Habrá más libros y más cine

EsteEste 2006 será un año muy intenso para todas las actividades culturales aupadas por el Estado. Pero en especial el Ministerio de la Cultura tendrá dos líneas de acción sumamente importantes: el cine y el libro.Tales anuncios los hizo el titular del despacho cultural, Francisco de Asís Sesto Novás, en la última semana del pasado diciembre.
Farruco Sesto, como se le denomina popularmente, dijo que durante este año el Estado participará mucho más en la producción de dos importantes manifestaciones culturales: en el cine o el audiovisual y en los libros. “Nos vimos en la necesidad de inventar una estrategia para que el Estado incidiera o cambiara las reglas del juego cultural y poder así masificar la producción y la distribución de los libros, y por eso se harán más ediciones masivas. Lo que se busca es hacer de Venezuela un país de lectores y escritores, y en el caso del cine también queremos hacer lo mismo. Es por eso que vamos a tener unos estudios para todos los aspectos de la producción y la posproducción. Todo eso se encamina por la puesta en marcha de la Villa del Cine, en Guarenas, y la editorial “El perro y la rana”, que será del Ministerio de la Cultura. El trabajo de esa editorial no colidirá con ninguna de las instituciones similares que tiene el Estado, como son Monte Ávila y la Biblioteca Ayacucho”.
-¿Qué meta editorial se proponen?
-Pensamos que los libros de la editorial “El perro y la rana”, en la cual se hizo una inversión de nueve millardos de bolívares, más lo que hace Monte Ávila y la Biblioteca Ayacucho, además de las publicaciones de los entes culturales estatales y las privadas que el Estado financia, tendremos un promedio de 400 libros por año. A eso hay que agregar la cadena de librerías Kuai-Mare, con la cual pretendemos llegar a todos los municipios venezolanos.
-¿Qué pasará con el cine?
-Arrancamos con El Caracazo, de Román Chalbaud, y tenemos en marcha a no menos de 300 audiovisuales, los cuales también irán a la televisión. Estamos avanzando muchísimo en la producción cinematográfica.
Balance institucional
-¿Qué pasó durante el 2005?
-En el 2005 se lograron varias metas, una de ellas, la más importante, fue refundar la institucionalidad de acuerdo al mandato constitucional, como es refundar la República en el área de la cultura. Este año se logró por primera vez la creación del Ministerio de la Cultura, lo cual es un paso histórico para Venezuela. Fue una decisión del Presidente de la República que todo el mundo tiene que reconocerle, porque era una necesidad y un reclamo del sector desde hace muchos años. Creo que otro logro fue concebirlo como un ministerio pequeño, político, estratégico y con tres despachos de viceministros.Es ministerio para estos tiempos, donde trabajan no más de 120 personas. Es moderno y pequeño.
-Tenemos entendido, que el Ministerio de la Cultura a su vez tiene siete plataformas o estructuras.
-Sí, ahí se ordenan todas las actividades de los entes culturales, para eso se han creado esas siete plataformas o áreas: una de libros, como el Cenal; una de cine, el Cnac; la Biblioteca Nacional; el Instituto de Patrimonio Cultural; el Conac; el Instituto de las Artes de la Imagen y el Espacio, y el Instituto de Artes Escénicas y Musicales.Así queda ordenada la institucionalidad cultural. Todavía falta algo que se completará este año, como son las Compañías Nacionales de Danza y de la Música, además se tiene la Compañía Nacional de Teatro, la cual se irá reformulando poco a poco.
¿Qué pasará con el Conac?
-Con esta revolución administrativa el Conac tendrá labores tales como el fortalecimiento de la gestión cultural en las comunidades, entre otras tareas.
-¿Qué pasará con los subsidios, la cual era tarea asignada al anterior Conac
-Ya no se llaman subsidios sino Plan de Financiamiento Cultural para las instituciones y agrupaciones privadas, el cual ahora no estará a cargo del Conac, sino que cada uno de los siete institutos o plataformas manejará el tema de esos aportes financieros a los entes que les corresponde. Ahora todo estará más ordenado y diversificado y con mayor responsabilidad, además de un mejor control administrativo.
-¿Cuál será el presupuesto del Ministerio de la Cultura para el 2006?
- Más o menos lo mismo del año 2005 , unos 452 millardos de bolívares, que no serán para programas sino para proyectos. Cada plataforma del ministerio estudiará los proyectos y vigilará para que se pongan en marcha.
-¿El monto global para esos aportes a cuánto asciende en el 2006?
-Se mantiene ese mismo monto del año pasado, el cual no alcanza los 50 millardos, aunque se incrementarán un poquito en la distribución. Los grupos beneficiados serán los mismos 2.600 del año pasado.
-¿Cómo se hará la distribución de los financiamientos culturales?
-Hay cambios en la forma y en el fondo. Se elimina la rendición de cuentas,la cual era una verdadera pesadilla. Ahora se suscribirá un contrato entre el Estado y el grupo artístico para la prestación de un servicio o la elaboración de un producto. Ya no se rendirá cómo se usó el dinero recibido, sino que se presentará el trabajo acordado y con la calidad adecuada.Ya no será una simple rendición de cuentas, sino la exhibición de un producto. Eso nos permitirá que durante los primeros meses se hagan los contactos con los grupos.
-¿Cómo será el control?¿Se impondrán temas u obras?
-El Estado y los artistas tendrán que ponerse de acuerdo sobre los proyectos que serán financiados, porque lo que se busca es que sean trabajos útiles para la vida pública y la comunidad. No tiene nada que ver con controles ideológicos o políticos, nada de eso, pero esos trabajos artísticos sí deben responder u obedecer a las necesidades de la comunidad.
-¿Esas necesidades de la comunidades las van a formular ustedes ante los artistas?
-Vamos a mantener una serie de conversaciones con los artistas. Por ejemplo, aunque yo no tendré injerencia en ese sector y en ninguno otro, en el área teatral a lo mejor yo diría: que entre los grupos teatrales más importantes vamos a hacer una muestra del mejor teatro de los últimos 40 años; vamos a revivir todos esos montajes trascendentales que aquí se han representado, como las piezas maestras de Cabrujas, Rengifo y algunos montajes de Rajatabla, como Tu país está feliz. Pero todo eso lo tendrá que decir la gente de teatro.
-¿Qué pasará con las entradas a los espectáculos que son financiados por el Estado?
-Los grupos harán lo que les dé la gana con sus espectáculos y sus respectivas temporadas, pero algunas de esas funciones de la temporada tendrán que ser gratuitas, especialmente las que se hagan como contraprestación.
-Durante el 2005 se hicieron 28 festivales internacionales y eventos que estuvieron dirigidos a la comunidad y eran totalmente gratuitos.¿Eso se mantendrá durante este año?
-Eso se mantendrá este año y además se agregarán otros más. En total, creo que realizaremos unos festivales y eventos de gran formato y totalmente gratuitos.
-¿Y que pasará con el Festival Internacional de Teatro de Caracas, el cual este año llega a su edición XVI?-
Eso va, nosotros lo apoyamos, pero las mayores decisiones serán tomadas por el Instituto de Artes Escénicas y Música, como lo establece el organigrama del Ministerio de la Cultura.

jueves, diciembre 29, 2005

Otro ¡Oh, Caracas!

Desde 1975 no asistíamos en Caracas a una función teatral en Navidad. Los artistas vernáculos optan por descansar en esas fechas o viajar al exterior para jugar a los camaleones con los espectáculos de Nueva York, París, Londres o el nostálgico Madrid. En esta ocasión, también nosotros nos quedamos aquí y por eso presenciamos, en la Sala Anna Julia Rojas, por segunda vez, la erótica revista musical ¡Oh, Caracas¡/El otro lado de tu cama. Ambiciosa producción venezolana lograda con acierto por el empresario Esteban Trapiello, el director Rodolfo Drago, una docena de desinhibidos actores y actrices, además del juvenil cantante Keiser, y siete escritores criollos que aceptaron el reto.
Sobre la primera representación de ¡Oh, Caracas! para la prensa y la crítica, escribimos que estábamos ante un aceptable montaje visual y cultural, el cual sirve para reír y a veces, como consecuencia de la calidad de la pieza literaria y su desarrollo escénico, hasta permite que la sangre hierva y con fantástica velocidad organice una revolución al sur del ombligo, ya que esa es la prueba única de que lo exhibido o escuchado sí logra sacar de su ligero sueño a la imaginación, sin la cual el sexo no es más que una mera reacción animal o fisiológica.
Reconocimos que en ese ¡Oh, Caracas! había suficiente erotismo, no sólo verbal sino también visual, para que la mente de los espectadores planifique o busque con quién desahogarse. Los desnudos, discretos y nada agresivos (en playas o en piscinas hay más carnes y mayores volúmenes, además que están a la mano) son el justo ingrediente para que el espectáculo sea placentero. También destacamos que en su larga historia, el teatro venezolano, mejor dicho, los productores y los artistas, no habían trabajado con eróticas revistas musicales, salvo unos shows mínimos en bares o discotecas o los socorridos montajes exhibidos por la televisión, desprovistos de maldad, por supuesto. Ahora con este paso de Trapiello y Drago se abren unas cuantas posibilidades, porque hay un mercado ansioso por ver piezas eróticas, más o menos audaces.Una serie de recortes a los textos, como a las acciones dramáticas, le quitaron al espectáculo, visto ahora en Navidad, no menos de 30 minutos. Ahora sí todo estaba en su sitio y los intérpretes lucían más seguros de sus roles. Por lo que se puede afirmar que se trata de otro montaje, el cual hace temporada -dobles funciones hoy y mañana viernes, a las 8:30 pm y 10:30 pm; además del 1 de enero, a las 6:00 pm y 8:30 pm- en el Ateneo.
Este ¡Oh, Caracas! ha permitido comprobar las dificultades de nuestros dramaturgos para componer sketchs o minipiezas con dosis eróticas, pues tienen que superar los atavismos judeocristianos de sus basamentos culturales, ya que no son sajones ni nórdicos. Subrayamos esto porque el erotismo exhibido es light y recargado, inocentemente diríamos nosotros, de misoginia y homofobia, de chistes y/o situaciones que buscan la risa fácil del público, pero nunca una reflexión profunda sobre algo tan básico en la vida de los seres humanos como son el erotismo y sexo. Un texto erótico para el siglo XXI tiene que tener algo verdaderamente novedoso u original y llevar un equilibrio entre la información de las conductas sexuales y los juegos o escarceos amorosos o románticos, dejando por fuera lo obvio y lo vulgar. Conseguir a siete autores que lleven a sus textos tales exigencias no es nada fácil, y lo exhibido hasta ahora revela que hay material posible de cultivar o pulir, ya que los autores ahí involucrados, además de ser criollos, tienen un cúmulo de experiencias, aunque deben superar unas cuantas rémoras.
Para nosotros, los mejores textos fueron los de la periodista Atamaica Nazoa, el escritor Armando José Sequera (debería escribir más teatro, porque sí sabe) y el actor y dramaturgo Javier Vidal con su delicioso “Desnudos en el hall”. El gran triunfador es el director Drago quien tuvo el talento para coordinar los siete textos, crearles sus didascalias y conseguir la organicidad de los actores con sus complejas situaciones, donde cantaban (doblaban) y además bailaban. Ahí hay un elenco con talento para ser cultivado o pulido, aunque desde ya se destacan Maribel Zambrano y Daniel Ramírez, y el experimentado José Luis Montero.

