martes, marzo 21, 2017

Eugenio Barba:cometí el pecado de no haber muerto

Está en Buenos Aires y allá lo entrevistó  Paula Sabatés para el diario Pagina 12 de hoy martes.Nosotros lo editamos aquí para nuestros lectores venezolanos y de otros países.

Hay algo curioso y que hasta peca de inocente en el discurso de Eugenio Barba, considerado el último reformador del teatro del siglo XX, que durante esta semana se encuentra en Buenos Aires. Se trata de su concepto de “pueblo secreto”, término con el cual designa a aquella porción del público de cada país que, ante una nueva visita suya y de su compañía, el Odin Teatret, se reúne para verlo. “Hay personas, algunas vinculadas al teatro y otras que no, que tal vez ni vieron al Odin pero que tienen un vínculo especial y significativo con nuestro teatro”, se extraña el dramaturgo y director italiano, como si no fuera consciente del lugar que ocupa en la discusión sobre lo teatral, y en la historia misma del teatro.
Discípulo del polaco Jerzy Grotowski, Barba forma parte del “dream team” de maestros que marcaron con sello propio el teatro “moderno”. Como Konstantín Stanislavski, Vsévolod Meyerhold, Antonin Artaud, Grotowski y no muchos más, el teatrista instauró una nueva forma de articular la práctica teatral con el pensamiento sobre ese arte dando lugar, en su caso, al estudio de la Antropología Teatral, disciplina extendida en todo el mundo. Desde el Odin, teatro y grupo que fundó cuando emigró primero a Noruega y luego a Dinamarca, donde se estableció, hace más de cincuenta años que trabaja en esa dirección, siempre reuniendo a actores de distintas nacionalidades (actualmente en la compañía hay de cuatro continentes) para buscar juntos aquellos principios que son comunes a todos, aquellos elementos de “pre–expresividad”. 
En medio de una gira por América latina que comenzó en Uruguay, el creador presentará en la Argentina Las grandes ciudades bajo la luna, un espectáculo que forma parte del repertorio del Odin desde hace diez años pero que, según cuenta Barba a PáginaI12, “se volvió lamentablemente vigente”. Basada en “el espíritu de Bertolt Brecht”, la pieza “cuenta las consecuencias que sobre los inocentes tienen los conflictos”. Se presentará en el Centro Cultural Recoleta, el Teatro 25 de mayo, el Banfield Teatro Ensamble y en la Sala 420 de La Plata y será protagonizada por varios de los célebres intérpretes de la compañía.
–Usted es considerado de manera unánime como uno de los grandes maestros del teatro del siglo XX. ¿Cómo toma eso, el ser un referente de una época que ya pasó, siendo que sigue trabajando también en este siglo?
–Yo cometí un gran pecado que es el de no haber muerto hace un tiempo. Creo que hay que morir relativamente joven. La perspectiva de llegar a vivir como mi mamá, que murió a los 96, hace que me esperen quince años más de teatro, es decir que trabajaría hasta 2032, año al que voy a llegar como esas tortugas gigantes y viejas que están en Galápagos (risas). De todos modos es verdad, yo pertenezco al siglo XX. Todo lo que pase ahora lo vivo y reacciono frente a eso, pero es totalmente diferente. A mí lo que me ha influido son los acontecimientos históricos del siglo pasado, y profundamente la Segunda Guerra Mundial. Yo viví los bombardeos, perdí a mi padre, estuve rodeado de mujeres vestidas de negro que andaban de luto porque perdían a sus hombres. Todo eso, y los conflictos posteriores, la Guerra Fría, han marcado al teatro, y no sólo al mío. Ahora es distinto. Nadie sabe bien contra quién luchar. Podés hacerlo contra la corrupción de un ministro o contra una presidenta que se comporta de manera deshonesta, pero no tiene ya la idealidad de un ideal. En el siglo XX uno creía, como fascista, como nazi, o como comunista, que se podía cambiar el mundo.
–Sin embargo varios académicos señalan que, específicamente en el campo teatral, el siglo XX pareciera no haber terminado.
–Sí que se ha terminado. El siglo XX fue el Siglo de Oro para el teatro, y eso que empezó difícil. Durante los primeros años aparece el cine y el teatro descubre que hay un competidor enorme. El cine no sólo conquista espectadores sino que impone otro tipo de actuación, una que tiene que ver con el comportamiento natural de la vida, algo que hasta ese momento no existía porque el teatro era bastante codificado. De repente, toda esa cultura del actor que formalizaba su manera de actuar, todo el tema de los papeles fijos, todo eso desaparece, y los actores empiezan a adaptarse a la exigencia del comportamiento del cine. Así empezó el siglo y lógicamente todos pensaron que era algo malo, que el teatro iba a desaparecer. Pero no. Al contrario. El teatro descubre que puede ser un actor de política, una herramienta de conciencia, de espíritu. Y se transforma en un factor, justamente, de transformación, porque transforma a la persona que lo hace como a la que lo ve. Eso es lo que se termina en el siglo XX, por eso se tiene la sensación de que nada está pasando en esta nueva época, de que no hay maestros.
–¿Usted cree eso, que nada está pasando?
–Creo que pasa lo que pasó históricamente. Hay una época de grandes mutaciones y una época que le sigue en la que los artistas son sólo testigos de lo que han vivido y no aportan, sino que transportan todo eso a una nueva generación. Lo único que creo que verdaderamente ha cambiado es la profunda capacidad de transformación que tiene la tecnología, que también modifica al teatro porque se ha vuelto una parte de nuestro cuerpo. Yo eso lo veo, pero como si estuviera dentro de un televisor, de forma mediada. Es una realidad a la que no puedo terminar de entrar.
–Habla del poder de transformación que tuvo el teatro al menos hasta el siglo pasado, pero sin embargo ha dicho, en otra entrevista a este diario, que el teatro no es necesario para la sociedad sino sólo para quienes lo hacen.
–Y lo sigo pensando. Todavía no puedo explicar cómo es que una generación tras otra se acerca al teatro. Pienso que es porque es una manera de socializar todo un caos interno que uno tiene, y también porque es una especie de conocimiento social. No lo digo yo, de todos modos. Los primeros que dijeron que el teatro no era más necesario, tal como pretendían los maestros de principios de siglo, fueron Peter Brook y Jerzy Grotowski, que lo dicen casi al mismo tiempo y sin conocerse, uno en Londres y el otro en Polonia, bajo el orden comunista.  
–Usted fue discípulo de Grotowski, quien postuló la necesidad de un “teatro pobre” que eliminara lo superfluo y se centrara en el actor y su cuerpo, en lo esencial. ¿Piensa que el teatro pobre tiene la misma potencia en países que son de por sí pobres, sin tanta espectacularidad? 
–Voy a decir esto habiendo visto nacer el teatro pobre de la mano de la persona que inventó ese término: para hacer teatro pobre debés ser rico (risas). Grotowski hacia teatro pobre, sí, pero buscaba un espacio vacío y dentro de él mandaba a construir un escenario particular que permitiera ciertas cosas que él buscaba, y que costaban un montón de dinero. Su teatro pobre sólo fue posible dentro de un país socialista que financiaba a la cultura. 
–Bueno, usted alzó el concepto de “Tercer teatro”, que es aquel que no es ni el teatro oficial ni el que lo rodea, que busca imitarlo, y ahora está presentando este trabajo en al menos dos espacios que dependen del Estado. 
–Sí, y es una victoria, porque estamos ocupando esos espacios con nuestro teatro. La semana pasada estuvimos en Uruguay e hicimos espectáculos en pequeños teatritos sucios, que no limpiaban, todo muy tercer teatro. Después nos invitó el Solís y fue un placer. Cuando llegamos pensamos “ahora sí” (risas). 
–¿Tampoco encuentra contradictorio montar el espectáculo en un teatro “alla italiana”, siendo que siempre pugnó por la proximidad con el público?
–¿Porque está alejado el escenario? No. Vayan a ver la obra y después díganme si se puede hacer o no. Como director debés decir que todo es posible. Lo único que hay que ser es eficaz, ganar la batalla, atraer la atención de los espectadores y que al final tengan la sensación de que un extraño animal invisible entró a su cuerpo y se está cazando con otros animales. Esa es la batalla del director.


