miércoles, octubre 17, 2018

Vigente "Fresa y chocolate"

Una obra y su espectáculo que obligan a reflexionar al público venezolano.
Este es el valioso y hasta original menú cultural que Héctor (Rodríguez) Manrique y su Grupo Actoral 80 le han brindado a los teatromaníacos de Caracas durante los diez primeros meses del histórico año 2018, desde las salas del Trasnocho Cultural: La foto, aleccionador melodrama de Gustavo Ott sobre curiosa y  lamentable crisis familiar que estalla por una fotografía transmitida desde un celular; Sangre en el diván, desopilante monólogo cómico sobre el legendario psiquiatra criollo Edmundo Chirinos, basado en memorable entrevista periodística de Ibéyise Pacheco; Los hombres de América, nostálgica comedia de Fausto Verdial sobre lo que sucede con unos migrantes españoles en la caraqueña parroquia La Candelaria, precisamente cuando muere el general  Francisco Franco; La piedra oscura, del hispano Alberto Conejero, patético melodrama sobre la trágica noche del ultimo amante de Federico García Lorca, y cierra Fresa y chocolate, agridulce comedia de Senel Paz  sobre la aguda homofobia que imperaba en Cuba durante los tiempos cuando Fidel Castro gobernaba en la patria de José Martí.
Una prueba evidente de como el buen teatro comercial, ese que hace con recursos privados y la taquilla de los espectadores, sí es viable en la capital de los venezolanos. Y lo que falta ahora es más gente, financiada por el Estado y los productores privados, para que la cartelera sea más generosa en calidad y cantidad con los habitantes de esta urbe venezolana, sin olvidar que puede ser llevada a las ciudades vecinas.
Y exaltamos aquí y ahora la tarea artística y profesional de Manrique y su equipo humano, quienes además han llevado sus montajes a Miami y Ciudad de México, porque hemos vuelto a ver Fresa y chocolate, un montaje estrenado durante la temporada 2014, que todavía permite más lecturas y reflexiones sobre la homofobia, la cual no ha desaparecido de la faz de la Tierra porque sirve todavía para otros oscuros fines de discriminación y dominación con el pretexto de la conducta sexual.
A buena hora, el teatro criollo tercia y acentúa su presencia en la lucha que se libra en el mundo contra ese crimen de odio que es la homofobia; enfermedad psicosocial que se caracteriza por tener una profunda aversión hacia los homosexuales, otra más de las manifestaciones del fascismo. Conocen los teatreros que el mundo se divide entre países que persiguen la homosexualidad y los que reconocen y amparan los derechos de gays y lesbianas, pero que en unos y otros persiste el odio hacia las relaciones íntimas entre seres del mismo sexo. Y por eso los hacedores de las artes escénicas están en combate.
ANTIHOMOFOBIA
El grupo Actoral 80, con su líder Héctor Manrique a la cabeza, ingresó oportunamente a la liza anti homofóbica con el excelente espectáculo teatral Fresa y chocolate, del cubano Senel Paz (1950) durante la temporada 2014. Y ahora, mucho mejor actuado por Daniel Rodríguez, Juan Vicente Pérez y Anthony Castillo, y con la pulcra producción de Carolina Rincón, se presenta en la temporada 2018.
Fresa y chocolate - nació del cuento El lobo, el bosque y el hombre nuevo y después se hizo cine (1994) gracias a los directores Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío- regresó al teatro Trasnocho para plasmar la cruda realidad social de la Cuba revolucionaria, durante varias décadas del siglo XX. Exhibe la relación de amistad que brota y se establece entre Diego, artista gay que cree en la libertad y trata de ejercerla, y David, estudiante universitario cargado de prejuicios en contra de la homosexualidad, quien además sigue las orientaciones del régimen castrista. La personalidad racional y desenfadada y tierna de Diego penetra y conquista  finalmente la mentalidad del revolucionario  David, quien reevalúa sus concepciones no solo de la homosexualidad, sino también sobre lo que significa ser un auténtico revolucionario, a pesar de su homofóbico compañero Miguel quien planea utilizarlo para espiar a Diego, persona a quien el régimen considera "aberrante y peligrosa”. El desenlace es el nacimiento de una fuerte amistad entre Diego y David, quienes se separan porque el artista gay sale de la isla en pos de otras metas.
No tiene Fresa y chocolate  un final edulcorado ni nada que se le parezca, solo una propuesta para que el público analice y tome una posición, porque sí  entre los antiguos romanos, griegos, chinos y egipcios la homosexualidad  era solo una manifestación más de la sexualidad  del ser humano, sin calificativos ni otra relevancia, las religiones judeocristianas y la era moderna hicieron cambiar tal situación, hasta castigar, censurar y prohibir tal expresión, por intermedio de la homofobia, que puede incluso llevar a la cárcel o a la muerte. En Cuba el odio ha disminuido porque incluso Fidel Castro admitió que su régimen se excedió y hasta una sobrina suya, Vilma Castro Espín, ahora es líder y defensora de los derechos de los LGTB. ¡No todo se perdió!
El montaje venezolano que deja sin aliento al público por la veracidad de su representación, exalta el talento que como sobrio puestista y director de actores tiene Manrique y las notables condiciones que han desarrollado Rodríguez, Pérez y Castillo. ¡Verlo es decir no a la homofobia!
Respetable trabajo artístico que ahora busca llegar a más espectadores venezolanos con su oportuno mensaje antihomofóbico y contra todas las discriminaciones. 
CODA
Hay que recordar al público venezolano que aunque la homofobia está prohibida en Venezuela, según la Carta Magna de 1999, esa enfermedad esta tan enraizada en que la sociedad venezolana, que pasaran muchas generaciones hasta que el respeto hacia los demás sea norma de vida y para lo cual la educación, y en especial las artes, son las herramientas fundamentales.
Y es por todo eso que Manrique y el GA 80 han insistido en escenificado Fresa y chocolate. Creen y manifiestan que “la razón fundamental para montar esta obra es que en la sumatoria de todas las voluntades estará la solución de nuestros problemas como sociedad, en Fresa y chocolate se ejemplifica como la marginación en cualquiera de sus estados sólo lleva a la fractura íntima y pública del hombre y esas fracturas y desarraigos llevan al empobrecimiento de las personas”.  Y reiteran que “el amor es una fuerza modificadora. Creemos que si hay algo que le está haciendo falta a nuestra sociedad es el respeto a la vida, a las ideas de los demás, porque nos enriquecen”.

Prosigue en temporada "Oscuro, de noche" en el teatro Alberto de Paz y Mateos

El elenco, el autor y el director de Oscuro,de noche.

