jueves, mayo 11, 2017

La planta insolente no aplastó a Venezuela

Roberto Moll en su complejo personaje del general Cipriano Castro.
“El hombre no es lo que oculta, sino lo que hace. Es lo que hace, no lo que consume”, enseña el francés André Malraux. Mientras que el venezolano Manuel Vicente Romerogarcía acuño esta frase lapidaria: “Venezuela es el país de las nulidades engreídas y las reputaciones consagradas”.
¿Y por qué uso esas dos citas para encabezar esta reseña sobre la película La planta insolente, la más reciente creación de Román Chalbaud a partir del guión de Luis Britto García? Porque esas sabias palabras están ahí, transformadas en una buena obra de arte fílmico -donde trabajaron centenares de venezolanos- que puede ayudar a comprender lo que es como país y cómo piensan, sueñan  y trabajan sus habitantes, nativos o asimilados.
La planta insolente podría evaluarse como un atrevido largometraje, sobre el auge, el desarrollo y la caída del nacionalista dirigente liberal Cipriano Castro (Capacho Viejo, Táchira, Venezuela, 12.11.1858/ Santurce, Puerto Rico, 04. 12.1924), pero también proporciona al espectador, inteligente e informado, una parábola sobre lo que ha sido la política y el desarrollo socioeconómico de Venezuela durante más de dos siglos. Podría verse como la rocambolesca biografía de un caudillo que amó demasiado a su patria, o también un acercamiento sobre lo que ha sido la gobernación, el crecimiento y los obstáculos venezolanos y foráneos, especialmente en la centuria pasada.
Nada fácil ni grata ha sido la historia venezolana, no solo porque sus ciudadanos no lo hayan querido ni buscado, sino porque el vecindario colaboró a medias, porque no hubo la unidad necesaria, y porque tuvo que defenderse de otras gentes interesadas en sus riquezas, en ese “dorado” que la ha perseguido desde que se independizó y ha luchado siempre por ser libre y soberana, a pesar de una inverosímil corrupción, no solo de sus dirigentes. La historia de Venezuela no se diferencia mucho de la de otros países latinoamericanos, porque una especie de hermano mayor ha querido obligarlos, a todos, a pensar y hacer sus designios, pero ha encontrado resistencia a veces y complicidad en otras ocasiones. La hora de América Latina llegará más temprano que nunca, como lo dijeron Camilo Torres y Salvador Allende, en otros escenarios, y por eso los mataron.
Es, pues, La planta insolente una oportuna película política, que revisa rápidamente (llega a los 100 minutos) lo que han sido sus líderes políticos y culturales. Un filme que, gracias a su pulcra estructura conceptual y excelente realización artística, enseña lo que no se debe hacer o lo habría que organizar u obtener para salir adelante, sin caer en el tentador panfleto. Todo eso está ahí en las pantallas cinematográficas criollas, gracias a la suma de talentos y pasiones que aportaron Chalbaud y Brito García, el primer actor Roberto Moll y centenares de comediantes y técnicos quienes dieron sus sangres, sudores y lágrimas para materializar, con un realismo estremecedor, salpicado de detalles surrealistas o mágico religiosos, porque hasta José Gregorio Hernández esta ahí, curando a sus compatriotas y apoyando a la creación de la ciudadanía necesaria para la Patria.
No es, pues, La planta insolente, una película más. Es un respetable producto cultural inspirado en la historia nacional que debe ser visto y analizado por todos aquellos venezolanos que busquen la explicación de lo que pasó, lo que está ocurriendo y lo que puede venir.  
Y como este oficio de reseñador  lo exige debo explicar al lector que este largometraje muestra a Cipriano Castro  cuando toma el poder en Venezuela en 1899; se niega a ceder a presiones de los caudillos regionales, los banqueros, las transnacionales y de los acreedores de la Deuda Externa, por lo cual enfrenta una flota de 15 acorazados de Inglaterra, Alemania e Italia que bloquean y bombardean las costas por cobros de la deuda pública; derrota a un ejército de 15.000 hombres dirigido por los caudillos regionales y los acreedores extranjeros, desafía a las transnacionales de seis imperios y es vencido solamente  por la enfermedad y la traición. Es, pues, un film que plasma el rol que desempeñó el entonces Presidente de Venezuela, durante el periodo de 1899-1908. Refleja la inspiración de un sentir y exalta la personalidad carismática de Castro y su una profunda pasión nacionalista.
Del mismo modo, el filme capta el momento histórico cuando Castro, como Presidente de Venezuela, proclamó: “¡La planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la patria!”, mientras las costas del país eran invadidas por las grandes fuerzas del imperio europeo.
Por otro lado, La planta insolente es la primera gran producción de la Villa del Cine y es distribuida por Amazonia Films de este 2017. Es preciso destacar que este largometraje es el resultado de una idea que manifestó el Comandante Hugo Chávez al historiador Luis Brito García y al cineasta Román Chalbaud en 2009.