Para anotar en la agenda
  • Las funciones de Las grandes ciudades bajo la luna se realizarán mañana y el jueves a las 20, el sábado a las 18 y el domingo a las 11 en el Centro Cultural 25 de Mayo (Av. Triunvirato 4444). El viernes a las 20 se presentará en el Banfield Teatro Ensamble (Larrea 350, Lomas de Zamora).
  • Los workshops tendrán lugar el 23, 24 y 25 de marzo en el Centro Cultural Recoleta (Junín 1930).
  • La demostración “Blanca como el jazmín” se verá hoy a las 20 en el Centro Cultural Recoleta.


domingo, marzo 19, 2017

Camilo Torres predica su revolución en Caracas

Camilo Torres baila un tango con la muerte mientras su madre, encerrada en un plano lejano, casi onírico, le reprocha por su decisión de irse al monte. Es una lucha metafórica, un contrapunteo que refleja esa ambivalencia en la que vivió este personaje histórico, este sacerdote que se puso el uniforme de guerrillero, pensando en construir el país que soñaba. Es también una de las imágenes de Camilo, la nueva obra del Teatro La Candelaria, de Bogotá, Colombia, la cual fue estrenada en la temporada 2016 y que será exhibida en Caracas durante el venidero Festival de Teatro, que organiza Fundarte, bajo la coordinación de Freddy Ñáñez.
El  bogotano diario El tiempo publicó que bajo la dirección de Patricia Ariza, el grupo del maestro Santiago García creó un montaje difícil de clasificar, que se aproxima a los terrenos del performance y del teatro experimental, que coquetea con los movimientos de la danza contemporánea y además hace un énfasis especial en la construcción musical.
No es una reconstrucción biográfica de la vida de Torres Restrepo, que murió el 15 de febrero de 1966 en su primer combate en el monte, luego de integrarse a las filas de ELN. “Nos parece que es un lenguaje muy contemporáneo –asegura Ariza–. Nosotros no estamos para contar una historia de comienzo a fin, eso lo pueden hacer mejor la literatura u otros géneros, entonces es más como mostrar las facetas, lo que suscitan los momentos de ese personaje, sus pensamientos, etcétera”. Pareciera que el personaje se desdoblara en diferentes dimensiones, ya que los 13 protagonistas encarnan diferentes versiones del sacerdote y pese a su tono abstracto, la historia tiene lugar para frases llenas de poesía (“Si es que no hay nada que lo salve de la muerte, al menos que el amor lo salve de la vida”).“Es una mirada del grupo, de las diferentes voces, también a partir de las mujeres, que es una propuesta de Patricia que me parece muy interesante, que todos seamos Camilo, que nosotras las mujeres podamos también representarlo y buscarle ese lado femenino, todos esos temores que él pudo haber tenido en sus momentos más difíciles y decisorios”, cuenta Nohra González, una de las protagonistas.
Más allá de las figuras metafóricas que surgen en la historia, como la muerte con máscara de calavera que ronda constantemente a Camilo, la puesta en escena hace énfasis en los principales conflictos de Torres, como la relación con su madre y su desacuerdo con la forma en la que la Iglesia trataba los problemas sociales del país, algo que finalmente lo llevó a formar el Frente Unido del Pueblo y a entrar al ELN. “Él era un cristiano y nunca dejó de serlo, y de todas maneras el hecho de violentar una creencia debe ser algo muy doloroso. Creo que él vivió eso, es parte de los Camilos que él mismo era”, reflexiona César ‘Coco’ Badillo, uno de los actores.
Al igual que en otros montajes clásicos de La Candelaria, como Guadalupe años sin cuenta, la música tiene un papel privilegiado. Nicolás Uribe y Luis Hernando ‘Poli’ Forero, quien también participó en la creación de la banda sonora de Guadalupe..., compusieron la música de Camilo. Es una partitura que está dividida en temas llenos de ritmos folclóricos colombianos, como los cantos de vaquería y las guabinas –compuestos por Forero–; además de varios tangos y la música que acompaña las coreografías –creados por Uribe–. “Una obra sobre Camilo Torres y sobre la Iglesia necesariamente es muy musical por todo lo que es la historia de la música alrededor de la cristiandad. Fue un proceso que iba muy de la mano de la creación de las imágenes”, dice Forero.
La influencia en el grupo
Patricia Ariza cuenta que conoció a Camilo en una fiesta en la Universidad Nacional, en la que casi se agarra a golpes con alguien que se burló de él porque era un cura. Francisco Martínez, uno de los fundadores de La Candelaria, recuerda que se lo presentaron en la época en la que organizó una marcha pacífica con sus estudiantes.La influencia de Torres en los integrantes del grupo fue uno de los motores que los llevó a crear esta pieza, además de haber sido un personaje representativo de la historia colombiana. “En primer lugar, fue un científico social, fundador de la sociología en Colombia, un hombre de una gran sensibilidad, pero que no pudo ejercer su apostolado como quería porque se le fueron cerrando todos los caminos. Nos parece que a través de este hombre, de este personaje tan lleno de contradicciones, se puede hablar de la paz en Colombia”, comenta Ariza.
Esta es la primera producción que todos los integrantes del grupo enfrentan sin la presencia de Santiago García, que se fue alejando de la dirección por su avanzada edad (89 años). Antes, La Candelaria estrenó las obras Si el río hablara, Soma Mnemosine y Cuerpos gloriosos, en las que los actores se dividieron en tres grupos.Pero los artistas enfatizan en que todas las enseñanzas del prestigioso director están reflejadas en Camilo. “El maestro sí participa porque de alguna manera mucho de lo que nosotros hacemos tiene que ver con todo su trabajo, con sus aportes a la creación colectiva. Santiago está aquí, siempre”, dice Ariza mientras se señala el corazón. “Es nuestro maestro”.
Nueva sangre
Además de los actores históricos del grupo, como Francisco Martínez, Fernando Mendoza, Luis Hernando Forero, Nohra González, Alexandra Escobar, Adelaida Otálora, Carmiña Martínez y César Badillo, en ‘Camilo’ debutan cuatro jóvenes intérpretes: Diego Vargas, Camilo Amórtegui, Edith Laverde y Erika Guzmán. “Están probándose, empezando el proceso de estar dentro del grupo. Es muy importante que haya la posibilidad de mantener la tradición y también de renovar”, dice Badillo.


