martes, marzo 31, 2009

Uruguayos estrenan teatro venezolano

Otra vez más, ese gran invento del ingenio que es la Internet hace posible que un dramaturgo venezolano sea representado en el exterior. Se trata de Víctor Vegas (Barquisimeto, 1967) y su texto Pieza para dos actores, el cual será estrenado en la sala Agadu de Montevideo el 18 de abril, por los interpretes Luciana Acuña y Javier Barboza, dirigidos por Antonio Baldemir.
El larense Vegas no podrá estar presente en el estreno uruguayo, porque se ha instalado recientemente en Madrid y anda entregado a los delicados trámites para residenciarse allá por un tiempo largo, pero desde la capital del reino español cuenta que su Pieza para dos actores “nació” a raíz de varias desilusiones o desencantos que tuvo en 1989, “Ese año, como recordarás, fue un año de inflexión en nuestra sociedad. Ese año se podría ver como premonitorio o una gran metáfora de las profundas fracturas que se sucederían luego y que aún hoy vivimos como país. También fue el año en que se desintegró el grupo de teatro que había formado con otros amigos cinco años atrás y, además, el año cuando empecé a distanciarme del llamado socialismo real, con el que hasta entonces simpatizaba. Te confieso que sigo teniendo mis simpatías por los movimientos de izquierda, pero desde luego una izquierda de avanzada, verdaderamente progresista y moderna, que sepa respetar y convivir con aquel que piensa distinto. a todo lo anterior habría que sumar el rompimiento sentimental con una noviecita que tuve por entonces y que juraba que me amaría eternamente. Todo esto conformó una especie de cóctel de sensaciones y sentimientos que luego vaciaría en la obra, una pieza profundamente pesimista, a pesar de que un año antes había escrito Cuando seamos grandes, que es todo lo contrario a Pieza para dos actores".
Víctor advierte que su obra Pieza para dos actores no es más una metáfora del sin sentido de nuestra vida contemporánea, en la que los adelantos tecnológicos que han sido creados para comunicarnos, a veces acaban teniendo el efecto contrario, dejándonos la sensación de estar recluidos en un baúl o un ataúd. Hay un adagio popular que gravita por toda la obra y que sin duda es fiel reflejo de la naturaleza humana: amor y odio son cuernos de la misma cabra”. Y todo eso lo ha argumentado con dos hermanos, gemelos para más señas, se encuentran "encerrados" en un lugar abstracto, que bien pudiera ser el escenario de un teatro. Allí le dan rienda suelta a sus angustias y manías cotidianas; sus corrosivas acrobacias y juegos malabares lingüísticos. “No hay en mi obra una línea de evolución y desarrollo, sino más bien una sucesión de imágenes, en su mayoría poéticas, pequeñas historias aisladas o que se entrelazan”.
Otro venezolano en Montevideo
El actor Javier Barboza, desde la capital uruguaya revela que Pieza para dos actores llegó a sus manos “gracias a el maravilloso mundo del Internet, el cual nos permite estar en cualquier parte del mundo cuando nosotros queremos. Y fue así, que buscando una obra para dos actores, di con la página web del venezolano Víctor Vegas (http://www.victorvegas.com/). Miré los obras que tenía, leí Pieza para dos actores y enseguida me di cuenta que esa obra transmite lo que yo quiero decir en este momento, tengo al teatro como un medio de comunicación en el cual hay que saber y tener cuidado con lo que uno dice y el mensaje de la pieza es lo que quiero decir hoy y ahora”.
-¿Por qué el teatro?
-No podría dar una explicación lógica y coherente, simplemente que cuando por primera vez me subí a un escenario me di cuenta que era lo que quería para mi vida. Es algo que me llena de satisfacciones.
-¿Desde cuándo en el teatro?
-Comencé estudiando a los 18 y a los 19 me invitaron para trabajar en mi primer obra profesional, desde allí nunca más dejé el escenario. Hoy tengo 25 años.
-¿Ha realizado estudios académicos?
-He estudiado en varias escuelas y talleres de teatro, con grandes maestros de nuestro país. Siempre he estudiado, no deje de estudiar ni cuando comencé a trabajar. Siempre trato de aprender más y más, para superarme cada día a mi mismo.
-¿Qué le gustó del texto de Vegas?
-El sentirme ahí reflejado. La incomunicación de los seres humanos. Cómo la costumbre embrutece. Como siempre repetimos las mismas cosas, hacemos lo mismo, nos quejamos pero de todas maneras seguimos haciendo siempre lo mismo. Como dijo Einstein: “si seguimos haciendo lo que siempre hemos hecho seguiremos obteniendo los mismos resultados que hasta ahora, para obtener resultados diferentes hay que hacer cosas diferentes”…Creo que es un resumen de lo que quiere transmitir la obra… y todo eso me encanta.
-¿Cómo se han propuesto el montaje y la actuación?
-Bueno con respecto al montaje, estamos planteando un teatro-circense en decadencia, con una vorágine de palabras, gestos, movimientos, con una repetición casi mecánica que refleja la monotonía de los personajes. La desesperación de salir de esta situación, hace que el planteo del espectáculo sea muy dinámico y cómico.
-¿Qué proyectos tienen con el montaje de la obra de Vegas?
-Realmente nos hemos enganchado mucho con esta obra, en el proceso del montaje. Tenemos prevista una gira nacional y la idea con este espectáculo, por el mensaje universal que plasma y el estilo que le hemos encontrado, es que tiene muchas posibilidades de participar en algún festival internacional de teatro y de hacer giras por el extranjero o por lo menos ese es nuestro objetivo.
-¿Cuál es el estado actual del teatro uruguayo?
-Y…. que te puedo decir… como en todos lados hay buenos y malos espectáculos. Pero creo que hay un resurgir del teatro nacional con un Estado que está de a poco apoyando más el arte y la producción de espectáculos, de todas maneras también hay, creo yo, un exceso de obras en relación a la cantidad de público que ve teatro. Además de una descentralización de la cultura, todo el teatro nacional está en la capital y muy poco llega al resto del país.
- ¿Hay alguna relación del teatro uruguayo con el teatro argentino?
-En algún aspecto puede que si, con una parte del teatro argentino, pero no es el que trasciende fronteras. Aquí en Uruguay se representan muchas obras de argentinos, de hecho nosotros hemos trabajado con muchos de ellos, como Mauricio Kartún, Patricia Suárez, Eduardo Pavlovsky, e incluso, nuestro próximo espectáculo, es de Griselda Gambaro.
-¿Qué conoce del teatro venezolano?
-Para ser sincero muy poco. En los últimos años lo único que está presente es Barro negro de José Gabriel Núñez que esta en cartel hace 13 años en Montevideo, además se han representado obras de Isaac Chocrón, Román Chalbaud que estuvo presente en un festival internacional de teatro aquí en Montevideo, Rodolfo Santana y también se ha representado una obra sobre la vida de Carlos Gardel, de José Ignacio Cabrujas, que es El día que me quieras, y ahora Víctor Vegas que lo mostraremos nosotros.



lunes, marzo 30, 2009

Cuatro forjadores de la escena criolla

Honrar honra, lo enseñó el poeta José Martí. Y es por eso que la Fundación Casa del Artista lo realiza para exaltar y dignificar el invaluable patrimonio humano y de la Nación que ha dedicado sus mejores años de vida a fortalecer la identidad criolla, por intermedio de los valores culturales, y cuya formación, experiencia, talento y sabiduría, han estado dedicados al engrandecimiento del país y a la profundización de lazos con los pueblos de América y el mundo por intermedio del arte teatral, en este caso.
La Casa del Artista, perteneciente a la plataforma del Instituto de las Artes Escénicas y Musicales del Ministerio del Poder Popular para la Cultura, rindió un lucido homenaje el martes 31 de marzo, en la Sala Juana Sujo, a los teatreros Humberto Orsini, Nicolás Curiel, Eduardo Gil y Rodolfo Santana en un acto especial que sirvió como preámbulo a la representación de la obra Titus Andronicus, de William Shakespeare, puesta en escena por Armando Holtzer y producida por la Compañía Nacional de Teatro y la agrupación Teatro Regional de Portuguesa.
Sobre esos cuatro homenajeados en vida, hay que recordar aquí una parte de sus historias de vida artística, porque todavía pueden hacer más por el teatro de su país:
Maestro
Humberto Orsini ha dirigido más de 120 espectáculos teatrales y ha escrito, versionado y adaptado unas 20 piezas. Ha sido fundador y director de diversos grupos teatrales en Venezuela, corredactor de diseños curriculares en escuelas de teatro y universidades, compilador, editor y autor de numerosas publicaciones sobre teatro. Este formador de varias generaciones de actores, nació en Santa Cruz del Orinoco, al sur del estado Anzoátegui, el 4 de mayo de 1926. A los cinco años de edad actuó por primera vez en una velada organizada por su maestra Ignacia Mata de Aguirre. Luego estudió primaria en una escuela nocturna de Ciudad Bolívar, en la que hacía teatro escrito y actuado por él. En 1950, ya en Caracas, se inscribió en el curso de capacitación teatral del Ministerio de Educación. En 1953 fue el fundador del grupo teatral Máscaras. En 1958 visitó 17 países europeos ampliando su visión del teatro mundial.
Relanzo al TU
Nicolás Curiel es un curtido guerrero del teatro venezolano. No se enchinchorra ni sé empantufla ni tampoco pide la jubilación a la cual aún no sabe si tiene derecho. Es por eso que sigue trabajando en la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela (UCV) como catedrático de Artes Escénicas. Y ahora ha regresado al Teatro Universitario (TU), una de las más antiguas instituciones culturales del país, para conjugar una crisis interna y poner en la mejor órbita estética a los estudiantes interesados en el viejo arte de Tespis. Su carrera se inició el 9 de abril de 1957 cuando lanzó al TU, en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, institución que impulsó el desarrollo de las artes escénicas en el país. En sus clases se formaron actores, actrices y directores como José Ignacio Cabrujas, María Cristina Lozada, Gustavo Rodríguez, Eduardo Gil y Hernán Lejter, entre otros.
Relanzó a la CNT
Eduardo Gil es investigador, actor y director de teatro con un amplio reconocimiento público como creador y pedagogo. Estudió en Francia en el Centro Universitario Internacional de Búsqueda Teatral, de la Universidad de Nancy, Francia. Es el fundador del TET (Taller Experimental de Teatro de Caracas), uno de los más importantes centros de trabajo teatral venezolano. Fue director de la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela (1996 – 2000) y director del Instituto Universitario de Teatro del Ministerio del Poder Popular para la Cultura (2002 – 2005) Y es el director general de la Compañía Nacional de Teatro, desde 2005 hasta la fecha. Nació en Niquitao, estado Trujillo, el 15 de febrero de 1943.
El viaje de Santana
Rodolfo Santana vincula la escritura a la aventura y cree que los seres humanos deben asumir la vida como un viaje, con naufragios irremediables y cree por eso que la historia está repleta de héroes y viajeros, con sus descubrimientos y combates. Nacido en Caracas el 25 octubre de 1944 y criado entre Guarenas y Petare, es además uno de los pilares del movimiento cinematográfico criollo, lo que ocurre es que su trabajo ha sido libretista o guionista y los créditos se los llevan los directores o los actores, y los reales se los guardan unos pocos. Sobre sus orígenes teatrales, cuenta que a los 19 años, Aníbal Guerrero, director de cultura de Petare, le preguntó: “¿Sabes de teatro?” Dijo que sí, y lo nombraron director de Teatro de la Casa de Cultura y comenzó a organizar grupos en los barrios petareños, barriadas nacientes, en los que el polvo flotaba; sin agua ni electricidad. Se sumergió en las necesidades abrumadoras de unos invasores que rehuían el campo en el que cultivar era miserable. Trabajó el Entremés del Mancebo que casó con Moza brava, de Miguel de Cervantes, en versión de Alejandro Casona. Reconoce que sus conflictos con la ideología y la verdad comenzaron durante su pasantía por Petare. Y esa imagen no se le ha ido de sus neuronas, porque fue torturado por la Digepol, pero lo salvó José Vicente Rangel Vale. Tan siniestra experiencia por su ideología lo hizo más radical y es por eso que su teatro enseña que el acto de vivir es una pelea, un combate, el tránsito de una aventura, un marco social y político en el que se contradecían las opiniones y “uno habla mediante el drama”. Ha escrito no menos de un centenar de textos y buena parte de ellos han sido representados.

