sábado, junio 15, 2013

Venezuela en Bogotá con historia inconclusa

Lleva 21 años en Caracas y logra involucrarse en sus artes escénicas gracias a su capacitación profesional y,  por supuesto, al talento que tiene y ha cultivado. Es por eso que Luis Carlos Boffill Bordón (La Habana, 03.04.1965) participa con la obra venezolana Una historia inconclusa, de Bruno Mateo, en el Festival Internacional de Teatro Rosa de Bogotá. 
“Este Festival presenta lo mejor de la diversidad existente en las artes escénicas colombianas. La oficina de Cultura, Recreación y Deporte de la Alcaldía Mayor de Bogotá  realiza este evento como rechazo por las amenazas de muerte que ha recibido el  director de la agrupación Barraca Teatro y también director del Festival, Ricardo Ruiz Díaz”, revela Luis Carlos  quien viaja con los actores Marielena La Nena Duque y Andy Pérez y el director Luis Miguel Sánchez.
20 DIAS DE TEATRO 
Este año el Festival Internacional de Teatro Rosa, organizado por el Teatro Barraca, se realizará desde el 24 de junio al 14 de julio en diferentes salas y escenarios no convencionales. A su vez contendrá 10 compañías de Argentina, Chile, México, Venezuela, Estados Unidos, España y Reino Unido. Así mismo, estarán 18 grupos colombianos. El Festival también contará con una variada programación académica que incluye conversatorios, talleres y foros para fomentar el intercambio de saberes sobre la comunidad LGBT y promover el respeto y la tolerancia hacia esa población.
Aclara Luis Carlos  que en Colombia  “sobre la comunidad LGBT no se habla en ciertos espacios, ya sea por exceso de moral, por persecución o por miedo; pero los montajes no solo se limitan a contar historias de la población LGBTI.  Las obras están abiertas a todos los temas; lo principal es que sean buenos espectáculos", señala.
TRANSGENERO
 La pieza  Una historia inconclusa  versa sobre un joven abusado por su hermano mayor. El vínculo entre ellos es únicamente materno, pues son de diferentes padres. En la actualidad, el abusado ya es un transgénero que vive de la costura (antes hacía shows nocturnos), oficio que comparte con su mejor amiga y ex-cuñada. Esta mujer, harta de las borracheras, golpes, violaciones y demás abusos de su ex-marido, decide huir y guarecerse en casa de su ex cuñado, consciente de que sería el último lugar donde su castigador la buscaría.  Así comienza la obra, con este par de amigas cociendo, riendo y disfrutando de un buen café, cuando de repente irrumpe en escena “H” (el personaje de Luis Carlos) y se desatan una serie de cambios que recapitulan el pasado de los tres personajes. “H”, amparado en pasajes bíblicos, llega para refugiarse de sus perseguidores. Pero su hermanastro (a) descubre que solo vino a asesinarlo, enfermo por su psicosis homofóbica y  falsas doctrinas infundadas de la iglesia católica. El resto de los personajes lo conforman: “M” (Marielena La Nena Duque y  “T” (Andy Pérez).
Monólogo
Luis Carlos reaparece con su monólogo Un hombre,  cuatro estaciones, el cual es un llamado a la tolerancia. Una oda al respeto de la vida ajena y sus decisiones, en un contexto donde se evidencia que gobiernos, sociedades y familia, inclusive, pueden destruir física, mental y moralmente a un individuo. “Estoy muy agradecido de César Rojas, del Celarg y sus trabajadores. De los amigos de C&E Producciones y de todos los que apoyan la reposición de este unipersonal. Por el mensaje de la obra en cuestión y por mantener vigente el primer y único trabajo directoral de mi querido amigo y hermano José Manuel Peña, que Dios lo tenga en gloria y le llegue cada aplauso que generen las presentaciones de cuatro únicas funciones en la sala 2 del Celarg del 25 al 28 de julio”.
El baile de mis padres
Luis Carlos ha sido profesor en diversas academias artísticas caraqueñas y ahora está en  “Ochoa, Arte en Movimiento” donde, desde hace siete años, es instructor de teatro y canto. “Escribo guiones y libretos de obras originales para los niños. Y hasta me toca montar coreografías, que siempre son elogiadas por el profesor Alexander Ochoa, pero aun así, por muy buenas que puedan o no quedar, no me atrevo a llamarme coreógrafo; primero, porque respeto mucho los años de estudios de cualquier profesión, y  segundo porque si me atrevo y lo hago, es por “oficio”. Es muy gratificante trabajar con niños. Son espontáneos, inocentes, imaginativos y creadores natos, con quienes terminas aprendiendo muchas veces más de lo que les enseñas. Para este año tomamos como tema La música que bailaban mis padres. Un título que los tiene muy motivados por interpretar la época y éxitos musicales de sus padres y abuelos, pues data desde los años 50’ y hasta los 80’. Los que tenemos la dicha y vocación de brindarle las herramientas al niño (a) con inclinaciones artísticas, tenemos una gran responsabilidad; pues no solo los preparamos en materia y disciplinas artísticas, sino en valores y conductas como entes de una sociedad futura. Más allá de fomentar el arte y la cultura tan necesarios en una nación. Lo presentaremos en la Escuela María Auxiliadora el 14 de julio.
Show de vivas
 “Debo confesar que como dramaturgo, jamás me vi escribiendo obras del mal llamado género comercial. Mi padre, Lázaro Candelario Manuel Boffill, fue un gran escritor (Premio Casa de Las Américas en Literatura infantil).Y hago esta mención porque en una ocasión me dio una de sus tantas lecciones de vida: Si Mozart fue capaz de vender su Réquiem a Salieri, quien te crees ser para cuestionar un trabajo comercial o sentirte estar por encima de ello”. Esto, sumado a la fuerte crisis económica y a una sociedad ávida de reír y dispersarse por el entorno social-político que estamos viviendo en el país, y más allá, mundialmente, fueron razones pertinentes para no rechazar la propuesta del productor Yerson Rivas y del director Maxwell Díaz, cuando me dieron la responsabilidad de escribir este divertido y loco guión, El show de las vivas, que desde el 18 de julio el Centro Ibiza Caracas, del Centro Plaza, exhibirá a las 8pm. La idea fue escribirles a unas actrices que marcaron pauta en grandes programas humorísticos de la TV nacional y  quienes siguen siendo bellas y talentosas. Total que si ya no son vistas como “Divas” entonces han de ser muy “Vivas” para seguir en la palestra. Grandes como Gabriela Rodríguez, Emimar Minguet, Lilita Pestana o “La Cachi”, Irán Lovera y su personaje Sonia del Carmen que aún nos hace divertir en “A qué te ríes”. Ellas defenderán un texto lleno de ocurrencias.
Dos gatos y un perro
Dos gaticos es teatro infantil para toda la familia. Inspirado en “Dos Gaticos” y “Vinagrito”, canciones de la  infancia de Luis Carlos. “Enamorado total de este proyecto. De que sea tan educacional sin perder la diversión y que no se torne informativo y tedioso. Del trabajo que vienen realizando Silvia Ariza (“Fiera”, gatica negra y callejera), Luis Miguel Sánchez (“Vinagrito”, gatico blanco y mimado de una familia) y Ángel Pájaro (robusto Rottweiler) quien desata la trama que tiene como fin sembrar en el niño la negación a la discriminación racial. Muy agradecido de la producción que vienen realizando Yerson Rivas y Kerly Palenzuela, de las coreografías de Mónica Reyes y la participación especial del cuerpo de baile de la academia Ochoa, Arte en Movimiento. La música, el diseño de vestuario y las luces  y escenografía son de  Juan Pablo García, Josmary González y del propio Ángel Pájaro. Debo destacar el trabajo que realiza Robert Chacón en la sala Urban Cuplé del CCCT, quien pensando en las vacaciones de los pequeños, creó este horario de sábados y domingos 12 pm, para este musical desde el 20 de julio y durante toda la temporada de vacaciones”.