Zamora pasó por aquí

Aníbal Grunn otra vez combate por la cultura venezolana, desde Guanare.
Actor, director y dramaturgo son algunas de la facetas del artista Aníbal Grunn, quien ahora aparece como autor del libreto Zamora pasó por aquí, el cual será hecho espectáculo teatral por Carlos Arroyo y exhibido desde el 30 de marzo en Barinas y después ira a Cojedes, Falcón, Los Teques y llegará hasta Caracas, como una producción de la Compañía Nacional de Teatro, que comanda Alfredo Caldera.
Grunn, cuyo verdadero apellido es García, desde Guanare, explica que como hombre de teatro ha desarrollado en “estos más de 50 de vida artística varios roles: actor, director, profesor, escritor… en todos y en cada uno de ellos siempre me siento cómodo. No puedo escoger ninguno en especial. En cada uno aplico el mismo rigor, la misma disciplina, las mismas ganas y la misma fuerza. Creo que un verdadero artista no debe limitarse a desempeñar un solo papel en esta vida, uno debe exigirse más, proponerse más, realizar más y en diferentes acciones. El placer, la auténtica satisfacción, llega cuando puedes cumplir con tus metas. Cuando vences tus propios desafíos”.
 ¿Qué pasa con ese nuevo texto sobre Ezequiel Zamora? 
Zamora, como tantos personajes de la historia latinoamericana, es tratado bien o mal, dependiendo del gobierno de turno. Y como tantos héroes que lucharon por una Independencia, una Libertad y unas reivindicaciones sociales, humanas y políticas, muere violentamente y desaparece para la Historia, dejando una huella imborrable, en la gente del pueblo. De ese pueblo que defendió. Su vida, desde hace mucho tiempo me resultó muy atractiva. Tuvo demasiados detractores e incluso en nuestro mundo contemporáneo se lo intentó borrar o disminuir en su lucha. Pero, como dice Fernando de Rojas en su inmortal obra La Celestina: Cada uno habla de la feria, según le va en ella. Es importante contar la historia de este hombre, un hombre que en solo 11 meses se transforma en un verdadero héroe nacional. Porque, si bien el Valiente Ciudadano había comenzado desde muy joven, una lucha por las reivindicaciones sociales en Cúa, su tierra natal, es recién, en febrero de 1859, cuando regresa del exilio en Curazao, que se pone al frente de la Guerra Federal. Y 11 meses después, el 10 de enero de 1860, muere traicionado por una bala que, aunque la historia lo niegue, tiene nombre y apellido, y viene signada por las ansias del poder. Zamora es traicionado y enterrado en el mismo sitio donde muere. Muchos años después, sus restos son trasladados al Panteón Nacional, pero dice la leyenda que esos no son los verdaderos. Que su cuerpo reposa en el estado Miranda. Para poder escribir esta cantata, titulada: Zamora pasó por aquí, (un guiño sutil al libro de José León Tapia: Por aquí pasó Zamora). Tuve que leer más de una docena de libros, investigar, asesorarme y tratar de ser lo más objetivo posible. No es fácil lograr esto, ya que uno también es humano, tiene sus ideas y sus propios pensamientos. Pero entendiendo que el público es quien debe escuchar y juzgar los hechos, intenté contar parte de la vida de ese extraordinario hombre, haciendo énfasis fundamental en el momento de su muerte, la cual es contada en varios momentos y desde que se fragua la traición. Me tocó además, cosa que poco he hecho, escribir la letra de varias canciones, eso me llena de satisfacción, porque me confirma que cuando uno quiere, puede.
¿También lo actúa, y quienes lo hacen o interpretan?
Esta es una producción de la Compañía Nacional de Teatro, con parte de su elenco estable, ese de donde salió el actual elenco de El pez que fuma, La dirección es de Carlos Arroyo, quien me indujo realmente a escribir el texto. En esta oportunidad, no actúo, solo escribo y podré disfrutarlo el día de su estreno. Es muy interesante cuando oyes lo que has escrito y lo ves montado o dirigido por otra gente.
¿Cuántas obras has escrito o versionado en Venezuela y cuál ha sido la más satisfactoria?