jueves, diciembre 22, 2005

Cayó telón

Mientras la temporada 2005 del Ateneo de Caracas es clausurada con la revista musical erótica ¡Oh, Caracas!/El otro lado de la cama, una millonaria producción de la empresa que comanda Esteban Trapiello, el grupo Theja cerró el ciclo 31, de su incesante busquedad de una estética propia, con el remontaje de Autorretrato de artista con barba y pumpá. Es una extraña pieza que, como algunos dicen, fue la última que escribió José Ignacio Cabrujas (Caracas, 1937-Porlamar, 1995), escenificada ahora por José Simón Escalona, en el Teatro Alberto de Paz y Mateos.
Esos fueron los dos últimos espectáculos que finiquitaron este año teatral, al cual hemos rotulado “el gran salto de la talanquera”, porque muchos teatreros optaron por independizarse financieramente del Estado y adoptaron la línea comercial, entendiéndose ésta como una busquedad de mayores audiencias, utilizando actores con más raiting (provenientes casi siempre de la televisión), además de temáticas y argumentaciones más ligeras. Aunque el fin último de una expresión artística, escénica en este caso, es llegar a grandes audiencias, es muy apresurado asegurar desde ahora que esta nueva tendencia de la comercialización del teatro tenga desde ya garantizado un gran éxito financiero, porque es el público o el soberano quien dirá la última palabra y dejará en la taquilla su aporte económico.
Mientras eso ocurre, en positivo o en negativo, hay que recordar que el Theja, con 82 espectáculos en su historia, la mayoría financiados por el Estado venezolano, gastó ahora no menos de 44 millones de bolívares para esta reposición de Autorretrato (la había estrenado en 1990). Sin esa inversión, la institución no hubiese podido cumplir su compromiso con el público y además tampoco habría participado en el décimo aniversario cabrujiano, y habría pasado por debajo de la mesa, aunque ya el Grupo Actoral 80 hizo lo suyo con el nuevo montaje de El día que me quieras, excelente trabajo del director argentino Juan Carlos Gené y memorable actuación de Héctor Manrique como el desubicado Pío Miranda.
Sin bolívares no hay teatro posible, ya que el financiamiento de un ctáculo">espectáculo teatral es de por sí toda una pieza tragicómica que muy pocos conocen. Y en el caso del Theja, esa inversión difícilmente fue recuperada por taquilla,pues la sala no tiene más de 180 butacas. Y es en medio de éste incómodo contexto financiero que se ha revivido un fragmento de la historia de Armando Reverón (Caracas,1889-1954), personaje de carne y hueso que inspiró a Cabrujas para convertirse en el protagonista de Autorretrato de artista con barba y pumpá.
Reverón y Cabrujas vivieron y perecieron bajo la incesante férula de la consecución del sustento para la supervivencia, el bolívar para el diario yantar. Ambos fueron hombres de talento, pero las sociedades en las cuales vivieron los explotó hasta la saciedad, los esquilmó hasta llevarlos a la muerte. Uno fallece, enloquecido en un sanatorio y dejando atrás decenas de obras suyas que enriquecieron a sus mecenas, y el otro fenece, infartado y ahogado en la piscina de una residencia donde se recluía para escribir una telenovela con la cual pretendía financiarse él y los suyos. ¡Similitudes no teatrales!
Crueles coincidencias entre Reverón y Cabrujas, pero más terrible porque el escritor se reflejó o se proyectó en ese fantástico pintor de la luz, como antes lo había hecho en sus piezas - Juan Francisco de León, Acto Cultural y El día que me quieras-, ya que él de alguna manera es el gran protagonista de todas ellas, porque él era un venezolano en pos de la historia y en desafío perenne a sus contradicciones existenciales, lamentando haber nacido unos metros más allá de un lugar donde las cosas le habrían sido diferentes. Reiteraba aquello de que los seres humanos no escogemos nacer ni seleccionamos a nuestros progenitores ni el espacio territorial donde iniciamos nuestros caminos; nos toca aceptar tales herencias y hacer un viaje, a veces ventajoso o tortuoso.
Este montaje de Escalona, junto al que hizo Gené, son para nosotros las mejores muestras del mejor teatro posible en Caracas, sin caer en los peligrosos caminos del teatro comercial. El primer actor Javier Vidal, sin tener la edad y el tipo reveroniano, logró una personaje de fantasía, una creación estética sobre el gran pintor de Macuto. Este comediante,cuando ya vive su medio cupón, está en su mejor momento de creación histriónica.