sábado, marzo 28, 2009

Un auténtico violinista a la venezolana

Michel Hausmann camina firme sobre el inestable escenario venezolano. Logró hacerse respetar como director y coproductor de espectáculos al estilo Broadway. Ahora puede contabilizar sus primeros 100 mil espectadores convocados a lo largo de 52 funciones, siempre en el Aula Magna de la UCV. Comenzó en 2005 con El violinista sobre el tejado, lo repuso para 2006 y este domingo 29 de marzo cierra la temporada 2009. En 2007 exhibió Jesucristo Superestrella (libreto de Tim Rice y música de Andrew Lloyd Webber) y se lució con Los productores, de Mel Brooks, en 2008. Hemos degustado cada una de esas piezas del teatro musical y también ponderamos sus montajes de las comedias Tócala de nuevo de Woody Allen, El favorito de dios de Neil Simon y el estreno de Los Navegaos de Isaac Chocrón, exhibidos en Teatro Trasnocho y Ateneo de Caracas. Una hoja de vida profesional breve, numéricamente, pero valiosa por la calidad presente en la mayoría de esas creaciones y por el ritmo de trabajo de la agrupación, o empresa Palo de Agua, que siempre lo ha acompañado. Algo que no es frecuente en el ámbito criollo.
Estamos ante un artista que sí derrota complejos y supera prejuicios. Prosigue capacitándose con talleres y cursos en el exterior y gracias a sus públicos trabajos esta convocando a los espectadores de Venezuela, su país, porque sus padres, sobrevivientes del Holocausto, así lo decidieron hace 28 años en Caracas. Él lo asumió y trabaja para que todo su pueblo fabrique y sueñe un mejor futuro, no sólo en lo que al arte teatral se refiere. ¿Qué pasaría con este artista, y con otros como él, si existiera una organización o una mesa de dialogo para escucharlo y conocer sus naturales preocupaciones como ciudadano y como artista? ¿Quiénes ganarían?
La semana pasada vimos El violinista sobre el tejado y fuimos impactados no sólo por la vigencia de su temática y la actualidad del argumento, sino por la depurada puesta en escena, la precisa producción –ahí las labores de Yair Rosember y el director musical Salomón Lerner son fundamentales- y la profesional participación del elenco encabezado por Armando Cabrera, Beatriz Valdés, Tania Sarabia y Cayito Aponte, además de las actuaciones de Luigi Sciamanna, Nathalia Martínez, Rolando Padilla, Jean Paúl Leroux, Gerardo Soto, Mariaca Semprún, Violeta Alemán, Victoria Nogueroles y Gonzalo J. Camacho, apuntalados por otros 40 artistas y bailarines. Exaltamos el incondicional respaldo de una correcta “orquesta de emergencia” que conjuró un inesperado y vergonzoso veto neonazi
El violinista sobre el tejado -basado en la novela Las hijas de Tevy de Sholem Aleijem, (libreto de Joseph Stein, música de Jerry Bock y letra de Sheldon Harnick) y traducido y con canciones de Hausmann y Lerner- es una aleccionadora metáfora sobre las tradiciones de las comunidades y el esfuerzo que deben hacer todos sus miembros para mantener el equilibrio tanto en los núcleos familiares como en los contextos sociales para no ser nómadas o desplazados a territorios foráneos. Se argumenta y se representa con un colectivo judío ortodoxo que mora en una aldea ucraniana de los tiempos zaristas, a principios del siglo XX, y se acentúa en una familia, con cinco hijas, que trata de mantenerse unida, sin eludir sus normas, pero el gubernamental régimen despótico ordena su salida de esa zona, con lo cual todos los núcleos familiares se resienten.
Ese espectáculo, como espejo de vida, exhibe a una acosada comunidad judía, pero la dura realidad de esa situación se repite ahora con otras etnias en Europa, Asia, África y América. La intolerancia y la incultura de algunos políticos atentan contra la esencia de los pueblos, al parecer ignoran que sin comunidades perecen las naciones y desconocen que las represiones sí tienen su final y vienen después retaliaciones sin misericordia ninguna, porque no hay nada más efímero que el poder de los déspotas.
Y para los que todavía no han se han explicado la metáfora que encierra el titulo de esta asombrosa pieza musical, recreada por venezolanos de todos los orígenes y unificados por el talento histriónico, les recordamos que los violinistas necesitan pisos estables para interpretar sus melodías y que cuando lo hacen desde un techo o un tejado siempre corren el riesgo de caerse, para lo cual deben mantener el equilibro. En otras palabras, los pueblos o las comunidades, o sea los violinistas, para sobrevivir y poder así interpretar los ritmos de sus existencias, deben equilibrar sus problemas internos con los externos, no perder el control de lo que ocurre en sus hogares ante lo que transcurre allende las puertas de sus casas.
Nunca un espectáculo teatral se ha mostrado tan oportunamente y con una depurada calidad que exalta a la venezolanidad. “Un auténtico violinista a la venezolana”, como diría la madre de un destacado artista criollo, tras ver la representación del sábado 21 de marzo.


Tres espectáculos políticos a la venezolana

La Muestra Nacional de Artes Escénicas y Musicales, que comenzó el viernes 7 y concluye el 31 de marzo, ha permitido apreciar en Caracas varios espectáculos, pero aquí destacamos solamente tres de ellos: el singular montaje músico teatral La cantata del rey Miguel, Los invasores y Titus Andronicus.
El rey negro
La cantata del rey Miguel, escrita y puesta en escena por Tomás Jurado Zabala y Carlos Arroyo, con la producción del grupo Teatro Negro de Barlovento y la Compañía Nacional de Teatro, tiene como temática a los esclavos negros en la provincia de Venezuela y las luchas que dieron para conseguir la libertad aún a riesgo de perder sus vidas.
El argumento se centra en la saga del mandinga Miguel comprado en Puerto Rico para trabajar en las minas de oro de Buria, pero él se enfrentó a los españoles, fundó su propio reino libre y se convirtió en voz de rebelión ante el imperio de Madrid, que al final lo elimina, porque él decidió morir peleando antes que aceptar la rendición que se le ofrecía lo cual significaba conservar la vida en esclavitud. El capitán Diego de Losada y sus soldados entrenados rigurosamente para la guerra, aplastaron su movimiento, pero no su semilla y su ejemplo.
Esa faceta casi desconocida, de la historia aún no contada de la conquista, se desarrolla a través de parlamentos rítmicos donde se intercalan canciones, bailes, ritos, y otras manifestaciones culturales emergidas de un maravilloso sincretismo artístico, hasta lograr un espectáculo aleccionador por sus formas y sus contenidos de esencia libertaria.
El autor y al director lograron una cantata como crisol de las diversas manifestaciones de la cultura africana, con sus cantos, su música, sus bailes, sus creencias religiosas, su lengua y su actitud ante la vida. Definieron que se expresaría a través de “parlamentos rítmicos” para llevar la secuencia de la historia y se intercalarían canciones, bailes, ritos y otras manifestaciones culturales afroamericanas. Un teatro con danza o una danza con teatro gracias a esa hibridación del arte único del Teatro Negro de Barlovento con una estructura de espectáculo contemporáneo que relata con imágenes del grupo y las palabras de Miguel y un cronista de los españoles.
El norte del espectáculo-exhibido en la Plaza de los Museos- muestra las raíces africanas presentes en el folclor criollo, pero también es un desagravio ante las vejaciones y atropellos cometidos por el europeo, además de exaltar la diversidad cultural entre negros e indígenas.
Esos invasores
Los invasores
, dirigida por Orlando Ascanio y mostrada en la sala Doris Wells de la Casa del Artista, es una coproducción entre la Compañía Nacional de Teatro y el Teatro Estable de Villa de Cura. Escrita hace 46 años, por Egon Wolff, es una joyita del mejor teatro político latinoamericano. Su autor, un ingeniero chileno de origen alemán, nacido hacia 1926, anticipó toda una serie de procesos políticos y sociales en este irredento continente, porque su temática es un microcosmos del paisaje violento en el que muchas sociedades modernas, especialmente las del Tercer Mundo, echaron raíces y crecieron, como conceptualiza Karen E. Breiner-Sanders. Es un drama del mejor neorrealismo social que recrea una serie de confrontaciones, la verdadera armazón de toda violencia, que reflejan convulsiones tantos regionales como universales. En Los invasores se plasma como una tropa de campesinos desplazados o arruinados que invaden los terrenos y casas elegantes de la clase pudiente de una rica comarca.
Hay dos personajes simbólicos que llevan la trama del espectáculo, China y Meyer, uno personifica a la revolución y otro al capitalismo. Uno lideriza un movimiento reivindicativo que se ha extendido y cuya metael es devolver a manos de quienes han sido explotados por las grandes industrias, las propiedades que les han arrebatado. Meyer descubre que China busca vengarse por la muerte de su hermano, quien perdió la vida a consecuencia de la negligencia del propio Meyer.En resumen, Los invasores es una pieza conceptual sobre la revolución popular, la revolución de las masas, la revolución que pide, justifica y propone la igualdad de las clases sociales y la desaparición de las exclusiones.
Pero, y he aquí el truco de la pieza, todo eso es un sueño que acosa a Meyer, aunque últimamente ha visto que los campesinos se están organizando y que todo puede suceder. El espectáculo logrado por el director Ascanio y su grupo de jóvenes intérpretes es satisfactorio y tiene un buen ritmo escénico. Ahí participan Luis Enrique Torres, Jesús Hernández, Lanys Cabrera, Juan Luis Delgado, Henry Zambrano, Miguel Quintero, María José Quintana y Mercedes Nares, entre otros.
Tiempos caníbales
Con la tragedia Titus Andronicus, de William Shakespeare, culminó la Muestra Nacional de Artes Escénicas y Musicales, organizada por el IAEM del Ministerio del Poder Popular para la Cultura, la cual se desarrolló en los espacios de la Casa del Artista, con una variada programación que ha revelado el estado actual de un gran sector del teatro vernáculo.
Esta, que es una de las primeras piezas de Shakespeare, ha sido mostrada de buena manera y con una decantada coproducción profesional entre la Compañía Regional de Teatro de Portuguesa y la Compañía Nacional de Teatro, en la sala Juana Sujo.
Es la primera vez que en Venezuela se representa completa tan insólita obra que denuncia a la traición como el más deleznable pecado posible entre seres humanos amigos y, a su vez, es una ejemplar crítica al desenfadado abuso del poder en cualquier colectivo social. Ambientada en la época de los césares romanos, exhibe como al victorioso general Titus Andronicus le llueven las desgracias por la acción perversa de la esposa del emperador, quien pierde la razón y no ve ni piensa sino por la cabeza de su pérfida mujer, que busca, y lo consigue, vengarse por las derrotas y humillaciones que antes le produjo el valiente guerrero. Al final, como ocurre en el teatro, los malos son castigados con una cena en la que engullen a los hijos de la damisela, en deliciosas raciones de pudín de carne humana, por supuesto.
¿Por qué Shakespeare llevó su obra a tales extremos? Hay leyendas de leyendas, ocurridas en tiempos pretéritos de la humanidad, pero lo cierto es que la obra es una colección de asesinatos, algunos por asuntos baladíes, que pueden asombrar al espectador contemporáneo que no lea periódicos ni vea los noticieros de la televisión.
Titus Andronicus, dirigida con gran estilo por Armando Holzer, permite ponderar la profesional plantilla de comediantes de la agrupación guanareña, como Edilsa Montilla y Randy Montilla, reforzada por el actor Aníbal Grunn, quien da una irrepetible clase magistral de lo que puede hacer un comediante cuando se informa y construye su rol. A este artista, que además es maestro, le quedan muchos roles más por materializar, pero aquí ha dado un salto profesional que lo aleja y lo coloca en un exclusivo nicho de histriones excelentes.
La venganza se come a temperatura ambiente y si se ha cocinado con la carne del enemigo, debe estar rodeada de singular teatralidad para que puedan expurgarse mejor las retaliaciones y ser ejemplar o didáctica. Tan siniestra conclusión, con ingredientes canibalescos, se desprende de esta tragedia Titus Andronicus.

