sábado, septiembre 17, 2011

Caracas recordó el 9/11

El pasado domingo, mientras en Estados Unidos de América y otras naciones se rendían emotivos y espectaculares homenajes a los 2977 víctimas del atentado terrorista, o conspiración, del 11 de septiembre de 2001, aquí en Caracas, veinticinco espectadores (11 hombres y 14 mujeres), además del sonidista-iluminista y su asistenta, acompañamos a las actrices Lenni Márquez y Valeria Castillo en un especial recordatorio teatral para esos muertos y ,en especial, por los cinco venezolanos que perecieron en las Torres Gemelas de Nueva York al estrellarse contra ellas sendos aviones secuestrados por extremistas o kamikases. Fue en la sala María Teresa Castillo, de la nueva sede del Ateneo de Caracas (frente a las instalaciones de Venevisión), con el espectáculo Monstruos en el closet, ogros bajo la cama, texto de Gustavo Ott puesto en escena por Consuelo Trum.
Cinco venezolanos
¿Fue atentado terrorista o conspiración de ultraderecha lo que provocó el derrumbe de las Torres Gemelas de Nueva York durante la mañana del martes 11 de septiembre de 2001, además de que otros dos aviones se estrellaron en el Pentágono y en un campo de Pensilvania?
Imposible dar ahora una respuesta convincente para tranquilizar no solo a los familiares de las casi tres mil victimas. Hay que esperar que ese trágico suceso sea aclarado lo suficiente para pasar la página y cerrar así esa trágica historiografía, donde incluso los venezolanos Howard Boulton, Jenny Low Womg, Natalie La Cruz y Eduardo y Anabel Hernández perecieron. Quedan, pues, las dudas, pero ellas se disiparán más temprano que nunca.
No es comedia
Mientras tanto, hay que recordar como la caraqueña Fundación Teatro Repico estrenó el 5 de agosto, en el Espacio Alterno del Trasnocho Cultural, a Monstruos en el closet, ogros bajo la cama de Gustavo Ott (1963), que es, como este célebre e internacional dramaturgo venezolano lo ha comentado,”una pieza sobre las víctimas y no sobre los culpables”.
Pero, por esos desgraciados avatares del teatro comercial (exige apreciable ingreso promedio de taquilla y actores con fresco rating), el montaje fue retirado el 28 de agosto antes de cumplir la programación ofrecida hasta el 2 de octubre.
Carmen Ramia, directora general del Ateneo de Caracas, metió la mano e invitó a la agrupación desalojada para que llevara su montaje a la recién inaugurada sala, la cual rescata la memoria de una ínclita luchadora por el desarrollo cultural del país, donde permanecerá hasta principios del próximo mes.
Gracias, pues, a no tener abultada taquilla ni ser “una comedia” ni tampoco exhibir “estrellas” de la TV, es que tan estremecedora pieza “voló” desde Las Mercedes hasta la colina de Los Caobos (Venevisión), no obstante hicieron 12 representaciones antes de ese imprevisto mutis.
Monstruos en el closet, ogros bajo la cama es un estremecedor homenaje sobre esas edificaciones neoyorquinas, las cuales, gracias a la magia del teatro, toman vida y con sus palabras logran revivir sus últimos y fatales momentos. La Torre Norte y la Torre Sur se convierten en narradoras de esa mañana trágica que terminó con su destrucción total. Logran sintetizar al que se sentó por última vez detrás de uno de los escritorios de las centenas de oficinas de ese complejo financiero y comercial, al pasajero del avión que llamó a sus seres queridos para despedirse, al bombero rescatista enfrentado a la muerte y a su propio sacrificio, y también al que preso de la desesperación decidió lanzarse al vacío para no morir entre las llamas.
Las Torres y todas las víctimas de ese 11 de septiembre quedarán para siempre grabadas en la historia y en nuestra memoria, gracias al talento dramatúrgico de Ott y las precisas y múltiples actuaciones de Lenni y Valeria, conducidas por la directora Trum.
Consuelo Trum dice que el autor no le hizo ninguna recomendación, hablaron acerca de la obra y que ella le comentó acerca de quiénes quería poner como Torre Norte y Torre Sur. “Él estuvo siempre pendiente pero nunca quiso meterse en mi trabajo. Sentí siempre muchísima confianza de parte de el, cosa que agradezco enormemente y me hace sentir aún más responsable porque ambos queremos decir las mismas cosas y sentimos lo mismo por este terrible suceso”.
El montaje, en un espacio rectangular, logra crear, apoyado en una pista sonora con el ruido de los aviones y unos modestos videos, una atmósfera de expectativa con trágico final anunciado, la cual conmueve al público, quien mira absorto como las Torres relatan su tragedia y a su vez personifican a las victimas. Todo ese ritual no dura 50 minutos, tiempo más que suficiente para sentir el horror de todos aquellos seres humanos condenados sin tener culpa alguna.
Es un importante espectáculo, que gracias a las correctas actrices y la controlada directora, advierte sobre el horror de toda esta civilización que si es capaz de autoinmolarse por sus desenfrenadas políticas de dominación y de insaciables mercados.
Las víctimas
Monstruos en el closet, ogros bajo la cama
fue escrita por Gustavo Ott, después del 11 de septiembre de 2001, porqué él conoció a algunas de las víctimas, durante una visita que hizo a una oficina de las Torres días antes del atentado, o la conspiración, y es ahora que se le representa en Caracas y posteriormente por sendos elencos en México y Washington."Mi obra es fundamentalmente sobre el tema de las víctimas, que siempre se nos deshumanizan, quizás porque nunca las percibimos por sus atributos personales, sino a través de sus circunstancias terribles. Para mí, nada tan heroico como el abatido. Los vencedores siempre me han parecido un poco despreciables, quizás por culpables. Uno de los comentarios que oigo en Washington –y lo que me dicen desde México- es que la gente lo que quiere es hablar sobre el tema de la conspiración en el atentado; que si fue la CIA o que si Osama Bin Laden fue empleado por el Pentágono, etcétera. Pero Monstruos en el closet, ogros bajo la cama, precisamente, es una pieza sobre las víctimas, no sobre los culpables. Sin embargo, a todos los que saquen el tema de la conspiración -y sobre la autoría de los atentados- es bueno hacerles notar que la obra no trata sobre eso. Pero que, además, es ridículamente perturbador que, frente al tema de la víctima, la gente no deje de hablar sobre los culpables, con sospechosa pasión. ¿Será que esas personas no ven el tema de la víctima porque tienen un deseo irrefrenable de anunciarse como culpables?

Sin plan B

Desde el 17 de junio genera polémica en los escenarios caraqueños, primero en BODCorpbanca y ahora en Premium, un nada corriente espectáculo Como vaya viniendo, donde interactúan el escritor Ibsen Martínez y el comediante Franklin Virgüez. Curiosa pareja de venezolanos que se aproximan veloces a sus primeras seis décadas de existencia, quienes vivieron lo mejor de la Cuarta República y ahora también están, como espectadores o actores, en el experimento sociopolítico que adelanta el presidente Hugo Chávez.
Como vaya viniendo, puesto en escena con pulcra corrección por Daniel Uribe, es un oportuno y súper ácido comentario teatral bien hilvanado – o benévolo panfleto, como dicen otros- sobre la actualidad sociopolítica venezolana, para lo cual el dramaturgo Martínez trasladó desde la pantalla chica, de la ahora extinguida Radio Caracas Televisión, a la escena teatral al filósofo popular Eudomar Santos, uno de los personajes más recordados de la célebre telenovela Por estas calles, producida y transmitida desde RCTV entre el 25 de junio de 1992 al 30 de agosto de 1994, que encarnaba el mismo actor Virgüez.
Otra novedad que ayuda a digerir la trama de Como vaya viniendo es que Martínez sale a escena, durante unos 30 minutos, para una especie de personalísimo prólogo donde revela como vivió aquellos años y como nació la susodicha telenovela, a la cual algunos sociólogos atribuyen la culpa de la ruina de “la dictadura” de partidos políticos democráticos que dio entrada al fuerte gobierno chavista desde 1999 por la vía electoral. El literato, además de recontar sus cuitas para sobrevivir en las décadas 80 y 90, entrevista al contemporáneo Eudomar Santos, quien además recuerda como fueron sus amores con Eloína Rangel (Gledys Ibarra), lo que hizo o no pudo concretar en los últimos años, y para reiterar, una vez más, que la viveza y la improvisación criollas (como vaya viviendo, vamos viendo) no solo nutren espectáculos, sino que también se usan en la vida cotidiana y ayudan a sobrevivir en este valle de lágrimas y un tanto de risas.
Teatralmente hablando es un sainete donde hay apoyos audiovisuales para exprimir, una vez más, la nostalgia de la audiencia y prepararla ante el discurso inconformista y de frustración del envejecido Eudomar Santos, quien perdió muchas cosas y entre ellas a su afrodescendiente Eloína y se ha ganado la vida con esfuerzos y apuros.
El espectáculo que se caldea, cual si fuese mitin político de junta vecinal, se sostiene por el delirante histrionismo de Virgüez, a quien la madurez lo ha favorecido, en lo físico y lo intelectual, y todo culmina con una arenga que estremece por la verdad y el dolor de su reiteración: no usar ningún plan B y no abandonar jamás a la patria. Y lo remata al declamar el desolador poema La balada del preso insomne de Leoncio Martínez. (Caracas, 22.12.1888/14.10.1941)
¡La ficción compite con la realidad, sin respetar fronteras porque ambas nadan en mundos de fantasía y de humor vernáculos!

La Balada del Preso Insomne
Estoy pensando en exilarme,
en irme lejos de aquí
a tierra extraña donde goce
las libertades de vivir:
sobre los fueros: hombre-humano
los derechos: hombre-civil.
Por adorar mis libertades
esclavo en cadenas caí:
aquí estoy cargado de hierros,
sucio, famélico, cerril,
enchiquerado como un puerco,
hirsuto como un puerco-espín.
Harto en el día de tinieblas
asomo fuera del cubil
bien la cabeza, bien un ojo,
bien la punta de la nariz;
temeroso de un escarmiento,
encorvado, convulso, ruin,
-como ladrón que se robase
sólo el reflejo de un rubí-
por mirar brillando en el patio
el claro sol de mi país.

¡Sol para iluminar ensueños
de vastos campos sin confín,
del cielo abierto a la esperanza
de las alas tendidas. Y
aquí alumbra torvas miserias,
venganzas crueles, odio vil
y un dolor que no acaba nunca
ante otro dolor por venir...
¡Oh la bendita tierra extraña
donde nadie sepa de mí!,
a donde llegue de atorrante
sin ambiciones de Rothschild
con la mediocre burguesía
de que me dejen existir!
Hablaré mal en otro idioma,
comeré bien otros menús,
y alguna tarde arrellanado
en mi sillón de marroquín,
viendo a través de los cristales
un cielo de invierno muy gris,
pensaré en los muertos amados,
en los amigos que perdí,
en aquella a quien quise tanto
con la vesania juvenil
de cuando iluminó mis sueños
! el claro sol de mi país !

