jueves, enero 09, 2020
miércoles, enero 08, 2020
Gilberto Pinto y su legado teatral
Bodas de sangre en San Bernardino
lunes, enero 06, 2020
RODOLFO IZAGUIRRE SALVADO POR EL CINE
Para no olvidar jamás a César Rengifo
El caraqueño César Rengifo es más que
un recuerdo, editorializó la revista Theatron (numero 26 de mayo, 2016), de Unearte,
Y sirve esto para recordar que a 105 años de su nacimiento y 40 de su mutis, la
ausencia que nos dejó su desaparición física se transforma una y otra vez en
distintos lugares de nuestra geografía en una presencia fulgurante que
trasciende en el tiempo a través de su pensamiento y del invalorable legado que
representa su obra.
En Theatron se reitera que en la historia de nuestra cultura contemporánea son
muy pocos los artistas criollos que han logrado ocupar de manera tan amplia los
espacios del quehacer creador como César Rengifo: dramaturgo, director,
pedagogo, poeta, pintor, periodista, y ensayista. “Con persistente voluntad y
capacidad de trabajo volcó su mirada y su esfuerzo en el ánimo de desentrañar,
desde la perspectiva del excluido social, los procesos históricos de América
Latina, y de Venezuela lo cual plasmó con vuelo poético en imágenes,
trascendentes tanto en los escenarios como en la pintura. Su pasión era la
libertad. Su cuerpo diminuto como de pájaro albergó un alma de gigante que aún sirve
de inspiración a todo aquel que se proponga la transformación de la realidad”.
César Rengifo es considerado con razón
“El padre de la dramaturgia moderna venezolana”. Lo demuestra no solo su
crecida producción, más de 40 obras, sino la forma como abordó, con crudeza y
haciendo gala de un estilo no exento de poesía, la realidad de su país,
haciendo énfasis en lo social, porque para él la estética que no reivindique al
pueblo, carece de función y contenido. Preocupado por la explotación petrolera
y el daño que dejaba la maligna conducta de las empresas transnacionales y las
displicentes conductas de los gobiernos nacionales de turno, realizó a lo largo
de su vida una “tetralogía del petróleo”, piezas que al lograr verlas puestas
en la escena, le permitió reescribirlas incluso, donde analizó y cuestionó la
explotación petrolera y sus graves consecuencias sociales.
Para el crítico e investigador Leonardo
Azpárren Giménez, Rengifo es un dramaturgo
importantísimo, que tiene una amplia obra original, y quien junto a Román
Chalbaud, Isaac Chocrón, José Ignacio Cabrujas y Rodolfo Santana, es uno
los grandes puntales del teatro moderno venezolano de la segunda mitad del
siglo XX.
TETRALOGIA
PETROLERA
Para nosotros, lo
mejor de Rengifo es su ejemplar tetralogía del petróleo, donde él arremete contra el imperio de las petroleras y su nefanda presencia en
Venezuela. Deberían los teatreros venezolanos detener durante un año sus
producciones extranjerizantes, por lo menos, y planificar y ejecutar un ciclo
de montajes y foros con esos cuatro textos porque es necesario predicar
precisamente con el teatro. Ahí advirtió las frustraciones de un amplio
sector de la sociedad venezolana por el sinuoso destino de la renta petrolera,
además de la muerte lenta de la agricultura y el éxodo de los campesinos a las
grandes ciudades para buscar un destino incierto o esquivo, al tiempo que
señalaba la incesante sustitución de la cultura nacional por una foránea, “bien
servida” por todos los medios de comunicación.
Ahí están, pues, Las mariposas
en la oscuridad (entre 1951 y 1956), basada en el éxodo y el abandono
de los campos venezolanos ante la invasión (y nunca esa palabra fue tan
patética) de las empresas petroleras. Muestra el dolor del campesinado
al dejar atrás sus raíces, lo que le lleva a supercherías tan burdas
y grotescas dejando el presente como testigo de un pasado.
Concibió para únicamente tres actos
a El vendaval amarillo (1952), que
transcurre en el estado Zulia, entre los años 1938 y 1939, una zona
que sacrificó su explotación agraria y lanzó, sin destino alguno, a los
campesinos, al tiempo que sus poblados eran destruidos. Denuncia con sus diez
personajes populares cómo los terratenientes fueron vendiendo, sin
contemplaciones, sus haciendas para que las compañías petroleras iniciaran y
avanzaran en la búsqueda de “el estiércol del diablo”.