miércoles, junio 12, 2013

Teatrex en Fedecamaras

No es muy frecuente que los empresarios venezolanos realicen inversiones financieras en el sector cultural y específicamente en el teatro. Pero gracias a la visión de Jorge Botti (presidente de Fedecamaras), al criterio político de Emilio Graterón (Alcalde del municipio  Chacao) y a la pasión y la tenacidad de la productora Susana Baserva de Sosa (de Teatrex), el antiguo auditorio de Fedecamaras, “Ángel Cervini”, ubicado en su  sede del El Bosque, se ha convertido en un nuevo espacio cultural que desde este viernes 14 de junio, a las 8PM, podrá disfrutar la comunidad de Chacao y la Gran Caracas en general.
Gracias, pues, a los esfuerzos de estos tres venezolanos otro teatro abre sus puertas para combatir con sus espectáculos a las fuerzas del mal, que tiene miles  de máscaras. Teatrex abre así su segunda sala teatral en la Gran Caracas, con los estándares de calidad que ya nos tienen acostumbrados.
Susana, Jorge y Emilio, en singular rueda de prensa, presentaron este nuevo espacio para las artes escénicas que inicia sus actividades al público con el espectáculo Veánlas antes que… se mueran con Mirtha Pérez, Estelita del Llano, Neyda Perdomo y Doña Gumercinda (Josué Gil).
Susana Baserva, asegura que esta nueva sala de teatro, dispuesta con los mejores recursos tecnológicos, cuenta con más de 300 butacas, tres camerinos, estacionamiento y una terraza al aire libre, rodeada de unos árboles con más de 50 años, con sillas, tumbonas, columpio, un jardín vertical; una zona para compartir y disfrutar un rato agradable antes o después del teatro.
El lugar contará con una buena iluminación y la policía de Chacao garantizará la seguridad con un punto de control fijo. “Apostamos al teatro y lo trabajamos para convertirlo en una industria”, afirmó Baserva.
Jorge Botti manifestó que “hoy se hace realidad un sueño que teníamos hace dos años. La Institución decidió compartir su casa, la sede de los empresarios, y abrir sus espacios para la comunidad.  La planta baja de Fedecamaras está al servicio de la gente y esto nos llena de orgullo. Este es el inicio de una larga relación entre Fedecamaras y Teatrex, entre el mundo empresarial y el mundo cultural”. Aseguró que muy pronto “también contaremos con exposiciones de artes plásticas abiertas al público”.
Para el alcalde de Chacao, Emilio Graterón,  la apertura de esta segunda sala de Teatrex en el municipio es una gran noticia que viene a darle vida a la zona de El Bosque. “Cada espacio abierto es un espacio para la vida. Esto es una muestra de lo que puede hacer el sector privado al servicio público, trabajando todos juntos podemos hacer Ciudad y ofrecer la calidad de vida que se merecen los ciudadanos. Esta nueva sala de Teatrex entra a formar parte del circuito cultural Chacao. Queremos hacer del hecho cultural un hecho cotidiano, lo que conocemos en el municipio como Cultura Ciudadana”. Aseguró que toda esta nueva actividad cultural revalorizará al sector. Ratificó el apoyo de la Alcaldía para garantizar la seguridad. “El objetivo es ofrecer cada día más y mejor calidad de vida a los ciudadanos”.
La nueva sala, que era el antiguo auditorio de Fedecamaras, mantiene su nombre, “Ángel Cervini”. Todo el valor histórico del lugar se conserva, la mayoría de las cosas fueron restauradas y puestas al servicio de una moderna y actual sala de teatro.
Los gerentes de la nueva sala de Teatrex en El Bosque quieren mantener una agenda de lunes a lunes abierta al público. Muy pronto se dará a conocer el resto de la cartelera teatral del semestre venidero. Y hasta es posible que se anuncie la apertura de otra sala, con la cual Teatrex ampliaría su cadena de espacios para el teatro, mientras  tanto la primera sala de Teatrex  en El Hatillo mantiene su programación.

martes, junio 11, 2013

"Cubalibre" en Miami

Ibrahim Guerra no cesa de trabajar. Hoy está en Miami y mañana en Caracas entregado siempre a  sus actividades artísticas, pero siempre será noticia. Y la prueba es que ahora anuncia que su pieza A 2,50 la cubalibre vuelve a escena en The Place,  uno de los locales de recreación nocturna en la Calle 8 del South West, en el corazón de Miami, uno de los más prestigiosos y mejor acondicionados de todo el condado.
Dice Guerra que su pieza, emblemática del teatro contemporáneo venezolano, se monta por cuarta vez en Miami.  “Las dos primeras veces estuvo bajo la responsabilidad de Roberto Stopello, luego la produjo una de las actrices del primer montaje, Alexa Kube, y, recientemente, el afinadísimo Leandro Fernández, en el Teatro Bar, de Coral Gables, estuvo presentándola hasta hace apenas unos días. Ahora lo hago yo, luego de haberla montado por última vez hace unos 15 años en Venezuela. En efecto, son muchas las veces que productores y directores de teatro de Argentina, Brasil, Puerto Rico, Francia, entre otros, han tenido oportunidad de hacerla.  Por esta razón, en 2005 le fue  otorgado en el premio mexicano El Quetzal de Onix  como la pieza teatral venezolana mas representada fuera el país. Luego de esa oportunidad se ha montado múltiples veces. En Venezuela, y de manera ininterrumpida, desde hace cinco años y en Colombia, se mantiene en cartelera permanente desde hace cuatro”.
 Recuerda Guerra que su obra se desarrolla en un bar, en un restaurante, en un nigth-club o en un sitio real. Por naturaleza, el hiperrealismo que la caracteriza evita los espacios teatrales convencionales. Presenta el acontecimiento escénico a la vista del público, pero no enfrente o alejado de él, como lo hace el teatro tradicional, sino en medio de él, casi como si estos espectadores fuesen participantes de lo que ocurre teatralmente. Es la  primera pieza teatro escrita específicamente con esta modalidad escénica. El público adicionalmente que disfruta de la representación puede ser atendido desde todas las ópticas gastronómicas posibles
 Sobre este nuevo elenco mayamero, Guerra afirma que es francamente impresionante: cinco actrices de gran magnitud escénica. Lo encabeza  la primerísima actriz venezolana Gladys Cáceres. Nacida en Santiago de Cuba, participó en el Teatro Universitario durante sus estudios de pedagogía en la Habana. Luego viajó a Venezuela invitada por una compañía de comedias y se quedó, iniciándose casi conjuntamente con la televisión de ese país, para convertirse en poco tiempo en una de las más destacadas protagonistas. En el teatro ha recibido todos los elogios, reconocimientos y premios que se otorgan en el país. Zarahí Fernández, cubana y estrella de los programas de comedias variedades de America TV,  posee una versatilidad única, inimaginable. Canta y baila magistralmente, y en el campo de la actuación su registro es extraordinariamente amplio. Se mueve con soltura en todos los géneros posibles del arte dramático. Resume en su escultural figura toda la gracia y el talento de nuestros países caribeños. Y hay dos actrices venezolanas de excepción: Jalymar Salomón y Jemie Sasson, muy por encima de sus extraordinarias figuras, sus talentos para la  actuación es inimaginable. Con justicia pueden ser consideradas entre las mejores actrices jóvenes latinoamericanas de las últimas décadas. Y, por último, y no por esto, la menos importante, Andrea Núñez, una actriz que a pesar de sus pocos años de vida, concentra un talento extraordinario. Posee un linaje escénico que no deja lugar a dudas a su calidad interpretativa. Es hija de dos consagrados actores venezolanos, Flor Núñez y Félix Loreto. De ellos heredó no sólo el talento, sino toda la tradición escénica del país.