lunes, diciembre 19, 2005

El teatro comercial no es el peor de los negocios

Todos quieren exhibirse ahí, pero no hay espacio para tanta gente. Aún no tiene la capacidad física para tamaña empresa. Todos quieren estar en ese sitio de moda porque es un lugar que tiene todas las comodidades para el público, que es para quien se hace el teatro y sin cuya presencia todo proyecto artístico, por más revolucionario que sea, está condenado al fracaso. Ese es el Teatro Trasnocho, ubicado en el Complejo Cultural Trasnocho del Centro Comercial Paseo Las Mercedes, llamado por algunas como “El faro del teatro venezolano contemporáneo” o “El Ateneo del siglo XXI”.
El Teatro Trasnocho, por ahora, consta de una sola sala y su capacidad depende de la configuración. Si se utiliza un escenario a la italiana, que es el más demandado, hay 308 butacas; para un café concert hay 220; caben 450 personas de pie; si se monta una pasarela entran 256 y cuando es arena hay espacio para 312 butacas. Los cálculos para sus ingresos por temporada de espectáculo son fáciles de lograr si se tiene en cuenta que hasta este 2005 la entrada costaba 20 mil bolívares.
El teatrero Moisés Guevara, gerente artístico del Teatro Trasnocho, tras aclarar que no se atrevía a definir al teatro venezolano que se está haciendo en este siglo, subrayó “lo que sé es que hay que abandonar las discusiones bizantinas para acercarnos a un teatro donde coincida lo que queremos decir y lo que el público quiere escuchar. Tenemos que abandonar la disociación”.
-¿Por qué las temporadas se hacen de viernes a domingos?
-Se hacen así por varias razones. No creo que tengamos todavía suficiente público para alargar los días de función y sacrificar el esquema de apoyo a las temporadas. Otra es que no quiero sacrificar los espacios programáticos para otros géneros, como los conciertos y las temporadas de zarzuela y ópera que se presentan durante los otros días. El próximo año tenemos nueve meses para la temporada de ópera de cámara. Además debemos atender las demandas para otro tipo de eventos. Nosotros tenemos que atender los mercados que abrimos y posicionamos.
-¿Por qué no producen espectáculos propios?
-Nos asumimos como un espacio de presentación de espectáculos, nunca nos pensamos distinto. Hay muchas agrupaciones y productores independientes en comparación con las salas de teatro que están operativas. Caracas tiene más de 80 salas y pocas de ellas están operativas. No tiene sentido competir con nuestros aliados, por el contrario tenemos que apoyarlos y protegerlos. La única producción que seguiremos realizando es la Actors Studio Master Class, los espacios de entrenamiento para actores y directores no existen y esta experiencia para nosotros es invaluable.
-¿Cómo son las relaciones con los artistas y los productores?
Como las de todas las salas de teatro del país y del mundo en el conocido esquema de la coproducción. Insisto en que si algo puede marcar la diferencia es que nos asumimos con todo rigor como una unidad de atención al cliente y los actores, los directores, los técnicos y, por supuesto, el público son clientes para nosotros. No bajamos nunca la guardia. Nuestra política es hacer lo que nos gusta con el sello de cinco estrellas.
-¿Y las relaciones con el público?
-Eso hay que preguntárselo propiamente al espectador, yo no recibo mayores quejas. Por lo demás, entiendo que son muy buenas, la prueba es que apoyan todas nuestras presentaciones. Vienen aquí y agotan la boletería cuando les gusta el espectáculo.
-¿Cuáles son las exigencias a las producciones que llegan al Trasnocho?
-No tenemos exigencias estéticas o de contenido, si las impusiese estaría aplicando una especie de censura que no es correcta para ningún oficio y mucho menos para el oficio de creación y comunicación del teatro. Para la programación del Teatro Trasnocho las agrupaciones y los productores independientes deben presentar con antelación un proyecto y entregar copia del libreto de la obra. Con estos elementos es que tomo decisiones y, por supuesto, hay exigencias de calidad y profesionalismo. Pongo todos mis sentidos y la experiencia de 20 años en este medio a la hora de decidir la programación del teatro.
-¿Puede mencionar alguna en particular?
-Una de las exigencias que ha costado más que entiendan los productores es la entrega del libreto, parece mentira pero fue difícil que se entendiese que la lectura de la obra era una exigencia programática. Las exigencias estéticas las impone el espacio y el esquema de programación: doble horario, de viernes a sábado, a las 8:00 pm y a las 10:00 pm, y domingos a las 6:00 pm y a las 8:00 pm. No podemos olvidar que Trasnocho es un teatro dentro de lo que originalmente fue una sala de cine. Sueño con ponerle al Teatro Trasnocho una tramoya como la del Teatro Alberto de Paz y Mateos, eso nos permitiría programar una temporada de Autorretrato de Artista con barba y pumpá del grupo Theja, para mí la mejor producción teatral del 2005. En lo que somos altamente exigentes es la promoción y publicidad de los espectáculos; ahí no bajamos la guardia, así como en el mantenimiento de nuestras herramientas de trabajo”.
-¿Cuál es el ingreso por taquilla?
-No me gusta hablar de dinero y no por prurito, realmente no soy quien maneja cifras, creo que hemos realizado una estupenda gestión y todavía falta. Toda la operatividad del teatro la lleva la gerencia general, está en manos de mi mejor compañera profesional, Margarita Lamas, nada hubiésemos logrado sin ella y eso lo saben los actores, los productores, los directores y el público. Lo que sí me preocupa con relación a este tema, y es mi más reciente tormento, es cómo están manejando los grupos y los productores independientes los ingresos que obtienen. Sé que no están pensando en el futuro, no existe la política de la capitalización para el próximo proyecto, para el mañana. Cuando se es productor independiente hay que guardar para reinvertir. El teatro no es un gran negocio pero tampoco es el peor. Con el número de espectadores y el valor de la entrada, que este año fue de 20.000 bolívares, se sacan esos datos por cada obra que usted quiere conocer.
-¿Cuáles son las lapsos de la temporada?
-Durante el 2005 se inició el 14 de enero y acaba de concluir el domingo 11 de diciembre. Presentamos 12 obras de adultos y tres para público infantil. Quince espectáculos por año.
-A cuatro años de estar funcionando, ¿qué promedio de espectadores tienen?
-Con El traje nuevo del emperador batimos récord con 15.000 espectadores y cinco meses de taquilla agotada. Llevamos un registro de asistencia de público que se mueve desde los 5.000 espectadores hasta los 14.000 por obra. Cada espectáculo tiene su convocatoria pero siempre vamos por los 15.000 del récord y en el 2006 a superarlo. Ya en el 2005 realizamos 455 funciones. También se hizo una temporada de ópera con Rita... golpea a su marido de la Compañía Memoria de Apariencias. Además de varios conciertos y el ciclo de Jazz Trasnocho con Swing que duró un mes.
-¿Cuál es el balance de la temporada general y cómo se pueden comparar con las anteriores?
-Somos una institución joven y no creemos haber alcanzado nuestra meta. Cada año es un escalón más y estamos dispuestos a seguir adelante. La temporada 2005 fue estupenda. Las temporadas se consolidan y el perfil programático se depura y decanta.
Estrenan “Navegaos”
Moisés Guevara cuenta que durante el 2005 presentaron: “Pequeños Fantasmas” (Skena), “Menguada la hora” (Cdnt), “Los Mosqueteros del Rey (Skena), “Nos
seguimos queriendo” (Talento Femenino), “Gastone y Meraviglioso” (Dramo),”El favorito de Dios” (Palo de Agua Producciones). “Tres Reinas” (Big Show Productions),”Con ‘A’ de Ilusión” (Producción Independiente), “El Método Gronholm” (Cdnt), “Mínimas” (Xiomara Moreno Producciones),”Simon” (7 G Producciones) y “Rosa de dos aromas”( Skorpio 42 producciones). Se presentaron además tres producciones infantiles: “Tierra de aventuras” (Compañía de Lily Álvarez Sierra), “El Traje nuevo del Emperador” ( Skena) y “Hércules en el Olimpo” (Colibrí).
-¿Cómo han funcionado a nivel de público las lecturas dramatizadas?
- El programa “Haciendo Publico lo Privado”, que son las lecturas dramatizadas las obras de teatro que el público quiere ver y nosotros queremos hacer, es nuestro proyecto consentido. Nos hemos reunido más de 140 actores y alrededor de 15 directores para leer 41 obras de teatro. El nivel de asistencia de público está entre 60 y 180 espectadores; qué más se puede pedir para un programa de investigación y revisión de la dramaturgia universal, simplemente seguir adelante y convocar más actores y directores, tener un público con seguridad que cada día nos apoyará más.
-¿Qué planes hay para el año próximo?
- En principio, la labor de seguir ganando público para el teatro. Iniciamos el año 2006 con la continuación de la temporada de Rosa de dos Aromas. Esta producción tiene que llegar a cumplir sus tres meses de temporada. Tenemos el estreno de la obra de Isaac Chocrón, Navegaos, bajo la dirección de Michel Haussmann. Estrenamos la obra de teatro infantil del Talía, “Pinocho”. Hay cuatro temporadas para los jueves musicales; en febrero arrancamos con zarzuela. Y por primera vez desde que estoy en Trasnocho voy a dirigir una obra y me siento obligado a estrenarla en esta que es mi casa. Voy a montar Pequeños crímenes conyugales de Eric-Emmanuel Schimtt con las actuaciones de Carlota Sosa y Marcos Moreno.
-¿El Trasnocho paga impuestos?
-Somos una institución seria y cumplimos con todos nuestros compromisos.

jueves, diciembre 15, 2005

¡Oh, Caracas!

Durante los últimos 36 años de producciones teatrales caraqueñas, nadie se había atrevido a tanto: Esteban Trapiello y su empresa invirtieron 175 millones de bolívares para producir una monumental revista musical, cuyos contenidos oscilan entre la comedia sexual costumbrista, con algo de erotismo y unos sesudos miniensayos sobre los comportamientos sexuales. Ahí fueron utilizados 12 actrices y actores, quienes, además de desnudarse y exhibirse por 150 minutos, lograron dar vida a siete textos teatrales y siete entremeses. Mención especial merece el director, quien sí fabricó imágenes, les dio ritmos y obtuvo manifestaciones de sensualidad, sexualidad y erotismo innegables.
Cosas importantes ponderamos en ese experimento escénico rotulado ¡Oh, Caracas!/El otro lado de tu cama. Pero antes de evaluar tan respetable trabajo escénico se debe recordar que el sexo de los humanos está regulado por universales normas biológicas para funcionamiento y aplicaciones, además de diversas pautas sociales. Pero no sucede lo mismo con el erotismo, o la imaginación sensual, los cuales son eminentemente culturales y por lo tanto tienen notables diferencias según las sociedades. El erotismo nos diferencia de los animales, pero no es igual en todos los seres humanos y hay niveles de disfrute.
¡Oh, Caracas! es un aceptable montaje visual y cultural para los pacientes espectadores venezolanos, quienes han soportado, durante este año, para no citar lo visto desde finales del siglo XX, todo un conjunto de montajes depresivos o delirantes y nada estimulantes para la vida misma. Sirve bastante para reír y a veces, como consecuencia de la calidad de la pieza literaria y su desarrollo escénico, hasta permite que la sangre hierva y con fantástica velocidad organice una revolución al sur del ombligo, ya que esa es la prueba única de que lo exhibido o escuchado sí logra sacar de su ligero sueño a la imaginación, sin la cual el sexo no es más que una mera reacción animal o fisiológica.
Hay en ¡Oh, Caracas! suficiente erotismo, no sólo verbal sino visual, para que la mente de los espectadores planifique o busque con quién desahogarse. Los desnudos, discretos y nada agresivos (en playas o en piscinas se ven más carnes y mayores volúmenes, además que están más a la mano), son el justo ingrediente para que el espectáculo sea placentero. ¡Hay que estar muerto para rechazar cuerpos y palabras que exalten esos placeres. Y en la Sala Anna Julia Rojas lo que había era vida y deseos de seguirla disfrutando.
Claro está, para nuestro criterio, que todavía esos escritores de teatro, a excepción del novelista y cuentista Armando José Sequera y el polivalente artista Javier Vidal, tienen miedo a desnudarse en escena con sus textos. Se camuflan o hacen de camaleones. Lucen pacatos, consecuencia de la moral judeocristiana, y revelan atrasos culturales detectados por manifestaciones de misoginia y homofobia en sus textos, que lucen hasta ridículos. Los chistes sobre los indefinidos o gays son resabios más de los años 60 que de este siglo donde la sexualidad y el erotismo no tienen cortapisas, salvo normas sanitarias y legislaciones de protección a la infancia y la procreación.
Pero los autores no están solos. El público también mora con su atraso erótico y sólo la oscuridad de la sala podrá incitarlo a que su erotismo se desborde de ahí en adelante y salte esa brecha cultural en que lo ha mantenido el subdesarrollo. También le queda, a quien intente desarrollar su erotismo, un tanto de intuición y curiosidad, sendas herramientas que sacaron a Adán y Eva del Paraíso.
El gran triunfador es Rodolfo Drago, artista de bajo perfil, que ahora, apuntalado por Jorge Spiteri y el coreógrafo Henry Landa, ha logrado materializar esa “bomba de tiempo” que es ¡Oh, Caracas! Creó las didascalias e hizo de alfarero con actrices y actores. En funciones posteriores habrá logrado el tiempo escénico y el ritmo actoral adecuados para disminuir la duración del espectáculo. Todos los intérpretes involucrados fueron valientes, pero merecen ser recordados por sus performances: José Luis Montero, Maribel Zambrano, Karlos Palomino y Daniel Ramírez. ¡El soberano dirá, como siempre, la última palabra!