Un marxista, como era César, no podía
dejar pasar la oportunidad de inmiscuirse en la vida privada de los empleados
estadounidenses de las petroleras, desnudarlos de sus supuestos ropajes de
dignidad y exhibirlos como unos asesinos desalmados. Eso lo logró con El
raudal de los muertos cansados (1969). Muestra cómo se va
urdiendo una serie de intrigas entre los petroleros para quedarse con un cargo
burocrático que les permitirá ganarse unos cuantos miles de dólares más, aunque
para ello tengan que matar o sacrificar al personal que trabaja para ellos, al
tiempo que la explotación petrolera avanza y se lleva por delante a los mismos
obreros.
Y diez años antes de su muerte,
entregó Las torres y el viento, la más poética y
la más completa pieza de su tetralogía petrolera, la cual vimos en memorable
montaje que hiciera Herman Lejter. Sintetizó en el preámbulo el valor de las
torres de petróleo y el viento en los pueblos donde la explotación del mineral
ha cesado: “Torres destruidas y viento. He ahí para muchos venezolanos
lo que queda del petróleo”. Como frustración de la riqueza fácil o
decepción por el inalcanzable Dorado, las torres en abandono y el viento
pasando libre entre las viviendas abandonadas, resulta, por la fuerza de sus
significaciones, son casi un personaje. Es una de las obras más resaltantes del
teatro de Rengifo, la cual fue llevada a la escena por el Teatro Universitario
de la UCV, en los tiempos de Herman Lejter, hacia 1975.
PROFETA
¿Sería chavista César Rengifo si hubiese sobrevivido a sus dolencias físicas, que no eran pocas? No sabemos, porque eso que él denunció en sus obras, no era de su exclusividad, sino que ya el resto la inteligencia venezolana, especialmente la de izquierda. Luchaba para detener el proceso desgastador que durante un gran parte del siglo XX significó la explotación de los hidrocarburos.
¿Sería chavista César Rengifo si hubiese sobrevivido a sus dolencias físicas, que no eran pocas? No sabemos, porque eso que él denunció en sus obras, no era de su exclusividad, sino que ya el resto la inteligencia venezolana, especialmente la de izquierda. Luchaba para detener el proceso desgastador que durante un gran parte del siglo XX significó la explotación de los hidrocarburos.
No hay que ser chavista para execrar
los abusos cometidos, no sólo por las empresas sino por los gobiernos títeres.
Lo único cierto es que todo lo que él advirtió se cumplió y que al final el
petróleo terminó por ser controlado por el Estado venezolano al desencadenarse
una serie de cambios en la conducción política del país, pero las secuelas de
los malos años no ha podido curarse todavía, ni los muertos inocentes
resucitarán jamás.
Él hizo lo suyo al escribir su teatro,
pero muy pocos con poder político le hicieron caso y las consecuencias están a
la vista, porque “ya no somos un país independiente
económicamente. Junto con el alud del capital extranjero, explotador, nos
llegó también una pseudo civilización estandarizada. Y junto a los ranchos,
habitados por gente depauperada y sin ninguna cultura, apareció la
pseudocultura del petróleo”.
sábado, enero 04, 2020
Apacuana 2019 y sus tres piezas teatrales
![]() |
| Rafael García, ganador del primer premio |
El Premio Nacional de Dramaturgia Apacuana fue creado en el año 2015 por
la Compañía Nacional de Teatro para estimular la creación de aquellas obras
teatrales cuya temática promuevan el análisis y la discusión de la teatralidad
venezolana mediante el reconocimiento de nuevos planteamientos discursivos y
estéticos de la dramaturgia nacional.
En ocasión de la quinta entrega del Premio Apacuana, correspondiente al
año 2019, hemos entrevistado a los autores de Diez minutos (Rafael García), Cantaura
(Aníbal Grunn) y Los papeles de Charo
de (Rosa María Rappa) por ser los que más
destacaron de la reciente competencia y por eso resaltamos aquí algunos aspectos
de sus temáticas y argumentaciones, gracias a las entrevistas que hicimos a sus escritores.