sábado, junio 08, 2013

Enemigo del pueblo

Siempre la corrupción imperó y por los siniestros vientos que soplan pareciera que será eterna. Es una pandemia moral que acorrala y enferma a gobiernos, organizaciones civiles, religiosas, militares, y, por supuesto, hay millones de seres humanos corrompidos hasta la médula. Y los que no lo son todavía, hacen sus coquetos con esa monstruosidad. Es, pues, milenaria la historia del abuso del poder, de la mala conducta o la degradación moral de gran parte de los seres humanos.
¿Será acaso otra manifestación del Demonio o del Anticristo?, como lo ha dicho el Papa Francisco.
La recordamos ahora  y llamamos la atención a los lectores tras ver el espectáculo teatral Un enemigo del pueblo de Henrik Ibsen y cotejar su vitriólico y moralizante mensaje con  las recientes declaraciones del Papa Francisco quien afirmó que los corruptos son "el anticristo, hacen mucho daño a la Iglesia y son un peligro, ya que son adoradores de sí mismos, sólo piensan en ellos y consideran que no necesitan de Dios. Esas personas, poco a poco han roto esa relación con Dios y dicen: 'nosotros no necesitamos a ese patrón, que no venga a molestarnos. Esos son los corruptos, aquellos que eran pecadores como todos nosotros, pero han dado un paso adelante, se han consolidado en el pecado. Cuanto mal hacen los corruptos en la comunidad cristiana, que el Señor nos libere de caer en ese camino de la corrupción. Pecadores sí, corruptos no", subrayó el Papa, al recordar los  50 años de la muerte del beato Juan XXIII, al quien puso como "modelo de santidad", el 2 de junio de 2013. 
HERMANOS STOCKMAN
Lo que dice el Sumo Pontifice nos sirve, como anillo al dedo, para resaltar la corrupción que impera en la saga argumental de Un  enemigo del pueblo e invitar al público a que la compare con algunos hechos reales y cotidianos que debe conocer pero que no se atreve a glosar o comentar siquiera. Ahí, un hombre honesto (el doctor Thomas Stockmann) lucha desesperadamente  contra la maldad que impera en el poder  municipal de su ciudad y en algunos gremios económicos privados, la cual impide el cierre de un balneario nocivo para la salud de sus visitantes por tener sus aguas contaminadas con bacterias o virus letales, incluso.
Hay que recordar que el teatro de Ibsen (Noruega, 20.03.1828/23.05.1906) no fue grato ni lo es todavía para las sociedades corruptas, aunque las mismas lo aplauden e incluso hasta lo premian, pero algunas de sus piezas, como Casa de Muñecas (1879), han generado auténticas revoluciones culturales, tal es el caso del  triunfante feminismo. En Un enemigo del pueblo (1882), el autor denuncia la perversa conducta de los periodistas y los medios de comunicación que se unen a su hermano, quien además es  el alcalde o líder de todo el aparato corrupto de la municipalidad, para bloquearlo y perseguirlo. ¡Aquí  está la clave del poder “omnipresente” de la corrupción!
En síntesis, tanto los habitantes como las autoridades se unen y el doctor Stockmann queda prácticamente en la calle, porque le casa donde vive con su familia le suspenden al arrendamiento y le piden desocupación…Y comienza así su calvario, sin pretender ser precisamente otro Jesús de Nazareth, solamente por ser  un buen hombre que denunció los peligros de una contaminación que puede significar pérdidas de vidas humanas. Y la corrupción, la única culpable, ahí feliz y campante.
MONTAJE
Una coreografía simbolista, que se repite al final, abre el montaje para dejar el trágico desfile de sus personajes. La pesadez de su situación trasciende la escena y los personajes-actores son impactantes, especialmente Antonio Delli (doctor Stockman) y  Wilfredo Cisneros (alcalde Stockman), los conductores o sacerdotes  de todo esa tragedia de la corrupción. Hay una atmósfera dura o pesada que envuelve al público y lo obliga a pensar sobre si la realidad cotidiana  o su realidad como ciudadano no serán superiores a la ficción escénica que está degustando. He ahí la clave del montaje, conseguida a  puro pulso por el  director Jesús Delgado y presente en todos sus actores. Si quedaba alguna duda de su talento como director ahí se ha consagrado y de qué manera. Es teatro de texto, con mínimos juguetes escénicos, donde el texto que se emite y la verdad de lo que dicen es cual un cartucho de dinamita que derriba el muro de las mentiras que teje la corrupción.
¡Ahí se demuestra, una vez más, que no siempre la mayoría tiene la razón y que los pueblos también se equivocan! ¡Y que la democracia mundial requiere  de otro Hércules que le haga una limpieza porque está cubierta por los excrementos de la corrupción!
SINOPSIS
 Noruega de finales del  siglo XIX está en la sala múltiple  Cabrujas de la Fundación Cultural. Ahí se plasma la saga del doctor Thomas Stockmann, y de una ciudad cuyo balneario es la principal atracción turística. Todo comienza cuando Stockmann descubre que las aguas están contaminadas y se dispone a denunciarlo. Es vilipendiado por el poder político, representado por el alcalde de la ciudad, quien paradójicamente es su propio hermano, y por los distintos factores de poder que actúan en su contra y procurando proteger sus propios intereses, hasta lograr que la opinión pública unifique su repudio contra él, teniendo el quijotesco Stockman que convertirse en un agente político de cambio para influir en una mayoría que no lo reconoce. 
FICHA TECNICA

Con la adaptación y producción de Jesús Delgado y Sebastián Torres, este montaje de Un enemigo del pueblo es otra producción de El Grupo Teatral Emergente, la cual cuenta con el impactante y bien creado vestuario del artista Joaquín Nandez; la musicalización de Nacho Huett; coreografías de Adriana Urdaneta y Jacques Broquet; diseño de escenografía de Elvis Chaveinte; iluminación de Gerónimo Reyes, y diseño de maquillaje de Daniel García. Y por supuesto que Antonio Delli y Wilfredo Cisneros están correctamente acompañados de  Claudia  Nieto como la señora Stockman, Jesús Hernández es Hovstad, Lidsay Castro es Petra, Jorge Dakar encarna a Aslaksen, Carlos Clemares es  Morten Kull, mientras Hernán Iturbe, Marcos Chocrón, María E. Cedeño, Víctor Jiménez y Yeisy Guerra encarnan a ese pueblo que le grita al doctor Stockman: “eres un enemigo del pueblo”.

