jueves, julio 12, 2018

Viene Pablo García Gámez para el estreno de su obra "Oscuro,de noche"

PABLO GARCÍA GÁMEZ
 Venezuela lo espera para festejarlo por su Premio Nacional de Dramaturgia Apacuana, que otorga el Ministerio del Poder Popular para la Cultura, por intermedio de la Compañía Nacional de Teatro. Nos referimos, pues, a Pablo García Gámez (Caracas, 22 de septiembre de 1961), autor de Oscuro, de noche, la pieza galardonada que bajo la dirección de Carlos Arroyo y Costa Palamides será estrenada a finales de este mes.
Nació en la caraqueñísima parroquia El Valle en el hogar de Pablo Tomas García y Graciela Margarita Gámez. Sus estudios comenzaron en El Junquito y los ha estado culminando en distintos campus de la Universidad de Nueva York. “Del doctorado, que lo curso en el Programa en Culturas Latinoamericanas, Ibéricas y Latina del Graduate Center (CUNY), me falta defender la tesis, sobre teatro hispano en esta cosmópolis, por supuesto, que será en septiembre de este año”, nos responde desde Manhattan.
¿Por qué el salto a USA?
El salto fue personal, afectivo, de sobrevivencia.  En el 1991 conocí a Santiago, mi pareja de 27 años.  Él, VIH positivo, vivía en Nueva York. El afecto pegó fuerte lo que nos llevó a discutir dónde viviríamos.  En esos años, ser VIH positivo en Caracas tenía una doble marca: el poco conocimiento para tratar el virus y el estigma de que era castigo de Dios.  Esos años fueron terribles: muchos amigos emigraron a otros espacios que eran más tolerantes o se enclaustraban en casa de familiares hasta morir. 
¿Están alcanzadas las metas iniciales?
Mirando hacia atrás, la meta inicial era comprender Nueva York; creo que lo logré.  Llegué y me puse a escribir.  Hice un ejercicio de levantamiento de textos para el Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico. Posteriormente fue el unipersonal ¿Y qué es Nueva York? o Cariaquito Morao (1992) incorporando fragmentos de textos de Chalbaud, Chocrón, Cabrujas y Santana, los cuales me ayudaron a “ver” Nueva York; por cierto, Andy Pérez lo “descubrió” en un archivo de la Juana Sujo y lo presentó en el Celarg y en Rajatabla en junio y julio de este inolvidable 2018, con Dámaso Nieto como intérprete. El texto se estrenó en el Consulado de Venezuela y luego la gente de Teatro Pregones me abrió las puertas para hacerlo en su sede.  He trabajado continuamente en teatro y posteriormente comencé en la universidad. 
¿Ahora que alcanzó un nivel respetable de desarrollo cultural que se propone hacer?
No diría nivel; más bien pienso que ando en una parte del camino en la que he ganado una visión más amplia del mundo y en la que he llegado a conocerme.  Lo que me propongo este momento es profundizar saberes: investigar más sobre el performance callejero, la relación entre el teatro y lo social, seguir escribiendo textos teatrales, afilar la parte de instructor de talleres de teatro y de profesor universitario.
¿Por qué el teatro?
Te puedo dar varias razones.  Es por su carácter vital y efímero, saber que sucede en ese momento que no se repite.  Es por el intercambio de conocimientos y visiones entre un grupo de personas con un objetivo en común.  Es por su característica de que puede reflejar dramas sociales y sugerir cambios.  Es por el lenguaje de los cuerpos y sus posibilidades.
¿Maestros teatrales?
Tomé un taller de dramaturgia con Oswaldo Dragún en la quinta Marisela del Celcit, otro con Juan Carlos Gené.  Estuve en un taller en Rajatabla; por ahí me colé en un taller de Rodolfo Santana.  Esos talleres me marcaron.  Recuerdo a Dragún diciendo que el teatro brindaba la posibilidad de que una zanahoria fuera el Obelisco de Buenos Aires o un ejercicio de dramaturgia que le presenté a Gené en el que los personajes discutían sobre lo que había pasado; Gené me lo devolvió diciendo que en teatro lo que pasa, pasa en tiempo presente.
¿Qué lo llevó a escribir teatro y como ha sido ese proceso?
De pequeño, cursi por cierto, me gustaba escribir.  En secundaria materias como castellano o historia, se me daban fáciles; escribía unos cuentos espantosos.  Creo que el giro vino porque una vez, sin dinero, andaba por el parque Los Caobos donde había una carpa; a la entrada ofrecían una obra gratis (o pague lo que usted quiera); era El beso de la mujer araña producida por Teatro del Sol, de Perú.  La experiencia fue fulminante: quería hacer algo así tan maravilloso y a la vez tan despojado.  Años después, Elio Palencia y Karel Mena me invitaron a formar parte del proyecto City Tour: con esos dos tuve mis primeras herramientas: hice una pieza junto con Elio (Oasis Pub) y antes de irme a Nueva York comencé a escribir El Milagro.  Desde que llegué a Nueva York, he estado escribiendo, pero sucede que las obras quedaban engavetadas; las primeras que se produjeron fueron piezas para niños y después, desde el 2006, comenzaron a subir las piezas para adultos.
