jueves, enero 09, 2020

Todas las luces para el Teatro Humboldt

Federico Pacanins
La cultura teatral caraqueña tiene un gran aliado como es la Asociación Cultural Humboldt, fundada hace 70 años por grupo de ciudadanos alemanes. Ha pasado mucha agua bajo los puentes caraqueños y ahora nos toca reconocer que el mejor espectáculo de la temporada 2019 fue El rey Lear. Pero dejemos que sea precisamente el artífice de tantos logros artísticos, Federico Pacanins, quien responda a nuestras preguntas.
¿Cómo están programadas las actividades de la Asociación Cultural Humboldt para este año 2020?
La Asociación Cultural Humboldt (ACH) ha diseñado una programación presta a dar cabida a eventos de teatro, música académica y popular, danza, exposiciones de artes plásticas, recitales poéticos y conferencias académicas de ciencia y arte, que respondan a la misión de ser un centro cultural binacional de importancia en la ciudad. Es fundamental, para ello, que la programación sea multi-disciplinaria, abierta a todas las manifestaciones, pero que, también ponga acento en una fructífera y bilateral relación con la cultura germánica. De esta forma, por ejemplo, un homenaje a Elizabeth Schon, poeta y dramaturga venezolana de origen alemán, bien puede presentarse en nuestros espacios mediante un par de piezas teatrales intimistas, un recital poético y una exhibición fotográfica.
Otro tanto sucederá con los conciertos en homenaje a los 250 años de Beethoven que ofrecerá la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas, bajo la conducción del maestro Rodolfo Saglimbeni, o la presentación de Egmont, también en homenaje a Beethoven, que conducirá la maestra Elisa Vegas al frente de La Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho, con la dirección escénica de José Tomás Angola y la participación de nuestro primer actor Gerardo Soto en el rol del héroe alemán. Por su parte, la Fundación Schoegass, fundamental aliado de la ACH, ofrecerá una edición especial del piano venezolano.
Una luz para la Humboldt llevará por título esta programación de 2020 que, a finales de este enero anunciaremos con detalles, y que se inicia el 25 y 26 de enero con la versión de teatro musical de Bodas de sangre de Federico García Lorca, concebida y dirigida por Eduardo Viloria, y continúa en los primeros días de febrero iniciando el ciclo de teatro de cámara con Knotche, el doctor que venció la muerte, pieza de la joven dramaturga Isabella García Ramos, dirigida por Vilma Ramia, que da justo lugar al mítico doctor alemán que vivió en Galipan en el siglo pasado.
¿Cuál es el balance del año 2019 en cuanto a la afluencia de público y los logros artísticos?
 El año pasado ofrecimos una programación dedicada a conmemorar los 70 años de la ACH. Más de cien eventos fueron ofrecidos con una afluencia notable de público que pudo disfrutar, por ejemplo, de Las Nueve Sinfonías de Beethoven a cargo de la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas, del estreno latinoamericano de la Cantata Humboldt de Mendelssohn ofrecida por la Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho, de los estrenos de piezas teatrales dedicadas a Goethe -Delirio en Marienbad de Elizabeth Irausquin-, a Humboldt... a Kurt Weill, Nat King Cole y Aldemaro Romero en teatro musical... a Thomas Mann y Ezra Pound -Alta Traición pieza premiada por la Fundación Isaac Chocrón -, a un particular héroe de la Primera Guerra Mundial protagonista de El Molino de José Tomás Angola. También se ofrecieron exhibiciones de artistas como Luisa Ritcher, Alexandra Von Fedack o Roberto de la Fuente. Un concurso de fotografía inspirado en Humboldt que incluyó la exhibición de un documental de Solveig Hoogesteijn y de la película Aire Libre de Luis Armando Roche, un festival-concurso de teatro universitario, un encuentro con el Rock y la caída del muro de Berlín a cargo de Félix Allueva... piezas infantiles de teatro, y un largo etcétera que también involucró la presentación de recitales poéticos y conferencias de interés científico.
Merece destacar dentro de las actividades realizadas en el año 2019, una especial publicación impulsada por la Fundación Schnoegass, con el cuido editorial de Karl Krispin, dedicada a destacar figuras venezolanas-germánicas que mucho dejan saber del especial vínculo bilateral que mueve a la ACH. El año aniversario fue culminado por El Mesías de G.F. Handel bajo la dirección de María Guinand y la Schola Santorum, y por una especial y muy concurrida temporada de El rey Lear, parte del ciclo "La experiencia Shakespeare", bajo la dirección de Gerardo blanco, con un estelar elenco encabezado por la luminosa interpretación de Lear a cargo del primer actor Jorge Palacios.