jueves, diciembre 01, 2005

Dos mujeres

A pesar del extraño disgusto de algunos teatreros, la mujer sí fue la gran protagonista de la escena venezolana a lo largo de la temporada 2005. Los personajes femeninos se apoderaron de los escenarios y propalaron sus prédicas sobre el malestar en que viven por la discriminación y la poco discreta misoginia existente, la cual proviene desde muchos machos y unas cuantas hembras. Sin embargo, el público, ese temible crítico de las mil cabezas que decide el éxito o el fracaso de los productos culturales, el que dice quiénes son verdaderamente los triunfadores, prefirió a tales piezas donde la feminidad y sus circunstancias eran la temática y la argumentación.
No hay que dejar de tomar en cuenta que los promedios de audiencia a las salas arrojan que de cada diez espectadores, siete son mujeres. Un detalle que ningún productor ambicioso o empresario sensato deja de lado o ignora. Los lerdos dirán todo lo contrario y es por eso que a sus espectáculos no acuden ni las sombras,mientras ellos insisten en hacer “arte” para ellos mismos, desechando a la audiencia o creyendo que pueden pensar por el que paga la taquilla.
Por supuesto que los teatreros deben educar al público, pero esa formación o deformación del gusto no se logra con exclusiones e imposiciones a la fuerza de ese fatídico “déjeme pensar por usted”. Nadie puede olvidar que el teatro está vivo y mantiene una perenne relación con la sociedad donde se le produce.
El aplauso va por dentro, No seré feliz pero tengo marido, Confesiones de mujeres de 30, Angela en la alacena, Lo que dejó la tempestad,Tres reinas, Con A de ilusión, Monólogos de la vagina y Medea, además de El día que me quieras, Yo,tu,ella y Las tiendas de Sheik son algunas de las piezas femeniles exhibidas a lo largo del 2005. Y a esa lista, que no está completa, tenemos que añadir la recién estrenada Rosa de dos aromas, del célebre mexicano Emilio Carballido, en el Teatro Trasnocho, interpretada por Nelly Garzón y Nattalie Cortés, bajo la dirección de Iraida Tapias.
Obra de éxito
Sobre Emilio Carballido (Córdoba, Veracruz, México, 22 de mayo de 1925) hay que recordar que es un patriarca de la escena mexicana, sólo comparable con César Rengifo e Isaac Chocrón en Venezuela; es autor de no menos de 200 obras teatrales, editadas y representadas, además de dos tomos de cuentos y nueve novelas. Su comedia Rosa de dos aromas , estrenada hacia 1985 en México, es una de las más internacionales y fue llevada al cine por Gilberto Gazcón. Aquí en Caracas, se le mostró en la temporada de 1997, con la puesta en escena que asumió el grupo Orinoco Teatro y como parte del Proyecto Emilio Carballido del Centro Venezolano del ITI-Unesco, programado conjuntamente con la embajada de México y la Universidad Veracruzana. El espectáculo tuvo tres largas temporadas y varias presentaciones en el interior del país, y fue llevada a México en el 2000.[
Rosa de dos aromas es la historia de dos mujeres enamoradas o estrechamente vinculadas a un mismo hombre, a quien ambas le han dado hijos y conviven formalmente con él. Lo novedoso de la obra es que las damas, “Marlene” (Nattalie Cortés) y “Gabriela” (Nelly Garzón), de estratos sociales diferentes, una peluquera y la otra intelectual, se conocen cuando van a una cárcel a preguntar por el destino de sus “maridos”, que no es otro que el mismo hombre, detenido por haber atropellado o cometido actos lascivos con una menor de edad. La fraternidad o solidaridad entre las féminas surge porque quieren salvar al progenitor de sus hijos, pero al final se desengañan y lo dejan condenado a su suerte. O sea que la pieza tiene hasta moraleja.
Rosa de dos aromas es un delicioso juguete escénico por la situación de sus personajes y por el humor en que se desenvuelven,quienes demuestran el afecto de las hembras por su macho, pero como tienen dignidad y no son sólo vaginas ansiosas, razonan y toman decisiones trascendentales para ellas y sus hijos.
La puesta en escena satisface las exigencias del texto y ha logrado crear una atmósfera que tiene humedades de mujeres, son dos seres que asumen su problema común y optan por cambiar y seguir luchando. La dirección hizo énfasis en la utilización de la música mexicana de despecho, especialmente los temas de Juan Gabriel que servían de glosas a los dramas de las protagonistas. Los roles están bien resueltos,cada una en su tipología.
Es, pues, una obra de mujeres que debe tener éxito de audiencia en estos tiempos caraqueños.