ECOS DEL FESTIVAL DE CARACAS Hecho en Venezuela

Desde Guanare vinieron trabajadores artistas
Ostracismo, deportación, exilio o autoexilio son palabras que sangran y enseñan lo mismo: soledad y desasosiego de quienes llevan tatuadas en sus cuerpos tales cruces vejatorias contra sus derechos humanos.  Para los antiguos griegos eran los máximos castigos a que podían ser sometidos; para algunos eran peores que la muerte y otros reconocían que eran muertes en vida.
Los chilenos que combatieron al régimen de Pinochet, desde aquel siniestro septiembre de 1973, predicaron que el exilio es una violación a los derechos fundamentales de la persona que pone en grave riesgo su integridad física y psicológica, es factor desintegrador de la familia y elemento de fractura de la unidad social de una nación. Por eso se ha dicho que ninguna circunstancia permite justificar su existencia o atenuar sus consecuencias: el exilio es una forma de represión específica de un Estado totalitario contra un sector de la sociedad.
El teatro tiene centenares de piezas sobre esa temática, pero cuando teatreros o espectadores han sufrido o viven el exilio o el autoexilio, los rituales de su representación o de la contemplación de algunas de esas obras conllevan siempre un desgarramiento íntimo, catártico o depurativo, pero también desatan iras y agudizan contradicciones que pueden hasta generar colapsos con pronósticos reservados.
Eso lo afirmamos en la temporada teatral de 2010 cuando evaluamos el valioso espectáculo sobre el exilio, creado a partir de la obra Mientras te olvido del periodista venezolano Andrés Correa Guatarasma, la cual, gracias a la especial y creativa versión de la directora Virginia Aponte, hizo una primera temporada de ocho funciones en la Universidad Católica Andrés Bello, contando con el comprometido y respetable respaldo actoral de Soraya Siverio, Ellen Andara, Unai Amenabar y Leo Van Schermbeek.
Mientras te olvido es una fantástica historia de amor entre una pareja de exilados separados por una revolución y quienes se reencuentran, años después, en Miami.  Lo que nunca esperó Correa Guatarasma era que la directora Virginia Aponte (nació en La Habana y emigró a Caracas con 14 años) ambientara o desarrollara su pieza dentro de un contexto cubano y además que sus personajes tuviesen el acento isleño, gracias al talento de sus actores, hasta convertir Mientras te olvido en el melodrama de un matrimonio afectado fatalmente por la revolución castrista. Esa versión escénica nos evoca a Montoya saliendo de su casa en La Habana para comprar pan, pero tardará seis años para reencontrarse con su esposa Celia, en Miami.
Pudo la directora Aponte realizar una lectura ecuménica o neutra, teniendo en cuenta que el exilio o el autoexilio es “la moneda” más común o el castigo que más se usa en este balcanizado continente. Lo hizo “a la cubana”, ya que sus cuatro hijos venezolanos le dieron cinco nietos y porque aún espera ir a Varadero donde jugó en su infancia. ¡Somos de la misma materia de los sueños!
ME FUI PARA NUEVA YORK
Recordamos esto porque gracias al VI Festival de Teatro de Caracas hemos podido ver y evaluar al espectáculo Hecho en Venezuela, escrito y dirigido por Aníbal Grunn, contando con el conmovedor apoyo actoral -¿podría calificarse al estilo chejoviano?- de Wilfredo Peraza, Carlos Moreno, Evis Cuellar y Mercy Mendoza,  exhibido en la histórica Sala Alberto de Paz  y Mateos, aquel “portaaviones” que permitió la triunfal insurgencia de El Nuevo Grupo y la consagración de autores como José Ignacio Cabrujas, Isaac Chocrón y Román Chalbaud, entre otros, durante los  últimos 40 años   del siglo XX.