 Tras tres semanas de funciones a sala llena, la Compañía Nacional de Teatro continuará presentándose en el teatro Alberto de Paz y Mateos, hasta el 4 de noviembre, con su más reciente espectáculo Oscuro, de noche, un texto de Pablo García Gámez que ganó el Premio Apacuana de Dramaturgia Nacional 2017, el cual ha sido llevado a escena por Carlos Arroyo y es actuado por el elenco estable de la CNT.
 Oscuro de noche es la trágica historia de Kenny, un trabajador bancario, de 25 años, que es asesinado en una avenida para robarle su moto, y de todas las vicisitudes que tienen que afrontar sus familiares y amigos para recuperar su cadáver y lograr darle cristiana sepultura.
Es, pues, un obra dramática, no convencional, donde el autor García Gámez apunta a la médula de la esfera privada de una familia que ha sido desequilibrada o herida.  El detonante es el hecho que le ocurre al Kenny y lo que importa es ver qué pasa en el mundo de su madre Zenobia, su padre Cristóbal, su abuela Mercedes y su novia Lucía, además de toda una serie de trabas burocráticas que surgen para complicar las exequias.
En un Oscuro de noche trabaja un doble elenco por lo cual ahí participan los comediantes Francis Rueda, Adriana Bustamante, Luis Domingo González, Gustavo Rengel, Ariana León, Dora Farias,  Marxlenin Cipriani, Randymar Guevara, Gustavo Meléndez, Trino Rojas, Kala Fuenmayor, Adrián Jiménez, Angélica Rinaldi, Yordano Marquina, María Tellis, María Brito, Andy Pérez, Vito Lonardo y Jorge Canelón. La música es, sin duda alguna, un creativo ensamble y el vestuario es de la Compañía Nacional de Teatro, ente adscrito al Ministerio del Poder Popular para la Cultura.
La temporada de Oscuro de noche es de jueves a domingo, a las 4PM, a lo largo de este mes de octubre, en el teatro Alberto de Paz y Mateos - donde se expende la boletería a 50 bolívares soberanos -el cual está ubicado, entre la Avenida La Colina y la avenida Andrés Bello, en la  Prolongación Los Manolos.  Urbanización Las Palmas. Hay un Metrobus, el Nº 314., que sale del estación Plaza Venezuela.




sábado, octubre 13, 2018

El mapa mundial de la homofobia


Ahora que hace temporada,en el Trasnocho Cultural, la pieza teatral Fresa y chocolate, basada en una etapa difícil para los homosexuales de la Cuba revolucionaria, conviene recordar que existe un Mapa Mundial de la Homofobia, que alude a los países donde se puede perder la vida por ser gay.
En Irán, Arabia Saudí, Yemen o Somalia la homosexualidad se castiga con pena de muerte. En otros países como India o Uganda se castiga con penas de cadena perpetua.
La expresión “concierto de las naciones” -naciones unidas o desunidas- es especialmente atonal si de hacer “derecho estadístico” sobre homofobia se trata. ¿Qué países tienen y no tienen leyes del tipo matrimonio igualitario y antidiscriminación? ¿Desde cuándo y con qué alcances concretos? ¿En qué estados hay pena de muerte por relaciones entre personas del mismo sexo y en cuáles desde la constitución para abajo, la exclusión de personas gays, lesbianas y bisexuales queda explícita o implícitamente sancionada? ¿Qué hay más allá de la letra grande y la letra chica?
Por esta razón, desde hace 12 años ILGA -la asociación internacional de lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersex- elabora un informe anual, el “Estudio jurídico mundial sobre orientación sexual en el derecho: criminalización, protección y reconocimiento”. Esta vez, la federación fundada en 1978 convocó como uno de los dos autores a un abogado argentino especialista en derechos sexuales, Lucas Ramón Mendos. Fiel (sí, fiel) seguidor de las estratagemas discursivas del Papa Francisco sobre “putismo” y afines (razón por la que fue entrevistado en este suplemento un tiempo atrás), Mendos, profesor universitario y activista gay, integró la relatoría LGBT de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y trabajó por mail para ILGA junto al irlandés Aengus Carroll, consultor en temas de orientación sexual, identidad de género y diversidad corporal.
Juntos, en apenas meses, construyeron un documento de 200 páginas, disponible gratis en la web y en seis idiomas, capaz de otorgar fuentes confiables a investigadores, ONGs, aliadxs y lectorxs. A menudo, los números que proporcionan los informes ILGA (otro de sus trabajos es específicamente sobre identidades) son reproducidos en discursos periodísticos y pronunciamientos varios, de allí que la precisión intente ser total. 
A modo de prólogo, los responsables de esta edición se encargan de aclarar que Oriente y Occidente viven una marcada polarización en esta materia, ya que en las zonas geopolíticas en las que vienen dándose avances es posible detectar una acentuación de los mismos, pero pasa exactamente lo contrario del otro lado del respeto, donde cada vez más hay mayor rechazo y persecución a la disidencia sexual. A mayo de 2017, existen 72 estados susceptibles de ser clasificados como estados que criminalizan las relaciones sexuales consensuales entre personas adultas del mismo sexo (el recorte, quirúrgico, es fundamental para entender los límites de esta empresa investigativa): 24 países de África, 13 de Asia, 6 de América y 2 en Oceanía. En más de la mitad, la sanción abarca también las relaciones entre mujeres. El caso de Egipto, en el que estos vínculos están penalizados de hecho y no de derecho, queda incluido. A lo largo de 2016, muchos medios informaron sobre los 13 Estados que aplican pena de muerte a los homosexuales. 
En rigor, estados soberanos y miembros de Naciones Unidas, son 4: Irán, Arabia Saudita, Yemen y Sudán. Luego, en Somalía y Nigeria se aplica sólo en 2 provincias y en Irak y en el norte de Siria, hay pena de muerte a gays aplicada por tribunales locales, vigilantes ad hoc o agentes no estatales. En este sentido, deviene interesante citar los casos de 5 países adscriptos a la interpretación de la Shari’a (el cuerpo máximo del oxímoron máximo, el “derecho islámico”) y pensar en los montajes “cinematográficos” de Isis que dominan la web (lanzamiento a fosas e incineraciones de gays, por ejemplo): en Pakistán, Afganistán, Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Mauritania, la interpretación de esa “carta magna” celestial habilita condenas a muerte (y por supuesto, no se las cuentan a Ilga). 
En 124 países legalizaron ya las relaciones sexuales de “iguales” pero sólo en 23 estados hay boda, porque reina la unión civil mucho antes que el casorio (incluso, la adopción sí y el matrimonio jamás). Uno de los casos más encendidos del año pasado fue el de Italia donde, Vaticano mediante, sigue siendo impensable otra instancia que no sea el papelito de la mera convivencia y paremos de contar. 
Un ítem especial de este informe lo ocupan las denominadas “terapias de conversión” (evangelistas y religiosas en general, a veces políticas y de salud): están prohibidas por ley en la Argentina, Brasil, Ecuador, China, Taiwán y Malta (habrá que ir a “curarse” a otro lado). Y si de región se trata, ILGA 2017 recuerda que tanto en Bolivia como en Ecuador, por ejemplo, las constituciones nacionales contienen disposiciones tendientes a proteger de la discriminación por orientación sexual a sus ciudadanxs. Sí, Bolivia y Ecuador, donde ni asoman otras medidas parecidas y donde, con frecuencia, sus líderes políticos rechazan discusiones semejantes. La hiperinflación legal no tiene, siempre, correlatos concretos y si para algo contribuyen estos documentos es para pensar y repensar qué pedidos hay detrás de cada pedido, toda vez que cualquier Estado devuelve (o no) derechos que antes, se encargó de quitar. 


viernes, octubre 12, 2018

Tecoven debutó en El Toboso de Petare

Los integrantes de Tecoven no  tienen miedo a las fotografías grupales.