viernes, noviembre 25, 2005

El Conac se olvidó de los niños

Armando Carías, periodista y teatrero hasta la muerte, nació en Caracas el 13 de junio de 1952, pero desde los años 70 descubrió el teatro para la infancia. Es el artífice de una histórica compilación de textos para la niñez venezolana
-¿Por qué y para qué se dedicó a recolectar las obras de teatro infantil escritas para los niños venezolanos, lo cual culminó en la publicación monumental de 40 obras?
-Asumí esa tarea, en la que participaron muchas personas, ante la permanente demanda de piezas de teatro infantil o para niños por parte de maestros y agrupaciones teatrales, además de investigadores; todos ellos acudieron a mí, en la UCV, para escenificarlas o estudiarlas. Nosotros, en El Chichón, tenemos un modesto centro de documentación que tiene muchísimos, pero muchísimos libretos de teatro infantil, acopiados a lo largo de nuestros largos 27 años de trabajo, además de textos que hemos traído del exterior. Tenemos, por lo menos, unas dos mil obras de teatro infantil. Nosotros damos ese apoyo a los interesados. Fue por esa situación que optamos por hacer esta compilación, que es la que ahora el Fondo Intergubernamental para la Descentralización (Fides) ha publicado bajo un largo y significativo título:40 autores en busca de un niño /Antología de la dramaturgia infantil venezolana 1941-2002.
-¿Hay poca producción de obras infantiles?
-No, todo lo contrario. Casi todos los 40 autores que hemos compilado tienen más de cinco textos, pero están inéditos. Hay autores como Carmelo Castro que tiene unas 30 piezas o Luiz Carlos Neves cuya producción se pierde de vista. Lo que hay son pocas publicaciones, o poca gente interesada en hacerlo.
-¿Qué lo llevó a solicitar ante el Fides la publicación de esta antología, si precisamente ese organismo atiende a otros menesteres de la vida nacional y no precisamente lo cultural o la edición de textos?
-Recurrí al Fides, en la persona de su actual presidente Richard Canan, después de un proceso que comenzó hace diez años. Primero eran diez obras, pero a medida que investigábamos y pedíamos ayuda llegamos a 40. Fue ahí cuando toqué la puerta de Monte Ávila Editores, cuando Alexis Márquez Rodríguez era el presidente; no me hicieron caso y después de dos años de espera busqué ayuda en el Conac, donde me dieron un apoyo simbólico, y tras de eso me encaminé al Fides, después de toparme con el sociólogo Canan en las instalaciones de Radio Nacional de Venezuela. Él me escuchó y me dijo que habían publicado una antología de Cesar Rengifo. Lo que vino concluyó en el acto oficial de la presentación de la antología el pasado lunes 21 de noviembre, en las oficinas del Fides.
-¿Cuántos libros han sido editados?
-La antología consta de cuatro libros, los cuales suman unas 1.432 páginas. Se hicieron dos mil paquetes de cuatro libros cada uno, o sea unos ocho mil volúmenes en total. El Fides me entrega 1.500 paquetes y ellos se quedan con 500. Eso habrá que distribuirlo entre la gente de teatro, en las bibliotecas, en las escuelas, etcétera.
-¿Qué ha pasado con El Chichón?
-Que en mayo del 2006 cumpliremos 28 años de labores. Es el grupo que yo comando. El Chichón tiene cinco elencos estables: el elenco principal; los talleristas, que son jóvenes estudiantes; el elenco juvenil; el Chichoncito y “El silencio habla”, con personal especializado en el manejo del lenguaje de señas para los sordos o el público no oyente. Son unas 80 o 100 personas en total.
-¿Cuántas obras montaron hasta ahora?
-Nosotros montamos un promedio de tres espectáculos anuales.
-¿Serán unos 90 espectáculos hasta ahora?
-Yo creo que más, porque hay espectáculos de gran formato que hacen temporadas, pero también hay otros montajes pequeños o trabajos escolares que no se publicitan. La semana pasada llevamos al Ateneo de El Hatillo un montaje para niños sordos sobre cinco episodios de El Quijote y eso no tuvo prensa. Así hay muchas obras nuestras que no entran en esas campañas de difusión máxima por prensa, radio y televisión.
-Hace algunos años, El Chichón fue acosado por un director de Cultura de la UCV, quien ordenó la destrucción de sus escenografías que estaban guardadas en lo sótanos de la Aula Magna. ¿Qué pasó con ese acto barbárico?
-Después de la tragedia en el río Orinoco, hace unos 25 años, el hecho más doloroso en mi vida artística, donde pereció un integrante de mi grupo, porque estábamos en una gira con el grupo Madera. Mi esposa y yo sobrevivimos milagrosamente. Y Jesús Sevillano, como director de Cultura de la UCV, ordenó botar todas las escenografías que El Chichón había guardado para sus temporadas posteriores. Se perdieron verdaderas obras de arte. Eso fue hace unos siete u ocho años. Fue un funcionario irresponsable que atentó y dañó el patrimonio de la institución. Pero nosotros seguimos trabajando y haciendo patria, a pesar de eso, aunque no olvidamos los daños que nos causaron.
-¿Cuál es el actual estatus de El Chichón en la UCV?
-El Chichón es el grupo oficial de teatro infantil de la Universidad Central de Venezuela. Ese grupo lo fundé yo cuando ya había fallecido Eduardo Mancera. Elio Gómez Grillo, que era director de Cultura de la UCV, me mandó a llamar y me propuso que creara una agrupación universitaria. La propuesta me gustó y acepté, de eso hace 27 años. Comencé ganando 4.500 bolívares y ahí sigo. Gracias a Grillo cambió mi vida para siempre en todos los órdenes, desde el profesional hasta el personal, pues ahí conocí a mi actual esposa, Morelba Domínguez, la madre de mis tres hijos: Ailim, Ezequiel y Amelie, de 21, 11 y 8 años respectivamente. Todos pasaron por El Chichón en diversos papeles. Pero mi cuarto hijo es este libro de cuatro volúmenes. ¡Todo esto me hace muy feliz!
-¿El teatro para adultos nunca le interesó?
-Hice una obra, Carnaval, con el director cubano Miguel Ponce, cuando yo estudiaba teatro en una escuela que después cerraron. Ahí estábamos, para ese entonces: Alejandro Mutis, Alexis de la Sierra y yo. Eso fue hacia 1973. Esa experiencia me sirvió para lo que haría después en la UCV, donde me gradué como periodista, y con El Chichón. Por supuesto que estudié dirección teatral en la UCV, en un instituto que fundó Herman Lejter, y hasta fundé un grupo de teatro para niños, Los Carricitos, hasta que me topé con Grillo y ya sabemos lo que ocurrió.
-¿Cuál es el estado actual del teatro infantil en Venezuela?
-Tengo una visión muy crítica. Soy fundador del Teatro Infantil Nacional y tengo por supuesto una visión hacia su estado institucional y hacia su labor creativa.
-¿El Estado no presta la atención debida al teatro infantil?
-Hasta ahora, el Estado no le ha prestado la debida atención a un asunto tan serio como es el teatro infantil. Tal vez esté mal utilizando la palabra Estado, pero en este caso es el Conac concretamente. Y no es solamente en esta gestión, sino también en las anteriores. El Conac ha asumido que el TIN es el brazo ejecutor de la política oficial hacia el teatro infantil y no ha desarrollado una verdadera iniciativa inteligente en ese sector para su desarrollo. El TIN se ha convertido en la excusa para dejar en manos de terceros lo que el Estado está obligado a ejecutar, o sea el Conac delega lo que debe hacer.
Y Carías puntualiza que “una prueba de lo que digo es el abandono en que tienen a las publicaciones de las obras, tarea que en este caso hizo, patrióticamente, el Fides, después de que un artista que está participando activamente en el proceso político actual, como soy yo, ha tenido que hacer lobby infructuosamente en dos dependencias del Gobierno, como son el Conac, precisamente, y antes en Monte Avila.Y situaciones similares a mi caso hay en abundancia. En síntesis: el teatro infantil ha sido dejado de lado, pero este sobrevive por la valentía de sus miembros”.
Reitera que la solución para los problemas del teatro infantil no está en los subsidios. “No hay políticas claras ni coherentes, no hay políticas para coordinar estas actividades con los centros de formación teatral, ni tampoco con las escuelas bolivarianas. No hay una política hacia el teatro infantil y lo puedo argumentar. El Estado no tiene una política hacia el teatro infantil y esa es una demanda o una exigencia, o una deuda que el Estado tiene como parte de la deuda social. El Estado tiene una deuda social con la cultura y en particular con la infancia. A veces pienso que los gestores o gerentes de la cultura se han olvidado de los niños, se olvidaron además de cuando ellos eran infantes. No puede ser que seamos los teatreros que hacemos teatro para niños los que nos acordemos de ellos. En síntesis : la gerencia cultural venezolana no tiene al niño dentro de sus prioridades. No hay que olvidar que la cultura para la infancia es un segmento específico que requiere de evaluaciones, investigaciones y de toma de decisiones muy específicas”.

jueves, noviembre 24, 2005

Héctor Lavoe

Honrar honra y mucho más cuando se trata de héroes civiles como los artistas, intelectuales y científicos, que se quedan para siempre en la memoria de los pueblos, esos que estimulan a escritores y dramaturgos para que les escriban obras y los evoquen en sus momentos más cruciales. Es el caso de “El cantante de los cantantes”: Héctor Lavoe (Ponce, Puerto Rico, 30 de septiembre de 1946 -Nueva York, 29 de junio de 1993). Él encarnó la salsa de los años 70 como un fiel reflejo de la misma, con sus virtudes y vicios, fortunas y tristezas, amores y desamores. En el otoño de 1983 estrenó la canción que fue considerada un hit: “Juanito Alimaña”, escrita por Tite Curet Alonso, la cual fue recibida como una clara continuación de esa salsa dedicada al género de los antihéroes, de la misma estirpe del “Pedro Navaja”, de Rubén Blades. El 25 de junio de 1988, tras un fallido concierto, se lanzó desde una ventana del octavo piso, del Hotel Regency, en San Juan. Y su vida ya no fue la misma. Cinco años después moría en Nueva York- había sido bautizado como Héctor Pérez- a consecuencia del sida, al parecer contraído por su manifiesta adición a los sicotrópicos, contra lo cual también luchó infructuosamente. ¡Vivió y murió en su ley!
En octubre de 2001, en el Teatro Rodante Puertorriqueño de Nueva York, pudimos disfrutar del espectáculo ¿Quién mató a Héctor Lavoe?, drama con música y bailes salsosos, escrito y dirigido por el boricua Pablo Cabrera, cuyo protagonista era el excelente cantante salsero Domingo Quiñones, donde participaban tres profesionales venezolanos: los actores Marcelo y Yuri Rodríguez, y la conocida productora y buena amiga Elaisa Irizarry. La acción escénica se desarrollaba en dos actos o 16 escenas y tenía una duración de 90 minutos;transcurría durante un concierto del cantante en el club nocturno El Corso, templo de la música latina en Nueva York, a mediados de 1979. Mientras el vocalista Lavoe interpretaba sus más exitosas canciones, pasaban por su mente y se plasmaban en el escenario escenas del pasado, el presente y el futuro. Ese montaje duró varios meses en cartelera, gracias a la audiencia latina, y después hizo temporada en Puerto Rico.
Ahora, en Caracas, el venezolano Edgar Borges retomó la historia popular de Lavoe y elaboró un monólogo donde plantea los tormentos del famoso “cantante de los cantantes”. Se trata de Lavoe contra Lavoe , donde el actor y cantante venezolano Carlos Añez (42 años) interpreta al famoso salsero, bajo la dirección artística de Neiron Medina y con la producción compartida de José Hernández y Nathalie Riera. La obra se ubica en un apartamento imaginario que ocupa Lavoe. En el interior de la vivienda habitan dos personalidades: una angustia y un sueño, y un tormento y una esperanza, todo en un mismo cantante, quien desnuda todas esas sensaciones ante un espejo que servirá para enfrentarlo a sus vivencias y sobre todo a su público.El monólogo se transforma en un desesperado recital del personaje que interpreta temas como “El periódico de ayer”, “Mi gente”, “Todo tiene su final”, “Vamos a reír un poco”, “El Todopoderoso”, “El Cantante” y otras más. El epílogo es abrupto: el vocalista es amenazado por su empresario, quien no quiere que él cante ante el pueblo gratuitamente sino que lo haga en grandes escenarios,como el Madison Square Garden. El artista entra en crisis y cae.
Es sobria y respetuosa esa aproximación que hizo Borges sobre el artista. En su Lavoe contra Lavoe respeta la historia verdadera del personaje, lo muestra en su dimensión humana sometido a la explotación del show bussiness y derruido por sus problemas personales insoslayables, como el alcoholismo y las drogas, al mismo tiempo que permite una impactante performance del actor Carlos Añez, a quien nunca habíamos visto en un rol de tales proporciones y menos como un cantante aplomado.
Es notable en Lavoe contra Lavoe como éste atrapa a la audiencia y hace incluso que los espectadores coreen las canciones y hasta amaguen unos cuantos pasitos salsosos. Es,pues, teatro popular y del bueno.Hay que reseñar además que en la función del sábado 19 de noviembre, en la Sala Juana Sujo de la Casa del Artista, estaba presente el célebre Domingo Quiñones, quien al final manifestó su interés por el monólogo y una especial satisfacción por haber visto al actor y cantante Añez en una sentida exhibición.