¿La gente de Caracas se pregunta sí el teatro Humboldt es exclusivo para espectáculos producidos por la Asociación  Humboldt?
Los espectáculos y eventos que ofrece la ACH son en su mayoría co-producciones de alto nivel artístico que involucran el esfuerzo económico de instituciones muy diversas. La Fundación Schnoegass, La Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas, la Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho, La Orquesta Filarmónica Nacional, los diversos núcleos del Sistema Nacional de Orquestas Simón Bolívar, la Schola Cantorum, Mozarteum Caracas, Centro Venezolano Americano... el grupo Bagazos, La Máquina Teatro, Escénica, Grupo Asklepión, Matilda Corral, Luigi Sciamanna, Eduardo Viloria, Federico Pacanins, Miguel Issa en cuanto a producciones teatrales... Las Academias y Universidades que tiene actividad en el país.Estos nombres mencionados, y muchos más, constituyen el núcleo productor de muchos eventos donde la ACH tiene una colaboración institucional de facilitar el espacio escénico del teatro y sus facilidades al mayor grupo de creadores posible.
Ahora bien, la ACH , bajo la dirección administrativa de Astrid Pasik en concordancia con la Junta Directiva de la institución, también toma iniciativa en co-producir un limitado número de eventos propios, mediante patrocinios puntuales dedicados a programaciones especiales: este año, digamos, la programación especial de "Una Luz para la Humboldt", que da continuidad a "La experiencia Shakespeare", por decir.
¿Cómo se ha propuesto el montaje de Macbeth desde la puesta en escena hasta la dirección del actor protagonista y el resto elenco?
La Experiencia Shakespeare es una de nuestras más importantes propuestas. Se trata de llevar a escena clásicos del más importante dramaturgo universal en la forma más digna y profesional posible. Medida por medida bajo la dirección de José Tomás Angola, dio inicio al ciclo. La pieza fue escogida para iniciar el ciclo por tener un tono germánico muy apropiado (se desarrolla en la Viena de 1600). Continuó  la serie con El rey Lear, bajo la dirección del maestro Gerardo Blanco, con la impecable interpretación del maestro Jorge Palacios. Otelo bajo la dirección de Javier Moreno, y Coriolano bajo la dirección de Sandra Yajure son otros títulos de esta experiencia, que, por cierto, también cuenta con la asesoría artística del maestro Leonardo Azpárren.
Cada propuesta constituye un reto enorme porque, en nuestro ambiente, los montajes clásicos siempre suponen una "primera vez" en muchos sentidos. Así sucede con la pieza escogida y su particular versión -es increíble que un clásico como El rey Lear haya tenido su estreno nacional en este reciente diciembre de 2019-, o que actores y directores de larga o breve trayectoria sean debutantes en obras de teatro shakespereano. Primeras veces: estrenos para versiones de las obras, para actores, productores, escenógrafos, vestuaristas, para todo... No tenemos en el país compañías especializadas en clásicos y las maravillosas experiencias en esta materia del grupo Rajatabla o de la Compañía Nacional de Teatro, que ahora dirige Carlos Arroyo, por decir, solamente han conseguido en estas últimas décadas secuencias nobles, dignas pero acaso esporádicas -el Otelo de Javier Moreno, el Hamlet de Armando Álvarez, el Macbeth de Orlando Arocha, son válidos ejemplos-. Sin embargo, dar espacio y sentido de "teatro de repertorio" con equipo y sala caraqueña, es parte fundamental de esta Experiencia Shakespeare. Se trata, pues, de ofrecer al Teatro de la ACH como un espacio para teatro clásico en nuestra ciudad.
Otra parte fundamental en la Experiencia está en la selección de la versión que proponemos en cada montaje. Adecuar la versión de Nicanor Parra de El rey Lear, o la de León Felipe de Macbeth es una actividad esencial para dar vida a la puesta en escena que cada director se proponga. En mi caso, se trata de una versión absolutamente poética y dinámica de Macbeth, con la posibilidad de un muy buen decir en nuestra lengua (y, por ende, muy buen "entender'), que acaso da pie a escenificar sucesos escoceses del siglo XI, con una mirada propia del siglo XXI. Para ello con la participación de nuestro grupo habitual de actores, con la actuación especial de nuestros primeros actores José Tomás Angola, en el rol de Macbeth, y de Sandra Yajure en el rol de Lady Macbeth. José Antonio Barrios participará como el Rey Duncan, Gerardo Soto como Banquo, Valentina Garrido como Bruja líder...Carlos Abattemarco será MacDuff, Juan Carlos Grisal en el rol de Lennox, Carlos Manuel González como Malcolm, Edisson Spinetti, el Sargento, Orlando Villalobos, el médico... distinguidos veteranos combinados a jóvenes actores profesionales de nuestra escena: Silvia De Abreu, Anakarina Fajardo, Zahir Mora, Rafael Gorrochotegui, Andrea Mariña, Camila González, Cipriano Castro...También contaremos con Elizabeth Irausquin en la dirección de arte, Fabiola Neri en los vestuarios. Tendremos igualmente el apoyo escenográfico del maestro Freddy Belisario, de Manuel Troconis en el diseño de iluminación, de Yessica Serrano en la asistencia de dirección, de Williams Blanco, en la producción general y un largo e importante etcétera que una producción, en este caso bajo mi dirección general, de esta magnitud supone.
El montaje, pleno de detalles escénicos, contará también con música en escena, a cargo del maestro Albert Hernández, quien conmigo va examinando transiciones, efectos, y música de los montajes más clásicos de Macbeth -"King´s men y su Canción de la bruja o la danza de las brujas, por ejemplo-, para dar así complemento al profundo y meticuloso trabajo actoral y de puesta en escena de los incomparables textos poéticos de esta versión. El 22 y 23 de febrero, por cierto, es el estreno.

¿
Hay posibilidad de más funciones del memorable espectáculo El rey Lear?
La ACH a través de la Experiencia Shakespeare propone un montaje inicial de cuatro o cinco funciones. El Teatro Humboldt tiene aforo de 320 puestos, con muy buenas condiciones para alojar una pieza de teatro clásico. Si cualquiera las piezas ofrecidas en el ciclo llega a tener unos 800 o 1000 espectadores en su temporada inicial, pues la consideramos un éxito en cuanto a la audiencia presente. En todo caso, creemos que estamos formando las bases para ofrecer un teatro de repertorio susceptible de futuras temporadas, porque el esfuerzo inicial de montaje (que implica adecuación de elencos, personal técnico, vestuarios, utilería, escenografía, música, guiones técnicos, etc) queda listo y presto para futuras temporadas. De hecho, ya hemos ofrecido dos temporadas de Medida por medida y, pensamos, que El rey Lear bien merecería nuevas funciones que, por supuesto, estén apuntaladas por un adecuado patrocinio que garantice honorarios decentes a los artistas involucrados en estos cuidados montajes.


miércoles, enero 08, 2020

Gilberto Pinto y su legado teatral

Gilberto y su esposa Francis.
Gilberto Pinto luchó para sobrevivir unos años más y no dejar sola a su última esposa Francis Rueda y además conocer el nieto que les anunciaba Máximo, el hijo de ambos. Pero el 7 de diciembre de 2011 falleció y así ingresó definitivamente en la historia, convulsa pero hermosa, del teatro venezolano como autor, maestro de actores y director de espectáculos. Dejó para estrenar su pieza Mark Crossman regresa a casa, sobre los soldados gringos que pelearon en Vietnam.
Nació el 7 de septiembre de 1929 en una casa de vecindad de la parroquia Santa Rosalía. La obrera Socorro era su madre -ganaba seis bolívares semanales- y la de sus dos hermanos, Lilia y Porfirio Pinto, conocido posteriormente como el teatrero Luis Márquez Páez. Sólo estudió hasta el sexto grado, pero su bachillerato y la universidad fueron los escenarios criollos. Sus únicas diversiones cuando muchacho las realizaba en la YMCA, cuando funcionaba en las inmediaciones del puente La Trinidad.
Unas páginas de El Nacional abandonadas sobre la mesa del billar del YMCA (Young Men's Christian Asociation) atraparon la atención de aquel jovenzuelo. Las hojeó y se detuvo con curiosidad en un reportaje que Carmen Clemente Travieso le hacía al curso de Capacitación Teatral que, bajo los auspicios del Ministerio de Educación, dictaba el profesor mexicano Jesús Gómez Obregón para la juventud caraqueña desde 1947. “Eran las ocho de la mañana, de un día que ya no recuerdo de aquel 1948. Aquello me sorprendió porque no sabía quien había dejado abandonado ese periódico y además lo leído me llamó la atención. No tenía ninguna inclinación hacia el teatro pero mi profesión de vago me llevó a conocer que era aquello. Me encaminé hacia el edificio Casablanca, de Peligro a Puente República, y Carlos Denis, que era una especie de secretario, me inscribió sin mayores requisitos, porque no había más de 25 alumnos. De pronto me encontré en una clase, escuchando al profesor y viendo las improvisaciones de Luisa Mota y Pedro Marthan, quienes ya tenían un año en esos avatares. Todo eso me preocupó y al mismo tiempo me llamó la atención. Y al día siguiente estaba estudiando teatro. Desde entonces no he parado y son algo así como largos 60 años. La vagancia me llevó a la escena”.
Así relató sus inicios en las artes escénicas venezolanas este Gilberto Pinto, Premio Nacional de Teatro de 1999, actor, director, maestro de varias generaciones de comediantes y autor de 19 piezas, una de las cuales, El peligroso encanto de la ociosidad, fue estrenada por la agrupación Rajatabla, bajo la dirección de Germán Mendieta.
Afirmaba, a manera de consejo para los que presentan problemas de salud, que “uno escribe mejor cuando le cuesta hacerlo y no cuando no le cuesta escribir. Este largo tiempo con mis dolencias, me ha permitido serenar mi estilo y acercarme a lo que proponía Ibsen, que era ser económico en las palabras y profundo en el uso de ellas. Eso me ha permitido descubrir que yo escribía de más”.
Abandonó la docencia por razones obvias, pero eso no le impidió reiterar que “la actuación es una sola, todo lo demás son tonterías. La actuación es una, bien sea en teatro, cine o televisión, y en cada una de esas especialidades hay que cumplir las exigencias generales de la profesión: la sensibilidad, la imaginación, la concentración y sobre todo el deseo de jugar a ser otro, lo cual es importantísimo, porque quien no tiene ese deseo no puede ser actor”.
Subrayaba que la investigación es importante, porque ayuda a todo lo demás. “Ayuda a profundizar, pero tiene que partir del juego, porque actuar es como jugar, por eso es que en el mundo sajón actuar se identifica con el término play, porque actuar es como jugar. Cuando se actúa se juega a ser el otro. Es un juego de niños pero emancipados, no es el niño que juega a ser Superman, no, nosotros los adultos jugamos a ser otras cosas porque estamos emancipados. Una de mis mayores satisfacciones es el haber dejado una profunda huella en una gente que hoy está actuando o dirigiendo. Los veo en la televisión, en el cine o el teatro y me llena de satisfacción que algunos de ellos hayan cristalizados sus aspiraciones profesionales y artísticas, porque no hay que olvidar que no todos llegan. Hay un 95 por ciento que se queda en el camino”.
De sus años mozos, durante la compleja década de los 50, recuerda que participó activamente en la lucha popular contra la dictadura perezjimenista. “Hacíamos teatro contestatario en el día y en la noche nos entregábamos a las actividades políticas. Hacíamos graffitis y repartíamos proclamas y propaganda. Y todo ese grupo estaba en una lista negra. Éramos Rafael Briceño, Héctor Myerston, Humberto Orsini y Román Chalbaud, entre otros. La llegada de la democracia no cambió nada: siguieron la torturas, los asesinatos, las represiones y hasta que afortunadamente, vino una pacificación, pero antes mataron a César Trujillo y Oswaldo Orsini entre otros”.
La producción dramatúrgica de Gilberto Pinto está impregnada y cargada de profunda y mordaz crítica social, política e histórica. Dejó leer y representar piezas como El rincón del diabloEl hombre de la rataLa noche moribundaLos fantasmas de TulemónEl confidentePacífico 45La guerrita de RosendoLa muchacha del blue jeansGambito de damaLucrecia, La visita de los generales y El peligroso encanto de la ociosidad, entre otras.
Seguirá vivo siempre que lo recordemos y además veamos en escena sus piezas.