jueves, marzo 26, 2009

Llegó la hora del teatro venezolano

José Tomás Angola es caraqueño de pura cepa, nacido en la Clínica Razetti de La Candelaria, en 1967. Desde que tiene memoria la escritura es su pasión. Incluso en 1982, siendo apenas un adolescente, ganó su primer premio literario en un concurso nacional de cuentos para estudiantes de bachillerato. Fue en la Universidad Católica Andrés Bello, mientras cursaba Comunicación Social, cuando empezó a tomar contacto con el teatro y tres personas fueron claves para encauzar su vocación: Marcos Reyes Andrade, Patricia Guzmán y Javier Vidal. Los tres fueron sus profesores y de alguna manera, quizá sin ellos saberlo, lo comprometieron con el quehacer teatral. “En la UCAB escribí mis dos primeras piezas nunca estrenadas para fortuna de los auditorios. Después de graduarme, en 1989, me acerqué a dos artistas que me ayudaron mucho para que pudiera dar el salto al teatro profesional: Carlos Sánchez Romero y Gerardo Blanco, fundadores del Grupo Bagazos. Con esta agrupación debuté como actor en 1991 con Cupo limitado de Tomás Urtusástegui y estrené, en 1992, Los seres sobre las camas y, en 1993, Las cartas de Gabriel, que son formalmente mi presentación en los escenarios como dramaturgo y director”, puntualiza este teatrero que ahora es noticia porque prepara el estreno de la comedia Chirimoya Flat, el próximo 15 de abril.
-¿Por qué el teatro?
-El teatro es una de las formas de expresión artística más contundentes y demoledoras del hombre. No por nada fue el primer género literario de la humanidad. Los griegos hicieron teatro antes que poesía. De los anfiteatros helénicos surgieron todas las formas que se han desarrollado en la literatura. A pesar de esa vocación especial por el escenario, me considero un escritor a secas, no un dramaturgo, ni un poeta, ni un novelista, un escritor que enfrenta cada género desde lo que el tema, la emoción y la búsqueda demanden. En el teatro me formé autodidactamente y mi principal interés en este arte siempre ha sido la dramaturgia. El oficio de director fue un accidente inevitable pues para un autor que comenzaba era muy difícil conseguir a alguien que quisiera arriesgarse con textos de un desconocido. La dirección me obligó a redefinir mi enfoque hacia el teatro, a comprender la tríada que se forma entre el texto, el actor y el espectador, verdadera y necesaria estructura sobre la que se levanta todo el arte teatral. Dirigir me ha permitido descifrar la mecánica del diálogo y de la acción y trabajar casi con misticismo en el complejo asunto de escudriñar el sentimiento humano.
-¿Pero usted también trabaja para la televisión?
-La televisión es el medio que me permite sobrevivir. Escribir telenovelas, si bien no es escritura literaria, es una labor que brinda las herramientas de la disciplina de la creación. Hay que entregar capítulos para grabar se esté o no de ánimo. La maquinaria de la producción es inclemente y los argumentos de que "no estoy inspirado" o "no tengo el swing" se deben sublimar para encontrar los caminos hacia el sentimiento. Uno desarrolla recursos para conectarse primariamente con la afectividad. Emociones como la ternura, la tristeza, la pasión tienen que evocarse desde los ángulos más fácilmente descifrables para cualquier público. La televisión es una escuela invalorable para las demás escrituras que se asuman. Siempre pongo el ejemplo de que en la telenovela uno debe ser un escritor de cuño universal pues se escribe para una señora en San Fernando de Apure pero también para un estudiante griego en Atenas. Así de enredada y demandante se ha vuelto la globalización.
-¿Cuántas obras escritas y cuántas representadas?
-Tengo sobre las 15 obras escritas, de las cuales se han publicado cuatro y se han estrenado nueve. Ando en la búsqueda por el teatro vivencial y espiritualmente venezolano, que trascienda la frontera del pintoresquismo y me permita confeccionar un lenguaje de honda y universal venezolanidad. Quizá por eso siento que de alguna forma soy heredero de las banderas que, en los años cincuenta, Arturo Uslar Pietri, Ramón Díaz Sánchez, Alejandro Lasser y Guillermo Meneses levantaron por el teatro de aliento nacional.
-¿Qué pasó con su internacionalización?
-La internacionalización se ha dado a la velocidad que el mundo permite. Obtuve un premio de teatro breve en Valencia, España, en el 2005, que me permitió la exposición en varios escenarios y ante artistas de la talla de Pepe Sancho, Rudolf Sirera o Fernando Arrabal. España por cierto ha sido un país especialmente cercano a mi obra. He publicado allá dos libros, uno como parte del premio que gané y otro por el interés de la editorial Padilla Libros, de Sevilla. De resto he participado con mi grupo, La Máquina Teatro, en el Festival de Arte Contemporáneo de Manzanillo, en México, y algunas de mis piezas han sido motivo de lecturas dramatizadas en Estados Unidos, España y Canadá, siempre en el ámbito universitario, más por el afán que tienen esos centros de descubrir el nuevo teatro latinoamericano que por curiosidad sobre lo que hago, si soy honesto y modesto. De todas maneras uno sigue intentándolo y trabajando y Dios dispondrá lo que suceda.
-¿Qué criterios aplica para escribir teatro y cuáles utiliza a la hora de la representación?
-En Venezuela los dramaturgos viven con el terrible dilema de supeditar su creación a la factibilidad de la representación. La crisis económica, que ya es endémica en nuestros escenarios, condiciona los recursos que se emplean en las piezas, la cantidad de actores, los requerimientos de escenografía y vestuario. De allí que nos tropecemos en las salas con infinidad de obras que se basan en monólogos o espacios unidimensionales y vacíos. Yo intento escapar de ese callejón y prefiero no estrenar a tener que cercenar mi derecho a una representación digna o artística. De allí que tenga varios años sin estrenar una pieza de mi autoría (la última fue La serpiente en el templo que presenté en el 2003 en el Celarg, la Casa del Artista y el Festival de Teatro de Oriente). La razón para esto no es la soberbia sino que no he contado con los recursos financieros para hacer una temporada como se merece el texto pues, como siempre ha sido en el grupo, no trabajamos con dinero del Estado. Desde ese estreno del 2003 he escrito dos obras más: Bombarderos sobre Londres, que obtuvo el premio en España y fue publicada, y Sociedad Anónima, que duerme en la espera del estreno. También adelanto un proyecto muy ambicioso y único que se llama Matria y es una deconstrucción histórica de Venezuela desde las voces femeninas de todos los tiempos.
“Asumo los textos que dirijo fijándome en la potencialidad escénica y la capacidad que entrañan para comunicar ideas y emociones. Obviamente tenemos en La Máquina Teatro una filosofía, unas creencias, una manera de entender el mundo, el país y todo el teatro que sea afín a esa visión entra dentro de lo escenificable por nosotros. Es vital qué decir y cómo decirlo en nuestra percepción del arte. Estética sin ética es un vacío fatuo e inútil”.
-¿Cómo llega a Chirimoya Flat, cómo decide representarla y además que hará con ese espectáculo?
-Chirimoya Flat es una obra que vengo trabajando desde el 2003 cuando Eduardo Casanova, su autor y una suerte de pater literario, me la entregó. En su estado original era una criatura barroca y atemorizante. Poseía los cinco actos, que hoy en día tiene, pero alcanzaba las casi 80 páginas, lo que la hacía irrepresentable para los estándares teatrales venezolanos. No tenemos auditorios que estén preparados para ver obras de cuatro horas de duración, en la vera del teatro clásico. Entonces nos pusimos a trabajar con cierta intermitencia. Hubo, hace dos años, un primer intento por hacerla. Allí se sumó Levy Rossell al proyecto y en calidad de actor. Por circunstancias financieras la obra se tuvo que posponer y eso nos permitió seguir trabajando en el texto. La obra, que se verá en el Colegio Emil Friedman, representa la versión 30. Lo sé porque personalmente llevo el conteo de las versiones que Eduardo escribió tras cada comentario o revisión que le sugería. Esta ha sido una experiencia única pues pocas veces un director logra hacer tal llave con el autor y pude incorporar correcciones y aportes al texto original. Una vez que tuvimos el texto en la mano tuve que convencer a toda La Máquina Teatro para producirla. No era para menos. Es un montaje costosísimo para nuestros recursos y sólo aseguraría un margen de éxito si lo acompañábamos de un elenco de primeras figuras. Empezamos a tocar puertas, visitar a amigos, hablar con actores. Recuerdo que al principio nos sentamos con figuras como Antonio Delli, Claudia Nieto, Emilio Lovera y poco a poco fuimos confeccionando un elenco que no sólo pudiera, sino que sintiera con especial afecto este proyecto. Y lo logramos. Laureano, Crisol, Levy y Cayito constituyen la avanzada del casting pero también están Luis Carreño, José Manuel Vieira, Liliana Meléndez, Ramón Goliz, José Roberto Díaz y el Mago Sandro a quien decidimos sumar no sólo por su vis cómica y su talento sino también por buscar el aporte de la magia al espectáculo. Musicalmente conformamos un sexteto de estructura inusual y muy extraña y que le dará una sonoridad diferente y única: dos violines, una viola, un cello, una flauta y un cuatro.
“Por lo difícil que ha sido armar el elenco estamos forzados a cumplir funciones muy puntuales y únicas, por lo que quienes tengan la oportunidad de asistir a una de ellas no lo dejen pasar. Esperamos llevarla al interior y hacer otra temporada siempre en los límites de lo que sería una semana”.
-¿Cuál es su opinión sobre el estado actual del teatro venezolano, por dónde avanza y por donde se derrumba?
-El teatro venezolano está en estado catatónico. Pareciera que no reacciona ante la avanzada exterminadora que contra él han emprendido. El teatro es libertad, es disentimiento, es diferencia y es respeto y pluralidad. Todos estos valores son por supuesto la antítesis de lo que sus enemigos quieren. Parecemos un campo de batalla lleno de cadáveres y fierros retorcidos. Pero en medio de esa imagen dantesca se levanta, mecido por la brisa y el humo de los cañones, el tallo de una margarita, como en aquel pasaje hermoso de Sin novedad en el frente de Erich Marie Remarque. Por muy salvajes que sean, nadie podrá acabar con la creación teatral. Va en las venas de todos los seres humanos. Ahora lo vemos. Nuevas generaciones o nombres consagrados, todos buscando espacios alternativos, construyendo escenarios de la nada, inventando sin ningún apoyo. Muchos se quedarán en el camino pero otros surgirán y los más aprenderán a convertir la crisis en oportunidad. Ya lo estamos viendo. Este es el tiempo del teatro. Del hacer, del soñar, del crear. Ahora cuando más difícil es. Ahora, cuando pensar se ha vuelto un delito. Ahora… ahora… ahora llegó la hora del teatro.