Estoy pensando en exilarme,
me casaré con una miss
de crenchas color de mecate
y ojos de acuático zafir;
una descendiente romántica
de la muy dulce Annabel Lee,
evanescente en las caricias
y marimacho en el trajín,
y que me adore porque soy
tropical cual mono tití...
que me pregunte ingenuamente
—¡y yo no la habré de desmentir!—
cómo es cierto que en Venezuela
los coches de la gente chic
los tiran parejas de tigres,
de tigres «tamaños así...»
(y la altura de un elefante
marcará su mano pueril).
¡Qué fantasías desarrolla
el claro sol de mi país!

Mis hijos han de ser gimnastas
con el ímpetu varonil
de quien tiene libres los músculos
libres el pensar y el sentir,
pues nacerán en tierra extraña
y no en la tierra en que nací;
y mis nietos, gigantes rubios,
de cutis de cotoperiz,
bíceps y espíritus de atletas
con volubilidad infantil,
puede que sí se me parezcan,
tal vez tengan algo de mí:
la realidad de mis ensueños,
la mentira de mi sufrir.
¡Pero en vano entre sus cabellos
hundiré mi mano febril,
echaré hacia atrás sus cabezas
y buscaré, sin conseguir,
en el fondo de sus miradas
el claro sol de mi país.

Y cuando ya, siempre extranjero,
descanse más libre por fin,
y tenga lo que a mi me niegan:
la libertad del buen dormir,
en un cementerio evangélico,
cubierto por el cielo gris,
allá que no hay flores al año
sino una vez, mayo o abril,
a falta de la cruz de té,
del nardo, la rosa o el lys,
colocarán sobre mi tumba,
grabado a rasgos de buril,
un versículo de la Biblia
o algunas coronas de zinc.
Y ya muchos años más tarde,
muy cerca del año 2000,
mis nietos releyendo las fechas
de mi muerte y cuando nací,
repetirán lo que a sus padres
cien veces oyeron decir:
—¡y le darán cierta importancia!—
«el abuelo no era de aquí,
»el abuelo era un exilado,
»el abuelo era un infeliz,
»el abuelo no tuvo patria,
»no tuvo patria... ¡Y ellos sí!

¡Ay, quién sabe si para entonces,
ya cerca del año 2000,
esté alumbrando libertades
el claro sol de mi país!

viernes, septiembre 16, 2011

Miguel Torrence:esclavo del teatro

El teatrero Miguel Torrence a sus 71 años tiene recuerdos de días felices vividos y disfrutados. Quisiera haberse ganado el Premio Nacional de Teatro, que otorga el Estado, para decir que ese fue “el más feliz de mi existencia terrenal”.
-¿Pero, cuál ha sido por ahora, su día más feliz?
-Cuando ganamos, con el Teatro Universitario de Carabobo, el primer premio del Tercer Festival Internacional de Teatro de Manizales, realizado entre el 12 y el 19 de septiembre de 1970, con El proceso de Lucullus, de Bertold Brecht. Nos presentamos el 13 y convertimos la sala Los Fundadores en un mercado libre por las características de nuestro montaje, porque recreamos la pieza dentro de un contexto muy latinoamericano. Ahí participaron, entre otros Fermín González y Armando Gota. Aquello es inolvidable, de verdad.
-¿Desde cuándo en el teatro?
-Estudié en la valenciana Escuela Ramón Zapata con el maestro Eduardo Moreno y debute como actor hacia el 11 de octubre de 1960, en un espectáculo con los textos Petición de mano y El aniversario de Chejov. Me dediqué de lleno a la dramaturgia y la dirección y por eso ya contabilizo más de 300 montajes y unas 60 obras escritas.
Como puestista debutó en 1961 y reconoce que “la fecha se me ha borrado, pero no puedo olvidar que era en un espacio abierto en Naguanagua, donde hasta el Ejército tuvo que intervenir para controlar al público entusiasmado por una versión libre de la fábula La bella durmiente del bosque encantado que les mostraba”.
Torrence es clave para el desarrollo del teatro regional, ya que formó notables generaciones de comediantes, como Aroldo Betancourt, Kiddio España y Grecia Colmenares, entre otros, y logró apuntalar el Departamento de Artes Escénicas de la Universidad de Carabobo con la creación del TUC. También ha estado al frente del Compañía Regional de Teatro de Carabobo y, por si fuera poco, es el líder del Teatro Arlequín, con casi 50 años de labores, institución que desde 1993 dispone de una sala para 300 personas, un centro polivalente para las artes escénicas en la capital carabobeña.
Este artista, que ha enfrentado infortunios de toda índole, “porque los enemigos no duermen”, asegura que desde 1960 no ha dejado de teatralizar la cotidianidad y ahora espera editar un libro donde compilará sus creencias estéticas, para iniciar después así una severa revisión de todas sus piezas teatrales, antes de proceder a editarlas. “No he querido editar y después corregir. Reviso y después imprimo”.
-¿Tiene algún hechizo o formula para conservarse vital y vivir más?
-Creo que mi salud es consecuencia de mi esclavitud para con el teatro. Hasta ahora he sido sano, no tengo hechizos ni cosa parecida. No tomo licores, salvo un trago de cortesía en una reunión social. En mi casa comemos sanamente, con poca sal y sin manteca. Disfruto de los vegetales, las verduras y las frutas. El único ejercicio que hago son las caminatas matinales, durante una hora, en el Parque Metropolitano de Valencia.
-¿Cómo ha sido su relación con Últimas Noticias?
-Aquí en Valencia buscábamos con especial pasión a dos periódicos de Caracas, el de Miguel Otero y Últimas Noticias. Este tabloide fue mi gran auxiliar durante muchas décadas, creo que hasta los años 90, gracias a su Suplemento Cultural dominical, el cual fundara el periodista José Ratto Ciarlo, quien estuvo preso por defender la libertad de expresión. Tengo varias carpetas con recortes de los artículos ultimeños.
Mascota
Miguel, quinto hijo de Aracelys Estrada de Torrence y Miguel Ángel, nació en Valencia el 22 de marzo de 1940. Comenzó a trabajar a los 11 años porque tenía que ayudar a mantener su familia, sin descuidar su formación política y cultural, para lo cual tenía como padrinos a intelectuales y políticos como Evaristo y Cayetano Ramírez. “A los siete años yo era la mascota del comité carabobeño del Partido Comunista de Venezuela. Cuando crecí participé en las actividades partidistas y hasta fui guerrillero. Después me distancié por el dogmatismo, pero soy izquierdista irreductible, marxista humanista. Mi formación fue fundamentalmente autodidacta y comenzó temprano, aunque mis padres me quemaron una biblioteca porque me estaba enfermando de tanto leer. Han pasado los años y además dejo como legado mis cuatro hijos, dos nietos y un bisnieto. Los Torrence continúan”.

sábado, septiembre 10, 2011

El juego del siglo XXI

Nunca dejaremos de reseñar que la hiperkinética y pequeña hija de Rosalía Romero jamás sospechó como su obra El juego, premiada en un concurso del Ministerio de Justicia, del año 1976, tendría larga y positiva vida en los escenarios venezolanos y del mundo. Nos referimos a Mariela (Ibarra) Romero, nacida en Caracas hacia 1949, quien con experiencia y talento logró crear un estilo que la caracteriza, al reflejar, en buena parte de sus argumentos, relaciones más que temas y personajes más que situaciones.
Mariela Romero (su nombre artístico) inició su carrera artística como actriz en el grupo Bohemio, tras egresar de la Escuela de Arte Dramático del Ateneo de Caracas. Hoy es dramaturga célebre y afamada escritora de telenovelas. Entre sus piezas más reconocidas, además de El juego, cuenta con textos como Este mudo circo, El juego de los vampiros, El cáncer es curable no lo malgaste, El vendedor, Esperando al italiano, El regreso del rey Lear, Algo alrededor del espejo y El inevitable destino de Rosa de la Noche. También ha realizado numerosas adaptaciones y versiones de los clásicos, lo cual le ha permitido escudriñar los secretos de la estructura dramática.
El juego- estrenada el 23 de julio de 1976 por el director Armando Gota para el grupo Rajatabla, con la participación de la autora encarnando a una de las protagonistas de esa trama- está nuevamente en la cartelera caraqueña, específicamente en el Laboratorio Teatral Anna Julia Rojas, hasta el 25 de septiembre, en funciones de viernes y sábados a las 7pm y domingos a las 6pm. Se trata de una producción de la agrupación Horus Teatro, como parte de los festejos por su primer lustro de actividades culturales, gracias al trabajo apasionado de un valioso y trabajador puñado de universitarios, donde destaca Orlando Alfonzo.
El juego de Horus Teatro, bajo la égida de Jaime Feliu Cervi y con las actuaciones de Patricia Ramírez y Stephania Nevado, recuenta la historia de dos féminas que tienen el mismo nombre: Ana, y quienes además comparten la miseria y la represión impuesta por una figura masculina que las obliga a trabajar para él. La acción dramática se desarrolla en una habitación arruinada y donde la pareja se entrega a un juego de poderes para matar el tedio en que viven y mientras esperan al cruel amo que vendrá a regañarlas y abusar de ellas, crean situaciones, las actúan, y llegan hasta pensar que son reales. Las Anas hacen una especie de teatro dentro del mismo teatro, recurso que les permite revelar, a través de diferentes caracterizaciones, la intensidad de la relación de dependencia entre ellas.
Juzgamos que las actuaciones están en el punto exacto de esa verdad que debe brotar siempre de un escenario donde hay un texto perfecto y correctamente escenificado.
Una vez más, Mariela Romero reitera como la debilidad del oprimido radica en ser opresor de otro tan dominado como él. El juego del poder siempre tiene un perdedor y en el juego de Mariela Romero, también.