Tecoven es el acróstico que los diligentes integrantes de la agrupación Teatro Comunitario Venezolano han ideado para identificarse públicamente y además exhibirse, por ahora, en las diversas comunidades del municipio Sucre, revela el promotor cultural y artístico Keudy López.
 Sucre tiene no menos de un millón de habitantes y es uno de los 21 municipios pertenecientes al Estado Miranda. Está compuesto por las comunidades de Caucaguita, Filas de Mariches, La Dolorita, Leoncio Martínez y el más popular y conocido Petare, por su histórico origen aborigen.
Subraya López que el debut de Tecoven se realizó hace pocos días, después de varios meses de reuniones y ensayos, en los espacios de la  Casa Hacienda El Toboso, más conocida como la casa del célebre pintor Salas Tito Salas.  Y  es por eso que recuerda como el municipio Sucre es un amplia conglomerado de comunidades para lo cual, precisamente, Tecoven busca recuperar con sus espectáculos al espacio público comunitario, el cual  está compuesto por las plazas, los parques y las calles, además de otras áreas destinadas para las actividades deportivas y sociales.
Tecoven, que se dio a conocer con su montaje Petare, un amor que apenas empieza, cuyos textos y acciones físicas fueron forjados y creados por sus integrantes, cuenta con el firme apoyo de la Compañía Nacional de Teatro y anhela descubrir la musicalidad y la teatralidad de ese municipio mirandino, para lo cual también ha recibido el vigoroso respaldo de la Gobernación de Miranda, la Alcaldía de Sucre y la Misión Cultura del Ministerio del Poder Popular para la Cultura.
 Por ahora Tecoven cuenta  orgullosamente entre sus filas a John Jairo Rivera, Betsy Yurima Briceño, Juli Jaimes Ávila, Johali Isabella Garcia, Génesis Camaripano, Rosa Virginia Maestre, Maura Johnson, Lactenia Espinoza, Rosalinda Cedeño, Iraima Carrillo de Garcia, Luis Cipriano Perez, Carmen Alicia Bernet, Antonio José Garcia, Wilson Garcia Maestre, Heira del Valle Cedeño, Irene Ortega, Ramón González, Felix Mauricio Briceño, Cristina Samuel Rojas, Albany Francheska Rojas, Eduardo David Rojas y Geysimar Camaripano. Todo un apasionado y bullicioso colectivo de adultos y jovencitos interesados en sistematizar sus conocimientos y además aportar sus experiencias existenciales, para plasmar así, desde la escena, “el alma viva de Petare”, que no es otra cosa que las historias vivas y vividas de su gente, con sus lenguajes y sus peculiares maneras de expresar sus sentimientos, especialmente su musicalidad. 

sábado, octubre 06, 2018

José Gil Fortoul está de regreso

El original y el actor para ser vistos en la Caracas del siglo XXI
El teatro caraqueño, para no hablar del que se hace en alguno otro de los 335 municipios venezolanos, es noticia permanente. ¿Qué, cómo, quién lo hace o lo gesta o quién lo disfruta?  Son algunas preguntas que no responderemos ahora. Y nos dedicaremos a solo anunciar que ya regresa El duelista, según informa José Tomás Angola Heredia, teatrero muy activo en los últimos tiempos.
¿De dónde salió El duelista, donde usted es el protagonista escénico?
Es una aproximación de Federico Pacanins sobre el legendario José Gil Fortoul, nacido en Barquisimeto, en 1861 y muerto en Caracas, hacia 1943, y pretende representar, de una manera emblemática las contradicciones de los intelectuales venezolanos. Hombre de enorme cultura, cultivó casi todas las áreas humanísticas de su tiempo: del derecho a la sociología, de la creación literaria a la historia, de la filosofía a la crítica. Sin embargo, aunque fue un adelantado y descolló en unas áreas de la historia y el derecho, fue menos que mediocre en otras, como la poesía. Hombre al servicio de la pluma, no escatimó en tomar la espada para lances personales llegando incluso a escribir un Tratado de Esgrima. Librepensador y creyente ferviente de la libertad individual, respaldó, apoyó y colaboró con dos regímenes políticos autocráticos y brutales como lo fueron el de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez. En el de este último llegó a ser incluso Presidente "de utilería" y armarle todo el tinglado constitucional para que el general Gómez se quedara en el poder de forma vitalicia. Guaro de pura cepa, venezolanista convencido, y formado académicamente en Caracas, al regresar de su largo periplo por Europa llegó con un acento afrancesado que no perdió en toda su vida, y que fue motivo de burla por muchos. De obra intelectual trascendente que escribió pensando en la posteridad, vivió siempre pendiente de la fugaz y efímera apariencia personal, usando un estrafalario bisoñé para tapar la temprana calva, o bañándose en perfume francés para huirle a la vejez. En Gil Fortoul cohabitó lo divino y lo profano en una dialéctica perpetua y sin solución. Era un bastión del positivismo
¿Hay que aplicar las teorías positivistas para entender a Venezuela ?  
 Como bien mencionas, Gil Fortoul es uno de los personajes del positivismo en Venezuela. Su pensamiento, adscrito a esta escuela, le permitió llevar la historiografía nacional a terrenos científicos por lo que se le considera uno de los padres de los estudios modernos de historia. Sin embargo el positivismo también es responsable de ciertos prejuicios que incluso hoy perduran. Prejuicios como que nuestra mezcla étnica (entonces llamada de razas) conspiraba contra nuestra capacidad de progresar o superarnos como sociedad, o que la falta de estaciones del clima en nuestra latitud, nos condicionaba a no tener visión de ahorro o mentalidad planificadora del futuro. Eso llevó a Gil Fortoul y otros intelectuales a creer en el eurocentrismo, y a predicar la preterida tesis del "Gendarme necesario" en la política. El positivismo está superado pues si bien permitió cimentar a la razón, la ciencia y la experiencia como fuentes del conocimiento, desechó el espectro intangible, metafísico y espiritual del hombre. La hermenéutica se encargaría luego de ampliar los caminos del conocimiento e integrar todos estos ámbitos con la racionalidad. 
¿Cómo están elaborados obra y espectáculo?  ¿Fechas de la temporada y el elenco?
La obra es original de Pacanins, siendo él también su director, quien la escribió inicialmente pensando en el querido Cayito Aponte. Como un homenaje a su larga carrera artística y para su lucimiento. En esa época yo fungía de director y Cayito la protagonizaría. Tuvimos una lectura del texto, pero entonces Cayito ya empezaba a acusar las dolencias que finalmente nos lo arrebataron. No pudo asumir el proyecto. Con pocos meses para el estreno, Federico propuso un enroque que produjo este espectáculo: me ofreció el personaje de Gil Fortoul mientras que él enfrentaría el reto de dirigirla. Me gustó mucho el resultado. Me permitió explorar mis capacidades y limitaciones para interpretar a un hombre de 80 años en el último día de su vida. Federico se vale de esa anécdota para hacer un recorrido por la vida del intelectual, un recorrido que también descubre una Venezuela, una forma de ser, una sociedad, un tiempo que irónicamente tiene mucho de común con nuestro presente. A Gil Fortoul lo visitan apariciones de su memoria, como el padre Carlos Borges, sacerdote de vida disipada y sensual, poeta y orador incendiario, interpretado por Salvador Pérez Castro. O "Lola", suerte de símbolo en donde Pacanins resume todos los amores y las musas del sabio, papel que representa Valentina Garrido. De su cotidianidad está "Candelaria", idealización del femenino caraqueño de entonces, interpretado por Sandra Yajure. Como suele ser habitual en las producciones de Federico, la música juega un papel central. Todos los detalles se han cuidado con mucho esmero: el vestuario de época es responsabilidad de Fabiola Neri, así como la reconstrucción física de Gil Fortoul. La escenografía está firmada por el maestro Freddy Belisario. La iluminación es de Manuel Troconis. El trabajo de video y escenografía virtual de José Martínez, y la producción general es de Carlos Silva.
El espectáculo El duelista se estrenó el año pasado, pero fue durante la época de las grandes protestas, así que Federico decidió reestrenarlo el sábado 20 de octubre en la Asociación Cultural Humboldt de San Bernardino, en una breve temporada de solo cuatro funciones, sábados y domingos a las 11 am.
¿Cómo puede pasar de la escritura a la dirección y ahora a la actuación?  ¿En qué rubro se siente mejor?
En el teatro me pasa algo parecido como en la literatura. Algunos me preguntan cómo puedo pasar de la poesía a la narrativa. Y realmente no tengo respuesta para ellos. Hay temas que demandan ser enfrentados desde el verso, y esos asuntos me obligan a escribirlos así. Otros solo tienen entidad en la prosa y la narración. Me siento escritor, creo serlo y todo surge desde esa parcela de la creación, pero el ser director (oficio en el que tengo casi 30 años) me permite plasmar con mayor libertad lo que se expone en el texto. La dramaturgia del director, el ser puestista, es quizá otra faceta del escritor. Con el rol de actor pasa algo distinto. Darle vida, sentir, pensar, padecer, lo que ha sido escrito es una oportunidad única para un dramaturgo de descubrir la verdad en un personaje. Es como el científico que diseña un cohete, pero tiene la maravillosa oportunidad de subirse a él y pilotarlo. Saber en carne propia cómo asciende, cómo vuela, como orbita es una suerte única. Sin embargo formalmente no me considero actor. Se lo digo a mis compañeros de tabla, actores y actrices magníficos que respeto mucho. Es un oficio que amerita un gran talento y una gran disciplina. Lo respeto mucho para usurparlo. Me veo más como un turista en el país del actor.
¿Y después que hay en camino?  
El 2019 será un año de mucho teatro. La sociedad artística que tengo con Federico Pacanins, un hombre de y para la cultura, nos permite soñar en muchos proyectos que de otra manera serían imposibles. Proyectos de arte en donde participan instituciones de gran prestigio como la Asociación Cultural Humboldt (que cumple 70 años en el 2019), o ascendentes figuras de la escena como Elizabeth Yrausquín y su grupo Asklepión. Es una sociedad en donde nadie pierde su independencia o libertad creativa, pero que aúna esfuerzos para establecer programaciones con altos valores artísticos, cosa que es vital y necesaria en nuestro teatro. Para nosotros en 2019 habrá mucho Shakespeare, Goethe, Thomas Mann, Brecht pero también muchos autores nacionales como Leoncio Martínez, Arturo Uslar Pietri y Eduardo Casanova. Yo por lo pronto reestreno una pieza de mi autoría que se presentó por vez primera en 1995 en la Sala Rajatabla, y luego fue publicada en España en 1999, El Molino. Inspirada en la historia real de un militar venezolano, José de Jesús Sánchez Carrero, que fue a luchar con los franceses en la Primera Guerra Mundial, y murió heroicamente en la aterradora campaña del Chemin des dames, en la legendaria batalla del Molino de Laffaux. Ese argumento me permitió explorar temas como qué era el heroísmo, qué significa el valor o el sacrificio, o cómo la guerra es siempre una lucha en donde el enemigo es uno mismo. En esta obra extremaremos el uso de nuevas tecnologías aplicadas a la escena de una forma nunca vista en nuestro teatro. Eso ocurrirá en el primer trimestre de 2019.