Diez minutos,
identificada con el seudónimo “Machín”, resultó ganadora del Apacuana de
Dramaturgia 2019, según el jurado evaluador, conformado por José Gabriel Núñez,
Franklin Tovar y Tomás Jurado Zabala, el cual luego de su deliberación, manifestó que se
trata de un texto de acertada eficacia
dramática, formalmente estructurado, en donde se expone un tema de carácter
universal mediante un conflicto que se plantea entre el drama y la comedia, el
individuo y la sociedad, a través de unos personajes cuidadosamente construidos
en sus caracteres, que lucen bien definidos y en función de una atmósfera envolvente
y un lenguaje totalizador, como suscribe el acta definitiva.
¿De qué trata Diez minutos, cuál es su argumento y su temática?, preguntamos a Rafael.
El protagonista, a quien llamo Hombre I, le paga a una empresa que
brinda los servicios de una muerte sin dolor, una muerte deseada. Es decir, es
una fantasía letal. La empresa le pide como requisito al Hombre I que cite a
las personas importantes de su vida, con quienes le gustaría verse por última
vez, éstas se supone que van a convencerlo de que continúe con su vida, que no
consuma lo que ofrece la empresa. Esto es una prueba para ver si el cliente
está seguro de lo que está haciendo. Pues bien, el Hombre I recibe a las personas
que citó y para hablar con ellas solo tiene diez minutos. Y de todas personas
que cita, solo una le genera al Hombre I lo que nunca antes le habían generado. La obra transcurre en las instalaciones de la empresa. La mayoría de
las escenas ocurren mientras el Hombre I va recibiendo a todas las personas que
entran a verle. La temática es la indolencia. Indolencia por parte de la
empresa, sus trabajadores y las personas que visitan al Hombre I. También
podría decir que está presente la desesperanza. El Hombre I representa la
desesperanza. Por supuesto, si existe una empresa como esa es porque hay gente
desesperanzada.
¿Por qué ese título?
Diez minutos es el tiempo que se supone tienen que durar las visitas. Digo se supone
porque esto a la empresa no le importa, casi nunca se cumple. Es un tiempo
corto que representa indolencia. Una vida desesperanzada merece mucho, mucho
más.
¿Cómo es Cantaura? le preguntamos a Aníbal.
La obra en cuestión, cuenta Aníbal, está ubicada en el año 2009 y cuenta la historia de
tres compañeros, ex - guerrilleros, que en el año 1982, estuvieron involucrados
en el tema de Cantaura y ahora, forman parte del proceso revolucionario, como
directivos de un colegio público. Luchando desde hace nueve años contra la
corrupción, la vagabundería de los obreros, los docentes inescrupulosos que
viven de reposo en reposo y tantos temas que afectan la educación. En medio de
esas discusiones recuerdan sus luchas desde hace tantos años como guerrilleros
y por supuesto la masacre de Cantaura, que aún, pese a todo no se ha podido
aclarar y sigue siendo un tema tabú para muchas instituciones.
Subraya Aníbal que “el tema de nuestra
Cantaura,
como el tema de El Amparo, otra masacre, y como tantas cosas que en este país
preferimos olvidar y no meternos en profundidades, me llaman mucho la atención.
Creo que el arte está para eso, para denunciar, para exponer, para mostrar,
aunque no debe aportar soluciones, para que todo lo que se diga sea reflexivo,
no complaciente ni cómodo. Es necesario que el teatro genere cierto picor, al
igual que el cine, la literatura y toda expresión de artistas comprometidos con
un país y con un pueblo.
Los papeles de Charo
Rosa, a quien conocemos desde hace muchos años
por ser colega periodista y además amiga, explicó que “Los papeles de Charo es una recreación muy personal de
un personaje y un episodio en su vida del que yo tenía mucho que aprender:
Rosario Conde Picavea, la primera esposa de Camilo José Cela, a quien el
laureado escritor había dejado por una mujer mucho más joven que ella y que
él”.
¿Cuál la temática y la
argumentación?
El episodio de la entrega del
Premio Nobel de Literatura en 1989 fue para mí la excusa para que Charo hablara
sobre su propia estima, la reflexionara y defendiera entre un mar de posiciones
y prejuicios que fueron -aún son- el lastre de muchas mujeres que se casaban
bajo el lema del "hasta que la muerte los separe", pero que requerían
la firma de su padre o esposo para respirar o abrir una cuenta en el
banco.