Teatro sin religión

Carlos Be no estará en Caracas para el estreno mundial de su pieza Amén. Él reconoce, “sin rodeos”, que este trabajo de Vladimir Vera al frente de Teatro Forte, el cual se mostrará desde el 16 de septiembre en el Celarg, “me brinda la oportunidad irrepetible de apostatar públicamente de la religión católica, desde el único lugar que, tras todos estos años, merece todo mi respeto y mi fe: el escenario de un teatro”.
Con esta declaración, Carlos Be (Villanueva y Geltrú, 4 de noviembre de 1974, provincia de Barcelona, España) no pretende añadir nada a la obra Amén, aunque reconoce que “al mentar a la Iglesia Católica Apostólica Romana me resulta imposible evitar un desagradable regusto a hiel en la garganta. Tampoco me entretendré en justificar mi decisión, de la misma manera que nadie se entretuvo en consultarme el trámite de afiliación a este partido político. Por aquel entonces, mi asentimiento se dio por sobreentendido. Ahora, desestimando semejante arbitrio y acogiéndome a la voluntad que en su momento me fue abolida, apostato. Con esta negación quiero anular, evidenciar y delatar tal imposición”.
-¿Por qué el teatro?
-El teatro, como arte, permite avanzarnos a la realidad, tocar con las yemas de los dedos el mundo que queremos para los nuestros. Si la vida fuera tal como deseáramos, no existiría el arte. Como artista, quiero contribuir a alcanzar esta coyuntura, a pesar de ser consciente de lo implícito y paradójico de tal entelequia: el fin del arte.
-¿Cómo llega?
-Dejé los estudios universitarios de Medicina y Cirugía en el último curso de carrera para dedicarme a mi vocación real: escribir. Durante unos años escribí de todo, y aún sigo haciéndolo, aunque en menor medida. Fue la obra Noel Road 25: a genius like us, la cual, tras recibir el Premio de Teatro Caja España en el año 2001, me inclinaría hacia el teatro. El siguiente hito que consolida esta trayectoria llega con Origami, al obtener el Premio de Teatro Born en 2006 y me lleva hasta Praga, donde participo en su estreno mundial no sólo como autor, sino también como director de un maravilloso elenco de checos.
-¿Cómo enfrenta la creación?
-Con mucha motivación. No puedo escribir algo en lo que no crea.
-¿Claves para su dramaturgia?
-Motivación y verdad. El resto lo concede el tiempo a través de la disciplina y la perseverancia. Y también hay que contar con el riesgo. Oscar Wilde escribe: “Puedo resistirme a todo excepto a la tentación”. En mi caso, literalmente hablando, sería al riesgo a lo que no puedo resistirme. Y, por supuesto, no dejar de leer nunca.
-¿Cómo selecciona temáticas y estructuras?
-Siempre me coloco en los frentes de la opresión, aunque últimamente cuento con poco tiempo para seleccionar temáticas personales pues, afortunadamente, me llegan muchas ofertas para trabajar con mi estilo algunas temáticas ajenas muy interesantes y en las que me apetece mucho sumergirme de lleno.
-¿La dirección le gusta o le atrae?
-Con la Zombie Company he dirigido varias de mis obras y también como director invitado. Éste es el caso, por ejemplo, de Origami en el Teatro Ungelt. Recuerdo especialmente esta experiencia. En Praga recuperé el placer y una esperanza por el teatro que había perdido. Espero tener la oportunidad, a través de los textos y la dirección, de exportar algo de todo lo que allí aprendí.
-¿Satisfecho hasta ahora?
-Mucho. Tanto el teatro como la escritura, cuando se viven como vocación, contribuyen enormemente a la felicidad, la cual se ratifica al lograrse la comunión con el público. No hay palabras para describir lo que sucede en ese encuentro.
-¿Por qué escribe Amén?
-La hipocresía sin límite de la Iglesia Católica Apostólica Romana, el partido político que, a lo largo de la historia, ha acumulado más muertes a sus espaldas. Y el contador no cesa hasta que nosotros no lo paremos. Cierto que Amén se centra en los derechos del colectivo homosexual, pero también en la represión y la manipulación que sufrimos todos por parte de la Iglesia Católica Apostólica Romana. Si tuviéramos que devolverles todo el daño que han provocado, enloqueceríamos ante semejante visión de pesadilla. Dejen de comerciar con la capacidad de la gente para soñar. Basta ya de convertir la felicidad de la gente en dolor. La amputación para modelar a voluntad de otros no crea más que monstruos. Esa ha sido la aportación de este partido político a la humanidad: la mutilación. Basta ya.
-¿Tiene más piezas sobre esa temática?
-En Estamos abiertos a todas las familias, una pieza breve que se estrenará en octubre en un festival italiano, arremeto contra la política de Silvio Berlusconi y sus antecesores. Noel Road 25; a genius like us también aborda esta temática, aunque con un cariz distinto, desde una irreverencia absoluta.
-¿Qué hace ahora?
-Actualmente estoy escribiendo Všechno nejlepší, Phoebe Zeit-geist!, que en español se traduciría como ¡Feliz cumpleaños, Phoebe Zeit-geist! , pieza para el Instituto del Teatro de Praga que se estrenará directamente en checo a finales de esta temporada con un elenco de 12 actores. También está rodándose una serie para televisión basada en mi obra Llueven vacas, con Maribel Verdú, Víctor Clavijo, Laia Marull, Secun de la Rosa, Gloria Muñoz, Pedro Miguel Martínez y Carmen Mayordomo, entre otros actores, y dirección de Fran Arráez. En octubre, una compañía madrileña estrenará Muere, Numancia, muere, texto que podría equiparar a los actuales indignados con los numantinos de antaño; y porque la Zombie Company no sabe estarse quieta, muy pronto subiremos otro estreno a la cartelera de Madrid.
-¿Dónde quedan el cine y la televisión?
-Soy bastante heterogéneo en mis gustos. En general, no frecuento la televisión. En cine, por el contrario, admiro el arte de directores tales como Peter Greenaway, Rainer Werner Fassbinder, Michael Haneke, Alfred Hitchcock, David Lynch, Steve McQueen, Julio Medem, Agustí Villaronga, Billy Wilder y, en un capítulo aparte muy especial, Sergéi Paradzhánov.
-¿Qué conoce del teatro venezolano?
-Por desgracia muy poco y siempre a través de las compañías cuyos miembros residen o han vivido en España, como ha ocurrido con Teatro Forte o Abrapalabra Teatro.
Deterioro de viejos dogmas
La violación de los derechos fundamentales de todo individuo independientemente de su orientación sexual, el irrespeto de los deseos de los ciudadanos que conforman a las sociedades contemporáneas, el atropello de sus libertades y, por supuesto, el deterioro de viejos dogmas morales, son los temas que Teatro Forte trae a la palestra con su producción Amén, donde además revisa los agravios más sonados en contra de los homosexuales en los últimos tiempos. Para este estreno cuenta con los actores Elvis Chaveinte, Fedora Freites, Paúl Gámez y Yuruby Soto. Se exhibe en la Sala Experimental de la Celarg, a partir del 16 de septiembre, viernes y sábados: 8 PM, y domingos: 6 PM.

sábado, septiembre 03, 2011

Si me permiten dos Luises

Desde la temporada 2006 está en escena con su unipersonal No eres tú ¡Soy yo! Ahí Luis Fernández (43 años) ha mostrado y desarrollado su histrionismo para dar al variopinto público una variedad de teatro terapéutico sobre diversas facetas de la vida sentimental, además de la erótica, de hombres y mujeres. Cinco años en cartelera con consecuentes audiencias demuestran que su discurso respetuoso para todas las edades atrapa a los deseosos de conocer o ampliar su información sobre las relaciones de pareja y otras “menudencias”.
Su humor es cerebral, sin estridencias y respetando –mayúsculo detalle- todas las conductas sexuales. Así lo vimos nosotros y así ha permanecido, aderezado con los cambios que dan la experiencia escénica y el contacto de los públicos.
Y por si fuera poco está desposado con Mimi Lazo y ambos mantienen una vigorosa productora de espectáculos, la cual da empleo a muchos actrices y actores, al tiempo que entretienen a miles de espectadores con piezas como A 2,50 la cubalibre y El aplauso va por dentro.
También es puestista audaz, pero básicamente es actor intelectual que siempre mora en un escenario, como lo mostró con su memorable caracterización del maestro de ceremonias gay semita en el musical Cabaret. Edita una revista erótica y escribe finamente un blog donde aborda temas de mucha actualidad, como la crianza de un niño gay, etcétera.
Y para compartir o quitarle espectadores a Fernández, existe Luis Chataing (44 años), otro “monstruo” escénico. Laborioso artista que hizo 156 funciones, a lo largo de 18 meses y contabilizó 140 mil espectadores, con su monólogo Ahora me toca a mí, además de realizar una gira nacional, consumar varias salidas al exterior y finalmente “quemar” un DVD para quienes no pudieron disfrutarlo en vivo o para la historia.
Confieso que nunca nos atrajo Ahora me toca a mí. No obstante, la tentación de comprobar ese talento actoral capaz de atrapar a un sector del público, nos hizo aceptar la invitación de la empresaria Jorgita Rodríguez para ver Si me permiten, su nueva performance.
No nos gusta el cortometraje introductorio del espectáculo, bobísima entrevista a sus amigos notables para robarles una opinión sobre su nuevo trabajo que le consume la vida. Resulta aburrido por lo falso y por el egotismo que mana de la pantalla, capaz de espantar al más entusiasta espectador.
Lamento no haber antes evaluado Ahora me toca a mí para ponderar mucho más el nuevo show de Chataing, todo un actor capaz de hacer cualquier rol que le ofrezcan, con paciencia y memoria, quien ha escogido el camino sinuoso del humorismo.
Chataing con Si me permiten plasma su versión de los acontecimientos que rodean a los venezolanos y revela anécdotas infantiles combinadas con naturales temores humanos. Mete la uña a los politicastros pero sin cruzar la raya amarilla. Todo eso construido con irónico humor cotidiano.
Creo que es una versión criolla de Mario Moreno. Usa rostro y su cuerpo cual lo haría Cantinflas y hace reír aunque sus palabras no sean trascendentes.
¡El crítico de las mil cabezas elige entre estos Luises!