miércoles, octubre 03, 2018

De la calle al teatro

Pablo García Gámez, dramaturgo criollo que vive en Nueva York.

 El teatro venezolano del siglo XXI tiene otro dramaturgo comprobado desde el escenario como consecuencia de un sensato y dinámico proyecto de las artes escénicas del Ministerio del Poder Popular para la Cultura, por intermedio del Concurso de Dramaturgia Apacuana y el montaje del texto galardonado. Ya se hizo antes con Peludas en el cielo de Gustavo Ott (Caracas, 14 de enero, 1963), exhibido en la temporada 2016, y ahora prosigue Oscuro, de noche de Pablo García Gámez (Caracas, 22 de septiembre de 1961), el cual hace temporada en la sala Alberto de Paz y Mateos, en su programación 2018.
La historia del teatro, que en ocasiones termina siendo una glosa de la saga social, política y económica del país que lo hace posible, se encargará algún día de redondear la merecida información y reacción sobre cada una de esas dos obras venezolanísimas, además de su proyección en las comunidades donde sean exhibidas, las cuales tuvieron la suerte de ser convertidas en estremecedores espectáculos por el director Carlos Arroyo y con valiosos elencos profesionales de la Compañía Nacional de Teatro (CNT).
OSCURO, DE NOCHE
 Contar el texto teatral que ahora se representa no es lo adecuado, porque debe el espectador escucharlo y ver su interpretación escénica, para asimilarlo y esperar que se dé la indispensable catarsis. No obstante podemos advertirle al lector de estas líneas que se trata de un drama -donde además hay una peculiar “música urbana contemporánea”, más dirigida a los sentidos que a la razón- sobre la conocida y bastante sufrida violencia urbana, que no es exclusiva de Caracas. Ahí, en la tarde noche de un viernes, Kenny Barrios (25 años) fue asaltado y muerto para robarle su recién adquirida motocicleta. Sus padres, Cristóbal y Zenobia, se enteran de la macabra noticia y comienzan a luchar contra las imágenes negativas que brotaron sobre su unigénito. Ellos hacen lo posible para cumplir con los rituales funerarios, pero encuentran una kafkiana serie de obstáculos burocráticos, mientras que la preguntona abuela paterna, Mercedes, que está seriamente enferma, agudiza la crisis familiar. Los medios de comunicación mencionan que la víctima tenía actividades ilegales, al tiempo que el   proceso en la morgue dura más de lo debido y en las funerarias se niegan a velar el cadáver. Sus deudos tratan de resolver cada problema en la marcha, buscando encontrar una paz que no llega.  Mientras tanto, tres testigos cuentan sus versiones sobre ese crimen y   se niegan a compartirlas con las autoridades.  Y como el héroe tenía una amada, Lucía (Ariana León), ella narra cómo fueron sus amores. El final, además del prólogo, actuado por un payaso (Andy Pérez), sirve para reiterar que es una historia de la vida real, a la que todo el mundo le tiene miedo porque le puede pasar a cualquiera. No hay moraleja ni tampoco mensaje, solo una advertencia: que lo dice todo en su título: Oscuro, de noche.
AUTOR DE OBRAS PROPIAS
García Gámez asegura que Oscuro, de noche es su texto 16 y por primera vez se le presenta su teatro a lo grande en Caracas, aunque ya ante le montaron una pieza breve, por lo que viene desde Nueva York para verlo. El revela que esta pieza nació de un hecho real que lo contó su madre durante noche de un domingo, hacia el año 2010.  “Ella estaba afectada porque un familiar había sido victima de un acto violento de noche y en la calle.  Me dio detalles. Esto se convirtió en imágenes recurrentes, que me perseguían.  Tal vez al año, quizás dos, llegó el momento de conjurarlas: me puse a escribir. La investigación sobre los hechos, más que investigación fue la voz de mi madre, Graciela Margarita, extraordinaria narradora oral que nunca se reconoció como tal, pero cuando contaba una historia lo hacía con propiedad y convicción. Nunca hablé directamente con los padres o hermanos de Kenny; a pesar de los años tuve y tengo temor porque ese tipo de dolor no se cura; sin embargo, cuando terminé la pieza, ellos la leyeron, no les pregunté qué les parecía y ellos tampoco me dijeron.  Después me enteré, de cosas que decían los personajes, que llegaron a decir los padres; por ejemplo, supe que la madre una vez gritó: “¡Dios, no existes!” como dice Cristóbal, el personaje en el texto; claro, son situaciones límite.  Los padres irán a la obra: espero que tenga un efecto positivo para ellos.  También pude cotejar la parte informativa de algunos los medios y encontré bastante material, especialmente en El Universal”. No es la primera vez que la realidad venezolana nutre a su teatro, ya que Román Chalbaud y Rodolfo Santana, para citar a estos célebres autores, tienen varios textos que lo demuestran.
Y aquí cabe dejar constancia que el texto de García Gámez carece de las tradicionales didascalias y la común estructura general de una introducción, la exposición, el clímax y un desenlace; solo unas líneas semiperdidas en 30 apretadas páginas, destinadas a plasmar un obra de un largo acto único y 32 fragmentos para ser ubicables en el tiempo y el tiempo circulares. La modernidad reclama la suyo, pero al final lo clásico emerge, está ahí.
VERSIÓN ESCÉNICA
Es, pues, un texto no convencional donde García Gámez apunta a la médula de la esfera privada de la familia de Kenny que ha sido desequilibrada o herida.  El detonante es el hecho que le ocurre al Kenny y lo que importaba era ver qué pasaba en el mundo de Zenobia (Francis Rueda y Adriana Bustamante), Cristóbal Luis Domingo González, Lucía (Ariana León lanzando sus románticas líneas desde la lira circense) y la anciana Mercedes (María Brito), cual abuela lorquiana.  Encontró que necesitaba un narrador, una especie de juglar o payaso contemporáneo para guiar la historia, donde Andy Perez quedo perfecto. Mucho trabajo en escaso tiempo para el trabajo global.