Entre tantas cosas que he hecho en esta larga vida, y voy rumbo hacia los 70, eso espero, debo confesar que me produce mucho placer escribir. Pero mucho más cuando versiono y sobre todo, cuando cambio de género. Es decir, si tomo la narrativa y la llevo al lenguaje teatral, eso me encanta. Recuerdo con mucha precisión que eso fue lo primero que hice, siendo muy joven, no tendría más de 15 años, cuando llegó a mis manos una novela romántica, sobre la tiranía de Rosas y la historia argentina y me apasionó de tal manera, que yo, que aún estaba empezando en el teatro, me propuse versionarla y lo logré. El recuerdo es que era muy compleja, con más de 30 personajes, pero como ejercicio me sirvió muchísimo. Desde ese momento hasta hoy no he dejado de hacerlo. Del mismo modo que escribo textos originales o hago adaptaciones de otras obras teatrales a nuestra geografía, a nuestro entorno o a nuestra época. Son muchas las obras adaptadas, versionadas y originales que tengo. Algunas montadas ya, otras en proceso, en fin, la dramaturgia me gusta y es uno de mis fuertes. Quizá la más rica experiencia la tuve con Mi planta de naranja lima, sobre la novela de José Mauro de Vasconcelos, que estrenáramos en el año de 1997, con la Compañía Regional de Teatro de Portuguesa. Y que por cierto en julio de este año se estará montando en Buenos Aires, bajo la dirección de Jesús Gómez.  Versionar Mi planta… fue una solicitud que me hizo Carlos Giménez, quien no pudo verla por las razones que todos conocemos. Para Rajatabla también escribí mucho: El coronel no tiene quien le escriba, Peer Gynt y Fuenteovejuna, entre otras. Una de mis grandes experiencias fue escribir La tregua, de Mario Benedetti. Una novela que es un diario, la transformé en una obra con más de nueve personajes. Y ahora, Carlos Arroyo está dirigiendo una versión de mi versión, también hecha por mí, solo para dos personajes. Es decir ya me versiono a mí mismo. Tengo textos para adultos, comedias, infantiles, en fin, todo lo que pase por el teclado de mi computadora es bienvenido. Yo estoy escribiendo todo el tiempo, no paro, soy una maquinita y eso a mis 69 años -tenía un poco más de 30 cuando me vine desde Argentina- me mantiene con mucha energía y vitalidad.

jueves, marzo 16, 2017

El cuerpo dócil de la cultura con Chávez

Manuel Silva-Ferrer decidió adentrarse en los cambios ocurridos en la cultura venezolana  durante la era de Hugo Chávez, en su reciente publicación El cuerpo dócil de la cultura, que será presentado este sábado a las 7:00 pm, en la Feria Internacional del Libro del Caribe (Filcar) de Margarita, por la editorial de la UCAB
Su trabajo constituye la primera gran panorámica sobre la cultura en Venezuela a comienzos del siglo XXI, tras el ascenso al poder de Chávez y su denominada “revolución bolivariana". Aborda temas fundamentales como la problemática expansión del sistema educativo, la transformación de las instituciones de las artes y el campo intelectual, los radicales cambios en el espacio de la comunicación masiva, y el fenómeno de la emigración.
Para Fernando Rodríguez, profesor de la Universidad Central de Venezuela y autor del prólogo del libro, “se trata de una obra necesaria para toda bibliografía futura que trate de auscultar las neuronas de los venezolanos de esta era”.
El cuerpo dócil de la cultura es un agudo análisis que coloca en perspectiva global la evolución de la cultura venezolana en los últimos tres lustros, para observar cómo ésta ha sido modificada no sólo por los cambios inducidos por la expansión y sucesivo declive del estado petrolero, o los intensos conflictos políticos locales, sino también por las transformaciones que a la sociedad y la cultura ha impuesto la fase actual de la globalización tecnológica.
“He pretendido en primera instancia observar las transformaciones institucionales, aquello que ocurre en el marco de las estructuras de producción masiva y organizada de la cultura, pero siempre intentado desplazar el eje de observación hacia los sujetos, intermediarios de los procesos de la cultura y la comunicación”, explica Silva-Ferrer en la introducción del libro.
La ambición temática de la investigación abarca la polarización en todas las áreas de la cultura y sus principales instituciones, como reflejo de un intenso enfrentamiento de modelos ideológicos en el campo social. Describe también el desplazamiento de los medios privados más importantes y la inédita expansión del aparato comunicacional del Estado, bajo el control férreo del gobierno. Un periodo marcado por el asedio a la disidencia intelectual que decide quedarse en el país.
El análisis de Silva-Ferrer es muy penetrante porque logra enfatizar, no solo el contexto y los antecedentes de nuestra cultura, sino la novedad relativa de esos cambios.  “Hasta un determinado momento del chavismo mismo, los medios de comunicación radioeléctricos están en manos privadas en su casi totalidad, y vinculados indirecta y muy poco constructivamente al Estado. Ahora paulatinamente ese espacio va a ser ocupado casi hegemónicamente por el gobierno revolucionario, bien por censura, bien por adquisición de dudosa transparencia (lo que alcanza a la gran prensa), bien por la creación de un extenso y materialmente poderoso emporio estatal”, afirma Rodríguez en el prólogo.
El cuerpo dócil de la cultura establece una lectura a profundidad sobre la imposición de esta nueva dinámica política en el país. Una serie de transformaciones culturales que comenzaron con la llegada al poder de Chávez en 1999, que se desplegaron a lo largo de dos fases claramente diferenciadas: antes y después del golpe de abril de 2002.
“En una frase estupenda Manuel dice: En el fondo nada ha cambiado y, sin embargo, es todo tan distinto. Mejor no se puede resumir lo que he pretendido decir sobre este libro que puede tejer una síntesis muy verosímil de esos momentos de alza y descenso del maná petrolero y sus ilusiones culturales modernizadoras, que lo sitúa como una variante fuerte dentro del continuo de sus ancestros militares bananeros, del impedimento o caída de las posibilidades democráticas, y los indudables cambios que han transformado y devastado la vida espiritual nacional. Sus continuidades y sus nuevas fachadas”, sentencia Rodríguez al final del prólogo.
En la actualidad, Manuel Silva-Ferrer es investigador asociado al Lateinamerika-Institut de la Freie Universität Berlin, una de las once instituciones que conforman la German Excellence Initiative. Allí desarrolla un proyecto titulado “Los Paisajes del petróleo: globalización, cultura y sociedad en torno al enclave petrolero en América Latina y el Caribe”.
Es autor de los volúmenes El cuerpo dócil de la cultura: poder, cultura y comunicación en la Venezuela de Chávez. Iberoamericana/Vervuert (2014) y Elogio del Icono. (ed.) Cinemateca Nacional de Venezuela (2001). Silva-Ferrer ha participado en numerosos encuentros y conferencias internacionales, y sus textos han aparecido en varios medios y revistas académicas. Es blogger del Hispanic American Historical Review (Duke University Press).
El cuerpo dócil de la cultura: poder, cultura y comunicación en la Venezuela de Chávez llegará a las principales librerías del país en abril.