Amén por Lorca

La temporada teatral caraqueña prosigue con otro espectáculo contra la homofobia. El texto Amén del catalán Carlos Be es convertido en estrujante montaje por el director Vladimir Vera y su agrupación Teatro Forte para mostrarlo desde el 16 de septiembre en la Sala 3 del Celarg.
Vladimir Vera, acompañado por sus actores Elvis Chaveinte, Fedora Freites, Paúl Gamez y Yuruby Soto, afirmaron lo que aquí publicamos.
-¿Hay homofobia en Venezuela?
-Nuestro país tiene doble moral ¿Qué si hay homofobia? Sí, la hay. Algunas veces proviene incluso de los mismos homosexuales, aquellos que evitan asumir su sexualidad, quienes extirpan su identidad en pro del qué dirán. Por eso creo que la comunidad gay debe levantarse y hacer escuchar su voz. Por desgracia, el apoyo político a la diversidad sexual, tanto de la derecha como de la izquierda, siempre ha sido tímido y pacato.
-¿Cuáles serían los orígenes de eso? ¿Hay demasiada presencia de las religiones?
-Nuestros cánones de conducta están basados en la apariencia, en tratar de manera desesperada y enfermiza de ser aceptados por el otro. No debatimos los hechos, sino que dejamos que sea otro el que piense por nosotros. La Iglesia cristiana plantea que las llamadas conductas “desviadas” son pecaminosas, plantea también una serie de consecuencias infernales para aquellos que utilicen métodos anticonceptivos, por ejemplo. Así, terminamos por dejarnos arrastrar por opiniones que no son propias, y esto puede suceder por miedo, vergüenza o sencillamente por ignorancia.
-¿Qué se puede hacer?
-Creo que este es el momento perfecto para cuestionar. Cuestionar todo. No solo las opiniones morales, sino las artísticas también. Las políticas. Las educativas. Es hora de dar una vuelta de tuerca. Para ello hacen falta estudios, investigaciones. Es el momento de ir al teatro y cuestionar lo que vemos. Es hora de escuchar los noticieros y cuestionarlos. Escuchar a la familia y cuestionarla. Escuchar la opinión de la masa y cuestionarla. Lo más importante es no dar la espalda a la realidad. Existe una diversidad sexual en Venezuela y ese es un hecho. Se trata de un sector que detenta derechos y omitirlos nos convertiría en cómplices de una intolerancia enfermiza que hay que erradicar.
-¿Sirven el teatro y el cine para algo?
-El teatro en Venezuela funge como mecanismo de evasión. Le estamos dando un espaldarazo al arte y a la necesaria denuncia. Estancados en las formas teatrales de los 70, no hemos tenido casi ningún avance desde la muerte de Carlos Giménez, en 1993.No hay riesgo. Sí hay, en cambio, pacatería escénica y exceso de moral. Soy de los que cree que el arte debe ser libre, carecer de fronteras morales, éticas o estéticas. Cuando el teatro asuma su verdadera piel y el cine deje de ser un acto de masturbación por parte de los creadores, reaparecerán los espacios de comunicación, reflexión y cuestionamiento tan necesarios en nuestro país.
-¿Por qué o para qué Amén?
-En Barcelona tuve el placer de conocer a Carlos Be, escritor de la pieza, en el marco de un encuentro de creadores teatrales venezolanos y españoles. Empecé a interesarme mucho en su obra, por lo que produje y dirigí varias lecturas dramatizadas de sus textos que no se conocían hasta entonces en Venezuela. Cuando me hizo llegar su obra Amén (inédita en las tablas), me pareció increíble y muy cercana a la realidad nacional. El montaje es un intento por hacer que la gente se reconozca como parte de esa realidad homofóbica, retrógrada. Es, una forma de exigir tolerancia y respeto ¿Qué podemos decir sobre la sexualidad? ¿Hasta dónde llegan nuestros tabúes al respecto como sociedad? Por otra parte, traer Amén a Caracas, también constituye el acto de colocar frente al espectador los abusos de la Iglesia, las torturas a los homosexuales y la persecución de que son objeto por parte de la institución religiosa.
-¿Qué de nuevo nos dice Amén?
-Nada. Solo nos recuerda lo que ya sabemos pero preferimos obviar. Es un teatro casi documental sobre situaciones extremas de intolerancia y cómo la iglesia voltea la cara ante los abusos. Amén es un recordatorio acerca de los vejámenes que se cometen desde principios de la historia. Cómo el género humano se auto-destruye. Eso en relación a su tema eje: la intolerancia. En cuanto a la forma en como está escrita, si es algo nuevo. Carlos es fraccionario, su escritura es extremadamente novedosa y recuerda a dramaturgos contemporáneos como Roland Schimmelphenning (La noche árabe) ó Guillem Clua (Marburg, la piel en llamas), quienes asumen la escritura con un riesgo necesario para el tiempo en el que vivimos.
-¿Cómo se proyecta el espectáculo?
-Con la estética que caracteriza a Teatro Forte. Actuaciones realistas que rompen con un arte kitsh. La presencia de elementos multimedia y una fuerza carga visual. El diseño de vestuario vuelve a ser asumido por Fedora Freites. Contamos por primera vez con la asesoría estética de la artista plástica Gala Garrido, la música de Jimmy Flamante y un elenco de primera línea de actores, quienes ahora me acompañan.
-¿Ha pensado en organizar algún foro o una discusión parateatral?
Esta es una obra que trata temas tabú dentro de nuestra sociedad y que deben hablarse públicamente y a la luz del día. Aunque nuestros planes son hacer estas primeras nueve presentaciones, estamos abiertos a generar un espacio donde se puedan intercambiar ideas y discutir, siempre en un clima de paz, lo que la obra plantea.
Víctimas y victimarios
La violación de los derechos fundamentales de todo individuo independientemente de su orientación sexual, el irrespeto de los deseos de los ciudadanos que conforman a las sociedades contemporáneas, el atropello de sus libertades y, por supuesto, el deterioro de los viejos dogmas morales, son los temas que Teatro Forte plantea con Amén.Ahí se hace una revisión de los agravios más sonados en contra de los homosexuales en los últimos tiempos: cómo en 1936, en Fuente Grande, al pie de un olivo, es asesinado el poeta Federico García Lorca; de qué manera en 1954, 5 mil personas son encarceladas en España por mostrar una orientación sexual diferente; por qué en 2005, Estados Unidos trata de acallar el escándalo de abuso sexual a menores de edad por parte de clérigos de la Iglesia; son algunas de las escenas que trae esta producción. Víctimas y victimarios. La felicidad incluso a costa del otro; y en el medio, una historia que refleja la constante violación de los derechos humanos de los gays.

Teatro callejero

El teatro de calle ha sido, es y será una manifestación de particular importancia y trayectoria en Venezuela, afirma rotundamente Oscar Acosta, reconocido teatrero y luchador popular comprometido con los procesos de cambio.
Acosta, quien actualmente escribe para el periódico cultural Todosadentro, insiste en puntualizar que el teatro de calle venezolano es variado y rico en propuestas estéticas, y ha permanecido al margen de reconocimientos oficiales o académicos, no obstante, ”podemos decir sin riesgo a equivocarnos, que es la modalidad teatral de mayor convocatoria y son muchas las plazas, canchas, bulevares, calles e innumerables espacios donde los teatristas callejeros han recorrido, con gran compromiso y profesionalismo, ofreciendo su producción como fieles herederos de la tradición escénica de mayor arraigo en los pueblos desde la antigüedad.
Herencia de chamanes
Según el dramaturgo y director Pedro Maldonado Rojas el teatro callejero ha sorteado múltiples filtros, entre ellos los hostigamientos políticos, bien sea en democracia o en dictadura, se ha querido detener la necesidad de expresar los conflictos y sus posibles salidas como elemental derecho para una mejor forma de vivir, enriqueciendo la magia de quienes han recogido la herencia de los chamanes, el cuentero, los juglares y otros tantos hacedores de risas y llantos.”Siempre habrá al alcance de la mano un tema para la reflexión, porque al igual que los humoristas, tenemos un baúl de posibilidades argumentales para ser recopiladas y analizadas, siendo luego tejido teatral, como respuesta artística de los creadores de sueños”, puntualiza.
Subraya que los zancos, las máscaras y otros instrumentos, como tambores, flautas y panderetas, son vitales para el artista callejero, porque son diestros y habilidosos, seguros de si mismos y dispuestos siempre a besar el cielo con las locuras de sus bailes que desafían a la más trágicas de las leyes naturales: la gravedad.
Para Maie López y Crystina Martín, trabajadoras culturales comprometidas con los procesos de cambio, existen varios conceptos para un teatro que traspasa las salas y los espacios convencionales, y se dirige a plazas, parques, fábricas, comunidades, en fin, a la calle. “A partir la década de los 70 en Latinoamérica se comienza a realizar esta modalidad, llamándola, Teatro de calle, Teatro callejero y por último Teatro comunitario, esto se debe a que aborda al público de una manera directa y espontánea con sus problemáticas, con temas sociales propios, sobre todo, sin necesidad de recursos técnicos”.
Reiteran que es la calle el escenario natural donde confluyen lo cotidiano con el arte itinerante, donde los actores se mueven con soltura en un diámetro gigante de 360 grado, el cual los obliga a la constante creatividad, y sobre todo a estar informado por su público y su contexto.”En algunos países latinoamericanos por citar a Cuba, Colombia y Brasil poseen agrupaciones que apoyan, promueven y buscan alternativas para el desarrollo del teatro de calle en todo el continente, podemos mencionar: Mirón Cubano, Teatro Callejero Andante, Colectivo Luz de Luna, o Nuestra Gente. Estos grupos, entre otros, son los mayores exponentes y defensores de lo referente al futuro del Teatro Callejero”.
Comentan que en Venezuela actualmente son pocas las agrupaciones que se dedican hacer este teatro tan necesario para la transformación de un país. “Por lo que cabe destacar iniciativas como las del grupo Escambray, parte de la Misión Cultura Corazón Adentro-Misión Socialista, que además ha tenido temporada en varios espacios de Caracas. El grupo Theatron que viene realizando un trabajo permanente en las universidades, y otros espacios en la ciudad de Caracas, se ha tomado la tarea de honrar a este milenario arte y convocar a los juglares modernos, titiriteros, trovadores, a que invadan todos los espacios posibles merecidos o no, que a su vez se haga sin fines lucrativos recordando que es un factor de alta incidencia para el mejoramiento humano”.
Insisten en que el teatro de calle tiene un impacto directo dentro de lo social, en dibujar nuestro imaginario colectivo. “Una política cultural de apoyo, e iniciativas de nuestros propios creadores permitirán el establecimiento e innovación de esta práctica”.
Democratización cultural
El teatro de calle o teatro callejero es una representación escénica para mostrarse o exhibirse en espacios públicos exteriores, donde los espectadores no pagan para presenciar el espectáculo y, quienes ocasionalmente dan un aporte o colaboración económica de manera espontánea. Los espacios en los que esta actividad puede ser llevada a cabo son múltiples: plazas, calles, paseos peatonales, avenidas, bulevares, paseos públicos, centros comerciales o estacionamientos, u otros lugares de esparcimiento; normalmente lugares al aire libre de gran tránsito de personas.
El teatro de calle debe ser distinguido de otros espectáculos de exterior más formales, como los que se desarrollan en parques o jardines donde haya un espacio delimitado con audiencia de pago.
Uno de los aspectos más interesantes del teatro de calle moderno es su posición única debida al lugar sociopolítico donde se desarrolla. Gente que no podría haber asistido en su vida o no podría haberse permitido nunca asistir a un espectáculo de teatro tradicional, puede presenciar un espectáculo de calle, se puede decir que este ha evolucionado en defensa de la democratización cultural.
La intención no es lograr el tan sonado “arte al parque”; no es sacar de las salas el teatro con sus obras de siempre y ponerlo en la vía pública, sino el de construir una dramaturgia y un formato de montaje original a partir de la calle y para la calle, para un público de gente que nunca va al teatro y para ser presentado en lugares que nunca están diseñados para tal fin. No nos olvidemos que el teatro nace en la calle y de ella se ha nutrido por siglos.
La huella de Tomás Latino
El teatro de calle es la forma más antigua de teatro y en los actuales espectáculos de masas hay reminiscencias de sus orígenes callejeros, como son las ceremonias religiosas, las paradas militares y los innumerables actos folclóricos y muchos otros tipos de espectáculos. Uno de los movimientos de este tipo de teatro más interesante en América Latina, se escenifica en la colombiana Bogotá, con compañías y grupos dedicados de forma profesional, con trayectorias que superan los 35 años. Sus técnicas y formas de representación varían pero mantienen una búsqueda constante de nuevas poéticas manteniendo la tradición oral y festiva, sin descuidar la situación socio-política colombiana. Considerado como el más antiguo de todos los teatros callejeros de Colombia, “El Teatro de la Calle " de Tomás Latino desde el año 1973 compartió los escenarios callejeros con otro de los precursores de esta (en esa época) incipiente modalidad. Desde el año 1968 recorrió 33 países, divulgando y promoviendo esta actividad tan antigua y a la vez tan novedosa. En Venezuela fundó el Teatro de la Calle de Caracas para aupar esa forma de hacer teatro. Junto a Staruska, Alex Tolosa y Timoteo Zambrano, entre otros, recorrieron por cuatro años seguidos y con una programación fija y sostenida seis plazas del centro de Caracas con un repertorio de graciosas farsas medievales.