Chocrón y sus animales feroces

  El Nuevo Grupo de Teatro del Centro Social, Cultural y Deportivo Hebraica festeja sus tres años de labores con un histórico  y valioso montaje de la obra Animales feroces de Isaac Chocrón Serfaty (Maracay, 1930/Caracas, 2011), dirigida certeramente por Johnny Gavloski y con un  grupo de intérpretes que sí estuvieron a la altura del reto que asumieron, apuntalados además por el calificado artista Oscar Briceño Curiel, autor de la ambientación escenográfica y del vestuario, ubicado en los años 50, y el veterano productor Andrés Vásquez.
Animales feroces es, junto a Clipper y Tap Dance, la joya de la trilogía chocroniana sobre una gran familia sefardita trasplantada y criada en la Venezuela del siglo XX, donde, sin caer en los delirios autobiográficos, también ficciona toda su vida, la de sus amoríos y la de sus familiares, de principio a fin. Sus textos son muy difíciles porque exigen la presencia de un mágico mundo judío trasplantado a Macaray, La Victoria y Caracas, precisamente en unas décadas de sórdidas tiranías y democracias vacilantes como es la crispada historia nacional venezolana.
Animales feroces es una pieza compleja para el público tradicional venezolano, porque se centra en las convulsas relaciones de la judía familia Orense, de clase media alta, costumbrista y de fuertes arraigos  a su credo religioso, además, como es lógico, ceñida a los cánones de una moral aceptable en su contexto social. Su paz familiar se altera para siempre con el confuso suicidio de un joven y todas las revelaciones que de ahí se ahí se desprenden.
En Animales feroces (1963), Isaac ficciona diversos detalles íntimos familiares y hasta presenta a una mujer legendaria (su madre Estrella Serfaty),  la judía Sol que abandonó al marido y sus hijos para irse con un italiano, que no es tal, sino un militar político que devino en Presidente de la Republica, y, como es lógico, metaforiza, con un suicidio, su nada fácil tránsito de asumir públicamente su conducta sexual no tradicional, lo cual reiteró en piezas posteriores como La revolución (1971) y Escrito y sellado (1993).
Como texto es un desafío para un director venezolano porque usa las técnicas literarias del drama  norteamericano (Miller, Albee y Williams), con espacios múltiples y rompiendo siempre la estructura aristotélica. Una narración  visual circular capaz de confundir a cualquier espectador que contemple  al teatro no como un simple álbum de emociones sino  cual si fuese un carrusel donde los personajes son más importantes incluso que la coherencia o el hilo narrativo de la misma pieza. ¡Bravo Gavloski por ese surrealismo sefardí con que atrapa a la audiencia!
Gavlovski se atrevió a escenificar este texto con un elenco culto y ansioso de darle verdad a sus caracterizaciones, hermanado grupo que conoce  y disfruta la tradición judía  y la exigente teatralización de la misma. Confieso mi sorpresa ante todo lo visto. No son aficionados, nada de  eso, sus caracterizaciones tienen calidad y son equiparables a las de actores profesionales con sus edades y experiencias. Buena dirección actoral ahí expuesta.

Difícil enumerar aquí a la docena de artistas del montaje, pero debo resaltar a Emma Schwarz por su  heroica Sol, Isaac D´Lima con su sufrido Ismael y la pléyade de mujeres que encarnan a las sufridas judías de esa familia Orense, como Gloria de Bograd, Sasha Bograd, Etty Mizrahi, Morella Biaggini y Alegría Benzaquen.

viernes, junio 07, 2013

¿QUÉ PASA CON EL TEATRO COLOMBIANO?