Así lo entendieron el director Arroyo y su elenco de más de 13 actores que durante dos meses lucharon para darle vida escénica o teatral. Y nosotros estuvimos ahí, cual “mirones de palo”, presenciando esa lucha contra tiempos, verbos y espacios físicos donde se desarrollaban las acciones preñadas de emociones y lágrimas. Una experiencia que nos dejó mucha enseñanza sobre el arte de la dirección y la actuación.  
Diremos que valió la pena acompañar ese proceso, el cual terminó siendo también nuestro de tanto leer y releer cada línea y poder así lograr ponderar las pugnas de cada actor con sus personajes, cuyas historias inventaron ellos. No se puede ni se debe hacer crítica desde la comodidad de una butaca. No, porque dirigir y actuar no son tareas fáciles para ningún profesional del teatro, aunque algunos se burlan o incluso se quejan.
Mención especial merece el director Arroyo que se fabricó su monumental y piramidal cerro caraqueño, para asimilarlo y ahí enclavar la casa de Kenny, a los vecinos curiosos, la morgue, la funeraria y el cementerio, todos definidos en sus espacios y con sus atmósferas temporales necesarias, además de una atmósfera general impactante. No sé si debo escribirlo, pero nos recordó a ciertos montajes espectaculares que hiciera Carlos Giménez en los años 80 y los 90 (La muerte de García Lorca, La honesta persona de Se-Chuan, etcétera) por el desafío a las reglas mismas del teatro y porque se buscó una especie de encuadre de imagen para esa cámara cinematográfica que todos llevamos en nuestros ojos, aunado al uso inolvidable de la iluminación. Y el director hizo lo suyo: ordenar o reordenar según las necesidades de la anécdota general. Una discreta, respetuosa y contundente versión escénica, tarea compleja por el compromiso que genera.
Dicho, de otra manera, en Oscuro, de noche, los actores, con mínimas excepciones, cumplieron perfectamente con las exigencias de un montaje didáctico o aleccionador y un tanto lúdico ante las características mismas del texto, ya que se trata de un circo que vaga por llanuras o montañas venezolanas.
Las funciones posteriores, hasta finales de octubre, pulirán las actuaciones y redondearán el tiempo escénico necesario para estos tiempos donde el miedo nos ha hecho construir muros invisibles donde estamos con otros millones de almas, procurando encerrarnos hasta que asumamos el ejercicio ciudadano que permita al colectivo conjurar ese miedo a partir de la práctica, como pide García Gámez, desde Nueva York. 
ELENCO
Hay que dejar constancia, pues, de que ahí participaron los comediantes Francis Rueda, Adriana Bustamante, Luis Domingo González, Gustavo Rengel, Ariana León, Dora Farias,  Marxlenin Cipriani, Randymar Guevara, Gustavo Meléndez, Trino Rojas, Kala Fuenmayor, Adrián Jiménez, Angélica Rinaldi, Yordano Marquina, María Tellis, María Brito, Andy Pérez, Vito Lonardo y Jorge Canelón, integrantes del elenco estable de la CNT. La música es, sin duda alguna, un creativo ensamble y el vestuario es de la CNT.
La temporada de Oscuro de noche, es de jueves a domingo, a las 4PM, a lo largo del venidero octubre, en el teatro Alberto de Paz y Mateos, el cual está ubicado, entre la Avenida La Colina y la avenida Andrés Bello, en la  Prolongación Los Manolos.  Urbanización Las Palmas. Metro Plaza Venezuela, conexión Metrobus Nº 314.

jueves, septiembre 27, 2018

Compañía Nacional de Teatro estrena melodrama de Pablo García Gámez

Oscuro,de noche.

La Compañía Nacional de Teatro, ente adscrito al Ministerio del Poder Popular para la Cultura, estrenó su espectáculo Oscuro, de noche, el jueves 27 de septiembre, a las 5PM, en la Sala Alberto de Paz y Mateos, sede artística de la institución, donde hará temporada hasta finales del venidero mes de octubre.
 La puesta en escena de Oscuro, de noche es de Carlos Arroyo -quien ha estado apoyado por los directores Marisol Martínez y Costa Palamides- logra materializar el hogar de Kenny Javier Barrios, de 25 años, asesinado por unos malandros, en el Municipio Libertador de la Gran Caracas para robarlo, quienes además logran despojarlo de su recién comprada motocicleta. Y es además es el reflejo de una familia angustiada para recuperar su cadáver y darle sepultura, en medio de los comentarios de los vecinos que dicen haber visto a la víctima y sus verdugos, y plasma el patético dolor de su novia.
 El autor, Pablo García Gámez, por intermedio de 13 personajes, a quienes presenta en un drama de un acto y 32 fragmentos, consigue plasmar una enternecedora saga de la violencia que ocurre en las grandes ciudades del mundo, las cuales parecen ollas de presión, de represión o de depresión. Oscuro, de noche es, pues, una historia arrancada de la vida misma, la cual enseña a sumar a los ausentes y restar a los presentes, que además provoca miedo.
En este montaje de Oscuro, de noche, texto merecedor del Premio Nacional de Dramaturgia Apacuana, en su tercera edición, el director Arroyo juega con elementos de las estéticas expresionista, realista y circense, además de un especial trabajo de musicalización por parte de la música dramaturgista Julia Carolina Ojeda y los percusionistas Moisés Mirele y Jorge Canelón hijo, hasta crear un conmovedor e impactante espectáculo donde se poetiza el miedo que se ha apoderado de una ciudad, para no más de 90 minutos de exhibición escénica.
Participan los comediantes Francis Rueda, Adriana Bustamante, Luis Domingo González, Gustavo Rengel, Ariana León, Marxlenin Cipriani, Randymar Guevara, Gustavo Meléndez, Trino Rojas, Kala Fuenmayor, Angélica Rinaldi, Yordano Marquina, María Tellis, María Brito, Dora Farias, Jean Manuel Perez, Andy Pérez, Vito Lonardo, Jorge Canelón y Adrián Jiménez, integrantes del elenco estable de la Compañía Nacional de Teatro. La música es un creativo ensamble y el vestuario es de la CNT.
La temporada de Oscuro de noche, es de jueves a domingo, a las 5PM, a lo largo del venidero octubre, en el Teatro Alberto de Paz y Mateos, el cual está ubicado, entre la Avenida La Colina y la avenida Andrés Bello, en la Prolongación Los Manolos. Urbanización Las Palmas. Metro Plaza Venezuela, conexión Metrobus Nº 314.