Hecho en Venezuela, según nos contó el mismo Grunn, es un texto que surge de las emociones de un cuarteto de actores y el autor-director (tres venezolanos, una colombiana y un argentino), además de los indispensables técnicos criollos: Alejandro Martínez y Luis España. “Todo aquello brotó del día a día, de la cotidianidad. De escuchar tantas tonterías de un lado y del otro. Surge de mis raíces como exiliado, como extranjero, como nieto de extranjeros. Surge del amor que tengo por Venezuela, del dolor, de las entrañas. Hay mucho de autobiográfico en algunos textos. Nunca pensé en estructuras, ni en modelos prefabricados. En realidad nunca pensé sino sentí, sentí todo lo que decía, lo que escribía. Si puedo asegurar que cuando la terminé y la leí, tuve miedo, mucho miedo. Era la primera vez que decía cosas tan duras y tan directas. Fue escrita en el 2015. La leímos y decidimos dejarla reposar. Esperar para sacarla al aire. El proceso de ensayos también fue muy enriquecedor. Yo escuchaba a los actores, discutíamos los textos, modificábamos algunos, los adaptábamos a sus bocas, a sus emociones, a la vida de esos personajes. En fin, sin ser una creación colectiva fue el colectivo que terminó de darle forma al texto. La escogencia de las canciones de Maria Elena Walsh (Como la cigarra) y Luis Fragachán (El Norte es una quimera), entre otras fue también un proceso, porque sabíamos que al lado había vecino y su radio eran un personaje más, un personaje fundamental”.
Vimos, pues, Hecho en Venezuela y recordamos de inmediato a Mientras te olvido, porque los textos y sus escenificaciones están hechos del mismo material y con el mecanismo teatral válido por su estremecedoras humanidades, tal como lo hace Arthur Miller en su magistral pieza La muerte de un viajante, precisamente cuando Willy Loman se reencuentra con el fantasma de su hermano.  Lo cual hace universal y válida a la pieza venezolana mientras existan exiliados, autoexiliados o deportados en el mundo.
Hecho en Venezuela es una hermosísima obra sobre una temática que no es ajena para nosotros. También somos exiliados y llevamos 48 años sin regresar, porque nuestro pasado se lo llevó esa perpetua tempestad de sangre y violencia…y porque seríamos extranjeros en el que era nuestro terruño y ahora es de otros. Alguien nos enseñó que todos los seres humanos somos exilados en este miserable planeta… y al parecer tenía razón, aunque el amor, cuando se consigue, suaviza la espera hasta la última cita.
Hecho en Venezuela no es otra cosa que el reencuentro de un hermano con su hermana, César y Yolanda, después de largos 15 años de separación. Ella se fue con su esposo Mario (ingeniero petrolero desempleado) a Estados Unidos y él se quedó con su mujer Julia y su hija Paula en su casucha de un pueblo del llano venezolano. Estuvieron separados y seguirán así hasta el fin de sus existencias, porque aunque Yolanda y César se reencontraron y lamentaron que la sociedad venezolana los haya separado por múltiples circunstancias. Incluso ella quería llevárselo para Dallas y hasta le había conseguido empleo como experto mecánico automotriz, pero no acepta y opta por quedarse en el mismo terruño. No por miedo sino por amor a su gente y sus costumbres. Yolanda y su esposo se marcharon pero seguirán unidos por teléfono y los sentimientos.
¿El mecánico llanero César hizo lo correcto o debía de haberse marchado, en plena madurez existencial, a conocer otro mundo? Es la pregunta que nos hacemos y que no respondemos porque tales decisiones solamente las comprende o las sopesa el que ha sido extranjero y no quiere repetir la experiencia una vez más .También hay algo de miedo a la aventura, a lo desconocido, pero dejemos por ahora a esa pareja de llaneros venezolanos comiéndose el duro pan que le da la patria mientras otros hacen sus vidas en tierra foráneas.
¿Es lo correcto? ¿Hay que respetar su elección? Bien merece Hecho en Venezuela un foro con los espectadores al final de cada representación, para lo cual esta producción del Compañía Regional de Portuguesa (Carlos Arroyo) debería venir en temporada a Caracas, donde hay muchos personajes como los que ahí materializan esos comediantes que hacen su ritual escénico en el patio de esa modesta casucha de Guanare.