Adriana Marín Urrego publica en El Espectador, de  hoy viernes, este articulo,que editamos aquí:
Personajes representativos en la escena teatral colombiana hablan sobre el panorama del país en este arte. Todo está en una nueva dramaturgia. Lo dicen ellos, los que saben. Todo está en eso y en el surgimiento de nuevos directores, de directores jóvenes, de formatos innovadores. Eso es lo que está pasando en la escena colombiana mientras que el teatro grita: queremos público, necesitamos público.
Porque resulta que ellos, los que saben, no son los únicos que pueden ir a teatro. No es algo que solo ellos puedan entender; lo podemos entender todos, a nuestra manera. Y más allá de eso podemos divertirnos y ver su belleza. Sólo hay que encontrar algo que nos guste, con lo que nos sintamos identificados. “El teatro es para todos, pero no todas las obras son para todo el mundo y no todo el mundo es para todas las obras” dice Felipe Botero, un actor, y el actual dramaturgo del teatro R- 101.
Pero la búsqueda de un teatro que nos guste no es sólo de nosotros, como espectadores, es también de los creadores, que están explorando constantemente. Esos que fueron valientes y tomaron al decisión de hacer teatro en Colombia. Pues, si dedicarse a este arte es difícil en cualquier lugar del mundo, aquí lo es aún más. No somos un país que tenga esa cultura: “Aún tenemos los padres vivos y creando” dice Cristóbal Peláez, director del Teatro Matacandelas de Medellín. Y eso es cierto. No tenemos los escenarios codificados en nuestros genes, no nacimos, como los ingleses, con la sombra de Shakespeare ni de Marlowe brindándonos identidad. Santiago García, nuestro gran Padre, sigue presente, produciendo. En teatro tenemos su edad. Somos muy jóvenes y, sin embargo, hay muchas cosas que se han hecho y que se siguen haciendo en todos los niveles.
Y si nos paráramos, de repente, en algún lugar elevado e hicieramos la amplísima pregunta de ¿Qué está pasando en teatro en Colombia?, nos sorprenderíamos con la diversidad de respuestas. Se encenderían una cantidad de luces que parecían estar apagadas en un comienzo. Y las veríamos prenderse, a la señal, empezar a descubrirse.
Dentro de esas luces hay, tal vez, dos tendencias muy claras de lo que está pasando. Y frente a eso muchos están de acuerdo; voces de teatros tradicionales, de teatros de trayectoria, de teatros jóvenes, de dramaturgos y de representantes del gobierno: se está desarrollando la escritura dramática en el país y se le está apostando a las nuevas formas. Lo uno resulta estar directamente relacionado con lo otro.
Hay una generación de jóvenes dramaturgos y directores que están haciendo un nuevo teatro, intentando buscar nuevas formas y distintas maneras de aproximarse al espectador. Muchos de estos jóvenes, hacen parte del grupo de los que fueron, estudiaron y volvieron. Vivieron en Estados Unidos, en España, en Rusia, incluso. Y volvieron para traer todos sus conocimientos. “Lo chévere es que nos están trayendo cosas nuevas pero a su vez, están intentando hablar de país, están intentando hablar de Colombia. Eso es enriquecedor” piensa Botero y Pelaez está de acuerdo: “Hay una gran preocupación por tratar de agarrar esos momentos que está viviendo el país. . . lo que está pasando en el teatro con relación a ese conflicto que, creemos, va durando demasiado”.
Sobre un nuevo Teatro
El conflicto se ha convertido en un tema recurrente. Para los artistas llegó el momento – o siempre ha existido el momento – de denunciar, de evitar que aquello que pasó, lo que está pasando y sus repercusiones se queden en el olvido, en la impunidad, también, de la memoria de los colombianos. Obras como El Deber de Fenster, del Teatro Nacional, sobre la masacre de Trujillo; El ausente, del R-101, que gira alrededor de las desapariciones, Arimbato, el Camino del Árbol, en coproducción del Teatro Varasanta con la compañía Barracuda Carmela, sobre el efecto que tiene el conficto en la comunidad Embera, y La Gallina y el Otro de Umbral Teatro, son algunos ejemplos de ello. La preocupación ha llegado hasta tal punto y el tema ha tenido tal repercusión que el año pasado, el Ministerio de Cultura, publicó Luchando contra el olvido, investigación sobre las dramaturgias del conflicto, un libro en el que aparecen reseñadas 32 obras de dramaturgos colombianos – de 300 que se identificaron – sobre el tema de la violencia en Colombia.
Los dramaturgos están escribiendo sobre eso y los directores lo están montando, pero no lo hacen solamente desde el plano de la denuncia. No quieren que sea así: “El reto para los colectivos teatrales está en ser innovadores, en buscar un teatro que se acerque a las personas de hoy en día, donde obviamente interesan nuestras problemáticas sociales y nuestro contexto, pero que a la vez vaya un poco más allá, que no nos quedemos solamente en resaltar nuestras desgracias sino también nuestro punto de vista estético y artístico” afirma Jorge Hugo Marín, director de la Maldita Vanidad.
Están tomando el tema, junto con muchos otros, para buscar nuevas formas teatrales y para apostarle a los espacios no convencionales. Ya no necesariamente tiene que ser una sala de teatro, puede ser cualquier lugar, una casa, un cuarto de ensayo, dónde sea, cómo sea. Se están rompiendo las normas tradicionales: el espectador ya tiene la posibilidad de participar activamente, de escoger lo que quiere y lo que no quiere ver, de participar como crítico en el proceso de realización de la pieza teatral. El microteatro está entrando en todo su furor.
¿El microteatro? Se encienden las luces de Casa Ensamble y de la Maldita Vanidad. “Teatro para impuntuales” es la promoción que hace Alejandra Borrero con su propuesta. Se presentan obras de 15 minutos de diferentes grupos, de distintos dramaturgos y el público puede escoger a cuál quiere entrar, a la hora que vaya llegando. Jorge Hugo Marín, por su parte, crea ‘La Clínica’, un proyecto en el que invita a todo el mundo, desde los vecinos del barrio hasta expertos en dramaturgia a que vayan, observen y discutan sobre la creación de una pieza corta, desde su concepción, en una lectura dramática, hasta su puesta en escena final.
“Estos jóvenes tienen buenos actores, están trabajando temáticas interesantes y tienen una estética muy contemporánea. Eso se está demostrando a nivel internacional: cada vez son más las invitaciones extranjeras que los grupos de teatro colombianos reciben” dice Ana Marta Pizarro, la directora del Festival Iberoamericano de Teatro. “Es interesante, complementa el coordinador de artes escénicas del Ministerio de Cultura Manuel José Álvarez, que el Festival Translatines de Bayona, Francia, tenga como país invitado a Colombia y que lleve al Teatro Petra que está haciendo, cada vez, un teatro mejor”.
Sin embargo, y a pesar de las invitaciones, no existe el suficiente apoyo por parte del Estado. Aunque se ofrecen becas para estos propósitos – según Álvarez hay dos convocatorias anuales para que los grupos puedan viajar a los festivales a los que los invitan – , todavía faltan muchos estímulos. O eso es lo que sienten algunos, por lo menos: “No hay un programa estable, consciente y concreto del Estado para sacar nuestro teatro. De decir, mire, esto es lo que se hace allá… cuando salimos nos damos cuenta que a la gente le parece ‘muy vital’ el teatro colombiano, y aquí ni nos enteramos de eso” afirma Fernando Montes, director del Teatro Varasanta.
Sobre los dramaturgos y los directores
Personajes como Fabio Rubiano, director del Teatro Petra, o Jorge Hugo Marín son los representantes de ese nuevo rol que se está implantando en las compañías teatrales, el de dramaturgo-director: el que escribe y dirige sus propias obras, el que trabaja sus propios textos. No son los únicos, son muchos más los que lo están haciendo. Ya sea porque escriben desde el escritorio lo que quieren montar en escena o porque, al estilo del Teatro la Candelaria, trabajan en una creación colectiva. Así dicen lo que quieren decir, lo que necesitan: “Creo que está surgiendo la tendencia de empezar a escribir teatro de autor, porque lo necesitamos. Está surgiendo como una tendencia. Necesitamos desesperadamente hablar de los nuestro”, dice Felipe Botero, “Creo que tenemos que explorar nuestras formas y nuestra voz. Colombia tiene que encontrar su voz, porque la tiene”.
Pero entonces viene el problema de la publicación. ¿Para qué escribir si nada se publica? ¿Si nadie quiere publicar y no hay patrocinios para los dramaturgos? Algunos lo hacen, como Rubiano, Marín o Botero, porque cuentan con un grupo para hacer el montaje, porque así pueden lograr que su texto adquiera sentido y visibilización en escena pero, ¿los que no? ¿los que solamente escriben? Como no hay publicaciones, no hay forma de que los conozcan, no hay manera, tampoco, de que monten sus textos.
El ministerio de cultura ha realizado una avanzada importante en ese sentido. Cada vez intentan buscar más apoyos y expandirlos – desde becas de creación hasta apoyos para el sostenimiento de las salas – y, eso, se siente al nivel de los teatros: “Pienso que, incluso, a nivel de políticas estatales hay una apertura”, afirma Carolina Vivas, directora de Umbral Teatro. “No me atrevería a decir que vivimos tiempos oscuros, por el contrario, creo que el diálogo con los sectores está funcionando relativamente bien, desde luego con las limitaciones que pueda tener el estado y el diálogo mismo”.
Quince libros publicó el Ministerio de Cultura el año pasado entre homenajes a los grupos con trayectoria, recuperación de la memoria y enciclopedias teatrales. A nivel de dramaturgia, además del libro ‘Luchando contra el olvido’, se están preparando dos más para su publicación. Uno de ellos, dedicado exclusivamente a los escritores jóvenes.
Pero, como bien lo dice Vivas, el Estado tiene limitaciones. Y eso se sigue evidenciando, también, en la producción escrita: “El sistema económico sigue haciendo muy difícil hacer teatro. El dramaturgo escribe porque hay plata. Él escribe y el grupo se pone a montarlo si hay el patrocinio. Acá nos toca desde ceros y, bueno, eso nos deja un poquito atrasados” afirma Fernando Montes.A pesar de las dificultades, el Teatro Varasanta se ha mantenido en la escena teatral por casi 20 años. Con mucho esfuerzo, han alcanzado cierto nivel de autosostenibilidad.
Por un teatro autosostenible
¿Es eso posible en Colombia? Hay posiciones encontradas al respecto. Mientras que los pertenecientes a los sectores más tradicionales dicen que no, que ningún teatro puede vivir sin apoyos del estado, que para vivir del teatro habría que dedicarse a hacer un teatro que venda, que sea comercial, hay otros que piensan distinto, y que se basan en su experiencia para demostrar que sí se puede. “Nos hemos acostumbrado a que siempre hay que pedirle ayuda al estado” afirma Botero, “Y está bien, el estado debe procurar unos beneficios, incluida la cultura por supuesto. Pero también nos hemos acomodado a esperar que ellos resuelvan. Yo creo que todo el tiempo se está intentando buscar que los grupos sean autosostenibles, y no nos hemos dado cuenta” dice y Jorge Hugo Marín lo respalda en su afirmación: “Se logra si se tiene un buen liderazgo y no sólo un liderazgo artístico. Se debe tener un timón que lidere el proyecto y que lo lleve más allá de las necesidades artísticas”. Estos dos teatreros han empezado a tomar consciencia de la necesidad de gestión dentro del mundo de las artes escénicas. Hablan del artista que actúa, dirige y escribe, pero que también mueve su obra y la promociona.
“Existen experiencias que nos demuestran que sí es posible, pero las estructuras aún son demasiado débiles para pensar que el teatro pueda ser autosostenible. Hay que generar habitos de consumo para que el arte logre posicionarse en un mercado” afirma Narda Rosas, directora de la división de Arte Dramático en Idartes.
Consumo, mercado. Aunque tal vez sea más bonito hablarlo en términos de obras y de públicos, Rosas tiene razón: hay que fortalecer las estructuras. Y esto se logra, más allá de la divulgación y de la venta de boletería, en la educación. Hay que entrar a los colegios y en las universidades, crear, como sostiene Montes, “una mayor consciencia, desde chiquitos, en la formación teatral.” Esa es la mejor manera. Finalmente, con un arte, no siempre se puede – ni se debe – hablar en términos monetarios: “No es la cuestión de si el teatro produce plata o no, la educación de la sensibilidad de un muchacho no se puede medir en términos de producción” afirma Montes.
Cuando nos referimos a las artes escénicas, no podemos hablar de un mercado en el que la relación es unilateral: de productor a consumidor. La responsabilidad, en este caso, también está en nosotros, en el público. Está en pensar en el país que queremos crear. “¿Se imagina un gobierno que promulgue el arte como una formación integral, que sea el punto más alto al que la gente pueda acceder? Un gobierno que tenga los teatros abiertos… eso es alimentar el espíritu de todo su pueblo. Imagínese un gobierno que piense así. Sería otro país ¿no? Sería bonito.” dice Fernando Montes. Pero mientras el gobierno cambia de mentalidad y deja de preocuparse, primero, por el precio de una bala que por el valor de una vida, nos toca a nosotros, desde el teatro, encontrar un país.