Bodas de sangre en San Bernardino

Federico García Lorca
Luego de ser aclamada por el público asistente en su reciente temporada, llega a la Asociación Cultural Humboldt la versión innovadora de la obra más hermosa del autor español Federico García Lorca. Solo por cuatro funciones (sábado 25, domingo 26 de enero; sábado 1 y domingo 2 de febrero). La propuesta creativa de esta versión de Bodas de sangre traslada la acción del conocido drama, al llano venezolano en la década de 1930 y la convierte en un musical que interpretan un grupo de 25 artistas en escena. 

“La obra de García Lorca se desarrolla en Andalucía... en nuestro país la influencia andaluza está muy presente, fuimos colonizados e influenciados por los duros hombres originarios del sur de España; por ello nuestra Idiosincrasia y forma de vida es enraizada con las de aquellos seres que nos dejaron por herencia manifestaciones claras en nuestra música, nuestra prosa, forma lingüística, las actividades productivas y sobre todo en la manera de sentir…nuestra pieza recoge y expone ese sentir, herencia andaluza de nuestro llano con la poética de la dramaturgia de un autor internacional como lo es García Lorca”, comenta el director y productor de la pieza, Eduardo Viloria y Díaz.

Martha Estrada, Gonzalo Velutini, Valentina Garrido, Marisol Matheus, Asdrúbal Blanco, Nelson Lehmann, Jennifer Flores, Egon Ilka, Iliana Hernández, Vittorino Leal, son algunos nombres de las destacadas figuras del teatro, música y danza que dan vida a estos personajes llenos de pasión, dolor y fuerza. La música juega un papel protagónico en esta propuesta: la tonada, el zumba que zumba, el condolirio, tonadas de ordeño, cantos de arreo y el gaván, entre otros son interpretados por un grupo de músicos en vivo que logran crear la atmósfera deseada para la acción dramática de esta obra.

“Lo curioso de este caso es que la versión es absolutamente la original, parte de mi propuesta es mostrar la obra del autor que en su prosa y verso cobra el carácter de ese origen común que tenemos Andalucía y el Llano”, explica Eduardo Viloria y Díaz. Las piezas musicales son originales y su director musical es Alfredo Gutiérrez, conocido por su trabajo en el Sistema Nacional de Orquestas.

Bodas de sangre es la obra teatral en prosa y verso más cruda de Federico García Lorca. Una reflexión sobre la vida, la muerte y la única fuerza capaz de vencerla: el amor. Escrita en 1932, esta obra se basa en un suceso real, acaecido en Almería en 1928. Todo empezó con una boda a la que la novia no acudió. Poco después se encontró el cadáver de uno de sus primos y muy cerca de ahí apareció ella, con el vestido desgarrado.
 Este proyecto surge  como  propuesta atrevida y con un vigor estético con el cual la agrupación TEATRO DEL BUENPASO espera imprimir a sus montajes. Esta compañía está compuesta por un cúmulo de talentos con una larga experiencia en la escena teatral y que ahora deciden amalgamar sus esfuerzos y presentar al público, principalmente obras de repertorio clásico y con un numeroso elenco. 