lunes, mayo 08, 2017

Cipriano Castro revive en "La planta insolente"

Chalabas logró el estreno su  de su policial sobre el andino que invadió Caracas
Este miercoles es el estreno oficial de La planta insolente, las más reciente pelicula de Romàn Chalbaud,  y desde el viernes estarà en el circuito comercial  de cinematógrafos venezolanos.

 Sobre el origen de La planta insolente, donde se dice que intervino el comandante Hugo Chávez, Chalbaud comenta que “el 18 de septiembre de 2009,  cuando estrenamos mi película Zamora, tierra y hombres libres, estábamos sentados en el palco presidencial del Teatro Teresa Carreño, el presidente Chávez se volvió hacia Luis Britto García, quien  fue el guionista de ese largometraje, y le pregunto: "¡A usted le gustaría escribir un guión sobre la vida de Cipriano Castro? “ Y Luis Britto respondió afirmativamente. Entonces el comandante se volvió hacia mi y me pregunto: “¡Y  usted , Chalbaud, estaría dispuesto a dirigirla?” Y yo respondí: Sí, mi Comandante.  Tres meses después Britto me envía el guión de La planta insolente”. Así surgió el proyecto de La planta insolente, que ha sido producido por la Villa del Cine.
Comenta Chalbaud que el guión recorre parte de la historia del mandato de Cipriano Castro (Capacho, Táchira,12 de octubre de 1958/Santurce, Puerto Rico, 4 de diciembre de 1924) y su lucha contra las presiones de los caudillos regionales, banqueros, transnacionales y acreedores de la deuda externa. “Desde que leí el guión me encantó pues no es una película solamente biográfica, sino que Britto la recrea con realismo mágico. Es un guión muy bello y hermoso que tiene escenas que te pueden recordar cosas que suceden hoy en día, y es muy importante para la gente que conozca su historia, para que conozca mejor a su país y a nosotros mismos”, contó el director.
-¿Por qué ese titulo de La planta insolente, para su pelicula?
Hay que recordar, lamentablemente, que  Inglaterra, Francia y Alemania invadieron a Venezuela en 1902 alegando el pago de una deuda para ocultar sus verdaderos intereses: dividir el país y tomar para sí el territorio, la Amazonía y el petróleo del suelo nacional. El presidente Cipriano Castro, los enfrentó con la fuerza patriota y nacionalista, pero el 9 de diciembre de 1902 llegan, sin declaratoria previa de guerra, una serie de  acorazados ingleses y alemanes a las costas de Puerto Cabello y la Guaira. Venezuela los enfrenta con la pequeña y vieja flota de entonces y  Castro lanza su proclama: "La planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la patria" e inicia una carrera diplomática para poner fin al bloqueo, al tiempo que prepara el alistamiento de cien mil voluntarios para enfrentar a los imperios. De ahí tomamos el titulo de mi pelicula, a instancias del mismo Luis. Lo  prometido es deuda:
¿Cómo vivió todo el proceso del casting, el rodaje y la posproducción ?  
Es la película más difícil que hemos realizado. No sólo por las exigencias técnicas y artísticas de reconstruir la época, sino que tropezamos varias veces con problemas que hicieron detener el rodaje. La enfermedad de Roberto Moll, que estuvo a un paso de la muerte, hizo de estuviéramos varios meses sin filmar, esperando no solo su restablecimiento, sino que adquiriera los pesos perdidos durante su grave dolencia. Había adelgazado mucho y para volver a estar frente a la cámara tenía que tener la misma consistencia física de las escenas anteriores. 
¿Como fue la enfermedad del protagonista?
Roberto Moll se enfermo a raíz de filmar la escena final de la película, cuando Cipriano se mete en el mar profundo. Recuerden que en  las películas las escenas no se filman en orden y cuando filmamos esta escena apenas habíamos filmado un tercio del guion.
¿Satisfecho de lo logrado?
Estoy realmente satisfecho con la película. El guion, los actores, la calidad técnica y artística de la fotografía, del sonido, de los efectos especiales digitales, el vestuario, las escenografías, de la música. Y lo mas importante: la historia.
¿Como analiza el estreno de su película en medio del actual contexto internacional?
Esperamos la respuesta del público. 
¿Que viene ahora ?
Estamos preparando dos largometrajes sobre la vida de Chávez. !Un verdadero reto ! Y vamos el festival de Mérida.
Villa del cine
La producción de La planta insolente contó con la participación de aproximadamente 70 técnicos, 90 actores y más de 500 extras, de los cuales más del 50% son de Guarenas y Guatire y sin experiencia previa en la actuación, grabando en diferentes escenarios, tales como La Casa Amarilla, la Escuela de enfermería de Sebucán, la Casa Anauco en Hoyo de La Puerta, en Sanarecapital del Municipio Andrés Eloy Blanco, Edo. Lara, y en los estudios de la Villa del Cine, instituciòn que, bajo la presidencia de Jorgen G Antonio Gómez, continúa su labor de fortalecer la memoria histórica del país y  apuntalar asì el redescubrimiento de la Historia de Venezuela.