Todo está en una nueva dramaturgia. Lo dicen ellos, los que saben. Todo está en eso y en el surgimiento de nuevos directores, de directores jóvenes, de formatos innovadores. Eso es lo que está pasando en la escena colombiana mientras que el teatro grita: queremos público, necesitamos público.
Porque resulta que ellos, los que saben, no son los únicos que pueden ir a teatro. No es algo que solo ellos puedan entender; lo podemos entender todos, a nuestra manera. Y más allá de eso podemos divertirnos y ver su belleza. Sólo hay que encontrar algo que nos guste, con lo que nos sintamos identificados. “El teatro es para todos, pero no todas las obras son para todo el mundo y no todo el mundo es para todas las obras” dice Felipe Botero, un actor, y el actual dramaturgo del teatro R- 101.
Pero la búsqueda de un teatro que nos guste no es sólo de nosotros, como espectadores, es también de los creadores, que están explorando constantemente. Esos que fueron valientes y tomaron al decisión de hacer teatro en Colombia. Pues, si dedicarse a este arte es difícil en cualquier lugar del mundo, aquí lo es aún más. No somos un país que tenga esa cultura: “Aún tenemos los padres vivos y creando” dice Cristóbal Peláez, director del Teatro Matacandelas de Medellín. Y eso es cierto. No tenemos los escenarios codificados en nuestros genes, no nacimos, como los ingleses, con la sombra de Shakespeare ni de Marlowe brindándonos identidad. Santiago García, nuestro gran Padre, sigue presente, produciendo. En teatro tenemos su edad. Somos muy jóvenes y, sin embargo, hay muchas cosas que se han hecho y que se siguen haciendo en todos los niveles.
Y si nos paráramos, de repente, en algún lugar elevado e hicieramos la amplísima pregunta de ¿Qué está pasando en teatro en Colombia?, nos sorprenderíamos con la diversidad de respuestas. Se encenderían una cantidad de luces que parecían estar apagadas en un comienzo. Y las veríamos prenderse, a la señal, empezar a descubrirse.
Dentro de esas luces hay, tal vez, dos tendencias muy claras de lo que está pasando. Y frente a eso muchos están de acuerdo; voces de teatros tradicionales, de teatros de trayectoria, de teatros jóvenes, de dramaturgos y de representantes del gobierno: se está desarrollando la escritura dramática en el país y se le está apostando a las nuevas formas. Lo uno resulta estar directamente relacionado con lo otro.
Hay una generación de jóvenes dramaturgos y directores que están haciendo un nuevo teatro, intentando buscar nuevas formas y distintas maneras de aproximarse al espectador. Muchos de estos jóvenes, hacen parte del grupo de los que fueron, estudiaron y volvieron. Vivieron en Estados Unidos, en España, en Rusia, incluso. Y volvieron para traer todos sus conocimientos. “Lo chévere es que nos están trayendo cosas nuevas pero a su vez, están intentando hablar de país, están intentando hablar de Colombia. Eso es enriquecedor” piensa Botero y Pelaez está de acuerdo: “Hay una gran preocupación por tratar de agarrar esos momentos que está viviendo el país. . . lo que está pasando en el teatro con relación a ese conflicto que, creemos, va durando demasiado”.
Sobre un nuevo Teatro
El conflicto se ha convertido en un tema recurrente. Para los artistas llegó el momento – o siempre ha existido el momento – de denunciar, de evitar que aquello que pasó, lo que está pasando y sus repercusiones se queden en el olvido, en la impunidad, también, de la memoria de los colombianos. Obras como El Deber de Fenster, del Teatro Nacional, sobre la masacre de Trujillo; El ausente, del R-101, que gira alrededor de las desapariciones, Arimbato, el Camino del Árbol, en coproducción del Teatro Varasanta con la compañía Barracuda Carmela, sobre el efecto que tiene el conficto en la comunidad Embera, y La Gallina y el Otro de Umbral Teatro, son algunos ejemplos de ello. La preocupación ha llegado hasta tal punto y el tema ha tenido tal repercusión que el año pasado, el Ministerio de Cultura, publicó “Luchando contra el olvido, investigación sobre las dramaturgias del conflicto”, un libro en el que aparecen reseñadas 32 obras de dramaturgos colombianos – de 300 que se identificaron – sobre el tema de la violencia en Colombia.
Los dramaturgos están escribiendo sobre eso y los directores lo están montando, pero no lo hacen solamente desde el plano de la denuncia. No quieren que sea así: “El reto para los colectivos teatrales está en ser innovadores, en buscar un teatro que se acerque a las personas de hoy en día, donde obviamente interesan nuestras problemáticas sociales y nuestro contexto, pero que a la vez vaya un poco más allá, que no nos quedemos solamente en resaltar nuestras desgracias sino también nuestro punto de vista estético y artístico” afirma Jorge Hugo Marín, director de la Maldita Vanidad.
Están tomando el tema, junto con muchos otros, para buscar nuevas formas teatrales y para apostarle a los espacios no convencionales. Ya no necesariamente tiene que ser una sala de teatro, puede ser cualquier lugar, una casa, un cuarto de ensayo, dónde sea, cómo sea. Se están rompiendo las normas tradicionales: el espectador ya tiene la posibilidad de participar activamente, de escoger lo que quiere y lo que no quiere ver, de participar como crítico en el proceso de realización de la pieza teatral. El microteatro está entrando en todo su furor.
¿El microteatro? Se encienden las luces de Casa Ensamble y de la Maldita Vanidad. “Teatro para impuntuales” es la promoción que hace Alejandra Borrero con su propuesta. Se presentan obras de 15 minutos de diferentes grupos, de distintos dramaturgos y el público puede escoger a cuál quiere entrar, a la hora que vaya llegando. Jorge Hugo Marín, por su parte, crea ‘La Clínica’, un proyecto en el que invita a todo el mundo, desde los vecinos del barrio hasta expertos en dramaturgia a que vayan, observen y discutan sobre la creación de una pieza corta, desde su concepción, en una lectura dramática, hasta su puesta en escena final.
“Estos jóvenes tienen buenos actores, están trabajando temáticas interesantes y tienen una estética muy contemporánea. Eso se está demostrando a nivel internacional: cada vez son más las invitaciones extranjeras que los grupos de teatro colombianos reciben” dice Ana Marta Pizarro, la directora del Festival Iberoamericano de Teatro. “Es interesante, complementa el coordinador de artes escénicas del Ministerio de Cultura Manuel José Álvarez, que el Festival Translatines de Bayona, Francia, tenga como país invitado a Colombia y que lleve al Teatro Petra que está haciendo, cada vez, un teatro mejor”.
Sin embargo, y a pesar de las invitaciones, no existe el suficiente apoyo por parte del Estado. Aunque se ofrecen becas para estos propósitos – según Álvarez hay dos convocatorias anuales para que los grupos puedan viajar a los festivales a los que los invitan – , todavía faltan muchos estímulos. O eso es lo que sienten algunos, por lo menos: “No hay un programa estable, consciente y concreto del Estado para sacar nuestro teatro. De decir, mire, esto es lo que se hace allá… cuando salimos nos damos cuenta que a la gente le parece ‘muy vital’ el teatro colombiano, y aquí ni nos enteramos de eso” afirma Fernando Montes, director del Teatro Varasanta.
Sobre los dramaturgos y los directores
Personajes como Fabio Rubiano, director del Teatro Petra, o Jorge Hugo Marín son los representantes de ese nuevo rol que se está implantando en las compañías teatrales, el de dramaturgo-director: el que escribe y dirige sus propias obras, el que trabaja sus propios textos. No son los únicos, son muchos más los que lo están haciendo. Ya sea porque escriben desde el escritorio lo que quieren montar en escena o porque, al estilo del Teatro la Candelaria, trabajan en una creación colectiva. Así dicen lo que quieren decir, lo que necesitan: “Creo que está surgiendo la tendencia de empezar a escribir teatro de autor, porque lo necesitamos. Está surgiendo como una tendencia. Necesitamos desesperadamente hablar de los nuestro”, dice Felipe Botero, “Creo que tenemos que explorar nuestras formas y nuestra voz. Colombia tiene que encontrar su voz, porque la tiene”.
Pero entonces viene el problema de la publicación. ¿Para qué escribir si nada se publica? ¿Si nadie quiere publicar y no hay patrocinios para los dramaturgos? Algunos lo hacen, como Rubiano, Marín o Botero, porque cuentan con un grupo para hacer el montaje, porque así pueden lograr que su texto adquiera sentido y visibilización en escena pero, ¿los que no? ¿los que solamente escriben? Como no hay publicaciones, no hay forma de que los conozcan, no hay manera, tampoco, de que monten sus textos.
El ministerio de cultura ha realizado una avanzada importante en ese sentido. Cada vez intentan buscar más apoyos y expandirlos – desde becas de creación hasta apoyos para el sostenimiento de las salas – y, eso, se siente al nivel de los teatros: “Pienso que, incluso, a nivel de políticas estatales hay una apertura”, afirma Carolina Vivas, directora de Umbral Teatro. “No me atrevería a decir que vivimos tiempos oscuros, por el contrario, creo que el diálogo con los sectores está funcionando relativamente bien, desde luego con las limitaciones que pueda tener el estado y el diálogo mismo”.
Quince liibros publicó el Ministerio de Cultura el año pasado entre homenajes a los grupos con trayectoria, recuperación de la memoria y enciclopedias teatrales. A nivel de dramaturgia, además del libro ‘Luchando contra el olvido’, se están preparando dos más para su publicación. Uno de ellos, dedicado exclusivamente a los escritores jóvenes.
Pero, como bien lo dice Vivas, el estado tiene limitaciones. Y eso se sigue evidenciando, también, en la producción escrita: “El sistema económico sigue haciendo muy difícil hacer teatro. El dramaturgo escribe porque hay plata. Él escribe y el grupo se pone a montarlo si hay el patrocinio. Acá nos toca desde ceros y, bueno, eso nos deja un poquito atrasados” afirma Fernando Montes.A pesar de las dificultades, el Teatro Varasanta se ha mantenido en la escena teatral por casi 20 años. Con mucho esfuerzo, han alcanzado cierto nivel de autosostenibilidad.
Por un teatro autosostenible
¿Es eso posible en Colombia? Hay posiciones encontradas al respecto. Mientras que los pertenecientes a los sectores más tradicionales dicen que no, que ningún teatro puede vivir sin apoyos del estado, que para vivir del teatro habría que dedicarse a hacer un teatro que venda, que sea comercial, hay otros que piensan distinto, y que se basan en su experiencia para demostrar que sí se puede. “Nos hemos acostumbrado a que siempre hay que pedirle ayuda al estado” afirma Botero, “Y está bien, el estado debe procurar unos beneficios, incluida la cultura por supuesto. Pero también nos hemos acomodado a esperar que ellos resuelvan. Yo creo que todo el tiempo se está intentando buscar que los grupos sean autosostenibles, y no nos hemos dado cuenta” dice y Jorge Hugo Marín lo respalda en su afirmación: “Se logra si se tiene un buen liderazgo y no sólo un liderazgo artístico. Se debe tener un timón que lidere el proyecto y que lo lleve más allá de las necesidades artísticas”. Estos dos teatreros han empezado a tomar consciencia de la necesidad de gestión dentro del mundo de las artes escénicas. Hablan del artista que actúa, dirige y escribe, pero que también mueve su obra y la promociona.
“Existen experiencias que nos demuestran que sí es posible, pero las estructuras aún son demasiado débiles para pensar que el teatro pueda ser autosostenible. Hay que generar habitos de consumo para que el arte logre posicionarse en un mercado” afirma Narda Rosas, directora de la división de Arte Dramático en Idartes.
Consumo, mercado. Aunque tal vez sea más bonito hablarlo en términos de obras y de públicos, Rosas tiene razón: hay que fortalecer las estructuras. Y esto se logra, más allá de la divulgación y de la venta de boletería, en la educación. Hay que entrar a los colegios y en las universidades, crear, como sostiene Montes, “una mayor consciencia, desde chiquitos, en la formación teatral.” Esa es la mejor manera. Finalmente, con un arte, no siempre se puede – ni se debe – hablar en términos monetarios: “No es la cuestión de si el teatro produce plata o no, la educación de la sensibilidad de un muchacho no se puede medir en términos de producción” afirma Montes.
Cuando nos referimos a las artes escénicas, no podemos hablar de un mercado en el que la relación es unilateral: de productor a consumidor. La responsabilidad, en este caso, también está en nosotros, en el público. Está en pensar en el país que queremos crear. “¿Se imagina un gobierno que promulgue el arte como una formación integral, que sea el punto más alto al que la gente pueda acceder? Un gobierno que tenga los teatros abiertos… eso es alimentar el espíritu de todo su pueblo. Imagínese un gobierno que piense así. Sería otro país ¿no? Sería bonito.” dice Fernando Montes. Pero mientras el gobierno cambia de mentalidad y deja de preocuparse, primero, por el precio de una bala que por el valor de una vida, nos toca a nosotros, desde el teatro, encontrar un país.