lunes, enero 06, 2020

RODOLFO IZAGUIRRE SALVADO POR EL CINE

RODOLFO IZAGUIRRE
El último de los hijos de Pablo y Tula Tosta de Izaguirre no vaciló jamás al trocar la solemnidad de las leyes ni la pesadez de los códigos jurídicos por la liviandad de los sueños y las fantasías posibles que, desde hace más de una centuria, el cine deposita en una alba pantalla. Esa decisión existencial la sopesó y la asumió para siempre, hace ya más de medio siglo, después de convencer a su familia -para ese entonces vivía en una caraqueña casona de Pescador a Cochera- que su destino era estudiar derecho y nada mejor que hacerlo en París, porque el gobernante de turno, el fascista ordinario de Marcos Pérez Jiménez, había cerrado la Universidad Central de Venezuela. Ingresó a la Sorbona y al cabo de un año torció el camino que iba desde su cuarto de estudiante a las adustas aulas, porque se metió en una casa inmensa, al norte de la Ciudad Luz, donde estaba la Cinemateca Francesa. “Ingresé a una cinemateca y nunca más salí de ahí, eso cambió para siempre mi vida. Me convertí en crítico y ensayista sobre esa gran expresión estética que se derivó del experimento de los hermanos Lumière, en aquel París del 28 de diciembre de 1895”.
La cara de Rodolfo Izaguirre se trasforma siempre al relatar, por enésima vez, cómo comenzó su carrera de ensayista y exegeta del cine y además novelista de su amada Venezuela, porque él, a sus largos 80 años no es sino eso: un intelectual con obra propia, además de ser el orgulloso progenitor, junto con la ex bailarina Belén Lobo, compañera de toda una vida, de Rázhil, Boris y Valentina.
Después de participar activamente en la creación de agrupaciones literarias izquierdistas, como Sardio, se dedicó de lleno, entre 1968 y 1988, a la dirección de la Cinemateca Nacional, la cual, tras ser fundada por Margot Benecerraf en 1966, se transformó en el epicentro de un intenso y apasionante proceso de formación de futuros cineastas y de los indispensables espectadores. ”Ella, Margot, se retiró para dedicarse a materializar su sueño de hacer un largometraje sobre esa gran pieza literaria de Gabriel García Márquez que es La cándida Eréndira y su abuela desalmada, utopía que nunca alcanzó”.
No podía ser Rodolfo un burócrata más y así se lo dijo a Simón Alberto Consalvi, presidente el Inciba, cuando le ofreció el cargo y lo puso ahí para que “la Cinemateca marchara bien, cosa que no era fácil ya que el cine nunca había estado en los planes de ningún gobierno, no era asunto de Estado, no figuraba en los planes culturales de ningún gobierno. Hasta ese entonces el cine no interesaba a los gobernantes decimonónicos, más preocupados por las tradicionales bellas artes”.
Pero las pasiones por el cine en el ámbito gubernamental han cambiado y Rodolfo lo advierte con abierta alegría, porque el cine y el desarrollo de una cinematografía nacional sí hacen parte de los planes del Estado y del actual gobierno.
Está asombrado por lo que está haciendo la Villa del Cine, con Lorena Almarza a la cabeza, y espera ver cada uno de los 19 proyectos que ahí se gestan. “El primer cine cubano de la revolución es un buen modelo a seguir”. Recuerda que la primera frase que pronunció Lenín, cuando triunfa la revolución bolchevique: “De todas las artes, el cine es la más importante”. Y como consecuencia de ello es que Stalin ordena rodar películas donde él era un personaje principal, encarnado por diestros actores, mientras que el nefasto Hitler se interesaba más por los documentales. Le parece magnífico que se hagan muchas películas, porque así el actor se foguea y el cineasta aprenda. “Nadie se debe preocupar por la ideología, porque toda la cinematografía del mundo está ideologizada. Bienvenida sea la Villa del Cine”.
Lamenta no tener estadísticas sobre todas las películas que ha visto, “si hubiese sido pelotero quizás tendría esos récords”, pero se ufana de lo que hizo a lo largo de dos décadas en la Cinemateca Nacional, ya que ha escuchado, a viva voz, como es que centenares de personas acudieron a ver tal o cual largometraje y salieron cambiadas para siempre. Muchos pichones de cineastas ahí tomaron sus decisiones y pudieron escoger que hacer de ahí en adelante. “Les pasó lo mismo que a mí, cuando me sumergí en aquella casona parisina y abandoné todo lo que hasta entonces había soñado con el derecho. Me torcí por el cine”.
Tecnología
Rodolfo Izaguirre (Caracas, 9 de enero de 1931) tiene ensayos como Historia sentimental del cine americanoLa belleza de lo imposibleAcechos de la imaginaciónEl cine venezolano y numerosos artículos publicados en varias enciclopedias nacionales e internacionales, además de la novela Alacranes, clave dentro del desarrollo de la ficción urbana. Posee además una obra inconmensurable, sus programas de difusión cinematográfica, durante largas tres décadas en la Radio Nacional de Venezuela: El cine mitología de lo cotidiano. Él, insiste, que el avance del cine no es tanto por el talento de los cineastas, sino una consecuencia del desarrollo de la ciencia cinematográfica. “La tecnología es lo que ha hecho que el cine evolucione. Y los cineastas venezolanos ya están en la capacidad de utilizar esa tecnología, como lo han demostrado y el público se los ha reconocido”. Advierte que la crítica cinematográfica sí ha ido desapareciendo de los periódicos venezolanos, pero el cyber espacio ya está habitado por jóvenes críticos, quienes además utilizan las técnicas que los impresos no les permiten usar


Para no olvidar jamás a César Rengifo


El caraqueño César Rengifo es más que un recuerdo, editorializó la revista Theatron (numero 26 de mayo, 2016), de Unearte, Y sirve esto para recordar que a 105 años de su nacimiento y 40 de su mutis, la ausencia que nos dejó su desaparición física se transforma una y otra vez en distintos lugares de nuestra geografía en una presencia fulgurante que trasciende en el tiempo a través de su pensamiento y del invalorable legado que representa su obra.
En Theatron se reitera que en la historia de nuestra cultura contemporánea son muy pocos los artistas criollos que han logrado ocupar de manera tan amplia los espacios del quehacer creador como César Rengifo: dramaturgo, director, pedagogo, poeta, pintor, periodista, y ensayista. “Con persistente voluntad y capacidad de trabajo volcó su mirada y su esfuerzo en el ánimo de desentrañar, desde la perspectiva del excluido social, los procesos históricos de América Latina, y de Venezuela lo cual plasmó con vuelo poético en imágenes, trascendentes tanto en los escenarios como en la pintura. Su pasión era la libertad. Su cuerpo diminuto como de pájaro albergó un alma de gigante que aún sirve de inspiración a todo aquel que se proponga la transformación de la realidad”.
César Rengifo es considerado con razón “El padre de la dramaturgia moderna venezolana”. Lo demuestra no solo su crecida producción, más de 40 obras, sino la forma como abordó, con crudeza y haciendo gala de un estilo no exento de poesía, la realidad de su país, haciendo énfasis en lo social, porque para él la estética que no reivindique al pueblo, carece de función y contenido. Preocupado por la explotación petrolera y el daño que dejaba la maligna conducta de las empresas transnacionales y las displicentes conductas de los gobiernos nacionales de turno, realizó a lo largo de su vida una “tetralogía del petróleo”, piezas que al lograr verlas puestas en la escena, le permitió reescribirlas incluso, donde analizó y cuestionó la explotación petrolera y sus graves consecuencias sociales.
Para el crítico e investigador Leonardo Azpárren Giménez, Rengifo es un dramaturgo importantísimo, que tiene una amplia obra original, y quien junto a Román Chalbaud, Isaac Chocrón, José Ignacio Cabrujas y Rodolfo Santana, es uno los grandes puntales del teatro moderno venezolano de la segunda mitad del siglo XX.
TETRALOGIA PETROLERA
Para nosotros, lo mejor de Rengifo es su ejemplar tetralogía del petróleo, donde él arremete contra el imperio de las petroleras y su nefanda presencia en Venezuela. Deberían los teatreros venezolanos detener durante un año sus producciones extranjerizantes, por lo menos, y planificar y ejecutar un ciclo de montajes y foros con esos cuatro textos porque es necesario predicar precisamente con el teatro. Ahí advirtió las frustraciones de un amplio sector de la sociedad venezolana por el sinuoso destino de la renta petrolera, además de la muerte lenta de la agricultura y el éxodo de los campesinos a las grandes ciudades para buscar un destino incierto o esquivo, al tiempo que señalaba la incesante sustitución de la cultura nacional por una foránea, “bien servida” por todos los medios de comunicación.
Ahí están, pues,   Las mariposas en la oscuridad (entre 1951 y 1956), basada en el éxodo y el abandono de los campos venezolanos ante la invasión (y nunca esa palabra fue tan patética) de las empresas petroleras. Muestra el dolor del campesinado al dejar atrás sus raíces, lo que le lleva a supercherías tan burdas y grotescas dejando el presente como testigo de un pasado.
Concibió para únicamente tres actos a El vendaval amarillo (1952), que  transcurre en  el estado Zulia, entre los años 1938 y 1939, una zona que sacrificó su explotación agraria y lanzó, sin destino alguno, a los campesinos, al tiempo que sus poblados eran destruidos. Denuncia con sus diez personajes populares cómo los terratenientes fueron vendiendo, sin contemplaciones, sus haciendas para que las compañías petroleras iniciaran y avanzaran en la búsqueda de “el estiércol del diablo”.
Un marxista, como era César, no podía dejar pasar la oportunidad de inmiscuirse en la vida privada de los empleados estadounidenses de las petroleras, desnudarlos de sus supuestos ropajes de dignidad y exhibirlos como unos asesinos desalmados. Eso lo logró con El raudal de los muertos cansados (1969). Muestra cómo se va urdiendo una serie de intrigas entre los petroleros para quedarse con un cargo burocrático que les permitirá ganarse unos cuantos miles de dólares más, aunque para ello tengan que matar o sacrificar al personal que trabaja para ellos, al tiempo que la explotación petrolera avanza y se lleva por delante a los mismos obreros.
Y diez años antes de su muerte, entregó Las torres y el viento, la más poética y la más completa pieza de su tetralogía petrolera, la cual vimos en memorable montaje que hiciera Herman Lejter. Sintetizó en el preámbulo el valor de las torres de petróleo y el viento en los pueblos donde la explotación del mineral ha cesado: “Torres destruidas y viento. He ahí para muchos venezolanos lo que queda del petróleo”. Como frustración de la riqueza fácil o decepción por el inalcanzable Dorado, las torres en abandono y el viento pasando libre entre las viviendas abandonadas, resulta, por la fuerza de sus significaciones, son casi un personaje. Es una de las obras más resaltantes del teatro de Rengifo, la cual fue llevada a la escena por el Teatro Universitario de la UCV, en los tiempos de Herman Lejter, hacia 1975.
PROFETA
¿Sería chavista César Rengifo si hubiese sobrevivido a sus dolencias físicas, que no eran pocas? No sabemos, porque eso que él denunció en sus obras, no era de su exclusividad, sino que ya el resto la inteligencia venezolana, especialmente la de izquierda. Luchaba para detener el proceso desgastador que durante un gran parte del siglo XX significó la explotación de los hidrocarburos.
No hay que ser chavista para execrar los abusos cometidos, no sólo por las empresas sino por los gobiernos títeres. Lo único cierto es que todo lo que él advirtió se cumplió y que al final el petróleo terminó por ser controlado por el Estado venezolano al desencadenarse una serie de cambios en la conducción política del país, pero las secuelas de los malos años no ha podido curarse todavía, ni los muertos inocentes resucitarán jamás.
Él hizo lo suyo al escribir su teatro, pero muy pocos con poder político le hicieron caso y las consecuencias están a la vista, porque ya no somos un país independiente económicamente. Junto con el alud del capital extranjero, explotador, nos llegó también una pseudo civilización estandarizada. Y junto a los ranchos, habitados por gente depauperada y sin ninguna cultura, apareció la pseudocultura del petróleo”.

