Y para quienes no comprendan que es un TOC, precisamente los loqueros enseñan que los afectados –se dice que hay 100 millones en este planeta-no son enfermos mentales per se y deben ser tratados profesionalmente. Es un síndrome psiquiátrico perteneciente al grupo de los desórdenes de ansiedad, caracterizado por obsesiones y compulsiones. Varias teorías sugieren una base biológica para ese trastorno y actualmente unos estudios están explorando tal posibilidad. Las investigaciones y los experimentos que se llevan a cabo favorecen el uso de tratamientos tanto farmacológicos como cognitivo-conductuales que pueden beneficiar a las personas con TOC.
Los espectadores que elijan Toc Toc -después de haber degustado Baraka- se encontrarán con el veterano primer actor Alejo Felipe transformado en líder del elenco donde participan: Lourdes Valera, Rafael Romero, Sonia Villamizar, Guillermo García y María Antonieta Duque, además de Melisa Álvarez. Todos ellos -bajo la precisa dirección de Juan Souki y con la perfecta producción de Eduardo Fermín- visitan al albo consultorio de un psiquiatra, porque sus personajes, con sendos TOC, deben ser tratados urgentemente antes de evolucionar a males mayores. Son pues: Fred, quien no puede evitar sus palabrotas y gestos obscenos; María, católica maniática que comprueba diez veces el gas, la luz y el agua antes de salir de casa; Camilo, simpático taxista empeñado en calcularlo todo y eso afecta su matrimonio; Blanca, con fobia a las bacterias; Pep, obsesionado con la simetría e incapaz de pisar las líneas del suelo, y este raro sexteto lo cierra Lili, quien insiste en repetir dos veces cada palabra; además con ellos está la discreta ayudante del loquero.
Pero el espectáculo teatral, gracias a la habilidosa estructura de la obra, es lúdico por las intensas acciones físicas de los personajes entregados a sus manías y las disparatadas situaciones que exhiben. La risa del público va de principio a fin, porque l@s loc@s, y eso es lo que parecen, aunque no lo sean, hace que la audiencia suelte todas sus inhibiciones y comience a gozar, porque además identifican a seres de la cotidianidad similares a los de la escena. ¡Teatro espejo y del bueno, gracias además al complaciente elenco y al director Souki!
Y el final demuestra, una vez mas, que no hay descuidarse o confiarse mucho con los denominados “médicos del alma” porque estos también pueden estar enfermos con TOC o muchas más que sus pacientes.
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