lunes, marzo 23, 2009

Gustavo Ott revela la cara siniestra del Chat

Gracias a la aparición y desarrollo de la Internet, hace 20 años, además del incremento y popularización de las computadoras y los teléfonos celulares, el ámbito mundial del periodismo cambió notablemente, aunque la calidad de ese nuevo discurso informativo depende de la profesional e inteligente utilización de todos esos instrumentos o vehículos, tanto por los periodistas como por sus jefes. Pero lo único que no está en duda y que no puede desconocer o silenciar es que hay una novedosa y filosa manera de investigar y difundir las verdades de cada quien y la aparición de esa poderosa herramienta para la formación y liberación de los pueblos, como es el periodismo 2.0, donde los blogueros y las paginas web son como una blindada vanguardia, aunque todos ellos están amenazados por una especie de Nuevo Apocalipsis, ya que los hospedajes de los servidores y los satélites que hacen posible el funcionamiento y la interconexión de la web están en otras manos y otros cerebros.¿Qué puede pasar el día que todo eso se desconecte?
Recordamos todo eso y dejemos una pregunta en el aire, porque las artes escénicas mundiales, tanto el cine y el teatro, además de la televisión, también se han nutrido y desarrollado con esos aportes del talento humano y, como siempre ha ocurrido, la reflexión, el análisis y las propuestas teóricas sobre el uso correcto, de algunos de esos intrumentos, no podía faltar. Y el primero es el periodista y dramaturgo Gustavo Ott (Caracas, 1963), en Venezuela al menos, quien ha dado su reposada voz de alerta sobre los excesos que se cometen con la Internet y los daños irreversibles, dañinos o letales que puede ocasionar a las sociedades o comunidades. Y para ello ha escrito la pieza teatral Chat, llevada a la escena del Teatro San Martín de Caracas por Luis Domingo González, con un elenco donde participan Rubén León, David Villegas, Carolina Torres y Mariana Alviárez.
No es que Ott con su Chat se haya convertido ahora en otro Girolamo Maria Francesco Matteo Savonarola o pretenda proponer la erección de un neotribunal de la Inquisición que persiga y castigue a los que se excedieron con la Internet, especialmente los que usan el Chat, esa singular conversación entre personas conectadas a Internet, mediante el intercambio de mensajes electrónicos, para charlar y transmitirse contenidos que van desde conductas eróticas o quejas existenciales, así como simples informaciones vinculadas con gustos, disgustos o regustos sobre todos los temas posibles o imaginables y, más frecuentemente, fútiles asuntos íntimos o privados. ¡Es una mágica ventana que puede superar y negar por horas la soledad o la incomunicación a millones de ansiosos seres humanos!
Ott, como todo intelectual que se respete, sabe que la cibercharla o la ciberplática, utilizando los diversos programas para chatear que ofrecen los buscadores disponibles en las computadoras, no se debe utilizar jamás para engatusar a los usuarios, especialmente a la población joven o menos experimentada, o para convocarla con trampas a relaciones intimas o instigarla a participar en agrupaciones terroristas o sectas religiosas, o venderle falsos paraísos, y repetirse así, una vez más, el cuento de Caperucita Roja y el Lobo, pero en canallesca versión cibernética.
Chat hace énfasis en ocho historias de internautas que chateando pretendieron resolver sus cuitas existenciales y lo que hicieron fue complicarse la vida o perderla incluso, al caer en trampas malévolas de ese otro pecado de la raza humana que es generado por la perversión. Chat es pues una especie de triller que va desde la saga de una mujer ansiosa por emigrar a Estados Unidos y se hunde en la trampa que le tienden unos perversos “coyotes” en la frontera mexicana, las veleidades de un pervertido sexual que atrae muchachos y muchachas para saciar sus bajos instintos y los otros de más arriba, la angustia de un adolescente empeñado en vengarse de sus compañeros de estudios y por eso urde y ejecuta un asesinato múltiple en su colegio, o en la captura de idiota útiles para conspiraciones subversivas de extremistas religiosos. Chat no inventa nada, lleva a escena una serie de situaciones que han ocupado las páginas de los periódicos y espacios de otros medios informativos, además de haber nutrido argumentos fílmicos. Chat no profundiza en páginas rumbosas como Facebook y Myspace, entre otras, ni desmenuza algunas de esas informaciones de alto riesgo que colocan ahí millones de personas deseosas de compañía y de diálogos, sin sacrificar sus fueros íntimos ni compartir el contexto donde moran, barreras que suelen superar y pagar así ingratas consecuencias a precios que no se revelan muy pronto o que se borran o silencian por humanas vergüenzas
En síntesis, Chat exhibe una mínima escala, y hay hay que decirlo, de la cara obscura o el lado nefando de esa novedosa aplicación de la Internet, pero la culpa no es del instrumento sino quienes lo utilizan, como aquel crimen del primer hombre que le rompió la cabeza a su hermano con una quijada de burro, una brutalidad que rayo para siempre a ese cuadrúpedo e incrementó los obstáculos que puso Dios a la raza humana para alcanzar algún día la felicidad eterna o todo lo contrario. ¡Los ateos, que también usan la Internet y el Chat, darán otras explicaciones!
Chat, sin lugar dudas, es un acerado teatro de ocasión, precioso y oportuno, como el mejor teatro periodístico al estilo del brasileño Augusto Boal, que debe ser convertido en guión para el cine, porque su temática y su argumentación novedosas rompen las reglas milenarias del teatro. En un formato audiovisual se pueden lograr efectos y catarsis que jamás se obtendrán en un escenario, donde la imaginación del espectador siempre estará en deuda con la propuesta del autor.
Como es obvio, la puesta en escena adelantada por Luis Domingo González esta muy por detrás de la fuerza y la veracidad del texto, a pesar que los actores hacen lo imposible para crear sus complejas situaciones, llevar el ritmo y construir sus personajes, que son episódicos y además atrapados por esa telaraña del ciberspacio.Un trabajo más prolijo con precisos y definidos elementos de utilería habría ayudado más al disfrute del espectáculo, que por ahora es una atractiva lectura dramatizada con apoyos.
Queda Chat a la espera de un montaje con "todos los hierros" y las computadoras y demás elementos de la parafernalia de la web hasta crear una realidad escénica que siempre será mínima ante la verdad verdadera de ese problema que se agiganta día a día, y que solo el cine o la televisión están en posibilidad de macerar más para los espectadores, consumados y hasta desprevenidos chateadores.

viernes, marzo 20, 2009

El violinista judío divierte a Caracas

Las comedias musicales en Londres (West End) y Nueva York (Broadway) son la suma de los mejores talentos posibles, desde dramaturgos hasta iluminadores, pasando por directores, actores, cantantes, bailarines, vestuaristas, escenógrafos y publicistas. Son las puntas de la prospera industria del show bussines que además se reproduce en otras países donde haya empresarios y artistas dispuestos a recrear esos fenómenos culturales. Son una fastuosa muestra de que la globalización de las artes escénicas no se altera ante las barreras de la incultura ni de la torpe política.
Quien muestre una comedia al estilo Broadway en Caracas tiene una audacia artística sin límites y una asombrosa visión humanista del crematístico negocio que hacen en Estados Unidos de América y el Reino Unido. Aquí difícilmente se recupera la inversión y mucho menos se lucra, ya que no hay espacios teatrales adecuados en lo técnico y con capacidad, ni disponibles para largas temporadas. El otro aspecto vital, como es el artístico, tiene que desafiar las trampas de todos los ancestrales subdesarrollos formativos, esa ausencia de escuelas rigurosas que en vez de frustrar a sus educandos los catapulte al estrellato, por lo que los elencos siempre llevan el amargo rótulo “Es lo que hay”.
Pero en Caracas –teniendo en cuenta las diferencias físicas y conceptuales con respecto a lo que se hace en Londres y Nueva York- las comedias musicales se logran por el tesón de un artista venezolano de 28 años, quien ha logrado integrar un equipo y llevar así a escena, durante los últimos años, a memorables montajes como Jesucristo Superestrella (2007), Los productores (2008) y El violinista sobre el tejado (2005 y 2006).
Ahora el caraqueño Michel Hausmann –su familia judía se salvó del Holocausto- junto a Yair Rosember dirigen y producen, respectivamente, la reposición de El violinista sobre el tejado, protagonizado por Armando Cabrera, Beatriz Valdés, Tania Sarabia y Cayito Aponte además de las actuaciones estelares de Luigi Sciamanna, Rolando Padilla, Jean Paúl Leroux, Gerardo Soto, Nathalia Martínez, Mariaca Semprún, Violeta Alemán, Victoria Nogueroles, y Gonzalo J. Camacho, acompañados por más de 40 artistas en escena, quienes hacen temporada en el Aula Magma de la Universidad Central de Venezuela.
El espectáculo además cuenta con la dirección musical y de orquesta de Salomón Lerner, con el vestuario de Evelyn Villegas, las coreografías de Luz Urdaneta, la escenografía de Edwin Erminy, la iluminación de Carolina Puig, además de un grupo valioso de aguerridos músicos.
Hausmann advierte que El violinista sobre el tejado fue su primer trabajo como director de musicales. “Desde entonces, monte Jesucristo Superestrella y Los productores. Este nuevo montaje o reposición de El violinista… viene de nuestra agrupación o empresa mucho más madura, en temas de musicales tanto en el aspecto técnico como artístico. Hemos aprendido, hemos creado a partir de los patrones foráneos. Nuestros artistas han puesto lo suyo. Además de los musicales, hemos montado Tócala de nuevo de Woody Allen, El favorito de dios de Neil Simon y el estreno de Los Navegaos del dramaturgo venezolano Isaac Chocrón”.
-¿Cómo financia sus espectáculos?
-Nuestra gasolina es casi exclusivamente la taquilla. Tenemos apoyo de empresas privadas, pero el 94% del financiamiento nuestro viene de la respuesta del público en la taquilla. Como otras empresas privadas nos financiamos mediante préstamos de los bancos.
-¿Tiene suficiente público como para recuperar las inversiones?
-Sí y hasta tener ganancias modestas. Nuestra meta siempre ha sido ofrecerle al público un espectáculo de altísima calidad y que la taquilla pague el costo de las obras. La verdad es que no es ninguna formula novedosa, es la formula de las grandes ciudades como Nueva York, Buenos Aires, Londres. Lo que pasa es que el teatro en Venezuela siempre ha estado asociado al subsidio de los grupos y eso por naturaleza le hace a los productores ponerle menos atención a la taquilla y más a las relaciones con el estado. Con nuestra empresa Palo de Agua no hacemos eso.
-¿Por qué hace musicales?
-Porque me encantan, me apasionan. Son un género realmente mágico. Las escenas aumentan el nivel de tensión hasta el momento que los actores irrumpen en canción. Es un género muy permisivo y de mucha complicidad con el público. Porque son arte teatral y no es fácil hacerlo bien.
-¿Cuándo se atreve con un musical venezolano?
-Pronto, mi amigo Salomón Lerner (el director musical de las obras y gran compositor) y yo fuimos este verano a Nueva York a participar en un curso sobre escribir musicales. Hemos hecho algunos trabajos pequeños, pero después de esta temporada nos vamos a dedicar a escribir algo más largo.
-¿Qué problemas ha tenido que superar cuando realiza espectáculos musicales en Venezuela?
-El problema principal es la falta de espacios. Tener que transformar el Aula Magna en una sala de teatro (que no lo es) es una gran inversión de recursos y de tiempo. Ojala podamos tener pronto más espacios para hacer teatro. Nosotros estamos empeñados en conseguir r un espacio propio.
-¿Cuál es el musical, de los exhibidos hasta ahora, que más le satisface, tanto en lo profesional como en lo intimo?
-Definitivamente El violinista sobre el tejado, es el texto más bello, la historia más humana, más tierna. Unos personajes realmente profundos y enternecedores. Ojalá siempre tengamos el chance de repetir esta obra.
-¿Cuál es el próximo espectáculo musical que prepara? ¿Ha pensado instalarse en el extranjero?
-Nuestra próxima producción ya esta en marcha, pero no lo divulgaré hasta que tenga todos los mecanismos en mis manos. Instalarme en el exterior no es por ahora mi meta, pero si hemos pensado abrir puertas o escenarios en el exterior, como Bogotá, por ejemplo. Creo que es bueno empezar a abrir puentes con otros países.
-¿Es cierto que le pidieron una reposición de Jesucristo Superestrella?
-Casi siempre recibimos e-mails y llamadas pidiendo que lo hagamos. A nosotros nos encantaría volver a montarla, pero la carencia de salas adecuadas y la compleja agenda del Aula Magna complican un poco la situación.
-¿Y el Estado venezolano o los gobiernos regionales no le colaboran para la producción?
-No, en lo absoluto. Somos totalmente independientes de cualquier ente gubernamental. Tal vez por eso somos uno de los pocos grupos teatrales que no tienen bozal de arepa.