sábado, mayo 06, 2017

Sin vestuario no hay espectáculo

Belkys, vestuarista de Vimazoluleka
Larga y compleja ha sido la historia de la producción, su complejo rodaje y la accidentada posproducción de Vimazoluleka, la ópera prima cinematográfica de Levy Rossell Daal, cuyo estreno se planifica para dentro de un mes en varias salas venezolanas. Y, por si fuera poco, él reconocido artista inicia otro proyecto fílmico donde también participará su hermana Belkys Rossell Daal, la diseñadora.
Y a la espera de este lanzamiento, como es natural, está Belkys, quien además es psicopedagoga y cuentacuentos; ella se inició́ en el área del diseño creando los atuendos vesturales para diferentes obras teatrales y producciones audiovisuales de su hermano; ella, además, ha sido directora de recreación educativa y eduquemos jugando, programas sociales de varias alcaldías de la Gran Caracas pero su inquietud por el diseño y el trabajo artesanal con títeres la llevaron a nuevas horizontes en la estética y el arte.
En el año 1994, su creatividad traspasó las fronteras y sus creaciones, especialmente en el complejo mundo del diseño de vestuarios, llegando a Estados Unidos, República Dominicana, México, Bolivia y España con sus creaciones,
¿Cómo han sido sus procesos de creación?
El mar Caribe, escenario lleno de luz, color y magia, ha sido mi constante inspiración. La riqueza de colores y la innovación de los diseños siempre están presentes cuando realizo los bocetos. Creo que el vestir siempre debe ser sobrio y elegante aunque imaginativo como somos los venezolanos. El artista debe ser versátil, estructurado y hasta puede ser romántico”
Insiste en que las propuestas que se presenten “deben contener el estilo de vida que uno haya logrado a través de los años vividos. Amo y respeto las artes escénicas, amo la música, y todo el movimiento ecológico que se ve en el mundo”.
Puntualiza que ha sido fundadora y directora creativa de empresas de diseño y confección. “El vestir es inherente a la cultura y se deriva de ella. Es un error creer que el vestuario o la moda de los mismos es un asunto frívolo. Es todo lo contrario: el vestuario es básico en la condición humana social”.
“En el pasado como asistente de vestuario, estuve en la gira a México de Arte de Venezuela, la agrupación de mi hermano Levy. para el Festival Cervantino de la Ciudad de Guanajuato y luego en la presentación que se hizo en el Auditorio Nacional de Ciudad de México frente a 13 mil espectadores y me quedó el gustico, todo aquello en los años 70 y 80 del siglo pasado. Años después hice el vestuario de esta misma obra teatral, Vimazoluleka, para Cine Super 8. Realicé el vestuario para producciones musicales de FUNDAC en el Estado Carabobo bajo los auspicios de la Fundación Neuman, ya desaparecida.  También hice el vestuario para la obra teatral Fedora en homenaje a esa importante figura nacional del canto lírico, producida por Horacio Peterson. Lo último en donde he participado fue en la asesoría de vestuario y maquillaje de la superproducción musical Vimazoluleka para cine de mi hermano con la dirección musical de Alexis, mi otro hermano artista”.
¿Sin vestuario no hay espectáculo?
Sí y no, porque los actores pueden salir desnudos a la escena teatral, también bien en el cine o en la televisión, pero todo eso tiene una audiencia reducida por aquello de los códigos de conductas sociales. Lo menos conflictivo es un vestuario y eso hay que diseñarlo y materializarlo. Aquí en Venezuela se ha mostrado teatro sin ropajes, como lo hizo el gran Esteban Trapiello hace años en el Ateneo de Caracas. Fue un escándalo, pero tuvo taquilla, pero nadie más lo siguió haciendo. Últimamente estoy creando accesorios, hechos a mano- piezas únicas- como una consecuencia de mis aportes anteriores al mundo del espectáculo.
7 millones
Desde 1966 está Vimazoluleka en los escenarios venezolanos y ahora se alista para la pantalla cinematográfica. No hay que olvidar que es la primera obra teatral que montó Levy Rossell en el Ateneo de Caracas. También tuvo otro escenario internacional como el “Off- Broadway de Nueva York”, donde hizo taquilla durante cinco meses. Pero más allá, del impacto causado en el pasado sobre las tablas, hoy la   pantalla a nivel nacional se viste de fiesta por el traslado de esta importante obra al mundo del cine, un musical, donde hay más de 700 personas, entre productores, personal ejecutivo, músicos y una importante presencia de reconocidos artistas de renombre, sumados a una nueva generación de talentos, oriundos de diversas regiones del país. Fue realizada con un presupuesto de siete millones de bolívares, cuyos accionistas son los mismos actores y actrices que hoy forman parte de dicha historia. Esta estrategia comercial ha sido tal vez, uno de los puntos resaltantes de este proyecto, el cual ha dejado como ejemplo, una nueva y creativa forma de mercadear y hacer cine en nuestro país.