“Rosario Conde y Camilo José Cela
formaron un matrimonio durante 45 años, tiempo en que no solo construyeron una
familia y hogar, sino una estrecha relación de dependencia artística en la que
la mujer cumplió el rol de primera lectora y mecanógrafa del célebre escritor
español, la dadora de toda la contención emocional y psicológica, el anclaje en
la vida física que permitiera al autor de La familia de Pascual
Duarte dedicarse a la escritura, la promoción de sus obras y el
padrinazgo de autores emergentes perseguidos por la censura del entonces
régimen franquista.
“El matrimonio tuvo un hijo, a quien
llamó Camilo José, como el padre. Éste, a su vez, tuvo una hija, que fue
bautizada como Camila. La impronta del padre y abuelo dejaba cual marca de agua
un sello familiar denotativo de la fuerte presencia Cela en la vida de todos.
¿Y qué pasaba con Charo? Un tanto antes de que la Academia Sueca otorgara el
Premio Nobel de Literatura 1989, Camilo José Cela decidió abandonar el hogar
para cumplir un proyecto de nueva vida amorosa con una periodista 42 años más
joven que él”.
“Charo se quedó con el hogar medio vacío,
aunque acompañada por su hijo, nuera, nieta y un sinfín de borradores,
manuscritos, machotes y páginas compuestas de la revista literaria Papeles
de Son Armadans que marcó un espacio de sobrevivencia en la pujante
literatura en una fracción importante de la historia española. Se quedó como
había vivido, oculta por las intensidades lumínicas del escritor y su atractivo
temperamento artístico. Existían, sin embargo, muchas historias ocultas
que el dolor de la partida hizo que surgieran”.
“El resultado fue un texto que para
mí es hermoso, pues sus diálogos significan la esencia de mi propia rendición y
renacimiento. Escribirlo dolió, pero también acarició mi alma. Con Los
papeles de Charo no solo vivo ahora la alegría del reconocimiento con
la mención honorífica que el jurado del Concurso Apacuana de la Compañía
Nacional de Teatro tuvo la delicada intención de premiar, sino que también
alcancé el ascenso a categoría Asociado como docente de la Unearte, en
noviembre de 2018. Haberlo escrito, en muchos sentidos, fue una salvación”.
Ahora hay que esperar que el director de la Compañía
Nacional de Teatro, Carlos Arroyo, haga los anuncios respectivos de las fechas
de los montajes y los elencos.
Hay que recordar que el ganador de Diez minutos recibirá 50 millones de bolívares.
"Cantaura" tiene dolientes en el teatro también
![]() |
| Aníbal García o el popular Aníbal Grunn escribió su segunda pieza |
Por Cantaura, que encabeza el grupo de los cuatro textos finalistas del Premio de Dramaturgia
Apacuana, organizado por la Compañía Nacional de Teatro, que dirige Carlos Arroyo,
la historia política de esta patria que hemos adoptado saltó nuevamente al escenario.
No sabemos qué pueda ocurrir o desencadenar, lo único cierto es que la escribió
el teatrero Aníbal García (más conocido como Aníbal Grunn), otro inmigrante
latinoamericano en estas tierras de Andrés Bello, Simón Rodríguez y el legendario
Simón Bolívar.
Cuenta Grunn que durante el año 1981, “en
conmemoración del bicentenario del natalicio de Andrés Bello y siendo yo
director de teatro de la Universidad Simón Bolívar, en el núcleo de Naiguatá,
escribí una obra sobre el mencionado personaje. La envié a un concurso que
había abierto el Ministerio de Educación. Con mucho beneplácito para mí, resulté
ganador. La obra, titulada A tu amada sombra,
maestro, fue premiada con una medalla de reconocimiento y el montaje
teatral en la Casa de Bello. Fue una extraordinaria experiencia, con los
actores de la universidad y Elio Palencia como protagonista”.
Admite que desde que tiene uso de razón
“escribo y versiono obras de la literatura universal al teatro. Varias veces me
he presentado a concursos de dramaturgia, de literatura y nunca más gané nada,
ni siquiera figuré o no supe que pensaban los jurados sobre mis escritos”.