sábado, agosto 27, 2011

Petroleros autosuicidas

Utilizar la historia real y concreta venezolana y las leyendas urbanas que pendulan entre la verdad y la fantasía para crear con todo ellas una estremecedora metáfora teatral es un método que no falla nunca o al menos genera polémicas o expectativas, las cuales incrementan la afluencia de espectadores y eso deja pingues ganancias, casi siempre, además de esas satisfacciones egotistas que no se compran ni con millones de doradas onzas troy. Pero no es fácil hacerlo ni es tampoco un cómodo crucigrama, resulta ser una tarea laboriosa y verdaderamente brillante, por lo que hay tan poco teatro con esas condiciones o virtudes. !Lamentablemente!
Eso sí lo hizo ejemplarmente José Ignacio Cabrujas para crear su ya mítica obra El día que me quieras (1979), recientemente lo demuestra habilidosamente Javier Vidal con Diógenes y las camisas voladoras y ahora, a buena hora, lo ha conseguido el escritor Ibsen Martínez (Caracas, 1950) con su texto Petroleros suicidas, estructurado con las sagas oficiales que pululan sobre el paro petrolero de 2002 y una extraoficial ola suicidios de ex empleados de Pdvsa, las cuales ha usado para elaborar una súper ficción centrada en los avatares del malandro caraqueño Alexis “Mayimbe” Esposito y otros tres malandrines (Natalia Vozniak, Cayetano Espinoza y el coronel Arroto Valera), quienes trabajaron en la empresa petrolera del conflicto, la cual se enfrentó al Poder Ejecutivo y propició que lanzaran a la calle o despidieran a unos 20 mil empleados, quienes fueron sustituidos por otros 170 mil, según datos que usa el dramaturgo.
Ibsen venezolano
Estamos reseñando, pues, una sólida, amarga y estremecedora pieza creada por este Ibsen venezolano y su alucinante montaje concebido y obtenido magistralmente por Héctor Manrique con sus actores Fabiola Colmenares, Dimas González y Luis Abreu. Todo un hiperkinético espectáculo, el cual hace temporada de jueves a domingo, en los espacios del Centro Cultural BOD/Corpbanca.
La obra se desarrolla en tiempo presente y comienza en el Aeropuerto JFK de Nueva York, durante una fecha navideña, donde accidentalmente coinciden la bella Vozniak y el arrogante Espinoza, quienes fueron esposos; ambos recuerdan lo malos y los buenos tiempos vividos, antes del paro petrolero y subrayan las fabulas urbanas sobre los suicidios de algunos ex empleados, pero ninguno comprueba la veracidad de tales rumores. Y es ahí, en la Caracas a finales del siglo XX, cuando aparece el trágico y hasta cómico marginal Mayimbe, quien se reencuentra con Espinoza, su amigo de la infancia en el velatorio de un “pana” común. Cunde la borrachera y Mayimbe se convierte en la sombra de Espinoza y se arma un tinglado de asesinato, sicariato y salvación mágica del chantajista Mayimbe, al tiempo, que el matrimonio de la Vozniak se hunde en la laguna de las infidelidades
En síntesis, no hay suicidas, pero si un asesinato, un secuestro express, y al final como telón de fondo, la rebelión de los petroleros, que desencadena una huida hacia adelante del talento profesional de miles de profesionales, especialmente de la ex pareja. Lo que queda es una frustración general, donde el único que logra su mejora o ascenso es el malandro Mayimbe (magistralmente logrado por Hernández), quien muere, al parecer accidentalmente, en un campamento petrolero, mientras el coronel Valera (finamente caracterizado por Abreu) se sumerge en el alcohol, y el sin escrúpulos triunfador Espinoza (encarnado con excelencia por Tamayo) y la cerebral y calculadora Vozniak (buena reaparición de Colmenares) rumian sus desgracias sin dejar de soñar en la pareja ideal.
Audaz propuesta
No es Petroleros suicidas una pieza más de la cartelera teatral caraqueña. Es una audaz propuesta de un puñado de venezolanos preocupados por el devenir de su país, quienes se han atrevido a ir mas allá de las lecturas básicas del texto del Ibsen vernáculo y han llegado incluso hasta propiciar una metáfora sobre el país entero, sobre un nación que se suicida o auto suicida porque hasta ahora no ha sido sembrado el petróleo, como recomendó Arturo Uslar Pietri (1936) al subrayar que en lugar de ser una maldición que haya de convertirnos en un pueblo parásito e inútil, “sea la afortunada coyuntura que permita con su súbita riqueza acelerar y fortificar la evolución productora del pueblo venezolano en condiciones excepcionales”.
Talentoso montaje
Hay, pues, mucho que deducir o leer en la simbología de los cuatro desgarrados personajes y de ese desolado escenario donde se acompañan con los informes de gestión abandonados en los estantes, una urna funeraria que a veces es barra de un quejumbroso bar, unas sillas austeras y una mesa, que son los únicos decorados y elementos escenográficos, como las huellas de una debacle que comenzó y aún no ha cesado.
Si el espectáculo es todo un mecanismo de la más suiza relojería es porque el director Manrique se puso lo patines del talento y se movió con las técnicas del distanciamiento brechtiano y el más puro hiperrealismo hasta obtener una ceremonia teatral que no deja duda alguna sobre su creatividad y su precisión para hacer que esos cuatro actores materialicen a una Venezuela en una etapa muy difícil, para no escribir otra cosa.
Recomendación
Petroleros suicidas
debería llamarse Petroleros autosuicidas, aunque no deberíamos insistir en títulos que causen escozor o molestias a los seres de carne y hueso que sí vivieron y protagonizan la huelga petrolera del 2002. Creemos que deben hacer publicas sus reacciones ante lo que Ibsen Martínez les ha mostrado en la escena, están en su derecho a opinar o discrepar de la ficción -pero no se olviden de este detalle- creada por el autor y los teatreros. Están en el deber de complementar la información real que se ha usado en el teatro y hasta es posible que se escriba y se monte una segunda parte, pues Venezuela lleva 100 años como país petrolero y eso no es cualquier cosa, además de que los muertos tienen dolientes y nadie quiere irrespetar a los que se fueron.



Las Bejarano del Bicentenario

El Bicentenario de la Independencia de Venezuela no tuvo por parte de los teatreros la majestuosidad que esperábamos. Faltó planificación y la entrega que esa efeméride exigía. ¿No hubo diálogo o se dio la temida y cretina automarginación?
Las razones, o las sinrazones, son baladíes, pues por encima de lo que significa ser un país soberano y en tránsito hacia otras indispensables y mejores etapas del desarrollo social, no puede haber nada, ni rencillas, ni discusiones bastardas. Cuando llegue el Tricentenario, porque Venezuela no termina en esta centuria, no pasará lo mismo, y serán otros hombres y mujeres los que asuman ese magno festejo.
Pero la honra del teatro vernáculo para este Bicentenario fue salvada por cuatro montajes, tres de ellos producidos por el Estado venezolano, a través de una triple alianza de entes oficiales, y el educativo aporte de la agrupación Kabré Teatro.
Gracias a Fundarte, Distrito Capital y Alcaldía de Caracas, se presentaron en los teatros Municipal, Nacional y Principal los espectáculos Bolívar doméstico de Roberto Azuaje, Joaquina Sánchez y Esa espiga sembrada en Carabobo de César Rengifo, dirigidos acertadamente por Adolfo Nitoli, Ibrahim Guerra y Gustavo Meléndez, respectivamente. Además merecen mención especial todos los intérpretes involucrados en esos montajes. El público disfrutó en masa de esas piezas, las cuales subrayaron, las bases de la nacionalidad.
Kabré Teatro, agrupación con casi diez años de luchas para mostrar sus producciones, tuvo el acierto de escribir, producir y presentar Las Bejarano, por ahora en la sala Rajatabla. Un sainete republicano con sabor a torta de plátano, inspirado en el cuento de Antonio Arráiz. Se trata de una valiosa, además de deliciosa, creación de Wilfredo (Trankylyno) Tortosa, que contó con la colaboración de los actores Jean Manuel Pérez, Albert Smith y Abilio Torres.
Las Bejarano es la saga de tres bellas hermanas morenas: Magdalena, Eduvigis y Belén Bejarano. Ellas estaban de moda en la Caracas de la primera década del siglo XIX. A la luz de las bujías perfumadas en las noches de baile de cotillón, eran motivo de diálogo y críticas. De sus habilidosas manos salían las delicias reposteras que surtía buena parte de la ciudad. Eran maestras en esa artesanía culinaria. Las diferentes clases sociales saborearon los productos que ellas elaboraban. Y entre cotilleos, comentarios y chanzas, ellas nos relatan los acontecimientos del 5 de julio de 1811, mientras elaboran la torta de plátano que las hizo famosas.
El espectáculo muestra al trío de damiselas, finamente encarnadas por actores, en labores cocineriles y haciendo frente a la decisión-del ya depuesto régimen español-de no permitirles usar el titulo de doñas, por no ser puras de linaje, por no ser blancas. La naciente republica venezolana les permitiría eso y muchas cosas más, poco a poco, porque las discriminaciones hispanas siguieron imperando unos años. Un montaje bastante divertido y educativo, ya que el público, al final de la representación pudo probar la exquisita torta Bejarano, cuya receta aparecía en el programa de mano.


sábado, agosto 20, 2011

Un humano y doméstico Bolívar

Su soledad de viudo la resolvió con viajes, lecturas y rocambolescas aventuras románticas e increíbles luchas libertarias que acometió junto a otros jóvenes. Vivía en la Caracas prerevolucionaria y militó en las conspiraciones contra el imperio español hasta llegar a comandar e imponer la empresa libertadora más grande realizada en el continente americano. Era y es Simón Bolívar (Caracas, 24.07.1783/Santa Marta, 30.12. 1830).
Tras hacer una exhaustiva investigación histórica, Roberto Azuaje (Caracas, 1965) se atrevió a escribir una pieza de ficción sobre el romance y la estrujante viudez de Bolívar (desde los 19 años). Lo obtenido es Bolívar doméstico, melodrama de un acto para 70 minutos, el cual mereció el Premio César Rengifo de Fundarte. Ahí se destaca el breve romance y matrimonio de Simón con María Teresa Rodríguez del Toro, donde hay desde un risueño flirteo shakesperiano hasta la alegoría heroica, al tiempo que se subrayan las envidiosas traiciones que amargaron sus últimos años y pretendieron negarle su gloria y su grandeza,
Azuaje no se quedó en la mera saga romántica y la combina con el enojoso desengaño del Libertador por todas sus luchas, tal como lo expresa durante un histórico encuentro peripatético con el general Joaquín Posada en la lejana Popayán, en enero de 1829, cuando carujos y pancistas, además de los áulicos de Santander, conspiraban victoriosos contra la Gran Colombia.
Hay una gran audacia y además talento de este dramaturgo para proponer esas complejas situaciones en un mismo espectáculo, lo cual es logrado, perfectamente, por el director Adolfo Nitoli, apuntalado en ese ambicioso elenco que integraron Fernando Moreno y José Luis Useche (convincentes Simones Bolívares), Adriana Gavini, Giovanny García, César Bencid, Salomón Adames, Elvis Chaveinte, María Alejandra Teliz, María Brito, Argenis Cariaco y Franklin Ron. Ayudados todos por “los técnicos” precisos Alfredo Caldera (iluminación), Héctor Becerra (escenografía) y Rafael Tovar con un vestuario anacrónico para buscar una ruptura espacial e histórica y además recordar la vigencia de la historia bolivariana.
El director Nitoli, quien debutaba en tales complejos avatares de la creación escénica, resolvió muy bien las atmósferas románticas y el paseo de Bolívar por el patio de butacas del teatro Municipal, para materializar su atormentado deambular por la fría Popayán. Pero lo más impactante es el final: todos los personajes regresan a escena y ven partir a Bolívar hacia la inmortalidad de la historia, simbolizada en un ciclorama que se abre y lo arropa con una gran luz.
No nos fueron fáciles los 70 minutos del espectáculo porque conocíamos la historia real y la teatral. Sabíamos, como toda la audiencia también, de la tragedia de María Teresa y Simón y todo lo que vino después. Nuestra satisfacción antes esos breves meses de felicidad se transformó después en un nudo en la garganta al palpar la traición perenne que ha pretendido destruir su sueño de libertad e igualdad. La comedia se convirtió en tragedia.
Ahi esta,pues, Bolivar doméstico recordando la humano que era y es el héroe.