sábado, junio 01, 2013

MIMI LAZO ENVIDIADA

No dejaremos de reseñar sus creaciones para así proponerla como ejemplo de lo que puede hacer una artista durante estos difíciles tiempos que viven los teatreros. Ella, incansable profesional y dueña de exacerbada seriedad  con su oficio, es la envidiada actriz Mimi Lazo (Caracas, 23.11.54), a quien hemos ponderado su trabajo en el delicioso e instructivo espectáculo El último amante, el cual hace temporada en el Trasnocho, acompañada por el actor Luis Fernández, quien  también es un director imaginativo y laborioso.
El ultimo amante, basado en el montaje que hizo Ricardo Lombardi durante la temporada caraqueña de 1989 - le dio los premios Municipal y de Critven a Mimi Lazo por las tres caracterizaciones que ahí logró- está apuntalado en la versión de la obra The Last of the Red Hot Lovers (1969) de Neil Simon (Nueva York, 1927), llevada al cine, en 1972, por el director Gene Saks. Originalmente es la saga de  un caballero casado que al cumplir sus primeros 50 años decide serle infiel a su esposa, tras dos largas décadas de amores tradicionales, y urde una trilogía de escarceos sexuales con damiselas diferentes…al final nada pasa, físicamente, pero el fracasado infiel se da cuenta que el verdadero amor, aunque a veces se torna aburrido, lo tiene en su casa.
Es una comedia burguesa  y cristiana donde el mal otra vez tienta al hombre, pero este supera los retos y no rompe la moral tradicional o convencional. Una pieza sobre la asustada sociedad occidental de los años 60 y 70, amenazada por una ola de cambios que alteraron todo, pero que ahora, en este sorprendente siglo XXI, prosigue nerviosa y muy preocupada  con las uniones gais y todo lo que significan las familias parentales, etcétera.
En la actual versión escénica, remozada con  moderna escenografía y vestuarios por el director Fernández, Mimi Lazo interpreta a María, esposa de Mariano (ahora se llama así),  y las tres amantes ocasionales -la liberal Mónica, la actriz Melisita en su eterno casting y  la frustrada  Marta- quienes juegan al amor con  su aburrido marido,  o sea encarnado por Luis Fernández. La pareja obtiene auténtico y desopilante show de interpretaciones, de cambios de personajes, vestuarios y ritmos escénicos; en fin: un derroche de virtuosismo actoral, especialmente por parte de ella, quien logra, como debe ser, crear a cada una de las cuaimas  que intentan devorar a su esposo, pero tienen tantos problemas a sus espaldas, que nadie peca físicamente, al menos.
Hemos criticado a Mimi (su nombre legal es Ana María Lazo D) mucho antes de la temporada de 1989 y damos, pues, fe de su super crecimiento. Comediante que se transforma y no solamente convence sino que atrapa al más conocedor de las transiciones actorales posibles. En cuanto a Luis, no  podemos ignorar su avanzado desarrollo histriónico, el cual precisamente utilizará para encarnar al histórico transexual venezolano Tamara Adrián en un filme de Elia Schneider, que rodarán desde el venidero 8 julio.
En resumen, Mimi Lazo y su empresa Producciones Lazo –la cual ahora festeja diez años de exitosas labores comerciales- prosigue en escena y agota boletería. ¡Con dos o tres  como ella la cartelera sería otra!