miércoles, marzo 18, 2009

Reglas de urbanidad de sociedades muertas

El filosofo y teatrero Jean-Luc Lagarce nunca conoció Venezuela. Murió en París el 30 de septiembre de 1995, victima del Sida, a los 38 años, cuando era “el secreto mejor guardado de la dramaturgia francesa”,pero ahora lo han convertido en el autor con más obras representadas tanto en su país como en el extranjero. Es una victima más de esa pandemia que ha diezmado no sólo a las artes, durante las ultimas tres décadas, pero quien al menos logró trascender gracias a la sapiencia de sus amigos y aguerridos directores empeñados en difundir algunos de sus 25 textos.
Ahí, en el conjunto de su magnifica obra, él pregunta a sus eventuales audiencias, entre otros tópicos, cuales son las razones “por qué estamos en la tierra y cómo vivimos” y les reitera que “nacer no es complicado; morir es muy fácil; vivir entre estos acontecimientos no es necesariamente imposible”. Eso es filosofía eterna, esa es la angustia de los seres humanos ante sus aciagos destinos.
Gracias al director Orlando Arocha y las primeras actrices Diana Volpe, Haydée Faverola y Carolina Leandro, en el Espacio Plural del Trasnocho Cultural, hace temporada, desde el pasado 23 de enero, su pieza Las reglas de urbanidad en la sociedad moderna, convertida en un singular espectáculo donde tres mujeres, cual reencarnaciones de las míticas brujas del Macbeth shakesperiano o las moiras griegas o las parcas romanas, desgranan con precisión y además representan las diferentes normas que deben ser respetadas o tomadas en cuenta por cada uno de los miembros de las sociedades contemporáneas. Es un teatro altamente conceptual, pero sus formas son clásicas, casi elementales, por lo cual puede resultar “antiguo” en la forma, pero mucho más contemporáneo en sus contenidos. Es, incluso, revolucionario y a la francesa, lo cual ya es bastante.
Lagarce en Las reglas de urbanidad en la sociedad moderna (escrita en 1994) -que es originalmente un monólogo, pero al que el venezolano Arocha transformó conceptualmente y ahora lo representa como una pieza para tres actrices- plantea que es necesario saber o conocer que para cada circunstancia o actividad existencial debe tenerse siempre una solución o una explicación, ya que “la vida no es si no una seguidilla de problemas y cada uno de ellos debe tener una solución”.
Arocha coloca a sus tres “brujas” a dramatizar, en ritmo de fina comedia, aunque en momentos se convierta en farsa, una charla o conferencia sobre el comportamiento correcto en sociedad. Obnubiladas por asegurar el estricto respeto a la tradición, desgranan con precisión las diferentes reglas que han de ser respetadas durante las ceremonias que marcan las etapas de la vida, desde el bautismo hasta el entierro pasando por la presentación en sociedad. En el camino, cual hadas malignas, dejan colar sus comentarios personales, amargos o poéticos, como si quisiesen adueñarse del juego de la vida controlarlo.
El hecho de alterar la estructura propuesta por el autor y convertir al monólogo en una pieza para tres personajes, demuestra, una vez más el depurado conocimiento y la habilidad práctica que Arocha tiene del oficio de la dirección escénica y la aplicación que hace en pos de rescatar la teatralidad del texto y convertirlo en un delicioso espectáculo, especialmente con todo lo relacionado con las bodas o desposorios, la cual es una ceremonia clave para la vida de las parejas, especialmente dentro de las sociedades entusiasmadas por el boato y las ceremonias, aunque tales rituales no conllevan la felicidad de las parejas, que es el fin ultimo de los matrimonios, en general.
Con esta obra donde retoma los preceptos exactos de un manual de urbanidad francés de principios del siglo XX, Lagarce propone una análisis del carácter mortal de las sociedades que renuncian al riesgo o al cambio, que no son capaces de alejarse de sus únicas verdades, que fracasan por anticipado construir un futuro.
La escenografía de Orlando Arocha y el vestuario de Raquel Ríos permiten al espectador revisar los innumerables y ricos matices del texto, que permanentemente nos lleva e vernos en el espejo de los ritos sociales y a preguntarnos, en palabras del autor, reiteradas por la tarea creativa de Arocha, hasta donde un colectivo que se dedica únicamente a la contemplación mórbida y orgullosa de su propia imagen no es, en realidad, “una sociedad muerta" y por ende en confrontación con todo lo que sea cambio o alteración de la rutina.
Por supuesto que el trabajo actoral de estas tres moiras criollas es excelente, de principio a fin. Atrapan al público y en esos 70 minutos que dura su ritual hacen reír y también estremecer por la verdad y la crudeza de lo que ahí enseñan, gracias a sus registros interpretativos jugados siempre sobre la farsa trágica.
Soñar con que se muestren más obras del legado de Lagarce no cuesta nada, pero al menos Moisés Guevara en el Teatro Trasnocho, que el regenta con solvencia, podría organizar unas lecturas dramatizadas para que el público escuche y rabie , una vez más, por lo que o puede ver en la escena. ¿Cuantas décadas de desfase con la dramaturgia mundial tiene el publico vernáculo?
Y la mejor advertencia o la más dolorosa respuesta la escribio así Jean-Luc Lagarce, quien sigue siendo actual, si leemos que “Una sociedad que renuncia al arte, en nombre de la cobardía, de la holgazanería inconfesable, de la falta de perspectiva, que renuncia al patrimonio del mañana, para contentarse en la autosatisfacción más beata, con los valores que cree haber forjado y que en realidad heredó, esa sociedad renuncia al riesgo, se aleja de su única verdad, olvida por anticipado construir su futuro, no dice nada, ni a los otros, ni a sí misma”.

lunes, marzo 16, 2009

El loco canario que gobernó a Venezuela

Ni la intolerancia ni la incultura caben en el sufrido cuerpo del intelectual caraqueño Eduardo Casanova Sucre. Ha derrotado a un endemoniado cáncer y ahora festeja sus 70 años con el estreno de su texto teatral Chirimoya Flat.
Desde siempre ha estado en los escenarios. A los 14 protagonizó el estreno de La viveza de Pedro Rimales, un guiñol de Arturo Uslar Pietri, escrito para los alumnos del Colegio Santiago de León de Caracas. A los 20 escribió varios “pasos” que nunca estrenaron, pero antes hizo dos o tres piezas de teatro infantil. En noviembre de 1962, mostraron su comedia Barrabasalia, creada en colaboración con Arturo Uslar Braun. “Redacte los cuadros referidos a un hipotético gobierno, además un prólogo y un intermedio, y Arturito hizo los de la hipotética oposición. Mis partes eran farsescas y las de Arturito solemnes, lo cual le quitó unidad a la obra. La crítica nos trató mal y decidí no escribir más teatro, pero en 1977 dos cuentos míos se convirtieron en comedias. Una de ellas, El solo de saxofón fue estrenada por Levy Rossell, con bastante éxito. En 1987 mostraron mi ópera Las Bejarano, con música de Luis Morales Bance. En el 2000 un drama mío, El Quijote cuerdo, recibió un premio por los 250 años del natalicio de Francisco de Miranda. Con Chirimoya Flat vuelvo por mis fueros”.
Insiste en recordar sus textos Máscaras de diablo, Don Ledesma de Caracas o el solo de valentía, Ajuste de cuentas y Agonía. “Los primeros que escribí deben estar en la Biblioteca Nacional, hasta Barrabasalia. Los otros, que son ocho, los tengo conmigo, y de ellos hay dos que se montaron, uno a punto de estrenarse y otros que esperan a directores y actores. Ah, y se me olvidaba uno que debe haberse perdido, y que escribí en 1958 ó 1959, muy influenciado por Pirandello. Se llamaba Los reflectores y la única copia que tenía se la di a María Antonia Frías, excelente pianista que murió casi niña.
Revela que en noviembre de 2003 fue a Santiago de Chile para pasar “tres estupendos meses”, gracias a la inmensa amabilidad de su compadre y amigo Alejandro Leighton, “quien nos alojó a mi mujer y a mí, y nos pagó el pasaje de ida y vuelta, después de que me operaran de un cáncer y me hicieran un tratamiento severo de quimioterapia y radioterapia. Un día, en el Metro, se me metió en la cabeza una especie de merengue caraqueño, con letra y todo. Con una letra llena de disparates y no sé por qué se me ocurrió que eso serviría para una comedia, una verdadera farsa sobre Nicolás Eugenio de Ponte y Hoyo, el gobernador y capitán general de Venezuela, que gobernó a caballo entre los siglos XVII y XVIII y se volvió loco. Fue el primer gobernante en volverse loco en el poder. Y sencillamente me senté a escribir la comedia mientras oía música de Mozart. Así nació Chirimoya Flat. Después empecé a revisarla, primero en Mérida y después en Caraballeda, y hace algún tiempo se la di a leer a Levy Rossell, que se entusiasmó mucho. Pero es José Tomás Angola Heredia, con su agrupación La Máquina Teatro, y combinado también con Levy, quien finalmente la está montando. El título salió del merenguito, que entre otras cosas dice “Chirimoya, flatulencia”, y se me ocurrió apocopar la flatulencia recordando aquello de Tortilla Flat, la novela de Steinbeck, que tiene mucho de humor, aunque no tiene ninguna relación con mi comedia”.
En el libro Gobernadores y capitanes generales de Venezuela, de su tío Luis Alberto Sucre, encontró la saga de Ponte y Hoyo, un nativo de las Islas Canarias que literalmente compró el cargo, y quien era un gran mujeriego, lo cual le generó muchas enemistades en Caracas.
Ponte y Hoyo en 1703 perdió la razón y en Caracas se dijo que lo había embrujado la india Yocama a pedido de un marido burlado. Los alcaldes de turno trataron de quitarlo del poder porque estaba loco, pero el Gobernador de Armas no lo permitió, por lo que se armó un tremendo lío hasta que intervino le Audiencia de Santo Domingo, que destituyó a Ponte, no porque estuviera loco sino porque no iba a misa, y en vez de entregar el gobierno a los alcaldes nombró al Marqués de Berrotarán, antecesor de Ponte, gobernador interino, lo cual fue apelado por los alcaldes ante el rey, que les dio la razón.
Tal como en su libreto de Las Bejarano, Casanova Sucre no quiso usar la verdad histórica y en este caso se inventó una verdad que es mucho más divertida y puso a pelear a un alcalde con otro, uno corrupto y otro honrado, que dividen a la ciudad.
No duda en afirmar que el poder en sí es una enfermedad. No es que enloquezca, es que es locura. “A Ponte y Hoyo le dio por decir disparates y por salir desnudo a la calle. A otros les da por mandar. A otros por cambiar cosas. A otros por creerse indispensables. Los psiquiatras del mundo, todos, deberían dedicarse no sólo a curar a los poderosos, sino a vacunar a los que no lo son, por si acaso”.
Satisfacción
No oculta su felicidad por el trabajo adelantado con Chirimoya Flat. Y esa satisfacción aumenta hasta lo increíble al ponderar el nivel de compromiso del director Angola Heredia y más aún al ver cómo se han entusiasmado los actores Laureano Márquez, Cayito Aponte, Levy Rossell, Crisol Carabal, José Manuel Vieira, Liliana Meléndez, Ramón Góliz, José Roberto Díaz, el Mago Sandro y Luis Carreño, así como los músicos y todos los que tienen que ver con la obra, cuyo estreno ha sido programado para el 15 de abril en el auditorio del Colegio Emil Friedman “Es algo formidable y lo cual me anuncia un éxito estupendo”.