jueves, mayo 04, 2017

Camilo Torres y Ezequiel Zamora en escena caraqueña

Desde Bogotá trajeron al cura Camilo Torres.
El colombiano, sacerdote y guerrillero, Camilo Torres y el venezolano, comerciante y general, Ezequiel Zamora coincidieron, en sendos escenarios, del VI Festival de Teatro de Caracas 2017, para recontar sagas y sacrificios, una vez más, por la liberación de sus irredentos pueblos y ser así, de nuevo, ejemplos de lucha para los que aún estamos vivos y soñando.
Lamentablemente, los cuerpos de estos paradigmáticos luchadores no pueden ser ahora honrados por sus compatriotas ya que sus rivales o enemigos los desaparecieron o crearon la sospecha para que no fuesen venerados jamás e impedir que se transformasen en símbolos de un culto civil. ¡Nunca sospecharon que el teatro los podía revivir y suscitar las polémicas!
Camilo y Zamora pasó por aquí fueron, pues,  los ejemplares y decantados espectaculos exhibidos, respectivamente, en los caraqueños teatros Nacional y Alameda gracias a los trabajos artísticos de los grupos La Candelaria (Bogotá) y Compañía Nacional de Teatro (Caracas), dirigidos por Patricia Ariza y Carlos Arroyo, con la participación de no menos de 20 actores, actrices y técnicos. Hicieron cuatro funciones para unos miles de venezolanos que enriquecieron sus sentimientos y sus memorias por lo que ahí se les mostro o materializó.
CURA GUERILLERO
Célebre profesor universitario, sacerdote, político, rebelde y, por último, insurgente o guerrillero era Camilo Torres. Abordando la figura de ese hombre representativo de la intelectualidad colombiana, La Candelaria hizo una pulcra creación colectiva para celebrar el medio siglo de su agrupación y conmemorar los 50 de la muerte física  y la desaparición  de su cuerpo, al cual reviven gracias al trabajo de 13 artistas quienes lo plasman escénicamente por intermedio de impactantes secuencias de imágenes teatrales preñadas de  misticismo, rebeldía, amor y sacrificio, para contar así como era, y sigue siendo, el conflicto social de los colombianos; ese  que llevó al sacerdote  a un apostolado y su sacrificio final  al rebelarse contra el Estado y vincularse a la insurgencia guerrillera y morir  así, durante su primero y último combate, aquel 15 de febrero de 1966, cuando había cumplido 37 años.
Gracias, pues, a los comediantes Fernando Mendoza, Hernando Forero, César Badillo, Rafael Giraldo, Nohora González, Alexandra Escobar, Carmiña Martínez, Adelaida Otálora, Edith Laverde, Erika Guzmán, César Amezquita, Diego Vargas y Camilo Amórtegui, además de Patricia Ariza, se mostró en Caracas al histórico y valioso personaje por intermedio de un fantástico desfile de imágenes teatrales donde predominaron la música, el baile y la actuación esperpéntica.
Todo dentro de una densa atmósfera de ritual religioso católico, cual si fuese la representación de un auto sacramental sobre la Vida, Pasión y Muerte de Jesús de Nazaret. Impactó su ritmo escénico y el desenfado actoral, matizado de ese peculiar y respetuoso humor colombiano, todo dentro de un buen gusto, nada fuera de lugar. Ese ejemplar trabajo teatral, que puede calificarse como una puesta en escena del mejor barroco latinoamericano, pletórico de imágenes poéticas, que logra mostrar las facetas más trascendentales de tan mágico personaje y deja palpar sus pensamientos.
Patricia Ariza insiste en que este Camilo revive a un personaje muy representativo de la historia de Colombia, importantísimo, como Bolívar. No es un banquillo para juzgarlo y condenarlo, porque “ese no es el trabajo del arte”. Encarna los años 60 que es la época de la utopía y también de la aparición de las insurgencias de América Latina. Y es importante entender eso porque permite comprender lo que está sucediendo ahora gracias a las ciencias, a las reflexiones de los historiadores y los avances del arte, como ha dicho Ariza, dentro del proceso de pacificación iniciado por las FARC y el actual gobierno colombiano.
GENERAL DEL PUEBLO SOBERANO
El espectáculo Zamora pasó por aquí, nacido de la exhaustiva investigación de Aníbal Grunn y la creativa puesta en escena lograda gracias al creativo Carlos Arroyo, se centra en la muerte o el desenlace vital del militar y revolucionario, que nace en Cúa y hace mutis en San Carlos, tras la victoriosa y trascendental batalla de Santa Inés.
Así, también, como a Camilo Torres, a Ezequiel Zamora le correspondió abandonar este dimensión terrestre a los 43 años como consecuencia de una bala traicionera y ahora resucita o sube a la escena para conmemorar el bicentenario de su natalicio, gracias al sobrio y estremecedor espectáculo donde el personaje protagonista monologa y recibe el apoyo de dos mujeres, tremendas actrices que encarnan su madre y su esposa y otras damas necesarias para el relato escénico.
Naty La Cruz, Livia Méndez, Kala Fuenmayor y Keudy López, en los arreglos musicales, integraron el elenco de Zamora pasó por aquí, un texto que obligó a que Grunn leyera, investigara, se asesorara y tratara de ser lo más objetivo posible. No fue fácil lograr ese texto, pero el público escuchó y juzgó el relato teatral sobre la vida de tan extraordinario hombre, haciendo énfasis en el momento de su muerte, contada en varios momentos y desde que se fragua la traición.
Grunn recuerda que Zamora, como otros personajes de la historia latinoamericana, es tratado bien o mal, dependiendo del gobierno de turno. Y como tantos héroes que lucharon por una Independencia, una Libertad y unas reivindicaciones sociales, humanas y políticas, perece violentamente y desaparece para la historia, dejando una huella imborrable en el pueblo a quien defendió y que vio como se transformó en un verdadero héroe nacional.
Porque, si bien aquel Valiente Ciudadano había comenzado desde muy joven, una lucha por las reivindicaciones sociales en Cúa, su tierra natal, es recién en febrero de 1859, cuando regresa del exilio en Curazao, que se pone al frente de la Guerra Federal. Y 11 meses después, el 10 enero de 1860, muere traicionado por una bala que, aunque la historia lo niegue, tiene nombre y apellido, y viene signada por las ansias del poder.  
El director Arroyo maneja finamente a sus actores y los desgarra hasta conmover con ese ritual mortuorio, donde resalta  Nitay como el inmolado Zamora,  mientras las voces de las mujeres que lo amaron y lo siguieron hacen un alucinante contrapunto durante sus últimos momentos, concisos y aplastantes segundos finales del héroe venezolano, cuya labor por la liberación popular no ha sido suficientemente destacada porque sus enemigos se apoderaron de su victoria y lo trataron de minimizar; pero es gracias a Zamora que los venezolanos terminaron de despertar y todavía están luchando por su libertad y sus sueños, como lo reitera este espectáculo teatral, digno de ser exhibido en más auditorios.
Fue Zamora traicionado y enterrado en el mismo sitio donde muere. Muchos años después, sus restos son trasladados al Panteón Nacional, pero dice la leyenda que esos no son los verdaderos y que su cuerpo reposa en el estado Miranda. ¿Será verdad? ¡Queda la duda!
En el bicentenario del general Ezequiel Zamora no podía faltar un espectáculo teatral de jerarquía y es por eso estrenaron a Zamora pasó por aquí, como una producción de la Compañía Nacional de Teatro, que comanda Alfredo Caldera