BUEN TEATRO SCIAMANNA

La  monumental escultura “David” de Miguel Ángel Buonarroti es la superprotagonista de sendos montajes teatrales presentados en Caracas, durante las temporadas 2012 y 2013, por su autor y director Luigi Sciamanna Denti.
Él escribe sobre historias que le permiten hablar sobre temas, problemas, angustias, sueños, ilusiones, miedos, que necesita expresar. “La palabra es esa. Necesidad. Escribo por necesidad.  El “David” representa la serenidad y a la vez la voluntad para la respuesta certera en el ataque. Representa la belleza, la belleza entendida como valor no sólo físico, corporal, sino filosófico, ético, espiritual, religioso, todo ello reflejado en la gloria de su cuerpo. El “David” representa también la República. Esa que nosotros soñamos, que se ha intentado construir con mucho esfuerzo desde 1958…El “David” representa la fe, representa la voluntad del hombre. En este caso, la voluntad del artista…Entonces hablamos o escribimos de lo que soñamos ser. De lo que quisiéramos ser”.
PURA FICCIÓN
Sobre los procesos de investigación y montaje de ambas piezas, admite que el punto de partida ha sido  la ficción, el encuentro de personajes de la ficción en su mayoría, inspirados por los acontecimientos históricos. “Sería muy largo e innecesario ponerme a enumerar qué de histórico y cuánto de ficción hay en La novia del gigante y en El gigante de mármol. La investigación histórica avanzó al par de la escritura. Leía y se escribía a la vez. Esa investigación, más que para crear acciones, sirve para crear el mundo interior de los personajes, porque en ambas piezas, los personajes representan estratos de la sociedad, formas de pensamiento, sea ideológico, religioso, afectivo. Lo leído es para sustentar y darle un marco creíble a la ficción de ambas obras que, además, están escritas a espejo, debido a su origen siamés, por decirlo así. En una, el personaje central de la persecución y el debate es un artista, Buonarroti, cuyo único pecado es expresarse libremente; en la otra, el personaje central, víctima de ese debate, es un ciudadano común, en este caso, una mujer cuyo único pecado es expresarse libremente y ser judía. Ninguno de los dos personajes está dispuesto a renunciar a su identidad”.
 Sobre su labor con los equipos humanos de los montajes, puntualiza que en vista de sus buenas relaciones con el Instituto Italiano de Cultura, llevó el texto de La novia del gigante a su directora Luigina Peddi. Y para su absoluta sorpresa, y solo un par de días después, “recibo un email de Luigina diciéndome: hagámosla. No lo podía creer. Tenía patrocinante. También tenía en mente algunos actores, pero no había hablado con ninguno, pero, lo más grave, no tenía sala para presentar la obra. Héctor Manrique me propone presentar la pieza para el Trasnocho, de cuyo Comité de Programación formamos parte los dos, junto a Eva Ivanyi. No quise. Se suspendió un primer montaje para el Espacio Plural y Héctor en una reunión insistió de nuevo. Presente el proyecto y a la semana siguiente entregué copias del texto. Tenía entonces una sala y una fecha. Espacio Plural, Abril 2012. La pieza se estrenó y el resultado fue estupendo: en una sala de 100 puestos, durante dos meses y medio, logramos convocar a más de 2000 espectadores y para un montaje que se hacía a las 9 de la noche y que duraba 2 horas 20 minutos. Este resultado, tanto artístico como numérico, fue el detonante para que Luigina Peddi, al leer El gigante de mármol se decidiera a completar el montaje de este díptico dedicado al David y que pertenece a un proyecto amplio de tres piezas teatrales, dedicadas a creaciones maestras del Renacimiento italiano: el “David”, la “Mona Lisa” y la “Última Cena”, que ahora serán cuatro”.
 POLICROMÍA ESCÉNICA
“Durante el 2012 me dediqué a terminar  El gigante... y en el segundo semestre envié una copia del texto a Luigina Peddi y Cristina Neufeld. Para el personaje de Miguel Ángel se consideraron cinco actores y Elvis Chaveinte se alzó con el rol por varias razones. Un detalle importante que hablé con los actores de los dos elencos y que es pedal común a todos los personajes de las dos obras, es que son seres ilustrados, cultos, bien formados y que tienen una enorme capacidad de respuesta en su enfrentamiento y choque con el otro. Visualmente el trabajo de iluminación y vestuario es capital. Siempre me ha gustado trabajar sin escenografía, pero  colocando el acento en ropa y luz. Mientras menos escenografía tengo más espacios y  puedo construir sobre el escenario. La novia del gigante es una obra prácticamente en blanco y negro. El gigante de mármol es una pieza a colores”.
VIAJE INTERIOR
Sciamanna Denti ha vivido una de las aventuras creativas más intensas de su carrera. “Es un viaje al interior de mi persona. Si tuviera que decirlo a través de los dos personajes centrales de las dos piezas; comentaría que La novia del gigante refleja mis angustias como ciudadano y El gigante de mármol mis angustias como artista”. Insiste en que este es un proyecto ambicioso que estaba planteado con tres obras maestras del Renacimiento: Monna Lisa es, y debería ser, una divertida y agridulce “extravaganza” teatral, una comedia, que tiene otras necesidades estéticas, es otro viaje. “Y la obra sobre la Última Cena es otro viaje espiritual muy distinto también, pero, a la vez, son distintas a mis textos Santo di patria, Habitación con desayuno y Primos de sangre. Lo que quiero es seguir escribiendo. Tengo muchos años haciéndolo y ya quiero colocar esos textos sobre el escenario. Si este año lograra terminar Monna Lisa y Última Cena, prácticamente listos los dos, me haría muy feliz. El siguiente paso, quizás, sea completar el díptico sobre Sucre que está prácticamente listo, se puede leer de principio a fin, se podría comenzar a montar hoy, pero no para mí; puede ser mejor. Esas son dos obras que me gustaría muchísimo mostrar, me refiero a las de Sucre, pero debo trabajar sin presiones, como lo he hecho hasta ahora. Esa es mi única línea de teatro, seguir escribiendo”
45 AÑOS
Con respecto a si el público está preparado para digerir sus metáforas teatrales, comenta que  le han escrito para subrayarle que  La novia… y El gigante… son textos necesarios. “Eso me asusta un poco. No creo que haga el teatro necesario. Creo que lo necesario es hacer teatro. Buen teatro. Sea para reír, para llorar; para la reflexión o para divertir. Eso sí, con la claridad y la honestidad que me dan mis 45 años, puedo decirte que yo, Luigi Sciamanna Denti, con cédula de identidad número 6.297.619, hago buen teatro. Así de sencillo. Buen teatro”.