martes, noviembre 22, 2005

Los 100 mil espectador de Héctor Manrique

En la cultura lo único que da poder y prestigio es el trabajo y la depurada calidad de esos productos artísticos. Intelectuales, escritores y artistas de “a dedo” desaparecen pronto y lo menos malo que les pasa es que después nadie se acuerda de ellos. Mueren y punto. Pero aquellos que sí laboran y son auténticos creadores terminan por ser eternos, por trascender. Decimos esto porque a la saga de los más prestigiosos teatreros venezolano se ha agregado, gracias a la potencia y calidad de su tesón, durante los últimos 20 años, el actor, director, maestro y gerente Héctor (Rodríguez) Manrique, a quien, cariñosamente sus amigos lo llaman “El zar del teatro”, por la amplitud de sus proyectos y el poder adquirido gracias a la calidad y la gerencia de los mismos.
Héctor Manrique (Madrid, 12 de enero de 1963) mantuvo a lo largo de este año que culmina ocho proyectos o espectáculos teatrales en escena, dentro y fuera de Venezuela, generando así trabajo y cultura para sus artistas y sus espectadores. Por eso es que lo hemos entrevistado:
-¿Qué pasó con sus montajes o proyectos teatrales?
-Este 2005 ha sido un año intenso y muy dinámico. Arrancó en enero con la reposición de No seré feliz, pero tengo marido, a cargo de la señora actriz que es Mimí Lazo, un monólogo o adaptación que le dirigí a partir del libro de la periodista Viviana Gómez Thorpe. y los ensayos de El día que me quieras, del inolvidable José Ignacio Cabrujas, bajo la dirección de Juan Carlos Gené. En febrero hicimos una pequeña temporada con La cena de los idiotas, de Francis Veber, en el Ateneo de Caracas. El 3 de marzo estrenamos El día que me quieras, con un éxito de cinco meses a sala repleta. En abril, Monólogos de la vagina, de Eve Ensler, viajó a Panamá donde realizamos un total de seis funciones. En junio estrenamos Confesiones de mujeres de treinta, de Domingos de Oliveira, temporada que se extiende hasta finales de noviembre en el Celarg, realizando, además, giras por varias ciudades del interior. Hicimos cuatro funciones de Monólogos de la vagina en el Aula Magna y una temporada de Cartas de amor de Albert R. Gurney, en el Ateneo de Caracas en agosto. A principios de septiembre estrené Copenhague de Michel Frayn en el Ateneo de Caracas, y durante octubre presentamos Los hombros de América, de Fausto Verdial, en el Festival Internacional de Miami.
“Cómo verás, en total son ocho espectáculos en los que he participado como actor o director o empresario. Son más de 200 funciones y uno 100.000 espectadores. También he dado clases en la academia de actuación de Venevisión durante todo este año, más un taller en el Grupo Actoral 80 de seis meses. ¡En realidad yo lo que necesito son unas vacaciones! con mis dos hijas y mi esposa”.
-¿Cómo funcionan las exhibiciones en el exterior y en la provincia?
-Fundamentalmente funcionan por la compra del espectáculo, exceptuando el caso Miami, donde asistimos por la invitación a participar en el Festival. Es verdaderamente emocionante ver cómo en el interior del país la gente agradece que los espectáculos que se hacen en Caracas sean llevados allí. La ausencia de una política sensata por parte del gobierno para la difusión teatral, así como la carencia de un circuito, hace que estas apariciones sean vistas como algo extraordinario.
-¿Qué ocurrió con su trabajo actoral, su labor gerencial y la docencia?
-Trabajé en El día que me quieras haciendo ese emblemático personaje de nuestra dramaturgia que es Pío Miranda, lo que fue una experiencia enormemente satisfactoria y emotiva. Además, repuse dos trabajos que me divierten mucho al hacerlos como actor, que son Cartas de amor y La cena de los idiotas, y trabajé en la película de Beto Arvelo: Cyrano Fernández. Es decir, en lo actoral ha sido también un año muy intenso y placentero.
“A nivel gerencial, desde el GA80 llevamos adelante un proyecto desde años esperado, como fue el regreso de nuestro maestro y fundador Juan Carlos Gené para realizar la puesta en escena de El día que me quieras”.
-¿Qué planes hay para el 2006? ¿Se dice que montara en Miami?
- En este momento estamos evaluando qué haríamos para el 2006. Tengo varias obras en el deseo, pero creo que será para finales de este mes de noviembre cuando sepa qué voy hacer. Primero defino qué hacer con el Actoral 80 y en función de eso armo el resto de los proyectos. Hay prioridades.
-¿Qué proyecta para Caracas?
-Yo trabajo fundamentalmente para Caracas. Vivo en Caracas, padezco Caracas y amo Caracas. Una ciudad sucia, llena de indigentes, odiada por sus gobernantes. Donde su alcalde y el alcalde mayor compiten en procura de ver quién la jode más.
-¿No hay forma de competirle al Teatro Trasnocho en lo que a público se refiere? ¿No hay empresarios capaces de “echarle pichón” a un conjunto teatral comercial a lo grande?
-Ojalá aparecieran más empresarios dispuestos a invertir en la infraestructura teatral. En ese sentido el Teatro Trasnocho es de las mejores noticias que ha tenido nuestro medio cultural en los últimos años. La labor del Celarg ha sido ejemplar también, más allá de que los teatreros quejumbrosos lamentan que una pieza convoque al espectador y pueda pasar cuatro o seis meses en cartelera, ya que ellos desean sus tres semanas históricas para todos. Al parecer le tienen miedo al trabajo y al éxito además.
-¿Por qué a usted y su gente que tanto trabajan y que tantas oportunidades le dan a la gente, no los toman en cuenta para los premios que aún quedan vivos en esta ciudad?
-Ja,ja,ja. Qué mayor premio que el poder realizarme y realizar mi trabajo. Todo premio encierra relatividades. Lo he pensado cuando yo he sido el ganador. Tal vez sea esa la razón que me ha llevado a eliminar el Premio Celcit. En lo personal no creo que sea yo el candidato a llevarme los premios. No soy simpático, no voy a estrenos y he mandado a más de uno al carajo. Estoy pendiente de lo que yo hago y nada más. No voy a fiestas. No le rindo pleitesía a nadie y no espero que me la rindan a mí. Desprecio a los jalabolas. Es decir, no soy candidato a premios. Soy muy aburrido. Y los que me han dado no los he ido a recibir, exceptuando uno, creo. Recuerda que la clave del fracaso consiste en intentar caer bien y complacer a los demás.
-¿Y la Compañía Nacional de Teatro, a la cual usted dirigió, dónde está?
-Ni idea. Es el secreto mejor guardado por su director Eduardo Gil. Lo único que lamento es que lo que mejor funcionaba en la Compañía Nacional, como era el Programa de Formación Teatral, haya sido eliminado. Con el agravante, según me cuentan, que a los profesores no quieren darles la liquidación que les correspondería. ¡Qué decepción con Eduardo Gil! Me siento responsable, ya que yo fui quien lo propuso para director del Iudet. Y para la Compañía Nacional, nadie me preguntó (no tenían por qué hacerlo), pero yo salí de pendejo y apoyé su nombre cuando me lo comentaron. Es más, un día me lo encontré y le dije: “Tienes que agarrar esa vaina, Néstor Caballero está acabando con ella”, y mira por dónde vamos. Mientras a los grupos se les recorta el presupuesto, a la Compañía se le aumenta y no se sabe nada de ella. Ni qué se está haciendo ni dónde se invierte el dinero. También me han dicho que proyectos ya comprometidos se echan para atrás. Al Grupo Actoral 80 intentaron hacérselo, pero no pudieron.