miércoles, septiembre 26, 2018

Mariña por Miartus y que vivan las técnicas del mapping y el videobean


Quisimos “repetir” el buen espectáculo Ningún hombre es una isla, muy bien escrito, dirigido y además protagonizado por José Tomás Angola Heredia (Caracas, 1967), apuntalado en los correctos actores Andrea Miartus y José Manuel Vieira, el cual habíamos disfrutado durante la temporada del pasado mes de enero en el teatro Humboldt. Y por eso volvimos el sábado 15 de septiembre a ese moderno edificio teatral que mantiene la comunidad alemana en el San Bernardino caraqueño, sin sospechar que tendríamos que ver, por tercera vez, el mismo espectáculo, como en efecto ocurrió, porque debíamos ponderar así al nuevo talento para la actuación que se subía a esas tablas: Andrea Mariña, un bella y espigada estudiante de periodismo, ya que Andrea Miartus había sido sustituida perentoriamente tras una delicada operación de apendicitis, en la mañana del domingo 16, y suspender sus presentaciones hasta otra temporada,
Sí, una vez más, la naturaleza nos recordaba que los actores y las actrices son mortales y en ocasiones, hasta milagrosas, emergen  otras artistas que asumen el reto de sustituirlas para que el espectáculo continúe, como ocurrió el pasado domingo 23, teniendo, además, entre el público a la convaleciente Andrea Miartus. Gracias, pues, a la pericia médica y a la buena suerte de la Miartus, no hubo mayores problemas y el teatro venezolano cuenta ahora con una nueva actriz, Andrea Mariñas, quien está muy entusiasmada además con sus estudios universitarios y tiene muchos sueños para materializar en las artes escénicas.
Fuimos, pues, testigos preferenciales de un hecho – y repito- milagroso o mágico en el mundillo teatral criollo, donde ya se aprecian las ausencias y abundan las quejas porque no todo lo que emerge tiene calidad. Pero ese será tema para otro artículo, porque no se deben jurungar las heridas sociales y menos si son del sector cultural.
HEMINGWAY EN TERCERA TANDA
Debemos, pues, reiterar nuestras preguntas sobre cuáles son la vasos comunicantes culturales y existenciales entre el contemporáneo teatrero venezolano José Tomás Angola Heredia con el bardo místico inglés John Donne (1572/1631) y el novelista estadounidense Ernest Hemingway (Oak Park, 1899/ Ketchum, 1961) ¿Por qué se suicida el gringo aquel si aparentemente lo poseía todo? ¿Tenía miedo a vivir o a seguir luchando para escribir más obras famosas por su calidad literaria? ¿Vale la pena vivir a pesar de los obstáculos sociales y políticos? ¿Para qué vivir si debes renunciar a tus afectos o tus placeres? ¿Para qué vivir hasta envejecer acosado por las enfermedades o las desilusiones que proporcionan los seres amados?
Las   respuestas las descubrió o las dedujo el teatromaníaco que en Caracas acudió a la sala Alexander Humboldt, en la calle Juan Germán Roscio, en San Bernardino, donde precisamente hizo una  notable temporada el ponderado espectáculo Ningún hombre es una isla.
Solamente en un espacio escénico como el de Humboldt podía Angola Heredia hacer y lucir lo logrado. Un estremecedor homenaje al ya legendario Hemingway durante el último año de su vida, por intermedio de un bien caracterizado y exhaustivo monologo existencial del célebre intelectual, con los precisos y convincente soportes de Miartus -.y después la Mariña- y Vieira y la magia audiovisual que le proporcionó la correcta utilización de las técnicas del mapping y el videobean para ambientar la larga y exhaustiva, además de patética, despedida del autor de Por quién doblan las campanas y otras novelas.
Angola Heredia revisa además con su texto la poesía y la filosofía de Donne, en especial su poema Ningún hombre es una isla, que es una amarga meditación sobre los seres humanos y circunstancias existenciales en las sociedades que les ha correspondido vivir, concretamente, como lo canta en su poema: Ningún hombre es una isla entera por sí mismo. Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo. Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti”.
El aburrimiento y desencanto existencial de Hemingway, agravado por su dependencia alcohólica  se materializa en la escena gracias al encuentro mágico entre el escritor y los protagonistas de su novela Por quién doblan las campanas, lo cual permite ponderar el escritor en charlas con  Robert Jordan y su enamorada María, y avanzar hacia su final: el suicidio, utilizando  una de sus famosa escopetas de cazador, después de haber sido obligado a salir de Cuba por la llegada de la revolución de Fidel Castro y sus guerrilleros de la Sierra Maestra.
Y aquí debemos reconocer que en ocasiones los arboles no nos dejan ver el bosque, y que es precisamente ahora cuando hemos evaluado y disfrutado tres veces las montajes de Un hombre no es una isla cuando nos impactó la técnica teatral-audiovisual, denominada mapping-video, aplicada a la escena, con la cual lleva cerca de cinco años experimentando el teatrista Angola Heredia.
Pero, como le mismo lo admite, lo usó por vez primera en la pieza Chirimoya flat que protagonizaran Laureano Márquez, Crisol Carabal y los ya desaparecidos Cayito Aponte y Levy Rossell. “Siempre he estado vinculado a los medios audiovisuales y siempre tuve la curiosidad de intentar fusionar el teatro y la multimedia. Pero lo quería hacer desde una visión diferente. El video se ha usado mucho sobre las tablas, pero sentía que siempre se manejaba de la misma manera: como efecto, interrumpiendo el discurso dramático, o como recurso informativo. No se incorporaba como herramienta de lenguaje para el drama. El mapping como tecnología tiene poco tiempo de estarse usando. Apenas la vi por primera vez entendí que esa era la manera como debía usarse en el escenario. En mis últimas cinco seis piezas lo he aplicado sistemáticamente, desde la construcción de escenografía virtual hasta para modelar personajes que permitan la interacción con el actor real. Desde el video estereoscópico para acentuar atmósferas oníricas o psicologista, hasta la creación de espacios que rompan las unidades de tiempo y lugar tan clásicas del teatro”. 
 Afirma Angola Heredia, y de eso damos fé, que hay muy poca gente experimentando con estas técnicas dentro del teatro venezolano y creemos que es temor a lo nuevo o desconocimiento, pero Angola Heredia advierte que en realidad el diseño es la clave de todo. La visión que el puestista tenga de la pieza y su traducción en un código más visual y plástico. “Los temas de costos, mayores o menores, están asociados a los equipos de proyección que ciertamente son caros en su alquiler pues no son equipos cualquiera, sino con grandes capacidades de proyección y luminancia. Pero empleando el criterio y razonando el uso del recurso se pueden realizar cosas prodigiosas que alcancen las limitaciones presupuestarias de la producción”.
Por lo pronto, reitera el artista, seguirá en este camino que pone a su grupo, La Máquina Teatro, en la vanguardia de las más recientes producciones teatrales del mundo. “Es un honor y un orgullo poder hacerlo y demostrar que el talento escénico venezolano sigue siendo de primer orden”.
Y nosotros, como críticos, aprendimos algo que será vital para posteriores montajes, porque el ejemplo de Angola Heredia ya cunde en esta Caracas.