Carcel y burdel en "El pez que fuma" 2017

La obra sigue en temporada en el teatro Nacional, sábados y domingos, a las 5PM
La Compañía Nacional de Teatro (CNT), liderizada por Alfredo Caldera, tomó los espacios teatrales que ordenó construir el presidente general Cipriano Castro, el 11 de junio de 1905,  en la caraqueña esquina de Cipreses, para mostrar la conmovedora versión escénica que Ibrahim Guerra logró del texto El pez que fuma, del emblemático cineasta, dramaturgo y director, Román Chalbaud, la cual podrá ser disfrutada por el público durante las funciones de las 5:00 de la tarde, los sabados y los domingos, hasta mediados del venidero mes de abril, en el teatro Nacional.
MONTAJE 2017
De esta manera, ha comenzado el proceso de relanzamiento de la institución fundada por el Gobierno Nacional en el 22 de mayo de 1982, después de haberla exhibido tres veces en el Teatro Teresa Carreño y dos en el Teatro de la Opera de Maracay, hasta tenerla  a punto para el público caraqueño, con el susodicho montaje de El pez que fuma, cuyo director Guerra no se quedó con el texto original que Román Chalbaud estrenó en octubre de 1968,y el cual ya había sido representado en cinco producciones anteriores, sino que lo versionó para su nueva materialización escénica, conservando personajes y recreando además incluso situaciones y acciones complementarias, hasta concretar así una puesta en escena espectacular que acentúa una visión humanística conflictiva para una Venezuela que, innegablemente, ha evolucionado durante los últimos 50 años y busca desesperadamente un mejor destino. Nada frívola es esta pieza cuyos personajes representan a prostitutas, borrachos, chulos y delincuentes presos, además de unos falsos bachaqueros que son verdaderamente policías y un modesto profesor de primaria.
Pero, y hacemos énfasis en esto, el director Guerra propuso y logró, gracias al artista Armando Zullo, un dispositivo escenográfico que combina la cárcel y el burdel donde se desarrolla el montaje.  A la usanza del gran director Carlos Gimenez (Rosario, Argentina, 1946-Caracas, 1993), hizo construir una estructura escénica de tres pisos –hierro y madera -que combina los dos atmósferas y los dos espacios donde se gestan y se desencadenan, durante 120 minutos, las patéticas acciones de este trepidante melodrama, al tiempo que involucra a los espectadores gracias al efecto visual de una monumental puerta, que reproduce una gran rockola.
 El director Guerra, creador del hiperrealismo teatral venezolano con su histórico montaje de A 2,50 la cubalibre (1982), ahora “mete conceptualmente” a la platea y los dos palcos  en esa monumental caja rectangular de la cárcel y el burdel, de 10 por 11 metros, y lo hace participar a nivel conceptual y sensorial en todo lo que ahí pasa, incluso en las fantasías orgias que se “realizan”, con una cortina musical de tangos, rancheras y boleros como Uno, Hasta el último trago, Preso, El día de mi suerte y  En el juego de la vida, interpretados por  José Alfredo Jiménez, Daniel Santos y Hector Lavoe, entre otros. Un montaje, pues, que estremece a la audiencia porque es visual, auditivo y sensorial, además de erótico, innegablemente. Un espectáculo que va más allá de una comedia criolla o de un sainete estructuralmente, un show teatral con observaciones sociológicas profundas.
La pieza termina con el reemplazo de gerentes y dueños, el nuevo amante, sobreviviente, se desposa con una meretriz que está preñada y parirá pronto, para proseguir así con los servicios de El pez que fuma.
CUENTO Y ACTORES
 La saga de El pez que fuma, que transcurre principalmente   en la tarde-noche caraqueña del 10 de octubre del año 1968, y días siguientes es, pues, un próspero bar de copas y prostíbulo, administrado por La Garza, quien confía en su amante de turno, Dimas, para que deposite las ganancias en el banco; pero este es un dilapidador del dinero ajeno y además la engaña con otras meretrices, como La colombiana del burdel “El canario”. Desde la cárcel, Tobías, ex amante de La Garza, conspira, y le manda un “Judas” (Juan), quien se encarga de emponzoñar todo y enamorar a la patrona del burdel. Dimas no se deja sustituir tan fácilmente y mata, sin querer, a la codiciada damisela; termina en la cárcel y deberá resolver su conflicto con Tobías. Pero el argumento es más denso, pues Chalbaud presenta a un exótico personaje, especie de astrónomo aficionado, quien sueña, junto con su compinche, Ganzúa, un discapacitado, en viajar a los espacios siderales, para lo cual se han inscrito en una cofradía.  Son, los únicos personajes puros, por así decirlo, quienes anhelan conocer otros países y otros mundos, menos caóticos, más allá del burdel. Una esperanza en lontananza sideral.
Los encargados de darle vida a esta importante obra son Francis Rueda, quien interpreta el personaje principal de  La garza  (la dueña del local), El Profesor (Luis Domingo  Gonzalez), Tobias (Ludwig Pineda), Dimas (Jesús Hernández), Robin (Arturo Santoyo), Juan (Francico Aguana), Marlene (Maria Alejandra Tellis), Ganzúa (Citlalli Godoy), Batman (Keudy López), Bagre (Andy Pérez), Jacinto (Jean Manuel Pérez), Selva María (Marcela Lunar),  Muñeco (Ángel Pelay) y la argentina (Aura Rivas), además de un coro de no menos de 20 actores y actrices.
Hay que subrayar que salvo algunos actores ya veteranos en las lides teatrales, el resto del elenco lo integran una valiosa nueva generación, gente que en los próximos   años deberán hacer el mejor teatro venezolano posible porque están adiestrados y además recibirán instrucción especial. Debemos resaltar, entre veteranos y nuevos, a  Francis  como esa Doña Bárbara que es La Garza, Luis Domingo,  Ludwig  y  Aura Rivas como la sufrida hetaira apodada La argentina, y los jóvenes Arturo, Francisco  (ojo con este gran prospecto actoral),   Maria Alejandra , Citlalli,  Keudy, Andy (un pivote del montaje), Jean Manuel recreando al amadamado pianista,  Marcela (quien se queda con Juan, el nuevo chulo del burdel)  y  Ángel (uno los clientes de aquel lupanar).  Es una muestra de que el teatro nacional sí tiene futuro y artistas en formación.
OBSERVACIONES
Chalbaud  escribió sobre personajes que habitan o visitan un burdel, en este caso El pez que fuma, porque  son sitios donde se drenan pasiones y se tratan de conseguir por horas ese amor que se sale no solo por la boca. “Hay muchos sueños o anhelos que ahí se forjan o que naufragan. El poder y el amor son las dos grandes pasiones de los seres humanos y eso ahí está muy bien marcado o definido. El teatro es un espectáculo y los venezolanos son muy inteligentes y agarran todo lo que unos les dice y lo reitero yo que tengo más de medio siglo en estos avatares del teatro y el cine, además de la televisión”.
Por supuesto que debemos resaltar que en la versión de Guerra  se amplía la crítica del espectáculo  a la situación de la mujer en el amor, en las relaciones familiares  y en la prostitución por necesidad, al tiempo que cuestiona la conducta de un maestro de  escuela,    que fallece en una cama del prostíbulo durante una noche loca, precipitando el epilogo de esa fiesta lúdica y erótica que es la pieza de principio a fin, especie de mini carnaval que se desarrolla dentro un espacio que a su vez funge de cárcel.
 El público puede disfrutar de los personajes y sus acciones lúdicas y cargadas de erotismo, una característica de esta producción, pero además puede ir más allá y buscarle significados a los personajes, como   la dueña-gente del burdel, quien, como dice el director Guerra, “es mujer de sino trágico, que sucumbe a sus propios deseos y a sus pasiones. Vista así, sí podría decirse que es en sí misma un contexto de lujuria, de mando, y, a la vez, que de entrega, de posesión. Regenta, ordena, y a la vez la vencen sus pasiones. Siente pena, pero puede ser dura, severa. Frágil en su piedad, resulta trágica, porque sabe que tiene una finalidad mortal que delimita su existencia”. Símbolo de un país donde las mujeres llevan el control de los hogares y asume el rol de los hombres cuando estos escapan o se hacen al lado y se asumen como inquilinos de sus propios hogares.
La obra demarca un contexto histórico y social, pero no   recrea la historia patria. Se desarrolla dentro de su propia circunstancia argumental. Ese espacio-tiempo es dentro de una Venezuela resplandeciente por el brillo petrolero, que vive la abundancia, la riqueza y el derroche. Hay muchísimas señales en la pieza, de que pudiera pensarse que se trata de una recreación firme de una situación país. En el tráfico de influencias, en el ejercicio del poder a través del sexo, de las relaciones y tratos sobre colchones desvencijados y manchados de sangre seca. Todas podrían identificar a una Venezuela que luce corrompida, sin historia. En este sentido, si se puede decir que la obra marca un momento histórico y advierte que algo puede pasar en algún momento o ya está pasando, como comenta el versionista y director Ibrahim Guerra.