sábado, enero 04, 2020

Apacuana 2019 y sus tres piezas teatrales

Rafael García, ganador del primer premio

El Premio Nacional de Dramaturgia Apacuana fue creado en el año 2015 por la Compañía Nacional de Teatro para estimular la creación de aquellas obras teatrales cuya temática promuevan el análisis y la discusión de la teatralidad venezolana mediante el reconocimiento de nuevos planteamientos discursivos y estéticos de la dramaturgia nacional.
En ocasión de la quinta entrega del Premio Apacuana, correspondiente al año 2019, hemos entrevistado a los autores de Diez minutos (Rafael García), Cantaura (Aníbal Grunn) y Los papeles de Charo de (Rosa María Rappa) por ser los  que más destacaron de la reciente competencia y por eso resaltamos aquí algunos aspectos de sus temáticas y argumentaciones, gracias a las entrevistas  que hicimos a sus escritores.
Diez minutos, identificada con el seudónimo “Machín”, resultó ganadora del Apacuana de Dramaturgia 2019, según el jurado evaluador, conformado por José Gabriel Núñez, Franklin Tovar y Tomás Jurado Zabala, el cual  luego de su deliberación, manifestó que se trata de  un texto de acertada eficacia dramática, formalmente estructurado, en donde se expone un tema de carácter universal mediante un conflicto que se plantea entre el drama y la comedia, el individuo y la sociedad, a través de unos personajes cuidadosamente construidos en sus caracteres, que lucen bien definidos y en función de una atmósfera envolvente y un lenguaje totalizador, como suscribe el acta definitiva.
¿De qué trata Diez minutos, cuál es su argumento y su temática?, preguntamos a Rafael.
El protagonista, a quien llamo Hombre I, le paga a una empresa que brinda los servicios de una muerte sin dolor, una muerte deseada. Es decir, es una fantasía letal. La empresa le pide como requisito al Hombre I que cite a las personas importantes de su vida, con quienes le gustaría verse por última vez, éstas se supone que van a convencerlo de que continúe con su vida, que no consuma lo que ofrece la empresa. Esto es una prueba para ver si el cliente está seguro de lo que está haciendo. Pues bien, el Hombre I recibe a las personas que citó y para hablar con ellas solo tiene diez minutos. Y de todas personas que cita, solo una le genera al Hombre I lo que nunca antes le habían generado. La obra transcurre en las instalaciones de la empresa. La mayoría de las escenas ocurren mientras el Hombre I va recibiendo a todas las personas que entran a verle. La temática es la indolencia. Indolencia por parte de la empresa, sus trabajadores y las personas que visitan al Hombre I. También podría decir que está presente la desesperanza.  El Hombre I representa la desesperanza. Por supuesto, si existe una empresa como esa es porque hay gente desesperanzada.             
¿Por qué ese título?
Diez minutos es el tiempo que se supone tienen que durar las visitas. Digo se supone porque esto a la empresa no le importa, casi nunca se cumple. Es un tiempo corto que representa indolencia. Una vida desesperanzada merece mucho, mucho más.  