viernes, septiembre 21, 2018

Un asesinato que llega al teatro para catarsis de los venezolanos

Pablo y Carlos durante uno de los ensayos.
Gracias al estreno y la temporada del espectáculo Oscuro, de noche, desde el 27 de septiembre, a cargo de la Compañía Nacional de Teatro (CNT) en la sala Alberto de Paz y Mateos, el caraqueño Pablo García Gámez (22 de septiembre de 1961) ha puesto definitivamente su marca en la dramaturgia criolla.
García Gámez, desde Nueva York, donde lleva 26 años como residente, reconoce que esta pieza, con la cual ganó el Tercer Premio de Dramaturgia Apacuana, que otorga el Ministerio del Poder Popular para la Cultura, revela que en su récord ya tiene 16 piezas escritas y montadas.
 “Podemos decir que hasta ahora tenía una obra y media estrenadas en Venezuela.  La media obra es el Oasis Pub, que escribí junto con Elio Palencia en 1987.  Este año 2018 se presentó ¿Y qué es Nueva York? como parte del ciclo breve de teatro organizado por la Escuela Juana Sujo, durante los actos de conmemoración de su 70 aniversario.
¿Cómo nació esta pieza? ¿Es cierto que se basó en un hecho de la vida real? ¿Cuál fue y cómo hizo la investigación?
Sí, mi pieza Oscuro, de noche nace de un hecho real.  Una tarde de domingo, llamé a mi madre.  Ella estaba afectada porque un familiar había sido victima de un acto violento de noche y en la calle.  Me dio detalles.  La situación de esa familia era compleja por las connotaciones que tiene un hecho de ese tipo: las funerarias se negaban a velarlo en sus predios, la abuela estaba enferma del corazón, el padre no se movía de la morgue, en los medios apareció que el muchacho era un delincuente y todo esto aunado al papeleo que tenían que completar.  Esto se convirtió en imágenes recurrentes, imágenes que me perseguían.  Tal vez al año, quizás dos, llegó el momento de conjurarlas: me puse a escribir. La investigación sobre los hechos, más que investigación fue la voz de mi madre, Graciela Margarita, extraordinaria narradora oral que nunca se reconoció como tal, pero cuando contaba una historia lo hacía con propiedad y convicción.  Nunca hablé directamente con los padres o hermanos del joven Kenny Javier Barrios; a pesar de los años tuve y tengo temor porque ese tipo de dolor no se cura; sin embargo, cuando terminé la pieza, ellos la leyeron, no les pregunté qué les parecía y ellos tampoco me dijeron. Después me enteré, de cosas que decían los personajes, que llegaron a decir los padres; por ejemplo, supe que la madre una vez gritó: “¡Dios, no existes!” como dice Cristóbal, el personaje en el texto; claro, son situaciones límite.  Los padres irán a la obra: espero que tenga un efecto positivo para ellos.  También pude cotejar la parte de los medios y encontré la información. En el respetable periódico caraqueño EL UNIVERSAL hay información real y concreta sobre ese suceso. El teatro poetiza nuevamente a la más cruda realidad.
  ¿Cómo diseñó la obra y cómo abordó su escritura?
Esta obra arranca como imagen recurrente.  La imagen está ahí, la ves, piensas en ella, imaginas qué dice el personaje.  Pasa el tiempo y en tu mente escuchas las respuestas de otros personajes, aparecen otras situaciones.  Su escritura apunta a la médula de la esfera privada de esa familia que ha sido desequilibrada, herida.  El detonante es el hecho que le ocurre a Kenny y lo que me importaba era ver qué pasaba en el mundo de Zenobia y Cristóbal, y Lucia; sus padres y la novia. Encontré que necesitaba un narrador, un juglar contemporáneo para guiar la historia, y me inventé al payaso.
¿Su técnica dramatúrgica no es convencional y deja al director el trabajo de interpretar la idea general y además de crear las didascalias?
Agradezco que llames a mi técnica no convencional.  Creo que lo dices por dos aspectos.  El primero es el manejo del tiempo; pienso que esta pieza puede ser una especie de evocación, de recuerdo, y no recordamos de forma lineal: con frecuencia recuerdas una imagen y luego te viene otra del mismo hecho pero anterior cronológicamente y otra que es posterior, una que no vendrá porque la olvidaste, y así.  Interviene en ese proceso la necesidad de no hacer una línea recta en la narración para atrapar la atención e incorporar al espectador al mundo de la pieza.  El segundo aspecto, que se refiere a la ausencia de didascalias no es tan novedosa: los textos del Siglo de Oro, por ejemplo, no tienen mayores acotaciones.  Si disfruto leer acotaciones como las de Valle Inclán que son poesía.  El punto es que hay una dramaturgia del cuerpo; el entrenamiento y la experiencia del actor van formando una dramaturgia de movimientos, gestos, tensiones.  El actor tiene un repertorio orgánico que el escritor -salvo casos excepcionales- carece.  Quiero que mis textos aprovechen esas experiencias que tienen los intérpretes de la obra: es otra posibilidad -y en extremo comunal- de una puesta en escena con una técnica alternativa: el texto con sus posibilidades más las posibilidades de un elenco, que éste ponga a disposición su experiencia en las tablas para así tener una real co-autoría.  Eso no quiere decir que sugiera alguna imagen como la del sepelio de Kenny. Está la labor del director que suma todas esas experiencias y agrega su visión del trabajo.  En este caso, que Carlos Arroyo haya llegado a la imagen de que la pieza se desarrolla en un circo, que haya percusión que hasta puede sugerir un estado de trance, son consecuencias de ese diálogo texto-director-actores; pude ver un ensayo que se convirtió en una experiencia sensorial de sonido, movimiento, de voces que en realidad decían algo: un trabajo orgánico y de equipo.  Además, está lo que llamo el punto de fuga: una situación ambigua a resolver por el espectador: en este caso son las versiones tan disimiles que dan los testigos que presencian el hecho.
¿Cuál sería tu propuesta final: contar una aciaga historia o proponer al espectador una reflexión sobre los orígenes o causas de la tragedia y la expiación de los vivos que sufren por esa muerte?
En Oscuro, de noche tengo dos propuestas: que el espectador acuda a una obra de teatro para entretenerse. La propuesta subyacente es que en ese acto colectivo emerja la reflexión.  La pieza habla del miedo que nos ha hecho construir muros invisibles lo que, si es verdad que estamos con otros millones de almas, procuramos encerrarnos.  Por eso hay varios monólogos: el de los testigos que presencian, pero no denuncian porque a veces nos sentimos solos, desvalidos.  Una mirada, un gesto, el ruido de una moto, la caída de la tarde, un frenazo, un modo particular de caminar, la noche nos pone sobre aviso.  La idea es mostrar cómo ese muro nos ha hecho construir estereotipos: un motorizado es un malandro. La idea es compartir ese miedo y, si no se disuelve del todo, por lo menos que permita articular nuestros temores que si se comparten permitirán asumir la ciudadanía, en el ejercicio ciudadano que permita al colectivo conjurar ese miedo a partir de la práctica. 
¿Tiene un método especial para escribir o cada obra le exige técnicas y trabajos diferentes?
Mis piezas tienen en común la imagen recurrente de la que hablé arriba.  Pocas, muy pocas, han sido sobre una decisión consciente “voy a escribir tal cosa”.  Eso sí, cada pieza exige su método.  De Oscuro, de noche por ejemplo primero salió el primero y el último cuadro (yo los llamo fragmentos).  La premisa durante su escritura era que no se convirtiera en un texto lineal; la pieza fue avanzando.  Cuando pensé tenerla lista, la reordené cronológicamente para revisar si necesitaba algún otro cuadro o fragmento y posteriormente, la volví a su orden original que es con el se representará en la Compañía Nacional de Teatro. En el caso de otra pieza, Olvidadas, planteaba acciones performánticas como jugar con arroz, dibujar sobre papeles pegados a las paredes y el tiempo allí se volvió cíclico.
 ¿Qué le pide o exige al director que monte sus textos?
Tengo muy buenas experiencias con la mayoría de los directores que han dirigido mis piezas.  Sí les sugiero que se aproximen a ellas con ingenuidad.  Así como mis textos abren posibilidades de lecturas, un director arriesgado va conformando su idea a partir de la dramaturgia del cuerpo del actor.  Me provoca suspicacia el director que sin tener un elenco ya sabe cómo resolverá el montaje.  Mi más reciente trabajo en Nueva York, El Gos, dirigida por Leyma López, fue un proceso de aprendizaje integral para todo el equipo.  Aprendizaje que se vio en la irreverencia y audacia de la puesta en escena que se centró en el trabajo y potencial de cada intérprete.
¿Qué espera ahora?
Llegar a Caracas y ver ese espectáculo final que ha logrado Carlos Arroyo y su gente. Gracias a Dios por hacer posible todo esto. Qué la vean muchísimos venezolanos y haya la necesaria catarsis que exigían los griegos y que necesitamos los venezolanos, ahora y siempre.