miércoles, marzo 15, 2017

Teatro griego en la CNT

Costa Palamides y el actor Ludwig Pineda de la CNT
Troyanas nuestras es la novedosa y trasgresora propuesta del director, autor y actor Costa Palamides para el segundo montaje de la Compañía Nacional de Teatro (CNT) con su elenco estable 2017, después de su exitoso espectáculo El pez que fuma de Román Chalbaud, en versión escénica de Ibrahim Guerra. Se trata, pues, de una adaptación dramatúrgica de cuatro piezas fundamentales del teatro trágico griego, a saber, Troyanas y Hécuba de Eurípides, Agamenón de Esquilo y Electra de Sófocles.
Costa Palamides apunta que la metáfora de Troyanas nuestras con esas mujeres conquistadas, esclavizadas, desplazadas, martirizadas y explotadas en tierra extranjera, calza sin duda alguna, en una visión “nuestramericana” que contará con fragmentos de grandes dramaturgos latinoamericanos, como Florencio Sánchez, Virgilio Piñera, Marco Antonio de la Parra, Arístides Vargas y Nelson Rodrigues, quienes redimensionaron el mito griego como también la palabra de grandes poetas de nuestro continente que se extiende desde Nehualcoyotl (México) hasta Cintio Vitier (Cuba) pasando por Sor Juana Inés de la Cruz (México), Pablo Neruda (Chile), Aimé Cesaire (Martinica), Ramón Palomares (Venezuela), José Manuel Roca (Colombia), Pedro Mir (República Dominicana) y Otto René Castillo (Guatemala), todos musicalizados por su hermano  el compositor Pantelis Palamides.
Hay a que recordar que Costa Palamides además es docente y Maestro Honorario de la Universidad Nacional Experimental de las Artes (Unearte) en las cátedras vinculadas a la actuación y dirección, como también es Magister Scientiarium en Teatro Latinoamericano por la Universidad Central de Venezuela y desde el 2016 imparte también varias cátedras escénicas en la Escuela de Artes de la misma UCV.
Cabe apuntar que Costa y Pantelis Palamides fueron parte del equipo fundador de la Compañía Nacional de Teatro en 1985, al igual que las dos primeras actrices actuales de la CNT, Aura Rivas y Francis Rueda.  Los hermanos Palamides son directores artísticos y fundadores del Teatro de Repertorio Latinoamericano Teatrela y del Colectivo de Canto Popular AEDOS, agrupaciones con más de 30 años de labor teatral y musical en nuestro país.  Esta labor conjunta se enlaza con la procedencia genética griega de ambos y trasciende las fronteras geográficas.
También es importante subrayar que es la primera vez que la CNT encara la tragedia griega antigua, génesis del teatro, y lo hará a través de una tetralogía que aspira trascender a las limitaciones del tiempo y el espacio. En este esfuerzo creativo Costa y Pantelis Palamides estarán acompañados por un pentagrama compuesto por Carmen Ortiz (coreografía), Lina Olmos (vestuario), Julia Carolina Ojeda (montaje vocal), Oscar Salomón (elementos escenográficos) e iluminación (Gerónimo Reyes). 
Costa Palamides agradece también la consejería dramatúrgica de Elio Palencia, quien, como se sabe, es el autor de Donde caerme viva (Premio Isaac Chocrón 2016), la pieza de Teatrela que estará en la cartelera caraqueña a partir del 29 de marzo y hasta el 9 de abril en la Sala Horacio Peterson de Unearte en funciones de miércoles a domingos. Donde caerme viva también se presentará en la Sala Experimental del BOD del 21 de abril al 14 de mayo en funciones de viernes a domingo a las 7.00 p.m.
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martes, marzo 14, 2017