¿Qué hacía en Caracas?
Trabajaba en una agencia de publicidad, Leo Burnett como creativo y colaboraba en las páginas culturales de El Universal.
¿Cómo sobrevive en USA?
Enseño en la Universidad de la Ciudad de Nueva York como profesor adjunto. Mis áreas son español, literatura latinoamericana y cultura iberoamericana. Además, manejo las relaciones comunitarias de Teatro Círculo.
¿Se has asimilado a la cultura de USA o practica la cultura del gueto?
¡Gracias por la pregunta!  Nueva York no es un melting pot (por cierto, que el término viene del teatro).  De practicar, practico la cultura del gueto, de guetos o para matizar, del margen, de la periferia.  Estar envuelto en teatro y en estudios del performance me abrió un horizonte sobre la cultura hispana.  Gueto se refiere a esos metaconceptos, a coletazo poscolonial, a películas de acción filmadas en el Bronx.  Por eso, todos los días llega gente de nuestros países a la ciudad y dicen, con mucha ingenuidad y poca modestia que, por primera vez, la ciudad tendrá teatro en español.  Pues, esta ciudad tiene una arraigada historia de cultura hispana: por solo dar unos datos, ya desde el siglo XIX se publicaban textos en español, grupos de teatro hispano representaban sus obras en el Apolo (el famoso teatro de Harlem), el primer festival de teatro popular latinoamericano se realizó en Nueva York.  La ciudad cuenta con autores en español de primera línea que por diversas causas -una de ellas es que son de gueto- son poco conocidos en América Latina.  Se tergiversa la historia, se intenta borrar manifestaciones culturales que están ahí.  Al estar en el margen se tiene una responsabilidad -y más en estos momentos de incertidumbre- que en mi caso se ha traducido en talleres de teatro para estudiantes de escuelas secundarias y como profesor voluntario de GED (Diploma de Equivalencia General, un diploma como de libre escolaridad para secundaria), en piezas en que lo estético y lo social tienen importancia similar.  Las herramientas para llegar a estos conocimientos me las han brindado sectores críticos de la hegemonía como el Hemispheric Institute, adscrito a NYU; investigadores como Richard Schechner o Diana Taylor; académicos latinos como Arnaldo Cruz Malavé, Vanessa Pérez Rosario o Alberto Sandoval Sánchez.  Es tan complejo e interesante el mundo del margen que en un par de ocasiones he estado en Casa de las Américas -La Habana- para hablar sobre el teatro hispano de Nueva York.       
¿Hay amores si se puede hablar de ellos?
¿De amores? Lo normal.  Creo que he tenido la dosis suficiente de ilusión y de boleros corta-venas.
¿Publicaciones y estrenos importantes?
Blanco fue un estreno importante.  Por primera vez la ACE y HOLA daban un reconocimiento a la dramaturgia local; eso fue en 2006-2007; fue invitada a los Temporales Teatrales de Puerto Montt (Chile), además, fue publicada por el Boletín de Teatro y Cine del Ateneo Puertorriqueño.  Noche tan linda arrasó -perdón por la falta de modestia- con los galardones HOLA, ACE y el Premio Proyecto Asunción; fue publicada en la revista electrónica del CELCIT Argentina y por Conjunto de Casa de las Américas; además de su representación en el Teatro Rodante Puertorriqueño, LugarOtro -en Buenos Aires- hizo una temporada y este año tuvo dos temporadas en Lima por el grupo Reteatrando.  Con Olvidadas gané en la primera edición del Festival FuerzaFest, el ATI y tuve el honor de que Aura Rivas y Francis Rueda la leyeran en Caracas.  Este año El Gos participó en FuerzaFest y la menciono porque fue importante cubrir todo el proceso de ensayo y ver cómo trabaja una directora de la talla de Leyma López.   En la parte de investigación, tengo varios artículos publicados; son registros y reflexiones sobre el teatro a través de los estudios del performance.
¿Qué pasa con su inglés?
Lo leo y lo escribo sin mayores dificultades.  Ahora, lo hablo machucado o como dicen los anglos, broken English.  El inglés lo utilizo mayormente en la academia.  La vida diaria y creativa va en español, rasgo de mi identidad con la que aporto a esta ciudad (no abogo por su pureza, que la Academia no se haga ilusiones).  Este año he estrenado dos textos y ambos han sido en Spanglish por el contexto y la situación en el que se desenvolvían los personajes.
¿Qué espera de Oscuro, de noche?
Por el lado de los creadores espero irreverencia, organicidad, que jueguen con las distintas situaciones. Por el lado de los espectadores, que les motive a comentar, criticar, reflexionar.





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