jueves, noviembre 17, 2005

Vive Medea

Desde 1970, cuando la conocimos protagonizando El sí de las niñas, de Leandro Fernández de Moratín, puesta en escena por Antonio Briceño, hemos disfrutado de su sostenido y exquisito performance actoral. En esa lujosa producción de El Nuevo Grupo nos atrapó por su fina y precisa forma de decir, además de su esbelta figura y su rostro, el cual no envejece, aunque ahora ella está festejando sus 40 años de labores en las artes escénicas.
Nos referimos con inmenso placer a Francis Rueda, quien para no dejar pasar por debajo de la mesa a sus cuatro décadas teatrales ha encarnado a la heroína de Medea, peculiar espectáculo híbrido con los textos de Eurípides y de Jean Anouilh que le hizo y dirigió Gilberto Pinto, esposo y amigo de toda una vida, para una producción del grupo Teatro del Duende, con la sólida participación de la actriz Nirma Prieto y los apoyos de Leonardo Ayala, Vito Lonardo y Alberto Alifa.
No hay que olvidar que la Medea original, la que utilizó Eurípides para su pieza, es la princesa de la Cólquida que se enamora de Jasón y lo ayuda a conquistar el vellocino de oro, aunque para ello traiciona a su padre y mata a su hermano. Medea, que después es abandonada por su enamorado porque éste decide desposarse con una princesa de Corintio, termina por matar a los hijos concebidos con Jasón en venganza por el abandono. La Medea del mito se hace inmortal tras casarse con Aquiles. El dramaturgo griego se vendió a los corintios y les escribió una obra donde Medea es una bruja desalmada y no la mujer que no había cometido mayor pecado que profesar un profundo amor a su marido, quien la deja sin mayores justificaciones.
El francés Jean Anouilh (1910-1987) hizo una versión -estrenada hacia 1943- donde Medea es una mujer, una existencialista que ya no ama a Jasón y que lo odia profundamente, pero no puede estar sin él y le pide que la mate, ya que para vivir requiere de amor y felicidad. Una mujer de nuestros tiempos.
Gilberto Pinto (Premio Nacional de Teatro 2000) escribe en el programa de mano de su montaje que su autoría escénica de Medea es para mostrar la tragedia de una clase dominante, responsable de la instauración de un orden social ilegal e inmoral, pues sus Medea y Jasón son víctimas de sus excesos y, al mismo tiempo, responsables de ellos. Pese a su poder son seres poseídos por el sentimiento angustioso de su propia destrucción, porque y esto ya es el plano del arte: “Hay que combatir la idea de que popular es sólo lo vulgar y lo carente de valor; decir que el pueblo no necesita del arte superior es coincidir con la ideología burguesa que ha hecho de este su particular privilegio”. Sin lugar a dudas que la propuesta que hace este versionista es muy política al proponer a los personajes como los títeres de un sistema económico.
Esta Medea del siglo XXI, que hace temporada en la Sala Horacio Peterson del Ateneo de Caracas, ha servido para recordarnos que en el fondo del corazón de todas las mujeres hay una Medea agazapada, capaz de matar cuando la engañan, cuando pisotean su honor o su dignidad, cuando la traicionan y la cambian por otra cama. Sí, eso le dice este híbrido de los textos de Eurípides y Anouilh en lo más profundo de sus parlamentos. Es el llanto de la hembra que no acepta mentiras ni engaños, que incluso está dispuesta a que su amado pueda ser feliz con otra u otras, pero sin trampas ni manipulaciones ni utilizaciones del poder. Así son las mujeres en su psicología, aunque ellas vivan en una democracia neocapitalista o un autócrata régimen comunista o una de las tantas baratas imitaciones políticas que aún sobreviven en el mundo. Y ese amor posesivo de la mujer será mayor cuando los sentimientos y los razonamientos sean más primitivos, cuando haya menos cultura y el pan no sea diario.
Más allá de las lecturas ideológicas que se desprendan de esta Medea hay que subrayar el drama del amor femenino y sus nefastas consecuencias cuando hay trampas o engaños de por medio. Y esto es muy claro gracias a la actuación que consiguió Francis Rueda, a la fuerza que logra su personaje a pesar que en la función del pasado sábado 12 de noviembre además estuvo pendiente del desempeño actoral de su Jasón e, incluso, le dio la mano para que no cayera, porque el actor Alberto Alifa vivía un mal momento esa noche.

jueves, noviembre 10, 2005

Dos Simones

La realidad o la historia, o la verdad, es superior o más descarnada que la ficción o la imaginación; pero ésta, la ficción, o la loca de la casa, siempre será mejor o más placentera que la saga. Usamos este concepto, inspirados en la lectura de un artículo periodístico de Mario Vargas Llosa, tras haber visto, con placer, el espectáculo teatral Simón, el cual ahora hace temporada en el Teatro Trasnocho, bajo la dirección de César Bolívar y con las precisas caracterizaciones de César Román Bolívar Romero y Rafael Romero.
Ahí se escenifica lo que pudo haber sido el encuentro entre un joven y rico mantuano y su revolucionario y docto maestro de la infancia, y las consecuencias de las decisiones existenciales que ambos tomaron para la historia de las americanas colonias españolas, las cuales lucharon, y siguen luchando, para ser independientes y soberanas.
Este Simón, que ha subido a escena para homenajear a su autor, Isaac Chocrón (Maracay, 25 de septiembre de 1930), porque así lo decidieron los miembros de su agradecida “familia adquirida”, no es más que el encuentro de Simón Bolívar (22 años) y Simón Rodríguez (33 años) en la Europa de 1805 y su epílogo con un legendario juramento en el romano Monte Sacro, aquel 5 de agosto. De esa saga, negada por unos, ratificada por otros, el dramaturgo venezolano hizo un enternecedor cuento teatral, que es el que estamos disfrutando desde los años 80.
Chocrón, que está muy lejos de ser un oportunista dramaturgo ni pretender tampoco colocarse ahora una boína roja, cuenta que escribió Simón, hacia 1982, después de haber recibido “un doble regalo de mi amigo José Ignacio Cabrujas (1937-1995): el libro El libertador, de Augusto Mijares, ‘para que ial fin!, te enteres de quién fue y qué hizo’, y un disco con la Eroica de Beethoven, ‘para que te acompañe en tu lectura. La buena música abre el entendimiento'. El resultado, que llenó de asombro a Cabrujas, fue que escribí Simón. En febrero del 83 la estrenamos en El Nuevo Grupo bajo su dirección, y con Flavio Caballero y Fausto Verdial en los roles, logrando un éxito rotundo. Los 22 años de vida de esta pieza han sido muy felices, con montajes sucediéndose en muchas partes, algunos tan memorables como el de Lima, que duró más de un año en cartelera, y el de Río de Janeiro, donde su público desconocía prácticamente a los personajes históricos, pero interpretaba la pieza como la relación ideal entre un maestro y su alumno”.
Vimos ese primer montaje logrado por Cabrujas-Caballero-Verdial y no se nos ha borrado por la monumental simpleza de la anécdota y las actuaciones. Después hubo otra puesta en escena, más lujosa, a cargo de Javier Vidal y con Héctor Moreno Guzmán y Juan Carlos Gardié Martínez, en el Teatro Nacional (2000). Y ahora hemos visto complacidos el sobrio espectáculo logrado por César Bolívar, reconocido director de cine y televisión, que escogió esta pieza para homenajear al autor en ocasión de sus 75 años, con el respaldo de la gerencia artística del Teatro Trasnocho.
En este nuevo montaje caraqueño, logrado en difíciles circunstancias, hay que destacar que debuta César Román, o al menos es la primera vez que lo vemos sobre un escenario, el unigénito de Pilar Romero, la mujer que más poder tuvo en el teatro criollo, la histórica primera actriz de Rajatabla; a este talentoso joven (24 años), procreado con César Bolívar, ya conocido por sus diversos roles en la televisión, le tocó asumir al jovenzuelo Simón cuando ha quedado viudo y no sabe qué hacer con su vida, hasta que se consigue con el otro Simón, encarnado por Rafael Romero. Complejos los personajes, pero no imposibles de materializar. Es muy digno el trabajo de ambos, aunque siempre esos roles son inabarcables por su grandeza histórica, ya que se compiten con el mito.El montaje, que no supera los 90 minutos, tiene buen ritmo y logra una atmósfera intimista y enternecedora, porque están ahí dos seres atrapados por la telaraña de la historia, tratando de cambiar sus vidas o descubrir nuevos mundos, sin saber que al día siguiente todo cambiaría y tendrían que sacrificar mundanas comodidades para convertirse en héroes o maestros de unas naciones perennemente irredentas. Una producción discreta, pero bien conducida por César Bolívar, quien a buen momento ha reaparecido.