¿Pero al parecer hubo una segunda vez?
Si para este año 2019 tuve el atrevimiento de
hacerlo para el premio Apacuana de la Compañía Nacional de Teatro. Y escribí a
dos manos, ya que esto no lo saben los miembros del jurado, la pieza Cantaura y cuando digo que la escribí
a cuatro manos es literalmente así. Mucho antes de saber lo del premio,
leí un cuento de Luis Britto García, titulado La carta y me gustó mucho. En él se cuenta una historia profundamente
conmovedora, sobre una carta que nunca llegó a las manos del destinatario. Además,
en octubre de 1982, como ilustración a la siniestra masacre de Cantaura, por
manos del gobierno de turno, se publicó en el diario El Nacional, la letra de una canción que fue escrita con amor y
nunca llegó a manos del enamorado. Impresionado por la historia, le propuse a
un compañero y ex alumno Yonder Carrizales, que escribiéramos a cuatro manos
sobre el tema. Preparamos una escaleta y nos pusimos a desarrollar las escenas.
¿Cómo es o qué plasma esa Cantaura a cuatro manos?
La obra en cuestión ubicada en el año
2009, cuenta la historia de tres compañeros, ex - guerrilleros, que en el año
1982, estuvieron involucrados en el tema de Cantaura y ahora, forman parte del
proceso revolucionario, como directivos de un colegio público. Luchando desde
hace nueve años contra la corrupción, la vagabundería de los obreros, los
docentes inescrupulosos que viven de reposo en reposo y tantos temas que
afectan la educación. En medio de esas discusiones recuerdan sus luchas desde
hace tantos años como guerrilleros y por supuesto la masacre de Cantaura, que
aún, pese a todo no se ha podido aclarar y sigue siendo un tema tabú para
muchas instituciones.
Subraya Aníbal Grunn que “el tema de
Cantaura, como el tema de El Amparo, otra masacre, y como tantas cosas que en
este país preferimos olvidar y no meternos en profundidades, me llaman mucho la
atención. Creo que el arte está para eso, para denunciar, para exponer, para
mostrar, aunque no debe aportar soluciones, para que todo lo que se diga sea
reflexivo, no complaciente ni cómodo. Es necesario que el teatro genere cierto
picor, al igual que el cine, la literatura y toda expresión de artistas
comprometidos con un país y con un pueblo.
¿Teatro político pues es el que han escrito?
Creo que todo teatro es político, sea
serio, dramático, cómico o banal, como suele ser ese teatro complaciente que en
algún momento se llamó “comercial” equivocadamente o con intenciones de
separarlo del teatro de arte. De la misma forma que todo teatro tiene arte, y
lo único que podemos criticar es su calidad. Todo tiempo es bueno para las
reflexiones, sobre todo en épocas de crisis sociales, políticas y económicas
como las que estamos viviendo en el mundo, en este momento. Por supuesto
nuestro país no puede vivir fuera de esta realidad.
¿Y dónde quedan las comedias?
Lamento profundamente no tener mucho
sentido del humor para escribir comedia, hay gente que lo sabe hacer y muy
bien. Aunque me encanta la comedia, tanto
como actor y como director, me cuesta mucho escribir con humor, no tengo esa
condición. Me producía placer aquel programa humorístico de RCTV “Radio Rochela”,
donde se criticaba todo con un gran sentido del humor.
Recuerda Grunn que del mismo modo hay grandes dramaturgos que utilizan
el humor para hacer críticas profundas. “No nos olvidemos del sainete, talentos
como Job Pin, Leoncio Martínez, Rafael Guinand y nuestro Aquiles Nazoa. Pero
ahora vemos eso como lejano, de otro tiempo, casi como folclórico. Da tristeza,
ya no hay buenos comediantes. Importante recordar que la comedia nace en Grecia
como contrapunto de la tragedia, escritores de la talla de Menandro y
Aristófanes nos han dejado un legado muy grande en la historia del teatro
occidental. Y ellos siempre criticaban las situaciones sociales y/o políticas
de su país”.
jueves, enero 02, 2020
Periodismo y teatro comparten el misterio de lo humano
miércoles, enero 01, 2020
"Diez minutos" ganó Premio Apacuana 2019
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