¿Cómo es Cantaura? le preguntamos a Aníbal.
La obra en cuestión, cuenta Aníbal,  está ubicada en el año 2009 y cuenta la historia de tres compañeros, ex - guerrilleros, que en el año 1982, estuvieron involucrados en el tema de Cantaura y ahora, forman parte del proceso revolucionario, como directivos de un colegio público. Luchando desde hace nueve años contra la corrupción, la vagabundería de los obreros, los docentes inescrupulosos que viven de reposo en reposo y tantos temas que afectan la educación. En medio de esas discusiones recuerdan sus luchas desde hace tantos años como guerrilleros y por supuesto la masacre de Cantaura, que aún, pese a todo no se ha podido aclarar y sigue siendo un tema tabú para muchas instituciones.
Subraya Aníbal que “el tema de nuestra  Cantaura, como el tema de El Amparo, otra masacre, y como tantas cosas que en este país preferimos olvidar y no meternos en profundidades, me llaman mucho la atención. Creo que el arte está para eso, para denunciar, para exponer, para mostrar, aunque no debe aportar soluciones, para que todo lo que se diga sea reflexivo, no complaciente ni cómodo. Es necesario que el teatro genere cierto picor, al igual que el cine, la literatura y toda expresión de artistas comprometidos con un país y con un pueblo.
Los papeles de Charo
 Rosa, a quien conocemos desde hace muchos años por ser colega periodista y además amiga,  explicó que “Los papeles de Charo es una recreación muy personal de un personaje y un episodio en su vida del que yo tenía mucho que aprender: Rosario Conde Picavea, la primera esposa de Camilo José Cela, a quien el laureado escritor había dejado por una mujer mucho más joven que ella y que él”.
¿Cuál la temática y la argumentación?  
 El episodio de la entrega del Premio Nobel de Literatura en 1989 fue para mí la excusa para que Charo hablara sobre su propia estima, la reflexionara y defendiera entre un mar de posiciones y prejuicios que fueron -aún son- el lastre de muchas mujeres que se casaban bajo el lema del "hasta que la muerte los separe", pero que requerían la firma de su padre o esposo para respirar o abrir una cuenta en el banco. 
Rosario Conde y Camilo José Cela formaron un matrimonio durante 45 años, tiempo en que no solo construyeron una familia y hogar, sino una estrecha relación de dependencia artística en la que la mujer cumplió el rol de primera lectora y mecanógrafa del célebre escritor español, la dadora de toda la contención emocional y psicológica, el anclaje en la vida física que permitiera al autor de La familia de Pascual Duarte dedicarse a la escritura, la promoción de sus obras y el padrinazgo de autores emergentes perseguidos por la censura del entonces régimen franquista.
“El matrimonio tuvo un hijo, a quien llamó Camilo José, como el padre. Éste, a su vez, tuvo una hija, que fue bautizada como Camila. La impronta del padre y abuelo dejaba cual marca de agua un sello familiar denotativo de la fuerte presencia Cela en la vida de todos. ¿Y qué pasaba con Charo? Un tanto antes de que la Academia Sueca otorgara el Premio Nobel de Literatura 1989, Camilo José Cela decidió abandonar el hogar para cumplir un proyecto de nueva vida amorosa con una periodista 42 años más joven que él”.
“Charo se quedó con el hogar medio vacío, aunque acompañada por su hijo, nuera, nieta y un sinfín de borradores, manuscritos, machotes y páginas compuestas de la revista literaria Papeles de Son Armadans que marcó un espacio de sobrevivencia en la pujante literatura en una fracción importante de la historia española. Se quedó como había vivido, oculta por las intensidades lumínicas del escritor y su atractivo temperamento artístico. Existían, sin embargo, muchas historias ocultas que el dolor de la partida hizo que surgieran”.
“El resultado fue un texto que para mí es hermoso, pues sus diálogos significan la esencia de mi propia rendición y renacimiento. Escribirlo dolió, pero también acarició mi alma. Con Los papeles de Charo no solo vivo ahora la alegría del reconocimiento con la mención honorífica que el jurado del Concurso Apacuana de la Compañía Nacional de Teatro tuvo la delicada intención de premiar, sino que también alcancé el ascenso a categoría Asociado como docente de la Unearte, en noviembre de 2018. Haberlo escrito, en muchos sentidos, fue una salvación”.
 Ahora hay que esperar que el director de la Compañía Nacional de Teatro, Carlos Arroyo, haga los anuncios respectivos de las fechas de los montajes y los elencos.
Hay que recordar que el ganador de Diez minutos recibirá 50 millones de bolívares.

"Cantaura" tiene dolientes en el teatro también

Aníbal García o el popular Aníbal Grunn escribió su segunda pieza
Por Cantaura, que encabeza el grupo de los cuatro  textos finalistas del Premio de Dramaturgia Apacuana, organizado por la Compañía Nacional de Teatro, que dirige Carlos Arroyo, la historia política de esta patria que hemos adoptado saltó nuevamente al escenario. No sabemos qué pueda ocurrir o desencadenar, lo único cierto es que la escribió el teatrero Aníbal García (más conocido como Aníbal Grunn), otro inmigrante latinoamericano en estas tierras de Andrés Bello, Simón Rodríguez y el legendario Simón Bolívar.
Cuenta Grunn que durante el año 1981, “en conmemoración del bicentenario del natalicio de Andrés Bello y siendo yo director de teatro de la Universidad Simón Bolívar, en el núcleo de Naiguatá, escribí una obra sobre el mencionado personaje. La envié a un concurso que había abierto el Ministerio de Educación. Con mucho beneplácito para mí, resulté ganador. La obra, titulada A tu amada sombra, maestro, fue premiada con una medalla de reconocimiento y el montaje teatral en la Casa de Bello. Fue una extraordinaria experiencia, con los actores de la universidad y Elio Palencia como protagonista”.
Admite que desde que tiene uso de razón “escribo y versiono obras de la literatura universal al teatro. Varias veces me he presentado a concursos de dramaturgia, de literatura y nunca más gané nada, ni siquiera figuré o no supe que pensaban los jurados sobre mis escritos”. 
¿Pero al parecer hubo una segunda vez?
Si  para este año 2019 tuve el atrevimiento de hacerlo para el premio Apacuana de la Compañía Nacional de Teatro. Y escribí a dos manos, ya que esto no lo saben los miembros del jurado, la pieza Cantaura y cuando digo que la escribí a cuatro manos es literalmente así. Mucho antes de saber lo del premio, leí un cuento de Luis Britto García, titulado La carta y me gustó mucho. En él se cuenta una historia profundamente conmovedora, sobre una carta que nunca llegó a las manos del destinatario. Además, en octubre de 1982, como ilustración a la siniestra masacre de Cantaura, por manos del gobierno de turno, se publicó en el diario El Nacional, la letra de una canción que fue escrita con amor y nunca llegó a manos del enamorado. Impresionado por la historia, le propuse a un compañero y ex alumno Yonder Carrizales, que escribiéramos a cuatro manos sobre el tema. Preparamos una escaleta y nos pusimos a desarrollar las escenas.
¿Cómo es o qué plasma esa Cantaura a cuatro manos?
La obra en cuestión ubicada en el año 2009, cuenta la historia de tres compañeros, ex - guerrilleros, que en el año 1982, estuvieron involucrados en el tema de Cantaura y ahora, forman parte del proceso revolucionario, como directivos de un colegio público. Luchando desde hace nueve años contra la corrupción, la vagabundería de los obreros, los docentes inescrupulosos que viven de reposo en reposo y tantos temas que afectan la educación. En medio de esas discusiones recuerdan sus luchas desde hace tantos años como guerrilleros y por supuesto la masacre de Cantaura, que aún, pese a todo no se ha podido aclarar y sigue siendo un tema tabú para muchas instituciones.
Subraya Aníbal Grunn que “el tema de Cantaura, como el tema de El Amparo, otra masacre, y como tantas cosas que en este país preferimos olvidar y no meternos en profundidades, me llaman mucho la atención. Creo que el arte está para eso, para denunciar, para exponer, para mostrar, aunque no debe aportar soluciones, para que todo lo que se diga sea reflexivo, no complaciente ni cómodo. Es necesario que el teatro genere cierto picor, al igual que el cine, la literatura y toda expresión de artistas comprometidos con un país y con un pueblo.
¿Teatro político pues es el que han escrito?
Creo que todo teatro es político, sea serio, dramático, cómico o banal, como suele ser ese teatro complaciente que en algún momento se llamó “comercial” equivocadamente o con intenciones de separarlo del teatro de arte. De la misma forma que todo teatro tiene arte, y lo único que podemos criticar es su calidad. Todo tiempo es bueno para las reflexiones, sobre todo en épocas de crisis sociales, políticas y económicas como las que estamos viviendo en el mundo, en este momento. Por supuesto nuestro país no puede vivir fuera de esta realidad.
¿Y dónde quedan las comedias?
Lamento profundamente no tener mucho sentido del humor para escribir comedia, hay gente que lo sabe hacer y muy bien. Aunque me encanta la comedia, tanto como actor y como director, me cuesta mucho escribir con humor, no tengo esa condición. Me producía placer aquel programa humorístico de RCTV “Radio Rochela”, donde se criticaba todo con un gran sentido del humor. 
Recuerda Grunn que del mismo modo hay grandes dramaturgos que utilizan el humor para hacer críticas profundas. “No nos olvidemos del sainete, talentos como Job Pin, Leoncio Martínez, Rafael Guinand y nuestro Aquiles Nazoa. Pero ahora vemos eso como lejano, de otro tiempo, casi como folclórico. Da tristeza, ya no hay buenos comediantes. Importante recordar que la comedia nace en Grecia como contrapunto de la tragedia, escritores de la talla de Menandro y Aristófanes nos han dejado un legado muy grande en la historia del teatro occidental. Y ellos siempre criticaban las situaciones sociales y/o políticas de su país”.