viernes, noviembre 04, 2005

Siete domingos con Cabrujas

El Teatro Trasnocho se ha ido transformando, desde hace cuatro años, en el faro de la escena caraqueña. Su director artístico, Moisés Guevara, propuso, y desde entonces así se hace, la sucesiva exhibición de diversos espectáculos, producidos por agrupaciones particulares, de viernes a domingos, en dobles tandas nocturnas, donde participan conocidas figuras de la televisión, alternando con veteranos comediantes, para interpretar textos ligeros desprovistos de vulgaridades. ¡La formula triunfó!
El éxito en el Teatro Trasnocho, que ahí se mide por los cómputos que arroja la taquilla, tiene cifras cercanas a los 20 mil espectadores y los 400 millones de bolívares, cuando el montaje supera los cuatro meses de temporada y mantiene un promedio alto de audiencia. No todos, por supuesto, alcanzan esas cifras, pero sí hay un flujo permanente de piezas, comediantes y el importante público.
Comercial del siglo XXI
El teatro comercial, cuya historia caraqueña viene desde los intentos de Juana Sujo pasando por los experimentos de Conchita Obach, Enzo Morera, Guillermo González, Jorge Bulgaris, Horacio Peterson e incluye hasta el mismo Carlos Giménez, en los últimos 50 años, ahora está relanzado por el Trasnocho y ya ha sido copiado o imitado por otras instituciones, públicas o privadas. Por eso ahora cunden en Caracas los montajes con las mismas características: textos livianos y protagonizados por rostros de la pantalla chica.
Casi todos quieren montar un monólogo o una pieza con máximo de cuatro intérpretes, y sus temáticas giran, en su mayoría, en torno a la situación de las mujeres en un contexto machista y represor. Hay competencia sin recato alguno y hasta ya se habla de aperturas de otras salas durante el año próximo.
Pero lo que definitivamente ha capturado las miradas de los teatreros y el público es la programación dominical “Haciendo publico lo privado”, otro proyecto del mismo Moisés Guevara, el cual consiste en leer, después de las once de la mañana, una selección de piezas teatrales ante un público que paga su boleto (Bs. 10 mil) y acude interesado en ver y escuchar a sus actores y actrices favoritos, casi siempre provenientes de la televisión, o jóvenes profesionales que recién comienzan.
El dominical experimento “Haciendo público lo privado” comenzó hace un año y hasta ahora han sido leídas 38 piezas ante un conjunto de 3.160 espectadores, quienes disfrutaron de textos de Jean Genet, Tennessee Williams, Arthur Miller, Federico García Lorca, Oscar Wilde, Eurípides, Isaac Chocrón, Eduard Albee, Sófocles, José Ignacio Cabrujas y otros, además de una serie de autores jóvenes criollos y de España.
Moisés Guevara comenta que los resultados con el público “han sido extraordinarios”, porque él jamás pensó “que podríamos llegar a convocar 250 personas para una lectura, como ocurrió con Las criadas de Jean Genet. Hemos tenido una asistencia regular de 100 a 200 espectadores, y en algunas ocasiones hasta únicamente 40; pero que 40 personas compren entradas para una lectura dramatizada durante un domingo cualquiera a las 11:00 am es un logro, por no decir que es una gran ganancia para el teatro, para el teatro como profesión”.
Con respecto a los actores y actrices que han estado involucrados en “Haciendo público lo privado”, el director Moisés Guevara comentó que pasan de 120 entre comediantes y directores.
-¿Planes inmediatos con “Haciendo público lo privado”?
-Vamos a culminar este año con un ciclo de siete textos de Cabrujas, el cual proseguiremos en el 2006. Además, la próxima semana sube a escena Rosa de dos aromas, un texto de Emilio Carballido que aquí leímos y que ahora lo encarnarán Nelly Garzón y Nattalie Cortez, dirigidas por Iraida Tapias.
-¿Elencos para lecturas venideras y directores que participarían?
-Entre actores y directores hemos logrado convocar a un inmenso número de colegas y mantenemos siempre la premisa de incorporar más jóvenes. Para mí es fundamental apoyar la incorporación de los nuevos profesionales al mercado de trabajo y es por eso que casi todos mis alumnos han participado como actores. Estoy convencido de que este proyecto “Haciendo público lo privado” los modificó, así como nos modificó a todos, incluso a los que tienen años en este oficio.
Comenta Moisés Guevara que “para nuestros colegas actores que trabajan en la televisión y tienen una dinámica muy fuerte por las grabaciones, este proyecto les permite no alejarse durante mucho tiempo del teatro. Prácticamente todos participan e incluso entendemos nuestros compromisos y nos ajustamos. En algunos casos iniciamos ensayos a las diez de la noche y muchas veces no podemos estar todos en los ensayos, así que termina convirtiéndose en un reto para el director, ya que hay que ajustar por partes y todo esto en cuatro sesiones de trabajo previas a la lectura del domingo. Porque esto no es agarrar un texto y salir a leerlo. No, se ensaya y ensaya, hasta que se consiguen las atmósferas. No es fácil esto”.
-¿Satisfecho con lo obtenido, ahora que también otros teatreros los están imitando?
-Qué bueno que nos imiten, pero ojalá que lo hagan con rigor. Por supuesto que estoy feliz con lo logrado, porque este proyecto nació en el Teatro Trasnocho, pero es un proyecto independiente, es el proyecto más independiente en el que he trabajado durante 20 años de profesión y precisamente este año cumplí dos décadas en el teatro y me di cuenta de eso hace algunos días.
Un amplio legado
“El ciclo dedicado a José Ignacio Cabrujas como un honesto homenaje y recordatorio de su obra, nos tiene en una encrucijada”, apunta Guevara. “Tengo meses dedicado a la investigación de sus textos y ya tengo una relación digitalizada y corregida de más de 24 obras de teatro, a veces me salta la fantasía de leerlas todas. Para iniciar vamos a leer, en siete domingos, sus primeras piezas: domingo 13 de noviembre:La soberbia milagrosa del general Pío Fernández y Tradicional Hospitalidad (Antonio Costante); domingo 20: Fiésole (Xiomara Moreno); domingo 27: El extraño viaje de Simón el malo (Miriam Dembo); domingo 4 de diciembre: Juan Francisco de León (Iraida Tapias); domingo 11:La vida y la muerte del Rey Ricardo III (Javier Vidal). Y para enero leeremos sus versiones de Macbeth , Sueño de una noche de verano y su Profundo. Y se nos queda en el tintero más de la mitad de su obra y algunas maravillas que encontré. Mi planteamiento es que puedan trabajar en este ciclo todos los actores que participaron hasta ahora, los elencos no están decididos y los definimos de una semana para la otra porque depende mucho de los compromisos que tengan. Trabajaremos casi todos los directores del proyecto pero quiero invitar a los que fueron amigos de José Ignacio. Lo que nos queda por delante es conseguir una editorial interesada en publicar las obras completas, el trabajo más difícil que fue conseguirlas y digitalizarlas ya está hecho”.

jueves, noviembre 03, 2005

Otro Reveròn

Cuarenta millones de bolívares para reponer ese espectáculo que estrenaron en la temporada de 1990, más el equivalente a dos mil dólares por los derechos de autor, unos 4 millones 300 mil bolívares cancelados a la viuda (Isabel Palacios), son los gastos iniciales del remontaje de Autorretrato de artista con barba y pumpá, con lo cual el grupo Theja rindió homenaje al dramaturgo José Ignacio Cabrujas (Caracas, 17 de julio de 1937- Porlamar, 21 de octubre de 1995).
¡Qué por qué hemos iniciado nuestra crítica con esos incómodos datos financieros, con una referencia a esos 44.300.000 bolívares, gastados para subir el telón de la Sala Alberto de Paz y Mateos? Porque sin esa inversión, el Theja no hubiese podido cumplir su compromiso con el público y además tampoco habría participado en el décimo aniversario cabrujiano, y habría pasado por debajo de la mesa, aunque ya el Grupo Actoral 80 había hecho lo suyo con el nuevo montaje de El día que me quieras, excelente trabajo además del director argentino Juan Carlos Gené y memorable actuación de Héctor Manrique como el desubicado Pío Miranda. Sin bolívares no hay teatro posible, ya que el financiamiento de un espectáculo teatral es de por si toda una pieza tragicómica que muy pocos conocen. No habría tanto desatino si el Estado honrase a tiempo sus compromisos con las agrupaciones subsidiadas, pero ¿quién le pone el cascabel al gato? ¿Así se justifica el teatro comercial, financiado por artistas y empresarios?También, y esta es la verdad, la referencia al papel moneda es porque tanto Armando Reverón (Caracas,1889-1954), personaje de carne y hueso que inspiró a Cabrujas para convertirse en el protagonista de Autorretrato de artista con barba y pumpá, como el mismo autor teatral vivieron y perecieron bajo la incesante férula de la consecución del sustento para la sobrevivencia, el dinero para el diario yantar. Ambos fueron hombres de talento, pero el colectivo en el cual vivieron los explotó hasta la saciedad, los esquilmó hasta llevarlos a la muerte. Uno fallece, enloquecido en un sanatorio y dejando atrás decenas de obras suyas que enriquecieron a sus mecenas, y el otro fenece, infartado y ahogado en la piscina de un conjunto residencial, donde estaba recluido para escribir una telenovela con la cual pretendía financiarse él y los suyos. ¡Coincidencias no teatrales!
Crueles coincidencias entre Reverón y Cabrujas, pero más terrible porque el escritor se reflejó o se proyectó en ese fantástico pintor de la luz, como antes lo había hecho en sus piezas - Juan Francisco de León, Acto Cultural y El día que me quieras-, ya que él de alguna manera es el gran protagonista de todas ellas, porque él era ese venezolano en pos de la historia y en desafío perenne a sus contradicciones existenciales, lamentando haber nacido unos metros más allá de un lugar donde las cosas le habrían sido diferentes. Reiterando aquello de que los seres humanos no escogemos nacer ni seleccionamos a nuestros progenitores ni el espacio territorial donde iniciamos nuestros caminos; nos toca aceptar tales herencias y hacer un viaje, a veces ventajoso o tortuoso.
En verdad que pocas obras venezolanas nos habían trastornado tanto al verlas escenificadas, como sí nos ocurrió con ese fantástico montaje que José Simón Escalona ha obtenido con el texto cabrujiano. Un reto actoral para Javier Vidal, muy joven y muy grácil, al encarnar a un Armando Reverón poético, un personaje modélico, enloquecido por una sociedad que le exigía más y más obras para el mercado, y recibiendo un premio para seguirlo estimulando o para reconfortarlo mientras se moría.
No guardamos en nuestra memoria nada del montaje de 1990. Algo nos pasó con aquel y no nos dejó huella alguna, pero el de ahora sí. Es una terrible obra, la mejor o la más filosófica; un estrujante y contemporáneo autorretrato de Cabrujas, un amargo espejo para los artistas e intelectuales; un montaje que es una cátedra sobre cómo contar el pasado y llevarlo al presente para mostrar al personaje en todas sus contradicciones. Claro está que han pasado 15 años, que ya la sociedad criolla no es ni será la misma y que los espectadores somos otros. Pero esa desopilante obra sigue ahí, mostrando como un ser humano es vapuleado por un sociedad que no cuida a sus artistas, que los exprime e incluso que los mata, porque son peligrosos