Venezuela repite su historia

No es monedita de oro para que todo el mundo lo quiera. Tiene nombre propio conocido y es envidiado por unos o cuestionado por otros. Es Moisés Guevara (Caracas, 1967), director y actor de teatro, y hasta hace unas pocas semanas era el mandamás del Trasnocho Cultural. Sigue en la palestra de las polémicas porque su más reciente montaje, Diógenes y las camisas voladoras, ha recordado, una vez más, que la historia es cíclica en Venezuela.
No evalúa al teatro que se hace en Caracas y comenta que no es un purista pero si tiene presente las palabras de su compañero de trabajo José Ignacio Cabrujas: “No hable mal de su gremio, eso hablará mal de usted”. Insiste en que “somos el sistema digestivo del país al que pertenecemos, nuestro teatro de hoy intenta traducir lo que somos”.Reconoce que ha dirigido nueve espectáculos y realizado algunos ejercicios académicos y lecturas dramatizadas. Estudia en la UCV y según su “cancerbero académico”, la dramaturga Xiomara Moreno, debe culminar en el 2014. “No tengo apuro, no creo que nadie me de trabajo por tener ahora un título universitario, curso dos o tres materias por semestre, no puedo con más y me place caminar por la UCV y recordar mis tempranas conversaciones con mis maestros Ugo Ulive y Victoria De Stefano”. ¡Está muy satisfecho de lo vivido y quiere más!
Diógenes
Diógenes y las camisas voladoras
es su gran apuesta para el teatro en este momento, una obra que se mueve en las fronteras de la historia y la política, es esencial y aleccionadora, conservando todos los preceptos de la deontología teatral. “Es una pieza que me explica el país donde nací y agradezco continuar entendiéndolo, porque lo amo, sin nacionalismos, me gusta El Ávila, me gusta Caracas, también me gusta París, Roma y Madrid, pero no nací ahí”.
Dice que el trabajo con los actores fue leer, leer y leer. Estudiar, estudiar y estudiar. Probar, probar y probar. “Fue una gran experiencia trabajar con el autor y actor protagónico Javier Vidal Pradas y que los dos pudiésemos entrar en sintonía con la apuesta de trabajar con actores jóvenes, como Jean Vidal Restifo (22) y José Miguel Dao (23), por demás dedicados y respetuosos del oficio. Hicimos más que ensayos, clases de historia donde los cuatro aprendimos, sinergia y dialéctica son las palabras”.

“Logramos un conclave de varones sin miedo a equivocarnos y conversando de frente. Cuando se incorpora Fernando Calzadilla, mi gran mano derecha e izquierda, con su lectura más que estética conceptual, ya no había vuelta atrás, además éramos cinco hombres dirigidos por dos grandes mujeres: la ejecutiva Carmen Jiménez y la productora Margarita Lamas. Creo que la clave es saber lo que dices, por qué y para qué lo dices, mirar al otro, poner el ego en justa medida y trabajar en función del compañero”.
“Este montaje tiene una lectura política, porque nuestro país pasó de lo rural al siglo XXI, el modernismo llegó pero no es esencia nuestra, no está incorporado a nosotros, convive con nosotros. Por ejemplo, la UCV es un icono arquitectónico del modernismo en Caracas y funciona a trancas y barrancas, como decimos nosotros, simplemente porque su arquitectura nos exige ser modernos y nos cuesta a todos poder manejarlo. Y esto no es una crítica, es asumir lo que soy, uno más que come arepas porque me gustan y se sienta en un sofá Le Corbusier porque también me gusta, y también me gustan Píritu y Boca de Uchire, nací en Mariches, el Ávila no ha cambiado desde que nací y me parece que Araya está en el culo del mundo”.
Planes
Su agenda lo lleva a sostener Diógenes y las camisas voladoras e iniciar ensayos de El día que ganó Susana Duijm de Johnny Gavlosky, su tercer montaje este año. “Hacer mi programa de radio junto a Margarita Lamas. Crear un circuito nacional de teatro, porque el teatro debe inundar en buena lid al país. Vuelvo a la actuación, por primera vez como protagonista, en Cofradía de Xiomara Moreno. Y seguir apoyando las producciones independientes”.
Abrir salas es su destino
A punto de celebrar sus 30 años de ejercicio profesional, recuerda Moisés Guevara que se inició como actor, pero las áreas más ricas de su vida son la producción, la gestión de proyectos culturales, la docencia y la dirección. “Las aventuras para abrir salas de teatro son frecuentes y en mi vida casi un destino. Actué en el Teatro Cesar Rengifo de Petare, cuando estaba recién remodelado a principios de los 80 y viví el placer de recorrerlo, antes de reabrir sus puertas, de la mano de mi abuelo que era concejal. Años después estaba en los talleres del Grupo Actoral 80 y presencié la creación del Espacio 80. En el 89, retornaba de una gira a España, era productor de La secreta obscenidad de cada día para el CELCIT y como equipaje traía la petición de grabarla como “Teatro Iberoamericano” para la Televisión Española. “No había salas disponibles y casi nadie creía en ese proyecto. Contacté a Alex Parada, quien controlaba los teatros Las Palmas y Los Ruices, el cual estaba cerrado desde hacía años; con el riesgo que siempre lo caracteriza. él me entrega las llaves de Los Ruices. Lo limpiamos, lo acondicionamos, instalamos equipos y de la mano de Guacaipuro de la Torre logramos reconectar la electricidad, llegó el equipo de TVE y presentamos tres funciones a sala llena que fueron grabadas y después presentadas en televisión, la sala no volvió a cerrarse en mucho tiempo. Nace la propuesta de grabar El día que me quieras de Cabrujas y Los Ruices se había convertido en una sala muy concurrida. Parada me ofrece Las Palmas para presentar El día que me quieras, con elenco original y bajo el slogan “11 años después”. Ahí presentamos, además, Las bicicletas son para el verano, Los hombros de América, El americano Ilustrado y ensayamos Simón de Isaac Chocrón. A finales del 91 hicimos una gira a España con los últimos tres montajes. A mi regreso ocupo la gerencia de producción de la Compañía Nacional de Teatro y había que restaurar el Teatro Nacional y resguardar todos sus activos, me tocó inventariar uno a uno todos los vestuarios y elementos del teatro. Ya en ese momento a petición de Cabrujas había mudado mis neuronas al Teatro del Paraíso, me dedique dos años a gerenciar su restauración, aprendí de todo, desde batir cemento hasta reconectar una consola de iluminación de los años 50. Fue una maravilla y montamos El pez que fuma, La casa de Bernarda Alba, Sonny, diferencias sobre Otelo el Moro de Venecia, El día que me quieras y Acto Cultural. En agosto del 99 termina la aventura del Paraíso, acababa de regresar de Brasil donde produje una exposición sobre Acto Cultural para el Espaco da Scena Latinoamericana dirigido por José Carlos Serroni. Me contacta la Universidad de Carabobo para conformar parte del equipo de restauración del Teatro de Bárbula en Valencia y me pidieron quedarme a dirigir su inauguración. Y aparece el proyecto Trasnocho, le dediqué 12 años, cambié su diseño original y lo convertí a tiempo en una sala polivalente, es mi hijo más grande. Y mi hijo pequeño y consentido es el Espacio Plural. Ya no estoy ahí, pero los hijos deben crecer”.

domingo, agosto 14, 2011

Víctimas inocentes

¿Fue atentado terrorista o conspiración de ultraderecha lo que provocó el derrumbe de las Torres Gemelas o en el World Trade Center de Nueva York durante la mañana del martes 11 de septiembre de 2001? Imposible dar ahora una respuesta convincente para tranquilizar no solo a los familiares de las casi tres mil victimas. Hay que esperar que sea aclarado lo suficiente para pasar la página y cerrar así la historiografía de ese suceso, donde incluso perecieron los venezolanos Howard Boulton, Jenny Low Womg, Natalie La Cruz y Eduardo y Anabel Hernández. Quedan, pues, las dudas, pero ellas se disiparan más temprano que nunca.
Mientras tanto, a escasos 10 años del nefasto atentado contra el World Trade Center de Nueva York, la caraqueña Fundación Teatro Repico ha escenificado en el Espacio Alterno del Trasnocho Cultural, bajo la dirección de Consuelo Trum y con las actrices Lenni Márquez y Valeria Castillo, a Monstruos en el closet, ogros bajo la cama de Gustavo Ott (1963), que es, como este dramaturgo venezolano lo ha comentado,”una pieza sobre las victimas y no sobre los culpables”.
Es un estremecedor homenaje sobre esas edificaciones, las cuales, gracias a la magia del teatro, toman vida y con sus palabras logran revivir sus últimos y fatales momentos. Ellas, la Torre Norte y la Torre Sur se convierten en narradoras de esa mañana trágica que terminó con su destrucción total. Logran sintetizar al que se sentó por última vez detrás de su escritorio, al pasajero del avión que llamó a sus seres queridos para despedirse, al bombero rescatista enfrentado a la muerte y a su propio sacrificio, y también al que preso de la desesperación decidió lanzarse al vacío para no morir entre las llamas. Las Torres y todas las víctimas de ese 11 de septiembre quedarán por siempre grabadas en la historia y en nuestra memoria.
Monstruos en el closet, ogros bajo la cama comenzó a ser escrita por Ott, porqué él conoció a algunas de las victimas, durante una visita que hizo a una oficina de las Torres días antes del atentado o la conspiración y es ahora que se le representa, primero en Caracas y después por sendos elencos en México y Washington.
La directora Trum dice que Ott no le hizo ninguna recomendación, hablaron acerca de la obra y que ella le comentó acerca de quiénes quería poner como Torre Norte y Torre Sur.”Él estuvo siempre pendiente pero nunca quiso meterse en mi trabajo. Sentí siempre muchísima confianza de parte de el, cosa que agradezco enormemente y me hace sentir aún más responsable porque ambos queremos decir las mismas cosas y sentimos lo mismo por este terrible suceso”.
El montaje, en espacio rectangular, sí logra crear, apoyado en una pista sonora con el ruido de los aviones, una atmósfera de expectativa con trágico final anunciado, la cual conmueve al público, quien mira absorto como las Torres relatan su tragedia y a su vez personifican a las victimas. Todo ese ritual no dura 50 minutos, tiempo más que suficiente para sentir el horror de todos aquellos seres humanos condenados sin tener culpa alguna.


Es un importante espectáculo, que gracias a las correctas actrices y la controlada directora, advierte sobre el horror de toda esta civilización.