Diario de amor de Rodolfo Santana y Camille Carrión

La boda en San Juan ,años 70.
 Rodolfo Santana gustó, amó y fue amado por las mujeres como muy pocos varones de su generación lo consiguieron, desde su madre Aura Salas, que le hacía las muñecas de trapo para sus piezas teatrales, hasta Valentina Quintero que le descubrió Venezuela, pasando por Gladys Rodríguez, su primera esposa y madre de Roberto, y Camille Carrión que fue su musa. Lo recordamos ahora porque en San Juan de Puerto Rico alistan la publicación de la que sería su última obra, una especial compilación de cartas de amor.
Diario de amor/Cartas de amor de Rodolfo Santana con comentarios de Camille Carrión, es, pues, una publicación, de unas 300 páginas que reúne no menos de 200 misivas y fotos del dramaturgo (Caracas; 25 de octubre de 1944/Guarenas, 21 de octubre de 2012), que su musa boricua ha querido hacer conocer.
Cuenta que se llama Camille Carrión. “Soy puertorriqueña, madre, actriz, productora de teatro y televisión e instructora de meditación, ayurveda y yoga. He tenido una vida privilegiada. Tuve dos padres que me adoraron y me apoyaron siempre y una familia que me ha rodeado de amor. Mi hija es la hija que toda madre desearía tener y nuestra especial relación es lo más importante y preciado que tengo en mi vida. En mi trabajo he tenido grandes éxitos y he tenido la dicha de poder ganarme bien la vida haciendo lo que más me apasiona. Y como si todo
esto fuera poco, he sido amada intensamente por hombres maravillosos”.
“Han sido cuatro las relaciones importantes en mi vida. Tres de ellas culminaron en matrimonio. Mi primer esposo fue Gabriel Suau, español, padre de mi hija Paloma y gran ser humano al que siempre querré y estaré agradecida… sobretodo porque me dio lo que más valoro en este mundo. Mi segundo marido fue Rodolfo Santana, dramaturgo y escritor venezolano. El tercero fue Glenn Monroig, puertorriqueño, cantante y compositor talentosísimo con quien viví durante 22 años, 12 de ellos casados. Mi última pareja fue José Gilberto Molinari (Moli), reconocido publicista y director de teatro. Nuestra relación surgió de la amistad y de un antiguo noviazgo. Aunque a punto de casarnos nunca lo hicimos. Gracias a Dios he podido transmutar el amor y la pasión que sentí hacia todas estas personas tan importantes en mi vida por un cariño entrañable que les tendré hasta el fin de mis días”.
“Mi segundo marido, Rodolfo y yo nos conocimos bajo unas circunstancias difíciles. Él vivía en Venezuela y no tenía mucho dinero y yo estaba recién divorciada, sola, con una hija de 2 años residiendo en Nueva York. Nos enamoramos perdidamente en esa ciudad y durante los siguientes 18 meses
tuvimos que mantener ese amor vivo mediante cartas, llamadas y visitas esporádicas”.
“Es preciso recordar que para esa época (1974) no existía el internet, ni Skype, ni email. Las llamadas telefónicas internacionales eran carísimas y para lograr comunicación con un país extranjero había que llamar a la operadora, dar el número que querías conseguir, y luego sentarte a esperar a que te llamara de vuelta y te comunicara si es que estaba la persona… Si no estaba, no había manera de que supiera que habías llamado… no existían aún las máquinas para dejar mensajes en el teléfono”.
“Así que las cartas eran nuestra forma principal de comunicación. Tratábamos de escribirnos todos los días… a mano o a máquina. Y cuando digo máquina, digo máquina de escribir. No existían las computadoras ni las impresoras caseras. Si querías hacer copia de algo usabas papel carbón. Si te equivocabas, hacías una tachadura y seguías, porque si no, había que volver a empezar”.
“Confieso que recuerdo esos tiempos con nostalgia. Poder comunicarse instantáneamente con cualquier persona, no importa dónde esté y hasta poder verla mientras le hablamos es algo maravilloso y milagroso que nos ha traído este nuevo siglo, pero la ilusión y la esperanza que sentía al abrir el buzón todos los días, la decepción si estaba vacío o la enorme alegría al encontrar en él la carta (o cartas) que esperábamos, le daba a la vida una intensidad que no compara con una llamada en Facetime”.
“Siempre guardé sus cartas. Primero, porque como era escritor me parecía históricamente importante conservarlas, pero sobre todo por lo hermosas que eran. Las conservé casi todas y al finalizar la relación las puse (cerca de 200) en una caja de zapatos que almacené en un armario y olvidé. Nuevos amores, mudanzas muchas, y cada vez, la caja se trasladaba de un lado a otro sin que las cartas se releyeran. Con los años pasaron a estar agarradas por una banda de goma para poder acomodarlas mejor entre los álbumes de fotos y los recuerdos que se iban acumulando en cajas y gavetas. Pero nunca se me ocurrió releerlas”.
“Y ya ni me acordaba que las tenía. Hacía tiempo que no las veía y en mi última mudanza no recuerdo haberlas empacado. Un día recibí una llamada de mi prima Cecilia para decirme que entre una serie de cajas con libros de mi madre que yo le había enviado había encontrado una caja mía llena de fotos y recuerdos.  Como estaba segura me interesaría recuperarlas y me la había enviado por correo”.
“Llegó la caja y la abrí con mucha curiosidad. Gracias a Dios no se perdió. Tenía todos los recortes de cuando protagonicé “Sonrisas y lágrimas” (Sound of Music) en España y Puerto Rico, muchas fotos importantes y… las cartas de Rodolfo”.
“Por curiosidad escogí una al, azar para leerla y recordar aquellos tiempos y…entonces agarré otra y otra y otra… no podía parar de leer. De repente a mis 70 años alguien me estaba enamorando de nuevo. Leí sus cartas y me volví a sentir joven e ilusionada. ¡Recordé tantas cosas! ¡Reviví tantas sensaciones!”
“Y me di cuenta que estas cartas tienen un gran valor. No solo para mí sino para el mundo literario. Rodolfo fue un escritor reconocido no solamente en Venezuela sino en muchos países donde montaron sus obras y publicaron sus libros. Obtuvo una gran cantidad de premios por sus trabajos. El teatro de Rodolfo por lo general consistía de obras serias, profundas, oscuras, de contenido social y político. Pero este Rodolfo de mis cartas de amor solamente lo conocía yo… Este Rodolfo romántico, ilusionado, apasionado, supersticioso, con un gran sentido del humor y una imaginación sin límites, era desconocido”.
“Y comencé a considerar la posibilidad de publicar sus cartas. Fue una decisión difícil. Sobre todo, porque equivalía poner a la vista pública una serie de intimidades que por lo general se mantienen privadas. El sexo jugó una parte muy importante en nuestra relación y de repente publicar todo lo que pasó entre nosotros me llenaba de pudor”.
“Consideré omitir los segmentos sexuales más fuertes, pero eso hubiera truncado la parte más importante de nuestra relación y sus cartas habrían quedado a medias. No podía hacerle eso. O las publicaba como estaban o las guardaba nuevamente y mi Rodolfo enamorado quedaría escondido para siempre”.
“Decidí preparar el libro y entregárselo a algunas amistades queridas que respeto por sus conocimientos literarios a ver qué opinaban acerca, no solamente del contenido sexual, sino también de lo interesantes que le pudieran resultar estas cartas a alguien que no tuviera un interés personal en el romance. Por necesidad las cartas tienden a ser un poco repetitivas, aunque él hacía lo indecible por mantenerme interesada creando personajes y tejiendo sus “mil y una noches” a mí alrededor. Todas las personas que leyeron el libro estuvieron de acuerdo en que lo debía publicar y me dieron una gran cantidad de consejos y ayuda. A todos les estoy muy agradecida por el tiempo y el amorque le dedicaron”.
Y aquí están. Tal y como él las escribió. Estas cartas que me han vuelto a enamorar.  Que me han hecho sentir que nuevamente tengo 29 años y alguien me ama y me desea de esa manera. Y pienso en las vueltas que da la vida. ¿Por qué las releí ahora? ¿Por qué no hace diez o quince años cuando él estaba aún vivo?  Tal vez, si hubiera releído sus cartas entonces, me hubiera vuelto a enamorar como lo he hecho ahora; quizás nos hubiéramos amado nuevamente y ¿quién sabe? posiblemente mis cuidos y el amor hubieran evitado que falleciera…”
“Pero fue ahora. A mis 70 años. Este regalo lo he recibido ahora y lo comparto con ustedes. A las mujeres les sugiero que se imaginen en mi lugar y que vivan vicariamente lo que sentía yo al leer sus palabras tan llenas de pasión… Son las palabras que toda mujer desea que le diga su enamorado. A mí me las dijeron y es ahora que verdaderamente las sé apreciar. A los hombres les sugiero que las lean y aprendan cómo hablarle a una mujer para volverla loca de amor y pasión. Cómo compartir todo lo que sienten en vez de encerrarse en un “no me ocurre nada” o en un “tú sabes ya lo que siento… no tengo por qué decírtelo a cada momento”.
“Tuve grandes problemas. Primero el de su letra, que es muy difícil de entender, y luego el hecho de que nunca fechó sus cartas. He tenido que reconstruir todo lo que sucedió y como no tengo buena memoria no ha sido tarea fácil”.
“La historia es él quien la cuenta él, a través de sus cartas. Solo me inserto en letra oscura para clarificar un poco lo que estaba sucediendo, ya que las cartas mías, aunque sé que él las guardaba, no creo que aún existan”.