jueves, enero 02, 2020

Periodismo y teatro comparten el misterio de lo humano

Rosa María Rappa, periodista y ahora dramaturga.
¿Por qué y para qué el teatro?, le preguntamos a la periodista Rosa María Rappa, finalista del Premio Nacional de Dramaturgia Apacuana, que organizara la Compañía Nacional de Teatro, y donde logró convencer al jurado con Los papeles de Charo, su ópera prima.
Rappa dice que descubrió en la teatralidad el elemento que le hacía falta a su idea del periodismo acercándose a la gente. “El asunto es que con ella también encontré que las libertades creativas son un compromiso muy serio con las historias que pretendo contar, más si ellas pertenecen a mi propio acervo existencial. Así que la dramaturgia, algo que tarde o temprano se iba a manifestar, me está resultando un terreno de impresionantes oportunidades para interpretar y dar sentido al análisis de la vida, de la mano de personajes que tienen cosas que decir, urgencias que manifestar en realidades alternas que se me antojan útiles para hacer mi propia representación del mundo real en un contexto de valoraciones y querencias líquidas”. 
“Si me explico a mí misma el porqué, es irrefutable encontrarme en la memoria de una adolescente que leyó a Federico García Lorca, Luigi Pirandello y William Shakespeare con mucha atención y plenitud lúdica. Sin saberlo entonces, se fue gestando el espíritu disruptivo que luego conocí del teatro en mis prácticas de periodismo cultural, hace ya unas tres décadas atrás. Si se quiere, la dramaturgia llegó luego de un andar largo y me sorprende con la curiosidad intacta de la muchachita que se reconocía a sí misma como narradora de historias sensibles. 
¿Cuántas obras hasta ahora? 
Los papeles de Charo es mi primera obra. Fue producto de mi paso por el Diplomado de Escritura de Textos Teatrales realizado en Unearte en 2018, bajo la tutela de César Rojas y Carlota Martínez y el acompañamiento de excelentes escritores, algunos incluso con una experiencia ya probada en el campo de la escritura para teatro. Así, esta obra fue escribiéndose en una vivencia nutritiva y profunda, a la par de interesantes disertaciones sobre la teatralidad, el sentido creativo y la estructura dramática como ejes de discusión permeable a los proyectos literarios.
 “Mientras esto ocurría en el plano académico, en lo personal vivía una etapa de trabajo psicoanalítico como terapia de superación de un par de duelos que estaba confrontando en aquel momento: la muerte de mi padre y el retiro en mi vida de quien fuera mi pareja hasta ese momento. Los papeles de Charo es una recreación muy personal de un personaje y un episodio en su vida del que yo tenía mucho que aprender: Rosario Conde Picavea, la primera esposa de Camilo José Cela, a quien el laureado escritor había dejado por una mujer mucho más joven que ella y que él”.
¿Cuál la temática y la argumentación?  
 El episodio de la entrega del Premio Nobel de Literatura en 1989 fue para mí la excusa para que Charo hablara sobre su propia estima, la reflexionara y defendiera entre un mar de posiciones y prejuicios que fueron -aún son- el lastre de muchas mujeres que se casaban bajo el lema del "hasta que la muerte los separe", pero que requerían la firma de su padre o esposo para respirar o abrir una cuenta en el banco. 
Rosario Conde y Camilo José Cela formaron un matrimonio durante 45 años, tiempo en que no solo construyeron una familia y hogar, sino una estrecha relación de dependencia artística en la que la mujer cumplió el rol de primera lectora y mecanógrafa del célebre escritor español, la dadora de toda la contención emocional y psicológica, el anclaje en la vida física que permitiera al autor de La familia de Pascual Duarte dedicarse a la escritura, la promoción de sus obras y el padrinazgo de autores emergentes perseguidos por la censura del entonces régimen franquista.
“El matrimonio tuvo un hijo, a quien llamó Camilo José, como el padre. Éste, a su vez, tuvo una hija, que fue bautizada como Camila. La impronta del padre y abuelo dejaba cual marca de agua un sello familiar denotativo de la fuerte presencia Cela en la vida de todos. ¿Y qué pasaba con Charo? Un tanto antes de que la Academia Sueca otorgara el Premio Nobel de Literatura 1989, Camilo José Cela decidió abandonar el hogar para cumplir un proyecto de nueva vida amorosa con una periodista 42 años más joven que él”.
“Charo se quedó con el hogar medio vacío, aunque acompañada por su hijo, nuera, nieta y un sinfín de borradores, manuscritos, machotes y páginas compuestas de la revista literaria Papeles de Son Armadans que marcó un espacio de sobrevivencia en la pujante literatura en una fracción importante de la historia española. Se quedó como había vivido, oculta por las intensidades lumínicas del escritor y su atractivo temperamento artístico. Existían, sin embargo, muchas historias ocultas que el dolor de la partida hizo que surgieran”.
“El resultado fue un texto que para mí es hermoso, pues sus diálogos significan la esencia de mi propia rendición y renacimiento. Escribirlo dolió, pero también acarició mi alma. Con Los papeles de Charo no solo vivo ahora la alegría del reconocimiento con la mención honorífica que el jurado del Concurso Apacuana de la Compañía Nacional de Teatro tuvo la delicada intención de premiar, sino que también alcancé el ascenso a categoría Asociado como docente de la Unearte, en noviembre de 2018. Haberlo escrito, en muchos sentidos, fue una salvación”.  
¿Qué está preparando? 
Resulta que me siento ahora muy cómoda escribiendo en términos dramáticos, por lo que estoy trabajando simultáneamente en tres nuevas obras, cada una representando pasiones que me mueven irremediablemente: la danza, el periodismo y la música. La primera de ella ya tiene título: El baile del sujeto quieto, y estará bastante distante de la introspección que significó escribir Los papeles de Charo, aunque también se sustenta en un rol tan personal como el de ser una espectadora sensible y curiosa frente a la danza que se representa en escenarios teatrales. Si todo marcha como lo espero, este texto formará parte de mi tesis doctoral que estaré presentando en Unearte en el segundo trimestre de 2020.
“Estoy muy interesada en explorar cómo las historias reales o imaginarias pueden ser descubiertas desde sus teatralidades, como un punto de partida hacia un teatro que quiero sea muy cercano al espectador. El público es mi foco de interés, pensando en él no solo como aquel que se sienta en actitud de supuesta pasividad en la butaca de una sala teatral, sino también en el lector que llega a esta estructura dramática desde la experiencia que brinda el texto en su naturaleza pura”. 
 ¿Y cómo ha combinado el periodismo y el teatro? 
Tu pregunta curiosamente me hace recordar una conversa que sostuve, hace ya algunos años, con el dramaturgo venezolano Gustavo Ott: simplemente, es imposible notar la diferencia. Ya lo decía Ott cuando confesaba que sin el periodismo no tendría mucho que escribir. Ahora entiendo su postura, pues Los papeles de Charo pudo ser una crónica o incluso una semblanza sobre un personaje olvidado y vital al mismo tiempo. Su escritura ocurrió, como siempre pasa, luego de una intensa actividad de investigación periodística en dos direcciones: una externa marcada por los hechos históricos y otra profunda venida de mi proceso psicoanalítico. Al final, en el teatro como en el periodismo, contamos historias desde un punto de vista que siempre, irremediablemente, será único y personal.
“Así que por lo pronto, lo llevo muy bien. Una alianza maravillosa, sin la que no podría haber logrado la escritura de Los papeles de Charo. El teatro y el periodismo comparten el misterio de lo humano como motivo y razón de existencia. Imposible -tenía razón Ott- separarlos”. 