Teatro sin creatividad

Leonardo, el unigénito de Esaú y María Luisa Giménez de Azparren, cumplió 70 años el pasado 12 de julio. En Caracas, rodeado por su esposa Herminia Gómez, sus hijos Juan Javier y Juana Inés, sus dos nietas y un grupo de amigos, celebró tan crucial fecha con abundante champaña y paté franceses, como se le había prometido hace cierto tiempo, y además festejó la aparición de su libro No.14: Lecturas del teatro venezolano, de 236 páginas editado por la Academia Venezolana de la Lengua. Doble y justo festejo.
Investigador, crítico y profesor
Azparren Giménez reconoce que, aunque es un investigador a tiempo completo de la huellas teatrales venezolanas y latinoamericanas y todo un apasionado del teatro griego, él se considera, fundamentalmente, un crítico de teatro, “porque eso es lo que he hecho la mayor parte de mi vida y mi trabajo como investigador es una consecuencia de mi actividad universitaria y en particular por una coyuntura que se dio en 1988, la cual me permitió dedicarme más a la investigación”.
Revela que era un proyecto de investigación continental, que inició Fernando de Toro, destinado a escribir una historia del teatro de América Latina. “A mi me pidió que me encargara del proyecto Venezuela, trabajo que yo saqué adelante, pero el proyecto general o final se haría en Canadá. Eso me sirvió a mí para dedicarme de lleno a la investigación. El proyecto general no se culminó, pero yo estuve trabajando con Orlando Arocha y Carlos Sánchez Delgado y tuvimos como asistente a Dunia Galindo. Del proyecto Venezuela se hizo el equivalente a dos volúmenes, materiales que nunca se editaron. Ese material me sirvió de punto de arranque para mis investigaciones y lo primero que hice fue un trabajo o un libro sobre el teatro de la Colonia, para el cual se recopilaron todos los documentos del periodo colonial, el cual fue publicado por Monte Ávila en el año 1996. De ahí en adelante si me dedique de lleno al teatro griego que era mi cátedra en la UCV”.
-¿Cómo arranca en la crítica?
-En Barquisimeto, cuando estaba con el Grupo Teatral Lara, dirigido por mi gran maestro Carlos Denis, en 1958, había que escribir en el diario El Impulso para promover nuestras actividades o habilidades artísticas, y como yo conocía a Herman Garmendia, él me apoyó para publicar mis articulitos. Pero la crítica, como ejercicio formal, fue cuando Román Chalbaud estrenó La quema de Judas, en 1964, en el teatro del viejo Ateneo de Caracas, ya desaparecido. Yo hice una critica que gustó mucho y la cual publique en una revista La revista, que yo dirigía en la UCV, de la cual publicamos cuatro o cinco números. En esas circunstancias me fui relacionando con mucha gente y en el año 1966, cuando Isaac Chocrón estaba ensayando Asia y el Lejano Oriente, le hice una entrevista para la revista Expediente y él me dio el número telefónico de su casa y yo le di el mío que era el de una pensión que funcionaba en una casa ubicada en las inmediaciones del viejo edificio de Viasa. Hasta que un día me llamó y me invitó para que hiciera critica de teatro en el diario La República, el cual dirigía Luis Esteban Rey, cuando precisamente iba a comenzar el Tercer Festival de Teatro de Venezuela, en septiembre de 1966. Así fue que comencé oficialmente como critico, precisamente reseñando todo ese importante evento teatral. Hacia 1969, a los pocos meses de haber comenzado el gobierno del presidente Rafael Caldera, desapareció La República, porque era un periódico del partido Acción Democrática, el cual acaba de perder las elecciones y le daba la entrada del partido Copei, y pasé a escribir en las revistas Imagen, del Inciba, y en Kena, que era de la Cadena Capriles, y así estuve hasta 1971, cuando me marché a Europa como diplomático venezolano.
-¿Pero siguió escribiendo y después vinieron los libros?
-Si, así ha sido mi trabajo como crítico, y con respecto a los libros de temática teatral llevo 14, con el texto que me acaba de publicar la Academia Venezolana de la Lengua, de la cual soy miembro de número. Son 11 títulos sobre teatro venezolano y tres sobre teatro griego.
-¿Qué ha pasado con el proyecto Cabrujas?
-Vienen tres libros más. A finales de este año debe salir el tercer tomo de su obra dramática, con ocho textos de diferente calidad. Después hay un libro que reúne entrevistas y conversaciones con Cabrujas y hasta algunos artículos suyos, pero todavía no se que titulo ponerle, y seguro será para el 2012. Este tercer libro me interesa muchísimo porque hay dos Cabrujas: el Cabrujas que le habló al país y el Cabrujas pensador y creador. Y hay un cuatro libro que es mi análisis de todo lo que legó Cabrujas. Pero tengo en mi computador otros dos libros, porque yo continué con la investigación de las fuentes documentales del teatro venezolano.
Inevitable ciclo histórico
Para el critico Leonardo Azparren Giménez, el teatro venezolano actual esta pasando por una grave crisis de creatividad, en sus niveles de dramaturgia y de puesta en escena. “Es la crisis más severa que yo recuerde del teatro venezolano durante los últimos 60 años. Pero la crisis no hay que verla en sentido peyorativo, porque se trata de inevitables ciclos históricos por los que pasan todos los movimientos teatrales del mundo y creo que este es uno de los más graves en buena parte de la historia venezolana. Además, la actual situación sociopolítica ha terminado por agravar esa crisis teatral, ya que el teatro de arte ha sido agredido severamente, cosa que nunca antes había ocurrido. Y es lo que esta sucediendo. Ocurre lo que se dio en España después de Calderón de la Barca, y aquí, en estos tiempos, se le reclama a los dramaturgos contemporáneos que no están en sintonía con lo que esta pasando en el país. Y con respecto a la puesta en escena, hay que reconocer que hay directores muy jóvenes y por ende no tienen la adecuada formación para un trabajo más creativo y verdaderamente profesional. Pero aquí quiero subrayar que esta crisis no es de ahora, esta crisis arrancó a finales de los años 80 y principios de los años 90, como es la desaparición de El Nuevo Grupo en 1988 y la muerte de Carlos Giménez en 1993, porque siempre las he considerado dos heridas mortales para el teatro venezolano. Pero además de esto, nunca el teatro venezolano ha sabido asumir su profesionalización como tal, que no es otra cosa que asumir el teatro como un proyecto de vida. Y aquí es donde yo establezco una diferencia entre el teatro comercial y el teatro de arte, y entre el teatro profesional y el que no lo es. Se puede hacer un teatro comercial de alta calidad profesional y por supuesto un teatro de arte de alta calidad profesional. Yo no amarro lo profesional a lo comercial, porque lo profesional es un alta calidad en la actividad que se adelantada o desempeña.
Guaro en Caracas
Leonardo Azparren Giménez desertó de su natal Barquisimeto para estudiar en la Universidad Central de Venezuela y de ahí egresó en 1966 como Licenciado en Filosofía. Ingresó al Ministerio de Relaciones Exteriores en 1971 y tras fungir como diligente funcionario diplomático a lo largo de 20 años, renunció y se vinculó al cuerpo profesoral de la UCV, especialmente en la Escuela de Artes, hasta jubilarse como profesor titular a dedicación exclusiva, en el 2006, aunque actualmente coordina el posgrado de Teatro Latinoamericano

sábado, agosto 06, 2011

Los soportes de Diógenes Escalante

Tres personajes ocupan la escena y dialogan. El secretario Hugo Orozco, el coleguita Ramón J. Velásquez y el mismo candidato presidencial Diógenes Escalante diseñan la campaña para ocupar el Palacio de Miraflores, durante el lapso 1946-1951, desde un salón del caraqueño hotel Ávila, en la mañana del 2 de septiembre de 1945.
Al día siguiente explota la tragedia: el político no puede acudir a su crucial cita con el presidente Medina, porque ve como sus camisas salen volando por la ventana de su habitación y con ellas se esfuman sus aspiraciones para ser Jefe de Estado y además la posibilidad de llevar a Venezuela hacia un auténtico experimento democrático.
Esos tres caballeros convertidos ahora en entes teatrales no son de ficción, pero sí sus diálogos, y están encarnados por Jan Vidal Restifo (22), José Miguel Dao (23) y Javier Vidal Prada (58). Protagonizan al espectáculo Diógenes y las camisas voladoras, el cual, bajo la precisa dirección de Moisés Guevara, hace temporada en Teatro Trasnocho, y permite a los espectadores palpar un suceso que alteró el rumbo de este país.
Diógenes Escalante es un personaje trágico en una situación cómica. La sencillez del tramado dramático abre el complejo tema del azar y la necesidad. La pretensión del autor-actor es el entretenimiento por encima de cualquier lección de ética, tomando en cuenta que la evasión y el divertimento son dos de los más importantes mandamientos de la deontología teatral.
Vidal Prada es, por supuesto, el teatrero del momento. Ha escrito un conmovedor teatro político y además de ser el protagonista del espectáculo da la replica a su hijo y al otro comediante, en ese ritual que recrea un suceso donde cambió algo más que la agenda política de un país en tránsito hacia una esperanza.
Sobre Vidal Prada se ha dicho todo lo bueno, pero hay que resaltar que cuenta con dos sólidos soportes para la performance global: el habilidoso Dao, signado por una inquebrantable búsqueda de sus posibilidades expresivas, adquiridas en espacios más heterogéneos del quehacer actoral, desde un marcado interés por aprehender las prácticas del clown y la improvisación, hasta un acercamiento académico a las técnicas formales de las artes, todo lo cual le ha permitido experimentar con los más diversos géneros teatrales; mientras Vidal Restifo, estudia comunicación social y anda en los avatares escénicos desde 2005, tiene ahora una responsabilidad más contundente. Sin ellos el espectáculo no seria posible, por supuesto, y así lo asumieron, haciéndose indispensables, como fueron los personajes históricos que han revivido ahora convincentemente.
Recordamos que el descamisado político nunca recuperó la razón y falleció el 13 de noviembre de 1964, en Miami. Orozco hizo carrera diplomática y vivió hasta el 26 de octubre de 2003. Velásquez, a caballo entre el periodismo y la política, sustituyó a un corrupto Presidente de la República y ahora, con sus 95 años, no olvida lo que ocurrió en aquel hotel.