domingo, marzo 15, 2009

La catarsis de la compañía

Según nuestras experiencias existenciales sí podemos definir lo que ha significado o lo que ha sido el amor en nuestro periplo.Pero aquello que aprendimos cuando niños o adolescentes, no ha cambiado, aunque seamos otros totalmente diferentes, y sigue ahí, como un faro, recordándonos que “dios es amor” y que fuimos “creados para amar” en auténticos actos de entrega, gozo y alegría, pero que ese amor en ocasiones también exige sacrificios y entregas a cambio de nada, solo del amor.
Esa y otras reflexiones más pueden martillar la conciencia y hasta provocarle insomnio a espectadores y espectadoras que acudan a la sala Horacio Peterson donde Giovanni Reali, un esmerado artista, además de ser un convencido luchador por el amor, apuntalado en otros y otras como él, insiste en mostrar una decena de miniactos teatrales centrados en lo que son, fueron o serán las relaciones sentimentales de una pareja, heterosexual, seres empeñados en luchar para ser felices por encima de las diferencias y los convencionalismos.
Se trata del estimulante y bien concebido espectáculo En compañía, resuelto más que satisfactoriamente por los intérpretes Roberta Zanchi y Antonio Urdaneta, donde se utiliza una inteligente y sensible selección de segmentos de las piezas Al unísono de Elizabeth Schön, Alcoba nupcial de Jan de Hartog, La necesidad de ser polígamo de Silveira Sampaio, Pareja abierta de Darío Fo, Magi ante el espejo de Isidoro Aguirre, Los días felices de Samuel Beckett, Aprendiendo de Jorge Luis Borges, además de Hoy recuerdo y Para siempre del mismo Giovanni Reali, como prólogo y epílogo.
¿Es posible amarse para siempre? ¿Qué mantiene vivo el amor de una pareja? Son algunas de las preguntas que Giovanni Reali propone y le responde al público, mediante esa minuciosa selección que integran el hilo dramático de En compañía, un montaje que debe acosar al corazón de toda su audiencia.
Todo eso se consigue, gracias a una minimalista y depurada producción artística que se limita a un baúl de múltiples usos y dos actores, en medio de un espacio escénico en negro, empeñados en mostrar situaciones al limite de la pareja que se ama, por encima de los demás, de ese nefasto infierno sartreano, y hasta obligándose, incluso, a si mismos, para no defraudar al otro o la otra. No es un show de boleros ni baladas romanticonas, nada de eso. Son fragmentos de las vidas de dos seres, teatrales por supuesto, pero posibles en la vida real porque de eso es capaz el arte, cuyo destino no es otro que amarse, acompañarse, apoyarse o criticarse hasta el infinito, pasearse sobre la cuerda floja de la despedida y volver a comenzar con más intensidad que antes.
Ese cóctel de fragmentos dramáticos y cómicos que integran el texto del espectáculo, permiten ver, palpar y hasta degustar a una pareja de amantes enamorados y capaces de desafiarlo todo, con tal de salvarse o no dejar morir al amor, como único motivo para estar vivos.
El director y autor escénico afirma que En compañía “damos la oportunidad de reconocernos, de reírnos de nosotros mismos, de reflexionar y de detenernos a pensar en el compromiso que se hace con la persona que amamos o con la que hemos determinado continuar nuestro viaje por esta vida, porque es una obra que brinda momentos íntimos de reflexión entrelazados con la cotidianeidad conyugal, a veces dramática, a veces hilarante”.
Difícilmente, el público saldrá de una función de En compañía sin evaluar lo correcto o lo incorrecto de tal o cual relación que vivió o que está viviendo. Eso se logra, pues, gracias a este certero espectáculo y por quienes ahí intervinieron. ¡La catarsis es la otra invitada a ese ritual sobre el amor y sus conflictos!
Y, por supuesto, hay una moraleja, muy a lo Perogrullo, que nadie debe olvidar, y es que para que haya amor se necesita, mínimo, dos personas, ya que el onanismo sentimental es mortal y es todo lo contrario al amor, que es vida.

sábado, marzo 14, 2009

Sarcos sensacional

No sabemos quien lo dijo. Aquí lo vampirizamos para reiterar que la vida es una obra de teatro sin ensayos. Hay que cantar, reír, bailar, amar cuando se dejan, llorar de dolor o felicidad y vivir intensamente cada momento de nuestra existencia... antes que el telón baje y ese espectáculo culmine…sin aplausos o con lágrimas de sinceros deudos. Dios no ha permitido que elaboremos ese texto que estamos condenados a representar, sin cambiarle ni una coma, ni tampoco escoger con quienes lo actuamos.
Pero los seres humanos inventamos el teatro y es desde ahí donde podemos contar partes de nuestro viaje existencial, edulcorado o maquillado, y hasta exhibirlo ante diversos auditorios, para satisfacer así aquellos deseos de escuchar como nos aplauden.
Escribimos esto después de haber visto, durante 80 veloces minutos, el monólogo, con apoyos audiovisuales, de ese actor nato que es Daniel Sarcos, showman de la televisión quien desde hace 12 años conduce el programa Súper Sábado Sensacional de Venevisión.
Sarcos se atrevió a contar algunos detalles, sobre su saga personal como lo demuestra en Mi vida no es tan sensacional, desde el penth house de Corp Banca. Eso no lo hizo Renny Otolina, ni Amador Bendayan, ni mucho menos Gilberto Correa, quienes ocultaron sus cuitas intimas, a pesar que la teleaudiencia las conocía con multisápidos detalles, gracias a la prensa de farándula que humaniza a esos conspicuos ídolos de barro de la pantalla chica, intérpretes y animadores que la hacen posible.
En Caracas, desde los años 60, un sector de los cultores de las artes escénicas, apoyados por intelectuales de café con leche y alguna prensa culta, vieron con recelo o envidia a los actores y participantes en las actividades televisivas. Les declararon una necia guerrita, los calificaron de incultos, improvisados y hasta fenicios o comerciantes, porque montaron comedias ligeras de texto y de ropas, las cuales se fueron robando parte de su público, cansado de tanta seriedad y trascendencia trasnochadas. Eso ha permitido, ya en el siglo XXI, que se lean misiles periodísticos contra el teatro de arte o el difamado teatro comercial. En fin, una polémica tonta y subdesarrollada, porque en esa histérica reyerta dejaron por fuera al público, que paga los espectáculos, especialmente donde hay estrellas de tal novela o de otro programa televisivo.
n resumen, más de 40 años de zafarranchos entre unos y otros, terminan con la victoria del mal llamado teatro comercial, que no recibe subsidios del Estado, pero tiene audiencia cuantificable que permite su manutención, mientras que el otro se muere de inanición porque de la ubre oficial no manan los fuertes bolívares si no para espectáculos menos extranjerizantes y más comprometidos con una realidad criolla.
Esto es necesario recordarlo, porque Mi vida no es nada sensacional provocará sofocones a los cultores del, incorrectamente llamado, teatro de arte.
Sarcos, por razones intimas, aunque aseguran que fue influenciado por los monologantes Mimi Lazo y Luis Fernández, se interesó en hacer un unipersonal, leyó varios, pero al final optó por echar un cuento edulcorado sobre diversas facetas de su propia vida, desde su nacimiento -Caracas,29 de septiembre de 1967- hasta la pantagruélica Navidad de 2008 en Miami con su familia y la de su tercera esposa Chinquiquirá Delgado.
Lo lamentable es que no uso a un experto dramaturgo para elaborar una correcta estructura teatral, pues lo que hizo Andrés Malavé carece de dramatismo, de intensidad y llega incluso al aburrimiento, a pesar de tener un material virgen, como es la vida de Daniel Sarcos; la cual “llama poderosamente la atención”, que es sensacional, porque es un triunfador, un criollo mestizo que viene desde muy abajo, como lo ha reconocido, que se impuso por sus dotes histriónicas naturales y porque estaba en el sitio y en el momento adecuados, cuando se necesitaba alguien así, para llegar al pueblo raso y mayoritario y embelezarlo con un show televisivo de discreta calidad, el cual tiene un raiting impresionante, y todo eso no es gratuito, sino trabajado.
En resumen, la precisa dirección aplicada por Basilio Álvarez, el desenfado de Daniel Sarcos para representarse a mismo, el innegable humor del texto y la graciosa manera como el mismo interprete se burla de lo bueno y lo malo que se murmura de él, al tiempo que exalta a su actual pareja -bella mujer, además- convierten esos 80 minutos en el entretenido acto de un exitoso cuentacuentos, un ilusionista que hasta ahora ha triunfado, utilizando un tanto de viveza criolla para materializar ese sueño venezolano de triunfar, ayudado por eso que los otros teatreros desconocen o pretenden ignorar: la telegenia.
Buena imagen
La telegenia es una mágica capacidad para que una persona, sea o no actor, luzca atractiva y atrape a la teleaudiencia. Ayuda el maquillaje, el vestuario, la iluminación y, fundamentalmente, sus gestos, sus tonos de voz y un cierto dominio de las técnicas televisivas. La telegenia no es únicamente manipulada por periodistas, presentadores y colaboradores de la televisión, también la aplican los políticos, porque una “buena imagen” puede llegar a ser determinante para el éxito de su carrera, como enseña Wikipedia.