miércoles, enero 01, 2020

"Diez minutos" ganó Premio Apacuana 2019

El feliz ganador del Premio Apacuana 2019.
¿Dónde se dio su vinculación con el teatro?, le preguntamos a Rafael José García Hernández, ganador del Premio Apacuana del 2019.
Un gran amigo, llamado Manuel Decan, fue el puente para que tuviese contacto con el teatro. Él siempre estuvo interesado en formarse como actor. Eso lo llevó a inscribirse en la escuela Porfirio Rodríguez. En aquellos días quedaba en Petare. Nosotros vivíamos en Lídice. A partir de ese momento, siempre me hizo la invitación a algunas de sus clases, a presentaciones suyas y distintas obras. Fui a todas las que pude. Entonces conocí algunas personas de teatro. Nunca me interesó ser actor. Lo que me interesaba era escribir. Escribir de todo, poesía, canciones, cuentos, novelas, guiones cinematográficos y, sí, también teatro. Si escribí Diez minutos fue  bajo la influencia de este amigo.    
¿Por qué y para qué participó en el concurso Apacuana?
Porque tenía una obra engavetada desde 1999 y quise darle la oportunidad de que no muriera ahí en la soledad. Participé para optar por lo económico, el montaje y por la publicación, todo junto.      
¿Qué hará con los 50 millones de bolívares del galardón?
Cubrir necesidades básicas, comida para mi familia, medicinas para mi mamá. Mi mamá tiene 83 años, está enferma, su partida es inaplazable. Parte de ese dinero nos ayudará a pagar funeraria, cementerio, esas cosas que el seguro que tengo ya no puede saldar.         
¿Qué espera del montaje?
Nunca se ha montado una obra de teatro escrita por mí. Una vez una persona me pidió que le escribiera una obra. Después que la escribí, esta persona buscó director, se hicieron ensayos pero no pasó de ahí. Lo lamenté. Ya estoy ilusionado con el solo hecho de que la Compañía Nacional de Teatro vaya a montar Diez minutos. Estoy como un niño que no duerme porque le dijeron que mañana lo van a llevar para la playa. Solo quiero verla montada, la verdad. 
¿Es el primer premio que gana?
No. Fui uno de los ganadores del primer concurso para autores inéditos que hizo Monte Ávila Editores en 1999. Gané con mi novela Te vas a morir de la risa. También obtuve un premio en el Tercer festival de cortometrajes realizado por la Escuela de cine y Televisión. Participé con el corto Muy natural (2009). Gané el premio de mejor corto estudiantil y mejor guión. Luego la ESCINETV envió Muy natural a un festival de escuelas de cine en Holanda. Y resulté ganador. El festival se llama The Latin Angel Student Award. Esto fue en el 2010.
¿De qué trata su obra Diez minutos, cuál es su argumento y su temática?
El protagonista, a quien llamo Hombre I, le paga a una empresa que brinda los servicios de una muerte sin dolor, una muerte deseada. Es decir, es una fantasía letal. La empresa le pide como requisito al Hombre I que cite a las personas importantes de su vida, con quienes le gustaría verse por última vez, éstas se supone que van a convencerlo de que continúe con su vida, que no consuma lo que ofrece la empresa. Esto es una prueba para ver si el cliente está seguro de lo que está haciendo. Pues bien, el Hombre I recibe a las personas que citó y para hablar con ellas solo tiene diez minutos. Y de todas personas que cita, solo una le genera al Hombre I lo que nunca antes le habían generado.   La obra transcurre en las instalaciones de la empresa. La mayoría de las escenas ocurren mientras el Hombre I va recibiendo a todas las personas que entran a verle. La temática es la indolencia. Indolencia por parte de la empresa, sus trabajadores y las personas que visitan al Hombre I. También podría decir que está presente la desesperanza.  El Hombre I representa la desesperanza. Por supuesto, si existe una empresa como esa es porque hay gente desesperanzada.             
¿Por qué ese título?
Diez minutos es el tiempo que se supone tienen que durar las visitas. Digo se supone porque esto a la empresa no le importa, casi nunca se cumple. Es un tiempo corto que representa indolencia. Una vida desesperanzada merece mucho, mucho más.  
¿Teatro político en estos tiempos?  
El teatro, como toda disciplina artística, es una representación de la vida. Y si la vida trae de todo, el teatro también debería traer de todo.  Todos los tiempos son buenos para el teatro, sea cual sea el género que se le adjudique. Escribí Diez minutos en 1999, un tiempo distinto al que vivimos. Le cambié algunas cosas porque en este tiempo adquirí mayor conocimiento en cuanto los diálogos, perfil de personajes, pero la temática la dejé intacta. La escribí pensando en crear una obra de teatro, sin considerar un género. Ya el espectador o lector dirá dónde la coloca. Uno de mis principales objetivos con la escritura es mostrar el lado oscuro del ser humano, lo que Jung llamó “La sombra”.   
¿No es mejor la comedia sobre tantos aspectos de la vida cotidiana en la sociedad contemporánea?                  
Lo que es mejor depende de cada espectador, de cada lector. No soy quién para determinar qué es lo mejor. Me gusta la comedia, en cine, teatro, etcétera. De hecho, en mucho de lo escribo siempre hago el intento de que haya humor. Claro, humor negro, punzante.  
¿Qué paso con ofertas de trabajo allende las fronteras?
No he recibido ninguna oferta de trabajo. 
¿Planes para escribir más teatro?
Lo que más escribo es novelas y cuentos. Haber ganado el premio Apacuana me motiva para dedicarle más tiempo a la dramaturgia. Y estoy seguro que cuando vea la obra montada va a aumentar esa motivación. Me gustaría escribir más teatro y, al mismo tiempo, recibir formación de conocedores; me falta mucho que aprender.
¿Cómo está la enseñanza del teatro y otras disciplinas artísticas en Caracas?
Desconozco cómo está la enseñanza del teatro en este momento. En cuanto a otra disciplina, yo obtuve el título de Licenciado en guión audiovisual en UNEARTE, en el 2018. Recibí una buena formación de mano, principalmente, de José Antonio Varela, guionista, director y ex presidente de la Villa de Cine