jueves, septiembre 20, 2018

UN CIRCO POBRE EN UNA CIUDAD VIOLENTA

Una mujer enamorada que se niega a dejar de vivir

No es frecuente, para no decir que no es costumbre, en los medios teatrales hablar de quienes aprendieron las primeras letras o páginas del infinito ABC del teatro. La razón o la sinrazón de esa conducta anómala que hemos detectado a las largo de 49 años de inmersión en los meandros escénicos venezolanos, tiene mucho que ver con el natural miedo a no ser exactos o a no ser tomados como otra cosa, o simplemente por la atávica mezquindad del género humano, de la cual casi nadie se salva.
Pero Carlos Arroyo (Paraíso de Chabasquén, Estado Portuguesa, 1964) sí disfruta revelando quienes fueron sus maestros y las enseñanzas recibidas… y espera tener otros más porque su viaje a la mítica Ítaca recién comienza. Gilberto Pinto le descubrió el amor al teatro, mientras que Alberto Ravara y Eduardo Di Mauro le hicieron aprehender al teatro como un oficio, pero son Herman Lejter y Carlos Giménez quienes lo lanzaron al misterio de la puesta en escena y lo destinaron a ser un director de teatro, lo que es ahora, cuando ya cuenta no menos de 70 montajes y nunca olvida que estudió teatro y se graduó en la Escuela Porfirio Rodríguez, en Petare.
Sobre Carlos Giménez reitera que es querido, odiado, abucheado, aplaudido, alabado, injuriado, rechazado, solicitado, pero nunca ignorado. Para él, Carlos Giménez se quedó para siempre en la historia del mejor teatro venezolano, tras escribir de forma altamente creativa, a lo largo de 23 años, valiosas e inmensas páginas en la saga de las artes escénicas venezolanas y mundiales, como lo hizo con El coronel no tiene quien le escriba.
Rememora que Giménez destacó en la producción y en la dirección de espectáculos, al tiempo que pretendió enseñar su técnicas a quienes quisieron aprehender, pero no tuvo éxito en esa difícil docencia, salvo en el caso de Daniel Uribe que si captó algunas características de su creatividad para realizar montajes. Hay que recordar que Carlos Giménez no tuvo tiempo para organizar sus memorias ni llevar la mayor parte de sus postulados estéticos al papel. Era un creador a tiempo a tiempo completo y cada uno de sus montajes era una clase maestra.
Gimenez enseñó que el paisaje teatral debe crear sus reglas en cada espectáculo que se produzca, como lo hace la naturaleza, y entonces el público lo aceptará y disfrutará porque habrá nacido así la poesía teatral. Y cita, casi de memoria: “Veo con tristeza cuando el teatro huye de la poesía, cuando los actores vagan por la escena falsamente engañados   por directores que no lo son. Hay que dudar de aquel que no se enamora del escenario, que no te convence del profundo significado de una puerta que se abre, de una luz que se enciende, un trozo de cielo que se inventa con que solo mires hacia arriba”. Sabias palabras que Carlos Giménez materializó.
-¿Usted admite estar influenciado por Carlos Giménez?
Sí, muchísimo, y siempre recordaré sus maravillosos montajes y los otros espectáculos que vinieron a los festivales internacionales de teatro de Caracas, la mayor escuela teatral el mundo que se mostró aquí en Caracas a lo larga de décadas. Imposible olvidar su  Peer Gynt, El alma honesta de Se_Chuan, El señor presidente y el espectáculo más famoso en la historia del teatro venezolano: El coronel coronel no tiene quien la escriba.
OSCURO, DE NOCHE
 Carlos Arroyo está ahora ante uno de sus mayores retos creativos, cual es dar vida escénica al texto Oscuro, de noche de Pablo García Gámez, que obtuvo el Tercer Premio de Dramaturgia Nacional Apacuana y mostrarlo desde el 27 de septiembre, en el teatro Alberto de Paz y Mateos.
¿Cómo abordó la puesta en escena de ese texto?
No soy de los que sigue las acotaciones o didascalias de los autores sobre cómo deben ser representadas sus obras. Para mí la lectura del texto, con mis actores, es la guía que me lleva hacia la puesta en escena, En Oscuro, de noche está presente la soledad del ser humano, el miedo, la inhumanidad y la violencia que convierten en un infierno a las ciudades densamente pobladas.  Creo, pues, que el texto, el actor y el director son los elementos básicos de cada espectáculo. Ellos hacen ese mapa teatral que se materializa en el escenario, en este caso el Teatro Alberto de Paz y Mateos. Para Oscuro, de noche   trabaje la idea de un peculiar circo pobre que llega a una ciudad y cuenta una historia dramática, pero tomando en cuenta a los personajes con sus angustias y ambiciones. He contado con un excelente equipo humano    y con un equipo técnico que ha realizado mis exigencias. Trabajé bajo una especie de monumental carpa de circo enclavada en una colina de Caracas, hacia donde los espectadores caraqueños buscarán sus verdades. Llego la hora de que el público hable y de sus opiniones, sobre la parejita que no pudo amarse porque la muerte se los impidió y ella queda sola, montada en una medialuna o lira circense. Debo subrayar que me inspiré mucho en la pieza El viaje de los cantores de Hugo salcedo, un texto que materialicé, en donde se combinaron los espacios y la maneras de contar lo que ahí acontece, espectáculo que hice en Guanare, hacia la temporada 2002.
Creo que el público caraqueño disfrutará de lo que ahí se le mostrará, además hay de una creativa pista musical de ritmos caribeños para darle más calor al dramón escénico. No podemos olvidarnos jamás del melodrama a la latinoamericana, aunque los ingleses y los españoles, nos enseñaron sus melodramas. No soy partidario de contar como son los espectáculos, sino de mostrarlos y que ellos hablen.