Lo mejor y lo peor del Internet en "Chat" de Ott

Para festejar la inteligencia dedicada a la exaltación de las cosas buenas de la existencia humana, porque la vida, a pesar de sus malos ratos, debe ser siempre una fiesta para la inteligencia y los cuerpos donde ella anida, el dramaturgo caraqueño Gustavo ott (46 años) escribió y se dispone a estrenar, el próximo viernes 20 de marzo, su obra teatral Chat, puesta en escena por Luis Domingo González, con un elenco donde participan Rubén León, David Villegas, Carolina Torres y Mariana Alviares.
Pero, y he aquí la importancia o trascendencia del estreno de Chat, la cual seguramente será una de las producciones más provocadoras y actuales realizada por el Teatro San Martín en toda su historia. Se trata de un espectáculo basado o inspirado en la web, la cual precisamente cumple 20 años de haber sido puesta en marcha, gracias a esa fantástica idea del científico Tim Berners-Lee (Londres,8 de junio de 1955), para crear ese mágico espacio donde se pueden intercambiar informaciones a partir de los lenguajes HTML (HyperText Markup Language) o lenguaje de etiquetas de hipertexto; el protocolo HTTP (HyperText Transfer Protocol); y el sistema de localización de objetos en la web URL (Uniform Resource Locator).
Pero Chat, como lo advierte Ott, no es una cartilla sobre la Internet y sus lenguajes, es una reflexión escénica sobre las aplicaciones, positivas o negativas, de ese hecho que ha colocado en las manos de los internautas todo un mundo de conocimientos. Una aplicación de la ciencia al servicio del hombre, aunque en ocasiones esos inventos ayudan a que se incinere, porque los seres humanos siempre seremos unos aprendices de brujo, unos desesperados empeñados en competir con Dios o, incluso, hasta en destruirlo.
Chat, insiste Ott, un periodista que migró con éxito al arte teatral, precisamente hace dos décadas, es una obra de “contenido político y poético”, tal como lo refrenda el director González. “Una obra de absoluta contemporaneidad; un expresionista Brecht sobre un futuro que ya llegó. De las masacres en las escuelas al terrorismo; del secuestro a la compra on line; de la evasión a la inmigración; de YouTube al virus que controla tu disco duro; de los sitios sociales y de entretenimiento Facebook a los sitios que enseñan cómo construir una bomba atómica en el balcón de tu casa. Y todo en un espectáculo de una hora y diez minutos a la velocidad de un poema de Blake”.
Para su autor, “Chat habla de las tribus instantáneas cibernéticas, víctimas inconscientes de la guerra digital; tribus desprevenidas sobre los límites macabros entre la realidad real y la virtual. Chat es una poesía de la víctima; de la muerte como inmigración y exilio; de la búsqueda criminal por la trascendencia y sobre la necesidad de imponer la pureza a cualquier precio. Y es que Chat comienza con una idea perturbadora: si hay un inconsciente colectivo, entonces hay también un perverso colectivo. Saber la verdad nos hace desesperados”, dice.
"Chat es el Internet que le ha dado protagonismo virtual a todo el que lo desee y allí reside su poder macabro. Porque en Chat, la llama del protagonismo quema. Chat trata de un sentimiento suicida pero sensual de entrega, como el que siente el cordero devorado. No es el mundo a tus manos, eres tú al alcance del mundo”, apunta el autor.
Chat fue escrita por Gustavo Ott en el 2007 y al año siguiente fue seleccionada por la teatróloga María Jatsiemanuíl de Atenas para ser traducida e inaugurar una colección de obras de teatro hispánico publicada en griego por la Editorial Ekdosis Lagudera de la capital griega. Esta edición circula en Grecia desde enero pasado con traducción del poeta Stamatis Polenakis. Según apunta la editora Jatsiemanuíl en su prólogo, Ott pasa a ser el primer autor teatral venezolano traducido al griego con Chat.
Por su parte, para la directora greco americana Eleni Scoti, directora residente del Teatro Epi Conolo de Atenas, esta obra “no es una obra teatral; es una obra de arte” y la ha seleccionado para su puesta en escena en la temporada 2009-2010. Asimismo, Chat será llevada a escena en México en Septiembre próximo de la mano del director azteca Marcos Vieyra.
Pero es en su casa del Teatro San Martín donde la obra de Gustavo Ott se enfrenta con el público por vez primera. Chat estará en cartelera en temporada especial hasta el 19 de Abril. Chat comenzará su primera gira internacional en julio a los Temporales Internacionales de Teatro de Chile, antes del periplo internacional que la llevará a Praga, España, Argentina y los EEUU en el 2009. Para los del suroeste de Caracas, Chat será el espectáculo base de su agenda de giras, con el que participarán en todos los eventos nacionales e internacionales a los que es invitado cada año el Teatro San Martín de Caracas, puesto en marcha hacia 1993 ,en el suroeste de la capital venezolana.
Junto a los actores, Chat integra además a otros artistas como Gerónimo Reyes en la iluminación, Alfonso Ramírez en la musicalización, Enrique González en el diseño de vestuario y escenografía, todos bajo la dirección general de Luis Domingo González. Las funciones serán de jueves a sábado a las 8pm y los domingos a las 6pm. La entrada, en el Teatro San Martín de Caracas, es totalmente gratuita.
Es seguro Ott y su gente harán una versión digital para ponerla en la web, como homenaje a ese invento maravilloso del talento humano.

domingo, marzo 08, 2009

Da Vinci y Nortier cocinan en Brasil

Ricardo Nortier hasta ahora es el único actor brasileño que hace una vida activa, profesional y de calidad en los escenarios venezolanos. Nació hace unos 40 años en Minas Gerais y llegó a Caracas en 1996 con el espectáculo La falsa criada, que Orlando Arocha había dirigido en Brasil. “Éramos un grupo de 13 comediantes y me quedé como invitado con el objetivo de intercambiar experiencias con la agrupación Teatro del Contrajuego. Eso iba a ser por tres meses, los cuales se prolongaron un poquito: doce años, hasta ahora”, dice con un musical castellano que no oculta su procedencia.
Reconoce que esa pasantía por Caracas la tomó inicialmente como una aventura. ”Al principio no hablaba ni una sola palabra en español y cada vez que me tocaba intercambiar con los actores era un gran esfuerzo, pero me ayudaba con la mímica y con el lenguaje universal de los gestos. Además quería aprender un nuevo idioma. Me gustó este país porque no tiene estaciones, además hice buenos amigos y porque a veces la vida es la que escoge por uno y porque como, buen brasileño, me dejo llevar por las olas del mar”.
Cree que “la floresta amazónica impidió mucho que nos mezcláramos, tanto que la música caribeña era muy poco conocida en Brasil. Y la música brasileña se hacía sin influencia extranjera. El encierro cultural nos obligó a crear un estilo propio, eso también sucedió con el teatro. Los dramaturgos y directores han estado muy centrados en los temas brasileños, Brasil es muy grande y con una increíble diversidad cultural, pero para mi esa idea de encerramiento no encajaba con mis ambiciones artísticas y necesitaba encontrarme con algo nuevo, como los tambores de Choroní, las arepas y otros sabores venezolanos. Todo eso me permitió abrir mis horizontes y mirar al ser humano como un ser universal, que necesita la mezcla de culturas para adaptarse, progresar y comunicarse. Todo eso lo aprendí aquí, en Venezuela”.
Revela que al principio tenía problemas con el idioma y la idiosincrasia venezolana, por lo que su accionar social era limitado. “Comencé como director, ya que se podía usar un traductor para trabajar con los actores; luego, el contacto con los comediantes me permitió absorber los lenguajes propios del teatro criollo y a partir de ahí me lancé a encarnar personajes que sí permitían mi acento”.
-¿Su acento ha sido obstáculo?
-Siempre me he arriesgado mucho en ese campo. Y ahora pienso que en la actuación lo menos importante es el acento. Porque una buena interpretación es algo más que más que hablar con un acento local. Todo depende de dónde el actor se encuentre; si hablamos de la inmediatez de la televisión, mi acento me ayuda a conseguir personajes extranjeros, aunque he actuado en RCTV sin ningún problema con el acento. Todo es cuestión de trabajo actoral y dedicación. Como actor no me es muy difícil decir: que fino, muy chévere, o ¿qué pasó papá? Siempre saqué provecho de las experiencias difíciles, creo que por esto todavía sigo creyendo en este país.
-¿Satisfecho de haber elegido a Venezuela?
-Si, no me puedo quejar. He hecho tantas cosas buenas acá. He podido protagonizar grandes roles como Hamlet, porque es un personaje que siempre había querido hacer y tuve la oportunidad de hacerlo acá. Luego llevamos el montaje a Brasil y fue un enorme éxito allá. Venezuela se tornó un centro de creación para mí, como todo lo que sucede en este país, todos los días. Este país es una cajita de inspiración para cualquier artista y yo lo ratifico, porque aquí he hecho mis creaciones. Y es por eso que ahora voy a Brasil con un espectáculo que nació aquí y ahora trasciende las fronteras. Me refiero a La insólita cocina de Leonardo Da Vinci.
-¿Qué pasa con su gira por Brasil con ese montaje?
-El espectáculo fue vencedor de un concurso en Brasil cuando lo lleve por primera vez. Quería hacerlo en portugués, ya que venía haciéndolo en español durante cinco años y girándolo por varios festivales internacionales. En diciembre de 2007 el jurado del periódico brasileño Globo reconoció mi trabajo y fue premiado entre los tres mejores montajes de Brasil de ese año. Esto generó un enorme interés por la pieza y comenzaron las invitaciones para retornar a Brasil. Finalmente se concretó esta posibilidad y ahora regresa para ser exhibido en cinco ciudades: Río de Janeiro, Sao Paulo, Curitiba, Bahía y Brasilia, que son auténticos polos culturales. Haré cuatro funciones en cada urbe y comienzo en Río el próximo jueves y finalizo en Curitiba el 10 de Mayo. Es un unipersonal creado en Caracas que se verá de nuevo en la tierra de mis ancestros. Así es este continente.
-¿Como nació esta pieza?
-Esta obra fue inspirada en unas anotaciones que, según el Circulo Gastronómico de Italia, pertenecieron a Leonardo Da Vinci. Yo estaba “cocinando” algo sobre Leonardo, ya que es un personaje intrigante de la historia, el verdadero Huomo universale, de una genialidad impresionante. Al ver su Monalisa en el Museo del Louvre, el impacto que esta pintura provoca en los espectadores, el misterio alrededor del cuadro, me inspiró a contar la vida de Leonardo. Pero no quería hacer nada histórico y decidí tomar la libertad para jugar con este personaje. En mi obra lo que más le interesa es la cocina y esto crea una cantidad de conflictos y de un cierto modo trato de justificar el porque Leonardo Da Vinci no terminaba nunca una obra de arte, dejando la mayoría de sus cuadros inacabados.
-¿Que le han dicho sobre ella?
-El público y la crítica han sido maravillosos conmigo. Algunos la consideran la mejor obra que he escrito. Tal vez por que es una pieza con mucha sensibilidad, a veces muy graciosa, a veces melancólica, a veces filosófica y poética. Agrada a la gente de todas las edades: eruditos, amantes de la pintura, de la cocina, del arte, de la historia, etcétera. Tiene muchos ingredientes.
-¿Qué reacciones ha tenido el público y la critica?
-Una de las críticas de mayor peso en la historia del teatro brasilero, Barbara Heliodora, dedicó una primera página en el Globo, para hablar de esta obra. Ella es tan poderosa en Brasil que su crítica puede hacer con que un espectáculo se convierta en éxito o en fracaso, sin importar el elenco. Puede ser Fernanda Montenegro o Antonio Fagundes, pero si ella escribe mal, el público no asiste a la obra. Pero también puede hacer de una obra “el éxito del año”, que fue lo que ocurrió en el caso de La insólita cocina de Leonardo da Vinci. La llamó la "Sorpresa de Agosto: un placer para los ojos y oídos del espectador", a partir de ahí tuve la sala llena todas las funciones durante mi temporada en Río de Janeiro. Esto por el lado de opiniones formadas como son la de los críticos, el público en general sale encantado, disfrutan mucho del lado culinario de Leonardo Da Vinci.
-¿Cómo fueron sus inicios en el teatro de su tierra natal?
-Me gradué en el Palacio de las Artes, una de las mejores escuelas de formación integral. Fueron seis años estudiando diferentes técnicas y recibiendo clases de dramaturgia, dirección, psicología, escenografía, iluminación, danza clásica, crítica y actuación. Construí una carrera con buen apoyo teórico y al trabajar recibí premios como actor y director antes de mudarme a Venezuela. Profesionalmente me fue muy bien, pero sentía que necesitaba nuevas experiencias. Siempre he sido muy curioso y el cambiarme de país me ha ayudado mucho en mis búsquedas, tanto personales como artísticas.
-¿Cómo escribe una obra?
-Observo profundamente mi estado anímico. Y me hago preguntas tales como: ¿qué es necesario que yo diga y como expresaré esta idea? Si no encuentro respuestas no escribo nada.
-¿Dónde se siente mejor: actor, autor o director?
-Soy un actor que dirige y a veces me gusta hacerlo con mi propia dramaturgia.
- ¿Planes para cuando regrese a Caracas?
- Estreno el teatro del Piso 5 en El Hatillo con mi obra para niños La pájara Pinta y el pájaro Loco. Montaré una nueva obra de Nelson Rodrigues, El beso en el asfalto, un texto grandioso al tratar un tema tabú como es la homofobia. Y estoy trabajando en una versión de Edipo Rey, para hablar del poder ciego en America Latina. Por otro lado como actor estaré en Cuarteto de Muller, y El Arlequín de Goldoni, ambos dirigidos por Orlando Arocha.