martes, mayo 02, 2017

Chamaco refleja lo que debemos extirpar

Mario Crespo vino de Cuba para trabajar.
El artista cubano Mario Crespo ha debutado en el teatro venezolano con la dirección del espectáculo Chamaco, el cual hace temporada en el Teatro Trasnocho, un texto de Abel González Melo, donde actúan: Gonzalo Velutini, Antonio Delli, Caridad Canelón, Julián Izquierdo, Gerardo Soto, Greisy Mena, Raúl Gutiérrez y Cristopher Hernández.
Nació en San Antonio de los Baños, sede de una de las escuelas de cine más importantes del mundo, la EICTV. Sus padres, un empleado de tienda de ropa y su madre, empleada de una fábrica de camisas, "más veces en casa que con empleo, y toda una familia grande, casi 15 tíos y como 30 primos.  Infancia feliz yendo al cine casi a diario y viendo teatro cuando su tío Nené lo llevaba en autobús a ver teatro para niños en La Habana". También vio mucha de la buena televisión que se hacía en Cuba en los 50 y 60.
“En 1992, cuando una nueva crisis (una más) nos dejó sin trabajo, sin transporte sin nada en Cuba, yo estaba encerrado en mi casa con todos los proyectos frustrados, y unos amigos venezolanos me propusieron venir a Venezuela. No vine con la idea de permanecer pero el pintor Juan Loyola, ya desaparecido, me presentó a varias personas, me llevó a Video Móvil y ahí comenzó mi vida profesional en Venezuela.  El cariño de los venezolanos, las oportunidades que se me abrieron y el amor de una mujer, me hicieron quedarme y aquí estoy y estaré”.
-¿Dónde estudia y se forma?
Estudié en una escuela pública con unos maestros que tengo en mi memoria como lo mejor de mi infancia. También hice parte de la secundaria básica en la Domingo Lence otra gran escuela donde aprendí gracias a Catalina Chávez mi maestra de literatura, a leer a Lorca, José María Heredia y Plácido y por supuesto a José Martí. Allí empecé a hacer teatro y me estrené con El Retablillo de don Cristóbal de García Lorca. Tuve suerte. Me gané el derecho a hacer bachillerato en una escuela vocacional donde conocí a los que aún son de mis mejores amigos y donde también pude hacer teatro, poesía, ir al Teatro Nacional de Guiñol con los hermanos Camejo y también ver los estrenos de teatro y ballet. Después, al abandonar, por suerte, la idea de estudiar Medicina, ingresé en la Escuela de Letras y Arte de la Universidad de La Habana.  Me gradué de Licenciatura en Historia del Arte a la vez que trabajé cuatro años como guionista y asistente de dirección en Televisión Universitaria. Unos años maravillosos donde confirmé mi vocación por la actuación y la dirección escénica.
¿Qué le apasiona más: el cine, el teatro o la televisión y donde se ha destacado más, profesionalmente?
Al terminar mi carrera en la Universidad, el coto cerrado que era el ICAIC (Instituto Cubano del Arte en Industria Cinematográficos), decidió abrirse a gente nueva y me llamaron junto a otros amigos. Allí tuve la suerte de conocer el cine, aprender todo lo que sé de Enrique Pineda Barnet, Manuel Octavio Gómez, el chileno Patricio Guzmán, Humberto Solás y otros. Gran escuela el ICAIC. En el ICAIC fui guionista y asistente de dirección dirigí cortos de ficción y documentales y más adelante director asistente.
“Pero para hablar de pasión, mi real pasión es la dirección escénica sea en el medio que sea. No hay medio mejor ni peor, sino realizadores buenos y serios y realizadores deficientes o mercenarios.  Aquí en Venezuela he tenido la suerte de hacer buena televisión en cuanto llegué. Pude hacer largometrajes para la televisión con guiones de Perla Farías, Anny Van Der Dys, César Sierra y Henry Ramos. He podido dirigir aquí a Amanda Gutiérrez, Daniel Farías, Mariano Álvarez, Haydee Balza, Susana Duijm, Marcos Moreno, Carlos Cruz, Iván Tamayo y muchos otros valiosos actores.  También desde que llegué a Venezuela pude trabajar en cine documental y de ficción.  Mi primer trabajo aquí fue con Televisión de Actualidad que dirigía Duccio de Ambrosio y pude ser asistente de Luisa de la Ville (Tenana) en Crónicas del Asombro, escrito por José Ignacio Cabrujas, cuya dirección general estaba a cargo de Román Chalbaud, con Carlos Mata como conductor. También pude ser director asistente de Mauricio Walerstein en el último filme que dirigió en Venezuela, Juegos Bajo la Luna.  No puedo quejarme. Los venezolanos me han abierto todas las puertas, hoy son mis hermanos”.