Yepeto enseña la amistad y el amor en Guanare

Una obra argentina para los habitantes de Guanare.
Siempre lo escribo y lo publico además: el teatro venezolano no es únicamente el que se hace en Caracas, también en el interior de esta república petrolera, en su veintena de provincias, hay más artistas que trabajan y exhiben lo que crean, además  con calidad. Sucede que no siempre llega esa necesaria información y aquí, en esta capital,  se les desconoce o se les ignora, pero ahora lo publico y reitero con agrado  porque con el estreno de la obra Yepeto, del escritor Roberto Cossa, la Compañía Regional de Teatro y el Teatro Estable de Portuguesa dan inicio a su temporada 2017, en Guanare.
Yepeto del dramaturgo argentino Roberto Cossa (el mismo autor de La Nonna, Gris de ausencia, Nuestro fin de semana, entre otras) fue estrenada en el año 1987 en Buenos Aires. Desde entonces hasta la fecha se ha exhibido en muchísimos países de habla hispana (Chile, Perú, Uruguay, Colombia, México, Ecuador, España y Venezuela, entre otros) Narra la historia de un profesor de literatura, que mientras escribe un cuento sobre la Guerra Federal, siente que se ha enamorado de una alumna, quien le sirve de inspiración a su historia. Pero Antonio, un joven deportista, novio de la joven en cuestión, siente celos de esta relación y se enfrenta al profesor. Se produce entonces un diálogo, que a lo largo de varios días, se va transformando de muy agresivo a inteligente y afectuoso. El autor nos muestra a través de la conversación entre estos dos personajes, las distintas facetas de una amistad que se vuelve casi inquebrantable.
Yepeto, bajo la dirección de Carlos Arroyo, cuenta con las actuaciones de Carlos Moreno y Aníbal Grunn, quien además es responsable de la versión. La producción está a cargo de Mercy Mendoza, la realización de la escenografía es responsabilidad de Víctor Sivira, pintura escénica de Grex Lovera y Alejandro Martínez. El diseño de iluminación de Luis España, y la imagen a cargo de Jibrán Uzcátegui.
Yepeto es el montaje con el cual inauguran la temporada 2017 en el Centro Teatral Herman Lejter, desde el jueves 16 y hasta el domingo 26 de Marzo, en el horario de las 7:00 pm. La colaboración para ver esta obra teatral es de Bs. 1.500,00 y es para un público mayor de 13 años. Sus redes sociales son  Facebook/Instagram: Teatro Estable de Portuguesa y el twitter: @crtportuguesa