Machete Caníbal en Caracas

Tan mal no anda el teatro caraqueño, aunque algunos lo tilden de subdesarrollado, netamente banal o profundamente comercial porque utiliza intérpretes afamados con sus performances televisivas. Lo cierto es que, en ocasiones, se presentan montajes de características excepcionales o novedosas, los cuales sacuden al chinchorro aburguesado en que espectadores y artistas hacen su siesta digestiva.
Tal es el caso de Machete Caníbal, coproducido por Francisco Denis Boulton y su grupo Río Teatro Caribe, la banda de rock Quinto Aguacate y el Goethe Institut Venezuela. La obra cuenta con las conmovedoras actuaciones de Vera Linares, Pastor Oviedo, Dixon Acosta, Mauricio Gómez, Osleída Pérez y Susana López. Los músicos que los acompañan, dirigidos por Edgar Moreno, son Carlos Almaral, Aarón Estraño, Alejandro Huizi, José Estraño, Mohamed Hussain y la cantante Ana Rosa Rodríguez, son vitales para la atmosfera del montaje. El diseño y realización de vestuario y escenografía es otro aporte creativo de Rafael Sequera, y la dramaturgia adelantada por Arved Schultze y el propio Francisco Denis Boulton, la cual revela un trabajo asombroso de síntesis.
Raro montaje
Francisco Denis Boulton, quien inauguró su abecé teatral con el grupo Malayerba de Ecuador para después estudiar en la escuela de Jacques Lecog y participar en la compañía de Philippe Genty, es uno de los más extraños teatristas criollos. Su rareza consiste en que lleva, más de una década, mostrando un teatro contracorriente, una entretenida mezcla de circo de salón con teatro de texto. Eso gusta o disgusta, pero es imposible ignorarlo si se tiene en cuenta la monótona cartelera caraqueña.
Ahora, después de su espectacular comedia erótica Sexo de René Pollesch, premiada durante la temporada 2010, se dejó atrapar por unas cuantas fabulas europeas y latinoamericanas sobre la leyenda de El Dorado, una fantástica región en America del Sur repleta de minas de oro y de piedras y maderas preciosas, para cuyo descubrimiento y conquista vinieron varias expediciones desde las codiciosas cortes europeas.
Tras leerse todo lo que encontró, además de los puntuales textos de Arturo Uslar Pietri, Miguel Otero Silva y Francisco Herrera Luque, se bebió la historia sobre la intervención de Henry Ford para fundar la población Fordlandia en territorio brasileño, a principios de 1930, a orillas del río Tapajos, afluente del Amazonas, y por si fuera poco Francisco Denis se enamoró del relato Yo soy una peyoma de Helena Valero.
En sìntesis, Machete Caníbal parte del mitológico El Dorado para narrar la historia cruel de la conquista europea en Venezuela, para lo cual se eligieron tres momentos: el primero, entre 1528 y 1546, cuando la corona española cedió la Provincia de Venezuela a los banqueros y armadores alemanes; este acto lo encabeza Felipe Von Hutten, quien cree en El Dorado de los Omaguas y es el conquistador que justifica toda la barbarie de la conquista. En el segundo acto esta Lope de Aguirre, el soldado conquistador que se convierte en el líder de los Marañones, primer movimiento de españoles en tierra Americana que se revela contra la Corona. Y el tercer episodio es Fordlandia, pueblo creado hacia 1920 por Henry Ford, pero con reglas muy distantes a la cultura latinoamericana.
En este contexto o telón teatral de fondo se hilvana un relato casi antropológico con la saga de amor y sumisión de Napeyoma (mujer extranjera en lengua Yanomami) y el indio Akawé, uno de sus maridos. Napeyoma es Helena Valero, campesina criolla que vivía en la frontera brasileñavenezolana en el año 1932, quien fue raptada por una tribu Yanomami durante 24 años.
Hiperkinética y lúdica ceremonia
Pero si la estructura dramática es conmovedora, la puesta en escena, que se realiza en un espacio escénico no convencional, es una extenuante e hiperkinética y lúdica ceremonia, de unos 150 minutos. Ahí hay televisión, teatro puro y hasta ron en pico de botella, para demostrar así el algunas verdades sobre la colonización europea y después el avance del imperialismo estadounidense, mientras los criollos tratan de sobrevivir con los aborígenes. Todo eso se materializa en medio de esas pulsiones físicas y psicológicas que mueven a los seres humanos y lo convierten en esclavos de quienes las manipulen, como son el amor y el sexo.
No hay tiempo para aburrirse en Machete Caníbal, porque la característica del montaje es la violencia de su teatro físico además del juego farsesco de sus actores y, por si fuera poco, su ácida música, un coctel de rock pesado, salsa brava y ritmos afro venezolanos. Con todo aquello no se pueden pegar los ojos ni dormir las espaldas de nadie. Es toda una novedad en esta Caracas la horrible.
A todo este monumental trabajo con teatro, danza y música se le rotuló como “Machete Caníbal porque la historia de este continente está hecha a punta de machete y ser caníbal es una forma de cazar, de comerse al otro”, afirma Francisco Denis.
Río Teatro Caribe
Francisco Denis Boulton (Caracas, 1962) funda la agrupación Río Teatro Caribe en la sucrense población de Río Caribe, hacia 1994, pero en 1999 se traslada a Caracas para inaugurar la Sala Río Teatro Caribe. Ahí, en una quinta de San Bernardino, ha mantenido una programación constante además de talleres de perfeccionamiento y exploración del lenguaje teatral y dancístico. Ha presentado, en su espacio, o en otras salas caraqueñas, montajes como Sexo, Sueño pelele, La dama rota, Toto, Yayo, Tulio y Talía, Terra Nostra, El temblor de la sonrisa y ahora Machete Caníbal. Hace un teatro, raro, extraño, porque no maneja códigos conocidos dentro de la vida cultural capitalina. Para este artista y su gente, la metáfora escénica es asumida siempre en su totalidad. En sus espectáculos, el público se ve obligado a convertirse en creador de una obra, donde, por lo general, las imágenes toman cuerpo y movimiento y se presentan de manera surrealista. Sus performances, a veces complejas en su sintaxis conceptual, se nutren de múltiples universos poéticos, ancestrales, históricos y con imágenes provocadoras, pero ocasiones también poseen un cierto aire absurdo y cómico, con escenas inscritas en una poética sugerente, simple pero profunda. En el terreno de lo simbólico, trata de ser coherente con sus propuestas o verosímil, así la historia tenga que armarla el espectador según su propio mundo referencial, que es la gran posibilidad que da el teatro que elabora la metáfora como ficción.



miércoles, agosto 03, 2011

Teatro violento en Colombia

En su edición del miércoles 3 de agosto de 211, El Tiempo, de Bogota, presenta una crónica general sobre el uso del teatro para explicar lo que han sido las largas siete y ocho décadas de "guerra civil",o conflagraciòn, como la llamamos nosotros.

Afirman los periodistas de El Tiempo, que en Colombia, sus teatreros usan los escenarios para contar y recontar historias de la violencia o el conflicto armado. Hoy. cuando el país intenta saldar su deuda con las víctimas del conflicto armado y está en camino la ley para restituirles sus bienes, el teatro también busca documentar y presentar su mirada sobre esas historias de crueldad.
Retratan realidades como el desplazamiento y las masacres, o hechos que marcaron la vida nacional, como la toma del Palacio de Justicia o el descuartizamiento de José Antonio Galán. De este último habla La insurrección de las hormigas, que se presenta hasta el 4 de agosto en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán, de Bogotá.
Desde la Comisión Nacional de Reparación ven esta tendencia como una forma de hacer pedagogía y una interpretación necesaria de la historia reciente.
"El teatro juega un papel fundamental en la mediación estética de esos horrores, que si no se abordan con el lenguaje del arte, resultarían indecibles", dice Iván Orozco Abad, profesor de la Universidad de los Andes y miembro de la Comisión de Memoria Histórica.
Orozco recuerda también que procesos como el de Justicia y Paz parecen en muchos casos escenarios teatrales, "con guiones, actores o con escenas originales y escenas mediáticas que los recrean".
Sin embargo, no es una apuesta fácil. "Son obras costosas, pero tienen 'rating'. Supongo que un productor se acojona y pregunta dónde está la comedia, pero estos son temas que hay que contar y nos tienen que causar más que indignación", dice Nicolás Montero, codirector de El deber de Fenster obra que abordó la masacre de Trujillo, en el Valle.
¿Por qué abordan estos temas? ¿Le interesa al país ver en el teatro esos hechos? ¿Llegan a tiempo a contar esa realidad? Aquí está la voz de algunos directores de obras que abordan estas temáticas.
Así fue la muerte de un prócer
La obra La insurrección de las hormigas, dirigida por Juan Carlos Moyano y Misael Torres, tiene como personaje principal a José Antonio Galán, líder comunero descuartizado por la corona española en 1782. Según Torres, la historia de la obra, a pesar de que ocurrió hace más de dos siglos, todavía se vive en Colombia. "Actualmente, mucha gente no puede enterrar a sus muertos ni regresar a sus tierras. Lo que pasa es que Colombia es un país condenado a repetir su historia", dice.
El deber de Fenster
"Hace rato, el teatro y la sociedad civil estamos en deuda con las víctimas, hemos llegado muy tarde", admite Nicolás Montero, codirector de El deber de Fenster, escrita por Humberto Dorado y Matías Maldonado, y que abordó la masacre de Trujillo.
La obra se basó en documentos de la Comisión de Memoria Histórica y contó, además del asesinato de 342 campesinos de la región, todo el bloqueo de la justicia para que se conociera la verdad del caso, en el que participaron miembros de la Fuerza Pública.
La obra ganó el premio Fanny Mikey 2009 y por eso pudo financiarse, explica Montero, ante la pregunta de si resulta rentable este tipo de temas.
Kilele, retrato de las almas en pena
Este montaje, dirigido por Fernando Montes, refleja la masacre de Bojayá, ocurrida en el 2002 y en la que murieron 119 personas.
Según Montes, el objetivo fue plantear estos hechos desde una perspectiva poética, alejada de cualquier idea política.
"Presentamos la obra en la misma iglesia en la que ocurrió la masacre, y para los habitantes del pueblo era magnífico que se contara esa historia, porque ellos simplemente no podían. El que se pusiera a hablar podía terminar muerto", dice Montes.
Mujeres en la guerra
En el 2001, la intriga de saber qué les pasa a los colombianos que han tenido que dejar sus tierras por la violencia llevó a Carlota Llano a adaptar y protagonizar una obra basada en el libro Mujeres en la guerra, de la escritora Patricia Lara.
La obra sigue el drama de cuatro mujeres que han protagonizado el conflicto y se basa en testimonios reales, hecho que, según Llano, le imprimió un alto grado de verosimilitud. "En todas las partes en que se presenta, genera un fenómeno de catarsis, porque cada testimonio te toca las fibras", comenta Llano.
La siempreviva
Dirigida y escrita por Miguel Torres, esta es una de las obras cumbres del género. Estrenada en 1994, la producción retrata la toma del Palacio de Justicia.
Según Torres, el teatro es quizá la expresión más social que hay en el arte, por ello era completamente necesario que retratara un suceso como este."Se volvió una especie de pieza emblemática de los familiares de los desaparecidos, quienes sentían que, antes de la obra, nadie había hablado por ellos", asegura Torres.
El teatro de las víctimas
"El proceso de investigación de la obra fue muy duro, tuvimos que encontrarnos en las listas de masacres con los nombres de los familiares de los actores". Lo cuenta Marly Carvajal, quien hace parte del grupo La Gotera, integrado por víctimas del conflicto que encontraron en el teatro la forma de rebelarse ante lo que padecieron.
Son 10 jóvenes del municipio de San Carlos, en el oriente antioqueño, y su obra más importante es Asfalto, que recrea escenas como la de las madres en las puertas de las casas esperando a sus hijos desaparecidos por los grupos ilegales.
Desde este blog, le pedimos a Dios y a los colombianos sensatos que usen el teatro para curar las heridas y enseñar que nunca más se deben repetir situaciones como las llevadas a la escena.

Aqui en Venezuela,donde la violencia urbana y campesina no compite jamas con la colombiana, los temas de su teatro son otros, por ahora.