“En fin, me gusta dirigir y llevar la vida a los escenarios. He trabajado más en cine, pero hago teatro desde que cumplí 15 años y creo que seguiré haciéndolo con este nuevo impulso que me da Chamaco”.
¿Cómo encuentra esas disciplinas artísticas en Venezuela?
El cine en Venezuela crece, se hace variado y le auguro un gran futuro. Tenemos una gran aceptación y reconocimiento en las pantallas del mundo y en festivales. La democratización de la tecnología ha permitido que cada vez más personas puedan expresarse por este medio. También la ley de cine que nos dimos lo cineastas y la creación de Fonprocine, que gerencia un pote con el que se puedan financiar películas de todo tipo a través de CNAC ha democratizado la participación de cineastas en todo el país. Vale aclarar que el fondo que administra Fonprocine sale de los impuestos que pagan las empresas audiovisuales y conexas de Venezuela. El teatro tiene otro panorama. El Estado venezolano no lo subsidia ni en la producción ni en las taquillas y esto es grave. Los actores deben hacer más de una obra, televisión, cine para medio redondearse la cesta básica. Sin embargo, hay esfuerzos privados muy importantes como La Caja de Fósforos, Teatro Trasnocho y otros que mantienen las escenas abiertas para que el teatro no muera en Venezuela, aún con lo difícil que resulta hacer teatro, hay mucho talento joven pujante, dramaturgos, actores, directores y tengo fe en que seguirán haciendo teatro a como dé lugar.  No se puede hablar de crisis, mientras se advierta talento que viene detrás de las viejas generaciones. Estoy seguro de que cuando cambien las cosas, el teatro en Venezuela volverá a tener el brillo de otros momentos, pues el talento está ahí.
¿No ha pensado en emigrar de nuevo?
No. Venezuela ahora es mi país, los venezolanos son mis compatriotas. En Venezuela he hecho todo lo que no pude hacer en Cuba y los venezolanos me han dado ánimos y se han unido a mis empeños con modestia y entusiasmo. No creo que exista gente más abierta en ningún otro lugar del mundo y a esto debo corresponder entregando mi trabajo y mis ideas.
¿Cómo se ubicas en el mundo: feliz o luchando por serlo?
Soy muy feliz, por lo que decía antes. He encontrado un país maravilloso, de gente amable y abierta, de gente alegre, he encontrado una familia. Siempre se desea más, claro pero no creo que pueda conseguir más en otro sitio y creo que es aquí donde podré aspirar a más. No obstante, no tengo fronteras, puedo trabajar y hacer país en cualquier sitio.
¿Por qué montó Chamaco y hasta donde piensa llevarla?
Chamaco es un gran texto del cubano Abel González Melo, que ha dado la vuelta literalmente al mundo en escenas, publicaciones y traducciones. Pero además hoy Chamaco es un retrato muy fiel de la Venezuela actual. Refleja todo lo que deseamos extirpar de nuestra sociedad. Chamaco no juzga, no denuncia, sólo expresa un estado de cosas en escena, como todo arte, no resuelve los problemas pero sí nos da la voz de alarma, nos pone un espejo delante del rostro y por eso quería traerla a la escena venezolana. Quisiera poder girar con ella, pero ya hablamos antes del estado del teatro venezolano, la poca capacidad de riesgo que hay en las regiones para recibir una obra como ésta, con ocho actores y una escenografía.  No obstante, aquí estamos y si hay una invitación en las regiones del interior, estamos muy dispuestos.
¿Qué otra obra tiene entre ceja y ceja?
Quiero hacer teatro de cámara, dos o tres actores, no más. Con la menor cantidad de recursos posibles. Un teatro donde el texto y los actores sean lo verdaderamente importante y que se pueda girar, se pueda poner en cualquier sitio sin demasiados requerimientos técnicos y logísticos. Dirigir actores para el teatro es algo que todo el que desee hacer cine o televisión, debe intentar. Es una experiencia necesaria. Tal vez haga teatro en mi casa, pero no dejaré de hacerlo. Lo necesito. En cuanto al cine, busco productores para un proyecto de llevar al cine un cuento de Abilio Estévez llamado El horizonte para el cual ya cuento con los derechos.