sábado, marzo 07, 2009

Edmond en la Caracas del siglo XXI

Mientras la Unión Europea (UE) lanza una nueva campaña contra la diferencia salarial entre mujeres y hombres, tras constatar que existe una brecha del 17,4% en los salarios por la misma actividad, porque insensibles patronos consideran que el trabajo de las féminas es menos valioso que el de los hombres, a pesar que laboran con frecuencia en sectores donde los sueldos son, en promedio, inferiores a aquellos en los que predominan los varones; aquí en Caracas una venezolana insiste, con su prolija tarea como directora teatral, en demostrar que la igualdad de los sexos, no solo es posible sino que incluso ellas sí pueden superar con sus realizaciones a sus colegas masculinos porque utilizan a fondo sus peculiares habilidades intelectuales para crear singulares eventos artísticos.
Ella es Melissa Wolf quien, apoyada por el Grupo Actoral 80 y el Celcit, ha montado Edmond de David Mamet (Chicago, Illinois, 30 de noviembre de 1947), alucinante y realista tragicomedia que exhibe en la Sala de Conciertos del Ateneo de Caracas, con la participación actoral de Juan Vicente Pérez, Mariana Gil, Ailed Silva, Claudio Laya, Jesús Cova, Luis Bisbal y Maikel J. Ortuño.
David Mamet, izquierdista y sucesor, para algunos, del legendario Arthur Miller, predica que el american dream puede matar o ser una fatalidad cuando no se cumple, y por eso propone Edmond, escrita en 1982 y llevada al cine en 2005 por director Stuart Gordon, como una aguda critica contra la sociedad estadounidense en particular y en general a todo el continente americano, donde cunde el aciago machismo, la torpe misoginia, la inmisericorde homofobia, el salvaje racismo, y un perenne rechazo violento contra todas aquellas manifestaciones de las conductas humanas que violenten en lo más mínimo a las pautas sociales establecidas. Es, pues, un alegado contra el conservadurismo o conservatismo profundo de una nación –nadie debe olvidar la película Secreto en la montaña de Ang Lee- y los hemisferios americanos, que en algunos aspectos puede ser muy liberal, pero en su todo es una falacia.
Y esa diatriba de Edmond contra el american dream y sus derivados se materializa en escena con la saga de un ejecutivo medio que, tras una crisis con su esposa, se lanza a la calle para vivir una desenfrenada “noche loca” en una ciudad convulsa. Visita a una quiromántica, que le advierte sobre los peligros que lo asechan, y en efecto en su nada organizado recorrido visita bares, va a un pornoshow para excitarse, sigue su atormentada ruta para que lo asalten y termina por conquistar a una mesonera, que lo lleva a su apartamento, copulan desesperadamente pero él la mata. Prosigue en su infernal peregrinar, cae preso, lo procesan y finaliza en una tétrica cárcel, donde su compañero de celda, un agresivo negro, lo seduce y lo viola…pero Edmond acepta ese tipo de relación que le ofrece tan aciaga circunstancia y su homofobia y racismo se transforman en otra cosa, haciendo realidad, en su propia carne, que “todo miedo oculta un deseo” y aquello que más había despreciado será por ahora su salvación o sobrevivencia.
Por supuesto, que Mamet no conoce otros hechos reales, más salvajes como lo teatralizado, ocurridos en otras urbes americanas, como aquí en Caracas, pero no hace falta. El espectador venezolano está curtido…pero aún no luce preparado para peripecias semejantes.
Solamente una mujer sensible y culta puede diseñar y obtener en escena un espectáculo tan peligroso y tan intenso como este Edmond caraqueño, logrado por Melissa Wolf con respeto hacia los actores y ante su asombrado público. Capta las esencias de cada una de las siniestras y rocambolescas situaciones y las logra materializar gracias al entusiasta elenco y las especiales performances de Juan Vicente Pérez (el protagonista) y de Maikel J. Ortuño, quien borda varios personajes, pero en especial crea al preso que desencadena o inicia otra historia.
Hay que resaltar el trabajo actoral en conjunto, su pasión para componer a sus patéticos personajes, que en ocasiones los devoran o los sobreactúan, pero es explicable por la poca experiencia y la presión del estreno. El ritmo del espectáculo, no apto para cardiópatas, es acelerado y violento pero con una cierta delicadeza que asombra, cual si fuese un guante de seda en un puño de hierro que golpea todo y hace sangrar hasta las almas de esos condenados seres.
Vellocinio de oro
Melissa Wolf debe insistir en su capacitación y experimentación con la dirección escénica. Este es su segundo trabajo de calidad, precedido por un delicioso montaje que logró con El cruce sobre el Niágara (2008), pero antes había mostrado un acertado Momentos (2006). Hay, pues, una directora en avanzado proceso de formación, una íntima tarea de sacrificio y mucho trabajo para alcanzar un elevado nivel artístico, esa especie de Vellocinio de Oro que quizás nunca se conquista. Pero es un aliciente para ella, en una sociedad similar a la de su Edmond teatral.


miércoles, marzo 04, 2009

Melissa Wolf se atrevió con "Edmond"

No es frecuente encontrar a una mujer al frente de una agrupación teatral o coordinando un ambicioso espectáculo. Las razones de esa sin-razón tienen que ver con la histórica presencia avasallante del varón en los roles determinantes del teatro mismo y a una cierta dictadura o tiranía, muy masculina además, que se ejerce en el ámbito de las relaciones artísticas-patronales indispensables para la creación de un montaje.
En Venezuela hay pocas damas que se atreven a dirigir una cohorte actoral, donde haya predominio de hombres, y una de esas excepciones es precisamente una fémina bella, con rubios cabellos largos e interesantes ideas estéticas, como lo ha demostrado Melissa Wolf con su impactante creación escénica lograda con el nada fácil texto Edmond, de David Mamet (Chicago, Illinois, 30 de noviembre de 1947), una tragicomedia que hace temporada en la Sala de Conciertos del Ateneo de Caracas.
Esta pieza, escrita en 1982, y llevada al cine, en 2005, por el director Stuart Gordon, retrata con absoluta vigencia una sociedad donde los prejuicios contra los afro-americanos o los negros, los homosexuales y las mujeres están a la orden del día y en donde su personaje protagónico, Edmond, signado por dichas trabas o taras emprende un viaje, o una especie de descenso a los infiernos, en el que las relaciones casuales que irá estableciendo en unas pocas horas le revelarán sus limitaciones personales. Pretendiendo materializar una fantasía masculina- una aventura sexual- Edmond consigue resultados que en lugar de un premio resultan ser el peor de los castigos: mata, cae preso y afronta violaciones y relaciones homosexuales en la celda donde lo recluyen, según la dramaturgia desacralizadora de Mamet.
El elenco está conformado por Juan Vicente Pérez, Mariana Gil, Ailed Silva, Claudio Laya, Jesús Cova, Luis Bisbal, Maikel J. Ortuño. La producción está a cargo de María Elena Ascanio para el Celcit y el Grupo Actoral 80.
Melissa revela que su primer acercamiento al teatro fue en la Academia de formación de actores de Venevisión. “Tuve la fortuna de formar parte del primer grupo convocado para estudiar allí durante un año, de lunes a viernes toda la mañana. Comencé a recibir clases de actuación con el actor y director Héctor Manrique y además con el maestro Marcos Reyes, de voz y dicción con Felicia Canetti y de expresión corporal con Giovanni Reali. Como cierre de ese año se realizó un montaje donde yo asumí la asistencia de dirección y gracias a eso pude ser asistente del montaje El día que me quieras, de José Ignacio Cabrujas, en el 2005, dirigido por Juan Carlos Gené. A partir de allí todo ha sido una especie de escuela para mí porque aparte de lo que aprendí de Gené tuve la fortuna de seguir trabajando al lado del Grupo Actoral 80 en numerosos montajes que me dieron la posibilidad de empaparme poco a poco del trabajo de dirección de actores y puesta en escena. Trabajar con ellos ha sido la mejor de las escuelas".
-¿Por qué se ha dedicado a la dirección, especialmente?
-Porque me parece fascinante el arte de convertir en tridimensional algo que está escrito. Poder trabajar con la creatividad de los actores y guiarla por un sendero común en donde coincida su intuición y lo que está planteado en un texto teatral. Tener la oportunidad de jugar con la imaginación del espectador y confrontarlo, obligarlo a comprometerse con el espectáculo, a que juegue con los actores. Lograr que eso pase, que la gente se conecte con lo que el autor quiere decir a través de su obra, es un reto apasionante.
-¿Cuántos montajes hasta ahora?
Tres. El primero fue Momentos, basado en un texto del español José Luis Alonso de Santos, en 2006, como trabajo final del segundo nivel de la Academia de Venevisión; el segundo El cruce sobre el Niágara de Alonso Alegría, en 2008, y ahora el tercero es Edmond de David Mamet.
- ¿Por qué ha escogido ese texto y no un autor venezolano?
-Edmond fue una de las primeras obras que leí en mi vida y siempre me pareció maravillosa. Mamet escribió un texto crudo, pero divertido, necesario, universal, complejo pero retador. Cuando terminó la temporada de El cruce sobre el Niágara decidí retomarla porque siempre me quedó en mente que yo quería llevar a escena esa pieza y además estaba trabajando en Final de partida, de Samuel Beckett, con Juan Vicente Pérez que me parecía que como actor podía asumir el personaje de Edmond con mucha verdad. Por supuesto no estoy cerrada a montar piezas de autores venezolanos, aún tengo muchas ganas de seguir trabajando y hay muchas obras por montar.
-¿Cómo realizó este montaje? ¿Qué era lo básico o lo fundamental de su propuesta de dirección?
-Fue un proyecto que empezó a fraguarse a finales del año pasado. Pero los ensayos como tal se iniciaron los primeros días de enero. Y como era tan cercana la fecha del estreno eso nos obligó a trabajar muy intensamente como equipo cosa que eso resultó muy emocionante. Por ser una obra en la que cada escena marca un lugar distinto en la historia, decidí trabajar con un espacio vacío, en donde la participación de objetos fuera la estrictamente necesaria. Y buscar que esos elementos escenográficos fueran lo suficientemente versátiles para ubicar al espectador en dichos lugares pero al mismo tiempo obligarlo a usar su imaginación y comprometerse con la acción.
-¿Qué prepara para después de este temporada o ya estás trabajando en alguna otra producción?
Ahora que ha estrenado Edmond estoy estudiando nuevos proyectos pero aún no tengo nada definido con claridad. Lo que sí tengo claro es que quiero seguir trabajando.